Honestidad

Sostenía su frente con su mano, y se reía de ella misma por su torpeza. Se había dejado llevar por el juego y creyó que era lo suficientemente buena para ganar. Suspiró ante su ingenuidad, pero se arrepintió en un segundo, había aguantado muy bien para no haber practicado con regularidad los últimos dos años. Le daba nostalgia recordar el último partido en la secundaria al que sus padres asistieron. De vez en cuando extrañaba esos días, y de vez en cuando se sentía aliviada de estar sola.

Se fijó en sus rodillas, coloradas y un poco raspadas por la arena. Giró a ver las de Naruto, pero las de él tenían menos raspones y estaban algo bronceadas. Miró las de Sasuke y eran pálidas, donde en una de ellas contaba con un par de cicatrices ya antiguas.

–¿Qué te pasó en la rodilla, Sasuke? –le preguntó Sakura sin despegar la vista de ellas.

–Una vez en primaria estaba jugando fútbol, –empezó a narrar su historia –éramos varios y la mayoría jugaban sucio, en especial Naruto. –dijo con énfasis en el nombre de su amigo, volteando a verlo –Entonces él me empujó de lado y caí fuera de la cancha sobre un montón de piedras con las que estaban jugando otros niños.

–Dije que lo sentía… –se defendió el rubio a regañadientes.

–Ya veo… –musitó Sakura retirando su mano despacio de su frente.

–Buenos tardes jóvenes. –se acercó una señora rubia a abrir la puerta en la que Naruto y Sakura estaban recargados, de inmediato se hicieron a un lado y entraron al cuarto –He traído lo que necesitaba –dijo depositando el contenido en sus brazos sobre una mesita con ruedas que tenía en medio de dos camas. –Quien necesite ser atendido tome asiento por favor en la cama y los demás pueden sentarse en las sillas –les señaló a espaldas de ella.

Sakura arrastró un poco su caminar, las heridas empezaban a arderle. Su cuerpo ya había perdido el calor y la adrenalina hacía unos minutos, haciendo que el dolor verdadero apenas le subiera al cuerpo. Subió un escalón frente a la cama y se sentó, con las piernas colgándole en el borde.

–Veamos primero esa frente colorada… –empezó a examinarla la doctora parada frente a ella.

Se oyó que tocaron la puerta con calma, y recargado en el marco de la puerta se hallaba Itachi cruzado de brazos, con una sonrisa forzada y una mirada compasiva hacia su alumna.

–Me avisaron que estabas aquí –dijo dirigiéndose a la pelirrosa –¿Cómo está Sakura, doctora?

–Acabo de empezar profesor. –respondió mientras alumbraba con una lamparita los ojos esmeralda de la muchacha, reflejando así diferentes destellos en tonos verdes, siguiendo el compás de la luz de la pequeña linterna que tenía en mano –Tienes unos ojos muy lindos, Sakura –le dijo la rubia sonriéndole.

–Gracias doctora… –respondió la muchacha sonrojada, igualmente sonriéndole a la doctora.

–Tsunade, soy la doctora Tsunade.

–Supuse que estarías tú también aquí… –volvió a hablar Itachi dirigiendo su mirada hacia su hermano, quien estaba arrinconado con Naruto cercas de una ventana –Te necesitaba a ti y a Sakura… pero Naruto servirá de sustituto. –dudó un poco sobándose la barbilla –Vamos, que la primera actividad está por comenzar.

–Itachi-sensei, yo iré después de…

–La verdad lamento que te hayas lastimado Sakura, –le confesó viéndola con ojos preocupados –pero por ahora descansa. Al rato vendrá Konan-sensei a ver cómo sigues.

Naruto en sus dos años y medio de preparatoria, jamás había sido voluntario en ningún comité de actividades extracurriculares, mucho menos el cuerpo estudiantil, y en esos momentos su falta de experiencia estaba colmándole la paciencia a su amigo. Apenas llevaba un par de minutos compartiendo con Sasuke la tarea que les había sido asignada, cuando por tercera vez lo escuchaba llamarlo con desesperación. Sasuke estaba tratando de refundir su frustración muy dentro de él; o Naruto no sabía seguir instrucciones, o él no era bueno dirigiendo, y para ambos estaba más que claro quién era el que no desempeñaba su trabajo adecuadamente, haciendo que la deficiencia del otro los irritara.

