"Era una conversación sin tema. Porque en el fondo, los temas no importan y las palabras tampoco. Por eso, el silencio vino de un modo natural".

Callada como la muerte

-Abdón Ubidia-


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Capítulo XXIV:

Cada cierto tiempo tamborileaba sus dedos sobre sus muslos, cada cierto tiempo en un intervalo referencial de menos de un minuto posaba sus pupilas sobre el cuerpo de su mujer, cubierto un poco por la sábana blanca desde sus caderas dejando a relucir la parte superior de su pijama. Sentado en su sillón de terciopelo, Levi, vestido aún con la ropa de la conferencia, no lograba entonar el sueño que necesitaba para clamar el detenerse de pensar y sentir. Ya era poco más de las dos de la mañana y seguía anquilosado ante las noticias.

No se dio el tiempo para contárselo a Hanji porque no sabía cómo decirle, si acaso era necesario también. ¿Tendría que hacerlo? A todo ello ¿Cómo reaccionaría o qué le diría ella? Practicaba en su mente: «Me llamó Erd, ¿Lo recuerdas? Es amigo de Mike también.» Movía la cabeza, se frotaba la cien y volvía a reformular las palabras de su diálogo imaginario con Hanji «Hace tiempo, bueno, muchos años, fui a una fiesta y ahí estaba Erd, un amigo» dejó de lado su práctica mental cuando vio el reloj digital sobre la mesita, llevaba cerca de una hora formulando oraciones.

Se levantó del sillón y agarró el despertador para desactivar la alarma antes de que sonara. No quería que esa madrugada Hanji despertase. Cerró la ventana y se internó por aquella puerta construida poco más de dos años la cual conectaba directo su habitación con la de su hijo. Entró y percibió los murmullos de su pequeño al dormir, la estancia estaba pintada por luces de estrellas que se proyectaban desde una lámpara: Dave no podía dormir en tranquilidad si no estaba encendida.

—Sh sh…—susurró para tranquilizarlo. —Es papá…

Rozó por encima del pantalón el miembro de Dave, estaba erecto, el indicador de que necesitaba hacer micción. Lo llevó cargado al baño, cuando encendió la luz el niño se puso de malhumor e intentaba taparse los ojos con ambas manitos. Levi le bajó el pantalón, la ropa interior y lo acercó al inodoro, al instante empezó a orinar manteniendo sus ojos cerrados. Cuando terminó de asearlo lo volvió a recostar en la cama, lo abrigó y él se durmió inmediatamente agarrado con su mano del pulgar de Levi. Junto con Hanji lo estaban habituando –precisamente a su organismo– para despertarse en determinada hora de la madrugada para orinar y que no hiciese en sus pantalones. Para cuando ya estuviese habituado, Hanji y Levi tenían la expectativa de que él solo se asistiera y es por ello que su baño fue construido de acuerdo a su edad de manera que pudiera disponer del inodoro y el lavabo sin usar un banquito para subir.

Recostado al lado de su hijo experimentó la paz. Para cuando despertó, Dave ya se encontraba jugando en el suelo con sus carros de bomberos. Levi no recordaba haber soñado nada simplemente tenía la sensación de haber cerrado sus ojos mirando a su niño dormir. Seguro Hanji todavía no despertaría.

Y de nuevo los recuerdos de las noticias del día anterior lo afectaron, las torres gemelas… las torres gemelas… la llamada de Erd… el presidente y la insistencia de Erd en nuevamente llamarlo cuando le cerró el teléfono dejándolo hablar solo: «Algo ha pasado Levi… —dijo Erd guardando un poco de silencio. — Petra murió esta mañana…» No le respondió nada y tampoco respondió a las siguientes llamadas.

Oh… Petra

Siempre pensó que algún día la volvería a ver, no porque la esperase… sino simplemente porque –hablando en términos de posibilidad– aquello podría ocurrir. ¿Cuántos años pasaron desde que la vio por última vez? ¿Nueve? ¿Diez? Sabía el número exacto pero lo evadía. No era finales de Mayo, creía que mediados: Petra salía de un supermercado cargando dos bolsas de papel… eso fue dos semanas después de que rompiera con ella. Se embarcó en un taxi fuera del supermercado, desapareció y, no supo más de Petra sino hasta la noche anterior.

—¿Dormiste con Dave? —. Preguntó Hanji, sorbiendo la miel de los labios.

—Sí. Roncas demasiado—. Inquirió y dejó los cubiertos de lado.

—¿Eh? ¡Yo no ronco Levi!

—Eso es justo lo que dice la que gente que ronca—. En realidad su esposa no roncaba, resoplaba cuando dormía con la boca abierta. Aunque solo necesitaba molestarla un poco.

La mañana estaba fresca pero nada parecía ser tranquilidad cuando se encendía la televisión; la noticia de los hechos acontecimientos el día anterior se replicaban en todos los canales, los medios de comunicación estaban atestados por la información. La gran destrucción que en Manhattan circundaba daba paso al malestar, no solo por la caída de las torres sino también por los daños a lugares cercanos. Lo más grave saltaba cuando se actualizaba la cifra de muertos y heridos. Hanji se tapaba los ojos ante las imágenes, era difícil de asimilar que miles de vidas se apagaron sin siquiera ser consciente de lo que sucedía. Una completa infamia para cada uno de los que murieron y que a sus familias les deja una huella imborrable, porque eso es la muerte y más de esa naturaleza; aquella imprevista y cargada de injusticia.

Levi no podía pensar, las noticias de las víctimas mortales lo habían cercado de nuevo a Petra y su muerte. Necesitó alejarse del comedor, salir al jardín y aspirar aire muy fuertemente. No sabía cómo murió, en realidad no quería saberlo… pensaba que era mejor así para él ya que sin siquiera ser partícipe de nada con ella se sentía vacío, triste y desorientado. Entendió, pese a todo, que jamás hubiera deseado la muerte para ella. El viento soplaba contra su rostro trayéndole el olor de los rosales, aspiró fuerte e intentó serenarse; cerrando los ojos, acariciando el pasto con las palmas de las manos, exhalando el aire contenido en sus pulmones.

Si se lo iba a contar a su familia, entonces lo haría sereno.

Apretó sus labios con los dientes ante la idea de hablar sobre ello. ¿Qué sentiría su esposa si le contase que su ex novia murió de quién sabe por qué y que él estaba al borde del llanto? Seguramente pensaría muchas cosas. Aunque no estaba cien seguro de cómo reaccionaría Hanji si su voz se quebrase.

Le estaba costando admitir para sí mismo que la noticia lo había golpeado hondo, tal como si hubiese sido antier en que ideaba una vida junto a Petra; los despertares de sol, las tardes de ocaso, las noches de amor y pasión a las que se entregaban ambos. Y es que fue con ella que se abrió al romanticismo, no a lo melifluo, sino a dejarse amar y permitirse romper sus propias falacias hacia el amor de pareja. Petra comprendió su expresión de amor y él estaba internamente maravillado por el hecho de que ella se diese la gran tarea de asimilar su humor, su silencio, sus manías…

Ella era, ella era quien sería su esposa… pero como todo ser humano que está sujeto a errores Petra no era la excepción y cometió algo grave, calificado por Levi.

Cuando regresó dentro de la casa, Dave ya se había terminado sus frutas picadas con el exprimido de naranja y estaba sentado en las piernas de Mikasa, mientras ella y Hanji miraban la televisión: se hablaba de luto nacional.

