18

Cuando el amanecer llego Naraku dejo su palacio. Sin mirar atrás emprendió el viaje a las tierras de Babil. Sabía que hacer este viaje haría que después de un día, el magma de sus tierras comenzara a salir de entre los recovecos del suelo, por ello, apresuro a que se fueran al alba.

Aun si ahora podía entender cosas del pasado seguía sintiendo que la mayor culpa de ello era de Inugami, si solo no hubiera hecho a Yasha el sacerdote de los espíritus, como los dioses lo deseaban, pero no lo hubiera ligado a sus vidas y si lo dejara que envejeciera como cualquier otro hombre, el hermano de Yasha jamás habría envidiado a su hermano, los rumores de que Yasha había descubierto la bebida de la inmortalidad no se hubiera creado… pero algo si era culpa de ellos y era ese pensamiento de desear monopolizarlo y de aquel alivio al saberlo lejos de quien era el dueño de su corazón. Aun así la pesadumbre que tenía lo incomodaba al venir una y otra vez la imagen de quien había tenido encadenado. Para él Yasha e Inu Yasha eran muy diferentes en sí, aún si podía decir la terquedad era la misma, en algunos ámbitos, Yasha era más calmado que Inu Yasha menos explosivo y por mucho más elegante en sus movimientos, después de todo era un príncipe, Inu Yasha por su parte era mal hablado, intolerante, no sabía cuándo ceder, pero era honesto. La sonrisa que se puso en sus labios desapareció cuando recordó lo que dijo Yasha.

Detuvo su camino teniendo sentimientos en conflicto en los cuales para su mayor confusión predominaba la preocupación que tenía por Inu Yasha, al deseo que había despertado en él de doblegarlo a sus pies carcomía su interior, pero al mismo tiempo deseaba ver más de ese temperamento avasallador que tenía, como si una apuesta hubiese nacido de ver quién de los dos caía a los del otro.

–Que estupidez –murmuro sin poderlo evitar antes de continuar con su camino.

Naraku entro sin ninguna discreción al templo de Banryu viéndolo en aquella isla en medio del lago encadenado.

No había duda que de ellos ese que estaba frente a él era el que más daba problemas, su lealtad estaba solo con él mismo, y nada lo movía si no le interesaba. La diversión era sobre todo lo que lo motivaba, solo cambió cuando conoció a Yasha, pero, algo parecía diferente ahora: la mirada y postura del dragón de agua mostraban un dejo de preocupación y ¿miedo?

Los pasos de Naraku se detuvieron a un metro del lago. Su tela de araña comenzó a introducirse en el agua mientras Banryu parecía estar en trance.

Los ojos de Banryu se abrieron de golpe.

Las telas de arañas subieron de golpe alzando el agua tapando la imagen de Naraku.

Con un movimiento de la mano de Baryu corto la cortina de agua viendo a Onigumo frente a él dispuesto a matarlo. El choque de los golpes hizo que Naraku y Bankotsu fueran lanzados hacia atrás. Las cadenas de Banryu lo jalaron obligándolo a no ir muy lejos.

–¿Qué pretendes? –pregunto alzando estacas de agua Banryu.

–Llevarte conmigo, pero solo puedo hacerlo si destrozo tu cuerpo. Descuida, no destruiré tu núcleo para que puedas vivir –dijo sonriendo con cierta malicia.

–Solo Yasha puede matarnos y lo sabes.

–En eso te equivocas Banryu… ya no… él y nosotros ya no somos lo que éramos antes, cuando él murió fuimos liberado de…

–Entonces ¿Qué significan estas marcas?

–Que el alma de Inu Yasha y Yasha están selladas, y unidas a la de Inugami –comenzó a explicarle –todos nosotros, espíritus creados por los dioses estamos conectados entre nosotros. Cuando sellaron a Inugami con nuestros objetos nosotros nos convertimos en las llaves de su prisión.

–Pero lo que está dentro de Inu Yasha… –murmuro recordando que lo había confundido con Inugami.

–El poder de Inugami y el alma de Yasha, si Yasha continua consciente la consciencia de Inu Yasha desaparecerá…

–¿Qué importa la consciencia de ese chico si esta Yasha?

–… debería no importar –dijo con tono apagado.

–¿Traicionaras a Yasha?

Onigumo solo lo quedo mirando antes de hacer que las telas de arañas se remolinaran entre sí, viéndose como si fueran patas.

–Esa es tu respuesta… ese chico es interesante, pero yo no pienso abandonar a Yasha por él –las estacas de agua comenzaron a girar e iba a lanzarlas cuando escucho.

–¿Acaso no has hablado con ese chico? ¿No hizo que vieras cosas que jamás antes habías podido ver? ¿Encontrar respuestas que nadie te respondió?

Banryu dudo por un momento. No era mentira lo que decía, ese niño ofrecía un entendimiento y una calma para sus preguntas.

El cuerpo de Banryu fue perforado por las telas de araña de Onigumo que estaba frente a él.

Banryu sonrió, sabía que ese espíritu era de ese modo: oportunista y desalmado a la hora de atacar. Un paso en falso y esa araña te picaría sin contemplación alguna.

Desde las aguas como estacas crecieron de la nada atravesando el cuerpo de Naraku, que ante el dolor retrocedió.

–Estás mal herido –apunto Banryu –desde que llegaste el olor de tu sangre es fuerte…

–Yasha nos quiere muertos, ni Inugami se está salvando de esta maldición. Mira tus propias heridas –dijo pensando que tendría que buscar otra manera de llevarse a Banryu.

Solo guardo silencio a las palabras de Onigumo. Desde hace mucho tiempo que no le importaba si los humanos morían o no. Ahora estaba Yasha por fin de regreso y con eso él estaba conforme, aun si este lo quería muerto, pero antes de morir debía cumplir su palabra, porque aun si le daba igual si los humanos morían o no en las manos de Yasha, ese chico había sido honesto con él.

La imagen de Jakotsu se puso en su mente, no dejaría que él muriera, no a manos de nadie más, él se lo había pedido y él acepto, esa vida le pertenecía.

Onigumo suspiro con desagrado. Podía entender a ese espíritu y el apego que le tenía a Yasha, él mismo lo tenía, sin embargo, no podía dudar o negar el deseo de que ese chico que tuvo encadenado siga viviendo. La fuerza y terquedad de ese chico se había clavado dentro de él, aun si Yasha era terco a su manera en el pasado, tenía una sumisión que venía con la palabra deber. Inu Yasha carecía de eso.

Sin importar como lo viera, Inu Yasha era para él alguien que podía liderar, cosa que Yasha no sabía hacer aun ahora, Yasha aun cuando les daba órdenes solo eran peticiones abogando a sus sentimientos por él.

–Yasha sigue siendo débil –dijo Onigumo suspirando viendo la expresión de Banryu.

–Yasha jamás ha sido…

–Siempre dependía de nuestra protección. ¿Por qué crees que me pidió que te llevara?

–Eso…

–No te enteras de nada –le critico –todos los reinos lo quieren muerto. Todos se están preparando para ir a atacarle, y nosotros somos sus escudos.

–Pero tú quieres…

–Sin importar si es uno o el otro –dijo con enfado ante su propia confusión –ambos están en un cuerpo… solo sus conciencias están separadas…

–Aun no sé cómo salir de aquí… sin morir en el intento…

–Eres el más lento de nosotros. ¿Cuál es la condición que te dieron?

–No lo recuerdo…

–¡Eres estúpido! ¡¿Cómo olvidas ese tipo de cosas?!

–¡Solo lo olvide y ya!

Naraku rasco su cabeza ante las palabras de Banryu. Ciertamente, Bankotsu era alguien que si no le importaba algo simplemente lo desechaba y ya. Esas cadenas restringían su cuerpo humano, y ninguna arma podría destruirla, pero…

–Si pudieras transformarte en dragón, podrías romperlas.

–Si puedo.

Onigumo volteo viéndolo con asombro a las tranquilas palabras de ese espíritu.

–Si encontraba a alguien que pudiera responderme el acertijo de mi alma y que la respuesta me dejara satisfecho yo podría volver a mi apariencia de dragón…

–Entonces que esperas…

–No sé si después podré volver a verme como un humano…

Onigumo volteo hacía la salida del templo antes de decirle:

–No esperes que prefiera que se quede Yasha a esa interesante reencarnación… incluso tengo pensado hacerlo una marioneta asique no importa quien domine su mente lo haré mi servil esclavo.

El tono malicioso crispo los nervios de Bankotsu de solo imaginarse lo que Onigumo había planteado. Lo que ese espíritu hablaba como marioneta, era quitarle toda voluntad y destino, solo sería un juguete. La rabia dentro de él comenzó a bullir sin control, la imagen de Inu Yasha siendo sometido le hirvió la sangre, ya fuese Yasha o quien le aclaro su duda, no iba a dejar que Onigumo lo hiciera una simple marioneta.