–No… –articuló Sasuke cansado de haberle explicado dos veces sin éxito alguno –dos palas y una tina por pareja, no dos de cada una.

–¿Y Sakura también tiene que aguantar tu mal humor? –preguntó molesto Naruto.

–No, porque a ella no tengo ni que explicarle. Basta con la primera vez que lo dice el profesor –respondió fastidiado por la falta de experiencia de su amigo, y la poca atención que parecía ponerle a él.

–Lo siento, –se disculpó calmado Naruto –pondré más atención.

Sasuke lo vio de reojo, viendo como avanzaba de mesa en mesa acomodando los artículos sobre estas; se movía con tranquilidad y sin enojo aparente, dedicándose sólo a arreglar su error. Dejó de rezongar y cuestionarlo ante cada orden, y hasta casi se podía decir que se quedó callado para no hablar más. Era raro en él, Naruto nunca estaba callado. Por unos minutos, Sasuke disfrutó cual apacible su entorno se había transformado, aunque no duraría mucho porque él mismo consideraba darlo por terminado. Algo no andaba bien con aquella persona que lo interrogaba por todo y que no toleraba que lo mandara él. El detalle era que no sabía exactamente cómo preguntárselo porque por lo regular su amigo siempre hablaba hasta por los codos. Sasuke casi nunca tenía que preguntar porque casi siempre Naruto empezaba la platica y soltaba sin ataduras los pensamientos que cargaba en su cabeza.

–¿No has visto a Sakura sin energía? Como apagada… –comentó Naruto rompiendo el silencio mientras continuaba acomodando las palas y las tinas sobre las mesas.

Sasuke lo pensó por un momento, y durante el trayecto de la mañana de ese día ella se veía algo desganada, pero le achacó su silencio al cansancio, el mismo que ella se negó a aceptar. Pero también había estado seria… ¿con él? No, con todos. Aunque tal vez no, se le veía muy competitiva jugando en la cancha. Naruto tenía razón, esa actitud que mostraba era algo desinteresada, en especial por un viaje en el que días anteriores no dejaba de mencionar. Aunque a lo mejor todo era especulaciones de su amigo, probablemente Sakura no había pasado una buena noche… ¿pero por qué negarlo?

–Seguramente está cansada –le respondió el pelinegro mientras depositaba los panfletos dentro de cada cubeta.

–No, –lo contradijo Naruto –algo tiene.

–¿Y por qué no le preguntas?

–Lo he intentado, –y al recordar sus intentos fallidos no puedo evitar sonreír –pero no suelta nada –dijo riéndose al final.

–Espiar a los demás no está bien.

Escuchó decir detrás de ella. Se estremeció al instante, sintiéndose avergonzada, y su instinto reflexivo la hizo girar hacia atrás, viendo como Sai observaba lo mismo que ella. Los dos escondidos entre grandes arbustos, no debían ser vistos.

–No estoy espiando… –se defendió apenas audible para el muchacho.

Hinata regresó su mirada al frente. Se sentía nerviosa de llegar a ser vista y de haber sido descubierta por su compañero. Pero estaba certera de que él no era nadie para darle explicaciones, aunque corría el riesgo de que la echara de cabeza. No le caía mal, pero tampoco le inspiraba confianza.

–¿Crees que Sakura le haya hecho algo? –preguntó Sai acercándose más a Hinata para alcanzarle a susurrar.

Ella no respondió nada, y continuó viendo de lejos como interactuaban Sakura y Karin. Todo parecía indicar que era una platica normal la que ambas llevaban, a pesar de que las palabras no alcanzaban a llegar hasta ellos, las gesticulaciones de las dos no daban indicios de algo más. Era una platica cualquiera… aunque ella no estaba conforme con lo que sus ojos le mostraban.

–¿A dónde vas? –le preguntó ella un poco nerviosa al verlo levantarse de donde estaban.

Pero él parecía no haber escuchado nada y salió del escondite, acercándose hacia sus dos compañeras.

–Sakura, te estaba buscando Konan-sensei –dijo Sai interrumpiendo la última frase de Karin.

–¿Sí? Acabo de verla –respondió volteando a ver al pelinegro, al cual ni siquiera había escuchado acercarse.

Entonces, antes de marcharse, Karin le echo una mirada despectiva a él, examinándolo de pies a cabeza. El mismo de siempre, igual de inoportuno.

–A veces Karin es un poco… intimidante, pero me da la impresión de que eres más lista que ella.

