DISCLAIMER: Los personajes que ya conocen son de JK Rowling, todos los demás son de mi autoría.
¡Hola chicas! Primero que nada me quiero disuclpar por tardar tanto en actulizar, la verdad es que la estuve pasando muy mal todas estas semanas y tenía un bloqueo creativo impresionante que me hizo reescribir este capítulo como cuatro veces y no me gustaba, pero debo admitirles que lloré al escribirlo. Espero les guste, intentaré en medida de lo posbile no tardar tanto ya que pude medio salir de mi coma creativo.
Les mando mucho amor, gracias por seguir la historia, por compartirla, dejarla en favoritos y darme review.
Capítulo 18
Hermione estuvo bastante distraída toda la siguiente semana después del campamento y todos en su grupo de amigos lo notaron. Y no sólo se dieron cuenta, sino que preguntaban una y otra vez que había sucedido esa noche en la fogata, nadie se lo había dicho en ese momento porque Harry estaba ahí, pero la ausencia de la castaña y Malfoy al mismo tiempo levantó más de una sospecha. Ese es el problema cuando casi todos están bajo el efecto de las drogas, falta una persona observadora para que comience un chisme, y así fue.
—Sabes que puedes decirnos la verdad y no le diremos nada a Harry ¿verdad? —dijo Penny sonriéndole a Hermione. Esa típica sonrisa que uno pone fingiendo comprensión mientras espera en silencio enterarse de alguna confesión escandalosa.
—Es que no hay nada que decir, no vi a Malfoy después de la fogata—contestó Hermione fingiendo una sonrisa despreocupada. Ella sabía que estaba mintiendo descaradamente y que no las estaba engañando ni por un segundo.
—Yo vi que jamás volviste a la casa de campaña como le dijiste a tu novio—reclamó Tina levantando las cejas en una mueca que intentaba reflejar la superioridad moral que tienen algunas personas al saber cuándo alguien miente.
Hermione rodó los ojos y guardó silencio. La comida entre las amigas ya se había tornado lo suficientemente incómoda como para discutir con Tina sobre la mentira descarada que le había dicho a su novio sobre donde había pasado la noche. En su cabeza se preguntó una y mil veces porque seguía juntándose con ella después de haber mostrado una y otra vez la nefasta persona que era. Penny y Alana también sospechaban que la castaña estaba mintiendo, pero no querían decirle nada, sentían que no era el momento de reprochar lo que sea que hubiera orillado a Hermione a decirle eso a Harry y estaban casi seguras de que tenía que ver con Malfoy, así que imaginaron el conflicto interno en el que se encontraba la castaña como para hacerla sentir peor.
—No seas pesada, Tina. Es la primera vez en meses que tenemos una noche de chicas y no vamos a desperdiciarla acusándonos unas a las otras—exclamó Alana antes de que Tina contestara algo y la pelea entre las dos chicas empezara a salirse de control. Hermione miró a Alana con agradecimiento y le dio un largo trago a su tarro de cerveza.
—Justo, no es la clase de negatividad que necesitamos esta noche porque hoy vamos a divertirnos ¿verdad? —contestó Penny levantando su tarro para proponer un brindis, todas las chicas la siguieron y cambiaron su actitud para poder divertirse tanto como pudieran.
…
—Déjame ver si entendí, en medio de la relajación que te provocó la marihuana decidiste que era una gran idea enseñarle que podías hacer magia sin varita y culminaron la noche viendo las estrellas abrazados antes de quedarse dormidos—exclamó Theo sonriendo con incredulidad y burla al mismo tiempo.
—No, no. Si le enseñé que podía hacer magia, pero no dormimos estrictamente abrazados, ella tenía una manta y a mí me dio frio en medio de la noche, hice lo que tenía que hacer para sobrevivir—contestó Draco intentando justificarse.
—Sí, claro, sobrevivir—agregó Theo sarcásticamente.
—Ay, olvídalo.
—Te conozco y tú no enseñas que sabes hacer magia sin varita a cualquier persona, ni siquiera Pansy sabe eso de ti.
—Pansy no sabe muchas cosas sobre mí.
—Pero es tu mejor amiga.
—No te follas a tus mejores amigas.
