All For You
Capítulo 17
"Un país con flores de amor"
"Es algo que no puedo evitar
Una vez más alguien estará llorando, riendo"
(N/A, notas de la autora)
-dialogo-
"pensamientos"
"recuerdos (dialogo)"
Narración
Los siguientes días Anthony comenzó a organizar lo necesario para la noche de celebración que se haría en la mansión de Lakewood, comprendió el esmero de su Tía abuela para que todo quedara a la perfección, cuando en el pasado, él y sus primos realizaban alguna travesura, pero ella nunca se vio afectada por el hecho de que sus fiestas no salieran como ella esperaba. Aquellos días le sirvieron para descansar, tomar tiempo para sí mismo como hace mucho no tenia, o no quería, porque si no tenía su mente ocupada siempre pensaba en ella, aun lo seguía haciendo, pero ahora, idealizando, forzándose en pensar que ese día Candy y el actor de Broadway se encontrarían, y él ya habrá resuelto todo para aferrarse al amor de la ojiverde y ella de nuevo sería feliz, ¿Y él?, se iría para no volver, a pesar de que el recuerdo de aquella noche de La Gala lo invadía y sacudía su corazón, exigiéndose una y otra vez que aquello fue una simple confusión. Todo parecía encaminarse a esos planes, hasta que una mañana, después de su recorrido matutino en automóvil, para acostumbrase al sentido del piloto que se usaba en el continente americano y no estar dependiendo de un chófer, en el jardín de las rosas, en aquel lugar en donde escucho las palabras más hermosas en su vida.
-"Me gusta Anthony, porque es Anthony"-
Creyó que el viento susurraba esas palabras en su cabeza, y que le estaba jugando de una manera muy cruel al mostrarle aquella visión, pero ahora, con la hermosa jovencita que día a día se convertía en una encantadora dama. Se mantuvo estático a pesar de sentir que sus manos temblaban, no deseaba que cualquier movimiento en falso destruyera esa visión.
-Candy-al ver que ella no se desvaneció, sino al contrario, ella respingo. Un enorme deseo de abrazarla surgió en él, pero su voluntad fue apenas los suficiente para mantenerlo quieto y cuerdo-"¿Pero que hace aquí?"-se preguntó aun sintiendo que su mundo se tambaleaba.
-Anthony-la rubia por fin aterrizaba a la realidad, armándose de valor para comprobar de cerca que no se trataba de su imaginación y que el destino nuevamente lograba reunirlos en ese lugar-No esperaba verte aquí-le preocupo por un momento la expresión de estupefacción del rubio, como si no le alegrara verla allí.
-Yo tampoco, ¿pero cómo?-no lo podía creer, algo en sus planes había cambiado, en algún momento pensó que también estar alejado de ella lograría calmar sus sentimientos, pero era a la vez era un tonto al creer en eso, ya que si pasaron años sin verla, algunos días no haría realmente una diferencia-"Soy un idiota"- se pateó mentalmente, aunque aún seguía intrigado por el por qué ella estaba allí.
-El tío abuelo me pidió que viniera a tomar unas vacaciones, pero no sé si olvido que tú también estabas aquí o si ya lo sabía-aquello último menciono más para sí misma, creyendo tal vez que el tío Abuelo al ser alguien mayor, le comenzaba a fallar la memoria.
-"¡Albert!, ¿Acaso fuiste capaz?"-pensó al visualizar la sonrisa burlona de su tío al jugarle aquella travesura.
-Pero si te molesta, regresare a Chicago hoy mismo-la rubia decidió al ver que no le causaba ninguna gracia que ella estuviera en Lakewood, tal vez sentía que lo invadía. No dio más de tres pasos hacia la residencia cuando escucho la voz fuerte del ojiazul.
-¡No!-en menos de un segundo él se había puesto frente de ella para detenerle el paso-Tal vez reaccione mal, pero de ninguna manera eres una molestia para mí-aquellas palabras, tan imperativas y tan sinceras, lograron que el deseo de Candy por tocarlo, sentirlo más cerca, se descontrolara, pero lo único que pudo hacer fue sostener sus propias manos cerca de su pecho, no sabía por cuánto tiempo más seria capaz de retenerse.
-De acuerdo, entonces me gustaría ver si Dorothy ya regreso-fue lo primero que se le ocurrió decir siendo presa del nerviosismo que le causaba esa ansiedad de ver sus labios, aspirar su aroma de cerca y sentir la calidez de su torso-"Dios, ¿Por cuánto tiempo podré resistirlo?"-camino hacia la mansión mientras se cuestionaba por sus deseos y más teniendo en cuenta que esos deseos solo eran despertados por Anthony.
Aun sintiendo la presencia del rubio caminando atrás de ella entro a la mansión, pero en cuestión de segundos, a lo lejos, se oyeron unos pasos, siendo la joven mucama que llegaba apresurada para ver a la recién llegada. Al saber que había llegado a la mansión cuando regreso de hacer las compras lo primero que hizo fue dirigirse a la puerta principal. La alegría se hizo presente en ambas al reconocerse a pesar de los años que habían pasado.
-Candy-dijo con voz entrecortada mientras que el llanto apareció nuevamente e hizo un vano intento ocultarlo con su mano para ahogar un sollozo. La muchacha que tenía enfrente había dejado atrás a la niña que tiempo años antes trajo alegría a esa mansión.
