Capitulo 18

Espacio infinito, millones y millones de estrellas, pero sobre todo oscuridad. Eso era lo que veía Darth Sidious detrás de el cristal de su salón del trono, ese enorme espacio cubierto de oscuridad que ocultaba grandes peligros.

Después de diez largos años, su arma más poderosa ya casi estaba a punto de ser terminada y eso le provocaba una enorme felicidad. Pronto tendría a su alcance el poder para destruir planetas enteros en una abrir y cerrar de ojos. Solo así borraría del mapa a la rebelión, quien ya se estaba volviendo molesta como una piedra en el zapato y de ese modo podría generar aun más miedo en la galaxia.

Era por eso que había tenido que realizar su viaje de último momento, para poder supervisar cada detalle de la construcción. Quería que todo estuviera perfecto, que no hubiera ningún fallo. Era consciente de que el décimo aniversario de la creación del imperio sería en unos cuantos días y la mejor forma de celebrarlo era mostrando su nueva y poderosa arma.

¡Ah! Cuanto terror causaría.

No obstante, su felicidad desapareció al percibir un disturbio en la fuerza.

Algo no andaba bien.

Cerró los ojos y dejó que esta lo cubriera con su manto oscuro, buscando entre ella la causa de tal perturbación, pero a pesar de sus esfuerzos las sombras que vislumbraba no se despejaban, impidiéndole saber que era lo que ocurría.

Y curiosamente, presintió que su aprendiz tenía algo que ver. Así que sin más pensarlo, decidió comunicarse con él para saber noticias del centro.

-Oficial -dijo Sidious dándose la vuelta y dirigiéndose hacia un hombre parado junto a la puerta.

-Dígame mi señor - contestó el nombrado haciendo una reverencia.

-Contacte a Coruscant de inmediato, necesito hablar con Lord Vader.

-Como ordene.

El oficial salió a paso rápido del cuarto del trono y pasando unos cinco minutos volvió a entrar a la habitación diciendo:

-Señor, no hay respuesta por parte del Lord Vader.

-¿Cómo es eso posible? - le cuestionó Sidious en un tono molesto.

-He llamado a su oficina y me ha contestado su asistente diciéndome que se encuentra en su residencia desde hace varios días y que ha ordenado no molestarle.

Sidious estaba al tanto de que por estas fechas Vader no solía pasar por el ojo público, pues sabía perfectamente que el hombre pasaba por un estado de sufrimiento. No era algo que aprobaba personalmente, ya que para él era una muestra de debilidad, y no deseaba un alumno decaído en su imperio. Sin embargo, cuando Darth Vader salía de ese estado de abatimiento, mostraba aun mayor poder en el lado oscuro, sin duda, algo que Sidious aprobaba gustosamente, debido a que esto hacía a su aprendiz más leal y más obediente. Siempre dispuesto a causar sufrimiento a otros.

Aunque debido a la situación actual, no le importaba molestarlo en su cuartel personal.

-Entonces llámalo a su residencia - dijo el emperador.

-Ya lo intenté señor -contestó el oficial -Pero no he recibido respuesta alguna.

Con eso, Sidious apretó sus dientes amarillos y frunció su seño claramente molesto. ¿Cómo se atrevía Vader a comportarse como un niño? Eso era algo que no podía permitir y se lo dejaría claro un vez que lo tuviera de frente.

-Retírate - siseó el emperador y el oficial no oponiéndose se despidió haciendo una reverencia y abandonó el cuarto.

Una vez solo, Sidious cerró de nuevo los ojos y se sumergió en la fuerza, ahora con el propósito de contactar con su aprendiz.


-He tenido mejores aterrizajes - exclamó Ahsoka cruzándose de brazos y recargándose en la sombra de lo que quedaba del carguero.

Con la desaprobación del castaño, la togruta había conducido la nave hasta el planeta desértico. Todo iba bien hasta que al entrar a la atmósfera se toparon con un tormenta de arena que se coló en los motores dañándolos severamente, provocando la perdida de control de la nave y por supuesto el inevitable choque de esta. Por suerte sus ocupantes habían salido ilesos.

R2 se acercó a la togruta y emitió una serie de pitidos que la hicieron sonreír un poco.

Por otro lado, Anakin se encontraba parado a escasos metros de ellos observando el infinito mar de dunas. Sin duda había reconocido al instante en que parte del planeta se hallaba, cosa que solo le causaba malos recuerdos.

