Agape to Eros

By Tsuki No Hana

XXIII

"Go, Yuuri, a Little bit more"

—Yuuri ¿Los chocolates tenían nuez?

—¿Pero qué demonios te pasó? —se espantó al verlo con los párpados hinchados, al igual que sus labios. Tenía muchas pequeñas ronchas en su rostro y cuello, perdiéndose por debajo de su ropa.

—¿Los chocolates tenían nuez? —insistió, desesperado y sin dejar de rascarse—. No me supieron a nuez en ningún momento, pero quizás la traían en muy pequeñas cantidades.

—¿Eres alérgico? —preguntó, asombrado y sin dejar de verlo, estaba muy hinchado.

—¡Sí! —se desesperó—. ¿No lo sabías?

—No… —parpadeó repetidas veces, decepcionado de sí mismo por no saber algo tan simple. Ahí se dio cuenta de que en verdad se conocían muy poco el uno al otro ¿y así querían casarse? —. Pero si vienen en tan pocas cantidades no debería de…

—Me comí toda la caja, toda-la-caja.

—Oh por Dios.

—Sí, "Oh por Dios" —lo tomó del brazo y lo metió a su departamento, Makkachin de inmediato lo recibió, pero Yuuri no podía dejar de ver el rostro de Viktor ¡No parecía él!

—Soy el peor, primero te mato de hambre, te hago caminar cuadras, luego terminas pagando todo en nuestra cita y ahora te enveneno con chocolates —se llevó ambas manos a la cabeza, justo sobre sus parietales.

—Tranquilo, no pasa nada —quiso minimizar el asunto al verlo tan angustiado.

—¡Claro que sí! Te voy a llevar al doctor.

—No, no, no. No es necesario. Cuando me pasa esto sólo debo tomar mi medicamento.

—¿Lo tienes?

—No. ¡Y no quiero salir así!

—Sí, no salgas así —no podía dejar de verlo.

—¡Ya no me veas! —quería cubrirse el rostro, pero sus ganas de rascarse el cuerpo entero eran mayores.

—De acuerdo. Amm… —desvió la mirada—. Dime cuáles son los medicamentos, iré por ellos.

Y así el japonés corrió a una farmacia y volvió para cuidar de ese ruso escandaloso y lleno de ronchitas.

Cuando volvió con el pedido, Viktor se tomó la medicina y el japonés no podía sentirse más avergonzado.

—Gracias Yuuri —dijo en voz baja, sin dejar de rascarse con locura.

—¿En qué te puedo ayudar?

—En nada, sólo vete —fue un poco rudo, no porque quisiera, sino porque en verdad se sentía incómodo con tanta picazón e hinchazón.

Viktor se dio media vuelta, rumbo a su habitación, pero antes de entrar a ésta, sintió cómo alguien lo tomaba de las caderas desde atrás, jalándolo hasta dejar su espalda contra la pared más cercana.

—No me voy a ir —murmuró en voz baja, pero muy firme y segura—. No estás bien aún.

—Yuuri… —soltó en un suspiro al tener su rostro tan cerca. Contuvo un leve gemido al sentir que las manos en sus caderas ahora se posaban traviesamente en su vientre, colándose por debajo de la playera y levantándola un poco para descubrir su barriga. Cerró los ojos cuando las frías manos del otro se pasaban deliberadamente por su tórax.

—Tienes ronchas en todas partes —despegó las manos de su cuerpo y colocó la playera en su lugar. Fue entonces que el ruso abrió de nuevo los ojos, sólo para descubrir que Yuuri no lo acariciaba con otra intención que no fuera meramente para explorar su cuerpo y ver qué tanto era el daño—. Iré por la pomada, ve a recostarte.

Viktor ni siquiera refutó la orden recién recibida. Estaba aún contra la pared, desilusionado y algo sorprendido por lo que quería que sucediese y no pasó.

—Ve a la cama —le dijo nuevamente, al ver que no se movía de su lugar.

—Pero…

—Que vayas a la cama —le dijo en tono de reproche mientras buscaba la pomada, tratando de recordar dónde dejó la bolsa con las compras.

Viktor no dijo más, casi corrió a su cuarto y se tumbó en su cama, abrazando su almohada más grande.

Momentos después llegó el otro, con el dichoso ungüento y aguantando la risa al ver a Viktor rascándose como perro sarnoso.

—No hagas eso —se sentó en el borde de la cama y detuvo sus manos—. Te dañarás más la piel.

—¡Tengo comezón! ¡Mucha comezón! —estaba siendo un poco dramático—. ¡Me voy a morir por tu culpa, Yuuri! —lo apuntó acusadoramente con un dedo. El aludido sólo contuvo sus carcajadas.

—Quítate la playera.

—¿Por qué?

—Y el pantalón.

El ruso alzó una ceja, hasta que comprendió el motivo.

—Oh, sí, sí —obedeció y se quedó sólo en ropa interior. Yuuri le puso el misterioso ungüento color rosa crema por todo el cuerpo, preocupándose al ver que estaba repleto de pequeñas ronchas.

—Deberíamos ir con un médico, tienes demasiadas… —fue interrumpido.

—Lo sé, es normal. Aunque tenía mucho de no pasar por algo así —murmuró contra la almohada, recostado bocabajo y sintiendo los delgados dedos de Yuuri aplicando el medicamento en su espalda. Su piel se erizó inevitablemente cuando esos dedos se pasearon por sus vértebras lumbares, acariciando aquella vieja cicatriz en toda su longitud.

—No puedo creer que no la notara antes, Viktor, es enorme… —se espantó.

El aludido se encogió de hombros y ladeó un poco el rostro, lo suficiente para ver al otro desde su lugar.

—Ya casi no se nota, a menos que la veas muy de cerca, y casi no se siente. Los cirujanos tardaron mucho suturando para evitar que me quedara una muy fea y horripilante cicatriz. Evitaron que fuera horripilante, ahora sólo es fea.

El japonés contuvo una risilla. Viktor andaba de muy buen humor, desde que llegó a Vladivostok no había podido hablar tan fluidamente con él, a excepción de aquella discusión en el lodo.

Pasó de nuevo sus dedos sobre aquella línea de un tono más claro que el resto de su piel, sintiendo las pocas irregularidades en ésta. Se detuvo cuando escuchó que se le escapó una risa al dueño de esa marca.

—¿Cómo estás de tu espalda?

—Bien.

—¿Y tu cadera?

—Mejor, a veces duele un poco, pero dicen que es normal —se volvió a encoger de hombros—. ¿Y qué tal tu vista? No he podido evitar notar que no usas tus anteojos desde ayer ¿No tenías un repuesto?

—Estoy bien —fue sincero—. Sí necesito anteojos, pero como rompiste los míos… —aguantó la risa al ver su carita de culpabilidad—…ahora estoy usando lentes de contacto.

—Oh… te van bien.

—Gracias —sus mejillas se tiñeron de un rojo carmesí muy intenso, era el primer cumplido que le decía en mucho tiempo—. Viktor.

—¿Sí?

—Me siento feliz de estar aquí contigo.

El otro ocultó su rostro en la almohada.

—¿No vas a decir nada? —le picó la espalda con un dedo, ya había terminado de ponerle todo el ungüento necesario—. Oye —ahora le picó el costado, haciendo que se retorciera un poco, pero no logrando que sacara su rostro de aquel escondite—. Viktor —alargó cada letra—. ¡Viktor! —le picó una nalga, estallando en risas cuando vio cómo se retorció.

—Yo también estoy feliz de que estés aquí —admitió sin siquiera verlo, acostado y dándole la espalda—. A pesar de que casi me matas —dramatizó de nuevo.

Luego de eso los dos quedaron en silencio, en un cómodo silencio en el que Yuuri se atrevió a sentarse junto a él, muy cerquita para poder acariciar sus cabellos.

—¿Qué haces? —cuestionó al sentir que pasaba sus dedos suavemente por su cuero cabelludo. Sin embargo, no se atrevió a girarse y verlo a la cara.

—Tú sólo déjate querer.

El ruso no soltó ni una sola palabra más. Muy pronto Makkachin se les unió, acostándose frente a Viktor mientras éste le hacía cariñitos, recibiendo los mismos por parte de Yuuri.

—¿No tienes hambre, cariño? —se llevó una mano a la boca, arrepintiéndose de llamarlo así. No pudo evitarlo, le había salido sin siquiera planearlo. Asustado, se incorporó un poco y se inclinó hacia delante para ver la expresión de Viktor. Grande fue su alivio al notar que estaba profundamente dormido.

Entonces decidió dejarlo descansar mientras buscaba qué preparar en la cocina. No encontró nada, así que tuvo que salir a comprar algunas cosas para poner en práctica lo que había aprendido trabajando en la cocina del onsen. Agradeció mentalmente a su madre y a todos los cocineros que se tomaron el tiempo de explicarle cosas básicas desde cómo pelar patatas hasta preparar katsudon.

Le preparó una comida sencilla, pero hecha con mucho amor. Cuando terminó, fue directo a su habitación para despertarlo y que fuera a comer con él, pero se veía tan cómodo y adorable durmiendo que no pudo despertarlo. Decidió dejarle una nota en su mesita de noche, diciéndole que había comida en la estufa, lista para servirse.

Y así se despidió de él, dándole un beso en la frente y cubriéndolo con una manta cálida para que no fuese a resfriarse.

OoOoOoOoO

Al día siguiente, Viktor no tenía rastros de haberse enfermado, se encontraba como nuevo y muy feliz por las atenciones que recibió de Yuuri. Había gritado como adolescente enamorado al despertar y encontrar esa nota donde Yuuri le decía que le había hecho de comer. Lo mejor de todo fue que su comida estaba verdaderamente deliciosa. El resto del día lo pasó en cama, con Makkachin, pensando sin parar en Yuuri, quien estuvo al pendiente de él, mandándole mensajes todo el día.

Estaba tan feliz que llamó a Evgenia y le contó todo, luego hizo lo mismo con Aleksi, quien en verdad estaba feliz por su hermano.

En cuanto a Yuuri… él había recuperado su cartera, se había puesto muy nervioso de sólo imaginar la cara que habría puesto Viktor al encontrarse ese par de condones en su billetera ¿Qué habría pensado de él?

Pero algo bueno tenía que salir de todo ese asunto embarazoso, y eso bueno era la fotografía que el ruso intercambió. Yuuri lo notó de inmediato, pues su foto favorita de ambos había sido reemplazada por una aún mejor. No pudo evitar estar todo el día presumiendo esa foto a sus amigos, quienes le preguntaron cuál era el siguiente paso en su misión. Katsuki se quedó sin palabras, en verdad no tenía idea.

—No lo sé… —se rascó la nuca, apenado—. Todo lo que he intentado ha salido mal, absolutamente todo.

—No —lo corrigió Chris—. Ha salido fatal, pero con buenos resultados. Viktor está cediendo.

—¿Tú crees? —inquirió, dudoso.

—¡Pero claro que sí! —respondió Phichit—. Y tengo una muy buena idea para el siguiente movimiento —se llevó una mano al mentón, esbozando una sonrisa muy traviesa—. Con esto compensarás todo lo malo.

—Sea lo que sea que tengas en mente tendrá que esperar un poco. Viktor me dijo que su hermano se casa en una semana y aún tienen muchas cosas por hacer antes de que se llegue el gran día y pues… Viktor es algo así como el padrino y la dama de honor al mismo tiempo. Los está ayudando en todo y va a estar muy ocupado.

—Está bien, esos días nos van a ayudar mucho, los necesitaremos antes de llevar a cabo el nuevo plan —Phichit miró a sus dos amigos con una expresión intrigante.

OoOoOoO

—Chris —suspiró—. ¿A dónde vamos? —no se hallaba de buenas, habían pasado un par de días en los que Yuuri ni siquiera le mandó un mensaje. Eso lo ponía de mal humor ¿No se suponía que estaba intentando conquistarlo? Vaya fracaso.

—A dar un paseo. Tenemos tanto tiempo de no pasar un rato juntos ¿vamos al cine? ¡O al centro comercial!

