Stiles no se desmayó, pero Jack tampoco le destripó. Ni siquiera le golpeó de nuevo contra la pared. Y por supuesto, tampoco intentó violarle de nuevo.

Porque de pronto la puerta de la habitación se abrió de golpe.

Y entraron dos hombres que, si el cerebro de Stiles no estaba jugando con él, eran David y Derek.

Y antes de que hubiera parpadeado una vez, Derek ya le había quitado a Jack de encima, tirándole al suelo, y le estaba golpeando con todas sus fuerzas.

Cuando Stiles quiso colocarse en condiciones para ver lo que estaba ocurriendo, sintió que David le ayudaba a sentarse en el suelo. Intentó zafarse de él, pero sólo consiguió soltar un gruñido de dolor al mover el brazo un milímetro, y un nuevo espasmo de dolor le dejó paralizado.

A menos de dos metros de distancia Derek estaba agachado, golpeando a un Jack tirado en el suelo, como si fuera un pelele. Al principio Jack intentó defenderse, aunque sólo fuera levantando los brazos y usándolos como escudo protector. Pero todo fue inútil cuando los puños del hombre golpearon con rabia, rompiéndole el cúbito como si fuera paja en vez de hueso. Y una vez que desapareció esa minúscula defensa, no le concedió tregua.

Golpeó su rostro con rabia, marcando los nudillos a fuego en la piel del hombre lobo. Y cuando la carne se abrió como si fuera mantequilla, la mandíbula y pómulos fue lo siguiente.

Pero Derek no paró ahí. Ni siquiera cuando era más que evidente que Jack estaba inconsciente, y que ya no había un sólo hueso de su rostro que no hubiera quebrado.

Tuvo que ser David quien le parara.

Alejándose de un Stiles que todavía no era muy consciente de lo que estaba ocurriendo, se arrodillo al lado del hombre. Le sujetó de los hombros con fuerza, pidiéndole que parara, y teniendo que usar toda su fuerza para evitar que siguiera golpeando.

- Derek, es suficiente – alzó la voz, pero sin llegar a ser un grito.

Y estaba claro que aquello no sería suficiente. Derek no aminoró los golpes, sino que dio un par más, esta vez en el costado del hombre. Y cuando oyó el sonido de una costilla rompiéndose, sonrió como un maniaco.

- ¡Derek!

El grito del Alfa retumbó en la habitación.

Confuso, Derek apartó por fin la vista del hombre inconsciente, y la dirigió hacia el castaño.

Los ojos de David brillaron con un leve tono rojizo, apenas transformado. Pero en cuanto vio que Derek por fin le hacía caso, el iris recuperó su tradicional tono azul intenso. Y apenas volvió a ser un humano cien por cien, dirigió la mirada hacia el chico que seguía agazapado en la pared, quejándose de dolor.

Derek no lo pensó.

Corrió hacia Stiles, arrodillándose a su lado y sujetándole la cara con ambas manos, para poder mirarle bien a los ojos.

Pero apenas le tocó, Stiles soltó un aullido de dolor.

- Qué te ha hecho – susurró Derek, mirándole con verdadera preocupación. Su voz era increíblemente suave en contraste con la rabia que había desprendido hasta hacía un segundo.

Stiles no respondió. Cerró los ojos en gesto de dolor, y trató de alejarse del hombre. Que dejara de moverle, consiguiendo que todo su cuerpo protestara un poco más.

Pero eso no era lo que Derek quería.

- Derek. Su brazo.

El hombre siguió la indicación del Alfa, y descubrió horrorizado el brazo derecho de Stiles, torcido en un ángulo imposible.

- Joder – gimió sólo de imaginarse el dolor que tendría que estas sintiendo - Lo siento, lo siento – susurró cuando movió el brazo con cuidado, tratando de tener una imagen más clara del daño producido.

- La rotura es limpia – comentó David, utilizando su visión de Alfa para ver a través de la piel – Pero hay que colocar el hueso antes de que entre en shock.

