I
En el castillo de Woodsham, las dos reinas estaban teniendo una discusión inusual. Los guardias no intervenían a pedido de ellas.
—¡No! No hay nada claro aquí, es por ello que hemos mandado a unos hombres al reino del príncipe y a tu reino para esclarecer sobre el comercio de armas entre sus reinos; además, nuestros reino debe investigar más sobre aquellos hombres muertos —le respondió en voz alta, no iba a dejar que su hija le faltara el respeto en su castillo.
—¿Acaso desconfías de tu hija? ¿Desconfías de la alianza de mi reino y su reino? Madre, nuestra alianza en estos instantes está pendiendo de un hilo, no puedo tolerar que crean en el relato de ese jinete del reino de mi hermana Lunaret, le mandaré una carta donde exigiré tener una audiencia con ese jinete y sus compañeros —se notaba muy enojada, no estaba midiendo sus acciones—. Si por ese pedido debe terminar la alianza de mi reino con el de Westerock, de la misma manera será con el que me vio nacer.
—¡Mide tus palabras joven reina! No sabes de que hablas, es mejor esperar porque si tu rey es inocente, el reino de Fixin no pierde nada —se dirigió a la ventana, estaban en el aposento de Lolanord—. Espero que esto nos lleve a algo, sé que tu hermana está viva. Se toman las molestias de asesinar a los jinetes que buscan saber de ella —se acerca donde su hija y le toma las manos, se siente mal por la forma como la confrontó—. Se paciente, tu esposo ha aceptado ser interrogado, no se ha mostrado en contra de ello, yo ruego porque todo se resuelva.
La reina Alana quitó sus manos y se fue del aposento con muchas emociones. Sabe que su madre aún no supera la desaparición de sus dos bebés, piensa que haciendo todo lo posible por saber sobre su hermana estará con su conciencia tranquila y recibiendo el perdón divino por no haberle dado justicia a esos bebés.
II
—Ustedes —señaló a dos de los cinco guardias que envió la reina Luaned—. Vigilen el perímetro de las tiendas de campaña.
A uno de sus hombres le dijo que vigilara junto a ellos, los demás debían conseguir agua y ramas secas. Claude se acercó a Sir Dominick para charlar lejos de los hombres.
—No es necesario que preguntes Claude, desconfío de los nuevos miembros, la muerte de esos hombres donde la princesa Leniet me dejó en claro que en el castillo de ella hay traidores, por eso uno de los nuestros se quedó en último momento a vigilar de manera discreta en su castillo —se sentó delante de un árbol—. Lo que sucede en el castillo de la reina Leniet, puede estar sucediendo en el castillo de nuestro reino.
—Deberíamos enviar a alguien... —fue interrumpido.
—No podemos, no llegarían tan lejos si no estamos juntos, solo debemos rogar porque las sospechas se expongan por sí solas allí —fue serio al decir ello, luego le dijo una última cosa—. Preocupate por estar a tiempo y tener un regreso sereno.
El mensajero temía lo que sucediera, el camino no iba a ser sencillo para llegar a las tierras de la reina Lynnser II.
El país de las Gemas desde hace pocos años ha dejado de ser blanco de ataques constantes por parte de países que llegaban de tierras más allá de las costas.
La ubicación era al sureste, siendo el único de los tres principales que estaba cercano a los mares, por ende reinos y piratas de todo tipo querían obtener los rubíes de las minas del reino.
La noticia que llevarían más los posibles ataques a los que esté expuesto el grupo de Sir Dominick, no dejarían descansar a los guerreros del reino del Rubí.
III
—¡Condesa! ¡¿Hermano?! ¡Hermano! —dijo la pequeña Lilythod, pero notó que algo no andaba bien.
Se dirigió a su hermano, notó que tenía una venda en su brazo que sangraba. Tomó a la bebé porque su hermano quería que se la entregue a su madre.
La agricultora tomó a su hija y no dejó de abrazarla, llorar, dar gracias al herrero, a la princesa, a Dios y mucho más.
—Joven Linkin, por fav... —no pudo decir nada más porque el herrero se dirigió a la parte trasera de su establo, necesitaba ir al río.
—Dele el merecido agradecimiento a la condesa, por favor —dijo mientras caminaba con su yegua al lado.