—Estás muy raro hoy —lo miró feo—. Mejor me voy a casa, aún tengo que hacer unas llamadas para ver que todo esté en orden para la boda de Aleksi. Tengo que confirmar el banquete, la música, el…

—No vamos a estar aquí para siempre, Viktor, los ahorros de Yuuri se están acabando y ciertamente yo también he gastado un poco más de lo esperado en esta visita, Phichit también, así que… —se encogió de hombros.

—Se van a ir.

—No sé cuándo, pero sí.

—Vaya…

—Viktor, sé que es difícil tomar una decisión en menos de dos semanas, más todavía si hay un pasado como el que han vivido ustedes dos —rio secamente—. Parece una historia de telenovela. Pero a pesar de todo eso tú lo sigues amando ¿No es así? Sé que es así —insistió y el otro no se pudo negar, pero tampoco lo aceptó—. Yuuri en verdad se ha esforzado, nunca había visto a alguien tan terco y obstinado como él.

El ruso sonrió de lado.

—A nadie, excepto a ti —agregó el suizo, riendo un poco—. Son tal para cual ¿Qué esperas para volver con él? Sé que lo perdonaste desde hace mucho, anda, escúpelo y dime la verdad.

OoOoOoO

—¡Demonios! —tomó el sartén que se estaba incendiando y lo lanzó al fregadero. Era la segunda vez que la salsa se le quemaba de esa forma. No sabía dónde tenía su cabeza. Estaba muy estresado. Había practicado esa comida un millón de veces en esos días y había conseguido hacerla correctamente sólo una vez, a pesar de eso siguió intentando y no se dio por vencido. Quería preparar la lasaña de manera correcta y deliciosa, tal como la que cenaron en aquella noche tan especial, cuando hicieron el amor por primera vez.

—Tranquilo, la volveremos a preparar —sacó otra sartén y comenzó desde cero.

—No sé qué haría sin ti. Chris me explicó un millón de vece cómo se hacía, pero no soy muy bueno en esto.

—Sí lo eres, sólo estás nervioso —rio—. Tranquilo, a mi hermano le encantará tu sorpresa.

—Sólo espero terminar antes de que llegue —se apresuró más—. Gracias, Aleksi.

—A la orden —sonrió.

Entonces Yuuri recibió una llamada de Chris. Algo había salido mal en el plan y Viktor ya iba de vuelta a su departamento. Las cosas no estaban saliendo tan bien, al parecer el ruso regresaba porque se había molestado con Chris.

—¿No se supone que lo distraerías? ¡¿Qué pasó?!

Lo siento, Yuuri, tuvimos una pequeña discusión y le dije algunas cosas que quizás no debí haber mencionado.

—Christophe Giacometti ¿Qué rayos le dijiste?

—Yo…

—No, no me lo digas ahora, estoy muy ocupado, hablaremos luego de ello —suspiró, posando sus dedos sobre el puente de su nariz, pensando en alguna solución, pero no encontró ninguna—. Me apresuraré en terminar todo a tiempo. Gracias Chris —colgó y le dio la noticia a Aleksi. Entre los dos se apuraron lo suficiente para que la cena estuviera lista. Metieron la lasaña al horno para que el queso se gratinara.

—No te pongas tan nervioso. Si mi hermano anda tan de malas es porque no te ha visto en dos días. Se le hizo costumbre que lo acosaras a diario, te extrañó.

Los ojos castaños de Yuuri se iluminaron.

—¿En serio?

—Sí. ¿No lo habías notado?

—No —una sonrisa boba se formó en sus labios.

—Oh, casi lo olvido. Toma —sacó algo del maletín que traía y se lo extendió.

—¿En serio?

—Por su puesto. Yuuri, nuestro comienzo no fue el mejor y me disculpo por ello, sé que fui un poco abusivo contigo, me arrepiento por ello, ahora veo que en realidad eres un hombre muy bueno —sonrió—. Sería todo un honor que asistieras a mi boda.

—¿Viktor está de acuerdo con eso?

—Él no tiene idea —rio.

—Es en cinco días… —miró la fecha.

—Puedes quedarte hasta entonces ¿Cierto?

El japonés lo meditó unos segundos antes de asentir. Terminaría gastando absolutamente todos sus ahorros, pero lo valía.

Poco después llegó Phichit con un par de botellas de un buen vino con un grado muy bajo en alcohol, ideal para esos dos locos. Luego de eso dejaron al japonés solo en el departamento de Viktor, listo para recibirlo con una cena deliciosa.

El ruso caminaba rumbo a su departamento con un mal sabor de boca. No le gustaba discutir con su amigo, sabía que tenía razón, pero aun así se enojó con él. Bueno, en esos días se enojaba incluso con su hermano, todo lo ponía de malas. Y es que Chris le había pedido que le dijera la verdad, pues estaba seguro de que seguía amando a Yuuri y no se equivocaba en eso.

Flash back

—Lo perdoné hace mucho tiempo, es sólo que no puedo… hay algo que me impide intentarlo de nuevo, quizás es miedo, o rencor.

—Entonces no lo has perdonado del todo.

—Sí lo hice, pero… ¡Arghh! —se llevó una mano a su cabello, revolviéndolo con frustración.

—Te diré las cosas como son. Ahora mismo estás haciendo lo que Yuuri hacía el año pasado cuando tú lo acosabas. Están haciendo exactamente las mismas idioteces, sólo que a la inversa. Nada más hay dos desenlaces posibles: lo perdonas de verdad y se reconcilian de una buena vez, o te sigues haciendo la diva irresistible hasta que Yuuri se harte y se largue de aquí. ¿Qué quieres?

—No podemos simplemente volver y ya.

—Viktor, tienes treinta años, ya no eres tan joven como para andar con estas niñerías.

—Chris, no te metas.

El suizo parpadeó, verdaderamente sorprendido.

—Eres tan idiota que a veces quisiera golpearte.

—Lo mismo digo —lo desafió.

Fin flash back

No se atrevió a confesarle a su amigo la verdad, no pudo decirle que jamás se había sentido tan consentido y amado como en esos momentos. Yuuri estaba haciendo cosas que nunca antes imaginó que haría. Usualmente era él quien le daba las sorpresas al japonés, y no al revés. Por eso ahora quería que esa etapa de conquista durara un poco más, quería ver qué más hacía su Yuuri para volverlo a enamorar, sin saber que ya lo había logrado.

El mal humor de Viktor desapareció por completo cuando abrió la puerta de su departamento y se topó con Yuuri esperándolo en la entrada, sonriente.

—Bienvenido a casa, Viktor.

—¿Qué es todo esto? —desde su lugar podía ver el comedor, preparado cuidadosamente para una cena para dos.

—Quiero compensarte la primera cita, y lo de los chocolates. Sé que fue un fiasco, pero creo que con esto podré enmendar un poco mis errores.

—Vaya, Yuuri, esto es hermoso —sus ojos azules brillaron como dos gemas preciosas—. ¿Tú cocinaste? Huele muy bien.

—Sí. Tuve un poco de ayuda, pero finalmente logré preparar lo que tanto te gusta.

—¿Katsudon?

—No —se desilusionó un poco—. Es lasaña.

—Oh por Dios —se le hizo agua la boca y como si fuera posible, su rostro se iluminó más en felicidad—. Me encanta.

El otro sonrió tímidamente y escondió sus manos detrás de su espalda, evitando así que el ruso viera los curitas que cubrían casi todos sus dedos.

—Espero que no te moleste el hecho de que haya usado tu cocina. Aleksi me ayudó a entrar, no creas que estoy tan loco como para forcejear la puerta.

Nikiforov contuvo su risa al admitir que esa opción pasó por su mente.

—Está bien, puedes usar mi cocina cuando quieras.

—¿Tienes hambre?

—Estoy hambriento.

—Bien, toma asiento, ahora mismo te sirvo —sacó la silla de la mesa para que se sentara, Viktor agradeció el gesto y se sentó.

Yuuri se fue a la cocina y no tardó mucho en soltar un grito lleno de horror. Viktor tenía un monólogo chistoso sobre condones en billeteras con Makkachin cuando escuchó el grito. No tardó ni cinco segundos en correr junto al can rumbo a la cocina.

—¡¿Qué pasó?! ¡¿Estás bien?!

—Se quemó… ¡Se quemó la cena! —el pobre estaba al borde del llanto, señalando el refractario que recién había sacado del horno y que ahora descansaba bajo el chorro de agua del fregadero.

—No importa, sólo es una cena —suspiró, tenía mucha hambre y sueño—. Comamos cualquier otra cosa —se encogió de hombros y Yuuri frunció el ceño. Viktor miró a su alrededor, había demasiado desorden en su cocina, tanto que sólo bufó fastidiado y salió de ahí con una mano en el bolsillo de su pantalón y otra rascando su cabeza.

—No sólo era una cena —murmuró antes de que el ruso saliera por completo de la cocina, pero hizo como que no lo escuchó y se fue a la sala, tomo su teléfono e hizo una llamada.

Yuuri se llevó ambas manos al rostro y se permitió soltar un par de lágrimas. La querida mascota lo notó y de inmediato se paró en dos patitas, tratando de animar al humano de su amo al apoyarse contra él, raspando su pantalón con sus garritas. Fue en ese momento cuando Viktor entró de nuevo a la cocina y fue consiente de las hermosas manos de su amado, mancilladas y muy lastimadas.

—Dios mío ¿Qué le pasó a tus manos? —acortó la distancia entre ambos y las tomó, Yuuri hizo el inmediato intento por esconderlas, pero el otro no se lo permitió—. Yuuri, ¿Qué te pasó? —insistió, usando un tono de voz un tanto severo.

—Yo sólo quería hacerte una cena que disfrutaras mucho, era lo único que quería —soportó el nudo en su garganta, lo aguantó y no lo dejó salir.

Viktor no pudo responder nada a esos ojos llorosos y a esas hermosas palabras. Lo único que pudo hacer fue abrazarlo, abrazarlo con mucho amor. En ese momento se sintió tan culpable por tratarlo mal, se sintió un miserable. Peor fue su sentir cuando escuchó el llanto de Yuuri, sintiendo cómo se aferraba a él con fuerza, soltando lágrimas que no eran consecuencia sólo de lo que recién había pasado. Se estaba desahogando de sucesos pasados.

Viktor lo apretó con más fuerza entre sus brazos, acarició su espalda una y otra vez, calmando ese fuerte llanto que venía desde lo más profundo de su alma, casi podía palpar el dolor en esas lágrimas, en esos sollozos. Yuuri tenía su rostro oculto en el cuello del más alto, mojando su playera con los ríos sin fin que eran sus lágrimas, pero eso poco le importaba al mayor. Le había sorprendido tanto verlo derrumbarse así de repente, que se olvidó de cualquier cosa y su instinto de protección salió a flote, buscando aliviar su dolor de la mejor manera posible: contacto humano.

No supieron cuánto tiempo estuvieron así, abrazados y meciéndose muy levemente, esto lo hacía el mayor, intentando calmarlo un poco con leves caricias en su nuca y en su espalda, mientras el otro lo rodeaba con sus brazos por el cuello.

Su pequeña burbuja de paz y tranquilidad se rompió cuando el timbre del departamento sonó.

Viktor se separó lentamente de Yuuri, deslizando sus manos hasta posarlas en la estrecha cintura del menor, notando así lo delgado que estaba, estaba en muy buena forma, lo percibió con sus manos. Ambas miradas se conectaron. Los ojos llorosos de Yuuri estaban ya un poco enrojecidos y el corazón del ruso se conmovió ante esa tierna vista ante él. Por un momento se olvidó de su fachada de frialdad que se prometió mantener.

—Voy a abrir la puerta —puso sus manos sobre los hombros del japonés, deslizándolas por las mangas de su suéter hasta tomar esas lindas manos maltratadas y llevarlas a sus labios, depositando tiernos besitos en ellas—. Ve a la sala y descansa un poco, te alcanzo en unos momentos —miró a su mascota—. Makkachin, acompáñalo y cuídalo ¿Si? —el can ladró en respuesta.

