Tocado por un ángel
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Capítulo 18
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—Edward no puedes…—las palabras de Alice fueron interrumpidas por las de su hermano.
—Por supuesto que sí, creo en ti Bella.
Mi corazón latió con fuerza y no dude ni un minuto para correr a su lado y con firmeza decir:
—¿Podemos irnos de aquí, y regresar a casa?
Él no respondió solo tomo mi mano y me llevó consigo, sacándome de allí.
—¡Edward espera! —escuché como Emmett gritaba detrás de nosotros.
Volví la mirada atrás y pude percatarme de cómo Rosalie lo detenía.
—Ya fue suficiente Emmett. Déjalos en paz.
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Nuestro trayecto fue en completo silencio, Edward permaneció callado y pensativo, algo que me hacía sentir mal porque nuevamente yo le causaba problemas.
—No pienses tanto Bella.
Miré a mi acompañante y entre cerré mis ojos dudando.
—¿Por qué vienes con nosotros?
Alec sonrió divertido a mi reacción.
—Tus reacciones me parecen muy graciosas.
—Eso no contesta mi pregunta—dije sin dejar de mirarlo.
—Llevo un tiempo desean tomar unas vacaciones y decidí hacerlo ahora.
—¿Y porque elegiste quedarte en nuestra casa?
Él lo pensó un momento y luego de varios minutos respondió:
—Creo que será interesante.
Era un tipo realmente extraño.
—¿En qué trabajas Alec?
Dejó la copa de champagne en la mesita en medio de nosotros, y elevando una ceja, una sonrisa se formó de sus labios.
—Soy un vagabundo.
—¿Qué?
No podía creer lo que estaba escuchando, ¿Vagabundo?
—Me gusta viajar a muchos lugares, adoró descubrir cosas y personas que me parezcan interesantes.
—Eres bastante peculiar—dije observándolo.
—Todos abrochen sus cinturones estamos llegando a Eleftherios Venizelos.
La voz del capitán del jet privado de Edward, anunciaba nuestra pronta llegada a Atenas.
Luego de un tranquilo aterrizaje, subimos al coche que ya esperaba por nosotros en el aeropuerto. Edward le dio ciertas indicaciones y después de varios minutos nos detuvimos en un gran edificio.
—Nos vemos en casa—dijo él mientras salía del coche sin voltearme a ver.
Iba a decir: "Está bien", pero la puerta se cerró, me acerqué a la ventana y sobre el vidrio pude ver cómo cada paso que daba lo alejaba más de mí.
El auto se puso en marcha y Edward entró al edificio desapareciendo de mi vista.
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Los días iban pasando tan rápido que sentí nostalgia. Era el octavo mes para Matthew, sólo faltaban cuatro meses para que cumpliera el año.
Mientras veía a mis dos hermanos jugar en el jardín sobre el césped, sonreí, los tenía a ellos, no tenía por qué sentirme sola. Una punzada en el pecho hizo que la palabra "sola" se hiciera más presente en mi mente.
Después de nuestro regreso de Creta, Edward se había aislado de mi lado, llegaba a casa a la media noche, y en las mañanas se iba antes que yo despertara. Casi no lograba verlo, y aunque ponía un millón de excusas para su comportamiento, ni una de ellas podía aliviar el dolor que se hacía en mi corazón.
—Te ves triste.
Alec se acercó a mi lado con un jugo de arándanos que tendió hacia mí.
Tomé el vaso al mismo tiempo que respondí:
—Un poco.
—Si no puedes con la soledad que se ha creado, ¿porque no se lo dices?
Baje la mirada al vaso que tenía en mis manos.
—Siento que, si lo hago, terminará peor.
—Pero el miedo hará que todo siga igual, y eso al final desencadenara lo que deseas evitar ahora. Da igual si lo haces hoy o mañana, la cuestión es que lo hablen.
Él tenía razón, yo deseaba saber qué era lo que estaba sucediendo, que lo mantenía tan pensativo y alejado de mí.
¿No desconfiaba de mí? O, ¿Sí?
Había dicho frente a su familia que me apoyaba y que si creía. ¿Pero que estaba sucediendo ahora con su actitud? Esa, era mi incógnita. El escándalo de las fotos seguía en noticia, y era molesto verlo como también en internet. Pero yo no había hecho nada de lo que ahí decía, todo era falso.
Llevé el vaso a mis labios y cuando disponía a beber un trago, el fuerte olor de la fruta provocó un rechazo al instante.
—¡Alec! —llame y le di el vaso para luego tapar mi boca y tratar de evitar que mi estómago decidiera hacerme vomitar.
