Capítulo 16
Hinata se estremeció con nerviosismo mientras seguía a Naruto hacia la sala de transporte. Llegaron a Bijuu hace un par de horas. Naruto había estado ocupado con los arreglos finales a bordo antes de llegar al camarote a buscarla.
Hinata llevaba los pantalones vaqueros y la camiseta que tenía puestos cuando había estado en la Tierra. Necesitaba algo familiar para ayudarla a lidiar con todos estos cambios.
—Así que, ¿cómo funciona esta cosa? ¿Todas las partes de mi cuerpo van a estar en el mismo lugar después de que nos borren? ¿Qué hace este botón? ¿Por qué está parpadeando solo uno? Hombre, me encantaría tener este cachorro destripado y ver que es lo que lo hace funcionar.
Hinata oyó la voz de Hanabi yendo a mil por hora.
Hinata se rió cuando vió a Hanabi moviéndose como un colibrí alrededor y alrededor de la consola que sostenía los controles del transportador, una Simbiosis iba siguiéndola mientras Konohamaru se movía de un lado a otro tratando de capturarla.
Cada vez que iba a acercarse a ella, o bien Hanabi había girado en el último momento justo fuera del alcance de sus brazos o la Simbiosis se metía entre ambos.
Sakura estaba de pie al otro lado con una mirada pétrea en su rostro, la Simbiosis de Sasuke instalada a sus pies con Sasuke enviando oscuras miradas hacia ella de vez en cuando.
Ino y Temari estaban al otro lado con dos guardias mirando a ambas con miradas lujuriosas. Temari les enseñó los dientes a los guardias, haciendo que los dos dieran un paso atrás.
Hinata tocó el brazo de Naruto suavemente.
—No sabía que habías traído a las otras mujeres aquí.— susurró Hinata.
Naruto sonrió a la cara de sorpresa de Hinata.
—Me temo que no he estado cuidando bien de ti como debería haberlo hecho. Te he mantenido para mí mismo estas últimas dos semanas. Fue necesario traerlas. Habían visto demasiado. Además, la hembra llamada Temari había sido herida muy severamente como para dejarla atrás.
No añadió cómo esperaba que tener otras de su especie estando aquí la ayudaría a adaptarse.
—Pero...
Hinata miró a las otras mujeres, vacilante.
—¿Ellas querían venir? ¿Qué pasa si quieren volver a casa?
—Esta es su casa ahora, Hinata. No pueden regresar.— respondió Naruto con severidad.
No quería que pensara que si las otras querían regresar a la Tierra también ella podría.
—Pero…
Hinata empezó a discutir, deteniéndose ante la oscura mirada que le dio Naruto.
—Se adaptarán, igual que lo harás tú.— dijo Naruto antes de alejarse.
Asintió con la cabeza hacia Sasuke y Konohamaru para demostrar que estaba listo para el transporte. Tomando el brazo de Hinata, la guió hacia uno de los módulos del transportador sosteniéndola firmemente mientras las luces comenzaron a moverse alrededor de ellos.
En cuestión de unos momentos, estaban en Bijuu, en la sala de transporte de la base principal. Varios guardias aparecieron inclinándose ante Naruto mientras él tiraba de Hinata a través de la habitación.
Hinata miró alrededor de la elaborada habitación a la que había sido guiada antes de que Naruto la besara, prometiendo volver más tarde.
Él le dijo que ordenó algunas ropas para ella y además en breve vendría una costurera para ajustárselas.
Hinata se mordió la lengua tratando de no ceder a la ira creciendo dentro de ella. Se estaba cansando de la actitud prepotente de Naruto dando órdenes a su alrededor. Ella iba y venía abriendo y cerrando sus puños. Cuanto más se paseaba, más furiosa se ponía.
¿Cómo se atreve a traer a las otras mujeres aquí?
¿No entiende cómo se siente perder todo lo que conociste? ¿No le importa si tienen familias que se preocupan y las extrañan?
Ella era la única responsable de que Hanabi, Sakura, Ino y Temari estuvieran aquí. Fue su culpa. Si no las hubiera invitado a su casa, habrían estado a salvo. Hinata envolvió sus brazos alrededor de su cintura.
Tenía que hablar con ellas. Ver si estaban felices. Y si no era así, tenía que encontrar una manera de hablar con Naruto para que las regresara a la Tierra.
Tenía que escucharla. Estaba muy cansada de escucharle diciéndole que se adaptaría. ¿Cómo podía saberlo? Él no era quien fue arrancado de todo lo que conocía. Él no era quien tenía que confiar en otra persona para su propia existencia.
Hinata estaba tan molesta, que ni siquiera se dio cuenta de las pequeñas escamas apareciendo arriba y abajo de sus brazos. Hinata se pasó las manos arriba y abajo de los brazos al sentir crecer el cosquilleo debajo de su piel.
Avanzando hacia las abiertas puertas dobles que daban al balcón, contempló el terreno montañoso que se elevaba sobre la ciudad de abajo. Sus ojos se dirigieron a un disturbio por debajo de ella.