Él no insistiría, pero si la situación persistía, entonces consideraba hablar con Sakura. En los últimos años compartiendo clases con Karin, su carácter había salido a relucir, que, aunque no la conocía del todo y era bastante superficial lo que sabía, tenía una idea de cuál era su genio.

Sakura no supo que responder ante el comentario de Poker face era un cumplido… un consejo, ¿acaso ella se veía intimidada?

–¿Tengo algo en la cara? –le preguntó Sai al ver que no le quitaba los ojos de encima, y lo observaba con calma, como queriendo hablar, pero sin saber exactamente qué decir.

–No… lo siento –respondió ella con lentitud, despegando sus pies del suelo.

–Estamos en la segunda actividad –comento Sai caminando a la par de Sakura.

–¿Me perdí la primera…? –se lamentó ella.

–Aún quedan varias.

Sakura no respondió y siguió caminando. No entendía el por qué Sai aun seguía con ella. Se conocían muy poco, que no comprendía porque seguía caminando a su lado. Y después de meditarlo varios segundos y haber pasado por un silencio sepulcral llegó a la conclusión de qué algo debía querer preguntarle, mas sin embargo, no se animaba a soltarlo.

–Sobre lo que dijiste de Karin, –decidió ella iniciar la conversación, pues empezaba a incomodarla un poco el silencio –creo que tienes razón… –le confesó tratando de sonreírle, aunque mantenía su mirada en el suelo y su cabello largo y suelto le cubría el rostro.

–Ha de ser difícil lidiar con el club de Sasuke –trató de no reírse Sai, aunque inútilmente una sonrisa se le escapó.

–De hecho, no…

–No te creo –dijo con escepticismo, viendo de reojo a Sakura.

–En serio. –respondió riéndose –No creo que me vean como una amenaza.

–Mmm… –musitó pensativo el muchacho, recordando el incidente de los zapatos.

Si no había sido una fan enfurecida, entonces se reducía aún más la lista. Y de la nada suspiró. No eran amigos y sólo conocían el nombre del otro, pero sabía que no era justo lo que le hacían pasar a la pelirrosa. Tal vez sentía el impulso de ayudarla porque de cierta forma él se veía en ella. Entonces llegó a la conclusión de que si no era uno… era el otro, pero todo indicaba que no les agradaba verlos juntos.

–Entonces ¿los rumores no son ciertos? –le preguntó Sai.

–¿Qué rumores? –le preguntó Sakura, insegura de si quería saber o no. Parecía que algo se decía de ella, lo cual no estaba enterada.

–¿Y si nos sentamos? –le pidió Sai señalando el pasto debajo de un árbol –Además, ya llegamos.

–¿A qué te referías? –volvió a preguntar Sakura al terminar de doblar sus piernas, quedando frente a él.

–He escuchado que no le agradas mucho a algunas chicas… –confesó desviando su mirada de la de su compañera.

Sí, la mayoría de los rumores son falsos y muy raramente contienen algo de verdad. Por lo general siempre son historias que contienen el setenta y cinco por cierto en mentiras, y el restante es una verdad torcida, como según se les acomode mejor, distorsionándose de boca en boca. Claro que lo sabía él.

Sakura se quedó en silencio, meditando las palabras de su compañero. No recordaba haber echo algo para molestar a alguien. Sabía que Sai no metía porque la misma broma se la habían jugado dos veces, y llevaba días sintiendo raras alguna de sus compañeras. Pero lo que le era difícil aceptar era la razón por la que lo hacían. No la conocían.

–¿Porque estoy en el comité con él? –fue lo único que atinó a decir.

–Ellas no lo ven sólo así. –no la dejaría a la merced de su ingenuidad –No dejes que esto te afecte. Además, creo ya sabías de su club antes de postularte.

–Ino me lo advirtió –respondió ella recogiendo sus rodillas para abrazarlas con sus brazos. Se giró de lado y dejó su mirada descansar en la inmensa pared que todos escalaban.

–Ino… –susurró Sai recargando su mejilla en la palma de su mano –estoy seguro que ella te daría mejores consejos que yo –trató de sonreír para levantarse los ánimos. El nombre de ella era suficiente para hacerlo suspirar.

–¿Y cuándo se lo vas a confesar? –lo codeó suavemente Sakura.

–¿Confesar qué? –preguntó él desviando su rostro.