Viktor se fue y Yuuri tuvo que pellizcarse para ver si no era un sueño. Al ver que no lo era, caminó con el caniche rumbo a la sala, tomó asiento y soltó un largo y pesado suspiro. Hizo recuento de las horas que había permanecido de pie y no pudo contar más después de cinco. Estaba exhausto. Se había sentado en el extremo de un sofá, así que apoyó el codo sobre el descansabrazos y la mejilla contra su palma abierta. Entonces se permitió cerrar los ojos sólo unos segundos, pero, para cuando los volvió a abrir se topó con dos cajas de pizza y una botella de vino frente a él, justo en la mesita del centro.

—¿Pediste pizza?

—Hawaiana y de pepperoni —abrió la caja y le sirvió un par de rebanadas de la de pepperoni, luego descorchó la botella de vino y le sirvió una copa. Le extendió ambas cosas y los ojos castaños se inundaron de nuevo en lágrimas.

—Gracias —no se permitió soltar su llanto. Aceptó lo que le daban y con una gran sonrisa dejó su plato sobre su regazo mientras acercaba la copa a su nariz, disfrutando del delicioso aroma que desprendía.

El ruso se sirvió unas tres rebanadas de pizza con piña y se tumbó en el sofá, demasiado cerca de Yuuri, eso sólo causó que el japonés gritara internamente. Viktor estaba tan cerca que podía oler su fragancia ¿O era acaso que ya se había impregnado en su ropa luego de tan lago abrazo?

—¿No quieres vino?

—No.

—Pero casi no tiene alcohol.

El aludido miró la botella mientras la boca se le hacía agua por probarla, pero no quiso, tenía miedo del alcohol y de cualquier medicamento luego de lo que vivió.

Yuuri respetó su deseo y comenzó a cenar junto a su amado. Feliz por el desenlace de esa noche. Una vez más, sus planes se vieron totalmente frustrados, pero estaba satisfecho con el resultado. La cena se llevó a cabo en total silencio, el de ojos castaños se odió a sí mismo por derrumbarse así frente a Viktor, se suponía que debía reconquistarlo, no causarle lástima.

—¿Piensas componer más canciones? —preguntó de pronto el ruso, comiendo su quinta porción de pizza.

—¿Uh?

—Tienes un talento increíble, deberías seguir con ello.

—Lo haré, de hecho… —se llevó una mano al mentón—. Tengo una canción en proceso —sonrió de lado.

—¿En serio? —se emocionó—. ¿Puedo escucharla?

—No —sonrió—. Aún —pensó.

—¡¿Por qué?!

—No está terminada, pero te la mostraré cuando esté lista, lo prometo.

—¿Lo prometes? —le extendió su meñique, Yuuri lo miró sin comprender, hasta que entendió y rio, uniendo su dedo meñique con el de él.

—Es una promesa. Por cierto… ¡Fuiste tú quien compró todas mis canciones!

—Ajá — comenzó a roer la orilla de la piza, dejándola casi sin nada.

—¿Por qué?

—Porque son demasiado buenas —se encogió de hombros—. Y quiero que la música de Yuuri sea sólo para mí.

Las mejillas del aludido se tiñeron de rosa.

—Gracias. Oye…

—Sí.

—¿Por qué patinaste esas canciones?

—¿Cuáles?

—Todas. Las del Grand Prix y la de Art on Ice.

—Porque expresaban lo que sentía en ese momento. En verdad me moría por conquistarte con mis rutinas —chasqueó la lengua—. Fue un intento inútil.

—No lo fue.

Viktor dejó de comer y lo miró.

—No lo fue, me enamoraste por completo. Desde esos días no te pude sacar de mi mente ni de noche ni de día. Era tanta mi ansiedad por volverte a ver, que tuve que calmarla utilizando tu jersey todas las noches para dormir, y cando hacía calor la ponía sobre mi almohada, para oler lo poco que quedaba de tu aroma —el vómito verbal había hecho acto de aparición nuevamente, pero esta vez trajo buenos resultados, uno de ellos: Viktor sonrojado.

—Pero cuando diste aquella entrevista en Francia… —suspiró—. Me dolió saber que salías con alguien.

—Era mentira. Lo dije para que te sintieras celoso, creo que lo logré —sonrió de lado, disfrutando del momento.

—¡Que malo eres! Y luego la canción que elegiste…

—Lo sé —sonrió con nostalgia.

—¡¿En verdad te vas a retirar?!

—Yuuri, ya lo hice —abrió la caja de pizza con piña y tomó una rebanada más.

El japonés hizo nota mental de hacerlo cambiar de parecer, más adelante, primero tenía que resolver el problema en su fallida relación.

—Me alegra que vinieras a Vladivostok.

—Pensé que me odiabas.

—Lo llegué a hacer —admitió—. Pero verte intentar hacerme feliz, tus intentos fallidos, el envenenamiento que me causaste y esta cena "romántica" —soltó una risotada. El corazón del japonés se contrajo, pensando que se burlaba de él—. Eres tan adorable, Yuuri Katsuki, me has hecho muy feliz en estos últimos días.

La vida volvió al semblante del otro.

Las horas se fueron volando, pronto se dieron cuenta de que pasaba de media noche y ambos seguían teniendo una charla muy amena, como cuando se hicieron amigos. Los temas de conversación salían a flote uno tras otro. Incluso Makkachin ya se había ido a dormir cuando los dos comenzaron a hablar de temas más delicados.

—¿Qué sentiste cuando… te enteraste de que serías padre?

Yuuri no se esperaba esa pregunta. Tuvo que pensar muy bien en su respuesta.

—Me asusté. Recuerdo que sentí cómo la sangre se me fue hasta los pies, pues me enteré de una manera horrible —bajó la mirada hasta sus manos, donde sostenía su segunda copa con vino—. Sabes que yo nunca quise tener hijos, pero en ese momento era lo último en lo que podía pensar, yo sólo quería que esa bebé se salvara. El vuelo a Canadá en esa ocasión se me hizo eterno, durante todas esas horas de camino sólo podía implorarle al cielo que me permitiera conocer a esa hija de la cual apenas me había enterado de su existencia, pero cuando llegué al hospital me dijeron que había muerto y que Victoria se encontraba en un estado muy crítico. Ella y yo charlamos esa noche hasta entrada la madrugada, me confesó su amor, yo la abracé y me acosté a su lado. En la mañana desperté con ella aún entre mis brazos, pero muerta —despegó la mirada de su copa y alzó la cabeza sólo para toparse con la expresión pálida del otro y con sus ojos llorosos.

—Eso es horrible, Yuuri, es horrible —se limpió una escurridiza y rebelde lágrima.

—Lo es —sonrió tristemente, de lado.

—Sé que ya hemos hablado mucho sobre esto, y no te lo digo como reproche, simplemente quiero saber… ¿por qué no me lo dijiste antes?

—Temía que reaccionaras exactamente como lo hiciste —cerró los ojos, intentando espantar los recuerdos de un Viktor frenético.

—Lo siento, por eso y por todo—bajó la mirada.

—Te perdono. ¿Me perdonas tú por todo lo que ha pasado?

—Claro que te perdono —lo miró fijamente, se sentó de lado en el sofá para tenerlo de frente. Apoyó su codo contra el respaldo y su cabeza la descansó contra su puño, mirando atentamente a su gran amor.

Yuuri quería hacer tantas cosas en ese momento: besarlo, arrancarle la ropa y decirle cuánto lo amaba, pero no sabía cómo reaccionaría el otro, no quería arriesgarse a perder todo el avance logrado.

Y en cuanto a Viktor… el pobre estaba en un gran dilema, muy similar al de Yuuri, solo que se debatía entre doblegar a su orgullo o esperar un poco más para ver de qué era capaz su amado. Mientras tanto, no podía alejar sus ojos de los tres botones que se había desabrochado en la camisa, dejando ver un escote para nada provocativo, pero para Viktor eso ya era muy emocionante.

De pronto el ruso bostezó sonoramente y eso fue una señal muy clara para el otro.

—Lo siento, te estoy desvelando —dejó la copa sobre la mesita.

—No, para nada —se incorporó un poco, abofeteándose mentalmente por haber bostezado así.

—Tengo entendido que estás ayudando a Aleksi y a su prometida con la boda desde muy temprano en las mañana.

—Sí, faltan sólo cinco días.

—Lo sé —sonrió y sacó de su bolsillo trasero una invitación.

—¿¡Vas a ir?! No te vi en la lista de invitados.

—Creo que fue una invitación a última hora —sonrió—. ¿Está ben que vaya? Es decir, si te incomoda que yo…

—¡Ve! —carraspeó y se avergonzó por su entusiasmo tan intenso—. Sería bueno tenerte ahí.

—Bien, ahí estaré —se puso de pie.

—¿Ya te vas?

—Es muy tarde, imagino que quieres descansar —bostezó—. Yo también estoy un poco cansado —comenzó a recoger las cosas de la mesa para llevarlas a la cocina—. Siento haber ensuciado tanto tu cocina, prometo venir a limpiar todo —rio un poco mientras dejaba los platos en el fregadero.

—Ya te lo dije, puedes usarla cuando quieras —tomó sus manos y las acarició con devoción—. Te esforzaste mucho para hacer esta cena ¿Verdad?

—No tienes idea —suspiró—. Quería que cenáramos lo mismo que la noche en la que tú y yo… —fue interrumpido.

—Cuando hicimos el amor por primera vez —llevó la mano de Yuuri hasta su propia mejilla, sintiendo lo tibia y confortable que ésta era a pesar de las asperezas debido sus cortes y quemaduras. Cerró los ojos y disfrutó del contacto, sintiendo las leves caricias de esa mano en sus mejillas—. Lo recuerdo bien —suspiró soñadoramente, abrió los ojos y su corazón dio un vuelco al ver esa mirada profunda y tan atractiva en su amado—. No cenamos lasaña, pero sí pizza.

Ahora Yuuri rio un poco.

—Nuestra única comida en aquel fin de semana tan loco.

—Debería repetirse.

La mente y las emociones del japonés colapsaron. Si en su cabeza hubiera miles de hombrecitos trabajando para hacer funcionar bien su cuerpo, ahora mismo estarían corriendo de un lado a otro, incendiando todo a su alrededor y desconectando su sentido de la coherencia.

—¿Q-qué? ¿En serio? Sí, me gustaría que tú y yo, bueno… ya no guardaré los condones en la billetera, mejor tú y yo… Tú y yo… —todo el palabrerío que soltaba no tenía coherencia alguna. Viktor lo miró entre preocupado y divertido—. Voy al baño —se escapó escurridizamente, encontrando el baño y encerrándose ahí unos minutos. Se dio unas pequeñas palmaditas en las mejillas antes de volver a salir, cuando lo hizo se encontró a Viktor esperándolo con un recipiente lleno con la pizza que restó de la cena.

—Llévaselo a Phichit y a Chris —le entregó el recipiente.

—Les gustará —sonrió.

—¿No es muy tarde para que salgas? —inquirió, preocupado.

—Ya pedí un taxi —sonrió, mostrando su teléfono, se arrepintió de hacerlo, pues había perdido la oportunidad de quedarse esa noche en el departamento de Viktor—. Demonios, que estúpido soy.

El ruso lo acompañó hasta la puerta.

—Bueno… entonces ¿te veo mañana? —inquirió el japonés con cautela.

—Por supuesto, aún tienes que venir a limpiar tu desastre —se burló un poco.

—Bien —se rascó la nuca, divertido.

—Nos vemos mañana.

—Hasta mañana.

—Cuídate mucho.

—Lo haré —salió al pasillo y Viktor junto con él, dispuesto a acompañarlo al vestíbulo.

Se veía claramente que ninguno de los dos quería despedirse, pero eran igual de orgullosos y cabezones como para admitirlo, o fue así hasta que…

—Suficiente —se paró frente a Viktor, lo tomó del cuello de la playera y lo estampó contra el muro más cercano, arrinconándolo contra la pared y parándose un poco de puntas para besar sus labios con una ferocidad insaciable.

El ruso literalmente se quedó con ojos y boca totalmente abiertos, pero muy pronto los cerró y se dejó llevar por esa pasión que había estado conteniendo por tanto tiempo. Sonrió dentro del beso al sentir las manos de Yuuri halando sus cabellos y pegándose más a él. Sus pechos estaban juntos, podían sentir el desbocado corazón del otro en ese momento de locura. Viktor no supo en qué momento sus manos comenzaron a moverse traviesamente por debajo de la camisa y suéter de Yuuri, éste sólo gimió y se dejó hacer, pero regresando al mismo tiempo las atenciones, pues una de sus manos dejó en paz el cabello plateado para descender peligrosamente hasta su trasero.

