Narrado por Terry

- ¿Pecas salimos a cenar?-

- Siii, muero de hambre -

- Voy a ponerme la boina y la bufanda para que no nos interrumpan- en los trenes he pasado los momentos más incómodos de mi vida, como no hay cómo alejarse, las admiradoras se ponen muy atrevidas y no quiero ver a mi Pecosa otra vez furiosa de celos.

Candy me toma del brazo y entramos al vagón restaurante, nos sentamos, pero varios grupos de personas nos miran.

- Terry parece que te reconocieron - me dice susurrando.

- Imposible Pecas - tengo mi boina puesta y la cara oculta por las solapas de mi abrigo.

Unas chicas se acercan muy emocionadas, Candy me avisa señalando con sus ojos mientras toma relajada de su bebida.

- Disculpen, buenas noches, usted es Candice Ardley, la chica Chanel - Candy casi se atraganta con su limonada y me mira asustada. Las mira y afirma con la cabeza.

- ¿Podrías autografiarnos por favor la foto del periódico?- le dice una jovencita de unos 14 años muy ilusionada.

- Claro- le responde sonriendo. Firma las fotos y las niñas se despiden felices.

- Terry ¿qué fue eso? -

- Jajaja Candy que divertido, ahora te acosaran a ti y yo al fin tendré la paz que necesito - le digo bromeando.

- Terry, eso fue muy... muy raro... ¿Porqué me pedirían un autógrafo si Coco solo quiere que me ponga sus vestidos? - me pregunta realmente confundida.

- Pecas, te lo diré directo, eres muy muy hermosa, casi angelical, el casi es porque ya sabemos lo que eres capaz de hacer- le sonrío de lado.

- ¡Terry! - me interrumpe.

- Jajaja déjame continuar, además la diseñadora más famosa de Europa te acaba de elegir para que representes su marca y lo más importante, eres la prometida del actor más guapo y sensual de Broadway - le digo con suficiencia.

- ¡Eres un presumido y arrogante Terrence Grandchester! -

- Shhhhhh- le susurro, mientras ella se pone la mano en la boca y se sonroja, varias personas nos observan.

- Candy en serio, deberás acostumbrarte, llamas mucho la atención - le digo sinceramente.

- Es raro, tú eres actor y talentoso, te admiran por eso, yo solo me pongo vestidos lindos, no me parece ni similar-me dice reflexiva.

- Eres mucho más que eso Candy, te lo aseguro - ella no está muy convencida, pero continúa con su cena.

Terminamos de cenar y la dirijo a la salita de música, no hay nadie, ya es bastante tarde. Me siento al piano de cola y ella se acomoda a mi lado.

- ¿Candy te acuerdas de tus clases de piano en Escocia?-

- No creo que recuerde nada... apenas si podía concentrarme en las clases, cuando sentía el mínimo roce de tu cuerpo me ponía muy nerviosa, perdóname te hice perder el tiempo - me cuenta negando con la cabeza.

- Pecas, eso pasaba porque yo te daba clases para poder rozarte aunque fuera con los dedos - recuerdo cuantas veces tuve que contener mi masculinidad ese verano, la pasamos UN MES todas las tardes totalmente solos en la Villa, ahorita mismo me enorgullezco de mí mismo, en ese momento ella era solo una niña, definitivamente valió la pena esperar a que creciera.

- Terry ¿qué piensas?- me pregunta cerca de mis labios.

- En que me has tenido loco de amor desde que te conocí- ella sonríe. Comienzo a tocar "Canción de cuna" de Mozart, ella cierra los ojos y sonríe disfrutando de la melodía.

Termino, ella me aparta un mechón de cabello que ha caído sobre mi cara.

- ¿Sabes? Tienes unos dedos muy hábiles -sonríe pícaramente.

- Pecosa atrevida e insinuante- ella se ríe, hago un intento por abrazarla pero se levanta rápido y comienza a correr, voy detrás de ella, nuestra habitación está muy cerca y la logro atrapar en la puerta.

- Aquí no hay forma de escapar - le digo mientras la aprisiono más contra la puerta.

- Ah, ah - alguien tose, suelto rápido a Candy, mientras pasa a nuestro lado una señora muy escandaliza. Nos reímos.

- Pecas mejor entremos- abro la puerta y pasamos, comenzamos un intercambio besos muy apasionados.

- Candy hoy haremos el amor en silencio, estas paredes son muy delgadas y no queremos que nos prohiban el regreso en tren- le susurro divertido.

Nos acostamos en la cama, la acaricio reconfirmándole la habilidad de mis dedos, esta vez nos amamos despacio, disfrutándonos, la penetro lentamente, comenzando una danza de amor delicada y rítmica hasta que ambos alcanzamos el máximo placer. Nos abrazamos y besamos hasta que nos quedamos profundamente dormidos.

Narrado por Candy

Despertamos y desayunamos en nuestro camarote, Terry ordena también el almuerzo para no tener que salir de la habitación y disfrutarnos lo que queda del viaje.

Llegamos a Chicago y una gran cantidad de periodistas aguardan nuestra salida.

- Pecas contestaremos dos preguntas y nos iremos directo al auto de los Ardley. El equipaje lo reclamaremos después de que todos se hayan dispersado - esto de la fama es bastante agotador nunca lo habría imaginado.

- Vamos Pecas - me toma de la cintura.

- Señor Graham, ¿vienen a Chicago a celebrar su fiesta de compromiso? -

- Es correcto-

- ¿Hay información de que ya viven juntos en la mansión Ardley de Nueva York, esa información es cierta? -

- No contestaremos preguntas tan privadas como el lugar de nuestro domicilio, ni ahora ni nunca. No más preguntas-

Nos abrimos campo hasta que George nos dirige al auto, luego él se encarga de nuestro equipaje.

