Unos días después, Kohaku ya podía caminar por su cuenta, con el yeso improvisado por Senku y unas muletas le hizo Kaseki. Extrañaba horrores entrenar y ayudar con los inventos, pero no tenía opción. El científico ya volvió a sus ocupaciones normales, y hasta peor por todo el trabajo atrasado, y aun así se hacía ratos para chequear cómo estaba la rubia, o para hacerle compañía. Su relación amorosa había vuelto a florecer, y ya no había incomodidades o roces entre ellos, o cuando los había ya sabían cómo resolverlos de una forma más equilibrada. Lo más curioso que encontraba Kohaku ahora, era la notable mejora en la relación de su padre con su novio. Desde que lo aceptó como líder se habían llevado bien, luego se volvió bastante arisco cuando la pareja comenzó a convivir, y después de esa "charla" que tuvieron (que Senku nunca quiso soltar una palabra al respecto) mágicamente ahora lo trataba con mucha más camaradería y afecto que antes. No estaba segura porque su oído no era tan fino como su vista, pero una o dos veces le pareció oír que se refería a Senku como "hijo". Era casi como si lo aceptara dentro de la familia, aunque la única forma de que lo estuviera sería si…Oh, su cabeza se estaba adelantando mucho.
Para matar el tiempo, practicaba la lectura y escritura que Senku le había comenzado a enseñar, y en poco tiempo había aprendido bastante bien, así que se había puesto sobre los hombros el proyecto de escribir las cien historias, transcribiendo lo que la sacerdotisa le dictaba lentamente. Por supuesto que aprovechaban el tiempo para hablar de cuestiones más personales entre las hermanas, y ya Ruri sabía todo lo que había pasado con la reconciliación. Era tanta la ternura que le provocaba saber de los sentimientos y las palabras de Senku hacia su hermana menor, que ahora cuando lo miraba tenía un brillo muy dulce en los ojos, que no hacía más que poner incómodo al peliverde ya que no tenía idea del motivo, y a decir verdad, le irritaba un poco.
Por la noche era cuando recién podía verse y pasar más tiempo de calidad con Senku, que ya había abandonado su manía sobreprotectora y la dejaba hacer libremente, siempre que evitara caminar mucho. Y aunque al principio Kohaku prácticamente tenía que rogarle para que tuvieran intimidad más apasionada, llegó el día en que no pudo resistirse a los insistentes avances de su novia, que por el aburrimiento estaba mucho más enérgica que él, y cedió. Si desde el accidente y que se reconciliaron Senku estaba mucho más amable y abierto con ella, la rubia no tenía palabras ahora para describir lo que era él cuando hacían el amor. Quizás también era porque se cuidaba de no ser brusco en sus movimientos para evitarle incomodidades en el pie, pero lo cierto es que había adoptado una forma de moverse casi en cámara lenta, que la derretía completamente, como si le susurrara su amor a cada milímetro de su cuerpo, para que ella no volviera a dudar de sus sentimientos ni su intención de construir de a poco su futuro juntos.
Duró poco más de un mes para Kohaku llevar puesta la férula de yeso, y para cuando fue el día de cortarlo y sacárselo, tuvieron que pedirle ayuda a Kinro, porque necesitaban a alguien con fuerza y un pulso muy firme para cortarlo de a poco, y evitar lastimarla con el filo de la espada. Cuando lo lograron, Kohaku luego casi lloró de dolor, pero por el atrofio que tenía en sus huesos del tobillo por no poder moverlos durante tanto tiempo. Una hora después, y con la ayuda de Senku que la masajeaba y le movía milimétricamente el pie de a poco, logró recuperar la mayor parte de su movilidad, y pudieron comprobar que ya se había curado por completo su pequeña fractura.
- Leona, a partir de ahora puedes volver a entrenar y hacer tu vida normal, pero tómatelo con calma, y no te exijas mucho, hasta que te sientas totalmente cómoda con el pie. Si te cansas o te duele, usa las muletas como apoyo.
- No te das una idea lo mucho que extraño correr y moverme, ya no soporto más estar tan quieta.
- Sí, tengo una idea porque tuve que aguantarte quejarte todos estos días –Senku le dijo rascándose el oído con el dedo– pero sólo unos días más, y ya serás libre para correr de aquí hasta la playa.