El ruso gimió dentro del beso al sentir ese apretón sincronizado con un mordisco en su labio inferior. Enseguida, la lengua experta de Yuuri recorrió su cavidad sólo para encontrarse con la lengua de Viktor, feliz de encontrarse nuevamente con la de él.

El calor aumentó tanto que el mayor no se pudo controlar, se despegó del muro para ser ahora él quien llevara el control de la situación, arrinconando al japonés contra la pared y devorando su boca con hambre atrasada.

—Oh, Viktor… —gimió sonoramente cuando el ruso había dejado de besar sus labios para enfocarse en su cuello y detrás de su oreja.

—Nos vemos mañana —murmuró con la respiración muy agitada antes de plantarle un último beso en los labios y así separarse, dándose media vuelta y regresando a su departamento con media sonrisa traviesa.

—Pero… —fue el turno del japonés para quedarse impactado y boquiabierto.

Ciertamente había ya un bulto incómodo entre las piernas de Nikiforov, sin embargo no iba a darle el gusto de acostarse con él en esa noche, no aún. Viktor se fue a la cama con el delicioso sabor de los labios de Yuuri en su boca, combinado con un toque de vino tinto.

OoOoOoO

A la mañana siguiente, Yuuri llegó muy temprano al departamento de Viktor, pensó que lo encontraría aún dormido, grande fue su sorpresa al entrar y verlo preparar hot cakes, unos verdaderos hot cakes que se veían en serio apetecibles y sin la advertencia de una muerte segura por intoxicación pintada en ellos.

—¡Wow! —se asombró—. Limpiaste toda la cocina y además estás cocinando ¿Dónde está el verdadero Viktor Nikiforov y qué le hiciste?

—Oh vamos —rio—. No es para tanto. Ya sé cocinar.

—¡Increíble! Y… ¿Qué cocinas?

—Pues… hot cakes, café, hot cakes, té, ¿Ya mencioné los hot cakes?

Yuuri rio abiertamente y el corazón de Viktor dio un vuelco de felicidad al oírlo.

—¿Cómo aprendiste?

—Me enseñó Irina.

Metió la pata. Temió haber roto esa atmósfera ligera y divertida que se había formado, pero…

—Debe cocinar muy bien, este desayuno tiene muy buena pinta —sonrió ampliamente, sin dejar de ver el desayuno que pronto estaría en su estómago.

El ruso sudó frío, pensó que se enojaría. Sonrió como bobo al ver que no fue así.

—¿En qué te ayudo?

Y así los dos prepararon un rico desayuno y lo comieron juntos, felices, como si nada hubiese pasado. Bromearon sobre el gimnasio, Viktor admitió que le estaba dando mucha pereza levantarse en las mañanas desde que sufrió aquella reacción alérgica hace unos días, y por ello no había vuelto a salir a correr, ni al gimnasio.

Pasaron una mañana muy amena, hasta que comenzaron a tocar temas importantes.

—Dime por favor que seguirás compitiendo, Yuuri, recuerda que al menos tienes que volverte pentacampeón mundial.

Yuuri rio.

—No me retiraré aún —bebió de su café—. Pero quizás lo haga pronto, de todas formas tú ya no estarás en las competencias —se encogió de hombros—. El valor que tenían antes las competencias se ha perdido completamente después de tu retiro.

Viktor iba a decirle lo mucho que lo conmovieron esas palabras, pero Yuuri continuó hablando.

—Además, ser entrenador quita mucho tiempo.

El estómago del ruso se contrajo en enojo al recordar a ese chiquillo.

—¿Seguirás entrenando a Minami?

—Sí.

El otro dejó su tenedor sobre la mesa, mirándolo seriamente.

—¿Por qué?

—Viktor, no te enojes.

—¡No estoy enojado! —suspiró—. Bueno, un poco, pero es que… —apretó los dientes.

—Debo ser sincero contigo, Viktor.

El aludido guardó silencio y esperó impaciente a que continuara. Sentía que estaba por soltarle una mala noticia.

—Sigo en Vladivostok porque mi objetivo permanece fijo, no me voy a ir de aquí hasta que te enamores nuevamente de mí.

Tu objetivo está cumplido —pensó.

—Pero para ello es necesario que me sincere por completo contigo, y debes saber que cuando estuve en Canadá viví un tiempo con Minami, ambos compartimos los gastos de un mismo departamento.

El ruso asintió, aliviado.

—Eso ya lo sabía.

—Y él me besó cuando estuve borracho, me dijo muchas cosas pensando que yo no las recordaría por mi estado de ebriedad, pero las recuerdo. Él está enamorado de mí, pero está consciente de que yo no puedo corresponderle. Desde esa fecha no ha vuelto a intentar nada conmigo, sé lo mal que se debe de sentir, así que accedí a ser su entrenador.

—¡Que tú…! ¿¡Qué?! —se incorporó bruscamente, apoyando ambas manos sobre la mesa y dejando caer en el acto la silla hacia atrás—. ¿Y aun así lo entrenas? ¡Sabiendo que te ama! ¡Yuuri! ¡¿Cómo demonios puedes hacer eso!?

—No pude decirle que no cuando me pidió que lo entrenara. Entiéndeme, Viktor, él para mí es un buen amigo.

La sangre del ruso hervía en coraje. El hambre se la había escapado.

—Lo siento, Yuuri, sé que me lo dices porque quieres ser sincero, y te lo agradezco, pero… —apartó los ojos de él—… por ahora no quiero verte, por favor.

—Entiendo —se puso de pie—. Te daré tu espacio, pero regresaré luego ¿Entendido?

—Sólo vete.

Yuuri sintió una punzada en el pecho. No pudo hacer más que salir de ahí y esperar a que digiriera la noticia.

Ese día no fue el mejor para Viktor Nikiforov, la noticia de Yuuri había sido sólo la punta del iceberg.

Más tarde, cuando fue a la casa de su hermano para revisar qué invitados enviaron su confirmación, se topó con una sorpresa para nada agradable: Dimitri Nikiforov había confirmado su asistencia a la ceremonia.

Decir que la sangre le hervía en coraje era poco. Estaba que temblaba de ira. Su hermano le había dicho que no lo invitaría, y ahora se topaba con eso.

Habló con Aleksi y éste le confesó que terminó mandándole la invitación hace apenas una semana. Después de todo era uno de los momentos más importantes en su vida, sin importar cuán ruin y cruel fue su padre en el pasado, Aleksi no iba a guardar rencores de esa forma. Obviamente Viktor pensó de forma muy diferente.

Los dos tuvieron una larga discusión en la que Viktor le recordaba lo horrible que había sido el gran Dimitri Nikiforov con él.

—Casi me deja paralítico, e hizo muchas cosas más que no quiero mencionar en estos momentos. Aleksi ¿Acaso no recuerdas todo el daño que nos hizo?

—Y especialmente a ti, lo sé y por desgracia lo recuerdo con mucha claridad. Hermano, eres la persona menos rencorosa que conozco ¿por qué no puedes perdonar a nuestro padre?

—No lo haré, jamás sucederá eso —su cuerpo entero temblaba muy levemente por la ira que contenía. Aleksi se preocupó, temía que le fuera a dar algo por tal enojo—. Él no es un buen hombre. Dimitri Nikiforov está muerto para mí y si él va a la boda… yo no iré.

—¡No! No me hagas esto —las lágrimas aparecieron en los ojos del menor, Viktor no lo había visto con esa expresión desde que eran unos pequeños niños—. No me hagas elegir entre tú y mi padre. Los dos son mi familia, la única que me queda.

El mayor apretó los puños y salió de ahí. Jamás se esperó que lo peor estuviese apenas por venir. Cuando llegó a casa fue bien recibido por Makkachin, quien se quedó mirando detrás de él luego de que entrara por la puerta principal, quizás esperando a que Yuuri apareciera.

Iba a tomar una ducha para relajarse un poco, pero antes de eso su teléfono móvil sonó. Miró el nombre en la pantalla y se asombró, justamente había visto su rechazo a la invitación a la boda hace unos momentos, no quería responderle, pues aún estaba un poco resentido con ella, pero Aleksi tenía razón en algo: él no podía ser muy rencoroso, al menos no con el resto de personas que no fueran su padre.

Así terminó respondiendo a la llamada.

—¿No vas a venir a la boda? —fue lo primero que dijo.

—Por lo menos di un hola, tonto.

—Acabo de ver que rechazaste la invitación. ¿En serio no vendrás?

—No y ¡me siento tan mal por ello!

—¿Aleksi lo sabe?

—Sí.

—Qué lástima.

—Oye, supe que Yuuri está allá ¿Ya se reconciliaron?

—No.

—Demonios, Viktor, eres un idiota ¿Por qué no lo perdonas? ¿Es porque casi tiene una hija con alguien más?

—No es eso, yo… —fue interrumpido, se sorprendió al escucharla de pronto tan alterada.

—No deberías juzgarlo por algo así.

—Yo no lo…

—Cometió un error, hubo muertes de por medio y ni así puedes perdonarlo ¡Han sufrido mucho ya!

—Irina, cálmate —se sorprendió bastante—. ¿Por qué te pones así? —comenzaba a molestarse.

—¡Es porque perdí un bebé nuestro!

Viktor palideció condenadamente mucho.

—¿Qué acabas de decir?

—Me… me enteré justo después de que firmáramos el divorcio —sollozó, llevaba meses conteniendo esa noticia, ya no pudo guardársela más—. A los pocos días lo perdí. Tenía sólo tres semanas y media de embarazo, nuestro bebé ni siquiera alcanzó a formarse.

—Demonios, ¿Por qué me dices esto ahora?

—Para que entiendas mejor a Yuuri —sollozó un poco más—. Y porque necesitaba decírtelo, era algo que no me dejaba vivir tranquila —suspiró—. Intenté confesártelo en más de una ocasión, pero nunca fue el momento indicado.

—¿Y decirlo por teléfono lo es? —rio con amargo sarcasmo, se enojó tanto que le colgó la llamada.

Y así fue como pasó el resto del día, solo, encerrado en su casa y hundiéndose en su miseria. Ni siquiera buscó a Chris, quería estar solo. Mientras tanto, Yuuri estaba siendo aconsejado por sus amigos. Chris, Phichit y él hacían videoconferencia con Otabek y Yurio, quienes por primera vez no estaban juntos. Chris había sugerido de inmediato que Yuuri hiciera uso de su "Arma secreta".

—¡No! ¡Definitivamente no!

—Vamos, Yuuri, él no se resistirá a eso. Además, tú tampoco lo resistirías ¿O sí?

—Pero Chris…

—Concuerdo con Yuuri —secundó Phichit, serio—. Sería una buena idea si los dos estuvieran en muy buenos términos, pero no es el caso. Pienso que sería mejor que no lo haga, no todavía.

El suizo chasqueó la lengua y haciendo un gesto desinteresado con la mano, volvió a mirar a Yuuri.

—Estaremos aquí cinco días más, a lo mucho. ¿Quieres perder el tiempo en tonterías?

—¡La canción que le compuso no es una tontería! ¡Es adorable!

—Es una cursilería, y eso que Yuuri no es romántico, ni bueno en esas cosas—rebatió Chris. Ambos discutían fervientemente mientras otros dos los miraban desde sus hogares, a través de una cámara. Ninguno de éstos entendía la conversación por completo, mucho menos sabían cuál era el "Arma secreta"

—No sé de qué están hablando —murmuró Yurio, algo fastidiado—. Pero si tienen tanta prisa… —se llevó una mano al mentón y no tardó ni dos segundos en proseguir—. Deberías aparecerte en su departamento, totalmente desnudo. Estoy seguro de que se te echará encima y solucionarán sus problemas—sugirió con simpleza.

Ninguno dio crédito a las palabras que salieron de boca del rubio, del pequeño e inocente muchacho de dieciocho años.

—¿Eso fue lo que hizo Otabek contigo, Yuri? —inquirió Phichit sin molestarse en contener la risa que le daba la cara del kazajo, cuyas mejillas estaban casi moradas de la vergüenza, sin borrar su expresión seria y su compostura tranquila.