- Stiles – susurró Derek enseguida – Stiles… Tenemos que colocar el hueso… Te dolerá…

- No… No… - miró al hombre inconsciente en el suelo, y luego a Derek – Quiero irme… Tengo que irme.

- Ni siquiera puedes moverte así… - se dirigió luego a David – Sujétale.

El Alfa obedeció. Sujetó con fuerza los hombros de Stiles, y en seguida empezó a retorcerse de nuevo, sollozando por lo bajo.

Pero un segundo después, Derek torció el brazo para que el hueso volviera a su posición inicial.

Y el grito que soltó Stiles logró que se le pusiera la piel de gallina.

Derek se obligó a no pensar. Dejando que David le siguiera sujetando, colocó ambas manos sobre el rostro del chico.

- Mírame – susurró, apretando las mejillas – Stiles mírame.

Cuando por fin lo hizo, aunque no llegara a enfocar del todo, los ojos azules de Derek brillaron en la oscuridad parcial de la habitación. Fue verlos y recordar ese mismo brillo procedente de Jack, y trató una vez más de zafarse de los dos hombres que le tenían preso.

- No. Stiles, soy yo – susurró de nuevo, apartando una mano de la mejilla, para colocarla sobre el brazo roto – Soy yo.

Y antes de que nadie dijera nada más, Stiles sintió algo extraño.

Sintió una especie de lazo invisible que conectaba su cuerpo con el del hombre, a través de la mano que descansaba sobre su brazo herido. Y aunque sintió una punzada de dolor en cuanto tocó la piel, en seguida el dolor empezó a remitir. Justo al mismo tiempo que líneas negras se formaban en la mano de Derek, llevándose con ellas el dolor de su cuerpo.

- Eso es – oyó a Derek susurrar de nuevo, acariciando con ternura su mejilla – No tengas miedo. En seguida acabará el dolor.

Stiles volvió a soltar un gemido. Aunque en esta ocasión no fue debido al dolor, sino a lo extraño de la sensación que le estaba dejando la curación del Beta.

Nunca había experimentado algo así. Pero se parecía mucho a cuando sufría ataques de pánico y los calmantes que tomaba luego le dejaban medio drogado.

- Para ya – oyó la voz de David detrás de él, soltando su agarre ahora que sabía que no iba a escapar – Recuerda que es sólo un humano. Los efectos en él son mucho más potentes.

Derek alejó su mano, soltando un gruñido de protesta, pero en seguida se centró en lo importante. Corrió hacia el baño, y al segundo trajo una toalla enorme, que comenzó a hacer tiras usando sus garras. Y cuando tuvo unas cuantas del mismo tamaño, cogió la gruesa carpeta de plástico que había en el escritorio de la habitación. Tiró la publicidad que había dentro, cortó un trozo del tamaño idóneo, y lo utilizó como soporte sobre el que apoyar el brazo herido. Una vez lo tuvo medianamente estable, empezó a colocar las tiras de tela sobre el brazo roto, inmovilizándolo del mejor modo posible.

- Hay que llevarte al hospital.

- No… No puedo – la voz de Stiles sonaba apagada. Como si le costara pronunciar cada palabra - Llamarán a mi padre. No quiero que se preocupe.

- Tienes el brazo roto. Hay que ponerte una escayola.

- Lo haré en el hospital de Beacon Hills.

- Stiles. No puedes coger un avión en este estado – se fijó entonces en la maleta que descansaba sobre la cama – ¿Tenían pensado irte ya?

El chico no respondió. Bajó la vista, sintiendo cómo las mejillas se le encendían, y de nuevo trató de ponerse en pie. Pero apenas hubo colocado los dos pies en el suelo, sintió que todo le daba vueltas.

Apoyándose con el brazo sano en la pared para no perder el equilibrio, agachó la cabeza y comenzó a vomitar.

Al segundo siguiente ya tenía la papelera debajo de él, mientras que Derek le ayudaba a ponerse de rodillas para mitigar en lo posible la sensación de mareo.