—Bella, ¿qué sucede? —Alec preguntó preocupado.
Negué con mi cabeza por qué no podía hablar, sentía que todo se encontraba revuelto dentro de mí.
A los minutos pude sentir un alivió.
—No vuelvo a probar un jugo que sea preparado con esa fruta.
—¿Porqué? —cuestionó Alec tomando un trago—Es muy bueno.
—Casi me hace vomitar.
—¿Te has sentido bien últimamente? —él preguntó poniendo su mano en mi frente
—Más o menos—alejó la mano y continúe—Me he sentido muy cansada y con sueño. Y un poco mareada.
Él frunció el ceño ante mis palabras.
—Eso no está bien, deberías ir al doctor, para asegúrate que no sea algo serio.
—Creo que se debe a que no he estado durmiendo muy bien, y que casi no me he alimentado como debería. No he tenido mucha hambre.
Él me miró dudando unos segundos más, para luego apartar su mirada.
—Aun así, insisto porque no vas a una consulta o mejor, llamemos al médico.
Rodeé los ojos y suspiré rindiéndome.
—Haz lo que quieras.
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La tarde paso sin ningún inconveniente, al igual que los días que siguieron.
Esta situación me estaba enfermando, cada día me sentía más triste, y aunque yo no era el tipo de persona que tenía cambios de humor tan drásticos, ahora me estaba sintiendo extraña.
Los dolores incesantes de cabeza eran un fastidio, al igual que las náuseas que solían darme de vez en cuando en la mañana.
Toc. Toc. Toc
Escuché los golpes de la puerta.
—Entra Alec.
Su imagen apareció detrás de la puerta.
—Tengo los resultados de la prueba que el doctor Riley solícito.
Al ver que mi estado iba empeorando cada vez más, ya que ahora decía Alec que me veía demacrada y muy pálida. Había insistido en llamar al doctor, él me había revisado y a pesar de que me había hecho la consulta en casa, no me había dicho nada de lo que podía estarme pasando, a cambio había pedido que me hiciera unos exámenes de sangre. No proteste y los hice.
Aunque tenía una leve sospecha de lo que podría significar mi deteriorado estado de salud.
El sobre llegó a mis manos y antes de querer abrirlo pensé un momento si su contenido cambiaría para bien o para mal mi actual situación.
Deje salir un suspiro. Y lo abrí.
—¿Qué dice?
Leí el contenido en silencio, cuando llegué a la parte del resultado me di cuenta que mis sospechas eran ciertas.
—Lo que ya sabía—dije—Positivo, estoy embarazada.
—¿Ya lo sabías? —cuestionó
No respondí, mis sospechas se habían iniciado debido al retraso de mi periodo, y luego los extraños síntomas.
Sabía que había un cierto porcentaje que estuviera equivocada y que mi retraso se debiera a mis cambios de humor y el estrés de lo que estaba pasando, pero ya no tenía dudas.
—¡Felicidades! —Mis pensamientos se esfumaron al escucharlo.
Alec me abrazo con alegría, era extraño verlo así, ya que siempre se mantenía sereno y callado o como si estuviera tramando algo.
—Creo que deberías decírselo a Edward ahora mismo.
Sus palabras me sorprendieron.
—Está en la oficina— proteste— Jamás he ido ahí.
—¿Y? Eso que importa, creo que sería genial que te arregles muy linda y vayas allá a decirle la noticia.
—¿Y si mejor espero a que regresé? —pregunté.
Él cambió su mirada de felicidad a una sombría y de la misma manera me contestó:
—Ve Isabella. Ahora.
Puse las manos en mi rostro y me dejé caer en la cama.
—Está bien—contesté.
Luego de una hora, salí de mi habitación y bajé la escalera.
Escuché risas en la cocina, me acerqué para ver lo que pasaba y vi a Alec con Matthew en brazos y Fernando en la encimera del desayunador.
No quise molestarlos, junto a Kaly se encontraban haciendo pastelitos para merendar con el té.
Me di la vuelta y caminé hacia la puerta; Al salir se encontraba el chofer esperándome.
—¿Adónde vamos señora?
Miré al cielo gris y las nubes cubrían el sol de la tarde.
Se avecinaba una tormenta.
—A la oficina de Edward.
Esperaba estar en casa antes de que las primeras gotas de la lluvia cayeran.
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Sí, ya sé que está corto, pero prometo actualizar este mismo día, digo así, ya que actualizaré de madrugada o en la mañana.
Me gustaría saber que les ha parecido en sus reviews.
Chicas ya casi vamos llegando…
Nos leemos en el siguiente.
