Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la historia.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC


Cap. 16


Naruto miró a la puerta después de posar a Hinata dentro de la habitación y entonces la apartó para encararla.

—Haku y tú se han hecho muy cercanos.

—Me recuerda a Sakura.

Su esposo elevó los hombros sorprendido.

—¿Mi guerrero te recuerda a tu hermana?

Ella rió ante las implicaciones.

—No porque sea femenino, quizás no sea tan fiero como tú, pero es un guerrero fuerte, confiaría mi seguridad en sus manos —dijo ella repitiendo algo parecido a lo que Sâra había dicho alguna vez.

—¿Entonces como es que te recuerda a Sakura?

—Él vio valor en mí antes de saber mi secreto y no cambió después.

Las cejas de Naruto se alzaron.

—De acuerdo con lo que vi en la cena de anoche, muchos miembros del clan sienten lo mismo.

—Sí, es sorprendente. Sólo que Haku ya era un buen amigo, y entonces demostró ser un verdadero amigo al permanecer por y para mí aun con Zabuza intimidando a la mayoría de los miembros del clan.

—Al igual que Sakura lo hizo la primera vez que perdiste la audición —dijo Naruto claramente capaz de llegar a una conclusión lógica.

—Sakura salvó mi vida dos veces —Hinata intentó hacer comprender a su esposo por qué su hermana era una parte tan importante de su vida—, cuanto tuve la fiebre nadie quiso exponerse a cuidarme.

—¿Ni siquiera tu madre?

—Especialmente ella.

—¿Así que Sakura te cuido?

—Sí.

—Dices que te salvó la vida dos veces.

—El miedo a lo inexplicable es fuerte entre la gente del torreón de mi padre.

—¿Sí?

Hinata cabeceó.

—Si el resto de los habitantes del torreón de mi padre se hubieran enterado de mi pérdida, tal vez hubieran insistido en librar al torreón de mi presencia.

—¿Tu padre habría cedido a las demandas de su gente?

—Sólo sé que mi madre no se habría sentido decepcionada al ver que me iba.

Él pronunció nuevamente esa palabra que ella no comprendía.

Incapaz de sostener su mirada directamente y decir lo que ella deseaba, lo miró por entre sus pestañas.

—No creí que hubiera otra persona tan importante en mi vida como mi hermana.

—¿Quieres que crea que yo soy esa persona? —la tensión en su cuerpo era fácil de leer.

La emoción le cerró la garganta.

—Sí —más que cualquier otra cosa.

Varios largos segundos pasaron en silencio. Mientras él la observaba a ella y ella a él por entre sus pestañas.

—Quiero una prueba.

Ella levantó la cara.

—¿Qué?

—Prueba lo mucho que deseas estar conmigo —él le tendió los brazos—. Ven aquí.

Ella podía hacerlo.

Sin duda alguna, caminó hacia esos brazos que siempre la habían hecho sentirse segura y protegida. Su picante aroma masculino se apoderó de ella, llenándola de deseo. Lo miró, dejando que su amor brillara para él para ver si lo quería.

—Por favor, no me mandes lejos, Naruto.

Él no respondió, pero su boca le respondió con cruda pasión. Él sabía al licor de la cena y a ese sabor salvaje que ella asociaba únicamente con él. Fue una embriagadora combinación y no supo cuánto tiempo duró el beso. Dicha pura que seguía y seguía y que sin embargo se sentía como que fuera a terminar en cualquier momento. Estaba tan aturdida por eso, que él tuvo que tocarle los párpados para hacerle saber que tenía algo que decir cuando dejó la boca femenina.

Sus ojos revolotearon al abrirse.

La expresión masculina era de fiera posesión y salvaje deseo.

—Mía.

—Tuya —si solo ella pudiera saber que él realmente era suyo.

—Muéstramelo.

Ella asintió cabeceando, finalmente había comprendido lo que debía hacer para probar el lugar en su corazón. Quería que le ofreciera la única cosa que no era y nunca había sido parte de su engaño, algo que no estaba relacionado a su hermana o alguien más.

La pasión indomable que sentía por él.

Con eso en mente, se desabrochó el cinturón, lo dejó caer al suelo, con las manos ocupadas ya tiraba del plaid. Tenía que tocar su piel desnuda no sólo porque él quería probarla sino porque ansiaba la intimidad que solo podía conseguir así.