—¿No saldrás hoy, verdad? —. Le preguntó Hanji tomando su mano, cuando percibió su presencia detrás del mueble.

—No—, respondió Levi, sin soltar la mano de Hanji rodeó el mueble y se sentó al lado de ella. —Por el momento es mejor resguardarse, no sabemos con exactitud si pasará algo de nuevo.

Hubo silencio. Dave acurrucado todavía al pecho de Mikasa comentaba que deseaba ir al parque, sus sucintas frases, castas y llenas de risitas. Su madre se volteó a él, dejando desatendido el televisor y su esposo, le brindó cosquillas en la barriga redondita lo cual causó en él aún más risillas torcidas.

—¡Hoy no~! ¡hoy no~! —Canturreó Hanji, sus dedos hurgaban en el estómago de su hijo.

—¿Por… por qué no? Mami—. Inocente preguntó, carcajeándose e intentando protegerse de las cosquillas.

—Hoy mami preparará paletas de chocolate ¡Sii~!

La mujer apartó de un tirón al niño del regazo de Mikasa, lo elevó y lo agitó en el aire; ambos reían, jugando al avioncito, aquel juego que era el preferido de Dave por las mañanas para despertarse bien. Ellos eran observados por el par de ojos que se quedaron un poco detrás, Levi cernido a sus pensamientos y los breves instantes que la vida de su hijo lo proponía vibras de felicidad y, Mikasa atestada por un dolor de estómago que prefería callar, solamente se levantó.

El teléfono de la casa volvió a sonar, Levi volteó a mirarlo, la señora Clarisse ya lo estaba atendiendo; observó su faz, sus ojos y labios delataron sorpresa. Levi se volvió hacia Hanji y Dave que seguían jugando frente a él.

—Levi… Te necesitan al teléfono.

Hanji por unos segundos dejó de interactuar con Dave ante la oración de la mujer, divisó a Levi acercarse y contestar la llamada en la que pasó poco menos de tres minutos a espaldas y hablando significativamente bajo: anotó todos sus movimientos y le quitó los ojos de encima para reanudar la plática con su hijo sobre los pajarillos de colores que revoloteaban fuera, tras las ventanas, encima de los arbustos.

—Tengo ganas de carne hoy, ¿hacemos asado en la tarde? —. Intervino Mikasa, reapareciendo en la estancia.

Levi no tomó en consideración su pregunta, más bien no la había escuchado bien, o eso pretendía… siendo en él algo no reiterativo de hacerle eso a ella. Hanji se fue acercando también, pareciera como si necesitase preguntarle a Levi por sobre la persona que llamó. Ella le miró la cara, corriente y tiesa como de costumbre. Sin embargo, sus orbes azules deambulaban en otro sitio que no eran ellas ni Dave.

—Petra Ral murió, me lo acaba de confirmar su padre—. Anunció, sus ojos no miraban a nadie pero percibió el respingo de Mikasa y el asombro de Hanji al recordar ese nombre, seguramente.

El asado se hizo en la tarde, Mikasa se encargó de la carne y Hanji de los pinchos de fruta y el mango asado para la ensalada. Comieron en el jardín casi al caer el atardecer y con la ayuda de las palabras y juegos del niño todo se volvió menos denso, cuando de por sí, existía cierta pesadumbre en ellos. Aunque parecía que a Levi se le había acentuado solo un poco ahora que lo había dicho y enfrentado, quizás sentía muy encima de él las miradas de su esposa y su sobrina sobre todo lo que hiciese como si lo estuviesen evaluando.

—¿Quién es Pe…ra? —. Preguntó Dave en medio de la comida.

—Petra—. Corrigió Hanji. —Es una amiga de tu papá.

Por la noche Levi se encontraba en su estudio, recientemente remodelado, haciendo nada cuando Hanji se asomó tras puerta, entró y la cerró. Rodeó el escritorio de Levi, hallándolo en aquella silla giratoria de cuero mirando el cielo oscuro tras el gran ventanal.

Levi inspiró aire fuertemente. Su cálida esposa se sentó en sus piernas sin siquiera preguntar si podía, ya era su costumbre.

—¿Te molesta que haya dicho que ella es tu amiga?

—¿Por qué debería molestarme? —, colocó su brazo en la cintura de ella—Él no entendería las cosas, así que está bien lo que le dijiste. Pero te equivocas cuando dijiste «es», en realidad es «era» ella está muerta—. Dijo siendo portador de su usual tono bajo de voz. Parecía indeleble.

Con la tensión rota, Hanji se animó a rodearlo con los brazos en el cuello. Pegó su rostro con el de él por los cachetes por lo que sus lentes saltaron un poco de su posición.

—Tienes razón—. Restregó un poco el rostro de Levi con el suyo. —Lo siento…

—¿Por qué lo sientes? —. Preguntó volviendo la mirada al frente, podía sentir los ojos de Hanji sobre su cara.

—Por Petra.

Levi contrajo las cejas y se mordió el labio inferior emitiendo una levísima sonrisa temblequera. No la miraba. Sola pensaba en qué decir. Se llevó los dedos a los labios, acariciando su propia resequedad. Silencio. Hanji hacía partícipe de su silencio inopinado nada incómodo para él, lo apreciaba, ya que de por sí a ella se le dificultaba mantenerse demasiado tiempo callada.

Ella se abrazó aún más a su cuello.

Antes había repasado todo mentalmente para no terminar diciéndolo como en esas líneas imaginarias, pero que bien que se sentía ahora con la reacción calma de su esposa.

—Su padre me pidió que asistiera a la ceremonia de velación—. Dijo Levi manteniendo la catadura ecuánime.

—¿Y por qué no has ido?

—Aún no se lleva a cabo, hay procesos que están tramitando para traer el cuerpo a esta ciudad en la madrugada—. Respondió, el final fue con casi un hilillo de voz.

—Ah… no vivía aquí. Estaba pensando que tal vez era una de las víctimas de ayer que… por cierto Levi ¿De qué murió? —. Se quitó los lentes. Levi volvió, para ese instante, los ojos hacia ella: dilucidados por el lenguaje de fondo y, cómplices en medio de la tenue oscuridad.

—No lo sé—. Soltó aire de la boca. —Erd me lo dijo anoche pero no le di tiempo de explicaciones y su padre… él no me lo dijo solo me pidió que…

—Entiendo… — susurró Hanji, se acercó a la frente de Levi y allí solo pegó sus labios, dio cortos dos besos y volvió a mirarlo.

—Tsk ¿Es que estás usando las cosas del niño? —. Preguntó Levi. Debido a la cercanía del pecho de Hanji en su rostro logró olfatear el cálido aroma del talco que desprendía ella, quien empezó a carcajearse al ser descubierta. — ¿Dave está dormido?

—Mikasa le está leyendo un cuento. ¿Quieres hacerlo dormir? —. Peinó los cabellos negruzcos hacia un lado con sus dedos. Sonrió para sí misma al encontrar en el rostro de Levi una pizca de relajación, ya no era tan rígido como en segundos antes.

—Seguro Mikasa lo hará dormir…— murmuró pegando su rostro en el espacio donde nacían aquellos senos.

