La purificación había terminado y ella, cayó sentada al suelo tomando su nariz, por la gran hemorragia que padecía. No sufría drenaje mágico, ella era mas poderosa que su padre e incluso, más que su hermano, pero había olvidado que no estaba en su época y que esa ley, quedaba descartada por completo. Su novio, se acercó a ella, alarmado.

-¡Apártate! ¡Dante!- su amiga lo empujó y lo alejó sin reparos de su campo de visión -¡Eyra!- murmuró arrodillada frente a ella, totalmente, exaltada -¡Ahí vienen tu hermano y el mío!- dirigió una mirada de pánico hacía atrás -¿¡Qué haremos!?- mordío su meñique muerta de miedo -¡Björn me matara sino invento una excusa rápido! ¡Odia con toda su alma que haga este tipo de cosas!-

Apoyó una mano en el hombro de ella para tranquilizarla.

-Respira... Respira- sugirió y respiró, siguiendo los movimientos de su mano -Tranquilízate- lentamente, se tranquilizó -Bien... Ahora piensa, ¿Que fué lo que nos enseño tu madre con respecto a lo que tenemos que hacer ante situaciones cómo esta?-

Pensó por unos instantes y se iluminó.

-Mis pequeñas monstruos... Cuando no haya ninguna excusa o se encuentren atrapadas en una situación sin salida... Mientan... Mientan como nunca antes han mentido en su vida... Porque recuerden, nada se consigue en este mundo diciendo la verdad- citó las palabras de su madre -¿O te refieres a...? ¡Silencio, Keilot! ¡Tu no tienes ni voz ni voto aquí! ¡En esta casa mando yo!-

Reía a carcajadas de las palabras de su prima. Esa misma situación, la había vivido un millón de veces en la casa de sus tíos, cuando iba a visitarlos en las vacaciones. Por otro lado, sus amigos las miraban consternados, esas dos muchachas de las que estaban profundamente enamorados, fueron criadas, prácticamente, como unas pequeñas manipulados, maltratadoras de hombres y sobre todo, embusteras por sus madres.

-La primera enseñanza, primita- Susurró secando sus lágrimas de risa -Hola, hermanito- Saludó al hombre frente a ella que la tomó por debajo de los brazos y la incorporó -Esto es tuyo- le colocó el rompecabezas del milenio en el cuello, nuevamente -¿Estás molesto conmigo?- la cara de él lo decía todo.

-¡Si! ¡Si, estoy muy molesto contigo!- la aferró de los brazos con fuerza. Dante dió un paso hacía ellos para defenderla, pero lo detuvo con la mirada -¡Eres una hechicera! ¡No, una vidente!- vociferó enojado -¿¡Cómo se te ocurre usar el rompecabezas del milenio para una purificación!? ¿¡Querías morir!?- la abrazó con fuerza, temblando -¿Por qué hiciste eso?- preguntó más tranquilo.

-Lo siento...- le correspondió el abrazo -Pero lo hice por Ivette...- palmeaba la espalda de él, para tranquilizarlo -Si ella hubiera liberado su poder... El bosque, hubiera desaparecido por completo y sabes lo que podría llegar a pasar con las brujas blancas, si eso ocurría-

La muchacha detrás de ellos, los miraba conmovida y sobre todo, agradecida. Ambos, impidieron que ella hiciera una locura que hubiera traído terribles consecuencias para todos.

Besó a su hermana repetidas veces en la mejilla y la separó de él, sonriendo orgulloso.

-Lo sé, princesa... Gracias- acomodó el sobrero que ella llevaba puesto -No lo vuelvas hacer, ¿Está bien?- asintió -Me asusté mucho-

-Prometo que no volverá a pasar... Vamos con Ivi- La besó de nuevo y la abrazó por los hombros, para caminar juntos hacia la nombrada -Adiós, Dante-

Se despidió de su novio, sin siquiera mirarlo. Pero su hermano, volteó matándolo con ojos. Él tragó saliva, intimidado por el poder de su mirada. Parecía, que quería robarle el alma.

Por otro lado, ambos hermanos cazadores, se miraban el uno al otro sin decir nada.

-¡Explícate!- exigió él, después de unos minutos -¡Quiero que me expliques lo que acabo de ver! ¿¡O pasaremos toda la tarde en silencio mirándonos el uno al otro, Gia!?-

Habló tan serio, que le heló la sangre, pero en espacial, a las chicas que estaban cerca de él. Respiró profundo y corrió hacía su hermano, colgándose de él con sus brazos y piernas. Estaba estático, no pensaba ceder... Esta vez.