Si supieran… —pensó Altin, recordando cierta noche de hace un par de meses.

—Yo creo que fue a la inversa —se burló el suizo, quien, junto con Phichit, se echó a reír abiertamente. Fue hasta que se calmaron cuando retomaron la seria conversación. Katsuki estaba tan nervioso y angustiado, que poca importancia le dio al "chiste", sólo pudo sonrojarse al ver las coincidencias que…

—Precisamente esa es el "arma secreta" —confesó el tailandés después de recuperarse de su carcajada.

—Le dije a Yuuri que Phichit y yo distraeríamos a Viktor para que él pudiera meterse a su departamento, desnudarse y esperarlo en la sala, pero no quiere —suspiró.

—Me correría de su casa.

—¡Claro que no! —exclamó el rubio ruso, con sus mejillas levemente sonrojadas por la reciente vergüenza—. Haría cualquier cosa, menos eso.

Y así fue como se puso en marcha el plan para utilizar la dichosa "Arma secreta" de Yuuri, aprovechando el eros en su máxima expresión.

OoOoOoOoO

Había salido de su departamento, apresurado porque Chris le había dicho que necesitaba hablar urgentemente con él. Se lo encontró en el vestíbulo de su edificio y el suizo le dijo que tenía ganas de dar una vuelta a la manzana.

—Chris, lo siento amigo, pero no tengo muchos ánimos —se rascó la nuca, viéndose realmente exhausto.

—Te invito algo de tomar —notó la mirada llena de reproche del otro—. ¿Jugo de manzana? Ya sé que no bebes. Anda, vamos.

Viktor suspiró pesadamente y vio su reloj, apenas eran las nueve de la noche y ya quería irse a dormir. Pero Chris usó su poder de convencimiento para arrastrarlo afuera del edificio con eficacia, logrando hacerlo sin que se percatara de que Yuuri estaba escondido a la vuelta de la esquina, esperando el momento indicado para entrar y usar las llaves que Aleksi le había proporcionado. Había hablado con él un par de horas atrás, el pobre se veía desesperado y muy triste, se atrevió a abrirse un poco con Yuuri y explicarle la pelea que había tenido con su hermano. El japonés se asombró, no sabía mucho sobre el padre de Viktor y la poca información que tenía era gracias a Aleksi, quien le había platicado ya varias cosas en el hospital, cuando Viktor se recuperaba de su accidente. Y ahora le decía que su hermano no quería asistir a su boda porque iría su padre. Yuuri lo consoló a su manera y logró tranquilizarlo un poco, le dijo que tenía planeado reconciliarse definitivamente con Viktor en esa noche y que necesitaría las llaves de su departamento, mas no le explicó lo que haría con exactitud, y agradeció que Aleksi no indagara más al respecto. El menor de los Nikiforov tenía la esperanza de que al reconciliarse esos dos, su hermano recapacitaría por causa de Yuuri e iría a su boda sin importar qué.

Así fue como Yuuri, decidido, entró al departamento de su amado, topándose al instante con Makkachin, quien de inmediato se le echó encima, llenándolo de besos. Luego de saludarlo debidamente, corrió a la habitación de Viktor y cerró la puerta, dejando al perrito afuera, esperando que dejara de insistir en entrar, para que Viktor no se diera cuenta de su presencia tan pronto.

Entonces, aún decidido, se quitó cada prenda que traía encima, una por una hasta terminar como Dios lo trajo al mundo, con su piel expuesta en todo su esplendor.

La idea inicial había sido desnudarse en la sala y esperar tumbado en el sillón, en una pose sexy, pero eso definitivamente no iba con él, no sentía la suficiente confianza, además, era la primera vez que lo hacía.

Dobló y juntó toda su ropa en un rincón de la habitación, la miró pensativamente por varios segundos, admirando detenidamente el jersey de Viktor, ese que le había regalado el año pasado, sí, se lo había llevado puesto a pesar de lo enorme que le quedaba. No lo pensó tanto antes de tomar esa única prenda y ponérsela. Le llegaba por debajo del trasero, cubriendo sólo lo necesario y haciéndolo ver más sexy de lo que creía.

El tiempo pasó y los nervios brotaron con intensidad. De pronto comenzó a preguntarse cómo se vería más sexy para Viktor. Quizás le gustaría verlo sentado al borde del colchón, o tal vez a un lado, o en una pose incómoda y sensual.

Le daba vueltas a ese asunto hasta que de pronto el sonido de su celular alteró más sus nervios. Vio la pantalla y suspiró, contestando al instante.

¿Ya se reconciliaron? Mamá dice que quiere verte regresar con mi cuñadito.

—Mari-neechan —suspiró, nervioso—. Ahora mismo estoy algo… ocupado. ¿Podemos hablar después? Prometo ponerte al tanto de todo.

Pero no olvides llamarme, lo último que me platicaste fue que le hiciste una cena en compensación por casi matarlo de un shock anafiláctico.

—Sí, sí —suspiró y enseguida dio un brinco al escuchar ruidos afuera de la habitación—. Luego te platicaré todo, ahora mismo estoy muy ocupado.

¿Estás con Viktor? Pásamelo, quiero hablar con él.

—¡No! Mari…—suspiró—… ahora mismo estoy desnudo en su habitación, esperando a que vuelva, así que ¡Ahhhg! —no podía creer que acababa de decirle aquello a su hermana, quien ahora gritaba como loca, y después de decirle quién sabe qué incoherencias, colgó la llamada de seguro para ir a platicarle a su madre.

Puso su teléfono en modo avión para evitar más interrupciones y lo dejó junto con su ropa. Terminó decidiendo sentarse a lo ancho del colchón. La cama estaba justo frente a la puerta, así que al abrirla lo vería recostado de lado, mirándolo de frente en una pose muy sugerente, cubierto sólo por el jersey.

Estuvo en esa posición por un par de minutos antes de desechar por completo la idea, no se sentía cómodo para nada. Siguió cambiando de posición una y otra vez, aguantando el frío que sentía en todo su cuerpo, pues a pesar de estar en primavera -casi verano- el clima era muy frío. Todo eso lo hacía, ajeno a que su teléfono celular recibía en ese mismo instante una llamada y al no ser contestada le llovieron montones de mensajes por parte de Chris.

"ABORTAR MISIÓN"

Era lo que decían todos y cada uno de los textos, pero Yuuri no los vio. Él no podía dejar de pensar en que Chris era muy ingenioso para ese tipo de cosas, pues hasta nombre le había puesto al "Arma secreta", la había llamado "The naked man" una nueva técnica que usaría con Masumi cuando ambos tuvieran alguna discusión o pleito, o simplemente para darle un gustito cuando regresara cansado del trabajo.

Yuuri pegó un respingo y casi se le salió el corazón por la garganta cuando escuchó la puerta principal cerrándose de un portazo. Comenzó a correr como histérico por toda la habitación, hasta que se golpeó el dedo chiquito con la esquina de la cama. Tuvo que morderse la mano para no soltar un grito. Luego de unos minutos se le pasó el dolor y terminó recargándose en el borde de la cama, justo al pie de esta, sentado en la orilla y con sus blancas y bien formadas piernas extendidas hacia el frente. Comenzó a morderse las uñas cuando el tiempo pasó y Viktor no apareció.

Mientras tanto, el otro estaba en la cocina, debatiéndose entre abrir o no la botella de vino que Yuuri había dejado despistadamente en su alacena. Se sentía ansioso, había sido un día horrible: peleó con Yuuri después del avance que habían tenido, se enteró de la futura asistencia de su padre a la boda de su hermano y para rematar el día, se enteró que, así como Yuuri, perdió a un hijo sin siquiera haber sabido de su existencia con anterioridad. Decir que estaba frustrado era poco, quería gritar, desquitarse con lo primero que encontrara, o, desahogar sus penas de alguna otra manera. No lo pensó más, descorchó la botella y le dio un trago. Se arrepintió momentos después de pasárselo, ciertamente ese vino tenía un grado muy mínimo de alcohol, pero volver a sentir ese sabor en su boca le trajo malos recuerdos. Vació la botella completa en el fregadero antes de salir de la cocina y percatarse de que su mascota estaba algo inquieta, rascando la puerta de su habitación. Se alarmó cuando éste comenzó a ladrar, desesperado.

Alguien se metió a mi casa —fue el primer pensamiento que asaltó su mente, así que, alarmado y aún enojado por los problemas que cargaba, se acercó a la puerta de su cuarto y la abrió con lentitud, descubriendo que la luz estaba encendida.

Asomó sólo su cabeza, eso fue más que suficiente para que se le escapara el aliento al verlo ahí parado, frente a su cama, portando nada más su jersey.

Su reacción fue rápida a pesar del asombro que se cargaba. Entró al cuarto y cerró la puerta con rapidez, antes de que Makkachin pudiera ingresar también. Y ahí se quedó, parado contra a puerta, mirando de arriba abajo al japonés, quien aguantó su vergüenza lo suficiente para no tartamudear.

—Hola, Viktor —sacó todo el eros que le fue posible. Caminó lentamente, ante la mirada penetrante del ruso, quien permanecía con sus manos y espalda pegadas a la puerta, mirándolo con sus ojos tan grandes como platos y prácticamente babeando al verlo acercarse a él con una sensualidad tan erótica y seductiva, tan perfecto.

—¿Q-qué haces aquí?

Yuuri sonrió complacido, lo había hecho tartamudear, eso era bueno. Le iba a responder con palabras, pero prefirió detenerse a medio camino, sólo para tomar el cierre del jersey y bajarlo lentamente, poco a poco hasta que su cuerpo quedó al descubierto, dejando ver más piel al estar con esa prenda abierta.

El corazón de Viktor comenzó a bombear sangre con mucha más potencia.

El otro, complacido al ver que su amado se quedaba sin palabras, retomó su lenta marcha hacia él, deslizando el jersey por sus hombros a cada paso que daba, provocándolo, incitándolo a que dejara de mirar y se dispusiera a actuar.

Qué vergüenza, no deja de mirarme, está mirando mi entrepierna; kami-sama, me puse duro sólo por ver cómo me observa. ¡No puedo creer que esté haciendo esto! Quizás piense que esto no es propio de mí, pero no soy el mismo, voy a seducirlo con todo mi eros, con mi verdadero eros.

Le faltaba sólo un paso más para acortar por completo la distancia entre los dos, para ese entonces la chamarra ya había quedado olvidada en algún punto del suelo, y el cuerpo de Katsuki estaba a merced del otro, desnudo, expuesto en su totalidad, listo para entregarse a él.

—Oh, Yuuri —soltó en un suspiro, sin atreverse a tocarlo todavía. El otro lo notó y tomó la iniciativa, pegando su cuerpo desnudo al de Viktor, tomando enseguida sus manos aún fijas a la puerta y llevándolas hasta su trasero. Hizo un esfuerzo olímpico para que su rostro no demostrara lo muy avergonzado que se sentía al actuar de esa manera. Lo que no sabía era que su tierna carita estaba completamente roja a pesar de mantener esa expresión seria y sensual.

—Tócame —pidió en un suave susurro, rodeando el cuello del ruso con sus brazos y atrayéndolo a un beso profundo y necesitado. Podía sentir cómo el mayor le apretaba el trasero sin pudor alguno, amasándolo cada vez con mayor fuerza. Inevitablemente un gemido se escapó de la boca de Yuuri cuando el otro tomó sus caderas y las pegó bruscamente a las propias, sólo para hacerle notar lo duro que se encontraba.

Viktor no podía pensar coherentemente. Era tan grande la mezcla de sentimientos que experimentaba su ser en esos momentos, que no se detuvo a pensar las cosas, sólo actuó por instinto y se dejó llevar por el calor del momento, pues no todos los días aparecía un Yuuri en su cama, dispuesto a entregarse de esa forma.

Comenzaron a dar pasos torpes hacia la cama, sin detener en ningún momento los besos y caricias ardientes. Viktor lo tumbó sobre el colchón con poca delicadeza y se le echó encima de inmediato, listo para devorarlo a besos.

Oh por Dios…—pensó Yuuri al sentir la erección del otro, era más grande de lo que recordaba.