-Dorothy-emocionada y con lágrimas en los ojos se lanzó a los brazos de la persona que siempre intento ayudarla cuando fue solicitada en la casa de los Legan. Lucia casi exactamente igual, pero más alta, con facciones de una mujer adulta y con la madurez que siempre la caracterizo.
-Pero mírate, ya eres toda una señorita-fue lo primero que dijo cuándo se soltaron y tomo las manos de la rubia para admirarla de pies a cabeza logrando con un leve sonrojo y una apenada sonrisa se deshiciera de las lágrimas derramadas.
-No es para tanto, en cambio a ti te han favorecido los años-ambas rieron ante el intercambio de halagos, que no se dieron cuenta que Anthony fue interceptado por uno de los sirvientes y que en voz baja le anunciaba que le había llegado una carta junto con el chofer que había traído a la Srta White. El rubio agradeció al mismo tiempo que recibía un sobre de manera discreta y dándole una rápida orden antes de que se retirara sigilosamente.
-¿Qué les parece si se ponen al corriente?-cuestiono el rubio esperando no ser inoportuno en aquel reencuentro-Pedí que llevaran algo de té a tu habitación, además debes estar cansada del viaje-se dirigió a la ojiverde quien de repente se sintió cohibida al mostrarse de esa manera, pero al final pudo recobrar su confianza con una sonrisa-En tu caso Dorothy, no te preocupes, tómense el tiempo que quieran-la mucama asintió muy animada ante la generosa oferta-Si necesitan algo, estaré en el estudio-sonrió y se retiró sin mostrarse ansioso por saber que líneas estaban escritas en esa carta.
-Vamos Candy, quiero que me cuentes todo-Dorothy llamo la atención de la rubia quien se había quedado atrapada viendo hacia donde se dirigía Anthony. Ella regreso su atención a su amiga y asintió alegremente.
El joven médico llego al enorme estudio que le pertenecía al líder clan, era una habitación grande con un gran ventanal al fondo, justo detrás del escritorio y la silla de estilo victoriano que hacían juego con todos los muebles del estudio, era algo que se conservaba desde generaciones. Justo después de sentarse tomo un largo suspiro, preparándose mentalmente para ver el contenido de esa carta.
"Mi muy estimado Anthony"
"Espero que te encuentres bien al lado de las rosas que tanto amas y que seguramente has extrañado, por eso te he preparado la sorpresa de enviarte una rosa muy valiosa, sé que la cuidaras bien y permitirás que te ayude en lo que sea posible en la grandiosa fiesta que me estas preparando. Sé que no dejaras que ella se quede con los recuerdos más tristes de Lakewood que aun la atormentan, y no dejaras perder esta oportunidad de crear hermosos momentos que tal vez el día de mañana ya no sean posibles y te arrepientas de ello, solo vívelos como si el mundo fuera únicamente Lakewood, no temas en dejarte llevar, no ignores los deseos que tu corazón grita alocadamente y que dolorosamente has decidido silenciar, permite que tu niño interno salga una vez más.
"Atte: Tu tío favorito, William Albert Ardley"
-Albert-vocifero al sentirse atrapado en la situación-Esto ya lo tenías planeado desde un principio-dijo entre dientes, recordando y entendiendo la calma de su tío por tomar su lugar y después de un día para otro la prisa para que él fuera a Lakewood, alejándolo momentáneamente de Candy, sin permitir que ambos se fueran al mismo tiempo, porque de esa manera él hubiera hecho un esfuerzo por resistirse, negarse, ¿pero ahora?, se sentía incapaz, ¿y para que engañarse?, deseaba verla, y Albert sabia de esa gran debilidad.
Dorothy puso la bandeja con el juego de té y unas galletas que serían el aperitivo sobre la mesa que se encontraba en la habitación de la ojiverde, donde entraba la brisa y la luz natural a través de la ventana.
-Recuerdo que la última vez que nos vimos, ni siquiera te despediste-a pesar de que no sonaba a un reproche, Candy se sintió culpable al recordar dicho suceso-Solo dejaste una nota diciendo que habías decidido irte, pero no te culpo, era un momento muy difícil-recordó el rostro sombrío de aquella niña que había perdido lo más preciado que tenía, haciendo dudar a cualquiera que alguna vez ese rostro fue iluminado con una sonrisa.
-Realmente lo lamento, eran demasiadas despedidas para mí en ese entonces-aquellos últimos días sentía que el aire en Lakewood era denso y que era difícil respirar, fue demasiado doloroso permanecer en ese lugar cuando Anthony ya no iba estar allí.
-Pero cuéntame, quiero saber todo lo que hiciste en Londres cuando te enviaron al Colegio San Pablo-con el afán de alejarla de aquella melancolía decidió cambiar de tema y de paso saber lo que había vivido su amiga fuera de Lakewood.
Candy hablo con detalle desde su viaje en barco, la confusión en su primer encuentro con Terry, sus días en el colegio, su amiga Paty, la llegada de Annie, los insultos de Elisa, su creciente amistad con Terry, el festival de Mayo al cual injustamente no pudo asistir, su viaje a Escocia, su primer beso, la trampa por la cual se separó de Terry, su viaje de polizonte de regreso, su ingreso a la escuela de enfermeras, su breve encuentro con Terry, y él fin de su relación debido a que el actor tomaría la responsabilidad de cuidar a Susana.