De nuevo perdió la noción del tiempo. Podían haber pasado segundos u horas enteras. Sólo fue consciente de que, al cabo de un rato, su estómago estaba completamente vacío… y que Derek estaba mojando su nuca con una toalla húmeda.

Trató de apartarse de él.

Lo último que quería era que Derek hiciera de enfermero para él, cuando estaba claro que era al que menos gracia le hacía estar allí.

Pero, de nuevo, ni siquiera pudo protestar.

- Creo que tienes una contusión – murmuró el Beta al tiempo que posaba una mano sobre la cabeza. Justo donde había golpeado la pared – Hay sangre, pero parece que ya ha parado – añadió con voz grave, al tiempo que volvía a expulsar el dolor a través de su mano.

De nuevo, Stiles tuvo la sensación de que le metían un chute de los calmantes más potentes. Necesitó la ayuda de Derek para sentarse en el suelo, una vez comprendieron que ya no tenía nada más que expulsar.

Esta vez se sintió mucho mejor. La sensación de mareo y las náuseas habían desaparecido, y ya podía enfocar. Sin embargo, no tuvo fuerzas para pedirle a Derek que apartara la toalla húmeda con la que ahora le estaba mojando el cuello. Y tras varios segundos aceptó que la sensación era agradable, con lo que no pasaba nada si seguía un poco más.

- Qué te hizo – preguntó de golpe Derek, y Stiles odió que siguiera teniendo tan poco tacto como siempre. Pero cuando le miró con cara de odio, el hombre no mostró el menor de los remordimientos – Tengo que saberlo. Si te ha hecho algo, tengo que llevarte al hospital.

- Estoy bien – murmuró con cansancio.

- Llegó a violarte.

- Derek – le recriminó David desde el otro extremo de la habitación. Y sólo entonces Stiles se dio cuenta de que el Alfa estaba sentado en la cama, jugueteando con el frasco de acónito que había caído al suelo. A sus pies estaba el atacante, inconsciente.

- No hay tiempo para sutilezas – fue la única respuesta del Beta, antes de centrarse de nuevo en el chico – Dímelo.

Stiles negó, siendo incapaz de pronunciar una palabra. Ahora que el dolor del brazo había disminuido considerablemente, y que ya no sentía que le iba a estallar la cabeza, empezaba a ser consciente de lo que había ocurrido hacía menos de media hora. A ser consciente de lo que podría haber ocurrido.

Empezó a temblar de pies a cabeza.

Jack podría haberle violado. En cierto modo lo hizo. Y él había estado totalmente indefenso.

- Me obligó a abrir la boca y… - su voz sonaba tan rota y grave, que ni siquiera podía reconocerla como propia – No podía respirar… Tuve que morderle.

- Te defendiste bien – le apremió Derek, colocando una cálida mano sobre su mejilla – Te hizo algo más.

Stiles negó, bajando en seguida la vista y alejando el rostro de la mano de Derek.

Por muchas ganas que tuviera de sentirle, no podía hacerlo. Parte de él se sentía sucio pese a saber que él no había hecho nada malo. Y una minúscula parte de su cerebro, le recordaba que Derek era la misma persona que hacía una hora le había llamado crío estúpido que se cree mejor que el resto pero al que nadie soporta. Y por ello no tenía ningún derecho a comportarse ahora como el jodido héroe.

Aunque fuese justo eso lo que había sido.

- Voy a llevarme a Jack al refugio – comentó entonces David.

- Me quedaré con Stiles.

- No hace falta – protestó Stiles. Si bien su voz no sonó como una protesta, sino como un quejido lastimero.

- Sí que hace falta – respondió tajante Derek - No te llevaré al hospital si no quieres. Pero cuando te encuentres mejor iras al médico del refugio, para que te ponga una escayola – vio que el chico iba a decir algo, pero no lo permitió - No es discutible.

