Aclaraciones: Mo Dao Zu Shi no me pertenece.

Esta historia está ambientada en el universo de la novela.


— Capítulo 19 —

Bestia dormida

Los comensales que quedaban en el primer piso de la posada se sobresaltaron cuando escucharon un estrepitoso descenso por las escaleras y vieron a Wei WuXian cruzar corriendo el salón directo a la salida. Nadie se preguntó el motivo de su escape ni intentaron socorrerlo, y, tras verlo dejar del lugar, siguieron tomando y charlando como si nada hubiera pasado.

Wei WuXian continuó corriendo, abriéndose paso entre las personas que circulaban por la calle, y se adentró en el bosque. Necesitaba alejarse y olvidar lo que había pasado, pero sus ojos se habían empapado con la desnudez de Lan WangJi y su cuerpo había grabado las caricias de sus manos húmedas y el roce de sus labios sobre su cuello, cosquilleándole la piel.

Se detuvo al creer que estaba lo suficientemente lejos para sentirse a salvo y descansó la espalda en un abedul. Entre jadeos, se llevó una mano al pecho y apretó la ropa con fuerza mientras la respiración se le regularizaba. Había actuado con tanta impulsividad e ingenuidad, que podría pasar el resto de la vida culpándose por ello. ¿Cómo pudo ser tan imprudente y dejarse llevar cuando Lan WangJi lo acorraló y tocó? La respuesta resonó en su cabeza: al momento de verlo desnudo solo deseó tocarlo y ser tocado. Su mente y su cuerpo le habían traicionado deliberadamente en el instante que pensó que subir e ir con él le traería algo bueno.

Resopló contrariado por sus acciones y se relajó buscando consuelo en el silencio del lugar.

De pronto un nombre acudió a sus labios.

—Wen Ning —llamó en voz alta.

Sabía que se encontraba cerca. Podía sentir su presencia y lo conocía lo suficiente como para incluso adivinar sus movimientos.

Detrás de unos arbustos, la figura encorvada y vacilante de Wen Ning apareció.

—A-amo Wei...

Wei WuXian se recompuso y lo encaró.

—Me alegro que estés aquí. Necesito hablar de algo muy serio contigo.

Wen Ning tragó duro.

—¿D-de qué se trata, amo Wei?

Wei WuXian quería creer que el incidente en el baño se debía a los recuerdos perdidos de su otra vida. Quería culparlos y justificarse con ellos, pero ni siquiera estaba seguro si eran en realidad los responsables o solo habían aflorado unos nuevos por Lan WangJi.

Volvió a resoplar y, tras dar un paso hacia adelante, habló.

—Hablé con Jiang Cheng; más bien él habló conmigo, y me dijo que Lan Zhan y yo tuvimos una relación. —Miró fijamente a Wen Ning y buscó algún indicio que le mostrara lo que quería saber, pero solo advirtió la excesiva palidez en su rostro, como si su pregunta le hubiera enfermado. —¿Es eso cierto? Dime, Wen Ning. ¿Jiang Cheng miente o dice la verdad?

Wen Ning no esperaba tan pronto esa pregunta, y por un instante dudó en responderla. Sin embargo, Lan WangJi le había advertido que si llegaba el momento en que Wei WuXian la hiciera, ya sabía qué decir.

Con la mirada esquiva y los labios temblorosos, decidió responder.

—E-es cierto, amo Wei. Usted... tuvo una relación con el segundo maestro Lan. Ustedes fueron amantes.

La expresión de Wei WuXian fue clara. La respuesta, aunque la esperaba y necesitaba, pareció haberle impactado más de lo que lo hizo la confesión de Jiang Cheng.

Se volvió a apoyar contra el abedul y dejó escapar un incómodo jadeo.

—Cómo es eso posible —murmuró para sí mismo—. Creí que Jiang Cheng estaba jugándome una broma.

El rostro de Wen Ning se relajó un poco y esbozó algo parecido a una sonrisa.

—¿Qué le hizo pensar que el maestro Jiang le haría esa clase de broma?

Wei WuXian suspiró resignado.

—Tienes razón. Él no tiene sentido del humor.

Se llevó una mano a la cabeza.

—Soy un demente. —Soltó una carcajada. —¿Cómo pude estar con alguien tan aburrido como Lan Zhan? Somos... tan diferentes.

Wen Ning lo observaba en silencio, manteniendo su expresión compungida. Lamentaba mucho que los recuerdos de Wei WuXian se hubieran perdido al punto de olvidar su amor por Lan WangJi y su conexión con Lan HuiYing. Conocía los motivos, y solo esperaba que algún día los recuperara.

—Amo Wei... —Se atrevió a acercarse. —¿A usted le desagrada el segundo maestro Lan?

—¿Desagradarme?

Wei WuXian reflexionó sobre ello. Dejó la comodidad del abedul y se cruzó de brazos. Parecía estar buscando las palabras que pudieran describir sus sentimientos por Lan WangJi mientras miraba al suelo. Una vez que las encontró, su semblante se iluminó y esbozó una sonrisa sincera.

—No, no me desagrada —contestó—. Creo que... me agrada más de lo que pensé. Me siento bien cuando estoy a su lado; me siento seguro y en calma. —Hizo una pausa y su sonrisa se amplió. —Admito que a veces puede llegar a ser muy aburrido y no sirve como compañero de bebidas. Tampoco tiene sentido del humor y cuesta mucho sostener una conversación cuando se mantiene serio y silencioso como una pintura. —Soltó una pequeña carcajada y continuó. —Muchos pueden decir que es apático, distante y frío, pero en realidad es cálido y bondadoso. Sus ojos ocultan una ternura que ya muchos quisieran tener. Y aunque nunca sonríe, cuando llegas a conocerlo, disfrutas de esa seriedad gentil que te conmueve por dentro y te hace cuestionar si algún día podrías llegar a ser como él, con esa convicción inquebrantable que cimienta su camino.

El semblante de Wen Ning era de absoluta estupefacción.

—Amo Wei... usted... —No pudo quedarse callado. —Usted acaba de... decir lo mismo que en el pasado, cuando confesó estar enamorado del segundo maestro Lan.

Wei WuXian abrió los ojos con sorpresa y enmudeció.

—Usted mantuvo sus sentimientos en secreto por mucho tiempo. Pero luego que mi hermana y yo fuimos sus confidentes, tuvo la confianza de admitir lo que sentía por el segundo maestro Lan. Después de todo, él estaba sujeto a las reglas de su secta y no era fácil una relación.

—¿Entonces él y yo no pudimos estar juntos? —Wei WuXian preguntó una vez que sintió que el corazón le volvía a latir y los pulmones recibían oxígeno.

Wen Ning negó con la cabeza.

—Ambos decidieron seguir adelante a pesar de las reglas de la secta GusuLan. El segundo maestro Lan... lo eligió a usted.

Como si esas palabras hubieran detonado algo dentro de Wei WuXian, sintió que el pecho se le oprimía y una sensación de llanto acudía a su garganta. A pesar de la rigidez que imperaba la vida de Lan WangJi y de las consecuencias que traía el quebrantamiento de las reglas de su secta, él había elegido amarlo por sobre todas esas cosas.

Bajó la vista y sintió que sus ojos se nublaban. No se consideraba alguien emocional, pero desde que volvió a la vida, todo lo que tenía que ver con Lan WangJi lo conmovía.

—Entonces él y yo... nos amábamos.

—Mucho —aseveró Wen Ning.

—Él me amaba incluso por quién era... ¿no es así? —Wei WuXian alzó la mirada. —¿Sabía que yo era el Patriarca YiLing?

Wen Ning vaciló un momento. La nostalgia que invadía sus recuerdos a ratos lo remontaba de vuelta al pasado, y por un instante sintió un triste vacío en su interior.

—En un principio el segundo maestro Lan lo ignoraba —contestó con honestidad—. Para protegerlo y evitar su decepción, usted decidió que era lo mejor. Pero cuando él lo supo, lo apoyó ciegamente.

Algo parecido a una sonrisa se dibujó en los labios de Wei WuXian. Parecía sentirse aliviado y agradecido con el amor incondicional de Lan WangJi. Solo lamentaba haberlo perdido y regresar sin recordarlo.

—Vaya... alguien tan correcto e íntegro como él, aceptar a alguien como yo... —Su mirada se suavizó y su sonrisa se amplió. —Debió amarme demasiado para aceptarme.

Él asintió con una expresión compuesta y sincera.

—Le puedo asegurar, amo Wei, que el amor del segundo maestro Lan es inmensurable.

Wei WuXian negó.

—Lo dices como si aún me amara, pero su amor no es el mismo de hace diez años. Él mira a Mo XuanYu, no a mí.