—¿Ah no? Pregúntale a Potter— bromeó Theo sin darle mucha importancia. Draco se removió incómodo ante el comentario —¡AHÍ ESTÁ! ¡ESO! —agregó gritando.
—¿Eso? ¿De qué estás hablando? —preguntó el rubio intentando disimular su incomodidad.
—Te pusiste incómodo cuando mencioné a Potter.
—Porque hablar de san Potter me resulta incómodo y una pérdida de tiempo, no tiene nada que ver con Hermione—contestó Malfoy exasperado. Su amigo estaba haciendo muchas conexiones que ni siquiera estaba listo para enfrentar en su cabeza, mucho menos para hablarlas con alguien más.
—Ahora es Hermione ¿eh? ¿Ya no es Granger? —preguntó Theo entre la burla y el extrañamiento.
—Bueno, así se llama, no tiene nada de especial que le diga por su nombre.
—Jamás le habías dicho así.
—¡Bueno, la gente cambia! ¡Déjame en paz! — exclamó Draco levantando la voz lo suficiente para que Theo entendiera la indirecta de que era momento de cambiar de tema.
La realidad es que Draco Malfoy estaba lo suficientemente confundido con todo lo que su mente maquinaba desde esa noche para que Theo le hiciera notar ese tipo de detalles que le hacían pensar que su teoría se confirmaba cada vez más y no estaba nada contento con ese resultado. Él quería atribuirlo a las drogas y que Granger era la única persona cerca para compartir algo así, ya que no podía enseñárselo a ningún muggle y eso reducía sus opciones drásticamente, pero él sabía que eso no era cierto y que ese momento significó algo, aunque seguía sin estar seguro de qué.
…
Después de la noche de chicas, Hermione se sintió culpable de mentirle a Harry sobre el campamento y la interacción huma e incluso íntima que había compartido con Malfoy, pero no estaba lista para decirle la verdad. Si no le quería decir nada siendo sólo su mejor amigo, mucho menos ahora que estaban saliendo y que podía lastimarlo en muchos otros sentidos. Así que decidió que no quería seguir dándole vueltas al asunto por el bien de su salud mental y su relación con Harry.
Preparó un domingo lleno de películas y comida chatarra para olvidarse de todo en su mente y pasar una tarde agradable con Harry. Como todo lo había planeado la castaña, decidió seguir la recomendación de su profesor de fotografía, así que descargó de un sitio de dudosa procedencia toda la trilogía de Before dirigida por Richard Linklater. Todos en su clase hablaban maravillas de esas películas por lo que quería comprobarlo por sí misma.
—Herms, no tenían el té que te gusta, pero compré algo que es relativamente parecido…—explicó Harry dejando todas las bolsas que traía en la barra de la cocina. La castaña lo había hecho ir por el desayuno para poder arreglar todo en el departamento.
—¡Sorpresa! —interrumpió Hermione desde la sala.
—¿Qué es todo esto? —preguntó Harry sonriendo de oreja a oreja.
—Quería hacerte algo especial, así que nos preparé un maratón de películas por el resto del día.
Harry le sonrió a la castaña y le hizo una seña para que le ayudara con todos los paquetes que había traído para desayunar, se sentaron en las mantas que había colocado Hermione en el suelo y se dispusieron a ver la primera parte de la trilogía.
—¿Tú te atreverías a hacer algo así? —preguntó Hary cuando terminó la película mientras limpiaban los platos del desayuno.
—¿Qué cosa?
—Eso, bajarte de un tren y quedarte con un completo extraño hasta la madrugada— le contestó su amigo terminando su taza de café.
—No lo sé, suena demasiado romántico para ser cierto, pero me gusta la parte de charlar hasta la madrugada—respondió Hermione sonriendo — es algo que me gustaría hacer.
—¿Hablar hasta la madrugada?
—Sí, creo que es increíble cuando logras tener tanta química con una persona que se te olvida dormir por querer seguir hablando.
—Alguna vez nos pasó algo así cuando buscamos los horrocruxes ¿te acuerdas?
—No fue tan así—exclamó Hermione soltando una pequeña risa burlona.
—¿Cómo fue entonces? —preguntó Harry.
—Yo hablé y hablé y hablé sin darme cuenta de que te habías quedado dormido—dijo la castaña entre risas. Ese día se había sentido tremendamente ofendida porque su mejor amigo se había dejado llevar por los brazos de Morfeo mientras ella le estaba contando algo importante, pero conforme pasó el tiempo le parecía gracioso que le había tomado más de media hora darse cuenta de que su interlocutor estaba dormido.