-¡Lo siento, hermanito!- habló apresurada con su espada en la mano, abrazándolo -¡Sé que no te gusta que haga este tipo de cosas!- su hermano estaba impertérrito y firme, como una estatua -¡Pero tu estabas muy lejos! ¡Y además, el mazuco, estaba de espaldas a mi! ¡Tuve que aprovechar la oportunidad, iba a atacarlos a ustedes!- la abrazó y suspiró. Su hermana siempre encontraba la manera de salirse con la suya -No lo volveré a hacer...- lo miró a los ojos aún colgada de él -Lo prometo- sonrió.

-Esta bien- suspiró por última vez, derrotado -Te quiero, enana- la abrazó de nuevo y la bajó al suelo -Gracias- la besó en la sien -Volvamos- la rodeó por los hombros. Seth se acercó a ellos -Tu, no. No estas invitado, pirata-

Mencionó sin mirarlo y siguieron caminando hacía la joven que los esperaba. Él los miró alejarse, sin decir nada.

-¡Tu y yo! ¡Tenemos que hablar!- indicó el capitán y tomó a su hermano de la parte trasera de su camisa. Lo arrastró con él en dirección al barco -¡Tu también!- hizó lo mismo con Dante al pasar a su lado -¡Tu hermano querrá saber esto!- agregó sin mirarlo -¡Ven, Tristán!-

El ladrón los siguió, sonriendo con burla.

-¡Vamonos, Amaia!- estaban sentadas en la rama de un árbol, mirando el espectáculo -¡Ya no tenemos nada que hacer aquí!-

Sonrió hacia ella, que le correspondió.

-Si, tienes razón- guardó una de sus dagas en su cinturón y otra en su bota -No me creí ni una sola palabra de todo lo que dijeron esas dos-

Mencionó cómplice, bajando de la rama junto con su hermana.

-Yo igual y estoy segura, que Tristán y Ciro, tampoco- caminaban hacía su casa. Ella llevaba su espada enfundada en su espalda -Espero que su hermano le cuente la verdad-

-Si, sino tu y yo, tendremos que averiguarlo-

-No creo que eso sea necesario, hermana- miró a su alrededor -Nosotras sabemos que es lo que pasó con ellos- susurró.

-Si...- pensó unos instantes -Nuestra abuela una vez nos habló sobre eso...Una sustitución de almas, seguramente... - asintieron -Ya no son los mismos de antes. Estoy segura que eso paso-

Finalizó y siguieron a camino.

Dentro de la casa de las brujas blancas, las cosas no estaban tan bien como tendrían que estar, entre dos hermanas portadoras de un inmenso poder destructor de mundos y demonios.

-¡Estas castigada!- exclamó, apuntando hacía la habitación que compartían -¡Iras a nuestra habitación y reflexionarás, acerca de la locura que pensabas hacer, Ivette!-

Las cuatro personas presentes junto a ellas, miraban la discusión estupefactos y muertos de miedo. Esas chicas, producían pánico con sus ojos cambiantes según sus emociones.

-¡No lo haré!- refutó en el mismo tono que ella -¡Estoy cansada de que siempre me castigues!- cruzó sus brazos mirando en otra dirección -¡Yo soy la mayor aquí! ¡Siempre olvidas ese pequeño detalle!-

Su hermana bajó la mirada frotando su frente, para no gritarle y poder hablar con ella de manera civilizada.

-No te castigaría, si tu...- la apuntó -Dejarías de usar magia en público-

Suspiró, ella tenía razón. Pero ese maldito, las había lastimado a ambas y merecía ser castigado.

-Tenía que pagar por lo que hizo- mencionó ácida, mirándola -Ahora esta muerto y espero, que este pudriéndose en el mismísimo infierno- se quitó las botas que llevaba puestas y se las arrojó al vidente -Ya me ayudaste... Así que, lárgate- él levantó las botas, mirándola dolido. Otra vez, lo estaba corriendo de su vida -Tu también cazador... Vete de aquí-

-Yo estoy aquí por Eyra, no por ti-

Contestó en el mismo tono que ella, mientras sus amigas, ingresaban a la casa y se quedaban paralizadas en la puerta.

-Vete, Björn- hablo fría la nombrada, hacia él -Tu hermana y su amiga, pueden quedarse- volteó a verlo -Pero quiero que te vayas-

-¿Por qué estas corriéndome?- reclamó tocándose el pecho -Discutes con tu hermana y te enojas conmigo-

-¡No sé que es lo que no entiendes, cazador!- mencioné en el mismo tono anterior -¡Lárgate!-

Señaló hacia la puerta. La miró por unos instantes con su cara desencajada por la furia que sentía, se removió incomodo, negó con la cabeza y salió de allí, sin decir nada, seguido por un malhumorado vidente.

