—Kanky, no me dejes sola...
Aquella dulce voz que solía llamarlo constantemente, había cambiado radicalmente.
Estaba seguro que aún continuaba allí, pero su tristeza y desesperación la habían cegado.
—No podré si no es con vos...
Todas y cada una de las palabras que Matsuri le decía, alimentaba aquel dulce amor en Kankuro.
—Kanky, tendré que irme y no podré soportar no escuchar tus tontas bromas...
Sus demostraciones de afectos, abrazos y besos en la mejilla...Matsuri y él eran muy efusivos cuando realmente querían a alguien.
Aquella imagen de una delicada, frágil y dulce niña estaba condenada como una cruel mujer que estaba dispuesta a romper cualquier atadura que le quitara su libertad.
La castaña lo había pensado seriamente y estaba segura que no quería estar atada a los sentimientos de los hermanos Sabaku No.
—Siento tener que decirlo así, pero no quiero que te hagas ilusiones conmigo. Yo no podré ser nunca esa mujer que tanto esperás... —argumentaba con la vista al suelo.
Las lágrimas de la castaña dejaban marcas en el corazón del Sabaku No.
Él se sentía un miserable, un hombre sin escrúpulos que había destruído la armonía que reinaba en su amistad.Por ningún motivo deseaba hacerla sufrir y, mucho menos, que ella estuviera apesadumbrada por su confesión.
De hecho, podía imaginarlo. Cuando supo de sus verdaderos sentimientos, él cargó con aquella mochila que había derribado a Matsuri.
Kankuro se acercó a la castaña y la abrazó con fuerza.Contenía su propia tristeza para poder consolarla.
—No te sientas culpable, Matsu. Al fin y al cabo, todo esto pasó por mi culpa y no pretendo arrastrarte a esto.
Ahora comprendía aquella escena. Matsuri había renunciado a su amor, tal como él lo estaba haciendo.
Gaara, Matsuri y él estaban en un impasse que les resquebrajaba el corazón.
—Nadie mejor que yo puede entender lo que estás sintiendo, Matsu—sus grandes manos acariciaban la cabellera de su amada, siendo cada vez más lejana.
—Lo siento, yo no... —Kankuro tomó el rostro de la chica y sonrió.
—Estaré bien—cerró sus ojos para evitar llorar—. No es como si fuera a morir por un amor no correspondido—bromeó y secó las lágrimas de Matsuri.
La mirada de Matsuri era completamente diferente. Podía verlo como solía hacerlo, como el hermano que siempre deseó tener.
—Agradezco tu franqueza porque sé que podré continuar a tu lado y protegerte desde las sombras. Ahora que sé que es Gaara ese hombre, me siento fatal... —soltó un pesado suspiro—Aunque no podría ser mejor así. Él es un joven muy apasionado cuando ama de verdad y puedo asegurar que si ambos son correspondidos, serán la pareja será ideal.
Las sabias palabras de Kankuro sanaban el corazón de Matsuri.Ella deseaba hacer más por él, pero en esa situación no sabría cómo.
—Espero no haber incomodado con lo que dije, no soportaba el hecho de guardarlo —bajó la vista.
—La verdad duele, sí. Pero duele más cuando se descubre una mentira—exclamó con serenidad.
Ambos, mirándose en silencio, con lágrimas cayendo por sus mejillas, decidieron que ese era el momento de terminar con ese tema.
—No te preocupes, Matsu. Es natural que un hombre sea rechazado—bromeaba.
Así era Kankuro. Él solapaba su tristeza o fracasos con bromas.Jamás dejaría que nadie lo viera vulnerable. Así se comportaban los Sabaku No.
—¡Basta de cháchara! —soltó a Matsuri y se dirigió a la cocina— Propongo una maratón de películas de terror —alzó una mano y gritó—¡Con esta tormenta, será el escenario ideal!
Matsuri respiró profundo. Aquel hombre que, de un momento a otro rió y lloró, estaba haciendo lo posible por levantar su ánimo.
—Me encanta la idea, pero no pongas una de zombies porque son horribles...
El fin de un capítulo que supo darle un sentido a su vida. El sendero que Kankuro se había impuesto, era el equivocado.
La lluvia no cesaba. El frío comenzaba a sentirse.