–Vamos Sai, –volvió a codearlo –los dos sabemos de qué habló –dijo casi retándolo la pelirrosa, alzando su ceja. Entonces ella volteó para ver cuál seria su reacción, aunque decepcionada al instante de dio cuenta que él no se lo dejaría tan fácil.

–¿Y tú cuándo? –le preguntó tangentemente volteándola a ver una vez sintió el ardor desaparecer de su rostro, aunque aun quedaban rastros de bochorno en las mejillas de él.

–¿Yo qué?

–¿Cuándo se lo vas a confesar a Naruto? –y él le regresó el mismo codeo, aún con más delicadeza, apenas rozándola.

–¿Naruto? –espetó sorprendida –sólo somos amigos.

–No sabía que los amigos no se podían enamorar –le respondió entrecerrando los ojos.

–Ves cosas que no son –dijo Sakura sonriendo para sí misma, viendo el pasto frente a ella.

–¿Entonces qué vas a hacer cuando él lo haga?

–¿Hacer qué? –preguntó la pelirrosa confundida.

–Nada, nada… –se dio por vencido Sai.

Dejó caer su espalda en el pasto, y mientras miraba las copas de los árboles, algunos rayos del sol se colaban entre las ramas, haciendo que entrecerrara sus ojos. Y de la nada una mariposa sasakia cruzó su vista, y él con sus dos manos trató de enmarcarla, siguiendo con tenacidad los movimientos de esta. Era negra con puntos blancos, y azul en el centro, azul como los ojos de Ino.

–¿Qué nivel vas a escalar? Yo voy por el de en medio –le preguntó la pelirrosa, poniéndose ella de pie y sacudiéndose la parte trasera de su short.

–Paso –dijo Sai aun persiguiendo a la mariposa, tratando de enmarcarla con sus manos. Una fotografía mental que guardaría temporalmente en la galería de sus recuerdos.

–A veces puede parecer un poco… intimidante, pero me da la impresión de que sabes tomar riesgos –trató de animarlo Sakura, extendiéndole su mano.

–Simplemente no quería sudar –aceptó entre risas la invitación de la pelirrosa, ayudándose de la mano de ella para levantarse.

El lugar donde se estaba llevando acabo la actividad era al aire libre, era una inmensa pared para escalar con distintos niveles, con bastantes rocas de diferentes tamaños acomodadas en lugares estratégicos. Estaba dividida en principiante, intermedio, y difícil, donde al llegar a la cima los despedían con una rápida y emocionante, e incluso aterradora para algunos, caída en tirolesa. Desde donde se podía observar la cancha de fútbol en la que previamente algunos habían sido participes. Se les ofrecía la opción de escalar la pared y aventarse de la tirolesa, o simplemente aventarse de la tirolesa sin tener que escalar, pero ambos muchachos iban con la idea de conquistar la pared… al menos Sakura estaba segura de ello.

Ya formados en la fila esperando a que llegase su turno, Sai aun debatía cual nivel escalar. Él sabía que no era de lo más atlético, pero tampoco era de los últimos en los exámenes semestrales de educación física, así que estaba seguro que haría el intermedio como Sakura, a quien veía muy emocionada, hasta algo ansiosa.

–¡Sakura! –se escuchó que la llamó Tenten, acercándose a los dos muchachos –Fuimos a buscarte a la enfermería, pero nos dijeron que ya te habías ido. Te buscamos en la cafetería, le preguntamos a Hinata, y pensamos que tal vez estarías con Sasuke o Naruto, pero por fin te encontramos.

–¿Cómo sigues? –le preguntó Neji.

–Como nueva, –respondió la pelirrosa señalando su frente con el dedo índice –regresó a su color normal, aunque sólo me duele un poco si me toco muy fuerte –dijo riéndose.

–Me alegra que ya estés mejor –comentó Tenten soltando un suspiro de alivio.

–En cuanto a la apuesta… –empezó a hablar Neji –nadie ganó, así que podemos olvidarla-

–Sé que perdí, –lo interrumpió Sakura –y lo sé hacer con dignidad.

–Es mejor olvidarlo…

–¿Apuesta? –indagó Sai tratando de seguir la conversación.

Los tres muchachos lo pusieron al corriente, y Sakura no pudo evitar reírse apenada al volver a relatar el suceso.

–¿Ya tienen pareja para la siguiente actividad? –le preguntó Tenten emocionada.