-Y fue cuando regrese a Chicago cuando me entere que Anthony estaba vivo-pero a pesar de aquellas dificultades, sentía una suavidad y una calidez traspasar su cuerpo al recordar ese día-Sin embargo, él no me recordaba-aquello fue una sorpresa más para Dorothy quien no había dejado de asombrarse y algunas veces indignarse por las calamidades que la rubia le había confesado.
-Oh Candy, lo lamento, yo aún sigo perpleja al ver que el joven Anthony sigue vivo, cuando llego a Lakewood como todo un joven adulto, mucha gente que llevamos años trabajando aquí nos emocionamos, nos dio tanta alegría, aunque aún nos cuestionamos por qué estuvimos envueltos en esa mentira-argumento la joven mucama recordando la llegada del ojiazul a la mansión y la conmoción que provoco en la servidumbre.
-Creo que en parte soy culpable-respondió cabizbaja la ojiverde.
-¡No digas eso!, para nada fue tu culpa, tu no tomaste la decisión de que fingieran su muerte-Dorothy exclamo mientras tomaba las manos de la rubia en señal de apoyo-Ahora no puedes atormentarte pensando en eso, cuando él está de regreso y por lo poco que vi, no creo que le seas indiferente-dijo pícaramente mientras guiñaba su ojo.
-¡Dorothy!-un súbito sonrojo cubrió totalmente el rostro de Candy, logrando que Dorothy soltara una carcajada.
-A pesar de todo, él siempre estuvo vivo en tu corazón y tal vez el destino los reunió de nuevo, sin importar decisiones ajenas que llegaron a separarlos-aquellas palabras logrando que el optimismo de Candy renaciera.
-Gracias Dorothy-se estaba convenciendo cada vez más en que debía tomar la oportunidad cuando se le estaba presentando, después de todo, tal vez el tío abuelo no se había equivocado en enviarla allí. La campana del reloj resonó en la habitación-¿Las dos, tan rápido se fue el tiempo?-cuestiono asombrada.
-Oh, ya es hora de comer Candy, ven vamos-la mucama le indico que la siguiera, pero al llegar al comer principal, la rubia se decepciono al no ver a la persona que ocupaba últimamente sus pensamientos.
-No hay nadie-susurro decepcionada, pensando quizá que comería sin ella.
-Es por aquí Candy-por otro lado Dorothy se adelantó unos pasos y le indico a la rubia que la siguiera hasta la cocina, en donde el bullicio estaba presente.
-¡Srta Candy!-el Sr Whitman la llamo él estando sentado en la larga y modesta mesa que era para el uso de los empleados.
-¡Sr Whitman!, qué alegría verlo-había olvidado por completo que lo iba saludar cuando lo vio en el jardín recién que había llegado a la mansión.
-A mí también Candy, que gusto que puedas estar en Lakewood-la rubia había notado lo rejuvenecido que se veía aquel jardinero que había visto tiempo atrás, y tenía la sospecha de cual era la razón de aquel cambio. La presencia de cierto joven se hizo presente cuando todos los empleados lo saludaron al verlo entrar de la cocina- Anda, ve a sentarte a comer-levanto ligeramente su barbilla para indicarle un lugar libre junto al recién llegado.
-Candy, hola-saludo tratando de sonar calmado al verla sentarse a su lado-Espero que no te moleste que comamos aquí-
-Para nada, entre más gente mejor-respondió la rubia, que a diferencia de La Gala se sentía más cómoda ante la gente que laboraba en la mansión.
-Al llegar no me gusto comer solo y cuando les ofrecí comer conmigo en el comedor principal se negaron, también lo hicieron cuando les pregunte si podía comer con ellos aquí, pero después de tanta insistencia finalmente pude persuadirlos-argumento complacido al ser alguien que siempre se salía con la suya.
-Y creo que al final les encantó la idea-comento la joven al ver la algarabía de la gente sin temor a la figura de autoridad que representaba Anthony, quien a pesar de todo, él quería conocerlos, comprenderlos y que no lo vieran como una amenaza. Tanto en la comida como en la cena, compartieron la comida, el pan, la bebida, rieron al compartir anécdotas y comentarios ocurrentes. Para Candy, la idea de que Lakewood era un lugar lleno de tristezas comenzaba a desvanecerse.
A pesar de ser una cama mucho más cómoda que la suya en Chicago, Candy no dejaba de removerse sobre ella, giraba para dormir de un lado, pero segundos después cambiaba de posición, hasta que finalmente acepto que no podía conciliar el sueño, el hecho de regresar a Lakewood, el lugar que años atrás había dejado en medio de lágrimas, y que ahora, el regreso de cierto joven de inolvidable mirada estuviera habitando aquel lugar, trayendo alegría y vida en cada rincón, la tenía entusiasmada, tanto que su corazón seguía galopando y no lograba calmarse para que Morfeo hiciera su visita habitual.