- Terry quiero ir primero al Magnolia para ver a Albert - lo tomo de la mano.

- Como quieras Pecas -

- George quiero pasar primero a mi antiguo apartamento, por favor- le paso un papel con la dirección anotada.

- Terry, George no puede saber que Albert vive ahí, podría pensar mal- le digo susurrando, él me mira fijamente, tiene una expresión extraña y vuelve su mirada a la ventana.

- Terry ¿te pasa algo?- él sigue viendo para afuera. Me acerco y le acaricio el cabello, él me mira, sé que quiere decirme algo pero no puede.

- ¿Es por Albert? - él aún no me habla.

- Terry, Albert es como el hermano mayor que nunca tuve, no sé ni cómo explicarlo-

- Lo sé Pecas, confío en ti, pero ahora que eres mi mujer el pensar que vivían juntos me resulta más extraño que antes-

- Lo siento, quería ayudar a Albert, pero nunca quise que te sintieras incómodo-

- Lo sé, no tienes porque disculparte- me mira sereno y me besa en los labios.

- Me preocupa mucho que la tía abuela lo sepa, se escandalizaría y no quiero que me dé un sermón, por eso prefiero que George no vea a Albert-

El auto se detiene, hemos llegamos a la entrada.

- George será rápido- le digo apurada.

- Señorita Candy, puedo ayudarla si lo necesita-

- Son pocas cosas, Terry me ayudará, ya bajamos- él asiente.

Subo las gradas corriendo y abro la puerta de golpe.

- ¡Albert! ¡Albert! - grito y él sale sonriendo de la cocina con su delantal puesto.

- Pequeña, llegaste - nos fundimos en un abrazo. - Te extrañamos- me dice mientras Puppé también sale a saludarme y se acurruca entre nosotros.

Terry nos mira con cara inexpresiva, así que rompo el abrazo, aunque quiera mucho a Albert no quiero incomodarlo sabiendo que siempre ha sido muy celoso.

- Albert él es Terry, mi prometido- ellos se miran, sonríen y se saludan de un apretón de manos. Comemos té con galletas, luego le muestro a Terry el apartamento.

- Y esta es mi habitación - le digo mientras él entra y recorre el lugar, se detiene y admira mis uniformes de enfermera.

- Pecas, quisiera verte con esto puesto -me dice muy cerca de mi oído con voz seductora.

- Empacado- le digo divertida mientras él me sonríe de lado.

- Por suerte no tengo muchas cosas que empacar, más que todo vengo por mi caja de tesoros- Terry me mira interrogante.

- ¿Qué guardas ahí Pecas? ¿las lianas y los bananos de monita? -

- ¡Terry!! - lo miro molesta, mientras lo empujo, pero él me sujeta fuerte de mi y nos hace caer al suelo.

- ¿Chicos están bien? - pregunta Albert.

- Sí, Candy me está agrediendo pero yo me sé defender - Albert se ríe.

Terry me abraza fuerte y me comienza a besar intensamente el cuello.

- Terry no... Albert está aquí- lo regaño.

- Debía intentarlo... - le sonrío, es un caso perdido.

- Cuéntame en serio ¿qué tienes ahí?-señala mi caja.

- Te prometo enseñártelo en el viaje de vuelta, ahora debemos apurarnos que George está abajo- Salimos con mi maleta lista.

- Albert vamos a dejar pagado seis meses de alquiler y te prometo que vendré a verte -

- Candy no es necesario -

- Claro que sí es necesario y hablaré con una de mis compañeras para que te hagan visitas periódicas y evalúen tu mejoría -

- Pequeña en serio, debo seguir mi camino, ya es tiempo-

- No Albert aún no estás bien, o puedes irte con nosotros a Nueva York, pero no dejaré que te vayas solo a ningún lado, aún no estás recuperado... - estoy muy preocupada.

- Te prometo que lo pensaré, ¿está bien? -asiento con la cabeza.

Albert se acerca a la ventana y mira el auto de los Ardley, George está afuera mirando su reloj. De repente se toca la cabeza y se queja.

- ¿Albert estás bien?- me acerco a él.

- Sí Candy, solo me maree un poco-

- Siéntate te revisaré- saco mis instrumentos de enfermería, mientras le pido a Terry que traiga un vaso de agua.

Lo reviso y todo está bien.

- Candy me está pasando cada vez más seguido, veo muchas imágenes en mi cabeza, pero aún no logro relacionarlas -

- Está bien Albert es normal, ya pronto podrás recordar - le respondo sonriéndole aunque en realidad sí estoy preocupada.

- Albert te trajimos un traje para que nos acompañes hoy a la fiesta -

- Gracias chicos, en serio, pero se están tomando muchas molestias por mi y no quiero ser una carga -

- Nada de eso Albert, te necesitamos con nosotros hoy, por favor -

- Está bien, solo que llegaré un poco tarde, después del turno en el restaurante-

Nos despedimos y nos dirigimos a la mansión de Chicago.

- Señor Grandchester estamos muy agradecidos con su padre por la ayuda que nos ha dado para encontrar al Señor William - Terry asiente pero no comenta nada.

- George ¿ y qué averiguaron?-

- Al parecer está vivo y fue traído a América hace unos meses, pero su paradero aún es incierto -

- George dime ¿cómo es él físicamente? -

George suspira, levanta la vista y me mira directamente por el retrovisor.

Continuará...