Los días eran extraños en ese mundo. Ambos astros dueños del firmamento, convivían por unas horas durante el atardecer. De hecho, a veces, podían verse en diferentes puntos del horizonte. Presentando un panorama más que agradable para cualquiera que lo observase.

- Así que, sólo queda encontrar el Valle del Fin- Afirmó, mirando a su hermana de reojo, sentada junto a ella en la ribera -Que poco originales son las personas de aquí para dar nombres, ¿No te parece?-

-Si, no tienen mucha imaginación o criterio para esas cosas- pensó en eso un momento -Todas las personas de este lugar, tienen nombres horribles, eso dice mucho- giró la cabeza, abruptamente hacia atrás -¿Otra vez están aquí?-

Entrecerró los ojos para poder observar mejor entre la penumbra de los árboles.

-Si- negó con la cabeza -Nunca se fueron- el río estaba muy inquieto ese atardecer -No sé que es lo que quieren, supongo que están obedeciendo ordenes-

-Itachi tiene unos ojos impresionantes- volvió su cabeza al agua -Puedo verlos desde aquí- se estremeció. Sentía que podían atravesarla - En cambio, los de Neji, parecen reflejar la luna-

-Si, ¿Cómo creés que ellos nos ven?- cuestionó.

-No entiendo- respondió, produciendo chispas con sus manos -¿Te refieres a Itachi y Neji? ¿Cómo ellos nos ven con sus ojos?-

-Si, eso ¿Cómo será tener esos ojos y ver todo con ellos?-

-No lo sé- levantó sus hombros sin respuestas -¿Cómo se siente tener sus ojos, chicos?-

Estaban parados a sus espaldas. Se suponían que eran ninjas y que no podían oírlos o verlos por sus habilidades. Pero a pesar de lo sigilosos que fueron, ellas los percibieron antes de llegar.

-No se sorprendan- comentó la otra muchacha, sin darle veda al asunto -Ella vive con un vidente milenario y yo con un cazador alfa- levantó la mirada para verlos -A lo largo de los años, hemos aprendido muchas cosas de ellos-

-Siéntense- ofreció su hermana y ellos, lo hicieron -Les prometo que, todos nosotros somos inofensivos. Sólo queremos irnos a casa-

-Si, no hay necesidad de que nos vigilen desde las sombras-

Las escuchaban, atentos. Pero tenían razón, a pesar de ser conscientes de su presencia desde hacía horas, no tuvieron la intención de atacarlos en ningún momento o lugar.

-Ella tiene razón- les habló una voz detrás. Era el cazador -Díganle a Hatake que termine con este juego- les entregó un plato de comida a cada uno -Coman, hace horas que están de pie sin probar bocado- sonrió, mirándolos.

-Gracias- respondió el Uchiha -Te ví entrenar con tu espada. Eres bueno- halagó, mientras él, tomaba asiento con su esposa entre las piernas - Algún día me gustaría enfrentarme a tí. Eres muy rápido, casi no puedo verte con el Sharingan-

-Cuando quieras- le golpeó el hombro de manera amistosa.

-¿Qué clase de visión tienes con esos ojos, Hyuga?- el vidente le entregó una cantimplora de agua, que él agradeció con un movimiento de cabeza -Son asombrosos, de hecho-

-Veo los puntos de chacra de las personas- bebió un poco para continuar -Es un Kekkei genkai exclusivo de mi clan- dejó el plato vacío a un lado -Aunque pertenezco a la rama secundaria, puedo manipularlo sin dificultad- señaló la marca que llevaba en la frente.

-Es increíble- pasó un brazo sobre la mujer a su lado -Yo veo el alma de las personas y también puedo manipularlas, pero eso del chacra, es nuevo para mí-

-No sabría que hacer con el alma de una persona si la controlara- expresó, cruzado de brazos y semblante serio -A duras penas puedo con la mía y las de mis primas en el clan-

-Es muy útil, créeme- le guiñó un ojo -¿Con quién está hablando Denisse?-

Señaló a la chica en cuestión, cambiando de tema. Todos los ojos se dirigieron a esa dirección. Pero ella, estaba hablando sola.

-No hay nadie con ella, Lai- aseguró el cazador.