El calor aumentó en esa habitación y la intensidad de los besos también. Yuuri se retorció de placer cuando sintió cómo besaba uno de sus pezones, mordiéndolo con un poco más de fuerza de la necesaria, quería proporcionarle el mismo placer a su amado, pero éste no se lo permitía al ser él quien llenaba su cuerpo de placer con una caricia tras otra. Se sentía tan bien que sólo podía gemir sonoramente ante cada gesto.

Yuuri se perdió en medio de tanto placer, el cual fue sustituido por un poco de dolor cuando Viktor comenzó a dejarle mordidas intensas a lo largo de todo su cuello y hombro, más todavía cuando se pasó a sus pezones, no deteniéndose aun cuando Yuuri gemía levemente por el dolor placentero. Intentó quitarle la ropa al ruso, pero apenas ponía una mano sobre su ropa, el otro volvía a aprisionarlo contra el colchón y su cuerpo, evitando que se moviera y obligándolo a quedar a su merced. El japonés se desconcertó un poco cuando lo giró en el colchón, dejándolo bocabajo y exponiendo su trasero al aire, Viktor no dijo nada, pero acomodó a Yuuri para que quedara a cuatro patas, fue entonces que el japonés sintió cómo introducía uno de sus dedos en su entrada, lo hizo directo y sin preámbulos.

—V-Viktor —gimió entrecortadamente al sentir un segundo dedo, quería decirle que no fuera tan deprisa, que debían disfrutar el momento y hacer el amor tranquilamente, pero en ese momento la mente de Katsuki era un caos, sólo quería sentir más, mucho más.

—¿Te gusta así, Yuuri? —se inclinó sobre su espalda, hasta llegar a su oído y murmurarle aquellas palabras antes de morderlo salvajemente. El menor soltó un gemido doloroso combinado con placer.

—S-sí.

—¿Y así? —introdujo tres dedos, provocando que el cuerpo entero se le tensara. Comenzó a mover sus dedos para hacer un poco más amplia esa entrada, preparándolo para lo que venía a continuación.

—Sí… me gusta —gimió. Todo eso era extraño, se sentía diferente, muy placentero, pero… diferente.

El japonés seguía sumergido en su mundo lleno de placer, retorciéndose y temblando al intentar no dejarse caer contra el colchón, luchando con el estremecimiento en sus piernas para mantenerse en esa posición, para que Viktor tuviera total acceso a él. De pronto escuchó que el otro se desabrochaba el pantalón y en seguida sintió una intromisión muy violenta en su interior. El aire había escapado de sus pulmones, ni siquiera pudo gritar cuando tuvo el miembro entero dentro de sí. Entonces Viktor lo arrastró un poco hacia la orilla de la cama, para tener un mejor acceso y una posición más cómoda. Yuuri no lo soportó, sus piernas no pudieron mantenerlo más en esa postura y terminó desparramado contra el colchón, sintiendo que el ruso comenzaba a moverse una y otra vez, dentro y fuera con una velocidad más rápida de lo habitual.

—¡Viktor! —exclamó—. Duele… —se mordió la lengua, arrepintiéndose de decir aquello, lo había estado conteniendo, pero no pudo más.

—Lo siento —dejó de embestirlo y se inclinó sobre él, pegando su pecho a la espalda de Yuuri—. Seguiré cuando te acostumbres —siguió bombeando, pero a un ritmo mucho más acompasado, suave, tranquilo, hasta que no pudo más y retomó la velocidad inicial.

Yuuri seguía retorciéndose, sólo que hora sentía mucho más placer.

—¡Más! ¡Más, Viktor! —sus gemidos incitaron al ruso a darle con más fuerza hasta llegar a un punto en el que ya no era suficiente. Agitado y sudoroso, sin quitarse todavía la ropa, tomó a Yuuri y sin salirse de él lo obligó a ponerse de pie. Dieron un par de pasos hasta que Viktor lo arrinconó contra la pared más cercana, ahí comenzó a embestirlo de nuevo, con una intensidad renovada.

Las piernas de Katsuki temblaban, temía que en cualquier momento éstas no fueran capaces de sostenerlo más. El temor aumentó cuando Viktor comenzó a repartir salvajes besos húmedos por toda su nuca y cuello, terminando en la oreja, uno de los lugares más sensibles de Yuuri.

El mayor aumentó las estocadas. Sus cuerpos chocando hacían mucho ruido en la habitación, y las manos expertas de Viktor recorrían sin pudor alguno el cuerpo de su amado, acariciando su miembro y apretando tan fuerte una de sus nalgas hasta que la marca de su mano se quedó plasmada en la blanca piel.

Viktor acariciaba toda la piel que tenía a su alcance, disfrutando de su suavidad y de los gemidos que arrancaba de su boca con cada caricia cada vez más atrevida.

Los gemidos de Yuuri se volvieron gritos cuando el ruso lo tenía prácticamente empotrado contra la pared, gritando su nombre y pidiendo más.

—No creo… no creo resistir mucho más… yo… ¡Ah! —su orgasmo llegó intenso y duradero, pero aun cuando éste terminó, Viktor seguía embistiendo, a veces fuerte y otras mucho más fuerte. Notó que las piernas de su amado no pudieron sostenerlo más, se mantenía en pie sólo porque lo tenía presionado fuertemente contra la pared, de lo contrario ya se habría caído al piso desde hace mucho. Fue así que rodeó su cintura con sus brazos, para cargarlo, y en menos de dos segundos ya lo tenía bocabajo en la cama, consigo sobre él, penetrándolo una y otra vez, sin notar que Yuuri escondía el rostro contra las sábanas, mordiéndose una mano para reprimir sus gemidos, los cuales no pudo contener al sentir un par de nalgadas bien dadas en su trasero.

En seguida un gemido gutural inundó la habitación. Viktor estaba experimentando un orgasmo increíble después de tanto tiempo de represión. Se dejó venir dentro de Yuuri, quien estaba tumbado todavía, sin moverse, se encontraba muy agitado, sudoroso y un tanto adolorido.

Se quedaron en esa posición por unos minutos, recuperando el aliento. Yuuri sentía dolor y estaba seguro de que no podría caminar bien en un par de días, su trasero le ardía mucho, pero poco le importaba si de esa manera Viktor era feliz. Ciertamente el encuentro había sido muy intenso y un tanto violento, había sido en verdad placentero a pesar de la rudeza de los actos, sin embargo… algo había faltado, algo muy importante.

El japonés sentía el cuerpo caliente de su amado aún sobre él, respirando un poco más tranquilo que hace unos minutos. Sonrió con una felicidad sincera y por un momento quiso pellizcarse para comprobar que eso no era sólo otro sueño. Pero no fue necesario pellizcarse, supo que era verdad cuando escuchó un sollozo ahogado contra la piel de su espalda. Esto lo hizo preocuparse demasiado, quiso girarse y ver el rostro de Viktor, cosa que no pudo hacer durante todo el encuentro, pero al intentarlo, Viktor se lo impidió.

—Viktor, ¿Qué sucede? —intentó moverse de nuevo, pero no pudo. Sólo escuchó un sollozo más, acompañado de varias lágrimas que cayeron sobre su espalda—. Amor, déjame verte ¿Qué ocurre? —ahogó un gemido en su garganta cuando sintió cómo salía de su cuerpo con cuidado. Cuando dejó de sentir el peso de Viktor sobre su espalda, se giró para mirarlo, pero éste ya le daba la espalda mientras se abrochaba el pantalón.

Fue ahí donde Katsuki comprobó que no se había quitado ni una prenda.

—Lo siento, Yuuri —se limpió las lágrimas que corrían por su rostro—. Es mejor que te vayas.

—Pero… —se puso de pie para ir hacia él y consolarlo por lo que fuera que estuviera sufriendo, pero el pobre terminó de rodillas en el piso, adolorido en todo su cuerpo.

—¡Vete! —exclamó sin siquiera verlo. Así salió de su cuarto, enojado consigo mismo por descargase de esa forma con alguien que no tenía la culpa. No se atrevía a verlo a la cara, no después de haberlo tomado de esa forma.

Yuuri se quedó en el piso, anonadado y sin comprender qué era lo que había pasado. Sus ojos comenzaron a arder, no se dio cuenta cuando toda su cara estaba bañada en lágrimas al entender finalmente lo que había ocurrido: lo había usado para tener sexo. Pero… ¿Por qué? Hace un par de días todo iba viento en popa ¿Qué pudo haber cambiado?

Se incorporó con dificultad y aun sintiéndose muy incómodo por el ardor en su trasero, se vistió, tomó sus cosas y salió del departamento sin siquiera buscarlo con la mirada, no podía verlo después de entender lo que había pasado.

Tomó un taxi rumbo a su hotel y entre lágrimas y sollozos miró su teléfono, viendo las decenas de mensajes de advertencia que le daban Chris y Phichit. Al parecer algo malo había pasado con Viktor.

Cuando llegó al hotel ni siquiera tuvo que subir a su cuarto para toparse a sus amigos, éstos ya iban listos para salir a buscarlo. Los vio preocupados, pero cuando éstos notaron su presencia parecieron sentir alivio, al menos hasta que notaron el llanto incansable en el japonés, quien quiso explicarles lo ocurrido, pero el sentimiento le ganó, llorando en los brazos de ambos. No pudo explicarles nada y ellos no se lo pidieron.

—Tomaré una ducha —dejó sus cosas en el piso al entrar a la suite y fue rumbo al baño, ni siquiera se molestó en llevar la ropa que se pondría después.

Phichit y Chris se quedaron en la pequeña sala del cuarto, muy angustiados.

—¿Se habrá enterado de lo de Viktor?

—No lo sé, pero para que se encuentre en ese estado es porque pasó algo grave. No, no creo que sea por eso —murmuró el suizo.

Ambos esperaron pacientemente a que el japonés saliera de su baño. Pasaron cuarenta minutos cuando la preocupación se hizo presente, aun así decidieron darle su espacio y esperar más, pero cuando transcurrió una hora, Phichit no soportó la incertidumbre y fue a buscarlo, tocando la puerta del baño y no recibiendo respuesta. Fue ahí cuando el suizo se unió a la causa, tocando la puerta.

—¿Y si le pasó algo? —se espantó el tailandés.

Los hermosos ojos verdes del suizo se llenaron de angustia. No esperó más para abrir la puerta, la cual afortunadamente estaba sin llave. Entró apresurado al baño y corrió la cortina de la regadera sólo para topárselo de pie bajo el intenso chorro del agua cayendo en su cuerpo, empezando por su cabeza. El agua hacia mucho ruido, quizá por eso no los había oído, pero sí que escuchó cuando deslizaron la cortina de baño.

—¡Oye! —el aludido se espantó mucho, dio un brinco del susto y lo primero que pudo hacer fue cubrirse sus partes nobles—. ¡Chris! ¿Qué haces? ¡Vete!

La cabeza de Phichit se asomó por detrás del hombro del más alto, estaba de puntillas obviamente.

—¿Qué ya no respetan mi intimidad? ¡Váyanse!

Chris bufó y rodó sus ojos.

—Te he visto desnudo en las aguas termales, no es novedad para mí.

El japonés, avergonzado y enojado, se dio media vuelta para esconder sus atributos de los ojos curiosos.

—¡Yo no lo he visto desnudo! —sacó su teléfono móvil y capturó un par de fotos. Yuuri no sabía cómo correrlos, así que tomó el jabón y se los lanzó.

—Mon dieu! —exclamó el suizo, espantado—. ¿Viktor te hizo eso? —señaló su trasero, éste tenía unas terribles marcas de manos en él. Comenzaba a verse amoratado, seguro para el día siguiente se vería mucho más dramático.

El japonés, con sólo escuchar ese nombre, se echó a llorar de nuevo.

—Yuuri… —la voz de Phichit era muy queda y temerosa—. ¿Acaso Viktor te obligó a…?

—¡Largo! —sollozó—. Él no me obligó a nada, simplemente las cosas no salieron como esperaba. Por eso quisiera estar solo. ¡Váyanse!

—Te hizo daño, él… C'est un vrai fils de pute ! (Es un verdadero hijo de puta*)—golpeó con el puño la pared a su costado, enseguida se dio media vuelta, tomó su llave del cuarto y salió disparado a un lugar en específico. Viktor podría ser su mejor amigo, pero desquitarse así con Yuuri… eso era sobrepasarse por mucho.

