Capítulo Diecinueve

En algún punto de su llanto, se quedó dormida. Pasaron horas, ni siquiera se percató de los sonidos en el móvil. Los pocos momentos que despertó fueron ocasionados por los cólicos cada vez menos frecuentes y la sangre que escurría de su entrepierna. Decidió bañarse antes de causar un desastre mayor en su cama. Pero una vez envuelta en su camisón negro, regresó a su lecho.

El reloj dejó de importarle cuando se cubrió con la frazada una vez más.

No comprendía del todo esa debilidad, ese intenso dolor en su pecho. Pero prefería seguir durmiendo antes que tolerar esa sensación en la realidad. Al menos en sus fantasías todo corría normal, seguían conociéndose y él… cada vez confiaba más en ella. Le contaba sus secretos, le gustaba celebrar con la familia, incluso… le presentaba a su familia.

Pero la realidad era diferente y el agua y el aceite no se mezclan, por más intentos por homologar su tono.

La siguiente vez que abrió sus ojos, Pilika revisaba su temperatura, sentada en la cama. Sonriéndole, mientras colocaba una taza de té en su mesa de dormir.

—¿Cómo estás? —preguntó Pilika, acariciando su cabello—No quería despertarte.

—Estoy bien.

—Te mandé mensajes desde ayer, pero veo que tienes el teléfono en estado de olvido—dijo con una pequeña sonrisa al verlo sobre un libro a lado de la lámpara—Horo Horo me prestó su llave, pero no te preocupes, no le dije que sí estabas en el departamento. Solo quería verte…

Enterró su nariz en la almohada, tratando de recobrar la compostura.

—¿Quieres hablar de ello?

—No…—su voz tembló.

—Anna…

Y el llanto fluyó de nuevo, mientras trataba en vano de ocultarse de su mirada. Fue peor cuando sintió sus brazos rodearla. Entonces se incorporó y dejó que ella le brindara el soporte que necesitaba en ese momento. Sus ojos ardían, mas no paraban de escaparse de sus ojos. Tuvo la impresión de que Lyserg había derrumbado algo en su interior con su partida. Lo que Hao estaba ocasionando era peor, mucho peor.

Tardó demasiado en tranquilizarse. Mucho más en poder articular una palabra sin quebrarse. Esto no era algo muy propio de ella. Aunque tuvo que admitir que fue gracioso escuchar a su amiga maldecir al Asakura.

—En realidad…. Fue una decisión conjunta.

—Pues si fue conjunta, ¿por qué estás tan mal? Es obvio que no querías hacerlo.

No era algo que le diera gusto hacer, eso tenía que admitirlo. Pero por más que lo pensaba, fue la única alternativa. No quería forzar a Hao a ocupar un papel que no deseaba. Siempre se lo dijo, que no deseaba que tomara decisiones basadas en la posición del otro. Como lo fue ver a su familia.

Viendo con mayor enfoque las perspectivas, quizá debió esperar. Tal vez, incitarlo a ver el otro punto de vista. Pero era inútil, lo sabía bien por todas las discusiones previas. El simplemente aborrecía la idea.

—No le comentes nada de esto a nadie—le pidió—Sería… doloroso explicarle a mi familia. Mi padre estaría decepcionado. Y no imagino cómo se pondría mi madre.

Mucho menos sus hermanos. Ellos eran lo bastante intensos como para dejar algo así en el olvido. Aunque ocultarles algo tan delicado, implicaba ya una decisión delicada. Pese a eso, Pilika no la cuestionó de más, solo la abrazó una vez más.

—Prometo que no diré nada, Anna, pero tú debes comer algo, te ves… terrible.

Después de dormir un día entero no lo dudaba. Perder algo siempre era doloroso, solo que no imaginó cuánto, ni que eso fuera afectarle de otro modo.

Preparó una sopa en el horno y contestó los mensajes pendientes. Había varias llamadas de Hao, pero para ser sinceros, no tenía la fuerza para hablarle. Así que sólo respondió por mensajería que se encontraba bien, que no se preocupara de más. Luego regresó a la cama., cambió las sábanas y siguió durmiendo.