Dejó a la yegua donde estaba Benjamin, Flipkirn lo observaba en silencio, la manera en cómo caminaba el herrero era de sentirse decepcionado y eso tenía que ver con la princesa porque no la esperó para entregar ambos a la bebé.
—Condesa, muchas gracias, muchas gracias —lloraba y agradecía con su bebé en brazos—. Mi gratitud será eterna.
Lolanord miró detenidamente a la agricultora, notó una agradable sonrisa, la dulzura se desbordaba con los mimos que le proporcionaba a su pequeño retoño.
Repentinamente su vista buscó al aldeano, pero este ya no estaba allí, estaba en el río. No sabía qué decirle al herrero, no obstante, un sentimiento de culpa invadía su mente y corazón.
Logró impedir que una madre sufriera la pérdida de su hija, pero no del todo. Más tarde le diría las intenciones de ese hombre dentro de unos años. Para poder lograr aquello, fue necesario dar algo a cambio.
La vida del aldeano no tenía nada de valor, solo dos cosas se lo daban y esas eran, según lo acontecido, el ayudarla y el salvar a la hija de Deméter.
—Princesa... ¿qué le pasó a mi hermano? —lo dijo en oído mientras le dio un abrazo.
—No lo sé... —fue su única respuesta.
Ahora las confusiones le generaban muchas interrogativas debido al comportamiento presentado por la princesa junto a su hermano. No fue difícil que fuera a preguntar a su hermano.
—Linkinton, ¿estáis bien muchacho? —preguntó con curiosidad el alquimista, pero no tardó en darse cuenta de la herida—. ¡Dios mío! Esperad, traeré algo para detener la herid... —fue interrumpido
—No es nada señor Flipkirn, solo necesito lavar la herida, no es nada —continuó su camino al río de la parte posterior del granero.
El viejo alquimista sospechaba, por medio de las expresiones tanto faciales como corpóreas, lo que sucedió.
El herrero se desnudó y, sin pensarlo tanto, se zambulló en aquel frío río que daba la apariencia de una fosa donde se arrojan los cuerpos de soldados sin nombre o personas que, sin nada de maldad, fueron dejadas por no ser más que alguien sin la merecida importancia.
Esa fría y oscura agua, en esos momentos, por medio de la sensación de vacío y frío, le reconfortaba, el cansancio del trabajo y esa demostración de egoísmo eran menguados. La sangre de la herida se acumulaba y se dispersaba.
IV
—Princesa —le habló casi con susurros—, ¿usted se encuentra bien?
Ambas estaban sentadas fuera de la pequeña casa de Deméter, dejaron que la mujer le diera todo el amor del mundo a su primogénita.
—¡Condesa! —lo dijo con fuerza.
—¡Eh! ¿Sucede algo, joven Lily? —respondió Lolanord saliendo del trance de sus pensamientos.
—Solo quería saber si todo está bien con usted —la miró con pena—, también quería saber qué había sucedido con Linkinton... ¿Qué sucedió con Hades? —era algo más que curiosidad.
—Todo está bien... —no podía hablar de la discusión con el herrero— no es nada grave —solo observaba el entorno—. Hades dijo que la condición era que en quince años regresaría por Perséfone —notó asombro junto con algo de tristeza en el rostro de su amiga—, eso debo decírselo cuando haya terminado de darle el cariño respectivo a su hija.
—Princesa, ¿cómo se llegó a eso? —era obvio que había algo a cambio.
—Discúlpame, Lily, tengo que despejarme unos momentos —dijo la princesa mientras se disponía a ir a la parte trasera del granero.
"Nada malo he hecho", eso le decía su mente, y era verdad, no había hecho nada malo. Pero el reflejo de tal comportamiento demostraba otra cosa.
—Ha ido al pueblo, me ha dicho que quería ir a ese celebración por la construcción del puente —le dijo el viejo alquimista mientras estaba sentado admirando el reflejo del cielo en aquellas aguas.
Lolanord solo se quedó en silencio e hizo lo mismo que Flipkirn. No tuvo valor de hablar porque un sentimiento de culpa la invadía. Lilythod solo observaba escondida lo que hacía su amiga.
—No sé qué es lo que habrá sucedido con ustedes y ese tipo, pero Linkinton se nota algo acongojado y esa herida... en mis años de viajero, he visto todo tipo de marcas y aquellas hechas con fuego son de pertenencia... como en el ganado —se levantó de donde estaba sentado—. Espero que haya hecho lo correcto, princesa.