Wen Ning apretó los labios, como si quisiera decir toda la verdad, pero se contuvo y siguió la conversación.

—¿Por qué no se lo pregunta?

Wei WuXian volvió a negar.

—Su respuesta puede cambiar nuestra actual relación. No quiero escucharla.

El inusitado pesimismo de Wei WuXian no estaba ayudando. Wen Ning frunció el ceño y pensó la manera de darle un pequeño empujón, tal como lo había hecho en el pasado cuando su corazón titubeaba.

—¿Tiene miedo que lo haya dejado de amar?

Su pregunta enmudeció por un momento a Wei WuXian y le hizo bajar la mirada, reflexivo. Podía admitir que perder el amor de Lan WangJi le asustaba, que confirmar que fue olvidado le hacía sentir miserable, pero si lo hacía, debía tener una respuesta a esos sentimientos.

Se miró las manos y observó con detención su antebrazo izquierdo, donde yacían aún las marcas pendientes que Mo XuanYu le dejó como recordatorio de su misión.

—Si descubre que no soy Mo XuanYu... podría lastimarlo.

—Quizá se alegre de que en verdad sea usted, amo Wei.

Wei WuXian negó con la cabeza.

—Han pasado diez años, Wen Ning. ¿Crees que después de todo este tiempo siga amándome como en ese entonces? —Esbozó una sonrisa amarga y bajó la vista con pesar. —Solo soy un recuerdo.

—Amo Wei...

Wen Ning no pudo evitar pensar en decirle toda la verdad en ese momento y terminar con el silencio que Lan WangJi le pidió sostener. Wei WuXian lucía confundido y deprimido. Muy en su interior parecía querer admitir lo que sentía, pero eran precisamente esos confusos sentimientos los que le traicionaban y bloqueaban.

Lo vio alzar la mirada con un semblante afligido.

—Wen Ning, yo... ¿lucía enamorado?

Finalmente una pregunta sincera. Wen Ning esbozó una sonrisa y asintió con la cabeza.

—Mientras estuvieron juntos, usted nunca dejó de decir cuánto amaba al segundo maestro Lan.

Una sonrisa teñida de tristeza se dibujó en los labios de Wei WuXian. Se sentía decepcionado al confirmar que había olvidado ese sentimiento, y en ese instante se dio cuenta que lo quería de regreso.

—¿Y él... lucía enamorado?

Esa era otra pregunta que Wen Ning esperaba responder con ansias.

—Nunca vi a una persona amar tanto y de una forma tan profunda como lo hizo el segundo maestro Lan. —Wen Ning hizo una pausa, como si quisiera ser más claro al respecto, y luego añadió. —El amor que vivieron no puedo expresarlo en palabras, amo Wei. Fue demasiado intenso. Era hermoso.

Wei WuXian se sintió conmovido. Saber que Lan WangJi lo había amado tanto despertaba algo y sacudía una fibra en su interior. Pero entonces, ¿por qué todo ese amor terminó con su asesinato?

Sonrió y miró a Wen Ning. Luego pensaría en ello.

—Gracias, Wen Ning. Necesitaba escucharlo.

—Amo Wei... si usted tiene sentimientos por el segundo maestro Lan, no debería ignorarlos.

Wei WuXian asintió.

—Aún no sé bien lo que siento. Yo... —miró hacia la ciudad y contuvo un momento la respiración. Había recordado lo que minutos atrás sucedió con Lan WangJi.

Volvió la vista hacia Wen Ning.

—Regresaré a la posada. Mantente oculto.

Wen Ning asintió y se ocultó entre las sombras. Sentía que había hecho algo importante al revelar parte del pasado de Wei WuXian, pero estaba aún más ansioso por lo de mañana.

Dio media vuelta y se adentró en la profundidad del bosque.

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Contrario a lo que le dijo a Wen Ning al marcharse, Wei WuXian deambuló un poco por la ciudad antes de regresar a la posada. A medida que caminaba por las calles de Buyetian, el deseo de querer recordar se diluía junto con la esperanza de lograrlo. La inseguridad e incerteza de lo que sucedería a partir de su conversación con Wen Ning se habían apoderado con fuerza de sus pensamientos y no se sentía cómodo enfrentando a Lan WangJi tan pronto. El incidente en el baño no ayudaba tampoco, y ya que no podía dejar de pensar en ello, sumando ahora la confirmación de Wen Ning sobre su relación, temía que si veía a los ojos de Lan WangJi todo se desbordaría.

Su comportamiento errático y evasivo no era propio de su exuberante personalidad. En el pasado jamás dudó, jamás cuestionó sus decisiones ni impulsos, pero ahí estaba, temiendo por cada pequeño paso que daba hacia Lan WangJi. Porque aunque en un momento su corazón pareció gritarle que recordara, ahora estaba tan lleno de sentimientos y su cabeza tan llena de pensamientos, zumbando unos contra otros sin descanso, que no lograba escuchar con claridad a ninguno de ellos.

¿Cómo podría entender entonces lo que sentía si no conseguía ordenar nada en su mente ni en su corazón? El tiempo que llevaba compartiendo con Lan WangJi solo volvían más grande los sentimientos por él y sentía que el vacío en su pecho se volvía más grande y pesado.

Empuñó las manos y cerró los ojos un momento. Sabía que lo correcto era recordar, que recuperar lo que le fue arrebatado era lo justo, pero no estaba seguro si lo sería del mismo modo para Lan WangJi. Cada día se convencía que sus sentimientos iban dirigidos a Mo XuanYu y no precisamente a él. ¿Pero si Wen Ning tenía razón, estaría a tiempo de decir la verdad o solo echaría por tierra sus esfuerzos desde que volvió a la vida? Quizás alimentar las esperanzas de Lan WangJi con su regreso aun cuando su futuro aún pendía de un hilo solo lo expondrían a una herida que jamás podría cerrar.

Ensimismado, observó la fachada de la posada, al otro lado de la calle, y permaneció allí por unos momentos. Faltaban un par de horas para el amanecer, por lo que esperaba ingresar al recinto sin llamar la atención. Reanudó el paso con un andar ligero y sin prisa, pero se detuvo cuando reconoció a Lan WangJi de pie en la entrada.

Lo estaba esperando.

Sorprendido por su presencia, dudó un instante en retomar el paso y encararlo. Él debería estar durmiendo sin interrupciones de acuerdo a las reglas de su secta, pero ahí estaba, esperándole, como lo hubiera estado haciendo desde que se marchó.

Retomó el paso un tanto vacilante, y se le acercó intentando disimular su nerviosismo e incomodidad que le producía.

—Solo salí a tomar un poco de aire —se apresuró a explicar—. Iré a dormir; mañana es un día importante y...

Quiso ingresar a la posada pero Lan WangJi le sostuvo de la mano derecha. La suave presión y el calor de sus dedos sobre su piel lo paralizaron, y cuando sus miradas se encontraron, recordó la conversación con Wen Ning. En ese momento tuvo el impulso de salir corriendo nuevamente, de volver al bosque con Wen Ning y dejar todo atrás, pero se dio cuenta que la cercanía de Lan WangJi no le incomodaba como suponía, que su contacto le gustaba, y que observarlo le cautivaba.

Permanecieron inmóviles, mirándose fijamente, como si esperaran que algo sucediera, pero fue Lan WangJi el que finalmente rompió el contacto visual y dejó libre a Wei WuXian. Quería disculparse por lo ocurrido en el baño. Sabía que había cometido un error al presionarlo, pero sus deseos en ese instante fueron más fuertes y no pudo contenerlos. Lo extrañaba, lo necesitaba, y por momentos no le fue suficiente solo contemplarlo. Quería tocarlo y revivir lo que llevaba añorando por diez años.

Dio media vuelta y regresó a su dormitorio, pero fue esta vez Wei WuXian quien lo detuvo. No hizo falta sujetarlo; tan solo el sonido de su voz llamándolo fue suficiente para retenerlo a los pies de las escaleras.

—HanGuang-Jun... —Caminó hasta el centro del salón y allí se detuvo. —Yo de verdad...

—Lo lamento —pronunció Lan WangJi de pronto.

Wei WuXian abrió los ojos con sorpresa.

—¿Lo dices por lo que pasó en tu baño...? —Negó con la cabeza. —No necesitas hacerlo. Fue mi culpa por entrar sin permiso. No debí espiarte.

—¿Querías espiarme?

Las mejillas de Wei WuXian se encendieron y fue suficiente aguante para él.

—¡Por supuesto que no! —exclamó casi ofendido—. Yo solo... iré a dormir. ¡Buenas noches!