- ¿Es una promesa?
Senku entrecerró los ojos por un momento, sin decir nada, aunque era evidente que algo estaba pasando por su mente porque dejó entrever una pequeña sonrisa de lado.
- Lo es. Hacia la noche, dentro de tres días. Espero que estés lista.
- ¡Ja! Si me conoces sabes la respuesta de esa pregunta. Lo espero con ganas.
Esa promesa pareció levantar mucho el ánimo de Kohaku, y se decidió a ayudar con los toques finales del biplano, que también le faltaba muy poco para estar finalizado y seguro para volar. Por supuesto, Ryusui había pagado por los derechos de ser el primeo en manejarlo, aunque no era realmente necesario porque era el único que había tenido la oportunidad de aprender aviación en su juventud, ya que un tío suyo era piloto, y con él había hecho su primer vuelo en planeador. El biplano era bastante rudimentario, y parecía más un planeador que un avión de verdad, pero cumplía su función, además de permitir un pasajero extra. Los aldeanos estaban maravillados con la apariencia, y lo que más les había fascinado era la altura y la velocidad que podía alcanzar, además de su preciso control y mucha mayor seguridad con respecto al globo aerostá la desventaja es que llevaba un complejo aprendizaje para pilotarlo, ya que no podían permitirse ningún error o lo pagarían muy caro.
La siguiente tarea colectiva de la aldea, sobre la cual Yuzuriha llevaba la batuta, era la fabricación de paracaídas. Era imprescindible que hubiera para el piloto y el pasajero, en caso de algún imprevisto o accidente. Así que todos volvieron a la tarea de hacer grandes cantidades de tela, y a coserla de acuerdo a los planos en los que Senku estuvo trabajando bastante tiempo. Además de ese trabajo, el científico le hizo un encargue especial a Yuzuriha, pero uno que sólo ella podía hacer y del cual nadie podría enterarse, con excepción de Ryusui. El pedido y las condiciones le parecieron un tanto extrañas a la artesana, pero accedió como favor a su amigo, que lo tuvo muy difícil el último mes.
Senku estuvo muy ocupado esos días, y muy difícil de encontrar, y el segundo día hizo un corto viaje con Chrome y Magma, como en aquella ocasión de su cumpleaños, y les había dicho a los demás que era para buscar materiales en el enorme depósito de Skran que ya conocían. Cuando volvieron, los ojos del castaño brillaban más que el sol, ya que esta vez se permitieron usar el automóvil, y cargaron una enorme cantidad de piedras. Los recibieron todos con mucha alegría, demasiada para lo intrascendente que había sido su tarea, pero arrastraron a Senku a los empujones para mostrarle la verdadera proeza: El biplano estaba totalmente terminado y hasta pintado, así como los dos paracaídas para hacer el primer vuelo.
- Todo listo, Senku –Ryusui chasqueó los dedos, emocionado– Y mi instinto de marinero me dice que las condiciones de temperatura y de viento hoy son óptimas para nuestra primera prueba, ¿qué dices?
- Tú eres el experto aquí, de acuerdo. Pero tenemos que llevarlo a un lugar descampado, para poder hacer el despegue y aterrizaje con buenas condiciones.
- Sí, claro. Como tiene ruedas, podemos atarlo al coche y arrastrarlo de a poco, en una hora como mucho llegamos. Si estás listo, partimos ahora.
- Claro, no puedo esperar.
- Y si todo sale bien hoy…cuenta conmigo para mañana.
- Gracias Ryusui, sabía que podría hacerlo.
Todos los aldeanos se morían de ganas de ver por primera vez en su vida esa máquina volar como un pájaro, y los del mundo moderno estaban entre nostálgicos y emocionados. Por supuesto que Minami llevó la cámara con ella, esto era tan épico como la construcción del barco. Cuando llegaron al descampado, primero posaron todos frente al avión, el capitán al frente de todos con una ropa de aviador que Yuzuriha le había diseñado especialmente, así como unos enormes lentes para proteger su vista del viento, cortesía de Senku y Kaseki. Sin perder un segundo más, Ryusui se puso el paracaídas en su espalda y subió al pequeño avión, pero para sorpresa de todos, su acompañante no fue el científico, sino Chrome, que por poco y lloraba de la emoción.