—Si…

Se ayudó con sus dedos para abrir los primeros botones y poder tener un mayor espacio de piel cálida para poder echarse y disfrutar de la suavidad. Al ligero toque de las yemas de sus dedos Hanji se reía sin resultarle a él molesto continuó y echó a plenitud su cabeza en los senos de ella sujetados por el brasier, quien se reacomodó en su regazo. Lo abrazó y estrechó fuertemente hacia ella… a su lugar seguro y protector de todo su cuerpo.

—No iré a la velación de Petra—. Anunció sin levantar su cabeza. En medio del silencio Hanji le volvió a acariciar los cabellos y habló:

—No vayas si no quieres Levi—. Dijo. Tanteó con sus dedos la mandíbula de Levi haciéndolo alzar la cabeza un poco hacia ella. —Pero si es que es por lo que yo pueda pensar porque vayas: ve, que yo entiendo y entenderé.

Al día siguiente, Erd llegó a la casa de Levi en primera hora del día como una visita muy repentina; iba solo y enfundado en ropajes oscuros. Primero se disculpó por presentarse sin avisar antes. Se presentó con Hanji y ella reaccionó muy locuaz al afirmar que brevemente recordaba sus rasgos faciales, lo ubicaba en la fiesta de noche en casa de Mike por supuesto. Erd conoció al hijo de Levi, a quien solo lo había visto en fotos… y saludó a Mikasa; la chiquilla que era ya una señorita.

Por las circunstancias pareciera como si Erd y Levi hubieran llevado una amistad distanciada lo cual era en parte real. Por la ruptura con Petra el grupo de amigos se disolvió en dos; los varones pasaron a formar parte de Petra y Levi se quedó solo, lo cual aceptó ya que no iba a hacer nada para poner a sus amigos, que eran de Petra también, de su lado: la cuestión del resentimiento de Erd, Gunther y Auruo radicaba en la forma injusta, para ellos, con la que él la echó de su vida. Levi presentía el odio de Auruo hacia él incluso más intenso que el de los otros dos, pero las cosas fueron dadas así y así se quedaron por los años siguientes.

Levi en muchas ocasiones presentía de extrañarlos ya que los cinco fueron un grupo muy compacto y entrañable entre sus miembros. Pero los dejó ir con Petra… y ahora Erd parecía el más dispuesto a exhortarlo del silencio: aquel rubio sentado frente a él le extendió un papel que rezaba el lugar donde se llevaría a cabo el velatorio, se marchó tan pronto como le fue oportuno.

Por la noche, Hanji tomó la decisión de no acompañar a su esposo por sus razones desconocidas sin embargo lo instó a que asistiera de todas maneras en compañía de Mike quien fue notificado esa misma tarde sobre la noticia. Y, en el silencio de su auto, Levi estaba ansioso; le palpitaba frenético el corazón y las manos sudadas dejaban su rastro en el cuero del volante.

Cuando llegó, se quedó en el estacionamiento contemplando un poco el cielo oscuro y dejando que sus pensamientos y emociones se disipasen con el frío; como si fuese posible. Miró al frente: había un aro de flores blancas adornando la entrada y algunas personas transitando por allí mismo. Buscó, entornando los ojos, el vehículo de Mike de entre aquellos en el estacionamiento pero no logró divisarlo y aquello le produjo un malestar significativo que nacía en su estómago, quizás debía dar media vuelta y conducir de regreso a casa, pensarlo lo hacía sentir mejor y sano.

La agudeza de sus pensamientos no le permitía reconocer una lejana voz que reclamaba en su nombre, un tipo de peinado corto iba caminando en dirección a él. ¿Dónde estaba Mike?, se preguntaba Levi cuando Gunther por fin lo alcanzó a tomarlo del brazo.

—Cuanto tiempo…—murmuró el hombre.

—Años—. Dijo Levi, estoico, no con él si no por la situación.

Casi a unos ligeros y disimulados envites Gunther condujo a Levi hasta la entrada, habían rostros lejanos que conocía y otros que no. Atravesaron el umbral y Levi firmó en el registro de los asistentes, en el papel dejó un rastro de sudor de su mano. Bufó un poco irritado por eso, no reparó en los detalles de los otros nombres y siguió a Gunther hasta la sala amplia.

Podía disimular muy bien cuando algo parecía importunarle pero luchar contra lo que experimentó al divisar en el centro el ataúd blanco donde, evidentemente, reposaba el cuerpo de Petra… creía que no poseía toda la quietud que necesitaba. Y, si no es hasta ese preciso instante en que empezaba a negarse a sí mismo de lo que sucedía. No se visualizaba en ese lugar, si no en casa junto a Hanji, Mikasa y Dave esperando por la cena.

—¿Qué es lo que ha pasado con Petra? —. Preguntó Levi una vez estuvo junto con Gunther aún alejados de las personas en un rincón.

—Te lo contará su padre—. Respondió tranquilo, aun cuando reflejaba tristeza en su mirada.

—Con que por fin haces aparición Levi, después de tantos años de dejar a Petra en abandono tú…

—¡Auruo! No es ya momento para eso—. Lo reprendió Erd, quien venía pisando sus pies.

Levi tragó saliva y se reajustó la corbata, incómodo.

—Solo estás resentido porque ella no pudo verte como un hombre. ¿No? —. Inquirió Gunther con la voz baja.

Levi se vio curioso, alzando una ceja.

—Tampoco es tiempo de esas cosas Gunther—. Erd espetó, y zarandeó de los hombros un poco a sus amigos.

Los tres en su escaramuza casi habían dejado de lado a Levi… quien se apolilló aún más contra la pared. Definitivamente se visualizaba en otro sitio, no allí. Las espaldas de quienes en su momento fueron buenos amigos junto a él le hacían una pared que lo separaba de los demás, hacia esa realidad de infortunio. No habló ni un poco con ellos, a más de lo que ya había dicho a Erd y, a Gunther en la entrada.

Decidió que en cuanto el señor Ral y su esposa aparecieran hablaría con ellos, les daría su pesar y se marcharía. No importaba si Mike todavía no llegara, los recuerdos con Petra lo estaban asediando en su totalidad; su primer beso por iniciativa de una tímida Petra, las cartas de muchacha enamorada que, queriéndolo o no, había releído cuando estaba solo y se había imaginado a sí mismo dentro de una relación formal de esa naturaleza, no se lo creía a decir verdad, con lo esquivo y torpe que se consideraba en ese tema.

Ya no escuchaba los murmullos de quienes fueron sus amigos incondicionales, ni tampoco aquellos sollozos que saltaban de rato sin saber con exactitud quien era ni que familiaridad tendría con la difunta. Cerró sus ojos y su mente divagó en varias imágenes de Petra junto a él, nada era invención de sus sentidos ya que todo era proyectado desde aquel baúl de memorias evocadas desde algún sitio en su cerebro que se mezclaban con la avives de las emociones sentidas en ese tiempo; alegría, tristeza, sorpresa… a saber.

Abrió los ojos y se detuvo a sí mismo de todo aquel mar pujante y amenazante.

Quería ver a su familia.

—Aquí estas—, dijo un hombre regordete y que tenía los primeros indicios de cabellos blancos aún ocultos con los demás. —Ven…—Dijo y extendió su brazo, su mirada se tornó triste y sus ojos acuosos.

—Yo…

—¡Qué bueno que viniste Levi! Eres todo un señor—. Comentó el hombre estrechando su mano con la de él. —Mira cómo te han cambiado los años, ojalá Mildred estuviese aquí para verte. Ella no pudo viajar ya, no hay vuelos, lo sabes. Una hermana está con ella acompañándola.

