RON WEASLEY

BROMA


Ron lleva varios días dándole vueltas a las palabras de Nick Casi Decapitado.

Fred y George le torturaron con la Ceremonia de Selección durante milenios. Pasó años engrandeciendo su imagen delante del espejo, convenciéndose a sí mismo de que era suficientemente valiente, osado y caballeroso; y sufriendo las mordaces burlas de sus dos hermanos por ello.

Y nunca pensó que, en algún momento de sus vidas, Fred y George fueron los pequeños. Igual que él.

—¡Ron! —Es Ginny la que grita su nombre nada más atraviesa el retrato de la Dama Gorda. Él hace oídos sordos y sigue a lo suyo; y lo suyo es Hermione. Siempre es Hermione—. Ron —repite, a su vera.

—¡Ahora no!

—Tenemos una carta. Son los chicos. Han pedido una nueva vista en el Wizengamot.

—Me da igual.

—¿Cómo que te da igual? ¿Es una broma?

La cara de Ginevra se torna de un color rojo intenso y Harry está seguro de que se va a abalanzar sobre su hermano y le va a arrancar la yugular a mordiscos.

—¡Pues que me da igual! Últimamente solo hablamos de ellos, y eso es lo que quieren, que hablemos de ellos. Les encanta hacerse los misteriosos y los interesantes, ¡y yo paso!

Se gira, se traga una rana de chocolate casi sin masticar y pregunta por dónde iban, pero a la Sala Común se la ha tragado el silencio.

Al final va a ser verdad eso de que Ronald Weasley tiene la misma sensibilidad que un ladrillo.