Antes de que Lan WangJi pudiera detenerle nuevamente, subió las escaleras y desapareció por el corredor. Una vez que llegó al cuarto que compartía con Lan HuiYing se encerró en él y apoyó la espalda contra la puerta, con la respiración acelerada y el rubor aún más intenso en las mejillas. Sentía que podría morir de la vergüenza. Se desconocía por completo. ¿Cómo era posible que se comportara así frente a Lan WangJi?

—¡Parezco un adolescente! —se quejó para sus adentros.

Se insultó un poco por actuar de esa forma tan infantil y se dispuso a dormir lo que quedaba de la noche ignorando que, aún a los pies de las escaleras, Lan WangJi observaba al segundo piso con una ligera sonrisa en los labios.

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A primera hora de la mañana, el movimiento en la posada anunciaba el comienzo del cuarto día de conferencia de discusión. Los miembros de las sectas que asistirían en esta ocasión partían en grupos numerosos hasta el castillo de la secta QishanWen y comentaban con expectación el posible resultado de la competencia.

Algunos lugareños que desayunaban en el comedor y presenciaban el ir y venir de los cultivadores, murmuraban con ligero interés el espectáculo que se daría en el castillo de Buyetian luego de la caída de la secta tras ocho años de guerra, y otros cinco de reestructuramiento subyugado a la voluntad del nuevo líder en jefe de la cultivación.

Wei WuXian los escuchaba sin mucho interés el parloteo de los comensales y, entre bostezos y cabeceos intermitentes, esperaba a Lan WangJi y Lan HuiYing. Las dos horas de descanso no fueron suficientes, y estaba dispuesto a sobornar a Lan WangJi —aunque no tuviera dinero— con tal de dormir otras dos horas más. Pero le había prometido a Lan HuiYing asistir a su primera competencia, y no quería perderse la oportunidad de concurrir a una conferencia de discusión como esa. La nostalgia de aquel evento le traía demasiados recuerdos como para perderse la oportunidad de ser ahora un espectador.

Escuchó pasos en las escaleras y volteó hacia ellas. Vio a Lan WangJi descender seguido de Lan HuiYing y saltó conmovido al ver el atuendo que llevaba puesto. Vestía un traje rojo ceremonial de cuello redondo con bordados de oro y un cinturón de anillos dorados; el mismo que él y Lan WangJi usaron en su juventud para la misma competencia. Sin embargo su cinta blanca, emblema inconfundible de la secta GusuLan, permanecía en su frente y lucía de forma inmaculada.

Lan HuiYing lucía algo nervioso, pero su semblante se compuso al ver que Wei WuXian le esperaba en el comedor.

—¡Maestro Mo! —Caminó hacia él con entusiasmo. —Asistirá a la conferencia de discusión, ¿verdad?

Wei WuXian hizo un ademán con las manos.

—¿No te lo prometí? No pienso perderme la oportunidad de ver cómo les pateas el trasero a todos y obtienes el primer lugar.

Lan HuiYing esbozó una sonrisa.

—Solo espero tener una buena posición. No quisiera errar ninguna flecha.

Tras escucharle con detención, Wei WuXian se dio cuenta de algo.

—No he tenido la oportunidad de verte entrenar con un arco —señaló curioso—. ¿Cómo son tus habilidades?

Lan HuiYing pensó en ello un momento.

—Espero que buenas —contestó—. He tenido un buen maestro.

Wei WuXian miró a Lan WangJi y supuso que él le había entrenado debidamente, bajo la doctrina de la secta GusuLan.

El último grupo de cultivadores dejó la posada y desde la calle se escuchó el anuncio de la conferencia de discusión. La expectación por ser la primera en Qishan desde el término de la guerra no dejaba indiferente a nadie. Cada día se percibía cierta tensión, y los habitantes que habían sido víctimas de la fallida ambición de Wen RuoHan miraban con recelo la aclamada reunión.

—¿Vamos? —sugirió Wei WuXian al ver que todos se marchaban.

Dejaron la posada y, a medida que se acercaban al palacio de la secta QishanWen, los recuerdos de Wei WuXian comenzaron a aflorar. Su resentimiento por la familia Wen, que le arrebató tanto en el pasado, no había desaparecido. No podía asegurar cuánto más daño le habían causado luego de sobrevivir en los Túmulos Funerarios, pero sabía que el sentimiento de desprecio lo sentía más vivo que nunca. Se preguntó entonces quién sería el actual líder de la secta, y esperó que no fuera el despreciable de Wen Chao.

Cruzaron los límites del castillo y sus recuerdos se acentuaron cuando vio la entrada al bosque de piedra; esta vez lo remontaron a su participación y pleito con Lan WangJi, cuando por accidente le desató la cinta de su cabeza. Nunca supo el motivo de su furia desproporcionada al punto de salir de la competencia. ¿Era en ese entonces un resentimiento a su sola presencia? Y si así fue, ¿cómo esos sentimientos se transformaron en amor?

Desvió sus pensamientos cuando llegaron a la explanada del recinto y un silencio, el mismo que sucedió en la conferencia de Qinghe, se dejó sentir ante la presencia de los tres. Muchos de los que participaron en ella estaban presentes, y al ver sus expresiones descompuestas, era evidente que recordaban muy bien lo que sucedió en ese entonces. Pero tanto Lan WangJi como Lan HuiYing ignoraron la incómoda recepción y se situaron cerca de la entrada, frente a los escalones que conectaban con el palacio. Wei WuXian les siguió en silencio y observó a los más jóvenes de las sectas. Se podía advertir el gran número de participantes en esta ocasión. Muchos discípulos jóvenes esperando enorgullecer a sus sectas con sus habilidades en el arco, pero Wei WuXian sabía cuán difícil era la prueba y que no cualquiera, por mucho dominio que tuviera, podía ser merecedor de un lugar digno de reconocimiento.

Miró a Lan HuiYing y esperó que lograra destacar. De pronto su atención se desvió hacia la secta LanLingJin y buscó con la mirada a Jin Ling. Para su sorpresa, él no se encontraba en el grupo, más bien se hallaba en la secta YunmengJiang, pero apartado de los participantes.

"Como siempre solitario, igual que su amargado tío", pensó con decepción.

Reparó en el arco que sostenía en la mano —otorgado para la competencia— y lo observó con atención. Suponía que era diestro con él pues desde que se encontraron por primera vez llevaba uno a cuestas y, suponiendo que Jiang Cheng lo había entrenado, estaba seguro que estaría entre los tres primeros lugares de la competencia.

Miró alrededor y nadie resultó realmente impresionante ni llamativo. Los jóvenes prospectos de cada secta lucían más nerviosos que entusiastas. Ni siquiera los de la secta GusuLan parecían talentosos a simple vista.

—¿Nervioso? —le preguntó a Lan HuiYing tras volverse hacia él.

—Estoy tranquilo —contestó mientras examinaba el arco que usaría durante la competencia.

—Lo harás bien —concluyó Wei WuXian, animándole—. Esto más que nada es para inflar el pecho de los líderes de las sectas y burlarte de los que te caen mal.

—Nadie me cae mal —le aclaró Lan HuiYing, negando con la cabeza.

Wei WuXian frotó su cabeza y le sonrió.

—Eres muy joven para llevarte mal con las personas.

Volvió su atención a los miembros de la secta GusuLan que se encontraban a un costado de los escalones principales y parecían renuentes a acercarse. En ese momento se dio cuenta que miraban con cierto reparo a Lan WangJi; otros en cambio miraban a Lan HuiYing y murmuraban entre ellos.

"¿Acaso no se acercarán para saludar?", pensó intrigado, y recordó que en Qinghe vio esa mirada reprobatoria en los miembros de la secta GusuLan, como si detestaran la presencia de ambos en el lugar. Desconocía los motivos, pero sospechaba que la razón para que Lan WangJi cortara los lazos con su secta y no fuera recibido con propiedad tenía que ver con él y su relación en el pasado.

Lo buscó con la mirada y lo encontró al otro lado de la explanada junto a Lan XiChen, el actual líder la secta GusuLan. Parecía que hacía mucho no se veían, pues el mayor de los hermanos Lan lucía muy entusiasmado con su presencia en el lugar.

—Creí que no vendrían, WangJi. —Su comentario fue acompañado por una radiante sonrisa.

Lan WangJi solo asintió con la cabeza. Como era de costumbre, su silencio y su semblante inalterable podían ser leídos por Lan XiChen sin necesidad de expresarse con palabras.

—Luces… diferente —señaló él—. ¿Todo está bien?

Lan WangJi volvió a asentir.

Ante su reservada respuesta, Lan XiChen miró a Lan HuiYing y reparó en la figura de su acompañante.