- Avisaré a la doctora para que se pase por aquí - añadió David - Será más cómodo.

- No hace falta – repitió Stiles, si acaso con una voz más lastimera que la de antes.

- Qué vas a hacer con él – preguntó entonces Derek, mirando con asco al hombre inconsciente.

- De entrada, alejarle de ti. No quiero que te de otro ataque y le arranques la cabeza… Por muy deplorable que haya sido lo que ha hecho, nos regimos por unas normas.

- ¿Vas a dejar que se vaya sin más?

- Claro que no. Voy a encerrarle hasta que decidamos cuál es su castigo – David se cargó a Jack al hombro, como si no pesara nada, y se dirigió a la puerta - Pero olvídate de eso de momento. Ahora ocúpate de él.

- No necesito que nadie se ocupe de mí.

- De acuerdo – respondió sin hacer caso a Stiles.

David se marchó sin decir nada más. Por un instante se quedó mirando a Stiles, como queriendo pedirle disculpas por lo que había ocurrido. Pero al final lo dejó estar. No era el mejor momento con el chico aún conmocionado por lo ocurrido. Ya habría ocasión de ello mañana, cuando hubiera descansado y estuviera recuperado.

Apenas se cerró la puerta, Stiles tuvo la sensación de que estaba dentro de su pesadilla más humillante: esa en la que despertaba en el pasillo del instituto, completamente desnudo.

Porque si ahora mismo no estaba en el momento más incómodo de toda su vida, no sabía que podría serlo.

Allí estaba: Tirado en el suelo de la habitación del hotel, manchado con su propio vómito y medio drogado por la curación que Derek le había hecho. El mismo tipo que hacía una hora le había dejado claro que preferiría bañarse en acónito, antes que verle un segundo más.

Pero estaba claro que la incomodidad no era algo recíproco en este caso. O, tal vez, que Derek disimulaba mejor.

Porque aún no habían pasado dos segundos, cuando el hombre le levantó en brazos como si no pesara nada, y le tumbó en la cama antes de tirar la maleta al suelo. Y apenas tuvo espacio para maniobrar, empezó a quitarle los zapatos.

- Estarás más cómodo así – explicó mientras le descalzaba.

Stiles no dijo nada. Ni siquiera pudo mirarle.

Tenía unas ganas locas de gritarle, aunque estaba demasiado cansado para hacerlo.

Sin embargo, cuando Derek colocó los zapatos en el suelo con cuidado, se encontró con que lo que más deseaba era echarse a llorar.

Echarse a llorar, y esconderse debajo de la cama durante un año.

Porque no quería estar allí.

No era nada justo que estuviera allí. Siendo tratado con tanto cariño por el mismo hombre que le despreciaba tanto.

Era como ser testigo de algo que jamás tendría la fortuna de presenciar: al Derek atento, cariñoso y bueno que de seguro era con la gente a la que quería. Gente que le importaba… Gente que no era Stiles.

Y sí. Puede que lo estuviera haciendo ahora. Puede que estuviera recibiendo el "especial de Hale"; pero no por los motivos adecuados. No porque realmente quisiera estar allí. Sino porque sabía que Stiles estaba así por culpa de un estúpido degenerado como Jack… Y eso, en el mundo de los mártires en el que Derek vivía, era sinónimo de que se sentía culpable por lo que le había ocurrido.

El nudo que sintió en el estómago, fue el más amargo de los que jamás había saboreado.

Habría dado lo que fuera porque otro motivo les hubiera llevado a estar donde estaban ahora. Con él tumbado en la cama y Derek a su lado, colocándole los cojines tras la espalda para que estuviera más cómodo. Acariciando de vez en cuando su brazo para quitarle el dolor, cada vez que una mínima molestia le hacía torcer el gesto. Mojando su frente y cuello con la toalla húmeda, tratando de calmar el desasosiego que todavía sentía.

Y todo en el más absoluto silencio. Como si no hicieran falta palabras.

Stiles no podía respirar, sobrecogido por el momento.