-Debemos buscar la manera de salir de aquí- dijo Ahsoka separándose de la sombra y acercándose al castaño -La arena se me está metiendo por todos lados.

Anakin no prestó atención a su comentario y siguió observando el paisaje.

Los recuerdos de aquella tierra maldita comenzaban a cruzarse por su mente, clavándose como si fueran una vibrocuchilla. Su esclavitud, sus antiguos amigos...su madre. Apretó los puños con mucha fuerza, tratando de apartar la imagen de la figura moribunda de su madre.

No obstante todos los recuerdos desaparecieron al percibir algo que le heló la sangre por completo. Podía sentirlo claramente, su maestro, Darth Sidious, trataba de comunicarse con él por medio de la fuerza y eso solo significaba algo.

Que corría peligro de ser descubierto.

¿Acaso ya sabía de su huida? ¿Tarkin habrá contactado con el emperador? ¿Cuánto tiempo le quedaba antes de que una flota imperial vaya en su búsqueda?

Estas y muchas más preguntas llenaron la cabeza de Anakin, preocupándolo seriamente. Era cuestión de tiempo para que toda su treta se viniera abajo.

Pero no lo iba a permitir.

-¿Anakin? -le llamó de nuevo la togruta -¿Todo bien?

El castaño cerró los ojos y negó con la cabeza, reforzando sus paredes mentales y bloqueando por completo a Sidious, aunque sabía que estaba tentando a la muerte no tenía otra opción.

Necesitaba hacer más tiempo.

-Estoy bien - contestó Anakin - Es el calor que no me deja pensar.

Ahsoka sin creerse eso por completo y al saber que su ex-maestro al parecer tenía ciertos problemas privados con ese planeta, decidió dejarlo aun lado y se enfocó en lo que quedaba de la nave.

Nada del vehículo se podía salvar, ni siquiera los comunicadores funcionaban por culpa del clima y era cuestión de minutos para que los jawas aparecieran.

-Hay una ciudad cruzando el mar de dunas - dijo Anakin señalando un punto en el entorno.

-¿Qué tan lejos está? - preguntó Ahsoka cubriéndose la frente del sol para ver mejor.

-Un día y medio.

Sin más que decir Ahsoka regresó a la nave en busca de algo útil y después de unos minutos, se unió a su ex-maestro portando consigo una pequeña bolsa con tres botellas de agua y un par de paquetes de comida seca.

-Fue todo lo que encontré - dijo ella colocándose la bolsa en la espalda.

-Servirá - dijo Anakin - Vámonos Sabionda, no quiero estar aquí cuando los reptadores de las arenas aparezcan.

-¿Los qué?

Y así los dos, acompañados de R2 iniciaron su viaje entre las grandes dunas de arena, bajo dos abrazadores soles y con un largo camino por recorrer.


-Señor, hemos recuperado una grabación del asalto de los rebeldes a la base de Thebek 7.

Bane, se encontraba en su nave, examinando el sable de luz que uno de sus hombres había conseguido y que al parecer pertenecía al hombre que dirigía a los rebeldes.

Después de haber hecho un sin fin de pruebas, aun no conseguía hacer que funcionara y su humor cada vez iba empeorando y por supuesto mucho más al ver como un hombre irrumpía en sus cuarteles privados sin pedir permiso.

-Le ordené que no me molestaran - dijo Bane siseando y sin apartar la vista del sable.

-Pero señor - dijo un pirata - Esta grabación le interesará.

Bane hizo girar su silla para encarar al hombre que sostenía en sus manos un dispositivo de holovideo y con un gesto cansado de su mano le ordenó que reprodujera su contenido.

El holograma azul comenzó a mostrar imágenes en primera persona de un soldado clon junto a su escuadrón. Todos se encontraban en la parte inferior de lo que era la base de Thebek 7, dirigiéndose entre los pasillos para eliminar a los rebeldes. Sin embargo los clones que estaban al frente, fueron empujados por una fuerza invisible, para luego mostrar que frente a ellos se encontraba la misma persona que intentó matar a Bane y levantando su bláster, él y los otros rebeldes dispararon contra los clones asesinándolos completamente.

Y allí terminaba la grabación.

Bane le arrebató el dispositivo a su hombre y volvió a reproducir su contenido, pausandolo justo en la parte en donde salía aquel hombre enmascarado.

-Fuera - ordenó el cazarecompensas y el pirata abandonó la habitación lo más rápido que pudo.