—Chris —murmuró el moreno—. Christophe ¡¿Qué vas a hacer?! —muy tarde, ya había salido.

Esa noche, Chris y Viktor casi tuvieron un enfrentamiento violento, pero éste fue detenido por Phichit, quien se había quedado consolando a Yuuri hasta que éste le suplicó que fuera tras Giacometti, para evitar que sucediera una tragedia. Y bien tenía razón, pues cuando el tailandés llegó donde Viktor y Chris, éste último tenía al ruso tomado del cuello de su playera, listo para golpearlo, mientras que el otro no ponía resistencia alguna, la situación se había salido de control.

La pelea se evitó y terminó en una larga charla entre los tres, mientras Yuuri seguía en el cuarto de hotel, tumbado en su cama y lo suficientemente adolorido como para no salirse de ahí en un día entero.

Al día siguiente, en la mañana, Chris entró al cuarto de Yuuri y se sorprendió al verlo despierto tan temprano. El japonés le confesó que no había podido dormir en toda la noche, pues trataba de entender el porqué de lo de anoche, sin embargo, sentía mucho dolor emocional al recordarlo.

Fue en ese momento en el que el suizo tuvo que sincerarse y contarle todo lo que sabía que había vivido su mejor amigo el día anterior. Le contó todos y cada uno de los problemas que afrontó y trató, a pesar de todo, que entendiera un poco a su amigo.

—¿Es por eso que me mandaste tantos mensajes?

—Así es. Hablé poco con Viktor cuando intentaba distraerlo, pero fue ahí donde me resumió todo su día y supe entonces que no era el momento indicado para aplicar "The naked man".

—Oh por dios —se llevó ambas manos a la boca—. Él también perdió un hijo.

—Era prácticamente sólo un montón de células en formación —se encogió de hombros—. Pero sí, era un "hijo".

—¡Claro que lo era! Chris, eso es horrible, sé perfectamente lo que se siente.

—Lo sé.

La decepción y tristeza por lo ocurrido en la noche se esfumaron de su cuerpo casi por completo. Saber que Viktor se había enterado de varias cosas que lo afectaron mucho (incluyendo el asunto de Minami) lo hacían comprender un poco su actitud. Si tan sólo lo hubiera sorprendido con un par de tazas de chocolate caliente y no con…

—Hice muy mal —se llevó ambas manos a la cara—. Era el peor momento para intentar algo así.

—Aunque él pudo haberte dicho la verdad en un principio y evitar el sexo frío.

—Sí, pudo hacerlo, pero no fue así y eso ya no va a cambiar. En cierta parte lo entiendo, quizás yo hubiera hecho lo mismo en su lugar —se llevó una mano al pecho, entristecido—. De hecho… una vez lo hice.

—Sí, pero no creo que le dejaras tus manos marcadas en el rasero ¡te dejó unos horribles moretones! —exclamó el suizo.

Se quedaron en un silencio un tanto incómodo. Era un silencio de esos que se rompen enseguida con una confesión apresurada.

—Anoche Viktor y yo discutimos fuertemente. Yuuri, eres un muy buen amigo al que estimo bastante, y me dio mucha furia imaginar que él te obligó a hacer algo que no querías, o que se sobrepasó contigo siendo más rudo sin tu consentimiento.

—Oh, no. Él tuvo mi consentimiento —se sonrojó—. En realidad fue el peor encuentro que hemos tenido, tan frío, vacío y sin amor —bajó la mirada—. Pero yo lo acepté, a pesar de todo.

—Me hubieras dicho eso desde un principio —se llevó una mano al rostro, dramáticamente.

—¿Por qué?

—Porque sí lo golpeé, pero poquito.

—¡¿Qué?!

—Sólo un pequeño puño en el hígado, nada de qué preocuparse.

—¡Christophe!

—Ya, ya. No le hice gran cosa a tu "Vitya", aunque debería haberle hecho más, ni siquiera te has parado de la cama, casi te deja inválido —cambió su expresión severa por una llena de picardía—. ¿Tan intenso fue?

El japonés exclamó algunas majaderías en su idioma natal mientras se cubría el rostro con ambas manos.

—Ya hablando en serio… él estaba preocupado por ti, tanto que quiso venir a verte anoche, pero le dije que seguramente estabas dormido, además que le prohibí poner un pie aquí sin tu consentimiento. Él pareció estar de acuerdo, estaba muy arrepentido. Dijo que poco después de que te fuiste se arrepintió terriblemente. Le voy a decir que venga a verte.

—No, déjalo así. Yo quiero ir a verlo.

El otro alzó una ceja.

—¿En esa condición? No lo creo.

Christophe tenía razón, Yuuri tuvo que quedarse en cama ese día. Se sintió algo impotente por perder un día de esa manera, pero pronto recordó que tenía un enorme pendiente por hacer.

—Chris ¿Puedes traer mi teclado?

—¡Claro! ¿También traigo a Phichit?

—¿Phichit?

—Sí, él es algo así como una cámara andante. Se supone que vas a grabar la canción para Viktor ¿No?

—Sí, solo debo practicarla un poco.

OoOoOoOoO

Se pasó el día entero recluido en su departamento, no salió a ver a su hermano ni a su cuñada, tampoco sacó a pasear a Makkachin, no fue al gimnasio y mucho menos a hablar con la agente de bienes raíces que le estaba vendiendo la bodega. El pobre entró en crisis existencial, seguida de una depresión muy dramática en la que sólo comía helado de chocolate y veía películas en la sala de su pequeño hogar.

No fue, sino, hasta el día siguiente, cuando alguien tocó a su puerta y él se levantó del sofá, aún en pijama, despeinado y ojeroso, sin mencionar el rastro de baba que se notaba en la comisura de sus labios.

Makkachin se puso como loco al detectar de quién se trataba sin siquiera acercarse a la puerta, eso alertó los sentidos del ruso, cuyo corazón dio un vuelvo al abrir la puerta y confirmar sus sospechas, se trataba de Yuuri.

—Hola Vitya —saludó con una sonrisa suave, mirándolo y aguantándose la risa por el aspecto que portaba, luego recordó los varios motivos por los cuales estaba así, y se le pasó todo atisbo de gracia.

El corazón del ruso se derritió en amor. Yuuri, a pesar de todo lo ocurrido y de todos sus desplantes seguía llamándolo de esa manera y le sonreía sólo como él sabía hacerlo.

—Hola, kobuta-chan —reprimió sus ganas de llorar, mostrándole en su lugar una bella sonrisa un poco fragmentada—. Pasa, por favor.

El japonés se introdujo al departamento, viendo todo a su alrededor, notando que Viktor parecía haber formado un campamento en la sala, frente al televisor, pues uno de los sofás estaba cubierto de almohadas y mantas cálidas, además de un galón de nieve de chocolate a medio comer sobre la mesita del centro. Estaban a diez grados centígrados, sólo Viktor estaba tan loco como para comer nieve con esa temperatura ambiental.

—Disculpa el desorden —se avergonzó bastante mientras corría a ponerle pausa a la película llamada "Love, Rosie". Yuuri aguantó la risa al ver lo mal que disimulaba su vergüenza en esos momentos, tratando de limpiar el desorden que tenía.

Era gracioso e increíble imaginar que ese Viktor adorable y lloroso fuera el mismo que le hizo el amor tan violentamente un par de días atrás.

—No te preocupes, en realidad sólo vine a dejarte esto —le extendió una USB—. Es la última sorpresa que tenía planeado entregarte, también vine a decirte que sólo me quedaré hasta la boda de Aleksi, al día siguiente regresaré a Japón.

—Entiendo —aceptó el pequeño artefacto y lo apretó en su mano—. ¿Qué es?

—Mira lo que hay dentro, la hice para ti —sonrió con seguridad—. Espero que te guste. Te dejaré solo para que lo veas, luego puedes llamarme —dio un paso hacia atrás, listo para girarse y salir.

—No te vayas —lo atrapó entre sus brazos, desesperado, como pocas veces antes—. No te vayas —la voz le tembló—, perdóname Yuuri, perdóname por lo que te hice. Estoy muy avergonzado y arrepentido.

—Vitya —correspondió el abrazo—. Está bien, te perdono y te entiendo, no estoy enojado por eso.

—Pero te hice daño —un nudo inmenso se formó en su garganta. Yuuri lo apretó con más fuerza entre sus brazos y subió su mano hasta la nuca del mayor, acariciando su corto cabello con mucho cariño.

—No estoy enojado. Cariño, ve el video ¿Si? —se separó del abrazo, sonriéndole con mucha calidez.

Los ojos azules de Viktor se llenaron de lágrimas que no dejó salir.

—Te dejaré solo para que lo veas tranquilamente, y luego… llámame ¿Si?

—De acuerdo —luchó contra sus ganas de llorar y asintió solemnemente.

Yuuri salió del departamento y el ruso corrió en busca de su pc para reproducir aquel video. Makkachin lo acompañó en todo momento.

Enorme fue su felicidad y asombro al ver en pantalla a un hermoso Yuuri sentado frente a su teclado.

—"Vitya, cariño. Esta canción la compuse para ti. Hemos atravesado momentos muy difíciles y si ahora mismo echáramos un vistazo a los últimos tres años, podríamos ver que han sido más los momentos dolorosos que los felices, así que ahora te digo que quiero vivir mi futuro contigo, para hacer montones de recuerdos gratos. Te he hecho daño, me has hecho daño, eso ya no importa, estemos juntos" —se sonrojó levemente—. "No soy muy bueno cantando… —rascó su mejilla—… pero espero que te guste"

Entonces Viktor vio cómo posó sus dedos sobre las teclas y así dio inicio a una curiosa melodía, acompañada después por su voz. ¡Wow! Su voz era tan tierna, tenía una voz muy educada.

"You say you are fine,
but I see behind, behind those eyes.
You play a game
by the rigid rule
but you cheat yourself"

"Dices estar bien, pero veo detrás, detrás de esos ojos. Juegas un juego bajo rígidas reglas, pero te engañas a ti mismo"

"There ain't nothing you can
Say that would scare me away
I've got history too
And it's never too late
To share a secret, today
I'll reciprocate
baby, I got you"

"No hay nada que puedas decir que pudiese asustarme. Yo también tengo una historia y nunca es demasiado tarde para compartir un secreto. Te corresponderé, cariño, te he conseguido"

"So hurt with me, I'll hurt with you
Baby you know we can hurt together
I've been where you've been,
I've seen what you've seen
So hurt with me, we can hurt together
Come hurt with me, come hurt with me
Come hurt with me, come hurt with me"

"Así que hiérete conmigo, me heriré contigo. Cariño, sabes que podemos herirnos juntos. He estado donde tú has estado. He visto lo que tú has visto. Así que hiérete conmigo, nos podemos herir juntos. Ven a herirte conmigo, ven a herirte conmigo, ven a herirte conmigo, ven a herirte conmigo".

"Someday you'll taste the freedom
And relief of a trouble shared
Oh oh, today I'm here loving,
You can confide in me"

"Algún día saborearás la libertad y el alivio de un problema compartido. Oh oh, hoy estoy aquí amándote. Puedes confiar en mí."

"There ain't nothing you can
Say that would scare me away
I've got history too
And it's never too late
To share a secret, today
I'll reciprocate
baby, I got you"

"No hay nada que puedas decir que pudiese asustarme. Yo también tengo una historia y nunca es demasiado tarde para compartir un secreto. Te corresponderé, cariño, te he conseguido"

"So hurt with me, I'll hurt with you
Baby you know we can hurt together
I've been where you've been,
I've seen what you've seen
So hurt with me, we can hurt together
Come hurt with me, come hurt with me
Come hurt with me, come hurt with me"

"Así que hiérete conmigo, me heriré contigo. Cariño, sabes que podemos herirnos juntos. He estado donde tú has estado. He visto lo que tú has visto. Así que hiérete conmigo, nos podemos herir juntos. Ven a herirte conmigo, ven a herirte conmigo, ven a herirte conmigo, ven a herirte conmigo".