-Aun no pudo creer que estoy aquí-dijo mientras fijaba su mirada al techo de su cama de dosel-Tampoco puedo creer que él está aquí-la sonrisa de Anthony que había compartido horas antes en la comida se hizo presente en sus recuerdos-Creo que no podré dormir si sigo así-se levantó abruptamente de su cama, se puso su bata, encendió una lámpara y se acercó a la puerta, aunque dudo en un momento abrirla-Basta Candy, ya eres mayor, no existen esos fantasmas-recordó la broma que le habían hecho la primera vez que había pisado la mansión. Tomo aire, sostuvo fuertemente la lámpara y con ello el valor de salir de su habitación, iría a la cocina para prepararse alguna infusión que le ayudara conciliar el sueño, sin embargo al bajar las escaleras, noto que la habitación en donde alguna vez la tía abuela la había mandado a estudiar el árbol familiar de los Ardley, estaba prendida al verse la luz traspasar por debajo de las puertas-¿Habrán olvidado apagar las luces?-se preguntó y decidió dirigirse primero a ese lugar y hacer aquello que tal vez omitieron las mucamas, pero al ingresar su corazón dio un salto al ver que no estaba solo.
-Candy, ¿Qué pasa, sucede algo?-Anthony había dejado leer y puso su libro en una mesa que tenía enfrente.
-No, yo, lo que pensé es que alguien había olvidado apagar las luces-estaba nerviosa, no esperaba encontrarse con el rubio precisamente cuando no dejaba de pensar en él y no la dejaban dormir, no podía calmar esa emoción. Por otro lado, el ojiazul la miro extrañado al verla con su bata, pero al dirigir su vista al reloj de la sala, se levantó alarmado.
-¡¿Tan tarde es?! Por Dios, no me di cuenta-exclamo avergonzado.
-Seguramente estabas leyendo algo muy interesante-Candy trato de apaciguarlo, pero incluso para ella, le parecía adorable verlo con esa expresión.
-Creo que así fue-respondió resignado, había comenzado a leer para distraerse del hecho de que Candy se encontraba en la mansión y que eso tal vez le robaría el sueño, pero tanto se había adentrado en la lectura, que tampoco Morfeo había acudido en su auxilio-Entonces, ¿no puedes dormir?-cuestiono tratando de averiguar el por qué la pecosa deambularía tan tarde en la mansión.
-No, por eso estaba por ir a la cocina para prepararme un té, pero fue cuando vi las luces encendidas-explico mientras que su corazón gritaba que él era el causante de su insomnio.
-Sé de algo mucho mejor-Anthony se fue acercando a ella curveando sus labios en una sonrisa. Mientras que Candy se quedó estática al sentirse atrapada por la mirada del joven, sintiendo que su corazón latía cada vez más fuerte cuando la distancia se fue acortando, quedando finalmente frente a frente, apago las luces, sentía que su pecho estaba a punto de estallar cuando él puso sus manos en sus hombros. Se sintió incapaz de mirarlo de frente ante la tenue luz que emitía su lámpara, miraba a cualquier lugar frenéticamente, balbuceando sin emitir ningún sonido, cuando intento finalmente de formar una palabra, Anthony la giro para que ella le diera la espalda-Vamos a la cocina-comenzó a empujarla, agradeciendo que Anthony no lograra ver su expresión contrariada, como si algo dentro de ella se hubiera congelado.
-"¿En qué rayos estabas pensando?"- no evito cuestionarse con decepción y pesar-¿Y qué era lo que estabas leyendo?- pregunto al sentarse en la mesa que había compartido horas atrás y que estaba algunos metros de la estufa en donde Anthony puso una olla mediana para calentar su contenido.
-Una obra, El Cyrano de Bergerac, es francés-comento al ver que comenzaba a hervir, era el momento de agregar un ingrediente más y bajar la flama para que se calentara unos minutos más.
-Una obra-menciono en voz baja para sí misma, recordando brevemente que las únicas obras que conocía era por Terry, el Rey Lear y Romeo y Julieta-¿Y de qué trata?-cuestiono mientras que Anthony apagaba la estufa.
-De un poeta hábil, inteligente que se había enamorado de una joven, Roxane, pero ella no correspondía sus sentimientos porque estaba enamorada de un chico más agraciado-decía mientras cuidadosamente vertía el contenido de la olla en dos tazas.
-¡Que triste!-exclamo empatizando totalmente con el protagonista de esa obra.
-Más triste aun, cuando Cyrano es quien escribe unas hermosas cartas de amor para Roxane, pero a nombre del chico apuesto, pensando que esa era la única manera de expresar sus sentimientos hacia ella-se acercó a la mesa con las dos tazas, acercando una hacia ella mientras se sentaba.
-Pero entonces, ¿ella no se enamoraría de quien escribió realmente esas cartas, ella lo descubrirá?-cuestiono intrigada por querer saber cómo terminara esa historia. Anthony suspiro justo después de beber un pequeño sorbo corroborando que estaba a buena temperatura.
-Aun no llego a esa parte-el libro estaba en francés, era un idioma que no utilizaba frecuentemente pero que sin duda necesitaba dominarlo y no únicamente para leer rápidamente el libro sobre la vida de Cyrano.
-Oh, entiendo-Candy respondió justo antes de beber un sorbo de su taza, abriendo sus ojos desmesuradamente ante el sabor de aquella bebida-Es leche con canela, esta delicioso-dijo antes de saborear nuevamente el contenido.
-Es lo mejor que me ha funcionado para conciliar el sueño, además la leche que venden por aquí es muy buena-para el rubio, era una bebida que lo remontaba a sus primeros días en Escocia, incapaz de dormir siendo dominado por la ansiedad-¿Y has pensando lo que quieres hacer en tus vacaciones?-cuestiono interesado por saber qué era lo que tenía la pecosa en mente.