El viejo Flipkirn no dijo nada más y procedió a entrar al lugar donde habían pasado la noche desde hace días. La noche no se sentía tan fría, pero un escalofrío recorrió el ser de Lilythod, ella entendió a lo que se refería su amigo alquimista.
La princesa y Linkinton solo le dieron tiempo a Perséfone... tiempo que se desvanecería como la sensación de altruismo y de haber obrado correctamente por evitar algo que no era culpa suya, pero que adquirió como propia por la pena suscitada en ella.
La princesa de Woodsham no se movió de allí en varios minutos.
V
Los jinetes espías de la Capa Negra miraron a sus demás compañeros que iban junto a ellos. Sin meditar tanto los mataron, tanto como a los de Westerock y a los de Hatzelton.
—Es bueno que guardaras un arma del reino de Fixin —dijo su compañero.
—Pero más necesario —miró a su alrededor, y se dio cuenta que habían personas allí—, pueden mostrarse, camaradas.
Salieron cerca de cuatro hombres de esa organización, iban a emboscarlos. Fue algo oportuno porque no sabrían cómo demostrar que eran también como ellos en pleno ataque.
—El jefe Lars me ha dicho que habrá cambio de planes —habló uno de los tipos con seriedad.
—Sí, y eso es a lo que vamos —los miró a todos—, ¿han visto a jinetes o caballeros del reino de Fixin y Royalton?
—Matamos a unos mensajeros de Royalton, y jinetes del reino del rey Skipper hay pocos, más que nada son caballeros o soldados de su armada —informaba de forma precisa.
—Por lo que veo todo se vuelve tenso —miró a su compañero y de nuevo a los camaradas—, necesito el cuerpo de alguno de esos mensajeros, no los han dejado por ahí tirados como si fueran guerreros, ¿verdad? —preguntó con sarcasmo.
—Esos tipos son muy valiosos como para dejarlos por allí a la vista de caminantes o bestias —se preparaba para irse—, en dos días te puedo traer el cuerpo, pero... ¿qué harás? —estaba inquieto por saber.
—Será una gran espectáculo, ya verás, se armará algo muy grande —dijo muy sonriente mientras mostraba un trozo de tela del vestido de la princesa—, eso dará tiempo para encontrar a esa mujer y asegurar las cosas.
Los camaradas se fueron en dirección opuesta, los jinetes debían mantenerse fuera de la vista de las personas. Lo más seguro era que envíen a más jinetes de rastreo, pero esta vez sería para ellos.
VI
—Pitonisa, te dará resfriado, hija ven aquí dentro —dijo la dueña de la posada, en ese instante se dio cuenta de la tristeza de su hija—. ¿Te sientes bien dulzura?
—Solo un poco —abrazó a su madre—, solo unos momentos más y entro, por favor madre —se notaba que necesitaba estar al aire libre.
—Está bien, hija —la madre entró y dejó a su hija sentada sobre el borde del pozo.
La pequeña sentía que las cosas iban con pie derecho, sin embargo, las discusiones y las emociones repentinas podrían afectarles a la larga.
Dio un suspiro y procedió a ingresar a su hogar, pero antes de entrar miró a la Luna con esperanza de que se arreglaran los hechos.
VII
—Pensé que no vendríais, muchacho —dijo el viejo herrero.
—Yo también lo pensaba —sonrió—, pero aquí estoy.
Ambos miraban como cocinaban los cerdos en las fogatas, como los aldeanos saltaban alrededor de ellas cantando de alegría por la llegada de más personas del exterior.
—Este pueblo no es como otros que temen a los extranjeros, aquí los necesitamos, la mayoría solo vive de la tierra, pero no es suficiente —añadió el viejo herrero—, porque al fin y al cabo, en su mayoría, no es nuestra, es de un señor feudal.
Se sentó al lado del señor y recibieron un trozo de carne de cerdo cada uno, les dijeron que era lo mínimo por ser de los que apoyaron más en la construcción.
—¿Viajáis con compañía? —preguntó Hephais que seguido dio una mordida a la cena.
—Sí... —le dijo algo apenado y también dio un bocado.
—¿Acaso no queríais venir a este país? —le volvió a preguntar.
—En realidad no tenía idea de que existieran más países —eso llamó más la atención del anciano—. Solo vivía tranquilo en mi herrería junto a mi hermana, no obstante, una mujer se cruzó en mi vida y... —fue interrumpido.