El plaid azul, naranja y negro cayó de su magnífico cuerpo con facilidad. No se había puesto una camisa, así que la pérdida de su plaid lo dejó total, gloriosamente desnudo. Su cuerpo brillaba de vitalidad con los músculos ondulando tensos bajo su piel dorada.

Su virilidad estaba medio llena y aumentando por segundos, sus testículos colgaban grandes y pesados de semilla. Saber que él podría plantar esa semilla profundamente en su cuerpo pronto hizo estremecer su matriz. La idea de tener a su bebé fue increíblemente dulce.

El aroma a sudor seco y almizcle saturó el aire entre ellos, llamando sus sentidos como un elixir de la tierra. Ella no comprendía, pero él extraía un elemento sin refinar de su carácter que respondía a nivel más básico con y a él. Como un animal con su compañera, ella lo encontraba agradable no solo a la vista sino de olor y sabor.

—Te gusta lo que ves, ¿no es así mi ángel?

Su corazón saltó de cariño y asintió con la cabeza, aun disfrutando de la saturación de sus sentidos.

Sin embargo la forma en la que él se sentía bajo sus dedos era lo más maravilloso de todo. Tener la libertad de tocarlo donde y como quisiera, y disponer de esa libertad aun ahora era increíble de la mejor manera posible.

Incapaz de resistir tomó ventaja de esa libertad, adelantándose y acariciándolo, deslizando la mano por el cuello, cruzando su pecho y más abajo por su estómago hasta detenerse justo encima del nido de vello que coronaba su hombría. Su ser entero se estremeció de placer ante la reacción, el salto del cuerpo masculino y su rápida y floreciente erección que mostró su efecto en el instante en que ella puso la mano sobre él.

Curvando la mano sobre él, siseó ante el calor que emanaba de su dura carne.

—Tan caliente, tan fuerte —susurró ella buscando en su rostro más signos de placer.

Estaban ahí, en la forma en la que sus ojos se cerraban bajo el surco de sus cejas, y sus labios se abrían para aspirar y relajar su jadeante respiración. Él adelantó hacia ella sus caderas, deslizando su endurecida asta contra los dedos femeninos.

Ella se dejó caer de rodillas y besó su esponjosa punta. Las rodillas masculinas se curvaron y enseguida se fortalecieron, y ella pudo decir que él simplemente se mantuvo de pie a pura fuerza de voluntad.

Ella olfateó sobre los rizos de su vello púbico, inhalando la esencia única de su sexo. Su ahora rígido pene se frotó contra la mejilla femenina como si buscara más de aquella seductora fragancia.

Él tomó su cabeza entre sus grandes manos de guerrero y le guió la boca para deslizarla a lo largo de su tenso prepucio. Ella pestañeó ante la gran punta roja y oscura, perlas de líquido goteaban de la hendidura. Entonces levantó la mirada hacia él.

Él elevó una ceja como si le preguntara qué haría ahora.

Sabía lo que deseaba, probarlo. Se inclinó hacia delante acortando la distancia entre su boca y su hombría y lamió esas perlas de apariencia deliciosa amando su salada dulzura.

Él utilizó la forma como la sujetaba para guiar la boca más profundamente sobre su eje endurecido.

—Por favor...

Ella no quería perderse sus palabras, pero el placer en su boca era irresistible, cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia delante para llevarlo tan profundamente como pudiera. Él golpeteó la parte posterior de su garganta y ella se concentró en relajarse y disfrutar la sensación. Succionaba tirando de él, girando la lengua sobre su cabeza. Delicioso.

Las rodillas masculinas fallaron y ella repitió el movimiento, incrementando la succión de su boca hasta ahuecar sus mejillas. Continuó amándolo con la boca mientras ella se despojaba de la ropa. A él le gustó mirarla mientras le daba todo para demostrarle que era suya.

Ella tuvo que deslizar fuera de sus labios la pétrea columna envuelta en seda de su carne para poder quitarse la blusa y después seguir.

Él tomó esa oportunidad para moverse hacia las pieles donde se echó levantando el cuerpo sobre los codos con sus largas y musculosas piernas abiertas. Le hizo señas con la mano.

—Ven aquí.

La expresión de necesidad en su rostro llenó algunas de las grietas del corazón femenino. Ella no se molestó en levantarse, sino que gateó cruzando el suelo, sus pechos balanceándose bajo su mirada.

Los hermosos ojos azules de él se abrieron y después se estrecharon cuando su cuerpo se estremeció de placer. El poder surgió de ella con el conocimiento de que con un acto sencillo como ese podía desarmar al poderoso laird Kage.