El lunes por la mañana pensó que estaría mejor. No tenía mayores molestias y al parecer el procedimiento había resultado exitoso. Mas los constantes suspiros, le hacían creer que no estaba del todo recuperada. Intentó mostrar su mejor rostro, hasta se había maquillado un poco, a fin de ocultar el gesto melancólico. Seleccionó uno de sus mejores vestidos y tomó aquellos zapatos que tanto había deseado estrenar. Nada dio resultado.

—Buenos días.

—Buenos días—le respondió de inmediato—¿Estás mejor? ¿Segura que no necesitas descansar?

No se extrañó de sus múltiples preguntas, sabía que estaría al pendiente de cada detalle. Era un hombre muy responsable.

—Estoy bien—respondió, dejando su saco en el perchero—Pilika dijo que solo tengo que ir a una consulta el jueves o viernes para descartar algunos residuos.

Él pareció estar aliviado.

—¿Debo sentirme celoso porque ella estuvo contigo y yo que soy el involucrado no? —dijo tocando con suavidad sus brazos desnudos—Sabes que quería estar ahí contigo.

— Lo sé—contestó la rubia—Ella es la doctora y mi amiga, supongo que eso tiene que ver. Además tiene llave de mi apartamento.

Algo que, para su fortuna, él no tenía.

—Entonces sí estaré celoso—dijo con una pequeña sonrisa—Sabes…. Estuve pensando en lo que me dijiste el otro día.

Levantó su mirada, para contemplar ese rostro serio y atractivo que tanto le gustaba, y que ahora le sorprendía, aunque no quería volver a ilusionarse, era difícil comunicárselo a otra parte de sí.

—La vasectomía es el método ideal—siguió él—Verte ahí, sufriendo por este estúpido error… me hizo reflexionar que no es algo que desee hacerte pasar de nuevo, ni a ti ni a ninguna otra mujer.

Pasaron un par de segundos hasta que reunió las palabras precisas para esa declaración. Mas no parecían salir de su boca con tanta facilidad.

—Sé que estaba enojado aquel día, cuando te dije que eso era una tontería, pero jamás había visto eso tan cerca.

—Ni yo—pronunció apenas audible—Pero… está bien, si crees que eso es lo correcto. Hazlo.

Suspiró y tomó distancia, mientras buscaba el vaso de la cafetera para verter el agua.

—¿Sólo así? —dijo extrañado.

—¿Esperas algo más? —dijo llenando el recipiente.

—Por lo menos esperaba que consideraras tu decisión, porque según recuerdo eso fue lo que me pediste: reducir el riesgo para que no hubiese otro embarazo. Lo haré, Anna—dijo caminando hasta ella— ¿Acaso no es suficiente para ti?

No respondió.

—Anna.

Apretó el botón, el agua oscura comenzó a caer en la jarra de vidrio. Se cruzó de brazos y lo contempló, esperando una reacción.

—¿Qué quieres que te diga?

—No es una cuestión de lo que quiera oír—dijo molesto—De verdad quiero continuar con lo que tenemos.

—Hasta que llegue alguien más y me reemplace—contestó tomando las tazas.

—¡Claro que no! —exclamó tomándola de los hombros—Si te lo digo es porque no quiero que nadie ocupe tu lugar.

Casi suelta ambos recipientes con el giro tan repentino. Pero era apenas lógico, al ver sus ojos que no era la única que pasaba un mal rato. A pesar de su molestia, las marcadas sombras en sus ojos denotaban un ruego silencioso.

—¿Para qué? ¿Por qué es tan significativo lo que tenemos?

El agarre comenzó a perder fuerza.

—Nos llevamos bien, me encanta tener sexo contigo—describió agitado—Me interesas, más de lo que alguna otra mujer me interesó.

—¿Y qué sientes por mí?

De pronto, la cafetera realizó aquel silbido, indicándoles que la mezcla estaba lista. Pero fue todo lo que se escuchó durante un largo minuto.

—¿No lo sabes? —siguió Anna.

—¿Ahora todo depende de una declaración? —regresó él.

Emitió una pequeña risa, antes de regresar su atención a la cafetera, sirviendo café en ambos recipientes.

—Me parece que… hoy tienes dos citas a las diez y doce del día—enumeró ella—A la hora de la comida, quedaste con la decoradora de interiores para amueblar…

Entonces sintió sus brazos rodearla por detrás.