—¿Quién es él? —preguntó— ¿Viene con ustedes?

La expresión de Lan WangJi se suavizó y emitió un leve "uhm".

Lan XiChen observó detenidamente a Wei WuXian, y entonces comprendió de quién se trataba.

—WangJi, acaso él...

No hizo falta que Lan WangJi contestara; bastó con solo ver sus ojos colmados de amor y la discreta sonrisa dibujada en sus labios.

—Finalmente —expresó Lan XiChen con gusto—. Después de tantos años... —Hizo una pausa y miró nuevamente a Lan HuiYing. —¿HuiYing ya lo sabe?

—No.

—Entiendo; aún es muy pronto. —Contempló la nueva apariencia de Wei WuXian. —¿Él los recuerda? —Volteó a Lan WangJi. —¿O...?

—Haré que recupere sus recuerdos —declaró Lan WangJi—. Lo que le arrebataron... lo recuperaré.

Lan XiChen asintió dirigiendo su atención al grupo de cultivadores de su secta y que observaban con malos ojos su reunión con Lan WangJi. Sabía perfectamente que el resquemor era mutuo, pero era Lan WangJi el que jamás perdonaría ni olvidaría.

Luego de dejarlo volver con Lan HuiYing y Wei WuXian, fue abordado por uno de los cultivadores mayores que lo acompañaba.

—Líder de secta, ¿qué hace ese niño aquí? ¿Por qué HanGuang-Jun...?

No era la primera vez que cuestionaban su gestión como líder y objetaban la presencia de Lan WangJi y Lan HuiYing en alguna reunión. Anteriormente no dudaron en reprocharle la asistencia de ambos a la conferencia de discusión en Qinghe.

Mantuvo su semblante sereno, aun cuando por dentro la rabia bullera frente al desprecio que le daban a su hermano y sobrino. Lejos de renegarlos, deberían sentirse avergonzados y pedir perdón por todo el daño que le habían causado a ambos.

—Tanto WangJi como HuiYing son miembros de la secta GusuLan —señaló con severidad—. Y como tal, tienen todo el derecho de asistir a la conferencia.

—Pero ellos abandonaron la secta —insistió el anciano—. No deberían asistir sin ser invitados.

—Si les hace sentir mejor, yo los cité —le aclaró Lan XiChen—. Todos sabemos que Lan HuiYing es uno de los mejores discípulos, y sin duda obtendrá un buen lugar en la competencia.

Contrariado por su respuesta, el cultivador se retiró y regresó con el grupo. Un nuevo intercambio de palabras surgió entre los integrantes y luego se alejaron en silencio. Lan XiChen sabía que no estaban de acuerdo y que se ofendían con mucha facilidad por sus omisiones y decisiones, pero él era el líder de la secta y no dejaría fuera a su hermano y sobrino en una competencia que traía tantos recuerdos precisamente a Lan WangJi.

Miró en su dirección y sonrió al verlo reunido con Lan HuiYing y Wei WuXian. Después de todo, su hermano finalmente había recuperado al amor de su vida.

El tambor de la secta QishanWen resonó de pronto, anunciando el inicio de la conferencia. Los participantes de la competencia se alinearon frente a los escalones y las banderas con los emblemas de cada secta flamearon orgullosas, anunciando a sus respectivos líderes. Cada uno de ellos subió hasta la terraza principal del edificio y tomaron sus lugares tras unas mesas individuales dispuestas con licor y frutos secos para acompañar la jornada.

Alejado de miradas curiosas y del grupo principal de cultivadores invitados a la conferencia de discusión, Wei WuXian se dio cuenta que, a diferencia de la competencia en la que él participó, el líder de la secta QishanWen no tomaría asiento en la parte más alta de la terraza, sino que lo haría al mismo nivel que los demás.

Prestó atención para ver de quién se trataba y frunció el ceño al reconocerlo:

Era el hermano mayor de Wen Chao.

—Wen Xu —murmuró con desprecio, y de inmediato los malos recuerdos volvieron a aflorar. "Al menos no es Wen Chao", pensó molesto, esperando que estuviera muerto.

Miró de reojo a los prospectos de la secta QishanWen que aguardaban expectantes por el inicio de la competencia y notó que uno de ellos, el más alto y mayor del grupo, miraba en su dirección y sonreía. Confundido por la situación, observó a su alrededor por si veía a alguien más, pero no había nadie; lo miraba a él. Su semblante afable y sonrisa radiante pareció haberse acentuado, por lo que solo le correspondió con un gesto casual. En respuesta, el muchacho asintió con la cabeza y volvió la vista al frente.

El anunciador de la secta QishanWen comunicó el inicio de la conferencia de discusión y presentó a los líderes de las sectas presentes.

—Líder de la secta QingheNie, Nie HuaiSang...

Wei WuXian sonrió al ver nuevamente a su tímido amigo. Aún le sorprendía que fuera líder de su secta. Él jamás mostró el interés ni las capacidades para tomar el puesto más importante de su familia, pero ante la falta de Nie MingJue y sus padres, no había otra opción.

—Líder de la secta QishanWen, Wen Xu... Líder de la secta GusuLan, Lan XiChen. Líder de la secta YunmengJiang, Jiang Cheng.

Al escuchar ese último nombre, el rostro de Wei WuXian se contrajo en una mueca de incomodidad y tristeza. Ver a Jiang Cheng liderando a la familia, con su postura arrogante y fría, despertaba sentimientos que creía olvidados y perdidos. Esperaba reparar su relación, pero ante los reiterados y desafortunados encuentros, ponía en duda sus esperanzas.

—Cultivador en jefe de la secta LanLingJin, Jin GuangYao...

En ese momento, Wei WuXian miró fijamente a quien era señalado como el actual líder de la secta LanLingJin. No se le hacía en lo absoluto familiar, no lo recordaba de su pasado y hasta ahora no había tenido oportunidad de conocerlo en persona. Pero Mo XuanYu era uno de los hijos ilegítimos del anterior líder se la secta LanLingJin, y pensó en el posible vínculo que compartían.

—Su hermano, tal vez —concluyó al suponer que Jin GuangShan no habría dejado a cargo de la secta a un extraño. Y conociendo su descontrolado gusto por las mujeres y su carente capacidad de fidelidad, Mo XuanYu y Jin ZiXuan no debían ser los únicos en el listado de sucesión.

El anunciador terminó la presentación de los líderes de secta, luego de la respectiva reverencia al cultivador en jefe que, a diferencia de lo que alguna vez fue Wen RuoHan, no mostraba distinción alguna de entre los demás clanes pues se sentó junto a Lan XiChen y mostraba una actitud completamente gentil y sumisa.

Wei WuXian observó detenidamente su apariencia y no vio nada que pudiera decirle que se trataba del cultivador en jefe y líder de su secta. Era de baja estatura —en comparación a los demás—, de piel clara, rasgos delicados, aparentemente esbelto bajo un atavío de finas ropas color dorado, con un semblante afable y una sonrisa misteriosa en la comisura de los labios, dando una sensación de tranquilidad pero sin desagradar. Era el retrato de una persona que jamás pensaría en hacerle daño ni a una mosca. ¿Cómo entonces alguien así podía ser el cultivador en jefe? ¿Acaso nadie era digno de ese puesto?

—Quizá no fue por apariencia ni fuerza... —pensó Wei WuXian—. Tal vez... fue por algo mucho más peligroso lo que le permitió estar por encima de los demás.

Volteó hacia Lan WangJi para preguntarle si conocía personalmente a Jin GuangYao, pero enmudeció cuando advirtió que observaba en dirección al cultivador en jefe y vio un destello de resentimiento en su mirada.

"Lan Zhan..."

Wei WuXian sintió un escalofrío subirle por la espalda y sacudirle la nuca. Quien estaba a su lado no era la persona de carácter solemne e imperturbable que tan bien creía conocer. Algo o alguien habían cambiado a Lan WangJi en los últimos diez años. Y ante ese descubrimiento, decidió regresar la vista el frente y fingir que no había visto esa expresión fría en sus ojos claros.

El anunciador continuó exponiendo el motivo de la conferencia, y comunicó que la competencia sería igual que la celebrada hacía más de diez años. En el bosque de piedra había alrededor de mil objetivos. Cien de los cuales estaban poseídos por fantasmas feroces. Quien derribara más fantasmas poseídos con las flechas, ganaba, y aquellos que disparasen al blanco equivocado o fuera del mismo saldrían de la competencia señalados por bengalas negras.