Ella se detuvo con las manos sobre las rodillas masculinas.

—Te amo.

Algo llameó en el rostro de él pero permaneció en silencio. Esperando.

Ella se humedeció los labios y miró como su garganta se movía indicando que tragaba. Colocando una mano sobre cada muslo se acercó hasta acercar nuevamente la boca al miembro. Dándose un festín con las perlas de humedad que continuaban goteando, ella se concentró en dar placer sólo en su hinchada punta.

Usó una mano para deslizar su prepucio abajo para tener mejor acceso y arrastró los dientes sobre el orificio antes de sumergir en su interior la punta de la lengua. Las caderas masculinas corcovearon y él la sujetó por la cabeza nuevamente, sus dedos enterrados sobre los rizos oscuros. Ella chupó, lamió y deslizó gentilmente los dientes a lo largo de su dureza apenas tocándola. Él comenzó a presionar por su cuenta pero nunca tan fuerte como para asfixiarla.

Era salvaje, licencioso y completamente decadente.

Y entonces él se corrió, su esencia le llenó la boca derramándose por sus sentidos. Ella tragó tomándolo en su interior con júbilo, marcando el alma masculina como los labios y dientes de él a menudo le marcaban el cuello.

Hinata. Mi ángel, mi auténtica compañera.

Esta vez no se inmutó al escuchar la voz, no evitó escucharla o cualquier otra cosa. Simplemente disfrutó. No le importó si era su imaginación o no. Esa voz hablaba en tono de admiración, afecto, quizá incluso amor. Ella dejó que las emociones la bañaran. No importaba en ese momento si eran fantasías, alimentaban su esperanza y la semilla de la felicidad que siempre sentía en su presencia.

Él la levantó de entre sus piernas con manos gentiles y su expresión era casi reverente.

—Dulce esposa. Mi ángel.

Lágrimas surgieron de sus ojos y ella no las contuvo. El sentimiento era demasiado grande para contenerlo dentro.

Él la atrajo hasta que yació con él sobre las pieles, sus manos la acariciaron cuando se acomodó a su lado sobre las ultra suaves pieles.

—Ahora te haré el amor.

—Ya lo has hecho.

Sus ojos se cerraron y luego se abrieron, el azul rodeado por el brillo dorado que la estremecía.

—Eres perfecta para mí.

—¿Aun dañada?

—Todos estamos dañados de una forma u otra.

Su madre no era adepta de esa teoría, pero Hinata podía dar gracias a Dios que su esposo sí.

—Eres perfecto para mí.

—Como debe ser.

Entonces él procedió a probarle lo perfecto que era para ella. Grandes y callosas manos se deslizaron sobre su cuerpo con roces tanto gentiles como demandantes, buscando su respuesta desinhibida. Él le acarició el cuello, su vientre, sus muslos y finalmente sus pechos, pezones y ese punto de placer total entre sus piernas. Ella gritó de alegría cuando él la penetró respondiendo con energía al ritmo largo y potente que marcaba.

Su clímax la tomó por sorpresa, endureciendo su cuerpo al sentirlo lanzar su semilla caliente y maravillosa dentro de ella. Se enroscaron juntos sobre las pieles que amaba más que cualquier lecho porque Naruto y ella las habían compartido.

Hinata no podía creer lo diferente que eran sus días desde que el clan conocía su incapacidad para oír.

Y no necesitaba ingeniárselas constantemente para ver las caras de las personas. Ahora que sabían que necesitaba leer sus labios, los miembros del clan se aseguraban de estar frente a ella cuando le hablaban. Nadie se impacientaba cuando debían repetirse y eso la hacía más confiada a pedírselo. Las personas se aseguraban de que ella "oyera" las noticias importantes personalmente, sin confiar en que ella se enterara por casualidad.

Era consciente de lo que la rodeaba a un nivel que nunca había conseguido antes. Y eso era magnífico. Ella sentía que realmente pertenecía alli.

Cada día en este nuevo y abierto entorno la relajaba aún más. Intentaba nuevas cosas, se aventuraba más lejos en el feudo, conociendo a miembros del clan que no visitaban con frecuencia la fortaleza. Haku la acompañaba a menudo, pero echaba de menos la amistad de Zabuza. Eso no significaba que no le viera. Junto con el sumamente curioso Shino, él frecuentemente los acompañaba en sus incursiones para visitar a los pastores y a los miembros alejados del clan.