Las calles se inundaron y la gente mostraba preocupación por ello.Las rejillas de la casa de Sakura solían taparse durante los días de tormenta, así que las chicas se turnaban para chequear que no se inundara.
Sin embargo, todo estaba bajo control.
El hombre que yacía desplomado en su lecho, despertó de repente.Notó que aún seguía desnudo y su ropa estaba esparcida por doquier.
Se sentó y se percató de la ausencia de Temari.Soltó un pesado suspiro y se bajó de la cama.
Sus pies notaron cuán frío estaba y tembló.
—Creo que sí refrescó y bastante... —espetó mientras se vestía.
Miraba a su alrededor. Notó la cantidad de fotocopias y libros que estaban cuidadosamente apiladas en el escritorio.
Se acercó hasta él y tomó entre sus manos una novela que estaba abierta.
Chequeó el título y sintió curiosidad por leerlo.
—Cualquier similitud con la realidad, es mera coincidencia, dicen... —murmuró al leer algunos párrafos de la historia.
Allí entendió la actitud de Temari, pero no alcanzó a comprender el final de ese capítulo.
Salió de la habitación y su olfato captó un aroma demasiado conocido para él.
En una de las ventanas, apoyada contra la pared y con la vista hacia la calle, Temari se encontraba fumando.
—No sabía que vos también fumabas—acotó el Nara, captando la atención de la Sabaku No.
—Hay momentos en los que la mente puede jugarnos en contra. La situación se va de las manos y sólo el cigarrillo me da esa serenidad para tomar una decisión acertada—espetó y exhaló una gran bocanada.Sus ojos entrecerrados y su expresión seria hacía que el ambiente se tornara aún más frío y solitario.
—¿Y qué decisión te tiene tan intrigada? —Shikamaru se acercó a ella y sacó su cajetilla.
Encendió un cigarrillo y la observó con detenimiento.Hacía mucho tiempo que no veía a Temari en una situación tan complicada. Ella parecía estar estresada, aunque Shikamaru suponía que era por la universidad.
Cuando acabó su cigarrillo, Temari cruzó sus brazos y suspiró.
—Han pasado muchas cosas desde que me fui de tu casa...
—¡¡Aún sigue siendo tu hogar, amor!! —exclamó con seguridad. Ella lo veía con desdén.
—¡¡No me interrumpas, Shikamaru!! —espetó y resopló. Si algo la ponía de un pésimo humor, era ser interrumpida cuando trataba de expresar lo que sentía —No podía entenderte porque jamás había sentido atracción por nadie más que vos y eso me cegó por completo.
Shikamaru era un hombre inteligente en cualquier aspecto que se propusiera. Sin embargo, el amor era un reto que aún no lograba superar, siendo Temari una rival muy avanzada.
—Y ahora que volvimos a tener relaciones después de... —Temari detuvo su discurso al notar lo que estaba por decir.
¿Era acertado decirle que se había acostado con Itachi? ¿De qué modo podría quedar ella?Francamente, no le importaba lo que los demás pensaran de ella, pero cuando se trataba de Shikamaru, algo la limitaba.
—¿Después de qué...? —en ese instante, recordó el motivo por el cual había huido de su casa para tratar de arreglar su relación con Temari.
Antes de ver a Ino, debía hablar con su esposa y encontrar una salida.
Aunque no estaba seguro de que el supuesto embarazo de Ino sea tal como Asuma lo afirmaba, estaba consciente de que él podría ser responsable por ello.
—No importa, lo que quería decir era que he tomado una decisión y esto deberás aceptarlo así.
¿Por qué Temari se expresaba tan seria cuando hablaba de ello? ¿Era posible que ella haya optado por dejar los rencores en el pasado y darle una nueva oportunidad?
—¿De qué se trata todo esto, Temari? —inquirió con temor.La rubia se había cruzado de brazos y había desviado la mirada.
Shikamaru sabía en qué momento mostraba esos gestos y eso era cuando estaba por expresar una confesión.
—Creeme cuando digo que estuve pensándolo mucho. Fue muy difícil pero creo que es lo mejor para ambos.
Nuevamente, la tormenta se desataba en Konoha. Los relámpagos iluminaban el rostro de Temari y dejaban en evidencia su angustia.
Aquella novela fue la clave para saber qué vendría luego...
—Haré los trámites para el divorcio, Shikamaru—sus orbes aguamarina se posaron sobre los de Shikamaru, quien se mostraba completamente ofuscado y meditabundo.