—Asumí que estaban viviendo aquí—. Comentó Levi, ahora encaminado a una zona un poco más alejada de los demás. Él intuía que el hombre necesitaba de espacio para hablar con su persona.

—No… no, no. Verás, apenas yo estoy aquí hace un mes. Vine a ayudar a mi hija, fue ella quien se mudó a este país este año…—su voz se quebraba.

—Quiero saber…

El señor Ral hizo un ademán con su mano y luego se la guardó en el bolsillo de su pantalón, ambos quedaron parados mirándose.

—Sí, sé que quieres saber. ¿Cómo empiezo? Por el principio supongo—, meneaba de nuevo las manos en el aire. —Petra se mudó de nuevo a Estados Unidos porque estaba buscando algo… bueno comenzó con establecerse en Washington y apenas llegó aquí un amigo de ella… tú sabes quién es: Auruo, la ayudó a entrar a el Pentágono como secretaria…

Levi dio un respingo, el señor Ral lo notó.

—Entonces…

—Es lo que te imaginas: mi hija murió al instante—, el hombre se limpió las lágrimas aun cuando su boca se esforzaba por mantener una sonrisa. —justo al instante cuando el avión impactó contra el Pentágono, ¡justo Levi…! ¡Justo el lunes la reubicaron en la zona donde fue el impacto!

Después de aquella conversación con el señor Ral, el hombre se había retirado quizás al baño buscando lavarse el rostro enrojecido y mojado en lágrimas. Le pidió que no se marchara aún, y solo por eso es que aún estaba ahí: acercándose con pasos indecisos hacia el ataúd. Su corazón asemejó dar un vuelco profundo cuando tras el vidrio solo pudo observar un manto blanco que cubría el rostro de Petra, ni siquiera su cabello se podía apreciar; debería estar escondido, y quemado también.

Se pasó la mano por el rostro, lo sentía caliente y creía que tenía agua en los ojos.

Decidido a marcharse, para ocultar su rostro enrojecido, se giró sin prestar atención de las miradas de Gunther y Auruo. Sin embargo, del pasillo que conectaba con la habitación para familiares caminaba el señor Ral con una niña que a su parecer era muy similar a Petra.

Se quedó anquilosado sin prestar atención a las personas que murmuraban a su alrededor; aquella pequeña que tenía los ojos hinchados y algunas venas rojizas surcándole la frente, pedía mediante frases cortas en francés a su maman.

—Mi niña…— le decía el veterano con cariño.

—Maman... maman—. Repetía la niña lloriqueando cansina, se frotaba los ojos constantemente.

Los presentes dejaron de murmurar al mirarla, y Levi lo comprendió: Petra tenía una hija.

El señor Ral la alzó en peso y la niña se tendió en su hombro, él caminó hacia Levi… Levi presintió la cercanía de Erd, Gunther y Auruo como rodeándolo. Entornó los ojos y se volvió hacia ellos, respiraba fuerte…

—Levi, quiero presentarte a alguien—. Dijo el hombre tratando de menear a la niña la cual al escuchar la voz de Erd se volvió al frente y dejó en exposición sus azules ojos.

La niña hizo contacto visual con Levi un segundo. Él abrió sus ojos sorprendido, sopesando una posibilidad, comenzó a hiperventilar que requirió espacio fuera de esa sala de velación para desatorarse. El señor Ral lo siguió dejando a la niña en cuidado de Erd.

—No comprendo…— Soltó Levi girándose violentamente hacia el hombre mayor. —Sea claro y hable de una buena vez.

El hombre que antes estuvo lloroso ahora se mostraba apacible y hasta comprensor.

—Es mi nietecita, Levi—. Dijo con mucho amor y tristeza mezclado en sus ojos de miel. Introdujo su mano en su bolsillo y de allí extrajo un sobre blanco, sellado todavía, el cual extendió a Levi quien incauto lo miraba, tomó el sobre y lo abrió nervioso.

Apenas pasaron unos segundos, las pupilas de Levi iban y venían en aquel pedazo de papel sin percatarse de cuanto el hombre frente a él lo estaba estudiando. El más joven bajó la carta dejando expuesto su rostro completamente desencajado, aturdido, sus labios estaban sueltos dejando hasta ver su boca por la cual trataba de respirar mejor. Dejó al señor Ral y caminó con pesadumbre hasta donde todavía podía divisar el cabello rubio de Erd, el cual iba y venía cargando a la niña en un intento porque se duerma en su hombro.

Erd, al notar la mirada de Levi, le hizo una seña para que lo siguiese. Llegaron a la habitación que el salón de velación disponía para los familiares, Erd depositó a la niña en la cama y le tendió una colcha un poco más pequeña que ella encima. Desde la puerta, Levi la observaba dormir aún perplejo y silencioso pero no fue hasta que Erd cerró la puerta que Levi arremetió contra él.

—¡¿Por qué no me lo dijiste?!

—Eso no era lo que quería Petra—. Respondió Erd, tomando los antebrazos de Levi, forzándolo a que se calmase.

—Claro, no hubiera tenido por qué ser así—. Terció Auruo, su voz pesada apuntaló contra Levi.

—Tú…— espetó molesto.

—Ya no es momento de estas peleas, es innecesario y tonto. Tienes que comprender Levi: nosotros solo seguimos la voluntad de Petra, si ella no te dijo de la niña… ¿Por qué tendríamos nosotros que estar en su contra? —. Argumentó Gunther, cerciorándose de que nadie fuese a importunar la charla.

Levi confundido con ellos aún, salió del pasillo y pasó en breve por el ataúd, de nuevo, las lágrimas en él aparecieron que prefirió marcharse del sitio encontrándose con Mike ahora en la salida.

El sonido característico del motor del auto de Levi lo percibió lejano, en medio de su sueño frágil, abrió sus ojos y en la oscuridad de su habitación se proyectó la luz de las luces del mismo vehículo. Hanji se levantó dando pasos saltarines por sobre la alfombra, no encendió la lámpara solo se quedó observando a su esposo recién llegado sin bajar del auto. Tanteó los lentes en la mesita y se los colocó para poder divisar un poco a la distancia su rostro pálido, él estaba aún aferrado al volante con ambas manos pero no hacía nada más. Dos segundos luego, dio un fuerte tirón con ambas manos en el volante y reclinó el asiento hacia atrás dejando también caer su cuerpo.

La observadora se llevó la mano al pecho considerando la postura de Levi ante lo que se enfrentó, más una espinita de dolor se insertaba en su pecho cuando se percató de algo más: las manos de Levi cubrían con ahínco su rostro, parecía frotarlo arrebatadamente y sus cabellos los alborotó.

Se retiró de la ventana con tanto sigilo como le fue posible, hasta dejarse sentada en la alfombra, se abrazó a sus piernas y dejó escapar de sus labios un largo quejido de pena. Pensó en darle espacio a Levi y dejarlo ser en su pequeña burbuja pero casi transcurrida hora y media en que pasó retorciéndose en el auto decidió bajar y ella ya lo estaba esperando en la entrada sin ocultarse, siendo presta a ayudar con su silencio en lo que pudiese.