–¿La siguiente? –dijo Sakura con pesadumbre –ni siquiera he podido hacer una sola actividad…

–¿Te perdiste la cacería de tesoros? –le preguntó su compañera decepcionada.

–¡¿Hubo una cacería de tesoros?!

–¿Ustedes ya tienen pareja? –les preguntó Sai.

–Por supuesto, –respondió Tenten apoyando su mano en el hombro de Neji –somos la mejor pareja. –le presumió viéndose las uñas apretando desinterés –Nos llaman… "Los capitanes" –a lo que su compañero trató de no reírse.

–No han dicho de qué trata, –habló Neji –sólo que debemos de estar en parejas. ¿Irás con Sasuke? escuché algo del comité, pero no estoy seguro.

–Mmm… no lo he visto desde la…

Y en un instante, pareciendo haber sido invocado únicamente por el nombre y pensamiento, apareció detrás de ella. Con el rostro colorado y la respiración entrecortada, tratando de tomar aire para poder hablar. Su cabello se veía empapado, y su playera azul claro tenía manchas de tierra por todos lados.

–La siguiente actividad- –e hizo una pause para recuperar el aliento, apoyando ambas manos en sus rodillas –la siguiente actividad es en…

–¡Parejas! –gritó Naruto abalanzándose a la espalda de Sasuke, casi logrando tirarlo al piso de no haber sido detenido por Sai.

Al igual que el pelinegro, Naruto escurría en sudor y se le veía batallar para respirar. Él también llevaba la playera manchada, aunque venía con una mancha distintiva en la frente.

–¿Es tierra lo que traes en la frente? –le preguntó Sakura señalándolo.

Él se pasó tres dedos por su frente, y al ver su mano con una especie de lodo volteó a ver a Sasuke con desapruebo.

–Dijiste que ya no tenía nada.

–Tu pelo no me dejaba ver –se escusó su amigo, moviendo su hombro para que Naruto dejara de descansar tan cómodamente sobre él.

La última actividad del día se llevaría acabo después de la cena, una vez que todos estuvieran bañados y descansados, una vez que la oscuridad de la noche hiciera su magia y ambientara todo. Cuando los búhos comenzaran a ulular, y el cielo estrellado empezara a robar suspiros entre los estudiantes. Entonces, reunidos alrededor de una fogata, intentado resguardarse del fresco de la noche, estarían de pie escuchando las indicaciones de los profesores… pero por ahora les tocaba cenar.

Quedaron de verse en el comedor de la cafetería a eso de las siete, y a voluntad propia, Naruto se quedaría a apartar una mesa mientras el resto pasaba a servirse en el bufet. De uno en uno fueron llegando a la mesa: primero Tenten seguida por Neji, después Sai, Sasuke y Kiba, y al último Hinata, con Sakura detrás de ella. Batallando como pudo, dejó un plato frente a Naruto y otro se lo acomodó a ella misma.

–Gracias por cuidar la mesa, –le dijo Sakura sentándose a un lado de él –lo escogimos Hinata y yo.

Era fácil de notar que los más activos en la plática eran los capitanes, los parlanchines de Naruto y Kiba, Sakura, y con esporádicas frases en complemento u objeción a algo, la voz de Sasuke se hacía presente. Siendo así los más callados Hinata y Sai, participando raramente, pero viéndose de vez en cuando despistadamente porque a buena hora les había tocado sentarse a un lado del otro.

Una vez concluida la cena, conforme terminaban de comer, la cafetería se vaciaba y la fogata a varios metros de distancia poco a poco se conglomeraba, pero antes de que ellos se marcharan, Sakura logro susurrarle a Sasuke "Vi que hay nieve de matcha". A lo que él no puedo evitar regresar a robarse un cono de aquel helado.

–¡Guarden silencio, muchachos!

Se escuchó la voz de Itachi llegar a los oídos de sólo los estudiantes de enfrente, logrando que el resto de ellos se encargaran de callar al resto siseando. Se acomodó sobre un tronco cortado para poder ser visto y escuchado por todos, y con la ayuda de Konan lograron captar la atención de todos, mientras el resto de los maestros que habían asistido al paseo los dejaban tomar el mando. Después de todo, ambos jóvenes estaban en entrenamiento.

–Sé que les dijimos que sería una actividad en pareja, pero ha habido un pequeño cambio de planes, no por nuestra cuenta, y contamos con dos actividades, –habló Konan una vez hubo silencio –pero sólo podrán hacer una.

