- ¿Qué es lo que no entiendes? –
- ¡Que si lo entiendo pero no me parece justo! –
Hisagi bufa, baja sus manos sobre el escritorio de su oficina y busca un papel vacío, opta por una vieja forma de ingreso al periódico que quedó a medio hacer antes de que el interesado se arrepintiera, voltea la hoja mostrando una de las secciones no llenas y alcanza una pluma que moja con tinta. Soi Fon mira esto con detenimiento pero, cuando él se inclina sobre el papel para comenzar su dibujo explicativo, termina por golpear el escritorio con todas sus fuerzas.
- ¡No necesito que me hagas un dibujo! ¡Ya sé cómo funciona! –
- De todas formas déjame que haga el dibujo –
Y antes de poder siquiera apoyar la punta de la pluma ella se la arrebata y la vuelve a poner en su lugar, como acto segundo hace un bollo con la forma y la avienta cerca pero no dentro del pequeño tarro donde va la basura. El pobre teniente apenas sigue en posición para escribir después de todo esto, lo ha hecho a una velocidad digna de su posición.
Soi Fon se cruza de brazos y se reclina en su silla, bufando también.
- Eres adorable cuando te enojas –
Y eso hace que vuelva a abalanzarse sobre la mesa, apuntándole con uno de sus delgados dedos de manera amenazante.
- Dime por qué no –
- ¡Pues porque no! Si tú te pones detrás mío cuando estamos echados parecerás como un mono colgándose de la espalda de su padre ¿Eso quieres? –
- ¡Suena como que tienes mucha experiencia con mujeres! ¡¿Es eso?! –
- De hecho, sí –
- ¡Entonces te muestro que no soy igual a ninguna de ellas! –
Hisagi pasa una mano sobre su cabello peinándolo hacia atrás, realmente llevan con el tema de "quien debe estar del lado de afuera" desde hace más minutos de los que deberían, decide ceder.
- De acuerdo –
Esa mañana fue una victoria para Soi Fon, finalmente consiguiendo ser la "cuchara grande" la próxima vez que estén en algún lugar durmiendo juntos, ambos recordaron la promesa y no tardaron en hacer el experimento, abrazados finalmente en un momento de paz solo para que él comience a reír en voz baja cuando ella falló siquiera en rodearlo con sus brazos por el pecho.
Fue muy incómodo y, por una vez, la poderosa y terca Soi Fon tuvo que admitir que estaba equivocada.
Esa fue conocida como la "batalla de las cucharas", una célebre victoria para Shuhei Hisagi en la guerra que son las caricias que comparten.