La piel de Banryu parecía empezar a caerse, como si se derritiera al hervir. Debajo se veía escamas que brillaban como el rio.

Naraku volteo sonriendo satisfecho con lo que veía.

La anatomía deformada de la forma humana de Banryu, parecía incrementarse en volumen y masa, obligando a Onigumo a dar unos pasos atrás para darle espacio.

El gran dragón frente a él era libre, y estaba furioso con él.

Las garras arañaron las paredes del templo, al Naraku esquivar el golpe.

Golpe tras golpe Onigumo saco del templo a Banryu. Cuando los ojos fueron expuestos a la luz directa del sol, el gran dragón tuvo que cerrar los ojos. Sintiendo algo perforar su estómago.

–no hay cadena que pueda que pueda contener el poder de un espíritu, no por completo… jamás lo haré una marioneta, cálmate.

Banryu frunció el entre cejo. Entendió porque lo había enfurecido, pero ahora tenía una herida en su estómago que no pararía de estar sangrando.

Los rápidos pasos de Naraku comenzaron a guiarlos a Egit.

Sango llego hasta donde la gruya de papel la guio, viendo a la lejanía al príncipe Akago de pie frente a una pila de piedras. Parecía petrificado mirando algo en el suelo no muy lejos de sus pies.

Escucho como los soldados le preguntaban si estaba bien o si tenía alguna herida.

Tras un instante lo escucho gritar:

–¡Sáquenlo!

Un escalofrío recorrió su cuerpo, corriendo hacia donde estaban los soldados ahora sacando las piedras. Su mundo se derrumbó, solo una mano era posible ver desde debajo de las piedras. Sin saber qué hacer y solo imaginándose lo peor, sus piernas flaquearon. Vio como por su lado algo se acercó y comenzó a sacar también piedras de encima.

Por un momento creyó ver a Hakudoshi enfrente de ella, pero la voz que daba instrucciones era la de Akago, que en un momento volteo a ella.

–párate y has algo es tu hermano el que está debajo de estas piedras.

La orden fue lo suficientemente clara para ella, pero la idea de ver el cuerpo destrozado por las rocas de su hermano la paralizaba.

–¡Apresúrense el sonido se está haciendo más débil!

Las palabras de Akago la hicieron levantarse de golpe. Sonido, lo escucho algo débil, un zumbido que venía desde el interior de las rocas. Tomó una de las rocas, pero su muñeca fue sujetada.

–No seas imprudente, si sacas al azar terminaras colapsando las paredes. Mira lo que están haciendo los demás.

Le apunto Akago a los soldados, que estaban retirando de la parte de arriba. Otros parecían afirmar las que estaban a los lados de la que retiraban, las más grandes eran retiradas y alejadas de donde estaban trabajando, poco a poco, y desde arriba, se deshacían de las rocas…

Hakudoshi freno de golpe, una angustia se puso en su pecho, trayendo el nombre de Kohaku a su cabeza "te dije que debías volver, Kohaku. No puedes morir" pensó y volvió a correr.

No podía distraerse, si deseaba que su hogar siguiera como antes, debía encarar a quien fue la mujer que lo trajo al mundo. Estaba seguro de que la idea de esa mujer era usar a Rin para obligar a Sesshoumaru a obedecerla, por lo que, no temía demasiado por su vida, pero al estar al lado de esa mujer… el que ella supiera de él… solo con eso le hacía tener nauseas.

–¡Akago!

La voz de alguien lo detuvo. Cuando lo vio se dio cuenta que era uno de los hermanos de Akago el príncipe mayor, Kageromaru. Dudo si dejar que pensara que era Akago o no, pero antes de que pudiera decirle algo…

–¿Qué te ocurrió? ¡Estas heridas…!

Hakudoshi hizo que lo soltara. Según sabía ese "hermano" aunque no era malo, muchas veces trato de seducir a la mujer de su padre, es decir a la madre de Akago y por eso Akago no lo soportaba.

–No necesito de tu ayuda –corto firme y se iba a ir, pero al ver detrás del príncipe vio la gran cantidad de personas –¿Qué demonios?

–Estamos siendo sitiados… padre está defendiendo en la entrada de la ciudad…

–¡Y te haces llamar príncipe! ¡Dejas al rey que defienda mientras te vienes a esconder! –le gritó con enfado –¡Sesshoumaru va al frente cada vez que la más mínima batalla se forma en el coliseo o con otros pequeños pueblos! ¡Akago también y tú solo te escudas en un cuerpo débil! ¡No eres más que basura!

Corrió sin dejarle responder nada. Dejando al perplejo príncipe que jamás había escuchado a Akago gritar de esa manera y mucho menos hablar en tercera persona. Kageromaru, dirigió su mirada a las personas que había traído desde los pies de la ciudad, mayormente eran ancianos y niños pequeños, los demás eran de más al centro. Suspiro pues deseaba simplemente ir a pelear, pero si lo hiciera y abandonara a esas personas, caería de la gracia de su padre.

Hakudoshi silbó, una y otra vez mientras corría, hasta que de entre las callejuelas vio salir a uno de sus caballos. Corriendo a la par tomo su crin, y subió a su lomo. Otros caballos galopaban a la par, otros un poco más lejos, siguiéndolo.

Cuando llego a la muralla. Hakudoshi escucho los gritos de los soldados, el rugido que provenía desde afuera parecía el de una bestia. Su pecho se estremeció, jamás había estado en una situación como esta. La voz clara de alguien dando instrucciones llamo su atención.

Las puertas estaban abiertas y solo era un pequeño grupo de personas las que impedía que el gran número de soldados enemigos entrara. Entre todos ellos la silueta del rey que traía el cabello tomado lo dejo sin habla. Imponente e invencible fue lo que vino a él. La habilidad con la espada era increíble, su agilidad y destreza lo pasmaron por un momento. Sin embargo, solo duro un momento; no importaba cuan hábil o fuerte sea, con el número de soldados enemigos, tarde o temprano, caerían.

A galope salió y se bajó al lado del rey, hizo que los caballos siguieran galopando alejando momentáneamente a los soldados que tuvieron que esquivarlos. Tomó una espada de un hombre caído ante la mirada sorprendida de Taisho.

–Estas herido…

–No es momento para eso… hay que aprovechar el desorden que causaron los caballos.

Inu no Taisho, no fue capaz de decir una palabra al ser dejado atrás por quien comenzó a pelear contra los enemigos. Aun si, por un momento pensó que era Akago, al escucharlo supo que era Hakudoshi.

–Mi rey, el príncipe Akago…

–No desperdicien la oportunidad que dio mi hijo en esta batalla –ordeno con orgullo por su hijo.

Con la espada indicó a los arqueros que continuaran lanzando flechas, y al tiempo, señaló el ataque a sus hombres.

Los golpes de espadas resonaban, los cuerpos comenzaban a amontonarse en esa entrada, las flechas precisas golpeaban a los enemigos, y un silbido se escuchaba de cuando en cuando, que hacía a los caballos correr de un lado a otro, cortando el avance de los soldados que deseaban adelantarse a las puertas.

Los líderes de cada destacamento de soldado trataba de reagrupar a sus hombres, pero la manada de caballos no les permitía una adecuada formación. Si atacaban a los caballos los soldados de Hitit los atacaban, si iban contra los soldados, los caballos galopaban hacía ellos… y los arqueros no hacían más que obligarlos a retroceder. En esa ciudad no debían de haber más de unos diez mil soldados, pues nunca ha sido un país que formara demasiados soldados, solo unos pocos. Y ellos que los pasaban por más de la mitad no podían hacer nada contra ellos.

Uno de los líder entendió el por qué; sin importar si con los otros pequeños países tenían una alianza, sus soldados no peleaban como unidad… esta no era una pelea de varios frentes, donde cada líder podía comandar según sus criterios, y peor aún, cada orden dada no era seguida por todos o se confundían en medio de la lucha.

Apretó las riendas del caballo y gritó con fuerza el nombre de sus tierras ordenando la retirada.

Con confusión los otros líderes lo miraron, pero uno a uno, se fueron retirando…

Las espadas de los Hitit bajaron al ver la retirada de los soldados. El rey había dado la orden de no seguirlos. Hakudoshi atrajo a los caballos, siendo visto por los soldados.

El rey continuaba dando órdenes, mirándolo de reojo. Cuando sintió que ya estaba los preparativos; los soldados regresaban ayudando a los herido… otros tomaban los cuerpos y los alejaban de las puertas, solo los de su país fueron entrados. Fue donde Hakudoshi que acariciaba a uno de los caballos. La espalda de Hakudoshi estaba quemada, parte de sus piernas y brazos, el cabello que antes le llegaba más debajo de los hombros ahora estaban quemado y corto.

–Vamos a curar tus heridas –dijo al joven que subió al caballo.

–Rey de estas tierras, tu nieta está desaparecida. La mansión de Sesshoumaru ha sido destruida, mis heridas…

–Serán curadas –ordeno tomándolo del cinto y jalándolo para bajarlo.