Pero Zabuza actuaba como un silencioso escolta, raramente le hablaba a Haku o a Hinata, y ponía un fiero rostro en cada ocasión en que ellos se tocaban amistosamente.

Sâra también había vuelto a tratarla con la cortesía mínima debida a la esposa del laird. Hinata intentó hablar con la mujer sobre su comportamiento frío, pero el ama de llaves negó cualquier sentimiento negativo. Sin embargo, de modos tanto sutiles como abiertos, Sâra dejó claro que preferiría que Hinata le delegara los deberes domésticos a ella.

Sin embargo, Hinata rechazaba dejar su posición de mando en el torreón. Era la esposa de Naruto y no permitiría que otra mujer la hiciera sentir inadecuada para el papel. Independientemente del rencor que Sâra tuviera contra ella, Hinata aún era la señora del castillo. Sin peros. Y punto.

Tanto como no deseaba enseñorearse con su posición sobre otros, tampoco permitiría que la atropellaran. Así que, poco a poco asentaba su capacidad para supervisar. Lo hacía hasta el punto de poder dar dirección personal a las mujeres que ayudaban a Sâra en la cocina, en la limpieza para Naruto y sus guerreros de élite.

Y continuando con su campaña para transformar el gran salón y el resto del castillo en un hogar más que en una fortaleza, Hinata instruyó a Sâra en los cambios adicionales que deseaba que se hicieran.

Las sillas ahora flanqueaban la gran chimenea y flores frescas adornaban las mesas de banquete. Un largo plaid, de aproximadamente un metro y medio de ancho, colgaba de la pared detrás de la mesa en la que Naruto, Hinata y los guerreros del alto mando de su marido se sentaban. Ella estaba bordando el escudo de armas de los Namikaze en hilo negro sobre una pieza de seda azul que había traído con ella de Inglaterra y que planeaba coser en el centro del estandarte.

Sâra se resistía a los cambios, quejándose a otros de las flores frescas y del mobiliario adicional a los que se debía quitar el polvo en el gran salón. Cuando ella pensaba que Hinata estaba lejos, también contraindicaba las órdenes que ésta había dado a las otras mujeres.

Hinata analizaba su proceder al respecto mientras trabajaba en el ahora próspero jardín de hierbas. A pesar de la actitud negativa de la viuda, no deseaba retirar a Sâra de su cargo. Ella seguía esperando que Sâra la aceptara como su señora y que comenzara a actuar en consecuencia.

En ese aspecto, ella sabía que era muy diferente de su madre. Hanna habría hecho echar a la mujer del torreón y de las tierras de su marido por tal comportamiento. Sin titubear.

Hinata se preguntaba a veces si toleraba tanto a Sâra porque no quería parecerse a su madre en ningún aspecto. ¿Era su compasión buena para el clan, dando un ejemplo positivo de tolerancia? ¿O su falta de voluntad para tomar las riendas directamente debilitaban su posición como señora y por lo tanto el sentido de estabilidad del clan?

No podía encontrar la respuesta a esas preguntas y se estaba lamentando de que su hermana no pudiera aconsejarla en el preciso momento en que algo captó su atención por el rabillo del ojo. Se dio la vuelta para ver lo que pasaba y se quedó paralizada por la conmoción.

Naruto y Shikamaru caminaban junto a un gran guerrero de cabello negro que usaba un plaid azul oscuro y rojo pálido. Con un brazo rodeaba firmemente a una mujer mucho más pequeña que sostenía a un bebé.

Hinata se frotó los ojos para asegurarse de que estos no la engañaban, pero la misma gloriosa visión se mostró al abrirlos otra vez. Su cerebro podría engañarla con el pensamiento de que oía la voz de su marido, pero esto tenía que ser verdad. Lo anhelaba tanto que dolía.

Hinata dio un alegre grito cuando se permitió reconocer los rosas rizos que rodeaban ese querido rostro.

¡Sakura!

Hinata se puso en pie de un tirón y se precipitó hacia su hermana, dejando caer su pequeña paleta, sus faldas volaron. Sakura también corría, su expresión reflejaba la evidente euforia de Hinata. Hinata lanzó sus brazos alrededor de la otra pequeña mujer.

Los besos en su mejilla y un estrecho abrazo que le hacía difícil respirar le dijeron que era verdad. Su hermana realmente estaba allí. Las lágrimas caían por sus rostros mientras se sonreían la una a la otra.

—Temía que nunca te vería otra vez —dijo ahogadamente Hinata.

