¡Hola! Vaya, cuántos años, ¿Qué tal los ha tratado la vida? Sé que me tomó un rato actualizar, pero de hecho, eso fue por que tuve un accidente hace un par de años en el que la computadora en el que guardaba todos capítulos de esta historia se quemó, y no pude recuperar mis escritos. Eso me desmotivó, pero ahora Que ha pasado el tiempo, quiero terminar lo que empecé, y he estado actualizando mis otros Fanfics; así que esta historia no será la excepción. Éste es un capítulo corto, pero lleno de significado, y espero que lo disfruten.
EL TRATO
—Abrígate bien.
Me llevó la mano debajo del cuello, para mirarme con sus ojos indulgentes. Me gustaba que se preocupara por mí. Tenía una sonrisa suave en ese momento, que hizo a mi interior protestar ligeramente en respuesta.
—No tengo tanto frío —respondí, y lo único que obtuve a cambio fue una ligera risa.
—La temperatura seguirá bajando durante la noche, y no quieres que te dé una hipotermia, ¿cierto?
Rechisté, desviando mis ojos, casi entornándolos.
—Hey, hey. No quiero que te congeles o te quedes dormida durante tu guardia.
—Puedo hacerlo, pero tienes que dejar de tratarme como una niña —me quejé, y él renovó su sonrisa por una de burla. Me tocó la barbilla en un gesto ligero, y retrocedió.
—Trata de mantenerte alerta. Y de no hacernos perder, por favor.
—Qué poca confianza —me quejé. Miré a la fogata. El campamento yacía en silencio. La mayoría de los miembros de equipo ya se habían retirado a sus tiendas, y quienes, no, platicaban en susurros. Me surgió una curiosidad.
—¿Cómo es posible que me dé hipotermia, si estoy soñando?
—Es tan sencillo como que tu cerebro está convencido de que tu cuerpo se está enfriando, y el peligro potencial es que lo experimentes al despertar. Es como la sensación de morir; el dolor es real.
Asentí lentamente, con un monótono "Ah"
—¿Y cómo temes que me quede dormida, si estamos soñando?
—Al habitar un sueño tan largo, que dura durante días, tu mente empieza a creer que se encuentra despierto, y las necesidades que sientes al estar despierto, las sentirás aquí. Cansancio, hambre. Los miembros del equipo lo saben, y por eso se retiran a descansar. Mañana nos espera un día largo, y como tú eres la nueva, tienes que quedarte a cuidarnos. Por eso si te quedas dormida y perdemos antes de que esto empiece, todo el mundo estará detrás de ti.
—Ya, ya. Te digo que no lo haré, no molestes.
—Bien, confiaré en ti —levantó una mano a modo de saludo—. Noches.
—Noches —respondí, volviéndome rápido, descartándolo en un gesto infantil. Sin embargo, al instante, una nueva duda surgió en mi cabeza—. ¿Arthur..? —lo llamé, pero él ya no estaba. Al volver mis ojos a la fogata, también los que todavía estaban fuera hasta hacía unos momentos ya se habían retirado.
Suspiré, y mi vista se fue al cielo. Era un cielo atractivo, este. El arquitecto debía saber de astrología, porque podía percibir un par de constelaciones de las más famosas. No tenía mucho conocimiento al respecto, pero me entretuve por unos minutos intentando encontrarlas. Cuando me rendí y descendí la mirada, el fuego se encontraba muriendo. Me ocupé entonces en reavivarlo; seleccionar leña de la pila, aventarla al fuego, moverle un poco. Erré los ojos disfrutando del olor a madera quemándose.
Nos encontrábamos en un bosque, para esa simulación. Y nuestro equipo se encontraba oculto, a la caza de una información que debíamos extraer antes que nadie. Las reglas eran sencillas: sean los primeros, no mueran. Si su posición es revelada, actúen de inmediato. El equipo con bajas significantes no tendrá la oportunidad de avanzar. Era mi responsabilidad entonces mantener nuestra posición a resguardo durante esa noche, pero mientras más pasaban los minutos, más tedioso era. Pasé de mirar las estrellas a reavivar el fuego y de ahí a patear rocas, esperando que algún sonido me entretuviera, a que pasara algo. Nada. Decidí entonces tomar asiento, pero eso no pudo durar mucho. Mi cuerpo me peía que hiciéramos algo, me pedía entretenimiento. Y fue entonces que me dije que tal vez podía cuidar el campamento de más lejos, y comencé a alejarme. Un par de pasos, y volvía. Una decena de pasos agudizaba mi oído para buscar sonidos intrusos, y volvía. Una veintena de pasos. Ahora treinta, ahora cincuenta. Llegó finalmente el momento en el que me encontraba en medio de la espesura, a medias perdida y, sin embargo, curiosa. "Ellos estarán bien" Me dije, mientras las ramas craqueaban bajo mis pies, y yo seguía avanzando en línea recta.