–Hey…

–Silenció –dijo y dejo a Hakudoshi en el suelo caminando de regreso a la ciudad sosteniendo con cuidado el brazo de su hijo –Kanna sabía lo que pasaría, ella debe haber cuidado a Rin…

–Aun así… –lo quiso interrumpir.

–¿Tienes a alguien en mente? –la pregunta hizo que detuviera el paso antes de que el rey señalara un lado y le dijera –no te preocupes demasiado. Mande a Kageromaru a ver que está haciendo.

–… pero que puede hacer ese…

–Kageromaru es inteligente y también… necesito saber algo.

La cara del rey parecía ensombrecerse y, tal vez, un tono de tristeza, cosa que le hizo no preguntar. Sentándose para que lo curaran se sintió amargo por alguna razón.

Los cuerpos de los soldados eran cubiertos con mantas. La puerta había sido cerrada, el rey estaba arriba de la muralla. Era cierto que eso no había terminado, se habían retirado solo para reagruparse. Tenían que buscar una manera para lograr defender y ahuyentar a los soldados de aquellos pequeños países.

Byakuya sobrevoló las tierras de Egit maravillado con lo que sus ojos veían; aquel amplio paisaje que solo había visto como arena y más arena sin fin, estaba cubierto de una naturaleza de una belleza sin igual.

No podía saber muy bien donde tenía que ir para encontrarlos. Mando a sus gruyas a ver los alrededores, siendo detenidas por un fuego azul, que le hizo detenerse y bajarse a él de su gruya. Ese fuego era del espíritu zorro, aquel que podía proyectar los deseos de las almas.

Las llamas azules se expandieron. Byakuya miraba los alrededores tratando de ver más allá del fuego; tendría suerte si se le presentaba como un niño; por otro lado, si lo hacía como un adulto… la probabilidad de caer en sus ilusiones eran del cien por ciento. Te mostraría tu mayor dolor y haría que aceptaras los conocimientos que te reúsas a aceptar, o te meterá en una ilusión y te volverá loco.

El zorro era el espíritu del conocimiento, pero era un ser travieso y gustaba de divertirse; si le mostrabas o le contabas algo interesante este te podía enseñar algo de sus conocimientos. Bueno o malo, para los espíritus eso era cosas de humanos.

La figura esbelta de un hombre joven salió de entre las llamas acercándose a él.

–¿Qué deseas de mi señor? –pregunto con voz melodiosa.

–¿tú señor? –Preguntó Byakuya –creí que tu señora era Izayoi…

–los humanos no son más que ignorantes –dijo con una sonrisa juguetona.

El espíritu zorro como otros espíritus eran errantes o vivían en las tierras de uno de los cuatro espíritus guardianes, este era uno que vivía en Hitit, sin embargo, cuando Izayoi murió él desapareció y volvió con la llegada del príncipe de Egit…

Byakuya abrió los ojos de golpe. El príncipe de Egit siempre estaba acompañado por Kirara, aquella pantera, pero era seguido por un espíritu que siempre estaba oculto… ¿acaso era ese zorro?

Si ese era el caso, ahora entendía el conocimiento tan grande que poseía el príncipe de Egit. Aun si el poder de ese espíritu era menor que el de los guardianes, todos sabían que ninguno se atrevía a pelear con él, excepto Inugami, pero aun había la posibilidad de que este lo derrotara, pues, ese espíritu sabía y divulgó el cómo se podía matar a un espíritu guardián. Aunque eso no significaba que fuera fácil, tenías que saber qué hacía que las emociones afloraran convertirlo en humano y matarlo, y aun así tienes que ser lo suficientemente fuerte para mal herirlo y arrancarle el corazón o se podría curar.

–Ni lo intentes –le advirtió destruyendo la gruya que iba a lanzarle.

–Yo… solo deseo entregar esto.

Estiro la tela roja. No podía negar que estaba nervioso al verlo acercarse, pero tenía que convencer al espíritu que es un zorro. La sonrisa de ese espíritu lo hizo sudar.

Sesshoumaru comenzó a abrir los ojos. Su vista estaba borrosa… su cuerpo y cabeza le dolía, pero el dolor de su brazo izquierdo lo hizo enderezarse presionándolo con su mano derecha. Solo el índice y el anular tocaron parte de su brazo. Su respiración fue tomada con dolor mirando sus muslos, aun si sabía que debía ver su cuerpo se negaba a hacerlo. Su corazón se aceleró y le costaba respirar por la ansiedad. Su consciencia le decía lo que significaba, pero su mente no procesaba ese pensamiento.

Como en un intento de escapar de eso, su mente le trajo el recuerdo de Inu Yasha. Lo busco con la mirada viéndolo a su lado derecho. Trato de acercarse apoyándose en su mano derecha, pero aun cuando trato de tocarlo con su otra mano, hay no había nada. Con dolor arrastro las piernas para liberar su mano derecha y toco su mejilla cuando se percató que respiraba y parecía solo dormir. Y aun si sentía la pérdida de su brazo… no recordaba realmente como había pasado, pero si ese era el precio para haber detenido y traerlo de vuelta; era solo un pequeño precio que estaba dispuesto a soportar.

Con cuidado se acercó al rostro de Inu Yasha y beso su frente. Lo vio abrir sus ojos y no pudo evitar sonreírle, iba a decir su nombre, sin embargo, sus labios fueron prisioneros en el beso hambriento. Inestable como estaba al apoyarse en un solo brazo y ante el repentino movimiento, cayó encima del pecho de quien lo besaba. Su pecho sintió calor, y su cuerpo respondía, pero, algo era extraño, algo era distinto, sentía que algo faltaba.

Pudo alejarlo viendo con confusión los ojos de Inu Yasha. Una tristeza subió a sus ojos, y apretó su garganta sin poder decir el nombre que vino en su mente, confundiéndolo más…

Lágrimas bajaron de los ojos de Sesshoumaru cayendo en los ojos de quien lo abrazaba del cuello, mezclándose con sus lágrimas. Pero el miedo libero la garganta de Sesshoumaru…

–… ¿Dónde está Inu Yasha? ¿Qué pasa con él?…

Los brazos de Yasha soltaron el cuello de Sesshoumaru y lo miro con dolor.

–Solo una conciencia puede prevalecer… la otra se ira y el alma se volverá una… ¿quieres que yo desaparezca?

El dolor ante el pensamiento lo hizo fruncir el entre cejo, pero antes de poder darle alguna respuesta…

–¡¿Qué demonios haces?! –la voz furiosa junto con ser empujado a un rincón lo interrumpió.

–¡Ookami! –escuchó como reproche la voz de Yasha.

–¡Aun si entiendo que dentro de mí esta ese espíritu que te amaba. Yo soy Kouga y a quien amo es a Inu Yasha! ¡No utilices su cuerpo como quieras Yasha!

Tanto Yasha como Sesshoumaru quedaron en silencio. Kouga dejo unos frutos en el suelo y volteo para salir viendo a Jakotsu que estaba con ese dragón, pero un temblor recorrió su cuerpo, detrás de Jakotsu estaba Miroku que aunque sonrió sus ojos mostraban… dolor…

–¡Miroku! –trató de llamarlo pero este ya había corrido –por favor quédate –le dijo a Jakotsu y salió corriendo.

Miroku no se veía en ningún lado.

¿Qué hacía ahí? ¿Por qué? ¿Por qué lo venía a confundir?

Kouga cerró los ojos tomando la esencia de Miroku y corrió a él encontrándolo en el bosque. Lo adelanto cortándole el paso.

–¿Por qué viniste por mí? –preguntó Miroku.

–¿Eso me pregunto?

–Te dije que te ayudaría –dijo sin verle – no necesitas estar aquí… dentro de un momento volveré.

Aun si trataba de escucharse como si nada, sus palabras se suavizaban. Kouga fue capaz de darse cuenta de ello, quiso acercarse más pero titubeó.

–Déjame solo Kouga.

–Quieres ayudarme, pero también quieres matar a Inu Yasha ¿no es así?

–… yo… ¡Si él no hubiera aparecido…!

–¡Yo tampoco lo hubiera hecho!

Ambos se quedaron mirando por un momento, el sentimiento de incomodidad se expandía por el aire envolviéndolo. Miroku sabía los sentimientos que Kouga tenía por ese sujeto, pero no podía soportarlo, aun si deseo negarlo o asumirlo, se había enamorado de aquel moreno que venía de la luna azul. Apretó con fuerza el bastón e iba a irse, sin embargo, su cuerpo no se movía para nada.

Kouga miraba aquellos ojos que dignos de un príncipe lo miraban, casi creía que era mentira el que lo escuchara con voz suave.