Los planes habían cambiado sin previo aviso, y les había tocado afrontar la situación al par de aprendices, porque el resto de sus compañeros se estaban encargando de llevar a cabo las nuevas actividades, mientras algunos profesores observaban como manejaban la situación y otros los asistían. Tenían de dos opciones: la primera era ver una película al aire libre proyectada en una pantalla blanca. Tendrían golosinas, y lo que verían sería decidido a mayoría de votos. Por otra parte, la segunda opción consistía en quedarse en la fogata donde ya se hallaban reunidos y escuchar los aterradores relatos que algunos tenían para contar. Donde claramente se les recalcó que aquellos que no fueron amantes de las historias de miedo se abstuvieran de permanecer, y se les aconsejaba asistir a la función de cine, la cual por ende no contaría con ninguna película de cualquier género de terror. Tendrían 15 minutos para decir, en lo que terminaban de arreglar todo.

No hacía falta que terminara de escuchar la última opción, porque apenas había oído "historias" y "miedo" en la misma frase cuando supo que esa actividad sería descartada en un segundo por su amiga. Conocía lo miedosa que era, de reusarse a ver películas de miedo, de tener que dormir con una pequeña lampa de noche encendida, y de lo locuaz que se ponía queriendo evadir su miedo, medrosa hasta por la caída de un objeto sin aparente razón.

–Sakura, si quieres podemos…

–¡Obviamente nos vamos a quedar! ¿verdad, Sai? –expresó Tenten, ya buscando minuciosamente cual sería el mejor lugar para espectar porque de ante mano sabía que contaba con Neji y Hinata.

–Hace bastante que no escucho buenas historias –dijo Neji empezando a encaminarse al centro de la fogata.

–No creo que haya historias más aterradoras que las tuyas… –se escuchó decir a Hinata siguiendo al resto.

–¿No te dan miedo? –le preguntó Sai poniéndose a la par de ella –bueno, –rectificó sin querer juzgar –no quise decir eso exactamente, pero…

–Antes, sí, pero ahora…

Y en cuestión de segundos a ellos ya se les veía al frente. Varios estudiantes empezaban a moverse al tomar su decisión. La mayoría abandonó el área, pero una tercera parte de ellos permaneció, los suficientes para no amontonarse.

–Te decía –volvió a hablar Naruto –que si quieres podemos-

–Voy a quedarme –lo interrumpió Sakura, manteniendo su mirada fija en la fogata a lo lejos.

–¿Segura? –la cuestionó escéptico el rubio, apoyando su mano en el hombro de ella.

–Sí… algún día se me tiene que ir el miedo –respondió ella riéndose, aunque a ese punto ni él ni ella sabía si era el nerviosismo o realmente le agradaba la idea de quedarse y afrontarlo.

–¿Qué me perdí? –les preguntó Sasuke al regresar con ellos pues había ido a su cabaña por una sudadera porque el frío empezaba a colársele por la espalda con la playera de manga corta que llevaba puesta.

–Nos vamos a quedar a oír historias de miedo –le respondió Naruto con una sonrisa de oreja a oreja y frotando sus dos palmas, como cual villano observaba sus planes marchar a la perfección.

–Pensé que sería una actividad en parejas –indagó el pelinegro dudando de las palabras de su amigo, volteando a ver a Sakura porque sabía que ella sí lo pondría al tanto.

–O podemos ir a ver una película –dijo ella viendo con reproche a Naruto.

–Conozco a Sasuke, –se defendió él –y sé que eso es lo que va a escoger, por eso ni le dije lo de la función.

–Al menos estás en lo correcto –le dio la razón Sasuke.

–Vayamos al frente, ojalá nos hayan guardado un lugar –dijo Naruto empezando a dar largos pasos entre los troncos horizontales que hacían de bancas, tratando de no caerse ya que la llama fuerte de la fogata creaba sombras bastantes engañosas en el suelo.

Sasuke le siguió el paso, aunque claro, no caminó tan ridículo como su amigo. Total, troncos para sentarse había más que suficientes. Y después de un par de pasos notó que Sakura no venía detrás de él. Volteó hacia atrás y ella seguía parada en el mismo lugar.

–¿No piensas venir?

–Sí… sólo estaba pensando en ir por un suéter…

–Te acompaño –se ofreció él.

–Gracias, pero puedo ir…

Y sin darle la oportunidad de terminar de hablar, él se giró nuevamente a la fogata y a lo lejos le gritó al rubio.