Una pequeña figura estaba corriendo a través de la extensión de hierba púrpura muy por debajo, cuando de repente una enorme criatura de oro, parecida a un águila, se abalanzó y la recogió.
Hinata no pudo contener el jadeo escapando mientras se tapaba la boca con una mano tratando de seguir a la enorme criatura, mientras llegaba más alto y más cerca de su balcón. Se echó hacia atrás al ver que aquella enorme águila estaba haciendo un camino recto hacia ella.
Los ojos de Hinata se hicieron aún más grandes al darse cuenta de que la pequeña figura era, de hecho, Hanabi, quien se encontraba en el proceso de gritar insultos contra aquel macho, muy enfadado, que estaba sacudiendo su puño hacia ella.
Hinata dio un pequeño chillido mientras saltaba hacia un lado mientras la enorme águila llegó hasta el balcón, balanceándose cuando arrojó suavemente la pequeña forma de Hanabi en la estrecha área.
—¡Hola!— Hanabi sonrió a Hinata.
—¡Hola!— respondió Hinata, sorprendida al ver a Hanabi sonriendo con una traviesa 'sonrisa Cheshire' —¿Qué diablos está pasando?
Hanabi miró por encima del borde del balcón y con una risa disparó un gesto (utilizando su dedo medio) a la figura que seguía gritando debajo de ella. Del rugido de respuesta, el gesto había sido comprendido.
—Simplemente teniendo un poco de diversión.— respondió Hanabi alegremente.
Hinata se inclinó sobre el borde viendo como la figura debajo luchaba con otras dos figuras que trataban de detenerle.
—¿Piensas que es prudente provocarle de esa manera?
Hanabi se limitó a sonreír, sin apartar los ojos de la lucha de abajo.
—Le hace bien. Ya sabes, él es el único hombre que he conocido al que no he sido capaz de ahuyentar.
Su mirada se suavizó mientras le veía liberarse.
Hinata observó las emociones fluyendo a través de la cara de Hanabi.
—Te gusta, ¿verdad?
Hanabi la miró sobresaltada.
—¿Se nota? Me gusta estar aquí. Sólo he estado aquí unas cuantas horas, pero nunca me he sentido tan libre, tan... bien.
Hinata observó como una mirada reflexiva pasaba a través de los ojos de Hanabi
—¿Cómo sabes que serás feliz aquí?— preguntó Hinata suavemente.
Hanabi miró hacia abajo mientras Konohamaru se convertía en un dragón. Una enorme sonrisa se extendió por su cara justo antes de que ella dejara escapar un fuerte silbido.
Subiéndose a la barandilla del balcón, Hanabi miró a Hinata antes de saltar en la parte posterior de la enorme águila de oro
—No sé, pero estoy dispuesta a intentarlo. Nunca me he sentido de esta manera antes y no pienso dejarlo ir, sin una lucha... o dos.— dijo antes de que la enorme criatura se separara con un gran barrido de sus alas. —Te veré más tarde en la cena.— gritó Hanabi antes de que el pájaro volara en picado apenas desapareciendo del dragón subiendo por debajo de ella.
Hinata sacudió la cabeza riendo cuando el dragón soltó un rugido de indignación, ya que torció en el último minuto en un esfuerzo para no chocar con la enorme masa del ave con una diminuta humana riéndose a carcajadas, aferrándose a su parte posterior.
El resto de la tarde pasó volando. La costurera vino con una legión de ayudantes portando rollos de telas. Ella midió a Hinata, chasqueando la lengua mientras murmuraba en voz baja. Le llevó a Hinata un tiempo para convencer a la costurera de que creara no sólo los vestidos que Naruto le pidió, sino también pantalones, camisas, y una variedad de ropa interior.
Hinata tuvo finalmente que amenazar con no usar ninguna de las prendas que se hicieran si la orden no incluía bragas y sujetadores. Hinata aprendió rápidamente que tales elementos no eran comunes en la vestimenta Bijuu.
Hinata estaba feliz de escuchar que la costurera también había visitado a las otras mujeres (excluyendo a Hanabi que todavía estaba en libertad) y ya se había ordenado ropa para ellas. Poco después de que la costurera saliera, un joven apareció en la puerta de Hinata.
—Sí.— preguntó Hinata sintiendo pena por el joven guerrero cuando tragó con nerviosismo.
—Mi Lady…— comenzó el joven guerrero —Lord Naruto pensó que le gustaría la compañía de algunas de las otras mujeres que la han acompañado a nuestro mundo. Me pidió que las traiga con usted, si es aceptable.— terminó con un tartamudeo.
Un brillante rubor cubrió su rostro mientras trataba de retirar su mirada de la marca del dragón en el cuello de Hinata.
Hinata sonrió de repente, sintiéndose una anciana de veintidós años de edad.
—Me encantaría tener compañía. Por favor tráelas inmediatamente. Oh, ¿puedes además tener un refrigerio?—dijo Hinata mientras le observaba tragar y volverse aún más rojo.
—Sí, mi Lady.
La voz del joven guerrero chilló al ver los hoyuelos aparecer en las mejillas de Hinata mientras sonreía. Se volvió, casi tropezando con sus propios pies mientras corría por el pasillo.