—Sabía que Dios no sería tan cruel, pero confesaré que nunca consideré que usaría a Naruto Namikaze para devolverte a mí.

La mirada de Hinata se dirigió nerviosamente hacia su marido para ver como tomaba las palabras de su hermana. Mientras habían logrado un acercamiento de alguna clase y su trato sexual era más intenso que nunca, él jamás había reconocido abiertamente sus palabras de amor, aunque ella se las dijera cada noche y frecuentemente por lo menos una vez durante el día. A pesar de esto él nunca le había devuelto las palabras.

Nunca habían hablado sobre su plan de utilizarlo para llegar a su hermana, pero esto era una barrera entre ellos. Invisible, pero palpable. Sin embargo, ahora mismo, sólo había indulgente placer en el rostro de Naruto.

Agradecida por su consideración, ella se rió de él, su alegría la hacía tonta.

—Mi hermana está aquí.

—Lo noté. —Sus labios se curvaron hacia un lado humorísticamente.

Sakura tocó la mejilla de Hinata en un gesto largo y familiar para conseguir su atención.

—Él nos invitó a venir.

—Ah... —Ella miró otra vez a Naruto, sus ojos llenos de lágrimas de felicidad—. Eres muy bueno conmigo.

Naruto se inclinó hacia adelante y la besó suavemente. Allí mismo delante de su hermana y cuñado. Y no en la mejilla, sino en los labios.

—No te alejaría de tu familia.

Aturdida por el beso, Hinata se dio la vuelta con lo que sin duda era una sonrisa boba hacia su hermana.

—¿Acaso no es maravilloso?

—Debo admitir que no es una cabra —bromeó Sakura con los ojos en blanco.

Su esposo echó hacia atrás la cabeza, obviamente lanzando una carcajada. Naruto miró censurador a Sakura, pero la diversión en sus ojos azules desmentía cualquier cólera verdadera.

—Era tiempo que reconocieras la verdad.

Hinata sacudió la cabeza, tan feliz que podría explotar por ésta.

Naruto le acarició la oreja con el índice, indicándole que quería decirle algo. Con una sonrisa brillante, ella le prestó toda su atención.

—¿Sí?

—Esposa, este guerrero casi decrépito es el hombre con el cual tu hermana decidió casarse en lugar de mí. —Él señaló con la mano al otro hombre—. Sasuke, laird de los Uchiha.

—Es un verdadero placer conocerte —dijo Hinata, colocando su mano sobre su garganta para asegurarse de que tenía bastante volumen para ser oída—. Estoy egoístamente agradecida de que mi hermana se casara contigo, en vez que con el hombre que vuestro rey quería para ella. Naruto me acepta tal como soy.

Aunque Sasuke no entendiese lo importante y extraordinario era eso, Hinata sabía que Sakura sí lo haría.

—También me alegro de que todo haya resultado de esta manera —contestó el gran guerrero, sus ojos oscuros centelleaban—. ¿Quién adivinaría que un sencillo rapto pudiera tener semejantes consecuencias?

—¿Sakura te secuestró? —Preguntó Hinata con fingido asombro.

Aunque su hermana nunca hubiera compartido todas las circunstancias que rodearon su matrimonio con el laird incorrecto, Hinata nunca creyó que fuera algo tan sencillo como que Sakura y Sasuke se hubieran conocido y se hubieran enamorado, tampoco creyó que Naruto diera un paso al lado tan fácilmente como Sakura había insinuado en sus cartas.

Sasuke se rió otra vez y le sonrió a su esposa. Si Hinata no lo supiera mejor, podría afirmar que ellos se comunicaban de alguna manera. Su lenguaje corporal lo delataba, pero sus labios no se movían.

Sakura sonrió suavemente a Hinata.

—Ambas hemos encontrado senderos más felices por la gracia de Dios. —Ella le guiñó—. Y no secuestré a mi marido, aunque hice un buen trabajo consiguiendo que me incluyeran a la larga en el secuestro de Ino.

—Esa es una historia que me gustaría conocer.

—Te la contaré después —prometió Sakura. Ella miró a su esposo con picardía—. Cada mínimo detalle.

Sasuke representó un gran gruñido.

Hinata sacudió la cabeza con una risa.

—Puedo ver que es un buen compañero para tu humor e ingenio.

—Sí. —Sakura sonrió con dichosa alegría. Entonces señaló a la niña en sus brazos.

—Esta es Sarada, nuestra hija.