—¿Por qué lo estás haciendo cada día más difícil, preciosa? —susurró a su oído—Sabes que yo te daría el mundo entero si me lo pidieras.

Sus dedos dejaron el recipiente de vidrio y se dirigieron a su cintura, donde quitó con suavidad su agarre. Giró sobre su propio eje y acarició su mejilla con su mano, apartando sus cabellos largos castaños.

—No quiero el mundo entero, Hao—dijo tranquila—Quiero tu corazón.

Torció su gesto, colocando una mano sobre la suya.

—No tengo un corazón que darte, Anna—declaró firme—No creo en esas cosas de amor eterno. Ni creo que lo nuestro durará para siempre, pero sé que durará mucho más que un par de meses —dijo recargando su frente en la suya— Lo siento cada vez que te veo. Porque me emociona verte llegar, cuando entras…. Alegras mi día.

—Y tú el mío—confesó derramando un par de lágrimas—Pero es difícil seguir para mí. Porque yo creo en eso que tú no crees. Hao, sé que te dije que no quería algo serio y era verdad. No quería nada serio, también quería vivirlo como tú, pero me ha costado tanto ocultártelo…—dijo mordiendo sus labios—Te amo.

Eso pareció sacarlo de equilibrio, mas no dijo nada, sólo la abrazó. En ese momento toda fuerza se evaporó de su ser. Sabía que era una ridiculez, también que era un momento vergonzoso, porque sí había tenido relaciones pasadas, pero nunca fue tan emocional como lo estaba siendo en ese preciso instante. Quiso culpar a las hormonas del embarazo, pero ya ni eso tenía.

Sumergió su cara en su pecho y aspiró ese aroma varonil al que estaba familiarizada.

Se supone que actuaría fría, como una mujer de su edad. En cambio, se estaba comportando como una chiquilla sin control.

Él continuó callado por varios minutos más, sólo acariciando su espalda, besando su cabello.

—Tengo que ir a una cita—pronunció en su oído.

Ella asintió, limpiando el resto de sus lágrimas y tomando la taza de café detrás.

—Volveré después del almuerzo. —agregó, con un gesto de melancolía—¿Podrías tenerme un archivo sobre el cliente en Sussex?

—Claro.

—Te veré…. Más tarde—dijo saliendo del despacho.

El resto de las horas pasaron en forma pausada. Al igual que el fin de semana, lo único que añoraba era tomar una larga siesta en su cama. Contrario a eso, realizó a calidad todas sus tareas. Incluso pidió su almuerzo de la cafetería de nuevo, mientras terminaba el informe.

Ser profesional era lo único que la distinguía y que seguía intacto en ella.

Así que no le dio mucha importancia cuando vio que eran las cinco y él no había regresado. Dos días después, esas acciones se transformaron en rutina. Parecía como si aquel episodio en realidad nunca hubiera pasado, ya que él estaba tan enfrascado en sus negocios justo como el primer día que lo conoció, siempre a prisa para llegar a todas las citas con los potenciales clientes.

Ni siquiera volvió a tocar el tema de la cita médica.

Aunque todo estaba perfecto en ese departamento. Pilika le había asegurado que su cuerpo volvería a la normalidad en unos días. Que su periodo se regularía el siguiente mes. Sin mayor problema.

—Anna, saldré todo el fin de semana—le informó—Te pasaré los datos de dos nuevos edificios que visitaré para el Hotel. ¿Puedes abrirme un nuevo expediente en la nube, para agilizar la recopilación de datos?

—Sí, sólo indícame los nombres.

—Perfecto. Tengo algunos datos económicos de la revista…

—Déjalos en mi escritorio y haré los gráficos—contestó cerrando su computador—Saldré a almorzar.

—Está bien.

Fue el periodo que más libros leyó, que más series contempló en la plataforma de Nexflix. También salió con sus amigos dos días de compras. Evitó los zapatos, porque tenía un estante lo suficientemente lleno como para acumular más. Tras la primera semana y media del procedimiento, retomó sus labores manuales en la granja. Incluso elaboró un nuevo diseño para la marca.

Ni hablar de todas las veces que tuvo que soportar a Horokeu por las visitas constantes de Pilika. Aunque era molesto, agradecía la compañía.