Entrecruzaron miradas, instante silencioso. Hanji notó el cambio en los ojos de él, surcados en venas pronunciadas y pestañas húmedas… mientras que su nariz estaba un poco rojiza en la punta y sus labios brevemente henchidos. Sintió dolor en el pecho al verlo así, francamente, jamás le había visto el rostro como lo tenía ahora: cercenado en desdicha.

Pasó a su lado agarrando el puño de su pijama e instándola a caminar junto a él, en silencio, y cuando estuvieron en la sala. Hanji le dijo:

—Te sentaría bien algo caliente de beber—. Encendió la luz de la cocina y trasteó por ahí. De reojo, observó a Levi callado y con la mirada en el suelo.

Hanji no le espetaría nada.

—Quiero comer algo…— dijo Levi sin saber con exactitud qué quería comer. Abrió el refrigerador, (en la puerta blanca los dibujos amebióticos de Dave se lucían prendidos con un imán) olió, habiendo mucho alimento a disposición decidió agarrar aquel bulto en papel aluminio que copaba el espacio de su mano hecha puño.

—¿Oh…? Tú no comerías eso—. Comentó Hanji deteniéndose detrás de él.

—No—, dijo y abrió el papel dejando ver lo que sobraba del pastel de cumpleaños de Hanji en sus sabores de arándano y limón sumado al relleno de crema de mantequilla. —Dijiste que si se lo envuelve en este papel se conservará, ¿es cierto?

—Lo es—. Respondió Hanji regresando por las tazas de agua que puso en el microondas para depositarlas en la mesa. —Puedo asegurarte que si ahora me lo como mañana no tendré indigestión—. Comentó jocosa, llevando cucharas y bolsas de té a la mesa.

La mujer se sorprendió cuando vio a Levi hurgando en los anaqueles y extrayendo el frasco de café que solía decir que no le agradaba.

—No quiero té—. Solo dijo, se sentó junto a Hanji llevando consigo el pastel en aluminio.

—Los cambios son buenos—. Dijo Hanji. —Y ese café es el mejor, tú siempre dices que es basura pero pruébalo y verás.

—No me interesa—. Se llevó a los labios un poco de agua negra e hizo un mohín.

—Por lo menos un poco de azúcar…

—Ah… así está bien, creo que ya me acostumbraré—. Dio un mordisco al pastel. —Está duro.

—Bueno, si tanto quieres comerlo déjalo ahí un rato para que se enfríe y… mmm ¡no seas mezquino! ¡Es mi pastel! —Le dijo y curvó sus labios hacia abajo.

Después hubo silencio, Levi esperando a que el pastel se enfriase un poco.

—¿Estás bien? — preguntó Hanji al notar como Levi no dejaba de ver su café.

—Mmm

—Ah-h disculpa que te pregunte así—. Se puso nerviosa, echó las manos al frente.

Levi extendió sus brazos sobre la mesa justo para agarrarle las manos, tensarlas y hacer que las dejase reposando en la madera junto a la taza de agua humeante. Se miraron, se enlazaron. Hanji le sonrió y Levi deseó poder tener la fuerza necesaria para levantarse e irse a algún otro sitio, sin embargo se quedó, cansándose de su propio silencio.

—Mike vino por aquí, había olvidado dónde anotó la dirección. Él pensó que aún estarías aquí así que en cuanto llegó salió como soplando en una barca.

—Ese maldito, siempre con sus tonterías.

Transcurrieron pocos minutos y Levi fue siendo partícipe con su esposa en una conversación a luz de medianoche. Primero, fue soltando a ella pequeños detalles respecto a la forma en que Petra tuvo de morir para lo cual Hanji se mostró apenada y empática con las memorias de la pelirroja. Levi se había acabado la taza amarga de café, no le gustaba para nada su sabor y él se recriminó, por un instante, el tomar una bebida que tanto le recordaba a otra mujer. Fue avanzando en su relato y poco a poco sus palabras fueron menos puestas en sus labios, ya no quería hablar… solo necesitaba dormir y dejar de pensar, pero antes de eso necesitaba hacer algo crucial y que no estaba dispuesto a esperar por más.

—Esta noche me encargaré de levantar a Dave para que orine así que duerme de largo—. Dijo Hanji, levantándose y llevándose las tazas al fregador.

El sinuoso hombre respiró hondo y empuñó sus manos sobre la mesa.

—Hay algo que quisiera que supieras—. Inquirió Levi, girando su torso hacia Hanji desde el asiento.

Si pudiera mirarse en un espejo, seguramente viera a un hombre abatido, a ese Levi que no le costaba reconocer para sí mismo. Escuchó un resoplido de su esposa, girándose igual hacia él, con labios suaves y sonrisa gélida le miró a los ojos, expectante.

—Y… ¿Qué es eso?

La mujer, un poco nerviosa ahora, caminó de nuevo hacia la mesa sintiéndose perseguida por la mirada de su compañero hasta sentarse de nuevo muy a la cercanía de él. Atrevida, le buscó la mano por debajo de la mesa y la enganchó con la suya, luego miró a Levi y en su expresión inquietante de querer hablar moviendo los labios ligeramente entonando palabras que no lograba articular. No sabía cuánto él se esforzaba por buscar las palabras adecuadas y precisas para empezar su discurso que más rayaba a un anuncio intempestivo.

Descubrió, Levi, el cómplice silencio de media noche para ambos el cual les permitiría hablar sin que hubiese interrupciones.

—Eh…

—Tengo una hija con Petra—. Dijo sin circunloquios y sus ojos pendieron a volverse acuosos.

—Eh… — volvió a murmurar. —¿Eh? —. Se rascó la mejilla y se levantó de la silla girándose y dándole la espalda a Levi siendo que para ella resultaba ser un hecho imposible de asimilar en brevedad de tiempo. Buscó soporte en el marco de la puerta unos segundos y se alejó hacia la sala. Sintió a sus pies, el sonar de los zapatos de Levi como chasquidos potenciados en el silencio.

—Oe

Aquel monosílabo sonó lastimero, como suplicando no lo abandonase en la cocina.

—No… no comprendo Levi—. Su voz fue baja y suave. Se cubrió el rostro con la mano. La sala estaba tenuemente iluminada por la luz que salía de la cocina y aquella que la luna emitía.

—He estado asimilándolo desde que llegué en el auto. Me viste ¿no es así?

Hanji se volteó hacia él.

—Te repito: no lo comprendo—. Por supuesto que no lo comprendía, necesitarían una extenuante conversación para esclarecer la situación.

—Puede que suene muy sacado de película dramática pero me está pasando y… ¡no sé qué carajos hacer luego! Primero pensé en no decirte porque… ¿Qué mujer quiere saber que su marido, con el que está casada, tiene un hijo de otra?, luego lo pensé concienzudamente y derribé ese hecho pensando en que, a decir verdad, no tengo tiempo para ocultártelo.

—Levi por favor habla más despacio—. Hizo un gesto con las manos buscando que se calmase.

—Como sea—, cerró sus ojos e inhaló el aire profundamente—en pocas palabras, Petra me ocultó su embarazo y lo continuó haciendo por años.

Él desvió la mirada acongojada y bajó los brazos ante su derrota proclamada. Necesitaba hablar más pero ya no sabía muy bien por cual línea seguir. Frotó la carta de Petra que tenía guardada en el pantalón y el solo hecho de rememorar la lectura rápida que le dio, su corazón volvía partirse en un desaforado dolor al evocar el rostro de la niña, su hija.