-Claro que sí- afirmó sin inmutarse.

Ella se encontraba sentada sobre un tronco seco, conversando, muy animadamente con una jovencita de cabello corto y dos líneas de pintura morada debajo de los ojos.

-Es un espíritu errante- comentó su hija al aparecer -Se llama Rin, se hicieron amigas hoy- miró a los dos ANBUS con ellos -Tú eres el hermano de Sasuke- apuntó al Uchiha -Y tú eres Neji Hyuga. Los chicos nos hablaron de ustedes en el puesto de ramen-

Ellos asintieron y devolvieron su vista a la pequeña muchacha que, todavía seguía hablando sola. Es más, en ese mismo momento, un chico alto y cabello claro de la misma edad que ellos, se unió a la conversación como si nada.

-Disculpa, primita- apareció otra chica, muy similar a la alquimista con dos hombres más -¿Dijiste espíritu errante?- ella afirmó con un movimiento de cabeza y una sonrisa sádica -¡Ay! ¡Dante!- apretó con fuerza su brazo, muerta de terror -¿Dime qué esto no está pasando de nuevo?-

-Si, alfa- pronunció, blanco como un papel -Otra vez lo están haciendo- ella se escondió en su pecho -No te preocupes, yo lloraré por los dos- la abrazó con fuerza.

Todos rieron a carcajadas. Ese par, era todo un show y además, según podían ver, eran grandes amigos.

-Ivette- habló, el otro hombre recién llegado, aguantando las terribles ganas de reír -Ya hablamos de esto más de mil veces...- saludó en dirección a los dos muchachos enfrascados en esa conversación, pero ninguno de ellos había levantado la mano -Rin es una chica muy simpática e inofensiva, jamás te haría daño- una enorme sonrisa se formó en su rostro -Es más, nos está saludando con mucha emoción, ¿No es verdad, Eyra?- pasó un brazo sobre los hombros de ella.

-Si, ha estado sola por mucho tiempo. Tendrían que entenderla, Dante-

-No- mencionó él, apretando los labios - Jamás voy a entenderlo- desvió su mirada hacia el río -Los muertos, muertos están y así deberían quedarse-

-Eso es- expuso la chica entre sus brazos -No me importa nada de lo que nos digan, yo soy una cazadora y él un alquimista. Ustedes saben que nos asustan las cosas que no podemos comprender-

-Pues, él y yo también lo somos- habló la pelirroja entre las piernas del cazador, señalando a ambos -Y no estamos temblando como bebés- su tono era más que burlón.

-¡Ja!- rió sin ganas -No dirías eso sí hubieras estado en la fortaleza de los canaleros-

-¿Quién dijo que no estuve?- refutó.

-Gaia, ¿Estuviste ahí? No lo recuerdo- preguntó su hermana.

-Si, estuvimos ahí y en muchos lugares más- contestó el cazador -Recuerden que nuestra luna de miel duro cerca de seis meses- volvió a decir -Hasta que nos enteremos que alguien...- remarcó la última palabra, mirando con significado a la chica asustada -Estaba en camino y tuvimos que volver-

-Pues, gracias por quererme tanto- agregó ella, sarcástica.

-Nosotros te amamos y lo sabes, Ivi- él le lanzó un beso -Daríamos la vida por tí-

-Lo sé- inclinó la cabeza para verlos -Yo también por ustedes-

-Eso es cierto- formuló la hechicera, después de divagar un rato -Ahora lo recuerdo bien. Ha pasado tanto tiempo que las cosas se van de mi mente- golpeó su frente -Me hubiera encantado ir con ustedes, saben- aclaró-Sé que me invitaron a su luna de miel, pero ella era muy pequeña para emprender semejante viaje-

Sus ojos avellanas, estaban fijos en la vidente del grupo con extrema ternura.