Observando la imagen congelada por varios minutos en silenció. Bane comenzó a cuestionarse la identidad del sujeto.

¿Quién era aquel extraño hombre que decía conocerlo? Y si era así ¿En dónde se habían visto por primera vez?

Hizo un aumento a la imagen centrándose en la cara del hombre, especialmente en la cicatriz del ojo derecho.

¿En dónde había visto esa marca antes? O mas bien ¿En quién?

La única pista que tenía era ese sable de luz, lo que le daba a entender que el hombre debía de ser un jedi, así que lo primero que debía de hacer era crear una lista de los jedi con los que se había enfrentado en el pasado y que no hubiera matado.

Al menos con eso, ya tenía con que empezar.


El mar de dunas parecía no tener fin, los dos soles estaban en su punto más alto y la arena se les estaba colando por todas partes. Llevaban caminando solamente un par de horas, pero Ahsoka al sentir el sudor escurriendo por toda su cara, podía jurar que habían sido más.

Era su segunda vez en el planeta y no pudo evitar sentir nostalgia al recordar la primera vez que pisó aquellas arenas, el día en que se convirtió en padawan.

Ese día, Ahsoka se había levantando muy desanimada, pues hacia un semana que había cumplido catorce años y todo el mundo sabía que cuando un joven jedi no había sido escogido por un maestro antes de los catorce, este era llevado a prestar servicio a las granjas.

Algo que ella no deseaba.

Todos los días se esforzaba por demostrar sus habilidades y capacidades a los maestros jedi que venían a escoger a un padawan. Siempre buscaba destacar en las pruebas de selección, pero siempre le decían que era muy impulsiva, testadura y que tenía un serio problema con seguir las ordenes.

Ella veía como todos sus amigos eran elegidos por maestros jedi reconocidos, incluyendo a su mejor amiga Barris y aunque le costase admitirlo en esa ocasión, en aquel momento solo podía sentir tristeza, molestia y envidia.

El tiempo pasaba y ella seguía sin maestro.

Fue entonces que uno de los tantos maestros jedi le informó que el maestro Yoda la estaba buscando y para Ahsoka significaba solo una cosa, que la mandarían a las granjas.

Sin mucho ánimo se dirigió al cuarto del consejo y allí se encontró, en efecto, al pequeño hombrecito verde y sorprendentemente al maestro Mace Windu.

Los dos le dijeron que había sido seleccionada para una misión sumamente especial e importante y que debía partir de inmediato al planeta Christophsis a reunirse con su nuevo maestro.

-"¿Quién será mi maestro?" - preguntó Ahsoka estupefacta.

-"Anakin Skywalker" - contestó Yoda.

Y sin perder tiempo, la togruta subió a la primera nave que salía rumbo al planeta, en camino a la primera de sus tantas aventuras que viviría a lado de ese famoso jedi.

-¿Crees que Rotta aun se acuerde de mi? - preguntó Ahsoka para pasar el tiempo.

Anakin miró a su ex-aprendiz enarcando una ceja, cuestionándole con la mirada de que si hablaba en serio.

-¿Qué? - dijo ella encogiéndose en hombros - Era muy lindo.

-Era una bola malolienta cubierta de baba, suciedad y...más baba - dijo Anakin haciendo un gesto repulsivo al recordar al pequeño Hutt - Además me debes una cantimplora.

-¿Aun no lo superas?

-Era mi cantimplora favorita.

-Te conseguí otra mejor.

-Pero no se comparaba a la que arruinaste.

-Solo era baba del pequeño Rotta.

Los dos estallaron a carcajadas por un buen rato. Hacía tiempo que Anakin no se reía de esa forma, su nueva vida siendo la segunda persona más importante del imperio, le había quitado el tiempo para divertirse y confesaba que extrañaba pasar tiempo con Ahsoka.

Justo en ese momento, el castaño dejó de reírse para enfocar su vista en cierto punto en el desierto. Ahsoka de igual manera paró y dirigió sus ojos hacía el mismo lugar. Lo podían ver con dificultad gracias a la arena que se les metía a los ojos, pero sin duda a lo lejos se encontraba un pequeño bulto tendido en el suelo.

Anakin sintió como la fuerza lo llamaba desesperadamente hacia aquel lugar y sin vacilar comenzó a correr seguido de la togruta y de R2D2. Cuando llegó, se percató de que el pequeño bulto resultaba ser un niño rubio que estaba inconsciente boca abajo en la arena de no más de diez años.