Una caricia leve le bastó para entregarse al manejo de Hanji, sin decirle nada, lo llevó agarrado por la mano hasta la habitación de ambos; cerró la puerta, hizo que se sacara los zapatos y lo tiró en la cama junto a ella, encendió la lámpara de su lado y le dijo a Levi que si era posible que le contase qué más sabía él.

Era un hecho, esa mujer estaba hecha de empatía y cucharadas de cocoa.

—La niña…—arrastró la palabra— mi hija—corrigió— tiene once años. El padre de Petra no me la presentó solo me la enseñó, supongo que esto es más difícil para ella ¿no? y eso fue todo, me entregó una carta de Petra en dónde dice todo. Al parecer no pretendía venir ella y decírmelo… o… ya no importa.

Él seguía mirando el techo de la habitación por lo cual no podría saber que expresión tendría Hanji.

—¿Cómo es que no lo supiste cuando aún estaban juntos? —preguntó Hanji mirándolo. Llevó su mano hasta el pecho de Levi, y la dejó allí a sentir sus palpitaciones.

—Usábamos doble protección como el condón y las píldoras anticonceptivas, en algunas ocasiones dejé de usar condón… entonces creo que fue en ese lapso de tiempo, sí, por lo tanto: cuando terminamos ya estaba embarazada. Ella escribió que lo supo cuando estaba en Europa—. Llevó su mano hasta su pecho, tenía la intención de agarrar la de Hanji.

—Es eso, todos los anticonceptivos tienen su porcentaje de falla—. Dijo y pensó en su propio caso. Sonrió un poquillo, y apretujó la mano de Levi.

Entendía ella la situación claramente, no era necesario refutarle nada a Levi o la difunta Petra. Suficiente tenía su esposo con las emociones a las que se estaba enfrentando, lo comprendía en lo más íntimo de su ser. Seguramente es que él necesitase de ella tanto y tanto para enfrentar la situación, necesitaba de su comprensión y nada más que no sea en beneficio. Le besó la frente, tratando de hacerle entender su cariño, le besó los ojos para que no tuviera que ocultar más sus lágrimas, le besó la mejilla para ayudarle a relajarse, le besó los labios para que pudiese él devolver un poco de su ofrecimiento de amor, le acarició el rostro con su nariz y le apretó aún más la mano de Levi que reposaba en su pecho palpitante.

Las barreras incorpóreas de la imprevisibilidad ante la situación se derribaron en Levi y pudo corresponder al afecto.

—¿Cómo es ella? —. Preguntó Hanji.

—No sabría cómo decírtelo, la vi llorando y con sueño—. Inquirió volviendo su rostro hacia Hanji.

Cuando Levi despertó, ya era de día y Dave estaba tratando de subirse a la cama. Se alarmó y cubrió entero el cuerpo desnudo de Hanji a su lado, ella se removió un poco en sueños sin percatarse de nada.

Habían olvidado levantar a Dave en la madrugadora.

El sol de la tarde no era tan abrazador, el viento que corría lograba llevar parte del sopor que causaban los rayos del satélite natural y por ende las personas se arracimaban entre sí a darse consuelo después del entierro. Esa mañana Levi le había pedido a su esposa que lo acompañase, casi en suplicia, aunque aquello no era necesario desde un principio ya que ella se mostró accesible a cualquier cosa que necesitase. Empero, Hanji no estaba lo suficientemente preparada para la reacción de Levi ante el acto, ella vio por un lado de las gafas oscuras como de sus ojos escurría un poco de agua cuando bajaron el féretro y le echaron la tierra encima. Se armó de valor y fue ella quien se retiró un momento para permitirle a Levi se descargue a plenitud también alejado de los demás, ya que Hanji tenía la creencia de que si él no lo hacía era por ella; por no herirla o causarle incomodidad.

Lo que ella no sabía era que más bien el estado de la niña de tristeza profundo era aquel detonante en Levi, lo hería de gravedad que la niña estuviese llorando y que él no fuera capaz de acercarse a ella para reconfortarla porque ella no sabía quién el papel que ocupaba en su vida. En cambio Erd, a quien había escuchado que ella lo llamaba «tío», sí podía hacerlo.

Pasada la tarde y las emociones más fuertes, Levi concertó un encuentro con el padre de Petra en un restaurant, mientras la niña se había quedado con Erd en el hotel donde se hospedaban. «Unos familiares me facilitaron una bóveda en esta ciudad, es por eso que hicimos el traslado.» le había dicho el señor Ral a Levi. En aquella cena le presentó a Hanji como su esposa y discutieron sobre la paternidad de Levi además de que estuvo reiteradamente disculpándose con él por haber sido cómplice en el silencio.

Lo más importante para Levi, al culminar ese día, era saber que tenía el apoyo de Hanji para cuando llegase el momento en que se encontraría con Gretchen ya que el señor Ral le había dicho que le hablaría a ella de su padre, tal como Petra dijo que lo haría, Levi no tendría que inventar nada porque era también un desconocedor.

—A partir de ahora me haré cargo de todos los gastos, eso va a incluir los días en que estarán en el hotel, le reembolsaré el costo del cuerpo de bóveda y lo demás—. Anunció Levi.

Luego, los esposos debían hacer su parte con los niños, esto era decírselo a Mikasa y Dave. Anticiparon que Dave se mostrara sorprendido porque creía, en su inocencia, que él sería el hermano mayor. Mikasa pasó menos sorprendida pero en su interior se estaba gestando el sentimiento de culpa, que abruptamente evocó. Ella era quien menos quería ver a Gretchen, no por odio, estaba siendo testigo de la silenciosa congoja de su tío.

Cuatro días después, el señor Ral llamó a Levi para decirle que la niña estaba esperando por él, no en un sentido inmediato sino más bien dando a entender que estaba lista. Concretaron el encuentro ¿en dónde? ¿Qué lugar sería el idóneo? Levi se refregaba los cabellos pensándolo. ¿Quizás en una tienda de animales donde hubieran conejos? Como se lo dijo Petra en su carta, a su hija le gustaban.

El pobre hombre, esperando a que la niña y el señor Ral llegasen a la tienda de donas, sentía como su corazón lo amenazaba con salírsele del pecho. Estaba nerviosísimo, y si no era porque Hanji estaba a su lado haciéndole bromas podía concretar en que ya estuviera vomitando en el baño. «¿Por qué las focas del circo miran siempre hacia arriba?»Le preguntó Hanji,«¿Tú sabes?» devolvió Levi la pregunta «Porque es donde están los focos jajaja». Y el rostro de Levi demudó a desidia viendo a Hanji reírse de propio chiste contado.

—¡Ah! ¡Por fin llegaron~! —Exclamó Hanji jocunda, palmeando la mesa reiteradamente.

Él inhaló aire muy hondo, tal como si alguien hubiese cortado el oxígeno y necesitara agarrarse al último extracto. Divisó el taxi, de donde bajaron Ral y la pequeña, irse tan lento hasta que agarró otro cliente. Y en ese espacio de tiempo desplazado en segundos que le supieron a eternidad, contempló en esos ojos, azules como los suyos, la disminución paupérrima de la morriña y, luego, la fragancia de niña (aquella sacada de la parte infantil de una revista de cosméticos) que le caló las fosas. Los adorables cachetes llenos y rosáceos le recordaron a los pétalo de una flor de cerezo. Estaba ella muy cerca, muy cerca de él observándolo con su mochila de peluche (un conejo) en un costado. Estiró los delgados labios, rosados y tiernos, dejando a relucir una dentadura clara.