El primer vuelo resultó un completo éxito, y a todos se les había puesto la piel de gallina, mientras que algunos soltaban lágrimas sin pudor, al ver cada vez más lejos el avión a cruzando el cielo, hasta que dio un gran giro cuando era casi un punto a lo lejos, y volvió, para aterrizar con bastante precisión en el área designada. Los gritos de emoción y alivio de todos se escucharon a varios kilómetros a la redonda, y Ryusui salió con los brazos en alto en señal de victoria, mientras que Chrome cayó de rodillas al suelo ni bien bajó, temblando como una hoja, y Ruri lo fue a socorrer.
- ¿Qué opinas, Senku? ¿No es una belleza?
- Diez billones por ciento seguro. Ni una falla, todo de acuerdo a los planes. Otro éxito del reino científico, capitán. Me sorprenden tus habilidades de vuelo.
- Lo deseo todo, te lo dije. Y se podría que decir que domino los mares con los barcos, la tierra con las carreras automovilísticas, y el aire con este tipo de aviones. A que soy genial.
- La humildad, ante todo. Diez billones de puntos para ti, revivirte fue una de las mejores decisiones, al fin y al cabo.
- Y te doy mi aprobación para lo que tienes en mente mañana, será genial. Pero sabes que voy a necesitar a otra persona conmigo, ¿verdad?
- Por supuesto, pero di por sentado que el mentalista iba a hacerlo. Encárgate de decírselo, no se va a negar, tan chismoso que es. Y puedes pedirle a Françoise que te de una mano con el resto.
- Dalo por hecho. Será muy divertido. Bueno, volvamos, suficiente por hoy.
Una hora después, todos volvían muy emocionados, y Chrome y Ryusui estaban en su salsa contando lo maravilloso que fue su corto viaje, y explicando el funcionamiento del avión a los curiosos. Senku y Kohaku estaban más cerca de la choza, así que se despidieron ahí del resto y volvieron juntos para cenar. Decidieron acostarse temprano, ya que el científico estaba tan agotado que cabeceó más de una vez mientras esperaba sentado junto al fuego a que se cocine la carne y las verduras. Ella se sentó detrás de él, y apoyó el mentón sobre su hombro, abrazándolo por detrás, lo cual sólo provocó que él se acomodara recostándose en ella y dormitara un rato. Kohaku adoraba verlo dormir, esa expresión relajada era su debilidad, y le acarició el pelo una y otra vez, suspirando feliz. Nunca se cansaría de eso.
Al día siguiente, cuando Kohaku se despertó, se extrañó de estar sola en la choza, Senku no le había dicho nada de que se iría temprano. Se levantó muy entusiasmada, ya era el día en que él le había prometido que podría volver a ser una bola de energía corriendo de aquí para allá si así lo quisiera, pero todavía tenía que esperar unas horas más. Desayunó rápidamente, y se fue a la aldea para buscarlo. Tampoco lo encontró ahí, ni en el laboratorio, y cuando preguntó por él nadie supo darle una respuesta. Se fue hacia donde estaba el avión, y se encontró con Ryusui, que se sobresaltó excesivamente al verla.
- ¡KOHAKU!... –carraspeó, y le sonrió, tratando de aparentar normalidad– Buen día Kohaku. ¿Qué haces por aquí?
- Busco a Senku, no lo encuentro por ningún lado. Pensé que estaría aquí.
- No, no está. Ayer me dijo que tenía algo que hacer, así que estará ocupado con eso. No te preocupes, seguramente ya esté de vuelta en un rato.
- Mmmm, de acuerdo. Pero si lo ves, dile que lo estoy buscando. Ojalá no se le haya olvidado la promesa de hoy.
- Tranquila, te aseguro que no se olvidó.
- ¿Y cómo lo sabes tan seguro? –Levantó las cejas mientras se cruzaba de brazos, observándolo fijamente.
- Oh...eeh…¿porque Senku jamás se olvida de nada? –Demonios, ni él podía creer su pésima excusa.
- Bueno, eso es cierto. Me vuelvo entonces, no te olvides de avisarle si lo ves.
Mientras la veía irse, esperó un rato más apoyado en el biplano, suspirando con fuerza. El que salió con cara de haberse salvado por un pelo del lugar del acompañante, fue Gen.
- Eso estuvo cerca, Ryusui-chan.