La preciosa pequeña con los ojos y cabellos oscuros del padre extendió los bracitos hacia Hinata. Las manos de Hinata temblaron cuando las extendió para tomar a la bebé. Sakura dejo ir a su hija con una sonrisa.

Hinata acunó a la bebé muy cerca suyo.

—Es hermosa. —Ella le sonrió a la pequeña—. Hola, dulce. Soy tu tía.

El bebé extendió los brazos y acarició el rostro de su tía.

Ella miró a Naruto, dejando que su deseo de tener a sus propios hijos reluciera en sus ojos. Él la miró en respuesta con un calor palpable que le estrujó el corazón.

Sakura los contempló a ambos con nada menos que sorpresa.

—Nunca habría supuesto que Naruto hiciera eso.

—¿Qué? —Preguntó Hinata.

—Amar.

Entonces los ojos de Sakura se ensancharon y ella disparó una mirada de disgusto a su marido.

Ella suspiró y miró a Naruto.

—Lo siento, eso fue poco amable. Es sólo que, mientras la carta de mi hermana decía que era feliz con tu clan, nunca supuse que podría estar tan a gusto. Mi propia experiencia fue tan diferente, pero no se puede negar que Hinata es feliz. Ella brilla.

—Todos conocen mi secreto y en su mayoría a nadie le importa. —Hinata ignoró la insinuación de su hermana de que Naruto estaba enamorado de ella. Ella sabía que no era verdad, pero si se lo dijera a Sakura, su hermana mayor sin duda se volvería en su defensa. Hinata deseaba que nada estropeara la visita de Sakura, en particular no los problemas que arañaban los bordes de esa alegría por la que su hermana tan claramente se alegraba.

—Estamos orgullosos de su inteligencia —dijo Shino. Él había estado vigilándola mientras cultivaba su huerto y se había contenido de formular sus habituales preguntas curiosas con mucha valentía hasta ese momento.

—Aye, todo el clan está orgulloso —afirmó Naruto, también claramente deseoso de pasar por alto la alusión de Sakura sobre su capacidad de amar.

Los adorables ojos jade de Sakura se pusieron nebulosos otra vez.

—Es un milagro.

Hinata sabía exactamente a lo que se refería: la aceptación del clan y su aprecio.

—Sí.

Ella pasó el resto del día dando a conocer de nuevo a su hermana las tierras de los Namikaze y dándose a conocer a su hermana en palabras, hechos y corazón. Sakura le habló a Hinata sobre su vida entre los Uchiha, con detalles mucho más ricos de lo que jamás fue capaz de plasmar en una carta que sabía sería leída tanto por su padre como por Hanna y Hinata.

—Estoy tan contenta de que hayas encontrado a otra mujer a la que llames hermana. Te eché tanto de menos, pero al menos aún tenía a Shion. Recé para que encontraras a alguien que ocupara mi lugar —confesó Hinata.

—Nadie podría ocupar tu lugar en mi corazón, pero Ino es otra hermana del alma. Sé que estarás de acuerdo cuando vayas a la isla Uchiha de visita.

—¿No es también la hermana de Naruto?

—Sí.

—¿No vino aquí de visita?

Sakura se mordió el labio, una clara muestra de que vacilaba en hablar libremente.

—Sólo dilo —exigió Hinata.

—Naruto prometió no tomar al pequeño hijo de Ino, pero a ella le preocupa que si lo trae de visita, Naruto decida que pertenece a los Namikaze en vez de a los Uchiha.

—¿Por qué lo haría?

—Porque el padre del pequeño era Raiga, el primero de Naruto antes de Shikamaru.

—¿El hermano mayor de Zabuza? —preguntó Hinata con sorpresa—. Sabía que habían estado casados, pero no era consciente de que ella estaba embarazada cuando él murió.

—Sí. Y con un embarazo muy avanzado cuando Sai decidió conservarla.

—Esa es la parte de la historia que debes contarme, ¿no es así?

—Sí, pero es una historia demasiado larga de contar antes de que tengamos que volver al gran salón para comer.

La comida de la noche fue toda una celebración que terminó con ambos lairds insistiendo en llevar en brazos a sus mujeres hacia sus recintos de descanso. Hinata no pudo menos que notar y divertirse con el hecho de que Sasuke parecía tan preocupado con la seguridad de Sakura en la estrecha escalera como Naruto lo era con ella.

—Es una ventaja táctica, admitiré eso —dijo Sasuke a Naruto—. Pero no es práctico para un laird con una familia a la que cuidar.