Una vez dichas las reglas, los participantes ingresaron a la zona de caza y se dispersaron. De inmediato, Lan HuiYing se vio solo pues los otros cinco integrantes de la secta GusuLan se alejaron de él sin siquiera dirigirle la palabra. Él parecía no importarle y continuó el paso, pero se detuvo al poco andar cuando una discusión acalorada capturó su atención.

—¡Le diré a mi tío sobre esto!

El grito vino de Jin Ling.

Un grupo de jóvenes pertenecientes a la secta LanLingJin se alejaba y burlaba; aparentemente no estaban dispuestos a seguir sus órdenes ni mucho menos a contar con su compañía.

—Ni creas que tus amenazas nos van a infundir temor, niño sin padres.

A ese cruel comentario le siguió una ola de carcajadas. Jin Ling sintió que esas palabras acompañadas por las risas le partieron de parte a parte y avivó en su interior el resentimiento que había crecido durante todos estos años. Su arco se tensó en su mano y tuvo el impulso momentáneo de dispararle a sus compañeros, pero tan pronto como lo pensó dio media vuelta y retomó el paso. Su intención era adentrarse en el bosque de piedra por otro sendero, lejos de sus molestos compañeros, pero se detuvo horrorizado cuando vio a Lan HuiYing parado frente a él.

El saber que había presenciado todo le enojó aún más.

—¡¿Me estás siguiendo acaso?!

Lan HuiYing negó.

—Solo buscos los fantasmas feroces —contestó tranquilo.

—¡Entonces sigue tu camino y déjame solo!

Lan HuiYing conocía el sentimiento que experimentaba Jin Ling, pues él también lo había vivido. Y no quería incomodarlo luego de presenciar la desafortunada discusión con sus compañeros de secta.

—Veo que siempre portas un arco —se animó a decirle cuando lo vio alejarse—. ¿Practicas mucho con él? Esta competencia debe resultarte sencilla.

Jin Ling se detuvo y respondió.

—Sí, y soy muy bueno. —Dio media vuelta y continuó caminando. —No me dirijas la palabra. Me desconcentras de mi objetivo.

Lan HuiYing lo siguió.

—Será un tanto difícil si se trabaja solo —comentó.

—Y eso qué —respondió Jin Ling—. Puedo hacer las cosas perfectamente sin la ayuda de nadie. ¡Ahora déjame en paz!

Lan HuiYing no quería desistir. Sabía bien que era su primo el que lo rechazaba, y no estaba dispuesto a desistir de lograr acercarse a él tan siquiera un poco. El sufrimiento de Jin Ling lo había vuelto cruel y distante de los demás, pero sabía que en su interior estaba la buena persona que el desprecio de las personas silenció.

—Quizá si trabajamos juntos podamos...

Jin Ling se detuvo una vez más y lo encaró.

—¿Acaso eres sordo? No me interesa trabajar con nadie, mucho menos contigo. Además, eres de la secta GusuLan. Somos rivales.

—Yo no lo veo así —le rebatió Lan HuiYing—. Demostramos nuestras capacidades por un bien en común. No participo para darle honor a la secta GusuLan.

—Pues yo sí estoy aquí para enorgullecer a mi secta. ¡Así que piérdete!

Lan HuiYing lo vio alejarse y apenas sonrió. Sería difícil acercarse a Jin Ling, pero estaba seguro que lo conseguiría. No desistiría.

Retomó el paso y le siguió unos más atrás. Jin Ling se percató de su presencia y de cuando en cuando lo miraba por sobre el hombro para luego volver la mirada al frente con un gesto despectivo. Después de unos diez minutos de caminata en silencio, se detuvo nuevamente y se volvió hacia Lan HuiYing.

—¿Hasta cuándo piensas seguirme?

—No te estoy siguiendo —le aclaró Lan HuiYing—. Solo vamos en la misma dirección.

Jin Ling frunció el ceño.

—No intentes pasarte de listo conmigo. Sé quién eres. Escuché a los de tu secta. Eres un recogido de la calle. ¡Así que no te dirijas a mí de esa forma!

Lan HuiYing guardó silencio tras esas crueles palabras. Su rostro se endureció un poco y su sonrisa gentil se desvaneció. Jin Ling se dio cuenta que había ido demasiado lejos con su ofensa y tensó el rostro. Pensó en disculparse pero ¿por qué lo haría? A él le decían cosas hirientes todo el tiempo.

Dio media vuelta y se adelantó. De pronto Lan HuiYing lo llamó. Se dio la vuelta y vio que apuntaba con su arco y flecha en su dirección. Su corazón se paralizó. ¿Acaso iba a matarlo por haberlo insultado?

De pronto Lan HuiYing cambió de dirección. Liberó la flecha y esta impactó de lleno con un fantasma feroz que flotaba sobre Jin Ling.

El primer punto fue para la secta GusuLan.

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Desde el palacio se vio la primera bengala dibujando el emblema de la secta GusuLan. Le siguieron otras dos de la secta LanLingJin y la secta GusuLan, cuatro de la secta YunmengJiang y una de la secta QingheNie. La secta la secta QishanWen obtuvo una bengala roja y cinco negras de forma consecutiva.

Jiang Cheng sonrió con burla.

—Hay cosas que no cambian. —Miró a Wen Xu y su semblante se tiñó de ira.

—Parece que una vez más la secta YunmengJiang obtendrá la victoria de este torneo —elogió Jin GuangYao con una sonrisa.

Jiang Cheng pareció ignorarlo, pero de igual modo respondió.

—Nuestro entrenamiento rinde frutos en competencias como estas —declaró—. Somos una secta fuerte y disciplinada.

La sonrisa de Jin GuangYao se amplió con gentileza.

Desde el otro lado de la terraza, Wen Xu observaba a los líderes de secta conteniendo el desprecio que sentía por ellos. Los culpaba por la caída de la secta QishanWen y la forma simple y cínica en la que debían llevarse, como si fueran del mismo nivel. Él jamás toleraría ni aceptaría algo así, pero se vio forzado a bajar la cabeza y tragarse la rabia luego que su secta fuera miserablemente derrotada. No le importaban estas competencias; participó muchas veces en ellas pero jamás fueron objeto de su interés. Al igual que su padre, creía que el prestigio y respeto se ganaban con guerras, no con absurdas competencia. Pero incluso si deseaba recuperar ambos por el honor de su familia, no tenía las fuerzas ni el valor para hacerlo. Su núcleo dorado había sido arrebatado, y al no representar ninguna amenaza, se le permitía liderar su secta bajo la supervisión de Jin GuangYao.

Se llevó la copa de licor a la boca y, tras maldecir a todos en silencio, continuó bebiendo.

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Jin Ling terminó encogiéndose por instinto al ver que un fantasma feroz había sido destruido sobre su cabeza. Miró a Lan HuiYing con disgusto.

—¿Qué pretendías? —protestó—. ¿Acaso pensabas dispararme?

Lan HuiYing negó.

—La competencia consiste en dispararle a los fantasmas feroces, no a cultivadores.

Jin Ling rezongó por lo bajo y se incorporó. Quiso continuar por el sendero, pero se detuvo y volteó una vez más hacia Lan HuiYing.

—Si dices que caminas en la misma dirección que yo, asegúrate de mantenerte diez pasos tras de mí y no interfieras con mis lanzamientos. ¿Has entendido?

Lan HuiYing asintió.

—Entiendo.

Continuaron caminando, encontrándose con un grupo de diez fantasmas feroces flotando sobre sus cabezas. De inmediato, comenzaron a disparar, logrando repartir las ganancias a la mitad.

Jin Ling quiso recriminarle el no haberle dejado al menos ocho fantasmas a su disposición, pero vio que el talento de Lan HuiYing merecía más crédito que solo quejas, y continuó avanzando en silencio.

—Eres muy bueno —dijo Lan HuiYing a modo de iniciar una conversación.

—Lo sé. Soy el mejor —contestó Jin Ling—. Aunque... —Vaciló un poco. —Tú no lo haces tan mal. Tienes una técnica un tanto inusual. ¡Pero de todos modos te falta práctica!

Lan HuiYing sonrió apenas y asintió aun cuando Jin Ling no lo estuviera mirando.

Continuaron adentrándose en el bosque de piedra, y durante la siguiente hora dispararon a cada fantasma feroz que encontraron, consiguiendo acabar con cincuenta de ellos, repartidos en partes iguales. Aún quedaban otros veinticinco por destruir, por lo que se internaron en el corazón del bosque para encontrar a los fantasmas restantes antes que los demás.