-Si, nos fuimos a los dos meses que ella nació- su hermana aferró sus manos -No quería dejarlas, pero tú sabes, me había casado con un cazador- rememoró con añoranza -Cuando nos conocimos, me prometió que viajariamos más allá del horizonte y así lo hicimos-

-Es increíble todo lo que me perdí en dos años- intervino un entristecido vidente en la conversación -Pero no es fácil sobrellevar una corazón roto-

-Nosotros jamás te excluimos de nuestra vida, Lai- aclaró su esposa en el mismo tono -Ni los chicos, ni yo, lo hicimos. Pero tú, no querías tener contacto con nosotros y decidimos, después de tanto intentar, darte el tiempo de sanar-

-Si y me llevó un interminable año- suspiró -Hasta que emprendí mi viaje en la busqueda del nuevo vidente de la torre, hasta que lo encontré- le guiñó un ojo a la muchacha que tenía el mismo don que él -Y fue el mejor regalo que me dió la vida-

-Bueno, ya basta- abanicaba las manos delante de su cara -Me van hacer llorar, cuarteto de ancianos-

-¡Te escuchamos, Eyra!- gritaron los cuatro al unisono.

-Yo también los amo- dijo ella -Ademas, tan nostálgicos estaban, que no se dieron cuenta de que más personas llegaron-

Apuntó con su mentón a un grupo de cuatro Shinobis que aparecieron de la nada. Entre ellos, el señor Hatake.

-Esa fue una historia más que interesante- habló este último -Digna de cualquier novela del maestro Jiraiya- volteó a ver a sus subordinados -Pueden descansar, muchachos...- ordenó a los ANBUS -Veo que no hay necesidad de que estén aquí-

Pero tanto el Uchiha como el Hyuga, se quedaron allí, escuchando. Estaban impávidos, las historias que narraron todos ellos, eran increíbles. Espíritus errantes, fortalezas encantadas e incluso, podría decirse que, hasta viajes en el tiempo y mundos.

Si lo pensaban más a fondo, compartían cierta similitud con el mundo shinobi, ya que hasta allí, los perros hablaban. Pero era ese toque mágico y sobrenatural, lo que les encantaba.

-Kakashi sensei, ¿Escuchó eso?- cuestionó el chico kyubi o como lo conocían, Naruto -¡Eso fue increíble!- él estaba allí con los demás miembros de su escuadrón -Si Sai estuviera aquí, haría un dibujo de esto- exaltado, era una palabra muy pequeña, para describir su estado emocional -¿Qué más pueden hacer?- se dirigió a las hermanas -¿Pueden volar?- abrió sus brazos -¿O traspasar muros?-

-¿Qué cosas dices, niño?- respondió la alquimista con mala cara -Ni que fueramos fenómenos de circo-

Tenía ganas de golpearlo. Era insoportable su entusiasmo.

-Gaia, déjalo. Tiene curiosidad- a ella le resultaba adorable. Le recordaba a sus pequeños alumnos que tanto amaba -No, Naruto. No hacemos esa clase de cosas- comentó, dulcemente -Pero si quieres, podemos mostrarte un truco que siempre hacemos con Gaia para comunicarnos- movió su cabeza, enérgico -Bien- se alejó del grupo unos cuantos metros y contempló la luna por unos instantes -¿Lista?-

Sus ojos ahora estaban en su hermana, mientras su mente, formulaba un mensaje.

-Nací lista- pidió al grupo que se alejara y midió con su pulgar la posición del sol -Hazlo-

-Riego con mi magia las estrofas de tu voz-

Conjuró con brillantes chispas rojas en sus manos.

Todo era silencio, pero una pequeña brisa mesió los cabellos de todos. Algo iba a pasar en unos instantes, se percibía en el aire.

La alquimista sonrió y juntó sus manos. Estiró una de ellas hasta el sol que se perdía en las montañas, al otro lado del horizonte y un rayo de luz, llegó a su palma. Volteó en dirección al grupo y sopló con fuerza. Pétalos rosados rodearon a todos, dejando un pequeño mensaje en sus oídos.

-Ayudennos a regresar a casa-

Decía una y otra vez, la dulce voz de la hechicera de la luna.

-Vaya...- murmuró el señor Hatake después de superar la conmoción -¿Eso fue alquimia o magia?-

-Eso fue producto de ambas-

El cazador, descansó un brazo en su hombro en señal de confianza.

-Si, tienen la suerte de no ser testigos de la destrucción- agregó su amigo.

Los tres hombres miraban en dirección a las hermanas. Mientras un eufórico e insistente Naruto, suplicaba, ser adoptado por alguna de ellas.