—¡Me he disculpado por esa noche un millón de veces! —reclamó Harry divertido.
—Lo sé, pero no cuenta como una plática de madrugada cuando sólo una persona está hablando—exclamó la castaña riéndose.
—¿Sabes que no puedo creer? Que te tomó más de 30 minutos darte cuenta de que…
—¡Estabas dormido! —completó la castaña soltando una carcajada —A veces me sorprende lo mucho que puedo hablar sin darme cuenta.
—Yo no estoy sorprendido—agregó Harry riendo —siempre has sido parlanchina, cuando recién te conocí eso me parecía increíblemente irritante.
—¿Irritante? Todos estos años y me vengo enterando que te parezco irritante—contestó Hermione fingiendo indignarse.
—Oh no, dije que me pareciste irritante, no que lo seas ahora, bueno, sólo a veces— explicó Harry burlándose de la castaña.
—Cierra la boca— agregó Hermione dándole un golpe en el hombro a su interlocutor —Tú tampoco eras una persona del todo agradable en esos días—.
—¿A qué te refieres? Yo siempre fui un encanto— se burló su amigo.
—Excepto en los momentos donde eras un verdadero dolor en el culo.
Harry frunció el sueño ante el comentario y los dos soltaron una carcajada. Se habían esforzado tanto en la nueva etapa de su relación que se olvidaron de que antes de todo eso eran amigos, verdaderos amigos; por lo que molestarse mutuamente y hablar un poco del pasado había sido como una bocanada de aire fresco después del malentendido en el campamento.
Al caer la noche y a pesar de disfrutar un día en compañía de Harry, Hermione no podía dejar de pensar en la noche que había compartido con el rubio y se dio cuenta que ese día había conocido una faceta del rubio que no creía que tuviera, no podía dejar de preguntarse qué había significado esa noche; Malfoy le había mostrado que podía hacer magia sin varita, pero sobre todo le confesó que le había pedido a Pansy no decir nada sobre ella en el mundo muggle. No tenía muy claro porque le hacía un favor, justo a ella, a la sangre sucia, a la impura que odiaba desde que tenía once años, tal vez los dos estaban aprendiendo a dejar todo atrás. La castaña se quedó dormida con la imagen del fuego verde saliendo de unas manos pálidas bajo un cielo estrellado.
….
—Amo Malfoy, su madre está dormida— exclamó la pequeña elfa domestica cuando vio al rubio entrar a la casa.
—Son las tres de la tarde—contestó Draco con preocupación disfrazada de fastidio.
—Ayer no pudo dormir mucho, últimamente sus episodios son mucho más frecuentes—tartamudeó la elfa.
—¿Cuáles episodios? —preguntó Malfoy preocupado.
—La ama me dijo que no podía decirle a nadie como se encontraba.
—Te recuerdo que también trabajas para mí, así que es una orden que me digas lo que le sucede a mi madre—dijo Draco con la voz más severa que pudo emitir a pesar de su nerviosismo.
—Escucha voces donde no hay nada y todos los días pregunta por usted y por el amo Lucius, como si no supiera lo que pasó los meses anteriores. A veces se rasguña la cara gritando que quiere que salgan de su cabeza y sólo puedo calmarla si la hago dormir—explicó tartamudeando, tenía miedo de que su amo la culpara por no poder cuidarla o no poder evitarlo, pero ella no sabía que estaba sucediendo ni cómo lidiar con eso.
—¿Qué tan seguido sucede? ¿Por qué carajo nadie me lo había dicho antes? —preguntó Malfoy rojo de la ira.
—Ha pasado mucho más desde la última vez que vino a verla, pero pasa desde hace unos meses. Tenía miedo de decirle, amo Draco—contestó la pequeña elfina encogiéndose de hombros al borde del llanto.
El rubio cerró los puños muy fuerte, en alguna otra ocasión hubiera gritado y desatado toda su furia con la elfina, pero la vio tan asustada que sólo pateo una de las mesas que tenía a un lado y salió al jardín corriendo. Corrió hasta que sus piernas le pidieron parar, cuando eso sucedió se sentó en el suelo y fumo todos los cigarrillos que tenía en su abrigo mientras miraba a su alrededor sin pensar en algo en específico, ese día estaba especialmente nublado y se notaba en el ambiente que no tardaría en llover así que caminó de regreso a su casa esperando que su madre estuviera despierta.