Tomaron un camino pedregoso, encerrado por dos laderas escarpadas. En el camino se encontraron con algunos participantes, incluso cuando ganaron algunos fantasmas feroces, pero llevaban cerca de media hora sin ver a ninguno de ellos. Tampoco había señales en el cielo de ganadores o perdedores, ni siquiera el ruido de algún pájaro solitario rompía el incómodo silencio que los asediaba, y una niebla espesa había aparecido de forma repentina sobre sus cabezas.

Jin Ling divisó una explanada unos metros más adelante y aceleró el paso, pero Lan HuiYing se detuvo.

—Espera, algo no anda bien.

Jin Ling lo miró con enfado.

—¿De qué estás hablando? —masculló—. ¿Acaso quieres distraerme para ganar?

Desde que tomaron la decisión de ir por aquel sendero solitario, Lan HuiYing se sintió inquieto, como si la energía del lugar hubiera cambiado apenas pusieron un pie en él. Miró alrededor intentando advertir algo inusual, pero solo podía sentir el escalofrío que le erizaba la nuca.

Jin Ling advirtió su comportamiento y eso lo exaltó.

—Deja de hacerme perder el tiempo. Si tienes miedo o intentas engañarme es tu asunto. Yo seguiré por mi propia cuenta.

Siguió caminando y, a pocos pasos de llegar a la explanada, una acalorada discusión resonaba por todo el lugar.

—¿Qué está pasando? —Alertado por la situación, se echó a correr.

Lan HuiYing tuvo un mal presentimiento e intentó detenerlo.

—¡Espera! —exclamó—. ¡No vayas!

Al ver que Jin Ling no le escuchaba no tuvo más opción que seguirlo. Cuando logró darle alcance, se encontraron con los demás miembros de las sectas que participaban en la competencia. Lucían intranquilos y uno de los integrantes de la secta YunmengJiang se encontraba sentado en el suelo y se cubría la nariz con una mano.

—¿Qué ocurrió aquí? —se preguntó Jin Ling mientras se acercaba.

Lan HuiYing sin embargo permaneció apartado y analizó la situación. Contó rápidamente a los que se encontraban reunidos en medio de la explanada y se dio cuenta que eran todos los participantes. ¿Cómo lograron reunirse en el mismo lugar?

Jin Ling se acercó al cultivador sentado en el suelo.

—¿Qué pasó?

—Chocó con una pared —contestó un miembro de su grupo—. Se rompió la nariz.

Jin Ling lo observó con algo de incredulidad y luego se volvió a los demás.

—Deben dar aviso para que se lo lleven. Sigan por el sendero por el que llegamos y encontrarán el camino principal de vuelta a la entrada del bosque.

Jin Chan, quien lideraba al grupo de la secta LanLingJin y había molestado a Jin Ling al inicio de la competencia, no dudó en reaccionar y encararlo. Había un notorio contraste de altura entre los dos, pero a diferencia de la estructura esbelta y refinada de Jin Ling, Jin Chan era robusto y su postura agresiva intimidaba a cualquiera.

—¿Quién te dijo que estabas a cargo, Jin Ling? —masculló prepotente—. ¿No te cansas de ser siempre tan arrogante?

—¡¿Ah?! —Jin Ling saltó sorprendido—. ¿Y quién eres tú para hablarme de esa forma? Están todos aquí y nadie hace nada.

—Es porque no podemos salir —contestó un miembro de la secta QingheNie en tono conciliador.

—¿Cómo que no pueden salir? —preguntó Jin Ling.

—De pronto nos vimos reunidos aquí pero no logramos encontrar el camino de regreso. Fue por eso que él se lastimó. —Señaló al cultivador lastimado. —Corrió en dirección a la salida y chocó contra un muro.

Incrédulo por sus palabras, Jin Ling miró alrededor.

—Eso es absurdo. La salida está en esa dirección.

Señaló el camino por el cual había llegado con Lan HuiYing, pero ya no estaba: una pared de roca y niebla lo habían cubierto.

—Hemos intentado mandar señales al cielo —añadió otro miembro de la secta QingheNie—, pero se desvanecen en la niebla.

—Quizá sea alguna clase de prueba —señaló alguien de la secta YunmengJiang—. Debe ser parte de la competencia.

—No seas tonto. —Uno de sus compañeros lo desacreditó. —¿Por qué harían algo así? Al menos nos hubieran dicho, pero solo mencionaron que debíamos dispararle a los fantasmas feroces.

En medio de la pequeña discusión, Jin Chan miró a Jin Ling.

—Todo esto es tu culpa, Jin Ling —masculló de pronto—. Si no fueras un maldito arrogante nada de esto nos estaría pasando.

—¿Y qué tengo que ver con esto? —espetó Jin Ling.

—De no haber acaparado a la mayoría de los fantasmas, no nos habríamos visto obligados a adentrarnos en este lugar. ¡Si estamos aquí es por tu culpa!

Miembros de la secta YunmengJiang asintieron, en apoyo a las palabras de Jin Chan, pero lejos de sentirse ofendido y apocado por la falsa acusación, Jin Ling lo encaró.

—No tengo que bajar mi nivel para que ustedes se sientan cómodos —contestó enérgico—. Además, no fui solo yo el que los dejó en ridículo.

Los miembros de las cinco sectas vieron fijamente a Lan HuiYing, pero solo fue Jin Chan el que se le acercó. Había una diferencia considerable de altura, lo suficiente para que Lan HuiYing tuviera que levantar la cabeza y así alcanzar su apática mirada.

—¿Este es el enano del que reniega la secta GusuLan? —Miró a los discípulos apostados a un costado como un grupo de estatuas blancas—. ¿Qué hizo para que lo desprecien? Ustedes suelen trabajar en equipo como un grupo de niñitas, pero a este enano lo ignoran. ¿Por qué?

Los cinco jóvenes no respondieron. Parecía que sus bocas habían sido selladas con un hechizo silenciador, pues solo intercambiaron miradas con nerviosismo, completamente enmudecidos.

Lan HuiYing miraba fijamente a su agresor, y eso a él no le gustó.

—¿Qué tanto me ves, enano? Ni siquiera pareces tener edad suficiente para estar en esta competencia. ¿Por qué no vas con tu mami para que te consuele?

Los miembros de la secta GusuLan empalidecieron al escucharle y miraron a Lan HuiYing, temiendo que hiciera algo en represalia. Pero fue Jin Ling el que intervino, empujando a Jin Chan lejos de Lan HuiYing.

—Deja de ponernos en vergüenza con tu estupidez, Jin Chan —articuló molesto—. Eres un fanfarrón solo por ser alto, pero tu estatura no compensa tu falta de cerebro.

Los que conocían a Jin Chan, sabían el mal temperamento con el que había nacido, por lo que no les sorprendió cuando lo vieron responder al empujón de Jin Ling con uno más fuerte, tumbándolo en el suelo. Tampoco cuando se le acercó y lo jaló de la ropa, alzándolo a su altura visual.

—¡¿Qué dijiste, Jin Ling?! —Sus ojos estaban inyectados de sangre. —¡¿Te atreves a burlarte de mí?!

Jin Ling temblaba, apenas podía tocar el suelo con la punta de las botas, pero sostenía la mirada sin vacilar.

—¿Vas a llorar? Oh, es verdad, no tienes una madre que te consuele. ¿Con quién irás a llorar esta vez? ¿Con tu tío?

Unas risas algo nerviosas se dejaron escuchar de la secta LanLingJin. La secta GusuLan, YunmengJiang, QingheNie, incluso la secta QishanWen, guardaron silencio y observaron la situación con incomodidad.

—Debes pensar que el humillar a las personas te pone por encima de ellas, pero estás equivocado.

La repentina intervención de Lan HuiYing enmudeció a Jin Chan y al resto de la secta LanLingJin. Él había estado observando silenciosamente la situación, y ya que su primera impresión de Jin Chan no fue en lo absoluto agradable, no iba a dejar pasar la oportunidad de increparlo.

Jin Chan volteó en su dirección y soltó a Jin Ling para encararlo.

—¿Qué dijiste, enano?

Lan HuiYing no lucía intimidado. Conocía perfectamente a las personas como Jin Chan y sabía muy bien cómo enfrentarlas.

Uno de los miembros de la secta QishanWen, que presenciaba todo desde un costado, miró con preocupación a los de la secta GusuLan y cuestionó su apagada participación. ¿Acaso ninguno de ellos intervendrá para respaldar a su compañero más joven?

—Parece que vienes de una buena familia, con padres consentidores —continuó Lan HuiYing sin titubeos—, y lo único que puedo sentir por ti en estos momentos es lástima. Porque a pesar de tu edad y apariencia, eres una persona sin valores ni respeto por los demás. —Negó con la cabeza. —Tu secta debe pasarla muy mal por tu causa.