- Demasiado. Por suerte no te vio, o hubiera empezado a hacer más preguntas. Y a ti te cree tan poco que dudo que la convencieras.
- Bueno, no quisiéramos arruinar la sorpresa. Se lo cobraremos caro a nuestro querido Senku-chan.
- ¿Terminaste ya con eso?
- Sí, todo listo. Tapemos esto y volvamos de una vez, suficiente con hacernos trabajar desde temprano.
Efectivamente, unas horas después Senku volvió, pero Kohaku no pudo sonsacarle a dónde se había metido, pero intuía que quizás estaba preparando algo para esa noche, y de sólo pensarlo le volvió la sonrisa a la cara y no insistió más. El científico estuvo un poco esquivo todo el día con ella, y se escurría demasiado rápido y seguido, aunque cuando le preguntaba si estaba todo bien se hacía el desentendido. La rubia luchaba por mantener a flote su buen humor, pero le estaba costando un poco y su ansiedad no le ayudaba.
Poco antes del atardecer, Senku finalmente apareció y la encontró en la choza, escribiendo unos caracteres. Se podía sentir a la legua que estaba controlando su mal humor cuando lo oyó entrar, porque no quiso ni mirarlo. El científico, un poco preocupado de que no tuviera ganas de salir ahora, trató de bromear, y le apoyó un dedo en el entrecejo. Sin mover la cabeza, ella miró hacia arriba para hacer contacto visual finalmente.
- Si sigues frunciendo el ceño así te va a quedar la cara como una máscara oni, leona.
- ¿Una qué?
- Ah, así que mi viejo no pasó ese conocimiento. No importa, mejor así. No creo que te hubiera divertido la imagen. ¿Me acompañas un momento? Es hora de cumplir mi promesa.
- ¿Por qué me esquivaste todo el día Senku? Y no lo niegues, porque fue muy obvio.
- Estuve…preparando algo –suspiró y miró al piso, un poco nervioso.
- ¿Puedes ser más específico con ese "algo"?
- Si me acompañas, lo verás. Por favor.
A regañadientes, Kohaku dejó las hojas y los pinceles en la mesada, y tomó la mano que él le extendió. Salieron de la choza, y se dirigieron cerca del lugar donde la tarde anterior habían hecho la prueba de vuelo. Ella lo miraba de reojo, y le vio una casi imperceptible sonrisa en los labios, en el exacto momento en que comenzaba a escuchar un extraño sonido por encima de sus cabezas. Cuando miró hacia arriba, se encontró con que era el biplano, que Ryusui estaba piloteando, pero se sorprendió mucho cuando vio que había alguien más atrás, y que sostenía algo en la mano. Afinando su magnífica vista 11.0, vio que la persona que estaba atrás era Gen, y que sostenía una tela como si fuese una bandera, solo que la tela tenía algo escrito.
- Senku, ¿qué están haciendo?
- Creo que quieren decirte algo. Sabes leer ya, inténtalo.
Sonriendo por el desafío, que no parecía nada fácil entre el movimiento y la lejanía, volvió a mirar con detenimiento. Abrió los ojos muy sorprendida cuando se dio cuenta que la primera parte era su nombre, y luego…
- "Kohaku, síguenos"
- Los niños quieren jugar. Y tú querías correr según recuerdo.
- ¿Voy a perseguir un avión? No sé si le encuentro la gracia a…
Pero se calló en cuanto vio que algo caída del cielo. Era pequeño, pero caía lentamente.
- ¿Eso es…uno de los paracaídas de Yuzuriha? ¡Pero es muy pequeño, qué adorable!
- Parece que es un juego de sorpresas. Vamos, te mueres de curiosidad ahora, leona, ve.
- ¿Y tú?
- No me apetece correr como a ti, y la invitación decía claramente tu nombre. Yo iré más lento, espérame cuando llegues. Aunque algo me dice que Ryusui no te lo hará tan fácil como ir en línea recta.