En general, no era una mala rutina, se adaptaba muy bien a su anterior cronograma. Antes de aquella llamada que recibió por parte de Goldva, antigua amiga de abuela y a quien le surtían pedidos grandes de productos orgánicos. Fuerte e imparable, como la describían sus hermanos. Ni siquiera se percató cuando pasó un mes entero, hasta aquella mañana.

Ambos estaban en la oficina, cada uno centrado en sus labores, cuando la puerta se abrió con un peculiar júbilo. Tal vez lo decía por los globos de helio o las flores que Jeanne sostenía en su regazo.

—¡He vuelto!

Supuso que Hao tampoco esperaba esa entrada, menos en ese tono tan alto, por el gesto tan despectivo que hizo.

—Lo siento, señor Hao, sé que no debo gritar—se excusó ella de inmediato—Pero Men es tan… lo siento, me estresa un poco el llanto de mi bebé. Ya moría por regresar.

Caminó hasta su sitio y le ofreció una dulce sonrisa, mientras acomodaba el ramo de rosas blancas en un florero.

—Jeanne, si sabes que esto no es una sala de alumbramiento, ¿verdad? —comentó el castaño al ver todos los artilugios.

—Lo sé, es solo que mi esposo me tenía una sorpresa para animarme en mi primer día—comentó desbordante—Prometo llevármelo todo, claro, las flores servirán de adorno aquí.

Después la examinó con mayor detalle.

—¡Anna, es un gusto concierte! Espero que nuestras llamadas hayan sido suficiente para que te adaptaras rápido—dijo jalando una silla.

—Sí, lo fueron.

—Bueno, ilústrame en qué te quedaste—siguió acelerada—Supongo que necesitamos hacer un informe con todas las actividades pendientes y…

—No te preocupes—interrumpió la rubia—Tengo marcado los pendientes en rojo en el calendario. Realicé un informe semanal de todas las actividades. Puedes verlo en el icono superior. Los gráficos están en el almacenaje de la nube y los últimos datos los estoy procesando en este momento. Hice notas breves pero valiosas. Espero que eso sea suficiente para tenerte al día.

—¡Wow! Eso es eficiencia de alto nivel—dijo sorprendida—¿Tú sola haces todo eso?

Hao sonrió, disfrutando la vista desde su escritorio.

—Si el trabajo te es tan difícil, Jeanne. Estoy abierto a recibir cartas de renuncia.

La mujer sonrió con nerviosismo.

—Por supuesto que no, solo lo decía porque a mí me tomó años agarrar el ritmo, pero en un segundo lo retomo de nuevo—dijo en voz alta para dirigirse a ella en un tono más bajo—Olvide decirte que es un amargado—completó casi en su oído.

Muy tarde esa advertencia.

—Bueno, solo queda finiquitar unos detalles entonces—añadió Jeanne—Redactamos tu carta de finiquito y…

—No te preocupes—dijo abriendo el archivo—Tengo redactada esa carta hace tiempo y el contrato final—agregó mirando a Hao, mientras mandaba todo eso a imprimir—Realicé el informe de actividades final y creo que eso sería todo.

Se levantó, tomando las hojas, revisando que no faltara nada en la documentación. Plasmó su firma a continuación y caminó al otro extremo de la oficina, tendiéndole el fólder al castaño. Él lo tomó con pasividad.

—Sólo queda la firma, adjunté el primer contrato y la extensión de cada mes—le informó—El último tiene una copia, una te corresponde y la otra es mía.

Pareció mirarla con fijeza, como hace rato no lo hacía. Sin embargo, ella descartó su atención de él, cuando Jeanne le preguntó por unas carpetas nuevas. Hao volvió la vista a todos los papeles en perfecto orden. Hojeó el cronograma de sus actividades y el contrato final que la liberaba de sus tareas con su empresa. Tomó su chequera y firmó un baucher con una cantidad considerable.

Cuando volvió su vista a ella, Anna recogía sus cosas en una caja de cartón, mientras Jeanne le auxiliaba con la recolección. Nunca quiso llevar demasiado, aunque con el tiempo eso fue inevitable. La observó ponerse la chaqueta a juego con ese par de zapatos rosados, que combinaba a la perfección con el vestido blanco ceñido a su perfecta figura. Aquella con la que tantas noches se obsesionó.