-Quiero ayudarte con los preparativos de la fiesta para el tío abuelo-comento totalmente decidida, a lo cual era algo que Anthony ya se esperaba.
-Supongo que lo harás aunque me niegue y te diga que son tus vacaciones-argumento el rubio con un leve reproche hacia Candy por no querer disfrutar de un merecido descanso.
-Es correcto, además quiero ir un día al Hogar de Pony, visitar a la Srta Pony, la hermana Maria, a los niños, trepar al padre árbol-menciono con entusiasmo, trayendo a cada uno en sus pensamientos.
-¿Es el lugar en donde creciste, verdad?-cuestiono sintiéndose embelesado por la sonrisa que mostraba Candy cuando se refería a ese lugar tan especial.
-Sí, recuerdo cuando no podía dormir y no me atrevía a despertar a nadie, iba a la ventana y me ponía a contar las estrellas, como nunca podía terminar siempre terminaba dormida-era nostálgico recordar aquella niña que creía que podía contar todas las estrellas en el cielo, cuando en realidad no había un número exacto.
-¿Quieres que te muestre algo?-cuestiono repentinamente el ojiazul, logrando que Candy regresará nuevamente a la realidad.
La ojiverde se mantuvo cerca de Anthony recorriendo la mansión, hasta que llegaron a la parte de arriba, recorriendo un pasillo hasta llegar a una habitación que no recordaba haber visitado antes, pero si reconoció a quien le pertenecía.
-Es la habitación de Stear-dijo la enfermera al verse adentro junto con el rubio, pero este se separó de ella acercándose a una ventana en donde se encontraba un telescopio. Ella hizo lo mismo, recordando fugazmente que había uno similar, pero más pequeño en la casa del árbol de la mansión Ardley en Chicago.
-Nuestro interés por la astronomía es lo único que Stear y yo compartimos, siendo Archie el que siempre alegaba que era muy aburrido-dijo con una sonrisa recordando las quejas de su primo al ver como su hermano y él pasaban horas buscando, observando y admirando las estrellas en el firmamento-Hay una estrella que es muy fácil encontrar-menciono mientras tomaba el lente del telescopio y lo apuntaba hasta enfocar el lugar exacto, alejó su mirada de la lente y fijo nuevamente su vista en el cielo-¿Ves esa estrella, la más brillante de todas?-cuestiono mientras su dedo apuntaba el lugar exacto, pero para que Candy pudiera verlo aunque fuera un aproximado, tuvo que acercarse a ella.
-Sí, la veo-tardo varios segundos pero por fin pudo verla, identifico que esa estrella era la que más brillaba cada vez que miraba al cielo.
-Ahora, mira más de cerca-el ojiazul le indico que se asomara a la lente para verlo a través del telescopio, ella sin duda exclamo asombrada-Cuando era niño y mi madre había fallecido, pensé que ella era esa estrella, la más hermosa y más brillante del cielo, pero tiempo después supe que el nombre de esa estrella era Arturo-argumento dejando entrever que ella no era la única que tenía otras creencias acerca de las estrellas en la infancia.
-"Yo también pensaba que eras esa estrella"-pensó Candy mientras quitaba su vista de la lente, recordando el cielo nocturno en el Colegio San Pablo de Londres, deseando fervientemente que Anthony fuera esa estrella, brillante, vigilante, así no solo lo sentiría presente únicamente en su corazón.
-Yo quiero ir-las palabras de Anthony resonaron en el lugar, a pesar de que Candy dudo por un momento que esas palabras venían de sus recuerdos, de aquel día en la cacería de zorros.
-¿A dónde, a que te refieres?-cuestiono esperando no haber escuchado mal, pero la mirada firme ante la tenue luz le confirmo que hablaba seriamente.
-Al Hogar de Pony, quiero ir al lugar en donde te criaste-él dijo sinceramente, aunque para Candy, aquellas palabras, nuevamente escucharlas, casi tan exactas, hicieron que le saliera un nudo en la garganta y las lágrimas estuvieran a punto de brotar.
-"¿Lo prometes?"-
-"Prometido"-
-De acuerdo-ella asintió y sonrió felizmente, logrando que las lágrimas finalmente no se presentaran, aunque aún lo deseaba, pero esta vez seria para llorar de felicidad.
El sonido de las cortinas correrse haciendo que los rayos del sol iluminaran su habitación, fue lo que logro que Candy despertara, al momento de abrir los ojos y tomar consciencia en donde estaba, se levantó de golpe recordando los sucesos que había vivido la noche anterior, tocando su pecho sintiendo nuevamente los latidos fuertes de su corazón.
-Lo siento Candy, pero ya casi iba ser medio día y no despertabas-se disculpó Dorothy por interrumpir el descanso de la rubia, pero no le parecía buena idea que siguiera así y sin haber comido adecuadamente, no obstante la ojiverde, aún le costaba creer que no estaba en su habitación en La Magnolia.
-Entonces, ¿no fue un sueño?-susurro y no pudo evitar sonreír, logrando confundir a Dorothy por aquel inesperada reacción-¡Buenos días Dorothy!-saludo alegremente apenas percatándose de que su amiga estaba en la habitación.
-Buenos días Candy, ¿gustas que te ayude a vestirte?-respondió quitándole importancia al extraño comportamiento de la rubia. Se acercó al enorme ropero abriendo las puertas de par en par, segundos después la hija adoptiva de los Ardley se encontraba a su lado, asombrada por la gran variedad de finos vestidos casuales, en una gama de colores que la favorecían.