Sintiéndose atrapada por el misterioso juego, le sonrió y comenzó a correr. Además de la curiosidad que tenía, se dio cuenta que finalmente estaba corriendo con todas sus fuerzas, y eso la hizo gritar de felicidad y correr más rápido. El paquete no había llegado al piso todavía, así que logró saltar y agarrarlo en el aire. Un pequeño paracaídas sostenía un bulto de tela. Cuando lo abrió, se extrañó al encontrarlo vacío. Era simplemente una bolsa de cuero...aunque cuando vio que Gen tiraba otro paquete desde el avión, que descendía lentamente, dedujo que la bolsa era para cargar más fácilmente lo que seguirían arrojándole. Siguió corriendo hacia el próximo paquete, y cuando lo agarró, vio que ese sí tenía algo adentro, era un pedazo de cuero del tamaño de un mapa. Tenía dibujado varios círculos y flechas, como los mapas de procedimientos de Senku antes de hacer cada invento, pero lo raro es que estaba vacío. Guardándolo en la bolsa, y ya muerta de curiosidad de lo que se traían entre las manos, corrió para seguirlos. En algo había tenido razón el científico, y era que Ryusui la volvía loca haciéndole describir círculos y yendo hacia atrás, seguro el maldito se estaba riendo a carcajadas a costa de ella. El próximo mini-paracaídas fue arrojado por el mentalista, y cuando ella lo alcanzó, vio que tenía un objeto extraño. En realidad, era una miniatura de tres tubos parecidos a ruedas, unidos entre sí por una fina cuerda. Le sonaba familiar, pero no podía recordar lo que era, así que lo envolvió, lo metió en la bolsa, y siguió persiguiéndolos.
Así continuó un buen rato, atrapando los pequeños objetos que caían del cielo, aunque el mentalista comenzó a tirarlos más rápido, tanto que a Kohaku no le dio tiempo de revisarlos, y sólo los guardaba y seguía corriendo. Pero luego del último paquete que recogió, vio que Ryusui dirigía el biplano hacia el medio del mar, donde ella no podría alcanzarlo ya. Y en eso se dio cuenta: ¿El mar? Había llegado hasta la playa. Abrió los ojos desmesuradamente, primero porque se dio cuenta que Senku le había dicho exactamente eso, que "ya serás libre para correr de aquí hasta la playa". No fue una corrida para nada libre, pero lo cierto es que los puntos de partida y llegada sí coincidían. ¿Senku había planeado todo esto desde tanto antes? Tanta anticipación parecía más bien obra de Françoise, pero no, había sido Senku, en cada pequeño detalle. Y lo que es más, él le dijo que lo esperara allá, que iba a llegar también, pero no tenía idea cuánto tendría que esperarlo, ni exactamente dónde. Eso se preguntó hasta que vio, parado en la arena, a una figura demasiado conocida para ella.
- ¡¿Senku?! ¿Cómo llegaste tan rápido?
- Te dije que Ryusui iba a dar demasiadas vueltas. ¿Te gustó el juego?
- No entiendo nada, pero sí, fue muy divertido volver a correr, y nunca en la vida pensé que me pasaría una hora entera corriendo detrás de un avión y recogiendo paquetes. ¿Tú hiciste todo esto?
- Así haces los honores de mostrarme lo que juntaste, quizás podemos hacer algo con eso.
- Ya sabes perfectamente lo que hay aquí, no vengas a hacerte el misterioso ahora.
- Vamos, déjame divertirme a mí también, que me tomó bastante trabajo armar todo esto.
- Pero está comenzando a oscurecer, me da miedo perder algo.
- Es absurdo que no pienses que yo ya prevía esto. Por supuesto que tengo luz, pero está más allá. Vamos.
Le tomó la mano y la llevó un poco más lejos, aunque en realidad era todo lo que se había desviado Kohaku del camino en línea recta, a costa de la persecución. En eso vio que Senku había preparado algo que parecía una pirámide de tela, con una abertura al frente, cerca de una manta grande colocada en la arena, y ya crepitaba una fogata al lado también. También había varias lamparitas conectadas a una batería, formando un círculo alrededor de ellos, aunque estaban apagadas.
- ¿Qué es eso, Senku?
- Ah, es algo que se usaba en el mundo moderno para dormir en la intemperie más protegidos, es una tienda de campaña. Esta es muy primitiva, pero servirá por si levanta viento o si comienza a hacer frío. Pero la idea sería quedarnos sobre la manta en la arena.
- Ya veo…o sea que planeabas que nos quedemos aquí a la noche.
- Sí, si quieres. No hay nada mejor que ver el amanecer desde la playa, no sé si lo has visto alguna vez. Y por supuesto que tenemos que comer, así que también traje algo para asar en el fuego.