No sabía bien el por qué lo estaba ayudando tanto, ni el porqué del deseo de que Inu Yasha muriera. Odiaba ese mundo por ello, odiaba a quienes deseaban la muerte de Inu Yasha, pero no podía odiar a ese príncipe, a ese príncipe que jamás podría ser suyo, que le pertenecería a una princesa a quien haría su reina. La idea lo cabreaba, y era por eso que hubiera preferido que no viniera detrás de él. Ese sentimiento parecía dormirse un poco cuando no lo tenía enfrente y podía ponerse a pensar en solo Inu Yasha, y creer que lo que sentía por ese príncipe era solo una ilusión.

Dejo salir un resoplido de frustración apartando la mirada del príncipe de Babil.

–Ya está todo bien. No necesitó que me siga ayudando, príncipe Miroku.

–… ya no me necesitas… –murmuro mirando el suelo consternado.

La rabia y el dolor se mezclaban en su interior. Se sentía estúpido ¿a qué había ido?

Miroku se dio media vuelta para irse.

Kouga miro la espalda de aquel príncipe. Su mano se había movido como sus labios. Un pensamiento apuñalo su cabeza "no te vayas" pero apretó sus labios y sus manos e iba a retirarse cuando escucho:

–Voy a ayudarte aunque no quieras. Mi palabra la cumpliré…

–¿Por…?

–No olvides Kouga, soy el príncipe heredero de Babil, y más que ayudarte a ti… ayudare a Sesshoumaru – lo interrumpió.

No era capaz de mirar la cara de Kouga, pero lo que había dicho era verdad. No podía dejar a Sesshoumaru solo con ese sujeto que nublaba el pensamiento del príncipe y de ese obstinado moreno. Aun sí tenía que tomar el odio de ellos dos ese sujeto debía morir.

Su brazo fue sostenido y volteado a la fuerza. Los ojos de Kouga mostraba la rabia que sentía. ¿tanto le molestaba que estuviera cerca de ese tal Inu Yasha?

–Suéltame –ordeno con tono tranquilo.

–Lárgate a tu país Miroku –gruño bajo.

–¿Quién te crees?

–No sueñes en dañar a Inu Yasha.

–¡Suéltame ahora, Kouga! –exigió el príncipe.

Ambos hacían fuerza, ambos se miraban con molestia.

Kouga chisto con la lengua antes de decir.

–No te metas en esta mierda.

–¿De qué…?

–No hagas que los espíritus vayan tras de ti. Incluso no sé qué te haría quien llora dentro de mí si lastimas a donde esta Yasha.

–Ahora te preocupas por mí. ¡Deja de jugar! –le reclamo tratando que lo suelte –no lo hago por ti lo hago por Sesshoumaru y ugh…

La mano de Kouga se apretó provocando un quejido.

–Deja de provocarme Miroku –gruño.

–¿Provocarte? –la molestia en la voz del príncipe solo hacía que Kouga se sintiera más inestable.

Su corazón latía provocando un temblor extraño en su cuerpo, su garganta se apretaba y parecía que su interior no podía estar tranquilo, ¿Qué era lo que le estaba pasando? ¿era por Inu Yasha que estaría en peligro? ¿o era por ese príncipe?

Un susurro en lo más profundo le decía que solo lo matara, pero de solo pensarlo su corazón daba un golpe doloroso. Sin poderlo evitar jadeo por un poco de aire.

La mirada de Kouga parecía perderse por momentos y el jadeo errático preocupo a Miroku. La mano de Kouga no lo soltó. Aun si no entendía que le estaba pasando a ese moreno no podía evitar preocuparse por él.

–Kouga… –no parecía reaccionar –Kouga –lo llamo con voz firme y solo recibió una mirada que freno su respiración un momento, sin embargo, aun parecía tener su mirada perdida –reacciona ¡Kouga! –golpeo la mejilla del moreno con fuerza.

La mano lo soltó y Kouga dio un paso atrás tomándose el pecho y respirando profundamente.

–… ese espíritu… quiere… matarte…–dijo entre respiraciones.

El príncipe de Babil entendía lo que le estaba diciendo. Si él trataba de matar a Inu Yasha básicamente estaría matando a quien los espíritus desean, y aun así, si con eso paraba la guerra estaba bien morir.

El ver a Kouga preocupado por eso le saco una leve sonrisa. Tomó el cuello de Kouga y lo jalo a él besándolo, sintiendo el leve temblor del moreno como el hecho de que aun no regulaba su respiración.

El caos de la cabeza y el corazón de Kouga se disiparon poco a poco comenzando a ser consciente de los labios que succionaban los suyos, de las manos que se aferraban a su nuca y cuello provocándole un sutil escalofrío. Sus propias manos se movieron a la cintura de quien tenía al frente, acepto el beso dejando que se profundizara más e iba a abrazarlo y dejarse llevar por esa sensación placentera.

–Ya veo.

La voz de Inu Yasha freno todo movimiento en Kouga que se alejó de Miroku mirando a quien había llegado.

–Espera –llamo Kouga, Yasha había dado la vuelta para irse.

Miro al príncipe sintiéndose indeciso, pero apretó los dientes y espeto un –maldición –y fue donde Inu Yasha que ya estaba cerca de la entrada.

–Inu Yasha –lo tomó abrazándolo desde atrás –déjame explicar…

–Sabes que no soy Inu Yasha –dijo en tono frío escuchando un pequeño gruñido –solo espero que no traiciones este cuerpo Kouga.

Los brazos de Kouga cayeron pesadamente viendo como quien estaba frente a él se daba la vuelta para verlo. Un vacío se puso en su pecho por alguna razón, y la tristeza tomo su garganta cuando lo vio sonreír como Inu Yasha usualmente le sonreía.

La impotencia pululo en su interior.

–Su majestad.

Una voz que reconoció lo hizo voltear viendo al zorro ahora como un joven adulto, que traía detrás de él a otro hombre. Se puso en guardia, pero la mano de Yasha lo detuvo.

–Está bien él es un conocido mío.

Los pasos de Yasha se alejaron de Kouga dejándole un sentimiento de pérdida.

Sesshoumaru salió viendo a Kouga apretar las manos, alejándose del moreno a Yasha y más allá…

De un solo movimiento llegó al lado de Yasha poniéndolo detrás de él, mirando amenazante a Byakuya.

–Espera… está bien –dijo suave Yasha.

Sesshoumaru lo miro extrañado, el comportamiento de Inu Yasha había cambiado. Jakotsu le explico que había pasado y lo que él sabía, aun diciéndole cosas que él sabía, pero escucho con atención. Desde que había despertado tenía el sentimiento de tener la cabeza bajo presión.

–No lo está –dijo cortante Sesshoumaru.

No permitió que Yasha pasara frente a él.

–No es momento para pelear –aclaro Yasha, pero Sesshoumaru no aparto su brazo –Shippo…

–Su majestad –hizo una reverencia el zorro pelirrojo.

–Has dormir a Sesshoumaru.

La sorpresa fue vista en el semblante de Sesshoumaru antes de voltear su rostro a Yasha. El movimiento del viento lo alerto del ataque del zorro, que se acercaba a gran velocidad. Fuegos azules comenzaron a aparecer como bolas frente a Shippo.

Sesshoumaru tomó Yasha y lo dejo al lado del moreno mirando a Kouga como si le advirtiera que lo cuidara, pero solo eso. Para luego correr donde el zorro a enfrentarlo.

Aun estaba conmocionado por la petición de Yasha, pero podía llegar a entender ese no era Inu Yasha. Inu Yasha y Yasha eran el alma antigua más la nueva que sería la rencarnación de la anterior, pero por alguna razón estas al concebirse no pudieron fusionarse. Aquella que era la del antiguo príncipe de Egit se mantuvo dormida en el interior de Inu Yasha hasta que comenzó a despertar cuando llego a este mundo. Por lo mismo no le sorprendía que ese espíritu le llamara "Su majestad".

Con una sola mano se defendía quemándose levemente el brazo y la mano, pero logrando acertar un golpe.

Miroku vio que el espíritu del zorro iba a atacar a Sesshoumaru y con su bastón golpeo el suelo. La onda se expandió haciendo que Shippo diera un paso atrás para alejarse de la onda.

Ese bastón era algo peligroso para las bestias y los espíritus más débiles que los guardianes.

–Miroku.

La voz de Sesshoumaru llamándolo hizo que se acercara a él evitando ver a Kouga.

–Sesshoumaru… tu bra…

–Estoy bien –lo interrumpió –gracias –le susurro.

Un pesado dolor le retorció el pecho haciendo que frunciera el entre cejo ante la mirada preocupada de Miroku. Sesshoumaru volteo para ver al causante dándose cuenta de la mirada de reproche que le daba Yasha. No importaba como tratara de entender ese extraño sentimiento en su pecho al saber de Yasha, esa tristeza que emergía cada vez que lo veía, era profunda, aquella que despertó cuando vio a Inu Yasha, aquella que muchas veces hizo que deseara alejarse, pero aun viéndolo ahí frente a él una soledad lo invadía.