Llegó a la casa, su madre seguía profundamente dormida, así que le ordenó a la elfina un paquete de cigarrillos mágicos y algo de comer en lo que esperaba a su madre. Los treinta minutos que estuvo solo, se encerró en el que fue temporalmente su cuarto y se sentó en una antigua mecedora intentando pensar cuál sería su siguiente movimiento ahora que estaba más que claro que su madre no estaba en sus cinco sentidos y necesitaba más ayuda que la que una elfa doméstica podría prestarle. Tenía que llegar a un acuerdo con todos los aurores, pero no estaba seguro de que les diría, ya era suficientemente denigrante que su familia estuviera en esas condiciones, para pedirle ayuda a esos malditos y tener que compartir una historia tan personal como los problemas a los que se estaba enfrentando Narcissa.
Sacó su celular y le envió un mensaje a Nate de si podría pasar a verlo por la noche porque necesitaba hablar con alguien y grandes cantidades de alcohol. No pensó mucho el pedir ayuda en ese momento, aunque se arrepintió al instante de haberla solicitado, no sabía si estaba listo para hablar con alguien respecto a ello y mucho menos para hacerlo con alguien como Nate, se sentía acorralado, pero, sobre todo, se sentía increíblemente solo. Draco comió en silencio y salió al pequeño pórtico a fumar, cuando estaba a punto de quedarse dormido sintió una mano tocarle el hombro.
—No quería despertarte—exclamó Narcissa dando un paso hacia atrás asustada.
—No, está bien, perdóname, siéntate conmigo—le contestó Draco levantándose y tomándola de la mano.
Narcissa se sentó a su lado sin decirle nada y su hijo la inspeccionó un momento, vestía una túnica de manga larga negra con un sobretodo a cuadros color verde botella que resaltaba lo pálido de su piel, su piel se veía diferente casi con un tono grisáceo y sus manos se sentían frías. Estaba más delgada que nunca y en sus mejillas se notaban algunos rasguños que parecían acabados de hacer. Draco le acarició los rasguños y poco a poco se fueron desapareciendo.
—Eso lo sacaste de mí—dijo Narcissa con una sonrisa orgullosa que no pudo ocultar su tristeza.
—¿Qué dices? —preguntó el rubio.
—Cuando tenías dos o tres años eras un niño travieso, te gustaba correr por los invernaderos de la mansión, tenías la costumbre de caerte en la graba y rasparte las rodillas; yo me acercaba a ti y pasaba mis manos por tus rodillas hasta que se te quitaban las heridas. En algún momento debiste haber aprendido a hacerlo porque después de un tiempo ya no me necesitabas al caerte y nunca volviste a tener heridas así de pequeñas. Siempre fuiste un niño muy listo—le explicó Narcissa mirando al horizonte como si estuviera evocando el pasado.
—No sabía que tu también podías hacer magia sin varita—le contestó Draco sonriéndole intrigado. Nunca pensó que su madre pudiera hacer algo así, por lo que recordaba, ella no hacía mucho uso de la magia sólo en cuestiones estrictamente necesarias.
—Pude hacerlo cuando tu naciste, fue muy curioso porque tu padre estaba muy asombrado la primera vez que me vio lograrlo. Me abrazo como muy pocas veces lo ha hecho—exclamó su madre con lágrimas en los ojos —Lo extraño mucho, Draco— agregó.
—¿De verdad extrañas al bastardo que nos dejó en la ruina? — refunfuñó el rubio. Él había podido crecer mucho en los últimos meses respecto a los muggles, el mundo mágico y cuestionarse muchas veces la pureza de la sangre que le habían impuesto sus padres, pero JAMÁS había extrañado a su padre o pensado que no era un maldito hijo de puta por todo lo que los había hecho pasar a lo largo de todos los años que ese estúpido decidió seguir al señor Tenebroso. Suficiente había hecho condenando a su familia a la quiebra, su madre al confinamiento y él al destierro como para tenerle piedad, esa idea no tenía cabida en su cabeza.