-¡Que hermosos vestidos!-exclamo asombrada tocando la suavidad de la tela en cada uno, ahora entendía porque en la carta de su padre adoptivo le indicaba que la gente de la mansión se encargaría de proporcionarle lo necesario.
-¿Cuál te gustaría usar hoy?, sin duda con cualquiera de ellos te verás muy bonita-guiño su ojo haciéndola recordar la charla previa que habían tenido con respecto a cierto joven de ojos azules.
-En realidad estaba pensando algo diferente, quiero recorrer el lugar y sería una pena que se arruinara alguno de ellos-medito con pesar y segundos después se acercó a su maleta que se encontraba en uno de los sillones de la habitación, sacando una de sus prendas que además de duradera era cómoda y bastante casual.
-Candy, no has cambiado nada-Dorothy puso sus manos sobres sus caderas, mientras que la rubia sacaba su lengua, luego ambas compartieron una sonrisa, era un milagro que años después ese gesto fuera posible en esa habitación.
Con una polera de rayas rojas y blancas, y su pantalón de pechera, salió al jardín mientras estiraba sus brazos y recibía los rayos del sol, respirando el aire fresco, con un leve y agradable aroma a rosas, cerró sus ojos e inhalo profundamente para poder llenar sus pulmones de aquella fragancia. Al abrirlos y observar a su alrededor, su mirada se topó con la persona que convertían aquellos días, en un verdadero sueño. Anthony con su pantalón casual color verde oscuro y una camisa color hueso de manga larga, que comenzaba arremangársela mientras hablaba con el Sr Whitman, quien parecía leer algunas indicaciones de un cuaderno y a veces hacer algunas correcciones, posteriormente el rubio comenzó a señalar con su dedo varios lugares compartiendo sus ideas, hasta que sus ojos llegaron hacia el lugar en donde se encontraba la rosa que su tío le había enviado.
-Hola Candy, ¿pudiste descansar?-dijo mientras se acercaba a ella, por su lado, previamente en la noche, él no paraba de sonreír hasta que finalmente fue vencido por el sueño.
-Sí, muchas gracias por lo de anoche-estaba verdaderamente agradecida además de que aquello realmente haya sucedido, no fue del todo desafortunado padecer insomnio.
-¿Estabas planeado hacer algo?-cuestiono al verla vestida tan casual, aunque para nada le desagrado verla de esa manera.
-Sí, antes de ayudarte, quería dar un paseo alrededor-comento entusiasmada viendo el clima tan agradable que se estaba presentando y los alrededores boscosos indicando que la primavera ya estaba a poco de hacer su entrada.
-Me parece buena idea, yo también quiero ir-dijo sin pensarlo demasiado, causando que Candy quisiera saltar de alegría-¿Quieres ir en caballo?-pero aquella pregunta le heló la sangre.
-¡No!-lo tomo del brazo en el momento que vio que se movió un centímetro pensando que se dirigía al granero. Su respiración comenzó agitarse y a sudar frió.
-Pero si vamos caminando veremos muy poco-el agarre se hizo más fuerte y comprendió el temor de la joven, causando que se sintiera un estúpido-"¿En qué rayos pensaba?, ella aun teme que me pase algo"-era difícil saber si se sentía culpable o feliz de que ella se preocupara por él. Sin embargo ambos se alejaron de sus propios pensamientos al ver a uno de los empleados llegar en una bicicleta después de realizar algunos mandados-¡Eso es!, ¿sabes andar en bicicleta?-la pregunta logro que ella aflojara su agarre pero aún no se sentía segura de soltarlo.
-No, pero puedo aprender-respondió velozmente, todo con tal de que olvidara la idea de montar un caballo, lo evitaría a toda costa-¡Quiero hacerlo!-suplico.
Por suerte había aprendido andar en una cuando vivía en Escocia, con ella se trasladaba de la casa a la Universidad de Edimburgo y viceversa, era un camino demasiado largo para ir caminando y demasiado corto, como pretencioso ir en un coche, además los paisajes se veían mejor mientras iba pedaleando, se llenaba sus pulmones de aire puro y fresco. Mientras que para Candy la única interacción más cercana que tuvo con una bicicleta fue en Florida, cuando ayudo a Guillermo a repartir el periódico, si él podía hacerlo, no había razón para que ella no pudiera. Tomo aire antes de subirse a ella, mientras que Anthony hacia lo posible por mantenerla firme.
-Bien, lo que debes hacer es pedalear lento, agarrar firmemente el manubrio con todas tus fuerzas para que puedas mantener el equilibrio y para poder mantener recta las llantas-la rubia escuchaba atentamente las indicaciones, no parecía algo tan complicado-¿Estas lista?-la joven asintió vehemente-De acuerdo, te estaré sujetando hasta ver que lo has logrado, ¿de acuerdo?-Anthony con una mano tomaba el manubrio y con la otra la parrilla que también servía como asiento trasero-Aquí vamos-fue la señal para que la ojiverde comenzara a pedalear como le había indicado, al principio sintió que la bicicleta tomaba vida propia, pero de inmediato recordó que debía sujetar fuerte el manubrio. Cuando tuvo más confianza miro hacia el frente sintiendo finalmente que iba en una dirección recta.