Byakuya camino hacia donde estaba Yasha aprovechando la distracción de Sesshoumaru, pero antes de que llegara a él, tuvo que esquivar a Sesshoumaru. Y Sesshoumaru al espíritu zorro. Miroku iba a atacar al zorro, pero este se retiró enseguida.

Byakuya extendió ante el príncipe de Egit el manto rojo. Los ojos de Yasha mostraron sus sentimientos, tomó con cuidado el manto y lo acaricio con mimo.

Byakuya por el rabillo del ojo vio a su hermano, pero lo ignoro.

–Haré lo que me pida –dijo Byakuya.

–A cambió deseas algo ¿verdad? –sonrió Yasha –mientras no sea algo que me dañe de ninguna manera, dalo por hecho…

La sonrisa de Byakuya fue amplia ante esas palabras.

En Hitit. El cielo parecía haberse oscurecido al grado de no ver ni luna, pero lo que vieron en el cielo los paralizo.

Surcaba el cielo como si hubiese absorbido la luz de aquella noche, el espíritu guardián de Babil en dirección a Egit. El rugido asusto a todos los soldados.

Hakudoshi que estaba al lado de Taisho, sintió temblar su cuerpo al retumbar en su pecho aquel rugido. Trago mirando a ese rey tratando de ver si no era solo a él al que lo había asustado, y descubrió a Taisho apretar la mandíbula y respirar profundamente. Asique, él hizo lo mismo, no mostraría miedo alguno.

Taisho comenzó a comandar a sus hombres. Los soldados enemigos estaban asustados y muchos habían escapado. Ahora era una buena oportunidad de derrotar a sus enemigos. Solo esperaba que sus propios hombres no cayeran en el miedo.

Kaguya soltó el cabello de Kanna, la cabeza de la albina colgó hacia adelante. Gotas rojas manchaban su vestido blanco. Ya casi no tenía consciencia, escuchaba a lo lejos la voz de Rin pidiendo que pararan, como la voz de Kaguya que la insultaba.

Suspiro pesadamente, parecía que a pesar de todo no había podido salir del destino que les esperaba. Vio hacía la puerta y un soldado entro con un paño que envolvía algo que ella sabía muy bien que era.

–Perdón príncipe Sesshoumaru –susurro y vio con lastima a Rin –pequeña Rin… perdón –tan suave fue su voz que solo Rin la escucho.

–Por fin esta entre mis manos… ahora –Kaguya volteo a ver a Kanna –decapítenla –dijo como si no fuese nada.

–No, no lo hagan –pidió Rin llorando –por favor –rogo viendo errática a Kanna y a Kaguya –no lo haga, por favor –los hombres se acercaron a Kanna –no… no, por favor, no –la espada subió más arriba de la cabeza de la concubina de su padre.

Kanna la miro un momento y cerró los ojos al verla llorar mientras seguía suplicando a oídos sordos.

–Perdón –dijo Kanna con una sonrisa triste antes de que la espada cayera de manera limpia.

Por un momento solo se escuchó el sonido de la cabeza de Kanna caer al suelo y rodar, la sangre de los últimos latidos de aquel corazón mojaron la clara cabellera de Kanna y la cara de Rin que daba pequeñas respiraciones como si no pudiera respirar hasta que su gritó salió de su garganta ensordeciendo a todos, llamo una y otra vez a Kanna entre el llanto, para ella Kanna había suplido el rol de su madre, era la que le hablaba de los sueños de su madre, era la que la escuchaba cada vez que se sintió sola… y ahora… su llanto le apretó la garganta, no era capaz de escuchar los insultos de Kaguya…

–… papá… –salió de su garganta apretada rogando que él apareciera y la despertara de esa pesadilla –… papá…

Jamás se había sentido tan asustada, jamás había experimentado ese dolor y vació. Apretó los ojos y dejo caer libres sus lágrimas. Mientras Kaguya reía a carcajadas insultando a su padre.

Las tropas que habían estado en Minni estaban prontas a llegar a las tierras de Egit: soldados de Babil y Minni. Miraban con asombro el lugar que ellos conocían como una tierra muerta, ahora más viva que cualquier otra en vida natural.

A la cabeza, comandándolos estaba Takemaru, con la orden del rey de Babil de derrotar al concejero del príncipe Sesshoumaru y a todos aquellos que estén de su lado. Solo tenía un salvoconducto para el príncipe Miroku. Todos los demás eran enemigos.

Taisho vio como todos los soldados enemigos escapaban. Los rugidos aumentaban en vez de disminuir… se estaban acercando…

–¡Busque refugio! –ordeno el rey.

Los soldados Hitit aun si temblaban no se movieron.

–No lo dejaremos –se arrodillo uno de los soldados siendo seguido por los demás.

Taisho organizo con rapidez a sus hombres solo quedándose con un puñado arriba de la muralla de la ciudad, poniéndolos separados con cinco metros a cada uno de ellos.

–Tienes buenos hombres –le dijo Hakudoshi que silbo e hizo que los caballos estuvieran abajo cerca de ellos para un posible escape.

Taisho sonrió al darse cuenta y ver a los caballos en línea e iba a decir algo cuando escucho a su lado…

–Sí, hombres admirables.

Taisho volteó viendo detrás de él a unos pasos al rey de Minni. Sus soldados se alertaron, pero con una señal hizo que no se acercaran.

Un rugido que fue escuchado demasiado cerca, lo hizo mirar detrás de Naraku. El enorme dragón que conocía bien lo miraba directamente, su mano fue a la empuñadura ante el pensamiento de que viniera a vengarse por haberlo sellado con Inugami.

–Calma –dijo Naraku –vengo a pedirte que salves a tu tercer hijo.

–Mi tercer hijo es…

–Lo sabes bien, es el hijo de esa mujer. Donde el gemelo jamás nació al ser suprimido por el sello ese día.

Inu no Taisho frunció el entre cejo por lo oído. ¿Cómo demonios ese joven rey lo sabía?

–Es mejor que para el amanecer estés en las fronteras con Egit, Taisho o este mundo perecerá.

–¡¿Quién te crees para hablarle así al rey…?! –le gritico violentamente Hakudoshi a Naraku.

–Detente –dijo deteniéndolo con su brazo en el pecho.

–Tus hijos menores pareciera que tienen temperamento –sonrió sabiendo que ese e Inu Yasha no fueron enseñados por él.

–¿Por qué quieres que sea en esa tierras de nadie?

–Porque ahí ira para traer por completo a Inugami –Diciendo esto salto de la pared de la ciudad.

–¡Espe…!.

Taisho y Hakudoshi se acercaron al filo de la muralla esperando verlo herido, sin embargo, no estaba por ningún lado y cuando alzaron la vista para ver al dragón tampoco se encontraba. Solo se escuchó el rugido que se alejaba.

–¿No es hacia Egit?

–Sí, lo es… –dijo en un suspiro el rey de esas tierras.

Salvar a quien lo va a matar. Suspiro ante la idea, pero no podía hacer otra cosa que ir. Ese rey de Minni no era un hombre corriente y estando con el espíritu de Babil. Solo significaba que sería un riesgo darle la espalda.

Miro a Hakudoshi que observaba a la distancia y volteo a donde los hombres de su padre. Lo escucho suspirar antes de decirle.

–Aunque sea un fastidio, no se puede ignorar su petición, pero no es necesario que vayas personalmente.

Taisho solo lo escuchaba. Imagino como hubieran sido sus hijos que no tuvieron más opción que morir.

–Si es aceptable para el rey, puedo ir yo. Claro, haciéndome pasar por…

–No –dijo sin opción a replica –tú debes quedarte…

–Como sea, ya sabía que un caballerizo no estaba calificado –refunfuño Hakudoshi.

–No puedo dejar que el país quede solo con Kageromaru –Taisho puso las manos en los hombros de Hakudoshi –sé que no tienes experiencia siendo un príncipe, pero tengo la seguridad que lo harás bien. Dejo a Hitit en tus manos, Hakudoshi.

Un sentimiento cálido recorrió el interior del caballerizo, que se arrodillo y miro hacia abajo. Un nerviosismo lo hizo suspirar antes de decir.

–Lo haré. Daré mi vida si es necesario.

–No quiero tu muerte, pero alabo tu determinación –sonrió he hizo que se levantara –Myoga…

El rey llamo y de entre los soldados salió un hombre un poco más pequeño que Jaken, aunque igual de viejo, que usaba un bigote y solo tenía cabello blanco en la nuca. A Hakudoshi le costó un poco no reír al verlo.

–Su majestad –hizo una reverencia ante el rey.

–Ayuda a Hakudoshi en todo. Solo será nombrado como príncipe –dijo al anciano que asintió.

Hakudoshi entendió que aparte de ese anciano, nadie debía saber quién era, lo más seguro era que el mérito fuese para Akago, pero, como fuera por él estaba bien.