—Lucius no es un mal hombre— le contestó Narcissa al ver su cara de desagrado. Ella estaba consciente de que su esposo no había tomado las decisiones más acertadas en el pasado, pero ella no era estúpida, ella no se había enamorado de él por ser un hijo de puta.
—Fue un mal padre—espetó Draco con todo el odio del que fue capaz en ese momento. Odiaba a Lucius, odiaba ver a su madre llorar por él y, sobre todo, odiaba que su vida ahora era una jodida mierda por decisiones que ni siquiera él había tomado.
—Recuerdo el día que le dije que estaba embarazada…—comenzó a decir Narcissa intentando tranquilizar a su hijo por un momento. Ella sabía que Lucius nunca había sido el mejor padre para Draco y que habían conocido a un hombre distinto, pero le dolía ver todo el rencor que el rubio le guardaba a su padre. —Se levantó del sillón tan rápido que piso su túnica y cayó al suelo, no sé si fue el shock por la noticia o el golpe que se dio, pero comenzó a reír como nunca, reímos por un largo tiempo hasta que se levantó, me rodeo con sus brazos y noté como se le escaparon algunas lágrimas. —agregó su madre sonriendo mientras recordaba aquel momento. Nunca volvió a escuchar a Lucius reír así.
—¿Mi padre sabía cómo reír? —bromeó Malfoy para quitar un poco la carga nostálgica que esa historia había desbordado en el rostro de su madre. Narcissa río ante el comentario y se quedó mirando el paisaje sin prestarle mucha atención a su interlocutor.
—¿Te acuerdas cuando íbamos en Hogwarts y te nombraron prefecto? Esa noche nos escapamos para ver las estrellas recostados en el pasto y nos quedamos dormidos. Recuerdo que tuvimos que salir corriendo muy temprano para que no se dieran cuenta que no estábamos en nuestras camas—dijo su madre riéndose mientras se acomodaba en el pecho de Draco, éste la miró con extrañeza y se removió incómodo para liberarse del abrazo, no sabía si había escuchado bien.
—¿No lo recuerdas? Fue una noche tan especial, sólo habíamos traído una manta y teníamos mucho frío, no podíamos prender fuego porque el guardabosques podía vernos. Me sentía tan segura en tus brazos que sabía que no quería irme de ellos nunca— agregó Narcissa sonriéndole. Malfoy guardó silencio e intentó guardar la calma. Había escuchado bien, su madre creía que era Lucius.
—Mamá, soy Draco—exclamó el rubio desconcertado intentando traer a su madre a la realidad. No estabas muy seguro de lo que acababa de suceder. Narcissa lo miró fijamente y parpadeó un par de veces perpleja.
—No, Draco es el nombre de nuestro futuro hijo ¿recuerdas? Lo decidimos hace un par de meses—le contestó su madre sin entender a que se estaba refiriendo.
—No, mamá, soy Draco Malfoy, tu hijo. Lucius no está aquí, él está en Azkaban—aclaró con nerviosismo mientras acariciaba las manos de su madre que había comenzado a temblar.
—¿Lucius está en Azkaban? Pero el prometió que nada nos pasaría, que me cuidaría, él…él nunca me iba a dejar sola—comenzó a balbucear soltando a Draco poniéndose de pie mientras lágrimas negras le recorrían el rostro.
—Mamá, no estás sola, aquí estoy— contestó Malfoy abrazándola, intentando calmarla. Narcissa lloraba desconsoladamente balbuceando algo que su hijo no lograba entenderle.
—¡No, guarden silencio! —gritó su madre una y otra vez alejándose de Draco abruptamente, comenzó a rasguñar todo su rostro, era como si intentara arrancarse la piel de la cara. El rubio se quedó parado a su lado sin saber que hacer por un segundo, después intentó tomarle las manos a Narcissa para que dejara de lastimarse, pero no tuvo mucho éxito. La sangre empezó a brotarle en pequeñas porciones, Malfoy no sabía que hacer así que empezó a gritar con desesperación por ayuda, la elfina doméstica apareció y con un chasquido rápido en los dedos, su madre cayó dormida en los brazos de Draco.
—¿Qué mierda? —gritó Draco una vez que pudo colocar a su madre en la banca del pórtico donde estaban sentados antes de que todo se saliera de control.