-¿Qué paso aquí?-

Preguntó una de las recién llegadas, consternada, al ver salir a los dos hombres por la puerta.

-No lo sé, Leire. Pero no digas nada... Podrían morderte- susurró su hermana y la tomó de un brazo -Vamos a hacer la cena-

Ella asintió y se dirigieron a la cocina.

La cazadora y la vidente, miraban a las chicas, sin decir nada. Ellas eran idénticas a sus madres, en todo aspecto, incluso, hasta cuando discutían entre ellas. Aunque, no les tenían miedo, ya sabían que hacer.

-Eyra- se acercó tranquilamente a ella -¿Quieres venir conmigo? Hay algo que deseo mostrarte-

Abrió la puerta invitándola a salir. Asintió y sin dirigirle ni una sola palabra a su hermana, salió de la casa, junto a ella.

-¿¡Por qué hace siempre lo mismo!?- cubrió su rostro, frustrada -¡Se enoja conmigo cuando quiero protegerla!-

-¿Sabes?- Le apartó las manos del rostro -Ustedes... Me recuerdan a dos personas muy importantes para mi- indicó.

-¿De verdad?- preguntó interesada, mirándola a los ojos. Eran verdes, iguales a los de su hermano -¿Quiénes?-

-A mi tía y a mi madre- respondió nostálgica. Sonrió -Ivi, ¿Qué te parece si te cambias de ropa y luego, vamos a la playa?-

-Me parece perfecto- la tomó de la mano -Ven... Acompañe-

Ingresaron a la habitación.

En el Dragón Negro, también se estaba presentando una situación bastante turbulenta, dentro del camarote del capitán.

-Ya estamos aquí- el capitán, estaba sentado en una gran mesa, mirando a su hermano menor -Necesito saber, ¿Quién diablos eres?-

Preguntó al joven frente a él. Este lo observó confundido, sin comprender su pregunta.

-Soy Seth, tu hermano-

Contestó sin titubear y el capitán, entrecerró sus ojos. Por otro lado, su amigo con cualidades alquímicas, lo miraba en silencio, mientras que su hermano Horus, curaba el círculo de transmutación que él mismo se había flagelado en la mano, para poder transmutar fuego.

-Te lo preguntaré una vez más- habló, pausadamente -¿Quién eres, Seth?-

Lo miraba intensamente con sus ojos almendrados color fuego. Parecía, que quería entrar en su mente para saber la verdad. Pero su hermano, también era terco y no daría su brazo a torcer, tan fácilmente.

-No comprando tu pregunta, Ciro- contestó igual que él -Soy Seth... Seth Finrandi, tu hermano menor-

El capitán froto sus ojos y suspiró. Esto sería difícil.

-De eso último, no estoy tan seguro...- contestó neutro -Mi hermano Seth, en una situación como esta, no estaría tan calmado como tu- señaló -Estaría haciendo su típico berrinche de niño malcriado y rebelde- se estaba poniendo nervioso, pero lo disimuló -Tampoco se convertiría de un día para el otro, en el mejor amigo de Denisse. Sabiendo, que hace más de diez años que se odian a muerte...- se puso de pie y se acercó a él -Y lo más importante de todo, mi hermano, no usa magia...- acercó su rostro -Ahora, necesito saber ¿Quién eres?-

Él cerró sus ojos, dispuesto a confesar la verdad. Pero por suerte, su amigo, salió al rescate e interrumpió la conversación.

-No comprendo porque dices eso, Ciro- frotaba su mano que estaba vendada -Prácticamente, el abuelo de ustedes...- señaló a ambos -Era un dragón antiguo, que podía hablar- ambos asintieron a la par -Tengo entendido, que se enamoró de una humana y esa, era su abuela- explicó erudito como cualquier otro alquimista -Todos sabemos que, además de los seres celestiales, los dragones, también son capaces de usar magia ¿No entiendo tu cuestionamiento? Ya que Seth, también podría usarla al heredarla de su abuelo-

-Es que...Todo esto, es muy extraño...- contestó nervioso revolviendo su cabello -Ustedes actúan extraño- lo miró -¡Ahora resulta, que él usa magia y tu...!- puntualizó histérico -¡Lanzas llamas al chasquear los dedos!-

-Eso se llama alquimia- levantó su mano vendada -La alquimia, es una disciplina que tiene que ser estudiada para poder usarla- aclaró -Y aprendí a usarla con un libro que compré hace un tiempo ¿No es así, hermano?-

Cuestionó al rubio junto a él que asintió.