- Es un hermoso plan, me encanta. Pero tengo mucha intriga por juntar todo lo de ese mapa, armémoslo primero, y después nos ocupamos de la comida.
Kohaku apoyó la bolsa en el piso, y comenzó a sacar todo el contenido. Extendió el mapa en la arena, y luego sacó los pequeños paquetes. Agarró el primero que había encontrado, el de los tubos como ruedas conectados por la cuerda.
- Sé que me suena familiar, pero no logro adivinarlo.
- Bueno, pensé que podría suceder. Es una polea…de Arquímedes, ¿te acuerdas ahora?
- Polea… pol…¡OOH! El primer invento que te vi hacer, cuando me salvaste.
- Diez billones de puntos para ti, exacto. Ponlo en el primer círculo.
- Bien. Pero es el único que abrí, así que ya no sé el orden en el que los recibí. Voy a abrirlos todos primero.
Cuando los abrió, vio que había varios objetos, y algunos paquetes contenían varios materiales, y otros eran pedazos de madera con un dibujo cavado. Reconoció algunos de los objetos: Un magneto, mijo, una réplica miniatura de las lanzas de entrenamiento de la aldea, hilo de oro entrelazado, tela de lino y trigo. Y por otro lado, "dibujos" de una bombilla, una katana, el teléfono, un automóvil, uno que parecía las caras de Yuzuriha y Taiju, un globo aerostático, el barco, un depósito de petróleo…hasta otros más recientes como una choza y sus dos cabezas dibujadas en la misma piedra. Eran muchos, pero de pronto miró el mapa y los objetos alternadamente y comprendió.
- Tienes cara de que al fin te diste cuenta. Sí, es el recorrido de todo lo que sucedió desde que nos conocimos. Empezando con la polea con la que te rescaté del ataque de Tsukasa, uno a uno, todos los logros que hicimos juntos, además de la ayuda del resto de tu aldea y los amigos que fuimos encontrando, claro.
- Dioses...es…impresionante. ¿Te acordaste de todo? –No pudo contener su emoción y se lanzó a abrazarlo, con tanto ímpetu que lo terminó tirando sobre la arena. Lo besó con todo el amor que pudo, estaba sorprendida de sólo pensar todo el tiempo que estuvo pensando y preparando todo eso.
- Claro que me acordé, si hay algo que nunca me falló, es la memoria. Ahora termínalo, ponlo en el orden que va– se volvió a sentar, y la observó armar el mapa completo.
Le causó gracia que había tres dibujos similares, el que tenía sus cabezas dibujadas. La diferencia era que uno tenía una cruz encima, simbolizando el momento en que pensaron que se había terminado todo. Pero eso parecía solucionado con la otra piedra que, en vez de una cruz, tenía algo como una línea que los conectaba.
- Senku, me di cuenta que no tiene línea de llegada, como todos tus mapas. Y hay más círculos, pero ya no hay nada con qué completarlos.
- Bueno, eso es porque no tenemos una línea de llegada, salvo que tengas la habilidad de predecir el futuro –le sonrió de costado, bromeando– y lo de los círculos…pensé que pueden ser para completar lo que nos depare el futuro.
- Oh…–escuchar esas palabras, y sólo imaginar lo que podían significar, esta vez pudieron con ella, y los ojos le comenzaron a brillar con lágrimas de emoción. Es demasiado hermoso, no pensé que harías algo como esto.
- Yo tampoco, pero me pareció apropiado como regalo de aniversario –se sonrojó un poco, avergonzado. Lo romántico no era lo suyo, pero se había esforzado.
- ¿Aniversario? Pero si no estamos juntos hace tanto.
- No es el único aniversario que se puede festejar. Hoy ya son tres años desde que nos conocimos, o sea, desde el primer paso.
- ¿Tres años? Parece mucho más, y al mismo tiempo pasaron tan rápido. Espera… ¿de verdad llevas la cuenta del día que nos conocimos?
- ¿Te sorprende? Contar es lo que más hice en mi vida, y algo tan importante como conocer a otro ser humano vivo, y que me presentara a toda una aldea, me parece que es algo digno de recordar, leona. Y es la primera fecha que podemos celebrar desde que estamos juntos, ya que falta para mi cumpleaños y tú no sabes el tuyo.