—Estos ataques son de los que le hablaba, amo—exclamó la elfina doméstica con nerviosismo.
—¿Qué tan frecuentes son?
—La mayoría son por las noches—contestó temerosa.
Draco se quedó callado, levantó a su madre y la llevo a su cuarto en la parte de arriba de la casa. La recostó en la cama y le curó las heridas en la cara como hace un momento, se sentó a un lado de ella y permaneció a su lado hasta que los aurores llegaran por él. Antes de irse le dio su dirección a la elfina con instrucciones de que cuando este tipo de cosas le pasaran, él tenía que saberlo, así que tendría que enviarle una lechuza o una nota cada que sucedieran. Se despidió de su madre con un beso en la frente y se marchó.
…
Llegó a su departamento antes de que alguno de sus amigos llegara así que decidió darse una ducha para limpiarse de todo el polvo e intentar despejar un poco su mente de la tarde que acababa de vivir. Al salir del baño se sentó en su cama mirando al suelo con la mente en blanco, no tenía palabras y no sabía si iba a poder tenerlas en algún momento para hablar de todas las cosas que estaba sintiendo en ese instante. Cuando escuchó el timbre de su departamento se vistió con lo primero que encontró, una playera de las que Nate le había prestado para el campamento y un pantalón a cuadros que usaba como pijama, abrió la puerta sin decir nada y se sentó en el suelo recargado en la pared.
—No puedo creer que me hayas llamado para verme en domingo, ya paso suficiente tiempo contigo el resto de la semana como para que también invadas mis domingos, es mi día libre de ti—exclamó Nate sin percatarse de lo que estaba haciendo su amigo y dejó las cervezas que había comprado en la mesa, al voltear se percató que Draco estaba sentado en el suelo viendo a la nada y sabía que algo no estaba bien ahí. —¿Estás bien? —agregó acercándose a él.
—¿Trajiste alcohol? —preguntó para cambiar de tema. Nate se levantó y fue por dos cervezas, antes de regresar con el rubio le escribió a Theo, no había manera que lo que sea que estuviera pasando por la mente de Draco pudiera resolverlo solo.
—¿Estás bien? —volvió a preguntar tendiéndole una cerveza. El rubio bebió casi todo su contenido de un trago, continuo en silencio. Nate entendió que ese silencio era la respuesta así que no dijo nada y se limitó a sentarse a su lado y pasarle la cantidad de alcohol que el rubio le pidiera.
Después de un rato, tocaron la puerta, Nate se levantó a atender y al ver a Theo le hizo una seña de que salieran un momento al pasillo para hablar sin que el rubio los escuchara.
—¿Qué está pasando? —preguntó Theo preocupado.
—No sé, Malfoy me escribió por la tarde para decirme que, si me podía pasar por su casa en la noche con algo de alcohol, pero desde que llegue no ha dicho nada y ha mirado la nada como por cuarenta minutos, no sé que sucede— contestó Nate desconcertado.
—¿Qué día es hoy?
—Domingo.
—¿Es el último de mes?
—Sí.
—Mierda—masculló Theo para sí mismo.
—¿Qué tiene que ver que sea el último domingo del mes? —preguntó Nate desconcertado.
—Draco ve a su madre los últimos domingos de cada mes, algo debió de haber pasado que lo tiene así—explicó Theo intentando no dar muchos detalles. No estaba seguro de cuánto le había contado a Nate sobre ella y no quería revelar más información que incomodara al rubio.
Entraron al departamento lentamente esperando que Draco les hiciera algún reclamo por hablar a sus espaldas, pero no dijo nada, seguía sentado recargado en la pared tomando cerveza viendo al infinito.
—¿Qué pasó? —le preguntó Theo sentándose frente a él.
—A ti no te llame—contestó Malfoy con odio.
—Yo lo hice, perdona si eso te hizo enojar—explicó Nate sentándose a un lado de él mientras encendía un cigarrillo. Draco guardó silencio y le hizo un gesto a alguno de sus amigos para que le dieran un cigarro, Nate le tendió la cajetilla y comenzó a fumar.
Siguió pasando el tiempo, ya no había alcohol y los cigarrillos se estaban terminando. Draco no había dicho ni una sola palabra, sus amigos estaban sentados a su lado esperando que dijera algo, probablemente no lo haría en toda la noche, pero querían hacerle saber que estaban ahí, aunque no emitiera ninguna palabra.