-Es cierto, Ciro. Recuerda que Tristán y Osiris, descienden de Xerxes- indicó su primer oficial y sus primos, asintieron -Allí, creaban homunculos a partir de la alquimia-

-Eso es cierto, nuestro padre fue un gran alquimista-

Comentó orgulloso el mayor de ellos.

-Si, por esa razón, murió siendo pobre- golpeó su frente decepcionado, a diferencia de su hermano -Por culpa de él, empezamos a robar para sobrevivir-

-Silencio... No voy permitir que la faltes el respeto a la memoria de mi padre- reclamó enojado.

-Pues, que lástima...- indicó sarcástico -Porque también es mi padre y hoy me levante con ganas de faltarle el respeto, fíjate-

-¡Ay! ¡Ya cállate!-

Lo golpeó en la nuca, mientras el resto del grupo, se reía de ellos. Pero la risa acabo, cuando intentaron golpearse el uno al otro. Siendo así, que el capitán y su primer oficial, tuvieron que intervenir para separarlos.

-Gracias, amigo- murmuró a su amigo a su lado.

-De nada... Pero te costará-

Contestó igual, mirando a sus primos pelear.

En el bosque, una intrépida cazadora, le enseñaba a una alquimista muy parecida a ella a usar el arco.

-Recuerda... Que la flecha roce tu mejilla- caminaba alrededor de ella -Espalda, brazos y abdomen firmes- indicó mirándola -Respira profundo- su amiga hizo lo que dijo -Y... Suelta-

Finalizó y la flecha salió volando hacía la diana.

-¡Si! ¡Lo hice!-

Festejó saltando en su sitio. La flecha había dado justo en el blanco.

-¡Muy bien!- la abrazó para festejar con ella -Realmente, aprendiste rápido y eres muy buena-

-¿De verdad?- preguntó ilusionada.

-Si, de verdad y eso es extraño- contestó riendo -Ya que tu hermana, tendría que ser la arquera-

Ambas rieron. Lo que dijo, era totalmente cierto. Tomó asiento en el suelo, mirándola.

-Si, Ivette significa arquera- se sentó junto a ella -Gracias por traerme aquí, Gia. Ya me siento mejor- sonrío devolviendole el arco.

-De nada- contestó con simpleza -Quedatelo, te lo regalo- su amiga abrió sus ojos por la sorpresa -Yo puedo hacerme otro-

Se recostó en el suelo para mirar el cielo.

-Muchas gracias, lo cuidaré como oro- mencionó recostada al igual que ella -Tu y tu hermano, me dieron dos hermosos regalos- inspeccionó el dije extraño entre sus manos -Flamel, ese es el nombre de esto ¿No es así?-

Dirigió su verde mirada hacía ella.

-Si, es el símbolo de los alquimistas- respondió sonriendo -Eso fue lo que me dijeron cuando lo compre- mentía. Ese era el flamel de su madre, pero ella lo necesitaba más y además, la inscripción en él, había desaparecido -Pero como yo no soy una alquimista, no puedo usarlo- su amiga la miró y sonrío -Por suerte, mi hermano se enamoró de una y lo puede usar- la sonrisa en ella, desapareció.

-Me porte muy mal con él, ¿Verdad?- cubrió sus ojos -No quería correrlo así, pero necesitaba espacio para pensar en todo lo que paso hoy-

-Para nada... Estuviste bien en correrlo. Lo peor de todo, es que volverá- aseguró riendo y juntando su cabeza con la de ella -Después de que tome unos tragos, se le pasará, no te preocupes... Tu eres la primera que le rompe el corazón- la miró incrédula -Es cierto, no me mires así... Sólo míralo, mi hermano, es un hombre muy agraciado. No hay chica que se resista a él- la golpeó entre los ojos con su dedo índice -Pero tu eres la mejor de todas, tu si lo pones en su lugar y eso me agrada-

-Yo no hago tal cosa- excusó haciéndose la tonta -Aunque es muy apuesto, es cierto. Solamente, es un gran amigo para mi, nada más que eso- la miró ofendida -Y tu también lo eres-

La picó en las costillas como broma. Ella rió, pero no dijo nada, el tiempo diría que la alquimista y su hermano, serían más que eso.

-Gracias por traerme aquí, Deni- las dos estaban en el muelle remojando sus pies -Lo necesitaba-

-De nada... Yo también lo necesitaba- miró a su compañera -El mar es mi hogar, siempre tengo que estar cerca de él- comentó sin saber porque. Eso no era cierto -¿Puedo preguntarte algo?-

-Si, claro. Pero estoy segura, que tiene que ver con tu hermano ¿No es así?- ella la miró extraño.