- No volverá a hacerte daño.

El chico levantó el rostro del colchón, donde lo había refugiado, para mirar a la cara a Derek. Los ojos del hombre estaban muy abiertos. Y en ellos se escondía una mirada triste.

Stiles tragó con dificultad. Estaba claro que Derek creía que tenía miedo. Pero no se veía con ganas para contradecirle. Sobre todo porque no tenía fuerzas (jamás las tendría) para decirle que el verdadero motivo de su malestar, era porque le estaba rompiendo el corazón saber que jamás podría estar así con él.

Por ello, al final optó por simplemente asentir, y dejar que Derek creyera lo que quisiera.

- Te defendiste bien – comentó Derek de pronto.

Y Stiles le miró un tanto extrañado. Era como si el hombre no quisiera que hubiera silencio. Incluso hasta el punto de forzarle a ser él quien iniciara la conversación.

El chico se apiadó de él y trató de hablar.

Pese a que era lo último que quería hacer.

- Me pilló por sorpresa… Intenté atacar con el acónito que tenía guardado, pero no se rompió el frasco.

- Es mejor que lo guardes en bolsas de tela.

Stiles asintió.

- Cómo supisteis que estaba aquí.

Derek apretó la mandíbula antes de responderle. Y de reojo Stiles pudo ver que apretaba los puños con fuerza.

- Después de marcharte volví a la azotea. Y al cabo de unos minutos Mark me contó el encontronazo que habías tenido con Jack. Le busqué para pedir explicaciones, pero no lo encontré por ningún lado. Aunque sí que capté su olor… Y llegaba hasta la entrada del edificio, justo donde yo te había dejado.

Stiles volvió a asentir.

- ¿Te has metido en algún lío por atacarle? – preguntó.

- Por qué piensas eso.

- Porque le has destrozado y… Él es uno de los vuestros.

- No toleramos ese comportamiento. Da igual que sea uno de nosotros.

- Pero yo no lo soy…

La expresión de sorpresa de Derek habría resultado cómica, si no fuera porque era asquerosamente triste.

El hombre se le quedó mirando unos segundos, planteándose qué responder, pero no hubo tiempo para ello. Llamaron entonces a la puerta, y Derek se apresuró a abrirla.

Entró una mujer menuda, de rasgos asiáticos, cargada con un pesado maletín.

- Gracias por venir tan pronto – dijo Derek a modo de saludo, haciéndose a un lado para dejarla pasar.

La mujer, que rondaría los 40, sonrió con mesura antes de acercarse a la cama. Sin decir nada, colocó el maletín sobre la colcha, y empezó a sacar vendas que fue dejando sobre las sábanas.

- Te llamas Stiles, ¿verdad? – preguntó. Su voz era increíblemente suave.

- Sí…

- Yo soy Mizuki. Vengo a curarte ese brazo – no le dio tiempo a responder al chico, aunque tampoco había mucho más que decir – Vamos a tener que quitarte la chaqueta y la camisa – comentó, dirigiéndose a Derek.

Derek se sentó en el borde de la cama, y ayudó a incorporarse a Stiles.

- Iré con cuidado. Pero si te duele mucho, tendré que rajarla para poder quitártela.

Stiles asintió, tragando con dificultad.

Primero quitaron la chaqueta, sacando la manga del brazo izquierdo, y luego el derecho. Derek colocó una de sus grandes manos en el pecho de Stiles, tratando que no se moviera mucho, y ambos soltaron un suspiro cuando la prenda estuvo fuera.

Ahora venía lo complicado.

Mizuki le sujeto el brazo derecho, apenas tocando la piel, y rompió las tiras de la toalla que lo habían mantenido sujeto, quitando la improvisada tablilla. Pero antes de que sintiera ningún dolor, Derek ya había colocado una mano sobre su nuca, y le estaba dando otra dosis de morfina sobrenatural.