Vio a su padre comenzar a bajar y dar la orden de que siguieran los comandos de su hijo.

A lo lejos vio a uno de los hombres de Sesshoumaru que corría hacía él.

–¿la encontraron? –preguntó Hakudoshi apenas llego a él.

–No… aun no tenemos nada. Como ordeno nos desplegamos por la ciudad, pero no hemos encontrado nada.

Las manos de Hakudoshi se apretaron y cerró los ojos por un momento antes de decirle:

–Entonces solo la puede tener esa mujer. Si lo que pensamos es cierto no le hará daño hasta que Sesshoumaru vuelva y la usara de carnada –miro al soldado con decisión y ordeno –reúne a tus hombres y vayan al palacio imperial y esperen por una señal –señalo a uno de los caballos –si algo pasa antes de eso te dejo la decisión a ti.

–Lo haré.

El guardia de Sesshoumaru se fue con rapidez.

Taisho había escuchado todo y acercándose a Hakudoshi le entrego su anillo, el cual contenía el sello del rey.

–Lo cuidare hasta tu regreso.

Taisho se acercó al oído de Hakudoshi poniendo sus manos en los hombros del joven.

–Eres el heredero de estas tierras…

–¿Qué…?

–Si yo no vuelvo. Tú puedes reinar o elegir quien reinara.

–pero… yo…

Hakudoshi estaba más allá del asombro al escuchar eso. Miro el anillo y al rey de esas tierras.

–Estos días te he estado observando, y me gusta lo que vi en ti… luchas por el bienestar de tu hogar y sabes manejar a la gente –el rey cerro los ojos y respiro –¡Qué todos sean mis testigos! –hablo en alto antes de que Hakudoshi pudiera procesar correctamente lo que le había dicho –confiero en vida el derecho de decidir quién gobernara nuestras tierras.

Todos a pesar del asombro que esto generaba al jamás haber escuchado algo como eso antes entre los reyes de Hitit. Se arrodillaron en aceptación, aun si, para ellos él era Akago, Myoga, bien sabía quién era en realidad.

Kageromaru tras dejar instalados a los ciudadanos, fue al palacio de su padre y vio a Rin con la mirada perdida. Debía vigilar a la reina hasta que Taisho volviera.

–Rin –la llamo, pero no volteo a él –¿Qué ocurre? –se acercó a ella y puso su mano en su hombro –Rin –volvió a llamarla dándose cuenta que de los ojos de la niña caían lágrimas –¿Qué pasa? ¿Qué te ocurrió?

No habían respuestas, sin embargo, la frente de la niña se apoyó en él y sintió un dolor punzante en su costado… antes de poder alejarse impactado de lo que había pasado, el arma corto haciendo la herida más grande. Kageromaru cayó de rodilla frente a Rin sujetando su herida que sangraba haciendo rápidamente un charco debajo de él, cuando pudo salir del impacto su vista se comenzó a nublar, pero, logro ver detrás de Rin la silueta de una mujer…

Kageromaru cayó muerto en el charco de su propia sangre. La daga que tenía en su mano Rin goteaba como las lágrimas que caían desde su barbilla…

Grueso se veía el espejo que tenía entre sus manos Kaguya.

–Es hora de que nos movamos –dijo caminando como si nada ignorando el cuerpo siendo seguida por Rin.

Sango miraba al príncipe que iba al frente de ella. Contra todo pronóstico para ella, ese príncipe parecía que se preocupaba de su hermano.

Cuando pudieron sacarlo, ella no pudo más que gritar su nombre, aterrada de lo que veía. Su hermano tenía el cuerpo destrozado, con heridas abiertas y huesos rotos. Aun cuando las abejas habían tratado de protegerlo, solo lograron que su cabeza no sufriera grandes daños. Sin embargo, ese príncipe ordeno a sus hombres a que lo revisaran y cubrieran. Ahora era transportado en un carro con cuidado y sujetado para evitar que se lastime más. Cada cierto tiempo miraba donde estaba Kohaku como si tratara de ver como estaba su condición. Y aquellas palabras que le dijo justo después de ordenar a sus hombres, hicieron que la imagen que tenía de ese príncipe cambiara. "No voy a dejar que muera, asique deja de estorbar. No voy a permitir que muera mientras le debo algo"

La condición de Kohaku era grabe y el solo hecho de llevarlo era un riesgo, pero al menos en la ciudad podía tener, aunque sea, una oportunidad.

Faltaba poco más de un cuarto de hora para el amanecer.

Yasha miraba los objetos que estaban encima del manto rojo. Kouga le había entregado la garra, no de muy buena gana, pues conocía el riesgo, pero, por alguna razón no fue capaz de decirle que no.

Todos dormían o eso parecía, con la excepción de Yasha y Sesshoumaru. El segundo apoyado en la muralla del lugar miraba el rostro de Yasha e imagino como reaccionaria Inu Yasha a su insistente mirada.

–Jamás creí que serían usados para esto…

La voz suave de Yasha hizo recordar a Sesshoumaru, que quien estaba frente a él no era Inu Yasha. Se levantó y camino fuera de la cueva.

La naturaleza alrededor de la cueva lo hizo sonreír, de alguna manera, lo hacía sentirse en casa y, al mismo tiempo, una tristeza que aun no lograba entender del todo.

Unos brazos lo abrazaron desde atrás sacándolo de golpe de sus pensamientos por el latido que dio su pecho.

Miro por sobre su hombro viendo a Yasha. Tomo uno de sus brazos y volteo a él. Sin palabras solo dejo que sus ojos se conectaran. Ese sentimiento pesado en su pecho se hizo más sofocante y un deseo desbordante quemo sus entrañas, su respiración se agitó y todo se volvió un torbellino cuando los labios de Yasha se apoderaron de los de él. Sesshoumaru sin demasiado cuidado atrajo el cuerpo de Yasha y devoró con hambre esa boca, se sentía como un animal hambriento sin ningún control en ello. Las manos de Yasha alzaron la túnica de Sesshoumaru y toco su hombría sintiendo el brinco ante su toque. Sus bocas se separaron entre jadeos.

La mano de Sesshoumaru fue al taparrabos de Yasha e iba a sacarlo, pero cuando sus ojos se encontraron con los de Yasha, la mirada de Inu Yasha vino a él, esa que le dio mientras lo hacía suyo, esa que le trajo una calidez. Y ahora, quien estaba frente a él solo despertaba su lujuria animal, su codicia….

Freno de golpe y se alejó de él, se sentía tan perdido, el deseo de monopolizar a quien tenía en frente, aquella obsesión que su cuerpo parecía tener por quien lo miraba agitado tratando de seducirlo y tomaba demasiada fuerza de voluntad de él no ir y seguir. El roce de los dedos de Yasha lo quemaba, sin embargo, dio un paso atrás… el sentimiento era, hasta cierto punto, diferente del que sintió cuando tenía a Inu Yasha entre sus brazos.

–¿Qué fue lo que te cambio tanto? –la pregunta de Yasha dejo en duda a Sesshoumaru.

–No sé lo que estás diciendo…

–¿El haber perdido tus recuerdos te cambio tanto? También olvidaste lo que sentías por mí.

Un dolor se puso en el pecho de Sesshoumaru junto con una pesadez en su cabeza.

–Quizás… tus palabras solo fueron una mentira ocasional aquel día… –dijo sin ocultar la tristeza que ese pensamiento le daba al recordar el día de su muerte.

–¡No es así! –gritó Sesshoumaru, pero tan pronto lo hizo solo pudo sentirse más confundido, tomo su cabeza perdido –yo no sé… pero… no lo sé… no entiendo esto. Este deseo que tengo por ti. Deseo tomarte –dijo serio mirando a quien estaba frente a él –pero también, siento que algo falta y el nombre de Inu Yasha viene enseguida…

–Entonces… si tuvieras que elegir uno de nosotros que se quede ¿sería él o yo?

El entre cejo de Sesshoumaru se frunció sin ser capaz de decir nada.

–La reencarnación forzada en un vientre que sería para dos provoco que las almas, la antigua y la nueva no se fusionaran del todo. Entre más reencarnaciones tengas más grande será tu alma –dijo como si tratara de distraerse de lo que había pasado, mirando el cielo, pues el silencio de quien estaba frente a él le dolía –dormí… hasta que volví y te vi… pero ya no eras tú mismo…

–Aun si lo explicas…

–Lo sé… –suspiro y cerró los ojos un momento encerrando dentro de él todo sentimiento –quieres despertar a Inugami al igual que yo… pero, dudo que tu sigas con vida después de ello Sesshoumaru ¿aun estás de acuerdo?

–¿Qué pasara con Inu Yasha? –pregunto.

–… –Yasha tembló antes de ser capaz de contestar –eso dependerá de Inugami.

La mano de Sesshoumaru lo agarro de la muñeca con el rostro espantado dijo casi a gritó:

–¡Inugami te desea a ti!