-¡Por supuesto que no!- contestó indiferente -Lo que suceda entre mi hermano y tu, es pura y exclusivamente su problema- indicó en el mismo tono -Eso no tiene nada que ver conmigo y tampoco me interesa saberlo- frunció su ceño -Además, yo sé lo intenso que puede llegar a ser él, cuando se interesa en alguien- rieron -Es, simplemente, insoportable...- frotó su rostro exasperada -Y tu...Tienes la desgracia de interesarle demasiado-

-Ni me lo digas, pase una noche con él y ya estaba afixiandome- rieron aún más -Tuve que escapar por la ventana cuando fue al baño- limpiaba las lágrimas de risa de sus ojos -Pero el desgraciado me encontró- negó con la cabeza para dejar de reír -Bien, ya es suficiente de él, te escucho...-

-Listo, ahí va...- estiró su cuerpo -Ivi, ¿Cómo eran sus padres?-

No esperaba esa pregunta tan desconcertante de su parte, pero intentó mantenerse serena.

-Sinceramente, no lo sé...- contestó neutral -Eyra y yo, aparecimos en la puerta del orfanato, siendo aún bebés, después de un eclipse de sol- apretó sus labios.

-¡Vaya! No me esperaba algo así- Era cierto, ese suceso, no estaba escrito en el libro que había en la torre -Lamento haber preguntado...- se disculpó incomoda -Ustedes dos, debieron haber sufrido mucho por eso-

-Realmente, no... Aunque no lo creas, nunca nos sentimos solas- miró hacía el cielo como buscando respuestas -Siempre sentimos que ellos, estaban en algún lugar, mirándonos- volteó a ver a su amiga -Cuando éramos niñas decíamos, que papá nos vigilaba de día y mamá, velaba nuestro sueño de noche- La invadieron imágenes de los padres de su amiga, mientras narraba su historia. Eran muy jóvenes, adolescentes más bien, pero siempre estuvieron cerca, cuidándolas -Teníamos una gran imaginación. Por esa razón, ningún niño quería jugar con nosotras en el orfanato-

-¡Que malos!- exclamó indignada al volver de la visión -Yo hubiera jugado con ustedes si hubiera sido ellos- ella rió.

-No te preocupes, cuando cumplimos cinco años, todo cambió. Ese día, llegaron Amaia y Leire allí. Desde entonces, nos hicimos inseparables-

-Ellas son gemelas como ustedes, ¿Verdad?-

-De hecho, no. Leire es un año mayor que nosotras y su hermana, aunque no lo parece-

-Comprendo...- se puso de pie -Bueno amiga, es hora de regresar...-

-Si, tienes razón- se incorporó junto a ella -Tengo hambre...- calzo sus zapatos -Regresamos rápido, porque si Eyra llega antes que nosotras, despídete de tu cena-

-No te preocupes... Eso no pasara- miró alrededor para comprobar que no hubiera nadie, abrazando a su amiga -Lejos- pronunció y desaparecieron del lugar.

En la cantina del pueblo, un apuesto vidente y un atractivo cazador, intentaban ahogar sus penas y más sentimientos, en alcohol. Tenían el honor y el orgullo hecho pedazos, por culpa de esas mujeres que los habían pisoteado ese día.

-Explícame una cosa...Björn- habló arrastrando las palabras -Hace veinticuatro horas o quizás un poco más... Que la conozco y no puedo sacarla de mi mente ¿Por qué?- bebió de su pequeño vaso de ron -Estoy seguro que fueron sus ojos o ese maldito y pequeño cuerpo que tiene, que me vuelve loco-

Indicó iluminado y totalmente ebrio.

-No lo sé y tampoco me interesa, amigo- respondió igual -Yo la salve de que un desgraciado abusara de ella y mira como me trata, como un perro- bebió también de su vaso -Peor que un perro, seguro que a él lo trata mejor, como...- pensó tambaleante -Como el suelo- señaló hacía abajo -Que puede ser pisoteado mil veces, hasta que no quede nada-

Llenó otra vez el vaso de su amigo y el suyo de ron.

-Somos patéticos...- bebió su trago de golpe -Busquemos a unas prostitutas y divirtámonos por esta noche, yo pago- lo señaló con el vaso.

-No- respondió con el poco ápice de seriedad que quedaba en él -Yo la quiero a ella-

Terminó su trago y salió de allí.

-A quien engaño... Yo también- bebió lo último que quedaba de su vaso de ron y dejó dinero sobre la mesa -Esperame...Björn - salió detrás de él.