Medio mareado, aguantó la respiración mientras los dos hombres lobo terminaban de quitarle la camisa. Lo hicieron con movimientos lentos y precisos, apenas dejando que el brazo herido se moviera unos milímetros.

Pero Stiles mentiría si dijera que lo único que en esos momentos sentía, era la mano de Derek sobre su nuca, acariciando su cuello mucho después de que le hubiera calmado el dolor.

- Lo has hecho muy bien, Stiles – le apremió la mujer.

Entonces se puso manos a la obra.

Entró en el baño adyacente, y salió medio minuto después con un cuenco de metal lleno de agua caliente. Colocó el cuenco en el suelo, y cogió con cuidado el brazo del chico, que Derek había mantenido en alto para que no que moviera. A su lado ya estaban colocadas las tiras de lino impregnado en yeso.

Por su parte, Stiles se dejó apoyar en el cuerpo de Derek, al no haberse apartado el hombre un milímetro de él. Se sentía flotando en una nube, y le sorprendía que aún no se hubiera quedado dormido.

- No lo entiendo – musitó de pronto el adolescente, los ojos medio cerrados – Cómo es posible que existan médicos hombres lobo – preguntó a la mujer – No os hacen falta.

La mujer sonrió pero no respondió. Sumergió una tira en el agua, dejando que se empapara bien, y al cabo de unos segundos comenzó a colocarla sobre el brazo de Stiles.

- No es médico exactamente – explicó Derek.

- Y entonces qué es.

- Es la veterinaria – sonrió, pese a que sabía que Stiles no podía verle.

Hubo un tenso silencio de un par de segundos.

- Lo has hecho para vengarte de las veces en que Deaton te curó, ¿verdad? – preguntó con modorra el chico. Pero no parecía molesto.

- Muchos de nosotros tenemos animales de compañía… Los veterinarios son muy apreciados por cuidar de ellos.

- Jack me llamó mascota.

Mizuki miró de reojo al chico, parando un segundo en su tarea. Derek, por su parte, acarició el hombro de Stiles, mientras volvía a extraer el dolor del chico a través de la mano que seguía en su nuca. Sabía que a estas alturas ya no hacía falta, pero se sentía bien sabiendo que le estaba calmando. Que cada vez que lo hacía, Stiles soltaba un suspiro de alivio.

- Las mascotas necesitan de sus dueños para sobrevivir – dijo entonces la mujer, mirando fijamente a Stiles – Tú te bastas a ti mismo para hacerlo. No eres la mascota de nadie.

Stiles soltó un quejido lastimero, y tuvo que parpadear varias veces para alejar las lágrimas que luchaban por salir. Deseaba creer a aquella mujer. Y sabía que en el fondo era verdad lo que había dicho… Pero no tenía mucho sentido cuando estaba siendo curado por dos hombres lobo, y el no podía hacer otra cosa que dejarse hacer.

Como siempre.

Sintió entonces los dedos de Derek acariciando su nuca, jugando con su pelo, y cerró los ojos unos segundos. La calma y sensación de protección que le ofrecía el hombre, por medio de aquel gesto tan insignificante, era increíble. Y aunque supiera que no era del todo real, se obligó a sí mismo a pensar por unos instantes que sí que lo era.

Cuando abrió los ojos, Mizuki estaba cerrando su maletín. El brazo estaba cubierto de yeso desde los dedos hasta el codo, y ya había empezado a endurecerse.

Stiles trató de darle las gracias, pero todavía estaba medio drogado y no pudo hacer mucho más que soltar un murmullo cansado.

- Descansa – le sugirió la mujer con aquella voz tan increíblemente suave, sonriéndole con cariño – Si mañana sientes molestias, ven a verme – se dirigió entonces a la puerta, acompañada por Derek – Ha bebido bastante. No debe tomar ninguna medicación hasta dentro de al menos cinco horas. Si ves que le duele, quítale el dolor como máximo una vez cada hora.

- Lo haré.

Sin decir nada más, Derek cerró la puerta tras la mujer.

Y volvieron a estar a solas.