Harry, Ron y Luna llegaron al pie de la Muralla de Rosen, donde una enorme hilera de vampiros se preparaba para el ataque de los valatores, algunos de ellos se habían puesto unas antiguas armaduras de plata, que los protegían contra las estacas de encino. Hermione y Draco estaban entre ellos, con sus varitas preparadas.

- ¡Hermione!- gritó Harry corriendo al lado de su amiga.

- ¡Chicos!- dijo ella abrazando a Harry- ¡Esto será una masacre para ambos bandos!, ¡debemos hacer algo!

Harry dudaba que existiera una solución diplomática, trató de pensar y entonces se escuchó el estruendo del acero.

- ¡Han entrado! - gritó Lucius Malfoy, quien también iba ataviado con una enorme armadura. - ¡Protejamos la Ciudad! ¡Defensores de Intuneric!

Armados con sus colmillos y sus poderes telequinéticos, los vampiros avanzaron al encuentro de sus enemigos.

Los Valatores se mantenían quietos, en formación, entre ellos el trío del Orubo, que gracias a los poderes de Vilche, habían llegado justo a tiempo. El Señor V.H. iba al frente de los Valatores y su mirada se encontró con los la de aquellos seres antiguos, que eran sus enemigos, algunos incluso habían sido enemigos de sus antepasados y habían sobrevivido por generaciones; alzó su estaca de encino y plata:

- ¡Ha llegado el momento Valatores! ¡Nos veremos como iguales!

-¡Nos veremos como iguales!- gritaron en coro los cazadores, corriendo al encuentro de los Vampiros.

El caos de la guerra comenzó y en medio del campo de batalla, Harry Potter y sus amigos no sabían cómo proceder: ¿aturdir a Valatores?, ¿aturdir a Vampiros? Decidieron aturdir por igual, en cuanto veían que un vampiro y un valator se ensañaban en su lucha, aturdían a ambos, sin que ninguno entendiera lo que había ocurrido.

- ¿Cómo nos metimos en esto?- preguntó Ron alzando su varita

- ¡No podemos permitir que se masacren entre ellos!- gritó Luna

- ¡Son demasiados!... ¡alguien se dará cuenta de lo que estamos haciendo!- respondió Harry

A unos cuantos pasos, Minerva McGonagall y los hermanos Evié, también se dedicaban a aturdir a mortales e inmortales, McGonagall lanzaba su hechizo de "Desmayo" a los Vampiros y Anya y Mercutio aturdían a los Valatores.

Lucius Malfoy se abrió paso entre el caos, hasta quedar cara a cara con el Señor V.H. Sin perder el tiempo, Malfoy lo alzó por los aires para dejarlo caer sobre las rocas, el Señor V.H. quedó inconsciente un instante y se levantó buscando su estaca:

- ¡El aprendiz de Armand!, ¡vaya que eligió bien a su pupilo!, ¡tan perverso como él!

Malfoy lo tomó por el cuello

- ¡Armand era justo!, ¡él sólo asesinaba a quienes lo merecían!

El Señor V.H. sonrió sofocándose:

- ¿Quiénes...son ustedes para decidir...lo que es justo?

Lucius Malfoy miró a su víctima con odio intenso, sentía los huesos de su cuello en sus dedos, tenía deseos de hacerlos polvo; sus afilados colmillos empezaron a crecer.

- ¡Basta!

Draco Malfoy gritó, horrorizado, viendo a su padre, como un asesino en todo su esplendor; no podía permitirlo.

Un hechizo de "Desmayo" alcanzó a Lucius: había sido Hermione quien lo lanzó. Minerva y los Evié corrieron para alcanzar a la joven.

El trío del Orubo se acercó para poner a salvo a su líder. Harry, Ron y Luna fueron tras ellos.

El Señor V.H. se levantó un poco débil, alzó su ballesta al ver que los Evié se acercaban y en pleno aturdimiento disparó, aún sin enfocar, hiriendo a Mercutio, justo en el pecho.

- ¡No!- gritó Anya viendo el cuerpo de su hermano cayendo en la tierra. El trío del Orubo se colocó frente a su líder defendiéndolo. Hisao se sorprendió cuando Anya, en vez de atacarlos o buscar venganza, se arrodilló junto a su hermano, llorando lágrimas de sangre.

-¡Qué conmovedor!- se burló Claudia, apuntando a Anya con su ballesta

- ¡Detente!- gritó Hisao, intentando llegar al brazo de Claudia, pero no fue necesario, un hechizo de Desmayo la hizo caer sobre su amiga Layla, había sido Ron quien lanzó el hechizo.

- Mercutio...- lloró Anya, tomando la mano de su hermano.

- Anya, hermana, mi eterna amiga...- le dijo Mercutio sonriendo, luego miró a McGonagall, que estaba también junto a él:

- El fulgor de tus ojos, hermosa hechicera, podría matarme aún más que el fulgor del sol- miró hacia el cielo nocturno, lleno de estrellas- ¿no es hermoso descansar por fin?

Cerró sus ojos, para siempre.

Minerva sintió que los ojos se le anegaban y dos lágrimas rodaron por sus mejillas.

En medio de esa triste escena, nadie se percató del rápido movimiento que hizo el Señor V.H., tomando la ballesta de Claudia, apuntó hacia Anya Evié.

- ¡Cuidado!- gritó alguien poniéndose frente a Anya, protegiéndola.

Anya vio el cuerpo de su salvador atravesado por la ballesta, igual que su hermano, sólo que este salvador, era un mortal...no un mortal cualquiera: era Harry Potter.

Para Hermione el tiempo transcurrió lentamente, vio a Ron y Draco correr hacia su amigo, Luna dejando caer su varita con la boca abierta, McGonagall y Anya levantándose y, surgiendo de entre las sombras, Lucius Malfoy derribando al Señor V.H. y clavando sus colmillos en el cuello, succionando vorazmente, hasta que el Señor V.H. se convirtió en una momia azulada, con los ojos desorbitados.

Todos corrieron hacia Harry, tratando de hacer algo mientras McGonagall sostenía su cabeza, Ron apretaba con fuerza su mano, sentía una impotencia terrible.

Hermione miraba la escena desde lejos, entonces corrió desesperada, hacia Lucius Malfoy.

- Lucius...- murmuró Hermione acercándose.

El mortífago alzó su rostro, pálido, las comisuras de sus labios tenían la sangre del Señor V.H.

Malfoy leyó la mente de Hermione y se levantó, hecho una furia, se encaminó con rapidez vampírica hacia Harry Potter.

Harry miró por encima de todos, la sombra de Lucius Malfoy alzándose sobre él, con un poder tan intenso que todos se apartaron con temor.

- No...por favor- gimió Harry sintiendo el sabor de su propia sangre en la boca. - ¡No lo hagas Malfoy!

- ¡Maldito seas Potter!- gritó Lucius Malfoy, obedeciendo el mandato de su amada.