-¡Lo estoy haciendo!-celebro jubilosa sin detenerse pero al no escuchar respuesta fue cuando se dio cuenta que iba sola-¿Anthony?-pregunto temerosa, hasta que escucho a lo lejos su voz.
-¡Lo estas logrando, vas muy bien!-acerco sus manos a su cara para lograr que su voz se oyera con más fuerza, sin embargo la voz de la rubia resonó más al momento de que comenzó a perder el equilibro hasta caer al piso-¡Candy!-grito justo antes de correr hacia ella.
-Auch, Guille lo hacía parecer muy fácil-estaba sentada sobre el piso mientras las ruedas de la bicicleta terminaban de girar ya estando sobre el suelo cuando sintió un dolor en su rodilla derecha.
-¿Candy, estas bien, te lasti…?- no termino de preguntar cuando al examinarla vio alarmado que la sangre de su rodilla traspasaba la mezclilla-Estas sangrando-señalo angustiado.
-No te preocupes, seguro es un simple raspón-ella intento levantarse, pero Anthony fue más rápido al levantarla y sujetarla en sus brazos.
-Hay que curarte de inmediato-dijo seriamente y preocupado, sin percatarse que Candy había trasladado toda su sangre hacia su rostro al verse envuelta en los fuertes brazos del ojiazul, escuchando los acelerados latidos del apuesto médico.
-"Su corazón, late muy rápido"-su calidez y su aroma, la trasladaron a un recuerdo que había perdido, la noche de La Gala, cuando también había escuchado ese sonido y sentir esa calidez, pero solo hasta allí pudo recordar. Llegaron a su habitación, siendo interceptados por Dorothy quien estaba intranquila por saber que había sucedió.
-Por favor tráeme el botiquín de primeros auxilios-pidió el rubio mientras ponía a Candy cuidadosamente en un sillón que formaba parte de la sala de su habitación, la mucama asintió saliendo rápidamente a cumplir con la orden-Ahora hay que revisar cómo está tu herida-decía mientras buscaba un objeto en específico en la habitación, pero no estaba teniendo resultados-¿Tendrás unas tijeras?-
-¿Tijeras?-cuestiono intrigada sin comprender el porqué de esa pregunta.
-Sí, para cortar y ver tu herida-seguía buscando con desesperación sin contemplar que estaba siendo exagerado.
-No lo hagas, estos pantalones aun me pueden servir, llevo tiempo con ellos-exclamo intentando que Anthony cambiara de parecer y no parecer que la situación era más grave de lo que realmente era-Me cambiare de ropa-se levantó del lugar y a modo de reflejo el ojiazul la tomo por la cintura para que se apoyara en él, acercándose al ropero da la joven, quien sin pensarlo mucho tomo el primer vestido que alcanzo-Anthony-dijo esperando que él captara la señal.
-Lo siento, claro, esperare afuera, avísame cuando pueda entrar-menciono sonrojado y apresurado al dejarla nuevamente en el sillón. Al momento de cerrar la puerta detrás de sí, Candy se fue cambiando de ropa cuidando que aquel vestido color azul rey con bordados blancos no se manchara.
-Ya estoy lista-anuncio y de inmediato el rubio entro con el botiquín en sus manos habiendo interceptado a Dorothy en el camino-Parece que es un raspón leve, dejara una costra-argumento dando una primera impresión y con ello intentar calmar la ansiedad del ojiazul.
-De cualquier forma se debe desinfectar-se arrodillo frente a ella tocando levemente con sus dedos la piel cerca de la herida logrando que la ojiverde sintiera una corriente eléctrica pasar por su cuerpo. Con unas pinzas y un algodón mojado con yodo, comenzó a tratar la herida, al soplar levemente sobre ella, una sensación ya antes conocida por Candy hizo que juntara fuertemente sus muslos intentando calmar la sensación de cosquilleo que sentía en medio de ellas-Lo siento, no debería arder mucho, lo haré con más cuidado-por su parte, Anthony lamentaba que la sedosa piel de la pecosa se estropeara por aquella herida, se sentía culpable por haberle provocado eso-Es mi culpa, debí sostenerte hasta que me indicaras que estabas segura-dijo habiendo pegado una gasa sobre la herida y proceder a guardar todos los utensilios usados para la curación.
-No, yo fui la descuidada-se sintió responsable por haber desconfiado de su propia capacidad-Aun así me gustaría volverlo a intentar-argumento entendiendo en que había fallado y poner en practica lo aprendido.
-Definitivamente hoy no será ese día-así como ella se había preocupado por él por la idea de montar un caballo, él estaba haciendo lo mismo para evitar que se volviera a lastimar. Pero con ello causo que la joven se desanimara, a lo cual se le ocurrió una idea. Ya estando de pie, inclino su cuerpo para que su rostro quedara a la altura de ella-¿Aun quieres dar ese paseo?-cuestiono sonriente y lo suficiente cerca para dejar sin aliento unos segundos a Candy.
Los dos nuevamente se encontraban afuera de la mansión, él montando la bicicleta y ella sentada en la parte de atrás sobre la parrilla que tenía incluida la bicicleta, sujetando sus manos sobre esta para no caerse.