—¿Qué significa cuando alguien escucha voces que no están ahí? —preguntó Draco más al vacío que a las personas que lo rodeaban.
—Depende—contestó Nate dándole un codazo a Theo, lo había visto cabecear un par de veces y no era momento para dormir.
—¿De qué?
—He leído que el escuchar voces es una señal de esquizofrenia, pero no puedo decirte con certeza que significa.
—¿Qué es la esquizofrenia? —preguntó Draco tragando saliva pesadamente, como si no quisiera saber la respuesta a esa pregunta.
—Es un trastorno mental, las personas que lo padecen alucinan o escuchan cosas donde no las hay—dijo Nate intentando cuidar todo cada palabra que emitía. —Es como si no estuvieran en contacto con la realidad que los rodea—agregó. Draco cerró los ojos por un momento, apretó los puños con fuerza, tomó la botella de cerveza que tenía a su lado y la aventó contra la ventana.
—¿Se cura? —preguntó Draco con rabia entre dientes. Su cara reflejaba una batalla de emociones que iban desde la tristeza a la ira más profunda.
—Creo que se controla, no lo sé—le contestó Nate abatido.
—¿Narcissa escucha voces? —interrumpió Theo con firmeza intentando detener el nudo en la garganta que se le estaba formando. Él apreciaba mucho a Narcissa y esta noticia le había caído como una bomba, pero no se trataba de sus sentimientos ahora, su amigo debía de estarla pasando miles de veces peor que él.
—Se rasguña la cara para dejar de escucharlas—exclamó Malfoy limpiando sus manos en la ropa, no paraban de sudarle, no sabía que le estaba sucediendo a su cuerpo. Sentía que le faltaba el aire, su corazón latía muy rápido y pensaba que si pronunciaba una palabra más no podría seguir conteniendo el llanto que se le acumulaba en los ojos con el recuerdo de su madre fuera de control. Trago saliva de nuevo y exclamó:
—Por un momento no supo quién era— se secó las lágrimas que se le estaban escapando con la palma de la mano—Ella, ella, ella estaba bien y de repente no supo quién era yo, pensó que era Lucius—agregó.
Draco empezó a temblar, se levantó del suelo, pateó todas las botellas de cerveza, volteo la mesa y golpeó la pared hasta que los nudillos empezaron a sangrarle. Sus amigos intentaron detenerlo, pero todos sus intentos fueron en vano, el rubio estaba fuera de sí. Cuando se dieron cuenta que la pared empezó a mancharse de sangre lo abrazaron, él comenzó a golpearlos "Suéltenme, hijos de puta" gritaba forcejeando. Después de unos minutos se rindió y lo dejaron caer al suelo, lo sostuvieron hasta que su respiración se tranquilizó. Lo fueron soltando poco a poco esperando su reacción para saber si tenían que accionar de nuevo.
—No me reconoce, mi mamá no me reconoce—balbuceó Malfoy antes de volver a sentarse en el suelo, tomar sus piernas con sus brazos y comenzar a sollozar. No le importaba quien lo estaba viendo en ese momento, no le importaba nada y no podía hacer que las lágrimas se detuvieran. Theo y Nate se miraron extrañados, jamás habían visto al rubio llorando de una manera tan desconsolada, no sabían como arreglarlo, no sabían que hacer, no sabían que decirle, así que se limitaron a tocarle un hombro cada uno y esperar, esperar que quisiera hablarles, que se quedara dormido, que terminara de llorar, sólo esperaron.
Narcissa era el ancla en la vida de Draco, un lugar al que sin importar las condiciones o lo que sea que hiciera podría volver, pero con todo eso no sabía si en algún momento su madre podría volver. Esa mujer ¿realmente era su madre o ya se había quedado completamente solo?
Después de un rato, el llanto cesó y los amigos cargaron a Draco hasta su cama para que pudiera dormir un poco. Limpiaron el departamento de todos los vidrios, repararon la mesa y quitaron las manchas de sangre de la pared. Esa noche se quedaron sentados en la sala por si necesitaba algo durante la noche, se limitaron a investigar, investigar cómo ayudarlo y que sería lo que le dirían al día siguiente.