Hinata sacudió la cabeza antes de cerrar la puerta.
Estaba muy confundida. Había estado muy molesta antes, sintiéndose culpable por ser la responsable de que las otras mujeres estuvieran aquí y, sin embargo, Hanabi estaba muy excitada.
No sé, pero estoy dispuesta a intentarlo. Nunca me he sentido de esta manera antes y no pienso dejarlo ir, sin una lucha... o dos.
Las palabras de Hanabi hicieron eco a través de Hinata al recordar la mirada de esperanza y determinación en los ojos de Hanabi al volar fuera. Perdida en sus pensamientos, Hinata se sacudió cuando un fuerte golpe sonó en la enorme puerta de madera arrastrándola de vuelta.
La risa sonaba mientras dos de las cuatro nuevas amigas y compañeras terrícolas de Hinata entraron en la habitación.
—¿Has visto el material y algunos de los trajes que esas mujeres compraron?— estaba diciendo Sakura.
Junto a ella había una Simbiosis de Sasuke, en forma de un enorme perro, siguiéndola tan cerca que le rozaba la pierna.
—Sé que voy a lucir bien esta noche en esa creación verde. ¡Los hombres no sabrán lo que les golpeó!— estaba diciendo Ino.
—Ey, Hinata.
Sakura e Ino la llamaron juntas. Ambas miraron alrededor de la extravagante habitación decorada con curiosidad.
—Wow, ¿puedes superar el tamaño de este lugar?— preguntó Ino mientras se movía a un lado para dejar pasar una joven criada que transportaba una bandeja llena de refrigerios.
Hinata se acercó hasta la mesa baja e hizo espacio para la bandeja, agradeciéndoselo tranquilamente a la joven, que se inclinó rápidamente y se fue, cerrando la puerta detrás de ella.
—Hola. Venid a sentaros y tomad un refresco.— dijo Hinata mientras vertía tres tazas de té, antes acomodarse en una suave silla acolchada cerca de la ventana. —¿No está Temari con vosotras?
Ino dejó escapar un profundo suspiro antes de sacudir la cabeza.
—No. Temari... está siendo Temari.
El largo pelo de Hinata cubría su hombro y bajaba hacia un lado, mientras ponía sus largas piernas debajo de ella.
—¿Qué significa eso?
Sakura tomó otra silla mientras Ino se dejaba caer en el sofá frente a Hinata.
— Temari tiene problemas.— dijo Sakura.
Ino contempló tristemente por la ventana por un momento antes de contestar.
—No tanto como problemas, sino más bien mucho dolor.
Ino tomó un sorbo de su té antes de continuar.
—Perdió a su marido hace tres años y nunca se ha recuperado de ello.
—¿Crees que estar aquí está haciéndolo más difícil para ella?— preguntó Hinata en voz baja.
Otra vez sintió la culpa levantarse en su interior. Tanto Ino como Sakura agitaron sus cabezas. Ino miró a Hinata por un largo momento antes de responder:
—Creo que estar aquí fue la mejor cosa que le ha pasado a Temari. Aquí no puede huir, al menos no como lo ha venido haciendo. Estaba buscando una forma de morir para estar con Scott de nuevo. Aquí no puede hacer eso.
Sakura sonrió maliciosamente.
—No creo que Shikamaru vaya a dejar que siga huyendo nunca más.
—¿Quién es Shikamaru?— preguntó Hinata mirando de una a otra, cuando Ino frunció el ceño a Sakura.
— Shikamaru es un aterrador hijo de puta...— comenzó Ino.
—Quien está caliente por Temari y es probablemente el único que puede romper el muro que ella ha construido.— terminó Sakura con brusquedad.
Ino miró a Sakura por un minuto antes de dejar escapar un suspiro.
—Tienes razón, por supuesto. Temari nunca lo habría dejado acercarse, mientras estábamos en la Tierra. No sé si este tipo Shikamaru sea el único para ella, pero estoy de acuerdo que se veía enormemente interesado cuando la vió por primera vez.
—Así que…— preguntó Sakura mirando a Hinata, — ¿Sabes de lo que trata la cena de esta noche? Y, ¿alguien ha visto a Hanabi?
Hinata se rió mientras les explicaba lo que sucedió antes con Hanabi. Parecía haber pasado hace quince minutos, Konohamaru todavía estaba tratando de atrapar a su pequeña libélula ágil.
—En cuanto a la cena de esta noche, no lo sé. Naruto ha sido muy silencioso sobre ello.
Las tres mujeres se visitaron durante la siguiente hora antes de que Sakura e Ino se excusaran de tener que ir a ponerse 'hermosas' para la noche.
Hinata pensó de nuevo en esa tarde y tenía que admitir que se sentía mucho mejor de lo que había estado en semanas.
Hundiéndose en el agua perfumada de la bañera, Hinata se dio cuenta de que su vida en la Tierra parecía más un sueño que una realidad.
Todavía no había visto mucho del mundo de Naruto, pero ese pequeño vistazo le había hecho darse cuenta de que era un lugar muy hermoso y tal vez, solo tal vez, ella podría ser feliz aquí.
Continuará...