–Entonces si tú quedas con vida elegirás a Inu Yasha ¿no? –la sonrisa triste de Yasha lo hizo soltarlo sin poder decir una palabra –comencemos a irnos…

Yasha camino dentro de la cueva dejando a Sesshoumaru fuera.

Sesshoumaru miro la luna azul, podía recordar con claridad que siempre miro esa luna con un sentimiento de añoranza, pero ahora su pecho dolía con la imagen de Inu Yasha, con cada imagen y recuerdo que tenía de ese chico, cada palabra que lo había desconcertado… apoyó su espalda en un árbol apretando su mano en un puño…

–¿Qué tenemos aquí? –la voz de Naraku lo hizo casi gruñir.

La imagen del rey de Minni provoco el desagrado en Sesshoumaru, que no le importo la presencia del dragón que estaba detrás de Naraku.

–Veo que me sigues odiando.

De un rápido movimiento Sesshoumaru estuvo frente al rey de Minni y el puño por poco le roza el rostro de quien tuvo que saltar para atrás.

–Te has vuelto más violento Sesshoumaru.

Otro golpe que rozo su mejilla lacerándola. Sesshoumaru deseaba matarlo, había tocado a Inu Yasha, había provocado su transformación y que terminara así.

Estacas de agua hicieron que Naraku y Sesshoumaru se alejaran el uno del otro.

El dragón estaba siendo acariciado por Yasha, crispando a los dos que lo vieron y provocando en Jakotsu que estaba desde la cueva observando un dolor en el pecho.

–Si ya se calmaron –dijo Yasha a los dos –vámonos.

Kouga salió de la cueva, Jakotsu lo siguió junto con Miroku mantenía la distancia de Byakuya… Shippo y Byakuya bajaron de un árbol para unirse a ellos.

Solo pudieron salir de la ciudad cuando vieron a los soldados de Minni y de Babil esperándolos.

–Vayan yo los retrasare –dijo Shippo.

–Te lo agradezco –respondió Yasha dejando atrás al zorro que frente a los soldados hizo una muralla de fuego azul.

Los soldados que al verlos se habían puesto en posición de ataque; al ver las grandes llamas dieron un paso atrás, pero siendo dirigidos por Takemaru este comenzó a reorganizar a los soldados con intención de atacar.

Faltaba poco para el alba cuando llegaron a su destino.

Yasha puso los objetos en el suelo frente a Sesshoumaru.

–Byakuya… si no logro finalizar termínalo tú…

–¿Qué hay con mí deseo?.

–¿cuál es? –preguntó Yasha y Byakuya se le acerco susurrándole –con ayudarme lo harás realidad y lo otro… créeme que nada será como antes…

Yasha toco el collar que tenía en el cuello y se lo saco. Expandiéndose cada perla comenzó a rodear a Sesshoumaru y los colmillos apuntándolo.

–¿Qué estás haciendo?

–Trata de recordar… lo que paso aquí y tus palabras… aquellas que usaron para sellarte, aquellas que me causaron tanto dolor y felicidad…

Sesshoumaru no lograba entender, pero algo dentro de él se estremeció. Un sentimiento vertiginoso tomo su respiración, extrañamente un miedo lo hizo sudar y solo podía ver los ojos de quien estaba frente a él que sonrió y dijo:

–"¿de qué me sirve esta bebida de la inmortalidad a mí, ahora que nunca nos volveremos a vernos de nuevo y gasto mis días derramando las suficientes lagrimas para flotar sobre su estela?…"

Un jadeo salió de la garganta de Sesshoumaru. La imagen de Inu Yasha vino cuando estuvo diciendo el poema que él creyó era un conjuro. Pero la imagen se fue a la de una persona atravesada por la espada que él empuñaba, el cabello negro, la piel más morena que la de Inu Yasha…

–…Yasha… –susurro y de su mejilla cayó una lágrima.

Sesshoumaru escuchaba su propia voz recitando cada una de las frases que se mezclaba ahora con la voz de Yasha.

Con mi poder y mi arco, debería poder abatir al dragón y obtener la gema de su cuello.

La pierna izquierda de Sesshoumaru comenzó a desgarrarse la palabra escrita se comenzaba a desvanecer como si fuese liquido afilado. La voz de Yasha tembló al sentir en sí mismo el dolor y la marca comenzar a desaparecer también. El agua era absorbida por la esfera que comenzó a brillar.

Pensé que era real, pero cuando observe de cerca, no era más que una rama enjoyada adornada con palabras.

El dolor de cabeza en Yasha lo hizo quejarse, haciendo que todos los espíritus dieran un paso a él, pero una señal de él los detuvo. Un gruñido salió de la garganta de Sesshoumaru al arder la luna en su frente como sí el tormento del poder rompiera su cráneo, perdiéndose su mirada en el vacío.

El dolor hizo que Sesshoumaru se tomara la cabeza, ya no era capaz de ver esa imagen. Se veía flotar en el espacio, escuchando a alguien a lo lejos.

Ahora que he obtenido prendas que no arderán en las llamas inmortales de mi amor, mis mangas se secarán de mis lágrimas melancólicas, y hoy podré verte de nuevo.

Un viento rodeo el lugar.

La tela roja se alzó, desde el brazo derecho de Sesshoumaru y Yasha hilos salieron siendo absorbidos por la tela que comenzó a tomar forma de una capa.

Sabiendo que este traje ardería sin sufrir un rasguño, no hubiera dudado de su veracidad; en vez de colocarlo entre llamas, hubiera pasado mis días admirándolo.

Sesshoumaru sintió el dolor en su brazo derecho, un viento lo golpeo y escucho que alguien lo llamaba a lo lejos. Viendo una pequeña luz que pronto tomo forma humanoide…

–¿Quién…? –su voz se escuchó como eco… y el dolor lo detuvo de seguir hablando.

–Reconócete a ti mismo –dijo la figura con voz distorsionada.

Hacía tiempo que no te pasabas; ¿Es cierto que espero la Concha del Molusco Absolvedor en vano, igual que no hay plantas ni caparazones en la cala que evitan hasta las olas?

El brazo perdido de Sesshoumaru le comenzó a doler; con un dolor fantasmal. Yasha sintió su brazo desgarrarse. Sangre caía de la nuevamente abierta herida de Sesshoumaru donde estuviera antes su brazo izquierdo.

La figura humanoide frente a él comenzó a ser cada vez más clara.

–¿Qué… es… esto? –dijo Sesshoumaru con dolor.

–Acepta la realidad y deja de esconderte de tu verdad –la voz parecía volverse más clara también.

–…yo… no… sé…

Las imágenes de Inu Yasha y de Yasha bailaban en su mente confundiéndolo.

Pensé que la copa de piedra estaría alumbrada por la virtud de Buda, pero ni siquiera veo el brillo que tiene la hierba bañada por el rocío. ¿Qué has visto realmente en el Monte Osore?

La pierna derecha de Yasha comenzó a quemarse como la de Sesshoumaru diluyéndose la marca.

Un gritó salió de la garganta de Sesshoumaru que estaba recibiendo múltiples cortadas del collar y haciendo que su propia sangre lo atacara perforando su cuerpo.

La imagen ahora fue clara. La persona frente a él era… él.

Miles de recuerdos vinieron a su cabeza, miles de lamentos y dolores, miles de noches de pasión que tuvo con Yasha… miles de enfados… pero que Yasha siempre cedía sonriendo, miles de silencios y veces que hirió a Yasha por sus acciones obsesivas, miles de tiempos de deseo reprimido y de extrañar su cuerpo… cuando conoció realmente a Izayoi y aquella noche…

Esa noche que Izayoi fue donde él y lo abrazo diciendo el nombre de Yasha. Fueron rodeados y vio a esa mujer y entendió todo, esa mujer había sido. Sabía las leyes de Hitit, pero no dejaría que mataran a quien traería la descendencia que le devolvería a Yasha, cuando puso la mano en el vientre de Izayoi sintió la energía creciendo dentro de ella reconociéndola no pudo evitar voltear viendo el vientre de la mujer con una mezcla de ternura y tristeza, pues sabía lo que significaba, el nombre que salió temeroso de sus labios lo había terminado de condenar… había llamado el alma de Yasha donde solo estaba su energía creciendo. El intento de aquella mujer por matar a Izayoi y él fue sellado… sus últimas fuerzas las uso para protegerla y enviarla a esa luna que tanto amaba ver Yasha.

Todo sentimiento se frenó al venir la imagen de Inu Yasha…

Ahora entendía todo y más cosas, pero miro a la persona frente a él…

–Inugami…

–Soy lo que tú eres –dijo con seriedad.

–No quiero herirlo, pero como sea lo haré…

Alzo la mano era hora de desaparecer como Sesshoumaru y dejar que Inugami saliera.

–Ahora que ha llegado el momento de ponerme… –el dolor que sintió Yasha lo hizo caer.