Un silencio aún más incómodo se apoderó de los presentes. A pesar de su edad, Lan HuiYing no mostraba temor ni vacilación por alguien que casi doblaba su edad y tamaño. La seguridad de su mirada y su lenguaje corporal hacían de su pequeña figura alguien seguro y capaz de enfrentar lo que fuera.

Jin Ling sintió algo de alivio por haber sido ayudado, ¿pero por qué Lan HuiYing lo había hecho? ¿Qué buscaba a cambio? Nadie nunca se había tomado la molestia de defenderlo y dejar en vergüenza a su agresor; lo único que conocía gracias a Jiang Cheng era la rabia en respuesta a las ofensas que recibía, pero Lan HuiYing le había mostrado algo completamente distinto.

Enmudecido por la dura verdad estampada en su cara, y sin argumentos para refutar, Jin Chan permaneció inmóvil frente a Lan HuiYing. Su intención no era quedar en ridículo, pero tampoco fue capaz de golpearlo. Algo en su interior le advirtió que mantuviera la distancia, que guardara silencio y no lo provocara, como si su vida pudiera estar en peligro si no lo hacía.

Dio un paso hacia atrás, impulsado solo por su instinto, pero la presencia de una horda de fantasmas feroces llamó la atención de todos y cambió de golpe el tono del ambiente.

—¡Que no escapen! —ordenó a sus compañeros.

Todos se sumaron a su grito y dispararon sin vacilar. En su mayoría acertaron, pero no tardaron en notar que tras el primer ataque no hubo ninguna señal en el cielo que los evidenciara.

—¿Qué está pasando? —preguntó uno de los integrantes de la secta QingheNie.

—Esos no parecen fantasmas comunes —anunció otro de la secta YunmengJiang—. No se desintegraron los que fueron alcanzados con las flechas.

Señaló al cielo y la misma docena de fantasmas revoloteaba intacto. Lan HuiYing los observaba detenidamente y notó algo que llamó su atención. Además de la marca en sus frentes como blanco de disparo, los talismanes que los controlaban para la competencia tenían un aspecto familiar que, tras verlos con sus ojos de cultivador demoniaco, no tardó en reconocer: la cantidad de trazos y los caracteres eran los mismos que los creados por el impostor.

—No puede ser...

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En las afueras del bosque de piedra, Wei WuXian aguardaba inquieto. Atardecía, y llevaba un tiempo sin haber señales en el cielo; ni siquiera de descalificación. Miró a los líderes que murmuraban entre ellos y a Lan WangJi, que aguardaba de pie a su lado, y notó su misma inquietud.

—HanGuang-Jun, algo no anda bien —comentó.

Él asintió en respuesta.

Wei WuXian se volvió y buscó a Wen Ning con la mirada. Había notado su presencia desde el inicio de la competencia y, al encontrarlo oculto tras un montículo de piedra, con un ligero ademán con la cabeza le indicó que averiguara lo que estaba pasando. Wen Ning asintió e ingresó al bosque de piedra sin ser visto por los demás cultivadores. Lan WangJi se percató de ello pero no lo detuvo; sabía que solo él podía ayudar a Lan HuiYing y protegerlo, como lo hacía desde que era un bebé.

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Todos continuaban disparando a los fantasmas y ninguno parecía ser tocado por las flechas. Lan HuiYing ya había descubierto el problema y no dudó en advertirlo.

—Los talismanes están alterados —señaló.

Todos miraron al cielo.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó uno de los miembros de la secta YunmengJiang—. ¿Qué tienen de diferente?

—Yo no veo nada raro —señaló otro—. Estás alucinando.

Lan HuiYing entendió que insistirles sería inútil pues solo él era capaz de notar los trazos demoniacos, el por qué había notado algo extraño en el ambiente cuando habían llegado y terminaron todos en el mismo sitio.

—Una matriz de laberintos —concluyó para sí mismo.

—Debemos irnos de aquí —indicó uno de la secta LanLingJin—. ¡Esto no es parte de la competencia!

—¡¿Y cómo lo haremos si no vemos la salida?! —exclamó otro igual de alterado.

El nerviosismo y la tensión habían tomado el control de todos, haciéndoles olvidar sus entrenamientos y capacidades para enfrentar a escenarios adversos. Algunos querían solo escapar; otros confrontar a los fantasmas alterados, pero ninguna de las posturas tenía resultado.

No había escapatoria.

—¡¿Acaso ningún maestro vendrá a ayudarnos?!

Uno de los fantasmas se arrojó de lleno contra Jin Chan y su grupo bajo una lluvia de flechas que ninguna le dañó, pero a solo un metro de atacarlos, una de ellas impactó su pecho y lo desintegró frente a los ojos impresionados de todos. Siguieron la trayectoria de la flecha y descubrieron que había sido arrojada por Lan HuiYing desde una de las rocas de media altura que descansaban en el lugar.

No podían dar crédito a lo que había sucedido. Habían arrojado sin parar flechas contra los fantasmas, pero él lo lograba con un solo tiro. Era el primero que arrojaba desde que había llegado a ese lugar.

Jin Ling dio un paso al frente.

—¡¿Cómo hiciste eso?! —preguntó.

Lan HuiYing lo miró y contestó.

—Disparen al talismán de control; es lo que alteró a los fantasmas.

—¿Y cómo lo supiste? —Alguien de la secta YunmengJiang preguntó con incredulidad—. ¡Nadie nos dijo sobre disparar a los talismanes!

—Quizá sea parte de la prueba —dijo uno de la secta QingheNie.

—No seas tonto, para empezar en ningún momento dijeron algo sobre fantasmas alterados —masculló otro de la secta YunmengJiang.

—¿Y qué hay de esta niebla? —cuestionó Jin Chan—. No podemos escapar.

—¿Es parte de la prueba también? —concluyó uno de sus compañeros.

Una flecha fue disparada de pronto por el mayor de la secta QishanWen, confirmando lo que dijo Lan HuiYing: los fantasmas se desvanecían al recibir el impacto de una flecha en el talismán de control.

—Deberían dejar las preguntas para después —expresó con seriedad—. Ahora concentrémonos en salir de aquí con vida.

Con cierta renuencia todos siguieron el consejo y comenzaron a disparar a los fantasmas alterados. Uno por uno fueron desapareciendo, hasta que el último en desintegrarse en el aire trajo un sentimiento de alivio a todos. Ya habían superado la parte más difícil, pero todavía quedaba una aún peor. Miraron alrededor con la esperanza de que la salida se mostrara ante ellos luego de exterminar a los fantasmas, pero tal cosa no sucedió.

De pronto se escuchó un chasquido que resonó en un estridente eco y la niebla que los mantenía atrapados se disolvió. Del otro lado, la figura de Lan WangJi acompañado por Wei WuXian apareció, seguida de los cultivadores de las cuatro sectas.

Finalmente habían sido encontrados.

Los líderes se reunieron rápidamente con sus respectivos discípulos y comenzaron a interrogarlos, Lan WangJi y Wei WuXian por otro lado, se acercaban a Lan HuiYing y se aseguraban de que estuviera ileso.

—¿Estás bien? —preguntó Wei WuXian, examinándolo.

Él asintió.

—¡¿Qué fue lo que pasó aquí?!

El sobresaltado tono de voz de Jiang Cheng capturó la atención de los presentes.

—De pronto aparecieron unos fantasmas alterados y una niebla espesa nos rodeó —explicó Jin Ling—. Las salidas fueron bloqueadas sin explicación.

El enojo con el que Jiang Cheng ingresó al bosque de piedra se acentuó. No había razón para que algo así sucediera, y el que pasara precisamente en una conferencia con base en Qishan, le despertaban los peores y más profundos sentimientos.

—¿Y tú? —espetó a Jin Ling—. ¿Destruiste alguno?

Él asintió inflando el pecho.

—Pude destruir a varios de ellos. —Miró de rojo a Lan HuiYing. —Lo hicimos entre todos.

Una mirada fría y cruel atravesó los ojos de Jiang Cheng y fue directo a Lan HuiYing. No podía dejar de molestarle su existencia luego de conocerlo en persona, porque aunque fue negada tras la muerte de Wei WuXian, sabía bien que era el hijo que él engendró. Y si bien no tenía pruebas para desenmascararlo, sus entrañas le gritaban que estaba en lo correcto, y que el desprecio natural contra él era porque llevaba su sangre.

—Regresemos —indicó Lan XiChen—. Este incidente cambia el escenario de la competencia. Necesitamos evaluar la situación.

Los líderes y sus sectas parecieron estar de acuerdo, por lo que retornaron en silencio hasta el palacio. Lan WangJi decidió quedarse unos minutos observando detenidamente el lugar. El incidente le pareció en lo absoluto involuntario, y concluyó que este había sido premeditado.