- Increíble…eres increíble –se volvió a acercar a él, con más cuidado esta vez, y lo abrazó con mucha fuerza– te amo tanto.
- Yo también, leona. Y si estoy irreconocible, es por tu culpa. Pero tengo que admitir que me gusta un poco, por lo menos de todo esto tengo los mejores recuerdos, y sentí y cosas fascinantes. Aunque preferiría no recordar ni volver a pasar el momento en que nos separamos, claro.
- No lo creo, no.
Le acarició la cara, y aunque ya había oscurecido bastante, pudo ver la sombra de esos ojos rojos igual de brillantes que los de ella. En ese momento no quería hacer otra cosa que no fuera besarlo y expresarle todo su amor. Entre besos y abrazos, Senku la recostó sobre la manta, y él se colocó encima de ella. Sin importarles nada a su alrededor, encerrados en su mundo, no había otra cosa en mente de ambos que las ganas de consumar ese amor en ese mismo instante, sin prisas, sólo con el sonido del mar de fondo, y sin nadie alrededor en un par de kilómetros que los escuche o vea. Se liberaron de sus ropas, la necesidad de ambos de sentir cada milímetro de piel en contacto, y unirse en cuerpo y alma, bajo el cielo limpio y cubierto de estrellas, hasta que el agotamiento los consumió.
Kohaku despertó estremeciéndose de frío, y se dio cuenta que la fogata estaba casi completamente consumida, dejándolos a merced del fresco de la costa. Cuando trató de levantarse, notó que una de las razones por las cuales no sentía tanto frío como esperaba para la temperatura que hacía, era que Senku la estaba abrazando desde atrás, completamente pegado a ella, y habían usado la manta sobre la arena para cubrirlos un poco. Pero cuando se movió, despertó al científico, que miró alrededor también con una expresión adormilada.
- Nos quedamos dormidos, pero todavía es de noche. Deben ser las dos o tres de la mañana. Demonios, hay que alimentar el fuego ahora mismo.
- Sí, y si te soy sincera, me estoy muriendo de hambre. Podríamos comer, ya que dijiste que trajiste algo.
- En ese tarro hay verduras…y aunque creo que el pescado se echó a perder.
- ¡No, el mapa! –se sentó muy rápido, ignorando que todavía estaba desnuda, pero se alivió al ver que estaba casi completo. El mijo y el trigo se habían volado, pero lo demás seguía ahí, por suerte, aunque un poco cubierto de la arena que voló en esas horas.
- No es problema, si quieres tenerlo completo otra vez reponemos lo que se perdió. Ah, mi estómago ruge, podemos comer un poco de pan mientras se cocina el resto, no vendría mal algo de comida caliente.
- Podemos esperar en esa "tienda" que armaste, nunca había estado en una.
Se vistieron y se acurrucaron juntos en el interior de la pequeña tienda, mientras compartían un poco de pan para aliviar el hambre que sentían. Y luego volvieron a salir para comer cerca del fuego, que estaba mucho más cálido.
- Había pensado en usar esa cosa para lo que hicimos antes, pero bajo las estrellas tuvo su encanto también, diez billones por ciento seguro.
- ¿Así que ya contabas con que lo haríamos?
- Por supuesto…desde la hora en que llegamos hasta el amanecer, había que rellenar el hueco con varias actividades. Y después de todo ese trabajo que llevó el mapa, me parecía que era una buena forma de terminar la celebración.
- Fue perfecto –le depositó un corto beso en los labios y siguió comiendo el pan, con una sonrisa en los labios.
Media hora después finalmente comieron un plato decente, y era tanta el hambre que tenían que ninguno de los dos dijo palabra, disfrutando de hacer entrar al cuerpo un poco de alimento caliente. Luego se acomodaron juntos, Kohaku apoyada contra el pecho de él, entre sus piernas, boca arriba mientras miraban las estrellas juntos. Aprovechando el tiempo, Senku comenzó a enseñarle las constelaciones que podían verse, y hasta el nombre de cada una de las estrellas más importantes. Así siguieron hasta que se dieron cuenta que faltaba muy poco para que amaneciera, ya comenzaba a aclarar apenas perceptiblemente en el horizonte. Kohaku notó que el científico miraba de reojo insistentemente hacia un costado, al principio no le importó, pero luego ya le llamó la atención, y cuando comenzó a girar la cabeza para buscar qué parecía tan digno de la atención de él, Senku rápidamente la besó. Ella no protestó, porque adoraba sus besos, pero ahora era evidente que había algo interesante allá afuera. Confiando en que él le diría si algo sucedía, le correspondió, pero cuando se separaron notó que él sonreía, y miraba al horizonte.