Arrodillándose junto al niño, Anakin revisó su pulso, tranquilizándose al ver que su corazón seguía latiendo aunque en un ritmo débil. Instintivamente colocó al niño en su regazo y puso su mano izquierda sobre la frente del infante.

-Esta ardiendo en fiebre - dijo Anakin - Ahsoka, dame un poco de agua.

Lo más rápido que pudo, la togruta sacó de la mochila una de las botellas de agua y colocándose de rodillas frente a su maestro le dio de beber al niño con mucho cuidado.

El infante tosió ligeramente al sentir el líquido vital correr por su garganta y abrió un poco los ojos, mostrando que poseía un color azul profundo en ellos.

En cuanto las dos miradas azules del castaño y el rubio se cruzaron, el primero sintió una extraña conexión, no solo en la fuerza sino también en lo más profundo de su ser. Era lo misma sensación que advirtió cuando vio por primera vez a Leia, y como en ese momento, un sentimiento paternal le gritaba que protegiera al niño.

-¿Cómo te llamas? - dijo Ahsoka trayendo al castaño al presente.

El niño giró un poco la cabeza en dirección a la togruta, su respiración era un poco agitada, pero aun con mucha dificultad logró decir:

-Lu-Luke.

Ahsoka sonrió al niño - ¿Dónde están tus padres? ¿Tú casa no está muy lejos de aquí?

-Mis tí-tíos...no querían...huir.

El niño rubio volvió a caer en la inconsciencia preocupando gravemente a la togruta. Por su parte Anakin reconoció sin problemas los síntomas que presentaba el niño.

-Creo que tiene fiebre de las arenas -dijo el castaño examinando al niño.

-¿Cómo lo sabes? - preguntó Ahsoka.

-Es muy común por esta zona, cuando era niño solía darme varias veces. Era horrible, me tenía en cama por varios días, cosa que a Gardulla no le gustaba para nada.

-Entonces ¿Qué podemos hacer para ayudarle?

-Debemos llevarle a un centro de salud lo más antes posible. Sino se le proporciona medicina la fiebre puede empeorar.

El sonido de varios pitidos provenientes de R2 hizo que los dos ex-jedi dirigieran su vista al droide, quien les estaba advirtiendo de un peligro.

Lo primero que pensó Anakin fue en los malditos merodeadores de las arenas, deseando tener su sable de luz con él para encargarse de nuevo de esas escorias, pero en vez de ello, pudo ver como a lo lejos una enorme masa de polvo y arena se aproximaba hacia ellos con mucha velocidad.

-¿Eso es una tormenta de arena? -cuestionó Ahsoka

-Kriff - exclamó el Sith levantándose con el niño en brazos - Es por eso que odio la arena. ¡Corre!

Todos comenzaron a correr lo más rápido que pudieron. La arena ya casi les estaba pisando los talones y ninguno de los presentes quería ser enterrado vivo.

Afortunadamente lograron divisar cerca de ellos varias rocas que componían un a pequeña cueva. Al no ver algo mejor, se dirigieron a la caverna entrando justo a tiempo que la tormenta cubría por completo la zona causando un gran caos.

-Ahora ya entiendo por que odias la arena Skywito - dijo Ahsoka dejándose caer en el suelo para tomar aire.

Anakin, quien cargaba al niño de nombre Luke, también imitó a la togruta mientras que R2 exclama molesto que tenía arena por todos sus circuitos.

-Cuando salgamos de aquí te limpiaré, lo prometo - dijo Anakin.

-"Mas te vale" -contestó el droide.

-La tormenta durará un buen rato - dijo Anakin -Será mejor que esperemos aquí.

-De acuerdo - contestó Ahsoka acercándose al castaño con la intensión de tomar al niño - Si quieres yo puedo cuidarlo mien...

-¡NO! - exclamó al momento que aferraba al niño aun más contra él y al ver la expresión de la togruta sorprendida añadió - Este...no te preocupes, puedo encargarme.

-Vale - dijo no muy convencida apartándose un poco.

De nuevo no sabía como, pero el sentimiento de querer proteger al niño era muy poderosa en él. Y por supuesto de nuevo la fuerza le trataba de decir algo.

"Protégelos...Anakin...Protégelos"


Hola chicos, espero que les haya gustado este capítulo y que quizá les haya generado muchas dudas y con ganas de más.

Agradezco sus comentarios, ya que me hacen el día.

Nos leemos a la proxima.