–¡Ahorita regresamos!

A lo que Naruto asentó varias veces con la cabeza, tratando de tomar asiento, y les levantó el pulgar para hacerle saber que lo había escuchado.

–Si nos vamos por aquí es más rápido –señaló Sasuke un camino en completa oscuridad, donde a lo lejos una que otra luciérnaga se alcazaba a ver tenuemente brillar.

–¿Seguro? –le preguntó Sakura no muy convencida.

–Así fue como regresé, y no tuve que ir tantas veces cuesta arriba, casi todo el camino fue recto. –le respondió metiendo su mano al bolsillo de sus pantalones –Puedo alumbrar el camino con mi teléfono.

–Está bien –aceptó la pelirrosa todavía un poco aprensiva de su temor por la oscuridad, pero convencida de que la lampara en el teléfono de Sasuke sería lo suficiente para calmarle sus nervios.

–Hay bastantes rocas, sólo ten cuidado –le advirtió él adentrándose en el camino.

Sasuke caminaba al frente, alumbrando con el flash de su teléfono el camino delante de ellos, seguido por Sakura a la par de él. Apenas y habían dado un par de pasos cuando Sakura pudo comprobar que él tenía razón, el sendero no tenía tantas subidas ni bajadas, aunque siendo de noche las rocas lo hacían un poco desafiante

–Puedes sostenerte de mi brazo –le ofreció Sasuke al ver de reojo que ella casi resbalaba en una de las piedras.

–Gracias –respondió la muchacha acercándose un poco más a él, en caso de cualquier cosa, que esperaba y sus nervios no la traicionaran. No debía sentirse así, no estaba sola.

–Esta es la única subida, –dijo Sasuke –está un poco empinada. Agarra mi brazo fuerte para que puedas subir.

–Estoy bien así, gracias.

–Te puedes caer si no pisas bien –le dio la última advertencia, con la esperanza de que no fuera tan terca como siempre.

–No se ve tan complicado, pero gracias.

–¿Por qué eres así? –murmuró Sasuke.

–¿Dijiste algo? –preguntó Sakura pensando que tal vez había oído mal.

–No –negó rotundamente, y aunque quiso mantenerse en silencio, no pudo. En cuestión de segundos, en esta ocasión las palabras llegaron claramente a los oídos de la ella, tomándola desprevenida. –¿Por qué raramente aceptas mi ayuda? –deteniendo así su paso en seco y apuntando el flash del teléfono hacia el suelo, haciendo apenas visible el rostro de ambos –Siempre haces lo mismo –y su tono de voz ya era algo molesto.

Al igual que él, Sakura se detuvo, y confundida ante su comentario no supo exactamente qué responder. ¿A qué se debía aquel reclamo? Porque así era como ella lo percibía. No comprendía en qué se basaba él para llegar a esa conclusión. No era grosero querer hacer las cosas por ella misma. No estaba mal no querer molestar a los demás. No estaba mal hacer sus cosas ella sola. No estaba mal no querer depender de los demás. Porque a la única que le dolía cuando se iban, era a ella, porque inconscientemente no quería necesitar a nadie.

"No te acostumbres demasiado a la gente… ¿qué harás cuando se marchen?"

Pero la verdad era que no había sido la primera vez que se lo decían, y con total honestidad… no quería seguir así, pero después de tanto tiempo lo hacía inconsciente y por inercia. La misma pregunta que le daba miedo responder porque caí en cuenta de que poco en poco empezaba a…

–¿Sakura? –la llamó Sasuke al no recibir respuesta alguna por parte de ella.

Se sentía vulnerable, le había dado en el clavo.

–Lo siento, no quise…

No importaba lo que él dijera porque ella sólo se quedaba atorada en sus recuerdos a pesar de que quería avanzar, y aquellas palabras únicamente le recalcaba lo que no había progresado. Porque confiar era depender, y en ese momento su razonamiento estaba en conflicto. ¿Por qué era que en ocasiones era muy sencillo hablar con Sasuke, y en otras no sabía ni por dónde empezar?

–Disculpa, pero no…

Y de no haber sido por las pequeñas patitas recorriendo su espalda con rapidez y agilidad, Sakura hubiera continuado hablando. Entonces, al sentirlo en su hombro, Sasuke alcanzó a ver un par de ojos brillar. Levantó su teléfono con rapidez y apunto en dirección hacia la pelirrosa, revelando así al pequeño reptil en su hombro.