—¿Qué pasó realmente? —indagó Wei WuXian luego de llegar a la misma conclusión que Lan WangJi.

—Los fantasmas tenían un sello de cultivación demoniaca —explicó Lan HuiYing—. Nadie más pudo verlos.

—¿Qué clase de sello era? —preguntó Lan WangJi.

—Los talismanes de control tenían trazos ocultos —contestó—; los mismos que en los talismanes que hemos encontrado últimamente.

—Fue la misma persona —concluyó rápidamente Wei WuXian—. ¿Pero por qué haría algo así? —añadió reflexivo—. ¿Por qué atacar a un grupo de cultivadores jóvenes durante una competencia? ¿Qué buscaba con eso?

—Lo extraño es que los fantasmas alterados no eran realmente fuertes —comentó Lan HuiYing—. Solo había que apuntar en el lugar correcto.

—Pero eso nadie más lo sabía, a menos que fueras un cultivador experto... o uno demoniaco. —Wei WuXian miró a Lan WangJi. —HanGuang-Jun, ¿existe la posibilidad de que alguien sepa de las habilidades de HuiYing?

—La secta GusuLan lo sabe —contestó él con seriedad.

Wei WuXian pensó un momento en ello.

—Pero ellos le tienen un alto respeto a la discreción y hermetismo de lo que ocurre dentro de sus muros. —Hizo una pausa y luego añadió. —Si alguien decidió divulgarlo, lo más seguro es que no haya sido de tu secta. ¿O me equivoco?

Lan WangJi asintió con la cabeza y Wei WuXian suspiró.

—Bueno, si fue realmente el impostor quien planeó esto, quizá sus motivos no eran más que el perturbar la conferencia de discusión y desviar la atención de algún modo. —Miró el entorno y una idea llegó a su cabeza. —Desviar la atención... precisamente al ser Qishan el lugar de la conferencia de discusión. Quiso desatar un incidente en este lugar. ¿No lo crees, HanGuang-Jun?

Él volvió a asentir.

—Después de todo, el que la secta GusuLan coopere con el impostor solo para exponer las habilidades de HuiYing es absurdo —concluyó Wei WuXian cruzándose de brazos—. De lo contrario habría mostrado esas intenciones desde hace tiempo.

Lan WangJi compartía su opinión, pero el incidente no dejaba de incomodarle. Parecía solo uno más de tantos durante los últimos siete años, pero ahora se habían metido con los discípulos más jóvenes, incluyendo a su hijo.

—¿Cómo nos encontraron? —preguntó Lan HuiYing de pronto—. Nosotros no logramos hallar la salida.

—Hay que agradecerle a Wen Ning —contestó Wei WuXian—. Él nos advirtió del incidente. Luego nos dimos cuenta que fueron atrapados en una matriz de laberintos. Por eso se reunieron todos en este sitio. Fueron guiados a propósito.

Con ello, Lan HuiYing confirmó su suposición inicial, y sonrió agradecido por la intervención de Wen Ning. Sabía que él lo seguía a todas partes que fuera para ayudarle y protegerle, y esta no fue la excepción.

—Salgamos de aquí —indicó Lan WangJi.

Tomaron el camino principal y, antes de marcharse, Lan WangJi miró súbitamente hacia su costado izquierdo. Se había sentido repentinamente observado, pero al voltearse no vio nada extraño y el sentimiento de intranquilidad se desvaneció. Retomó el paso junto a Lan HuiYing y Wei WuXian y se alejaron del lugar.

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Luego de reunirse en el palacio y constatar las lesiones de unos pocos participantes, se llevó a cabo una reunión para decidir si la competencia se debía anular a causa del incidente o concluirla. Escucharon las versiones de los involucrados, de cómo terminaron atrapados y lograron exterminar a los fantasmas alterados. Tomó cerca de dos horas llegar a un acuerdo, confirmando en el proceso que de los cien fantasmas preparados, la mayoría habían sido destruidos por los cuatro mejores participantes.

Finalmente, y con total imparcialidad, se acordó dar curso al término completo de la competencia, designando a los ganadores.

—En primer lugar: de la secta GusuLan —anunció el anfitrión—. Lan HuiYing.

Una treintena de pares de ojos se volvieron hacia su persona; en su mayoría miembros mayores de las sectas. Los más jóvenes en cambio, y quienes participaron en la competencia, se mostraron conformes con el resultado pues vieron el desempeño y las habilidades de Lan HuiYing tras el ataque de los fantasmas, por lo que de algún modo se había ganado la simpatía de ellos y el respeto de otros pocos.

Jiang Cheng sin embargo no lucía en lo absoluto contento. Después de diez años, la racha de victorias de la secta YunmengJiang finalmente se había terminado, y por causa de la persona que menos esperaba.

—En segundo lugar, de la secta LanLingJin, Jin RuLan.

Él no estaba conforme con la posición, pero tampoco podía quejarse. Miró a Jiang Cheng expectante por su reacción, pero su semblante contrariado lo incomodó y le obligó a bajar la cabeza. Sabía que esperaba más que el segundo lugar, y que al final del día tendría un severo regaño.

—En tercer lugar, la secta YunmengJiang...

El anunciador entregó el nombre de los siguientes dos lugares y se dio por finalizada la competencia.

Wei WuXian se apresuró en reunirse con Lan HuiYing y no dudó en felicitarlo.

—¡Sabía que serías el mejor! —exclamó entusiasta.

Lan HuiYing asintió con una sonrisa.

—Estaba un poco nervioso, pero obtuve ayuda de Jin Ling. Trabajamos en equipo.

—¿Jin Ling?

Wei WuXian miró en su dirección y notó su postura derrotada y humillada. Le alegraba el triunfo de Lan HuiYing, pero no podía evitar sentir tristeza por Jin Ling. Sabía que con su carácter tan intenso y un tío desproporcionadamente exigente, sus palabras de consuelo por su segundo lugar no serían bien recibidas. Aun así quería decírselas, como si de algún modo necesitara transmitirle las palabras que su madre no podía expresarle.

Dejó a Lan HuiYing por un momento y fue con Jin Ling, que aguardaba solo en medio de la explanada. Ni siquiera los cultivadores de su misma secta le brindaban palabras de apoyo o manifestaban algún gesto por su excelente posición en una competencia tan difícil. Más aún después de lo que había hecho durante el ataque de los fantasmas alterados.

—Jin Ling —lo llamó, manteniendo la distancia—. Te felicito por haber logrado un puesto importante en la competencia. Lo hiciste muy bie-

—¡No necesito de tus halagos sin sentido! —masculló en respuesta. Miró a Lan HuiYing que aguardaba del otro lado y su semblante se endureció—. Ve a felicitar a tu discípulo y no te me acerques. ¡Lunático!

Wei WuXian lo miró en silencio. Sonrió levemente y lo dejó marcharse. No le sorprendía su reacción, pero a pesar de su mal trato quería animarlo aunque no lo deseara, ¿pero qué conseguiría con ello si lo único que salía de su boca era desprecio por su persona? Suspiró contrariado al ver el pésimo trabajo que había hecho Jiang Cheng con él y regresó con Lan HuiYing. Ahora que la competencia había terminado podían continuar tras los pasos del impostor.

Del otro lado, en la terraza, Jiang Cheng lo observaba. Había presenciado cómo Wei WuXian se le había acercado a Jin Ling y no lo soportó. Preso de un coraje descontrolado, activó a Zidian y lo agitó en su dirección. El chasquido inconfundible del látigo resonó en el lugar generando un estruendoso eco en el momento que impactó de lleno contra la espalda de Wei WuXian y lo lanzó varios metros contra el suelo.

Un silencio se apoderó de los presentes, que en esos momentos se encaminaban al interior del palacio para un banquete.

Zidian volvió a sacudirse y se enroscó en el tobillo derecho de Wei WuXian, arrastrándolo por el suelo hasta dejarlo a los pies de los escalones, frente a Jiang Cheng. Él simplemente no podía soportar su presencia en el lugar ni mucho menos verlo tranquilo fingiendo ser otro luego de todo lo que había hecho en el pasado.

Wei WuXian intentó ponerse de pie pero le fue imposible, y solo pudo quedarse tumbado en el suelo bajo a la mirada iracunda de Jiang Cheng.

—¡¿Piensas seguir burlándote de todos nosotros?! —masculló él en voz alta.

Wei WuXian no contestó.

—¿Vas a continuar fingiendo ser otro y vivir tranquilo en ese cuerpo que robaste después de todo lo que has hecho...? ¡Wei WuXian!

...Continuará...