Naruto observó la escalera, luego al bebé durmiente en los brazos de Sakura y finalmente a Hinata, en quien su mirada se demoró durante varios segundos.

—Veo tu punto —dijo él con una mirada que ella no pudo descifrar.

Ella no tuvo ningún problema en descifrar el ceño de molestia que Haku dedicaba al otro extremo de la mesa. Sin duda Hiruzen había dicho algo grosero otra vez. Ignorarlo se hacía cada vez más difícil, pero no se quejaría a Naruto como una niña mimada. Había disfrutado de más aceptación en su clan de lo que jamás habría esperado.

La insistencia intransigente de un hombre con su carácter desagradable no era significativa. Ni siquiera si esta hiciera eco en la actitud del ama de llaves del castillo.

Zabuza al menos nunca compartía sus palabras, ni intentaba menoscabarla como esos dos. Independientemente de que seguían distanciados como amigos, ella tenía la esperanza de que un día renovarían su compañerismo.

La siguiente semana fue una de las más agradables en la vida de Hinata. Su hermana y ella trabajaron en su jardín de hierbas mientras Sarada dormía la siesta a la sombra. Cuando el bebé se despertaba, jugaban con ella, y pasaron más tiempo visitando al clan de Hinata.

Sakura exclamó repetidas veces sobre la actitud amistosa con la que el clan la trataba ahora que ella estaba casada con alguien que no era su laird.

—Sólo puedo pensar que mi falta absoluta de interés por casarme con su laird se mostraba en cada uno de mis actos.

—Él aprendió de la forma en que te trató y estableció mi papel entre los miembros del clan de inmediato.

Sakura sonrió abiertamente y como la mayor parte de días, Hinata se encontró contándole a su hermana todo sobre su vida desde que Sakura se había marchado del torreón de su padre, incluso las experiencias de Hinata como la dama de un laird recién casado. Sakura aún había terminado de contarle a Hinata la historia completa de cómo había terminado casada con Sasuke.

—Recuerda, tú tenías mis cartas. Yo no obtuve respuestas vuestras. —Sir Kizashi había estado poco dispuesto a enviar un mensajero tan al norte a las Highlands con nada más importante que una carta. A diferencia de Sasuke de Uchiha, el barón inglés no tenía clanes aliados complacientes que pasaran las cartas—. Tengo cientos de preguntas aún sin contestar.

Hinata hizo todo lo posible para contestarlas.

Ambas estaban en la recámara que Sakura y Sasuke compartían en su estadía con los Namikaze. El bebé dormía la siesta y la escolta de Hinata esperaba en el pasillo, fuera de la puerta.

—Tu esposo es muy concienzudo con tu seguridad —observó Sakura.

—Hiruzen una vez me dijo que era porque ni Naruto ni el clan confiaban en mí para estar sola. Porque soy inglesa.

—¿No le creíste, verdad? —Sakura parecía lista para herir corporalmente al viejo guerrero—. Es obvio que tu clan te ama y confía en ti.

Hinata asintió en acuerdo.

—Incluso después de que se enteraron de mi secreto.

—Es muy diferente al torreón de padre, ¿no es así?

—Oh, sí. Me siento tan libre aquí.

—Y valorada.

Llena de placer con el pensamiento, Hinata sonrió.

—Sí. Durante tanto tiempo sólo dos personas creías que tenía valor; la abadesa y tú. Ahora tengo a un clan entero.

Eso la asombraría hasta el día que muriera, pero también le daría gracias a Dios cada día.

—Es maravilloso. —Sakura comenzó a llorar otra vez. Ella había estado haciendo esto con frecuencia.

Hinata posó la mano sobre el estómago de Sakura.

—¿Hermana, estás segura de que no hay algo que desees decirme? No recuerdo que fueras de las lágrimas a la felicidad o a cualquier otro sentimiento con tanta facilidad.

—No es seguro. Apenas tengo una semana de retraso en mi ciclo femenino. Pero puedo sentir el cambio de mi cuerpo, extrañas ansias de comida y náuseas ante la idea de alimentos que por lo general adoro. Aún no se lo he dicho a Sasuke, aunque creo que él debe saberlo. —Sakura se rió, su placer ante esa perspectiva era evidente—. No quería que lo usara como una excusa para aplazar nuestra visita.

—¿Cuándo llegará el bebé?

—Si mis cálculos son correctos, a principios de la primavera.