—Hola—. Dijo la niña aún cohibida, mirándolos a ambos esposos.

Por supuesto, Hanji parecía fascinada.

—Hola—. Devolvió Levi el saludo. Miró a la niña, su niña, tenía miedo y el rescoldo de amor hacia su madre emuló en el aire caliente de las donas. A su lado, su esposa parecía brillar a través de los ojos.

—Soy Hanji~

—¡Oh! Ella es…— se anticipó el señor Ral, mas desistió dándole pauta a Levi.

—Ella es Hanji, mi esposa—. Le dijo Levi a Gretchen. La niña sonrió y se sentó junto a su abuelo Ral.

Y en medio de una plática sencilla sobre las donas que tenían en la mesa, Levi observaba de reojo a Ral, tratando de adivinar cuál era esa historia que se habría inventado para justificarlo a él de su ausencia como padre, una mentirilla más, pensaba Levi. Pero estaba curioso por saber. Seguro se lo preguntaría a Ral para, en caso se diera, si Gretchen le preguntaba o hacía referencia de ello.

Por otro lado, estaba tranquilo por la reacción de la niña: apacible y dispuesta. En realidad, para ser franco no esperaba para nada esas cualidades, lo que en realidad pensó en tener sería a alguien roto y esquivo por su abandono, ¿Quién no?, alguien sí, alguien no. Él se sentiría así. Definitivamente, sería interesante de conocer la historia falsa que inventó el señor Ral.

Más tarde, un poco lejos de la tienda de donas, el parque lucía un poco vacío. Quizás porque la gente sabe por qué. Pocos niños, pocas familias que ver o poca gente sola que sale a caminar para disminuir el pensar. La risilla de Dave asomó de entre los toboganes, Mikasa estaba cerca de él velando porque no se fuera a caer y quebrar la tibia. Llegó ese momento en que Gretchen se mostró como un niño más en los toboganes, pero con la diferencia de que quería acaparar la atención de él (claro, ella ya sabía que aquel niño hermosísimo y pequeño era su hermano) vestido con un overol y camiseta de rayas le recordaba quizás a un personaje de película de terror, mas su rostro de querubín decía algo diferente.

Bajaron juntos por la resbaladera al suelo de piedrecillas, ella actuando como un ejemplo de hermana mayor sin saber que estaba opacando a Mikasa. Y, cuando Dave vio a sus padres corrió hacia ellos para contarles de una niña que decía que quería ser su amiga. Las risas retozaron en Hanji, se engulló un pedazo de manzana acaramelada y el resto se la regaló a Levi. La sorpresa de Dave al saber la identidad de la niña fue mayor, aunque aún no terminaba de entender las cosas, natural.

Ah, pero casi no cabría para nadie el entender las disimuladas miradas de Mikasa sobre la recién conocida.

Por decisión de Levi y apoyo de Hanji los Ral dejaron el hotel y se pasaron a la casa de los Rivaille. La discusión del cambio de apellido para Gretchen fue un tema discutido a brevedad, siendo que Levi proponía el cambio lo antes posible. Hubieron cambios, algunos, verbigracia, la habitación que ocuparía la niña fue adecuada según sus gustos de infante. Empero, se discutía un asunto un poco más complejo y delicado: la residencia de Gretchen. «Yo he venido por tres meses, eso es todo. Se supone que ella viviría aquí con su madre» Comentó el señor Ral a Levi.

Una tarde, cuando Levi regresaba de arreglar un asunto con sus abogados, divisó a Gretchen y Dave arrumados mirando HEY ARNOLD; era el capítulo donde Sid se convirtió en un limpiador obsesivo por terror a los gérmenes y llegando al extremo de separarse de su rana.

—Se… parece a… papi—. Señaló Dave con el dedo al televisor, se rió mordiéndose los dedos. Ese día, se ganó a su hermana como cómplice.

Levi… Levi.

No sabía si reír, reír por amor, reír por la burla a su persona o reír por la inocencia de su hijo. Como fuera, la realidad frente a sus hijos se pintaba, a ese momento, como una dulce biselada de mantequilla de maní sobre una tostada, demasiado comestible su imagen de felicidad. Por cierto.

Llegó Halloween, ese año era un tanto especial para todos. Gretchen y Dave salieron a pedir dulces a los vecinos cercanos. Mikasa los acompañó, ella vestía de calabaza. Antes de que salieran por el portón Hanji les había hecho una fotografía a los tres; una calabaza, una abeja y un Mickey Mouse. Y la guardó en un cajón de su mesita de noche, a espera para enseñársela a Levi cuando estuviese en casa; frunciendo las cejas (porque seguro los niños habrían comido demasiado caramelo, consentidos por Hanji), y bebiendo un té.

Todo parecía tranquilo.

No. Una noche los sollozos fuertes de Gretchen despertaron a Levi y por consecuente a Hanji. La realidad azotaba los sentimientos de la niña a través del camino de los sueños; una mañana colorida como un arcoiris y su mamá cocinando pavo, contó Gretchen a su abuelo entre sollozos.

Levi aún no estaba completamente habituado a la niña, no sabría si debía abrazarla, no sabría si ella si lo permitiría o cómo reaccionaría… siempre estaba en vilo, claro la estaba conociendo.

—Hey Levi—, le dijo Hanji tocando su hombro. — ¿Irás por ella?

Él espabilo y retrocedió de la puerta de la habitación.

—No creo que yo sea necesario—. Dijo más para sí mismo; vio como la niña se acurrucaba en su abuelo.

—Oh vamos Levi, no digas eso.

—Es la verdad, ¿no lo ves? —. Su tono fue triste pero trató de disimularlo.

Levi caminó presuroso a su habitación y se escabullo al clóset, era muy amplio así que podía meterse y figurar que fuera una habitación. Se sentó en el suelo y se agarró la cabeza aún pudiendo escuchar los sollozos de esa niña y su llamado a una madre que ya no existía.

Deseaba mil veces, no haberla conocido pero que Petra siguiera viva y así ella no estaría sufriendo como lo hacía en ese momento.

—Levi

Escuchó su murmullo, más no quería alzar la cabeza.

Y ella… un poco turbada se le acercó, vaya, no habría creído todavía posible que vería a Levi llorando. Inaudito. Pero en el fondo de su persona, Levi era un ser humano común, con sentimientos y emociones además de problemas psicológicos con los cuales lidiar.

Se sentó a su lado y se calló. Lo escuchó y se acongojó, sus lamentos le resultaron hirientes para ella también: escucharlo sufrir, tratando de ser silencioso. Más luego, Levi parecía avergonzado por su estado.

—¿No sería más fácil para ti que ella no viviera aquí? —. Preguntó Levi.

Hanji bufó y le apretó la mejilla, como a un chiquillo.

—Lo dices como si fuera un estorbo.

—Para ti…

—Levi, ¿Qué dices?

—Sabes… lo que trato de decirte. Hanji—. Se terminó de secar las lágrimas con la manga de su pijama.

Ella le mantuvo la vista, clavada allí en esos ojos acuosos y que delataban dolor. Hanji se sacó los lentes y se aproximó aún más a Levi. Sin importarle que él se mostrará estoico.