—¿Listo? —preguntó caminando de vuelta a su escritorio.

—Te acompaño—dijo él.

—No es necesario, jefe—intervino Jeanne—Yo puedo hacerlo, sirve que le preguntó un par de cosas más.

—Pregúntalo ahora, ¿por qué vas a desperdiciar el tiempo? —cuestionó con cierta brusquedad.

Jeanne roló los ojos, claro que había olvidado el humor que a veces se cargaba Hao. Así que distrajo a Anna con un par de preguntas más, sobre los programas que usaba para las gráficas. Cosas que ella no manejaba al cien por ciento.

—No te preocupes, Jeanne—dijo serena—Puedes marcarme si necesitas alguna ayuda extra.

—Te lo agradezco mucho, Anna—mencionó apoyando su mano en su hombro—Esto de los números es todo un mundo.

—Lo sé.

Con ello regresó su atención a él.

—¿Tienes lista mi copia?

—Te acompaño al auto—dijo levantándose, hasta tomar la caja entre sus manos.

—No es necesario, señor Asakura. Sólo necesito ese papel.

—Insisto, señorita Kyoyama—contestó, caminando a la salida.

—Mejor hazle caso—le susurró Jeanne—A veces es muy necio.

¿A esas alturas para qué se lo decía? Suspiró y se despidió de ella. Luego, simplemente atravesó la puerta del despacho. No quería mirar atrás, pero ver su sitio de trabajo durante varios meses, fue inevitable no soltar un pequeño suspiro de melancolía. Continuó su caminó hasta bajar al estacionamiento, donde Hao la esperaba recargado en el toldo de la cajuela.

Abrió el compartimiento con el mando en su mano y él inmediatamente depositó sus pertenencias ahí. Sólo sostuvo un fólder más delgado. Aquel que contenía su contrato final, firmado por ambas partes. Estiró su mano y él le entregó el documento. Advirtió de inmediato un pequeño papel.

—¿Por qué el cheque?

—Es un bono—le dijo tranquilo—Pago la eficiencia de una mujer que arregló mi vida en el momento que más la necesitaba.

Un nudo se formó en su garganta. Había olivado cómo se sentía ese estremecimiento. Mas no fue impedimento para tenderle el cheque de regreso.

—Gracias, pero cubriste mi sueldo a la perfección. Además le brindaste a mi familia una asesoría que no se cobró.

—Tu familia me agrada y esa asesoría fue un favor a una persona que estimo. Nunca le cobro a mis amistades por un buen consejo.

Entonces volvió su vista al papel y lo rompió en varios pedazos.

—¿Por qué hiciste eso? —dijo sorprendido.

—Porque ser eficiente es parte de mi trabajo—dijo abriendo la puerta del conductor para colocar el contrato en el otro asiento—Y arreglar la vida de mi jefe, era lo mínimo que se esperaba de mí. Es lo que hago, arreglar los desastres.

Él le ofreció una pequeña sonrisa triste.

—Fue un placer haber trabajado para usted, señor Asakura

—El placer fue mío, señorita Kyoyama.

No hubo más. Se limitó a verla subir al auto y alejarse de aquel sitio que no volvería a pisar a diario. Pensó que llegado el momento sería fácil. Siempre lo tuvo presente, lo que no esperó fue que al llegar el día se sentiría tan desolado.

Continuara


¡Hola! ¡Hola! Aquí estoy de nuevo con otro capítulo. Tenía algunos problemas para subir mi archivo y preferí esperar para tenerlo bien y completo en línea. ¡Ay! Qué difíciles han sido estos capítulos, pero espero que les guste. A veces hasta me pongo a pensar que haría yo en su lugar y es que es tan difícil, cuando tienes una pareja y simplemente no se adapta a las cosas que no vemos a futuro, pues simplemente se deja de lado. Pero es Hao y es Anna. Eso ya lo complica todo. Muchas gracias por sus consejos, por sus comentarios. Ustedes son el alma de esta historia, les agradezco mucho la compañía durante estos momentos difíciles. A todos nos cuesta trabajo, pero ojalá todo pase de mejor forma.