Sentía que su corazón se desgarraría, escupió un bocado de sangre. Poco a poco salía de dentro de él el poder que estaba sellado en ese cuerpo, haciendo el dolor cada vez más fuerte.

–…la Prenda de Plumas Celestiales…–el dolor lo hacía sofocarse, pero debía terminar –…y despedirme del mundo terrenal…, echo de menos… tu… presencia… y sufro.

Cayó inconsciente sin poderlo evitar. Byakuya se acercó la tela celestial, la tomó lanzándola a donde estaba Sesshoumaru.

Un torrente hizo explosión.

El alba comenzaba a despuntar. El cuerpo de Yasha se alzó, de él salía la energía que era absorbida por el ser que ahora estaba donde estuviera antes Sesshoumaru. Los objetos giraban alrededor del cuerpo iluminado. El brazo izquierdo de Sesshoumaru fibra por fibra era regenerado.

Nadie se podía acercar por el fuerte viento que lo rodeaba y tenían que cubrirse. Byakuya recitaba los llamados a los espíritus; específicamente el de Inugami una y otra vez.

–Oh, tu espíritu del viento. Protector de Hitit, hoy te invoco, ven y despierta. Has presencia ante quien te llama espíritu guardián del viento. Todo poderoso Inugami despierta de tu letargo…

Kouga miraba con terror el cuerpo de Inu Yasha que flotaba y parecía toda su energía era drenada por ese espíritu que estaba despertando. Quiso ir en su ayuda y sintió unos brazos detenerlo.

–No vayas –escucho la voz de Miroku.

Sin decir una palabra sujeto el brazo de Miroku y lo lanzo lejos de él corriendo a donde estaba Inu Yasha, pero no era capaz de acercarse siendo cortado por el fuerte viento.

Escuchaba los gritos de Miroku. Era consciente del olor a sangre de aquel rey de Minni que tenía las manos empuñadas al punto de hacerlas sangrar y el rugido de aquel dragón que parecía llamar a Yasha. Pero a él no era Yasha quien le importaba.

–Demonios… ¡INU YASHA! –grito con todas sus fuerzas tratando inútilmente que reaccionara, pero no servía de nada.

El cuerpo de Inu Yasha comenzó a descender a los brazos de quien ahora estaba con una túnica larga y blanca, sus brazos al descubierto recibieron a Inu Yasha.

Los objetos fueron lanzados a sus dueños por un fuerte viento, frenando delante de su dueño.

La capa de Inugami cubrió sus hombros.

Kouga corrió tomando la cala y la transformo en garras. Le quitaría a Inu Yasha de sus brazos y se lo llevaría.

Onigumo sostuvo la copa, era aquí donde podrían saber quién se quedaría con él, aunque Onigumo sabía que pasaría había, aunque pequeña, la posibilidad de cambiar el destino.

Banryu se lanzó casi al mismo tiempo que él.

Los tres espíritus atacaron al espíritu del viento. Siendo frenados por el viento a unos pasos de él, estacas de agua, tierra y las telas de araña trataban de herirlo, pero no lo lograban…

–Insolentes –susurro Inugami y libero un viento tan fuerte que los expulso a metros de él.

Los demás se cubrieron.

El ave de Yasha voló encima de su amo que era sostenido por Inugami.

Inugami miraba el rostro de quien parecía dormir. Miro a los espíritus. Ese chico realmente era su perdición. Ahora era solo un cuerpo vació… pues el alma estaba suspendida sin consciencia alguna y dependía del nombre que él llamara para que este despertara. Pero ¿sería lo correcto?

Una vez lo despertara, todo volvería a pasar. Lucharía con Ookami por él, alejaría a Onigumo y a Banryu o en el peor de los casos… los mataría. Ya sea que llamase a uno o al otro ¿Cuál era la diferencia?

Un dolor en su pecho fue su respuesta.

Hizo que la capa roja cayera y lo recostó en ella. Si pudiera hacer que se quedara así, durmiendo tranquilamente a su lado siempre… siempre…

–No ven que este chico solo hace que nos perdamos.

–Cállate –dijo en un gruñido bajo Kouga –lo llevare de regreso a nuestro mundo.

–Su mundo es este –dijo seco Inugami.

–¿No le diste tu palabra de dejarlo irse cuando despertaran al espíritu? –le recrimino.

Inugami frunció los labios ante eso acercándose a Ookami que se alisto para luchar. Byakuya se comenzó a acercar de apoco al cuerpo de Inu Yasha.

–Inu Yasha jamás te perteneció –dijo Kouga.

–Temes que no se quede contigo –dijo Onigumo.

–O no sabes a quien deseas de vuelta –dijo Baryu.

Los pasos de Inugami se detuvieron por un momento.

–Absurdo –sentencio bajo.

–Entonces llama a Yasha –dijo Banryu que tuvo que esquivar las afiladas garras de Kouga.

–Ese cuerpo es de Inu Yasha –dijo enervado –Yasha ya está muerto.

Aun si eso le daba cierto dolor, la sola idea de que Inu Yasha no estuviera no lo soportaba.

–¡Cállate! –grito el dragón atacando a Ookami.

Onigumo y Inugami quedaron solos mirándose el uno al otro.

–Mientras exista la posibilidad de tenerle esta obsesión no parara. Si realmente quieres hacer algo para que nosotros desistamos Inugami… –la voz de Naraku era sería, pero de alguna manera se sentía triste –debes despertarlo y que nos rechace o… destruirlo –la última palabra fue tan silente que casi no sería escuchada, al menos no por oídos humanos.

Los puños de Inugami se apretaron. Eso era la solución perfecta, pero no lo deseaba hacer, destruir el alma y el cuerpo de Inu Yasha y Yasha.

El ave de Yasha al escucharlo cayó en picada entrando en el cuerpo de su amo, provocando una explosión lanzando a Byakuya donde estaban Inugami y Onigumo. Onigumo sostuvo a quien era un proyectil humano, sintiendo dentro de ese humano una gran energía afín con lo que él era débil… el agua… el sacerdote de Banryu… sintiendo como un calambre en sus brazos. Lo soltó dejándolo caer al suelo tratando de relajar sus brazos.

Inugami vio con espanto el cuerpo de pie de Inu Yasha, teniendo a su alrededor esferas de los cuatro elementos. Los movimientos de todos estaban detenidos por un momento.

–No voy a permitir que destruyan a mi amo –dijo la voz distorsionada del ave que venía desde Inu Yasha.

–Inugami. Debes despertar su consciencia… para que expulse a Beknu.

Aun si lo que le decía Onigumo era cierto y escuchaba detrás las voces de Banryu y Ookami diciéndole a quien despertar, él solo no podía.

–Eres un maldito cobarde –le dijo al paso Ookami que corrió donde estaba Beknu. –¡Sal de Inu Yasha! –le gritó.

Beknu saltó y movió uno de los brazos como si fuera un ala, provocando una cuchilla de viento que corto la tierra al ser esquivada.

Al caer golpeo con el puño el suelo provocando un movimiento telúrico haciendo caer a Kouga que pronto tuvo que correr de regreso pues desde la tierra salía lava.

–Esto va hacer difícil –dijo parándose.

–Kouga no seas precipitado –le dijo Miroku a su lado.

–No puedo quedarme de brazos cruzados.

Iba a ir otra vez, pero vio como Beknu tuvo que dispersar innumerables flechas.

Takemaru lanzo a ellos el zorro que había vuelto a ser solo un niño.

–Entreguen al concejero del príncipe Sesshoumaru y al príncipe y dejaremos ir a los demás –Ordeno Takemaru y vio con alivio que Miroku estaba bien.

–¡Muérete! –le grito Kouga antes de pasar frente a Inu Yasha.

Las tropas de Taisho llegaron viendo a Sesshoumaru entendió de inmediato que ese ya no era Sesshoumaru sino el espíritu del viento, Inugami. Su vista se quedó en quien quiso con todas sus fuerzas matar, porque le recordaba ese día, porque le restregaba su parecido con su madre y con él, porque le dejara la dolorosa duda del quizás y tener que asumir su error. Su doloroso error de no haberla protegido más. Y que ahora sabía era así por las palabras de Izayoi: "Cuida de nuestro Inu Yasha". Le había susurrado antes de desaparecer. Era su hijo, su verdadero tercer hijo quien lo mataría.

Los espíritus se vieron rodeados.

Beknu se sintió acorralado, para él todos eran enemigos y él debía proteger a su amo de ellos. Taisho vio las tropas de Takemaru y un rugiente sonido lo hizo ver Rasetsu traía a otras tropas de otros países. Miro con consternación a Naraku dándose cuenta de la mirada de odio que le dio a Rasetsu, al parecer no era algo planeado por Naraku. Esta iba a ser una guerra con demasiadas bajas y solo por… miro a Inu Yasha. La leyenda era cierta, a manos de quien era codiciado por los espíritus todo lo conocido moriría. Tomo su arco y apunto una flecha al pecho de Inu Yasha…