—En realidad, esposo huraño, lo más difícil de toda esta situación es que hay una niña que está sufriendo por su madre. Es lo que pienso y siento. Y sé que serán tiempos difíciles para ella, necesita de su abuelo… de ti. Eres su padre.

—Pero no lo sabías cuando te casaste conmigo.

—¿Y qué? Tú tampoco lo sabías. ¡Oye! No tendremos que evocar la conversación de esa noche, ¿te acuerdas? Tú también recién te enterabas de todo esto, no tienes la culpa y la niña tampoco.

—¿Estás diciéndome…

—¿Qué? ¿Pensaste que yo podría condenarte… por ese ángel que está allá? —. Preguntó, y se quedó observando la faz desencajada de Levi. Evidentemente, estaba desconcertado, si alcanzaba a leer y comprender su expresión. —Es difícil para mí Levi… es cierto, pero no lo es tanto como para ti y para ella. ¿Está bien? Yo puedo manejarlo. Ella nos está conociendo a todos.

Tras esas líneas, Hanji estaba convencida de lo que decía, sabía por qué lo decía y también sabía que podía llevar a cabo su promesa con ella misma. No era consciente, tan a plenitud, de cuánto impactó género aquel discurso en Levi: una promesa de amor inquebrantable. Se hallaba en una vorágine de sentimientos hacia ella, la castaña, madre de su hijo y que se convirtió en su esposa. La contempló como a la máxima expresión de cariño que Hanji Rivaille podía darle. Eso era suficiente, basta, no necesitaba más.

Ella le sonreía como quien quiere decirte algo más y no es capaz de hallar la oración precisa. Bajo la poca iluminación Levi se lanzó hacia Hanji, la besó desaforado y ella le correspondió igual. Le acarició el cabello negro, le acarició el rostro para finalmente apartarlo un poco, le sonrió juguetona y se limpió los labios de un líquido viscoso que no era saliva.

—¡Demonios! — exclamó Levi al comprender, limpiándose la nariz.

—Bueno, no es como si… los mocos fueron distintos a otros fluidos—. Comentó burlona y le vio la cara roja a Levi.

Siguieron besándose un poco más. ¿Sería siempre así? Discutiendo temas de ahogo que terminaban en algo más carnal. Y a diferencia de cualquier encuentro carnal, está vez para Levi resultó ser diferente. Sí. Era diferente, conoció una faceta de Hanji que no había enmarcado antes, no con él, ese valor y convicción de su ser. Estaba seguro, ahora más que nunca, que la eligió bien a ella. Aunque apresurado pero no importaba ya.

Al principio tuvo desencuentros con ella, por su desaseo y desorden. Más cuando Dave llegó a los dos años y comenzó a explorar el jardín. Recordaba ese día que lo vió todo sucio, las manos y el rostro cubierto de lodo más un gusano que tenía en la boca como si lo fuese a tragar. El niño le sonrió, eso fue todo, pero luego Levi no pudo evitar pensar en un lavado de estómago para Dave. Y Hanji, ella decía que comer tierra fortalecería su sistema inmune. ¡Bah! Aquellas disonancias entre ambos pudo ser suficiente como para que Levi no la considerase como prospecto de esposa y madre de sus hijos, pero ya nacido el niño y ya casado con ella… se dejó arrastrar, a parte de que en realidad tenía afecto hacia ella.

Pero, después de lo que ella acababa de decirle experimentó otros sentimientos, algo muy fuerte. Era ella, era todo.

—Iré a verla. Quiero saber si ya se tranquilizó—. Dijo a Hanji dejándola encendida, quien le sonrió y lo dejó ir de la habitación.

Aún así, cuando llegó noviembre y el señor Ral debía marcharse en pocos días él tomó la decisión de dejar a su nieta con Levi. Pero nadie contaba con que la niña tuviese su propia decisión.

—¡Quiero irme con mi abuelito! —. Exclamó, triste por dejar al hermano y al padre que acababa de conocer, pero, no estaba lista para dejar a su abuelo por ellos, no aún.

Levi la comprendió y prometió ir a Francia para las navidades.

Llegaron a la zona cero de los ataques perpetrados onces años atrás, en Manhattan. Era la primera vez que Gretchen visitaría el monumento, el cual fue inaugurado el año anterior pero no se atrevía a ir sola. Después de la ceremonia del aniversario del 11s por parte de las autoridades políticas del país, se dispuso a buscar un nombre de entre los miles que habían grabados sobre el mármol. Un nombre tras otro, un hombre, una mujer. Buscó, buscó. Su padre y su hermano también estaban buscándolo; miró de rabillo a su padre, se había detenido en un sitio con el dedo puesto en el mármol. Lo vio apretar la boca y fue suficiente, ella se acercó y después lo hizo su hermano.

Ahí estaba grabado Petra Ral así de sencillo como se escuchaba. Detrás de ellos había otras personas que también revoloteaban por el lugar buscando el nombre de algún familiar.

Se abrazó a su padre de lado, seguro él también estaría sorprendido. La sujeto por el hombro y la acercó más a él, sintió su boca posarse en su cabeza, un beso. Estaba feliz y tranquila, Levi cumplió su promesa de estar ella en ese día, en ese sitio. Su hermano se agarro a ella también de lado, casi como queriendo que le dedicara atención.

Miró la frente, Marco rondaba el sitio. Ya antes, durante la ceremonia, se habían notado por las miradas antes de que él subiera al podio a impartir un breve discurso.

Levi dejó una flor blanca por sobre el nombre de Petra y siguió caminando con sus hijos en una parsimonia porque no había apuro de nada. Cada año, siempre recordaría todo lo que sucedió en su vida: los atentados, la muerte de Petra, la repentina noticia de que tenía una hija y el accionar de Hanji. Oh, eso es bueno de recordar. En su momento no lo había pensado pero aquella situación de Gretchen fue un momento crucial en su vida matrimonial y, lo más increíble era de cómo todo llevó un mejorado rumbo. Porque sin decirlo o pensarlo demasiado, para Levi, sus hijos son más importantes que una pareja y estaba seguro que Hanji pensaba igual.

Cada año siempre recordaría todo aquello con amor no proclamado. Y pensó y pensó: aquella que había sido su esposa sin dudas era una mujer de confiar, buena persona. Porque el que a él lo haya traicionado no decía todo de ella; eran apartados diferentes del ser pareja y persona, mujer y madre.

«Oye, Levi. ¿Será apresurado? Lo que quiero decirte es… que quiero tener una niña» le había dicho Hanji una noche cuando Gretchen dormía apacible «No tengo problemas por tener otro hijo, pero tú no decides cuál será su sexo. Lo sabes». Y ella lo había besado en el cachete. «Sé lo necesario de biología, jajaja, demasiado, pero solo digo que en realidad quiero una niña», «Bien. Pero tendrás que aceptarlo igual si no es niña, aunque podríamos tener otro después» «Oye, tú».

Esa conversación, la tenía muy fresca. El evocarla le producía las sensaciones que experimentó cuando Hanji le pidió aquello: dulzura, amor y algo más.

De repente, tenía ganas de verla.

Gracias por leer, son muchos :D Éste es un capítulo que tiene la intención reflejar un poco de la relación de Levi y Hanji en el pasado, las bases que la sentaron de por sí.

PUBLICADO: 09/09/2020