Yuuri se quedó con los dedos sobre las últimas notas, alzó la mirada a la cámara cuando la voz emocionada de Chris se escuchó en el video, justo ahí se cortó y Viktor finalmente estalló en lágrimas silenciosas. No lo pensó antes de tomar el teléfono y llamar al amor de su vida.

Mientras la llamada hacía sonar los primeros tonos, Viktor no podía dejar de pensar en lo estúpido y patán que había sido, y que ahora, a pesar de todo lo que había ocurrido, Yuuri había llegado para quedarse.

—¡Yuuri! ¡Yuuri, mi amor, por favor ven! —su voz había salido más ansiosa y desesperada de lo que imaginó, y se le fue el alma hasta los pies cuando el otro le cortó la llamada.

Le había colgado descaradamente.

Su corazón comenzó a romperse en mil pedacitos y sin poder evitarlo comenzó a parlotear en su idioma natal, rayando en la histeria.

—¡¿Cómo es posible!? Él dijo que me amaba y yo le creo ¡Sé que me ama! ¿¡Qué hice mal!? Oh, si tan sólo pudiera decirle que es el amor de mi vida, que nunca podría dejar de amarlo, que yo… que yo podría vivir sin él a mi lado, pero estaría muerto en vida.

Enseguida se escuchó el sonido de la puerta principal cerrándose ¿En qué momento se había abierto? Viktor no supo cómo pasó, pero de un segundo a otro ya tenía al japonés aferrado a él, con una mano en su nuca y otra en su cintura, en un abrazo demasiado tierno y entrañable. Los labios del ruso temblaron, sosteniendo el llanto que quería dejar salir.

—No hay nada, Viktor, escúchame bien: No hay nada que puedas hacer para alejarme de ti. No hay poder humano que pueda separarme de tu lado, sólo la muerte podría lograrlo —estas palabras las dijo en un ruso medianamente fluido.

—Oh… —se quedó sin palabras. No, si decía algo terminaría quebrándose en llanto, así que se aferró a ese abrazo como si su vida dependiese de ello.

Entonces Yuuri se le separó un poco y ambos esbozaron una pequeña sonrisa al notar las lágrimas en los ojos del otro.

—En estos años, viviendo un "tira y afloja" contigo, he descubierto algo muy importante —lo miró, decidido—. No voy a decirte que no puedo vivir sin ti, porque puedo, pero no quiero.

Hasta ese momento Yuuri seguía hablando en ruso, cosa que conmovió a Viktor hasta niveles inimaginables, así que le respondió en su mismo idioma.

—Y aunque no quisieras, te perseguiría hasta el fin del mundo si fuese necesario. Yuuri Katsuki, a partir de este momento no me separaré de ti, lo juro —tomó sus mejillas con un cariño infinito. Los ojos de ambos expresaban todo el amor que se había acumulado a través de los años y que ahora querían dejar salir explosivamente.

Las manos grandes del ruso abarcaban por completo las mejillas de su amado, con su pulgar acariciaba en movimientos circulares y cariñosos mientras juntaba su frente con la de él. Yuuri, sonriendo soñadoramente, posó sus manos sobre las del ruso, hasta que éste las tomó y las besó con devoción, dando pequeñitos besos a cada minúscula cicatriz en ellas, hasta que sintió algo curioso en la muñeca derecha, la miró y la sangre se le fue hasta los pies al reconocer ese brazalete tan idéntico al suyo. No, no era idéntico, era el que complementaba al suyo, pues decía un claro "Amor" con el alfabeto ruso.

—Esto… —señaló su muñeca, asombrado. Yuuri soltó una risita cantarina.

—Tú tienes "Life", yo tengo "Love". Nuestros brazaletes son pareja y no sabes lo feliz que me hizo ver que no te lo quitaste a pesar de todo —se le escapó una lágrima que fue limpiada de inmediato por los labios del mayor—. Viktor, comencemos algo nuevo, olvidemos lo pasado. Hagámoslo como tú quieras, mi amor.

—Algo nuevo…

—Sí ¿Quieres comenzar de nuevo? Hay que hacerlo.

—¿En serio?

—Desde cero.

Entonces Viktor tomó la iniciativa, se acercó lento y seguro al rostro de su amado, pero Yuuri se separó de inmediato.

—Oye ¿Qué estás haciendo? A penas te conozco, déjame invitarte a salir primero —rio quedito, adentrándose en su papel de "comenzar desde cero". Le guiñó un ojo y el ruso rio.

—Vaya ¿y a dónde me vas a invitar, desconocido?

Yuuri se llevó un dedo a los labios, en una pose reflexiva muy tierna. Miró a su alrededor y sonrió al tener una idea.

—Te voy a invitar al sofá de tu casa —lo tomó de la mano y lo condujo hasta el mencionado lugar, donde ambos tomaron asiento, sobre las sábanas y entre los cojines y almohadas—. Por cierto —le extendió la mano—. Soy Yuuri Katsuki, el amor de tu vida.

Las mejillas del ruso se tiñeron de un lindo rosa, sin borrar la sonrisa boba de sus labios.

—Es un verdadero placer conocer al amor de mi vida —tomó la mano, y, en vez de estrecharla, besó el dorso de ésta con galantería—. Yo soy Viktor Nikiforov —besó su muñeca—. El amor de tu vida —besó su antebrazo—. ¡Qué coincidencia! ¿no crees? —besó su hombro.

—Yo no creo en las coincidencias —lo tomó de las mejillas y lo jaló hasta sus labios, atrayéndolo a un beso tan dulce y especial que el cuerpo entero del ruso se estremeció al recibir de nuevo esas caricias tan hermosas y anheladas.

—Pero que atrevido, Yuuri Katsuki, nos acabamos de presentar y ya me estás besando. Eres muy atrevido, y eso me gusta —soltó una risilla, en especial al ver el tierno mohín del menor, el cual no duró mucho, pues lo tumbó sobre el sillón para acostarse sobre él e iniciar una sesión de besos demasiado tierna y nerviosa por parte de ambos.

Sus labios se acariciaban con suavidad, probando el sabor en la cavidad del otro como si en realidad fuera la primera vez que lo hacían, redescubriendo su amor desde los cimientos más profundos. Las caricias se limitaban a rozar con las yemas de sus dedos el rostro y cuello del otro, o enterrando sus manos en sus cabellos.

Había pasado tanto tiempo desde la última vez en la que se besaron con ese cariño y ternura, habían pasado tantos meses, años… ahora lo único que querían hacer era disfrutarse el uno al otro, trazando con la punta de su lengua el contorno de los labios del otro, succionándolos por interminables minutos hasta dejarlos rojos e hinchados. Amaban entrar a explorar la cavidad del otro y perderse en ella para no salir jamás.

La ansiedad inicial había dado paso a la curiosidad entre risitas, y luego a un letargo íntimo, acompañado por los primeros roces más atrevidos de sus manos bajo la ropa del otro, acariciando más allá de la piel expuesta.

Ambos estaban un tanto nerviosos, en especial Viktor, quien actuaba como si fuese verdaderamente la primera vez que ambos se proporcionaban ese tipo de caricias. Yuuri lo notó cada vez más nervioso y dubitativo, en espacial cuando comenzó a acariciarlo por debajo del pijama.

—¿Qué ocurre? —detuvo el beso, incorporándose un poco para que Viktor pudiera hacer lo mismo, pero el ruso no se incorporó, se quedó tumbado de espaldas al sillón y se sonrojó tiernamente mientras negaba con la cabeza—. ¿Estás seguro? —acarició su mejilla con una ternura infinita, preocupado—. Si no quieres hacerlo está bien, esperaré —sonrió, sincero.

—¡No es eso! —se adelantó a corregir, incorporándose también—. Es sólo que… la última vez que lo hicimos fue…

—Horrible —completó Yuuri, algo azorado.

—Eso —se sonrojó al recordar lo rudo y seco que fue, prácticamente lo había utilizado para tener sexo. El que debería estar dudoso era Yuuri, no él—. Perdóname por eso —extendió su mano hasta acariciar el rostro de su amado, tomando entre sus dedos un mechón de ese cabello ébano que tanto amaba.

—Te perdono —sonrió tímidamente, omitiendo el hecho de lo mucho que le afectó aquel suceso en su momento.

—Vayamos despacio esta vez ¿te parece bien?

—Hagámoslo —sonrió enternecido ante esa mirada tímida que le dirigía el ruso ¿Cuándo se habían invertido los papeles? Aunque el japonés no se quedaba atrás, el pobre tenía un leve temblor en todo su cuerpo, tenía miedo, pero no quiso admitirlo.

—Tranquilo, no volverá a ocurrir lo de la última vez —tomó sus manos firmemente—. No a menos que me lo pidas desde un comienzo.

El rostro entero de Yuuri se sonrojó hasta las orejas, asintiendo levemente.

Entonces Viktor lo tomó de la nuca y con cuidado lo pegó a su cuerpo mientras se tumbaba sobre el sillón. Yuuri besó sus labios con una delicadeza que fue demasiado tierna y hermosa para el ruso, quien extendió sus juguetonas manos hasta introducirlas bajo la ropa del menor, acariciando con tranquilidad y amor. Yuuri hasta podía jurar que Viktor estaba más nervioso que él en su primera vez.

—Amor —Yuuri lo detuvo y lo miró seriamente—. Estás muy raro ¿Qué te pasa?

Las mejillas del otro se incendiaron de rojo al oírlo llamarle así.

—No quiero hacerte daño, temo cometer un error y que tú… no quiero que te vayas, Yuuri, no lo soportaría de nuevo —sus ojos se llenaron de dolorosas lágrimas.

El corazón del japonés se contrajo dolorosamente. Ahora se daba cuenta de todo el daño que le había hecho, su seguridad en sí mismo había disminuido un poco y ahora temía dar cualquier paso en falso, tenía pavor y se notaba a leguas. Yuuri no lo soportó y jaló a su amado dentro de un fuerte abrazo muy asfixiante.

—Sé que es difícil creerme tan rápido y depositar tu confianza en mí como lo hacías hace años —murmuró en su oído, sin soltarlo—. Así que te demostraré con el tiempo y con mis acciones que en verdad jamás me iré de tu lado. No cometeré la misma estupidez dos veces. Viktor, quiero que estés seguro de mi amor por ti —guardó silencio al escuchar un sollozo, se preocupó y al separarse vio algo que lo conmovía hasta la médula: las lágrimas de Viktor Nikiforov.

—Lo siento —se sorbió la nariz y limpió inútilmente sus lágrimas, una tras otra. Yuuri lo miró atentamente hasta que sustituyó la mano de Viktor con la propia para retirar esas gruesas lágrimas de sus hermosas facciones.

—¿Qué debo hacer para que me creas? —soltó en un murmullo bajito, más para sí que para el ruso.

—No es nec… —fue interrumpido por unos labios sobre los suyos. No se movían y el tacto a penas y duró un par de segundos, pero fue delicioso.

—Te amo —depositó un beso en su mejilla derecha—. Te amo —un beso en la izquierda—. Te amo —un beso en su barbilla. Y así, por cada beso repartido, decía un te amo. Viktor lo miró sonrojado y divertido, se sintió extremadamente feliz con esos pequeños detalles. Yuuri besó cada uno de sus ojos, sus cejas, su mandíbula por ambos lados, la punta de su nariz, y finalmente su frente, donde repartió un montón de pequeños besitos—. Te amo, Viktor Nikiforov, y te lo voy a demostrar día con día, así como tú te encargaste de insistir hasta el cansancio cuando yo no quería escucharte y verte, cuando yo sólo quería huir de ti, de mí mismo. Entiendo que ahora mismo no puedas corresponder mis sentimientos, pero yo estoy dispuesto a enamorarte de nuevo y… —fue interrumpido por unos fogosos labios sobre los suyos. El beso era para nada inocente y sí muy apasionado.

Viktor lo había callado a besos.

Quería hacerle entender que ya estaba loquito por él, no necesitaba hacer nada más. Y no muy lejos de ahí, el pequeño Makkachin tomaba una siesta muy merecida en la amplia cama de su amo, descansando al fin de los abrazos asfixiantes y de sus lágrimas que le mojaban su lindo pelaje. Estaba feliz porque lo dos humanos a los que más amaba, estaban felices uno al lado del otro.

Continuará…