—¡Oh! ¡Mujeres! ¡Debisteis haber empezado por ahí! —estaba muy sonriente, y más cuando le dieron un poco de vino— Muchacho, si es por una dama que te encuentras así, solo te diré una cosa: conocerás muchas más —se notaba algo embriagado.
—No es eso, lo que digo es que estoy ligado a aquella doncella de corazón porque... —fue interrumpido otra vez.
—¡Oh! ¡Es de la realeza! Chico, tu condición no te permitiría estar con ella, es mejor que tu corazón pise tierra —se lo dijo con tristeza lo último.
Linkinton no dijo nada más en verdad no quería hablar de eso, si fue a ese lugar era para relajarse. No quería pelear más, solo quería estar tranquilo, pero el dolor de su brazo no lo dejaba.
Esperaba que por lo menos la princesa le dijera a la agricultora sobre Perséfone, que no era del todo libre de ese trato.
VIII
—¿No puede descansar? —le preguntó Deméter a la condesa.
—Sinceramente... no me siento bien —expresó su majestad—. Mujer agricultora, no he podido hacer nada bien, para nadie.
—Condesa, es mucho lo que han hecho —le contestó la agricultora.
—Pero... tu bebé... en quince años la perderás —Lolanord no entendía la calma de aquella aldeana.
—Quince años que no le faltará amor, pudo haber sido peor para mi Perséfone —eso lo dijo muy apenada por lo de Linkin—, necesito darle mi eterna gratitud de todo corazón por aquello, quince años no se comparan a toda una vida... vida que no tenía que ver en esto —miró a la condesa—. Ese hombre en verdad la aprecia mucho, lo hizo por usted. Y cuando su viaje termine... deberá agradecerle con todo su corazón.
Deméter dio por finalizada esa conversación al retirarse de ese aposento que le ofreció a la condesa.
Por Perséfone y por aquel collar valioso, pero no era eso, el bienestar de la mujer de la nobleza imperaba en el herrero que había dejado de lado las discusiones con la princesa y empezó una nueva amistad.
—Pero si no lo hacía... ella perdería a su bebé —dijo Lolanord con pena.
—Ya está hecho, princesa —dijo una voz infantil.
—Lilythod... —estaba algo sorprendida.
—Es la segunda vez que mi hermano pone en juego su vida por usted, mejor dicho por tercera vez porque escoltarla es un peligro el cual hemos aceptado, quizás mi hermano no sea alguien de grandes dotes, pero si hizo eso es porque... —comenzó a soltar lágrimas— en verdad le tiene mucho cariño, rara vez siente algo así... debería apreciarlo de la misma manera —dijo eso y se fue corriendo al granero.
Eso terminó por hacer sentir mal a la princesa, parecía estar perdiendo más de lo que lograba.
Linkinton llegó unas horas más tarde, sin hacer tanto ruido entró al granero y se acostó al lado de Benjamin y Meredith.
IX
—Todo lo que le pueda deciros o daros es poco por lo que habéis hecho por mí, pero creo que esto os serviráis —expresó aquello al mostrar un pequeño saco con una figura de un barco y un pequeño saco con siete monedas, ambos hechos de plata—. Si quieren llegar más rápido a un lugar, os recomiendo caminar junto al río porque hay un familiar mío que hace viajes por ese lugar si le pagas con cosas de plata —se las dio a Lincoln.
—Gracias Deméter, y por favor entrégale todo el amor del mundo a tu hija —dijo Linkinton que era el último en despedirse de la agricultora.
Montado sobre Meredith, iba detrás de todos. Lolanord y Lilythod hablaban en voz baja, pero no dejaban de observar de reojo a Linkinton que permanecía en silencio.
Y sin más dejaban el pueblo de Agrum y una experiencia que los haría reflexionar poco a poco sobre lo valiosa que son sus vidas.
X
En el momento que la princesa y sus súbditos viajaban, alguien en un lugar no tan lejano, recordaba nuevamente lo que fue prepararse para ser un caballero.
Los recuerdos de sus años de entrenamiento estaban acompañados con los recuerdos de la primera guerra que libró.
Aquel muchachito en cada momento donde estaba cerca de la muerte, no dejaba de tener en su mente a sus hermanos, madre y a la princesa Paigeda... sus motivos para regresar vivo...
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Perdonen el "corto" descanso que le di a este Fic.