—Son noticias maravillosas.

—Gracias. No esperaba tener dos bebés tan cerca uno del otro. Sarada tiene sólo ocho meses.

—Serán amigos.

—Supongo que lo serán, pero siento que éste es un muchacho.

—Estoy segura de que eso no los detendrá.

—Oh, Hinata, estoy tan contenta de tenerte de regreso en mi vida —dijo Sakura con un suspiro entrecortado.

—Yo también. —Hinata le dio a su hermana un abrazo espontáneo—. Lamento que no puedas quedarte más tiempo.

Sakura cabeceó.

—Pero pronto irás a la isla Uchiha para una visita, Naruto lo ha prometido.

—Sí, y él mantiene sus promesas.

—Es bueno ser capaz de confiar en tu marido en tales cosas.

—Sí. —Hinata dejó que su mirada se deslizara al bebé dormido y luego de regreso a su hermana—. Um... hay algo de lo que he estado deseando hablar contigo.

La única preocupación que desesperadamente necesitaba de la sabiduría de su hermana. Ya habían hablado brevemente del problema de Sâra, y Sakura no había tenido ningún reparo en señalar el hecho de que la otra mujer debería ser despedida. Hinata debería haber esperado la postura protectora y darse cuenta de que Sakura no sería más imparcial de lo que ella era, sólo que en un sentido diferente.

Ella se lo había expuesto a Haku y él le había sugerido que hablara de ello con su marido, ya que como laird tenía derecho a saber que Sâra alardeaba otra vez sobre la indecisión de Naruto de aceptar a Hinata como la señora de los Namikaze. Pero tan frustrante como era Sâra, no era la preocupación más apremiante de Hinata.

Sakura levantó la cabeza ante el silencio prolongado de Hinata.

—¿Qué pasa?

—¿Recuerdas lo qué los sacerdotes ingleses enseñaban sobre la sordera?

—¿Ese asunto sobre el demonio? —Sakura frunció el ceño—. Puff. Sabemos que eso no es verdad. ¿No has estado preocupándote por ese viejo cuento, verdad?

—He estado oyendo voces en mi cabeza —confesó ella sin rodeos.

—¿Voces? ¿En tu cabeza? —preguntó Sakura, sin parecer demasiado preocupada. De hecho, si no malinterpretaba lo que pasaba, Hinata habría dicho que su hermana parecía casi excitada—. ¿Qué quieres decir?

—Cuando Naruto y yo hacemos el amor, imagino que oigo su voz y una vez oí el aullido de un lobo. A veces pienso que es sólo mi imaginación, porque deseo desesperadamente escuchar su voz cuando no puedo oír nada más. Sólo que es tan real y, Sakura... no recuerdo a qué suenan las otras cosas. Ni el gorjeo de un pájaro, el burbujear de un arroyo, el sonido del viento en los árboles o ni siquiera tu voz. Pero oigo la de él claramente. Y de lo que puedo recordar, es muy diferente a cualquier voz que haya escuchado antes de perder la audición.

La radiante sonrisa de Sakura no tenía sentido.

—Tienes que decírselo a Naruto, aunque estoy sorprendida porque él no haya notado ya la situación.

—Pero se lo he dicho.

Sakura frunció las cejas.

—¿Qué dijo él?

—Nada.

—¿Nada? —Ella sacudió la cabeza—. Ese idiota.

—Mi marido no es un idiota. Él no me juzgó. Me aseguró que no estaba preocupado por eso. —Lo que en primer lugar había alimentado sus miedos era que Naruto planeara desterrarla, pero entonces ella había visto su aceptación como un regalo.

—Claro que no estaba preocupado. Sabe exactamente por qué oyes su voz y a su lobo en tu cabeza. —Los pensativos ojos de Sakura se abrieron con molestia.

—¿Su lobo? —Hinata se sentía un poco confundida—. ¿Te refieres al gran lobo café qué es amigo del clan?

—Ese lobo café es más que un amigo. —Sakura saltó y empezó a caminar de un lado a otro.

—¿También lo has visto?

—Sólo a la distancia.

—Yo lo he visto de cerca dos veces. —Le contó a su hermana sobre el paseo en los bosques con Zabuza y luego su incidente con el jabalí—. El lobo salvó mi vida.

—Claro que lo hizo. Es tu esposo, tu compañero.

—Sakura... No estoy casada con un lobo. —Ella pasó bruscamente de preocuparse por su propia cordura a la de su hermana.

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Continuará...