¿Cómo podría ser capaz de decirle eso después de haber tenido un encuentro tan pasional?
—Quisiera creer que es una maldita broma... —rió falsamente mientras ocultaba su tristeza—Esto no puede ser así, Tem—su voz comenzaba a quebrarse.
Shikamaru era un hombre bastante inestable emocionalmente. Pese a que solía mostrarse fuerte e independiente, la dependencia hacia Temari lo transformó en un hombre completamente débil ante sus propios sentimientos.
Él pensaba cómo podía reconquistar aquel corazón gélido, pero la lejanía de Temari se lo impedía.
Cada noche recordaba su figura adormecida, ubicada en posición fetal y enredada entre las sábanas.
Shikamaru solía pasar frío en el invierno por ese motivo, pero no podía lidiar con esa cruda helada que lo azotaba desde que se separaron.
—¿Por qué...? —Shikamaru se detuvo frente a ella y la sujetó de los hombros—¿Por qué decidiste esto tan de repente? Y justo después de haber hecho el amor...
—Era una despedida, Shikamaru. Realmente lo tenía en mente, pero no sabía cómo podía cerrar este capítulo—musitó.
Por dentro, Temari se rompía en mil pedazos. Ella conocía los sentimientos de su esposo mejor que nadie y, también, tenía en cuenta su propio ego y orgullo.
Estaba segura que eso no era una venganza. Sólo sería el inicio de una nueva vida en soledad.
—¿Tuviste relaciones con Itachi, verdad? —preguntó de repente.
Temari no podía ocultar aquel hecho. Aún sentía culpa y no podía soportar esa carga. Sus ojos brillaban más que otras veces.
Shikamaru se percató de ello y la soltó. Suspiró y apretó la mandíbula.
Dirigió su vista hacia la calle y miró cómo la lluvia caía copiosamente sobre los charcos que se habían formado.
El viento daba forma a esa húmeda cortina que golpeaba el vidrio.
—Es definitivo entonces... —susurró.
Temari lo miró de soslayo. Él estaba serio, pero su corazón había perecido.
—Así serán las cosas de ahora en adelante—respondió con frialdad.
—Hum—carraspeó y dio media vuelta. Temari lo seguía con la mirada—. No tengo nada más que hacer aquí.
—Al menos esperá a que calme la tormenta—argumentó la rubia.
De inmediato, el cuerpo de Shikamaru estaba apegado al suyo. Ambos rostros estaban a escasos metros.
Su corazón latía con fuerza y eso era imposible de ocultar.
—¿Acaso estás pidiéndome que me quede cuando acabaste de decirme que nos divorciaremos? —inquirió con seriedad. Sostuvo el mentón de Temari y frunció el ceño.
—Más allá de cualquier diferencia, no podría permitir que termines como el otro día y te vuelvas a enfermar por una tontería.
—¿Soportarías aguantarme en tu cama, abrazado a tu piel desnuda, con tal de que no me enferme por estar bajo la lluvia?
Al día siguiente, Sakura desayunó junto a Kakashi.
Él se dispuso a llevarla a su casa, pero ella se negó.
Aún la lluvia no cesaba, pero había mermado bastante a comparación de la noche anterior.
—¿Estás segura que querés que no te lleve? —insistía Kakashi, parado en el umbral de la puerta.
—Puedo cuidarme sola, no te preocupes —respondió y abrió su paraguas—. Gracias por todo.
Sakura tomó el sendero para dirigirse a la salida y fue detenida por el peliplata.
Él tenía el torso desnudo y eso la ponía nerviosa.
Con una pasión que sólo Kakashi solía mostrar, besó los labios de Sakura y la sujetaba de la nuca.
Ambos se despidieron de ese modo y la joven le sonrió.
—No salgas así o te resfriarás...—argumentó y se retiró.
—No te preocupes, preciosa. Este cuerpo siempre será tuyo y te dejaré cuidarlo cuando quieras—bromeó y esperó a que la Haruno saliera del barrio.
En ese pequeño lapso, Kakashi divisó a alguien conocido dentro del auto que acababa de ingresar.
Se trataban de dos muchachos, uno mayor que el otro.
Precisamente, en ese momento, no pudo haber maldecido más después de toparse con Sasuke Uchiha y su hermano Itachi.