Al poco, los árboles comenzaron a escasear y llegué a un lugar distinto. Vi la luna brillar en su reflejo, y me di cuenta de que se trataba de un lago. Sonreí. Me fui acercando al agua, que me llamaba. Terminé finalmente sentada frente a ella, a medias tarareando.
Para mi mala suerte, el lago también me resultó aburrido. El gusto de solo admirarlo no me duró mucho, y tuve que levantarme a retirarme, preguntándome si todo seguiría igual en el campamento. Para mi sorpresa, al darme la vuelta, la punta de un arma me esperaba para amenazarme en la frente.
—Mierda —susurré.
—Nombre —me dijo una voz masculina, y cerré los ojos, como si responder a aquello fuese algo que requiriese de toda mi concentración.
—Va...Vanesa —abrí los ojos, la vista fija al suelo.
—Ah, la nueva.
—Si... —susurré, esperando el tiro. Pero éste no vino tan rápido como me lo esperaba.
—¿Y qué te trae aquí?
—Estaba... —miré a un costado, con la expresión culpable—. Aburrida.
—Aburrida —repitió la voz, y dejé de sentir la presión en mi frente. Había separado el arma. Una carcajada apagada y grave se dejó escuchar, y yo suspiré, entre aterrada y molesta conmigo misma.
—¿Y tú? —pregunté, por vez primera aventurándome a mirarle. Se trataba de un joven alto, de cabellos oscuros y piel pálida. Cuando me miró, una vez concluida su risa, noté que sus ojos eran de color claro.
—Me llamo Sebastian. Y tú me vas a llevar hasta tu campamento.
—No, espera... —supliqué, levantando mis manos, y la pistola me apuntó de nuevo.
—O me llevas, o serás la primera baja. Y qué lástima, antes de que comience la misión. Eso no sería nada bueno para tu récord.
El sujeto tenía razón. Sin embargo, igual de malo o peor sería comentarle nuestra ubicación. Entonces, tenía dos opciones: Rendirme, o chivarme. A menos que...
—Espera, espera. Podemos... podemos hacer un trato.
Lo miré, esperando que cediera, que reaccionara, que se riera, algo. Me pareció una eternidad entera.
—Te escucho —con el arma aun apuntándome en la cabeza.
—Puedes... Dejarme ir.
—Eso sería una estupidez.
—Escúchame, escúchame —lo interrumpí, antes de que su última palabra fuese formulada enteramente.
—¿En qué me conviene dejarte ir, novata?
—Lo único que quiero es no arruinar mi primera misión —condesé.
Una carcajada.
—¿Y tú crees que tienes un punto ahí?
—Pero, escucha.
—En tus rodillas.
Descendí, accediendo a sus órdenes de a poco. Evité sus ojos, llena de vergüenza. Si tan solo hubiera ido a esas jodidas clases de defensa personal con Mal...
—Puedo... Darte la información que tiene mi equipo. El día de mañana, al mediodía. Nos encontramos aquí.
—Ah, ahora estamos hablando.
Cerré los ojos con fuerza, de nuevo. Intentaba controlar los latidos de mi corazón, a breves respiraciones.
—¿Y cómo sé que no vas a traicionarme? No van a dejarte hacer una exploración por ti misma, y no quiero una emboscada.
—No. No habrá emboscada. Te daré la información, y el trato es que no me saques de la misión. Yo... Traeré a alguien. Podemos tolerar una baja, siempre y cuando no sea yo.
—Ah, traidora —se burló, y por fin retiro el arma. Me ofreció su mano—. Me agrada. Creo que tú y yo seremos buenos amigos.
Accedí a tomar su mano, para encontrarme de frente con su sonrisa sardónica y su mirada profunda. Me retuve de responder, temiendo de caer en más problemas.
—Pero tienes que crear una distracción, Un ruido o algo, para llamar a mi equipo a investigar.
—Y si vienen más que tú y tu chivo expiatorio...
—Soltaré dos tiros al aire. Consecutivos.
—Y lista, mira. Bien —comenzó a retroceder—. Es un trato. Me quedaría a platicar, pero no quiero que se pregunten por mí. Verás, yo también me estaba aburriendo.
No dije nada. Sin despegarle la mirada, para comprobar que se iba, procuré mantener el equilibrio.
Era un trato. Sólo quedaba ejecutarlo.
¿Qué tal? Acertadas o mal colocadas sus predicciones? Espero que les haya gustado. No olvides que sus reviews son lo que me motiva a seguir escribiendo, y me gustaría saber si alguien todavía se acuerda de esta, mi historia más vieja en esta plataforma. Besos.