–No te muevas tienes una…

–¡Es una lagartija! –soltó en un grito, sacudiéndose con sus manos sus brazos, sintiendo como recorría de un lado a otro su cuerpo.

–No te va a pasar nada –Sasuke trató de tranquilizarla –¡Necesito alumbrar para quitártela, no te muevas! –le dijo el muchacho ya exasperado de estarla siguiendo con la luz de su teléfono y no atinar donde aparecería ella.

Sin embargo, Sakura no escuchó lo que él le decía en medio de la conmoción, y fue tanta su desesperación que lo único que pensó fue en deshacerse de su playera. Con ambos brazos cruzados agarró las esquinas de su playera con las dos manos, y con la bastilla ya en mano alzó sus brazos para sacar la prenda de su cuello, lazándola a donde fuera.

–Ya se fue… –suspiró Sakura aliviada, tratando de controlar su respiración agitada.

Sólo hubo un pequeño problema, Sasuke al no estar enterado de lo que su amiga había echo intentó buscarla con la lampara.

–¡Espera, no…! –inútilmente trató Sakura de hablar al ser vislumbrada por la luz de Sasuke, haciendo que a él se le resbalara su teléfono de su mano al encontrarla, soltando el botón del flash y extinguiendo así la única luz que tenían con ellos.

–¿Qué pasó con la luz? –preguntó Sakura moviendo sus brazos hacia el frente, tratando de encontrar al muchacho, aun tenía aquel efecto encandécete en sus ojos, pues el flash la había cegado un poco.

–Se me cayó el teléfono –le respondió él.

A pesar de que ya no podía ver nada se dio media vuelta y trató de buscar su teléfono palpando el suelo sin éxito, sólo sintiendo varias piedras y hojas secas. Y si su cara hubiera sido fluorescente, el rojo que cubría completamente su rostro lo hubiera ayudado a encontrar su teléfono, bastaba con recordar que era rosa pálido y de encaje… ¡¿Pero en qué demonios estaba pensando?!

Sin teléfono y sin playera. La situación no era nada favorable.

–Lo siento, no sabía que te quitaste la playera –trataba de disculparse, esperando que no estuviera molesta con él, aunque pensaba que la culpa también había sido de ella por no avisarle.

–Sí… no debí habérmela quitado –se lamentó la muchacha al no poder tampoco encontrarla.

Y después de varios segundos de silencio y búsqueda escucharon voces cerca de ellos. Ambos pararon sus orejas, y en poco tiempo lograron descifrar de quién se trataba.

–Son Hotatu y Gaara –mencionó Sasuke manteniéndose hincado y con sus manos en el suelo, aun buscando su teléfono y la playera de la pelirrosa, lo primero que encontrara.

–Perdón –se disculpó Sakura sobándose la cabeza al chocar a gatas con la de Sasuke.

–No te muevas, –le susurró Sasuke –póntelo, –y dejó caer su sudadera en la cabeza de ella –y no se te ocurra decir que no –la sentenció.

–Gracias... –le aceptó la prenda –Mmm…–comentó la pelirrosa al pasar el cuello por su cabeza –hueles a brisa marina

–¿Qué? –le preguntó el muchacho confundido, levantándose del suelo.

–No sé si sea perfume o desodorante, pero huele muy rico.

–Desodorante… –le dijo volviendo a prender el flash en su teléfono, retomando su camino hacia las cabañas. –Se te ve bien –le comentó haciendo referencia a la prenda que le había prestado, deliberadamente alejando la luz lo más posible de su rostro.

–¿Tú crees? Lo mismo pensé yo –y entre risas lograron salir de entre los árboles –andaba buscando un vestido así.

–Rosa se vería mejor… –y una vez más su mente lo había traicionado, y aunque fue muy apenas un susurro, no se le escapó del todo a la muchacha.

–¿Dijiste algo?

–No –le respondió apresurando el paso.

–¡No otra vez, Sasuke! –se quejó Sakura cubriéndose el rostro con ambas manos. –Dime qué dijiste.

–Que de regreso tomaremos el camino largo.

–No dijiste eso… pero como digas…

Y por más que trató no pudo borrar la imagen de su mente. Había sido grabada y muy vívidamente en contra de su voluntad. ¿Cómo le haría para verla sin acordarse de aquello…?