Ella siguió su mirada, cuando de pronto otro tipo de luz llamó su atención. A la derecha de Senku, hacia el lado donde él miraba sutilmente antes, había un destello azulado. Conocía ya ese magnífico y precioso brillo, era del tungsteno, lo que no entendía era por qué había justo en esa playa, cerca de ellos. Miró a los ojos al científico, intrigada porque seguramente él tenía algo que ver con eso, y se levantó para acercarse a la fuente de esa preciosa luz. Se sorprendió mucho al ver que esos trozos de piedra brillantes, estaban ordenados en caracteres, que ella ahora podía leer. Giró la cabeza para mirarlo, y él le hizo un gesto como para que leyera el mensaje. Instantáneamente identificó su nombre en el medio, pero tenía que descifrar rápidamente el resto, porque sabía que el brillo del tungsteno sólo aparecía en ese instante en que comenzaba a amanecer. Pero cuando lo logró leer, tampoco lo entendió, y su cara de confusión era muy evidente en todo el rostro.
- Y, ¿qué dice, leona?
- "¿Cómo te suena Kohaku Ishigami?" …no entiendo. O sea, Kohaku es mi nombre, e Ishigami es el nombre de la aldea, que también es tu apellido. Pero no entiendo la relación.
- Bueno, a decir verdad, no está en las cien historias, y no es parte de la cultura de ustedes. Pero conecta las ideas, tú puedes –quería ver su rostro cuando lo dedujera, más que decírselo él mismo.
- Veamos… Ishigami es el apellido de Byakuya, tu padre, tu familia. Si mi nombre comienza a llevar tu apellido, es porque entonces sería parte de tu familia. Pero soy tu novia, no tu hermana, y…. –sus ojos se abrieron mucho y se quedó congelada un momento. Miró las palabras, que comenzaban a desvanecer su brillo, y luego a Senku, que sonreía divertido al ver su expresión. ¿Es lo que pensaba que le estaba proponiendo? De una forma muy inesperada, compleja y un poco confusa a decir verdad...pero… ¿lo era?
- ¿Estás ahí, leona? Creo que lo entendiste, me gustaría saber tu respuesta.
- Senku… estás…. ¿estás…? –No le salían las palabras, aunque estaba bastante segura ya que era eso.
- Sí, estoy. Aunque no quería hacerlo de la forma cursi tradicional de mi tiempo, pero parece que necesitas un poco de ayuda, así que reduciré tu respuesta a una sola palabra... Kohaku, ¿nos casamos? –No tenía anillo, al fin y al cabo, esto era completamente un secreto, al menos hasta que aceptara, pero simbólicamente estiró su mano con la palma hacia arriba, para que ella apoye la suya encima si aceptaba…esperaba que sí. Ella siguió mirándolo con los ojos abiertos y ahora también su boca entreabierta, al escuchar esas últimas palabras y ver su mano extendida hacia ella. Cuando salió del shock, levantó lentamente su mano, para acercarla hasta apoyarla en la de él. Y con eso volvió a la realidad, y al mirar a Senku vio su cara de expectativa, y se dio cuenta que no había respondido con palabras. Le agradeció que sólo tuviese que decir una, porque no creía que podría decir nada más.
- Sí.
El científico soltó un suspiro de relajación, y cerró su mano sobre la de ella y tiró para acercarla y atraparla entre sus brazos, y besarla largamente.
- Diez billones de puntos para nosotros, entonces, futura señora Ishigami.
Buenaaas! SÍ. OOOH SÍ. Ya está, Senku no quiere perder más el tiempo. Esto no requiere más palabras de mi parte, así que los dejo...seguramente sorprendidos tanto como Kohaku jajaja. Gracias por leer, apoyar y comentar tan lindas palabras, como siempre! Me encantaría leer sus palabras sobre esto, fue un paso muuuy grande. Hasta el próximo capítulo, abrazooo!