-Bien, allá vamos-el rubio comenzó a pedalear para primero recorrer los jardines de la mansión, pero en su camino hizo que un bache hiciera que a modo de reflejo Candy lo sujetara de la cintura-¡Sujétate fuerte!-eso en vez de molestarlo lo entusiasmo para pedalear con más animo e iniciar su recorrido por las afueras de la mansión. Anthony esperaba fervientemente que la rubia disfrutara del paisaje y lo hermoso que era ese lugar, que ya no relacionara con un lugar lleno de dolor.
-"Es cálido"-sin embargo Candy recargo su mejilla sobre la espalda de Anthony, manteniendo sus ojos cerrados sintiéndose totalmente segura a su lado, siendo su lugar preferido en el mundo.
Esa noche era una más que se agregaba desde que Terry no había vuelto a verla, casi más de una semana y lo único que había sabido de él era de su desmayo justo el día en que ella había leído la noticia de Candy desde Chicago, temiendo que él hubiera ido a verla, días después se enteró que Terry retomo sus funciones con normalidad, pero aun no lo entendía, ¿Por qué no había ido a visitarla?, se cuestionó si verdaderamente habrá visto el mismo artículo que ella con temor había le ocultado y ahora dudaba en quedarse con ella, incluso su propia madre le dijo que tuviera paciencia aunque en el fondo no quería expresar su preocupación. El sonido de su puerta la saco de sus pensamientos.
-Pase-dijo recobrando su ánimo esperando que se tratara de Terry, sin embargo fue su madre quien entro a su habitación.
-Querida, hay un señor que ha venido a verte-Susana estaba expectante por saber quién era y si tendría alguna noticia de Terry. Al verlo entrar pudo reconocer un aire familiar y el porte de un noble-Los dejare a solas-la madre de Susana estaba por irse, sin embargo la voz de aquel hombre la detuvo.
-No señora, usted también quédese, es mejor que hable con las dos de una vez-menciono firme, haciendo que el color del rostro de la ex actriz desapareciera y le fuera cada vez más difícil respirar, tal vez las noticias que traía de Terry no era las que ella deseaba, pero si las que más miedo tenia escuchar.
Por otro lado Terry miraba la iluminada ciudad a través de la ventana desde la habitación del lujoso hotel donde se hospedaba su padre. El Duque le había indicado que al finalizar su función lo esperara, pero con ello los pensamientos del actor llegaron nuevamente para atormentarlo, ansiaba con todas sus fuerzas dejar todo e irse a Chicago a buscar explicaciones, tomar de las solapas al rubio que había jugado con él y que había regresado del más allá, aun sin entender por qué le pidió terminar su relación son Susana para regresar con Candy, si en la foto que había visto, reconoció esa mirada, de anhelo, de un loco enamorado hacia la pecosa, pero por desgracia tenía que resolver ese asunto primero y su padre necesitaba que se quedara con él, también la compañía Straford para llevar al éxito a Romeo y Julieta. ¿Acaso ser un adulto responsable estaba enterrando cada vez más al rebelde que causaba más de un problema en su juventud?, ademas, si huía dejando incluso el teatro, ¿Que le iba a ofrecer?, ¿Ser nada mas el hijo de un Duque?, ¿Se podía comparar con alguien quien era considerado uno de los hombres mas poderosos del país?
Pasaron un par de días para que ambos pudieran dirigirse al Hogar de Pony, Anthony manejaba el automóvil siguiendo las indicaciones de la rubia quien estaba sosteniendo sobre su regazo un par de cajas rectangulares que sobrepasaban sus piernas. Había estado impresionada de ver al rubio esa mañana esperándola recargado sobre el auto con una deslumbrante sonrisa y unos lentes de sol logrando que se viera mucho más apuesto, haciendo que olvidara por completo preguntar que era lo que contenían aquellas cajas. Cuando llegaron Anthony fue quien tomo las cajas en sus manos para que Candy pudiera bajar, cuando se ofreció a sostenerlas de nuevo, el joven caballerosamente se negó, segundos después la rubia se sorprendo de no ver a ninguno de los niños afuera, se acercaron a la casa, llamando a la puerta y fueron recibidos por una sonriente Srta Pony.
-Candy, ¡qué alegría verte!-estaba feliz por su visita pero también sorprendida al ver que no llegaba sola-Pero pasen, Hermana María, Candy vino de visita-la llamo para que viniera desde la cocina, mostrando la misma reacción que la más longeva mostró al ver a Candy con compañía.
-Candy, que agradable sorpresa-saludo la Hermana Maria, esperando que la rubia presentara al apuesto joven que venía a su lado quien tenía colgado sus lentes en el cuello de su camisa color palo de rosa.
-Oh cierto, él es Anthony Brower, pertenece a la familia Ardley-al presentarlo, ambas damas se miraron una a la otra recordando un detalle que no se atrevían a decir en voz alta y la razón por la que años atrás Candy estaba sumida en una depresión.
-Hola, es un placer conocerlas, les traje unos postres para ustedes y los niños, ¿me pueden indicar dónde puedo dejarlos?-cuestiono el joven notando la confusión de ambas, intentando no sentirse incómodo.
-Por aquí, acompáñame- respondió la Hermana María guiándolo hacia la cocina.
-Candy, ¿ese muchacho no…?-pregunto con angustia la Srta Pony no entendiendo exactamente lo que estaba pasando.
-Le explicare más tarde-le comento rápidamente al ver que tanto Antnony y la Hermana María regresaban al lobby-¿Por cierto, donde están los niños?-cuestiono la ojiverde, a lo cual todos fueron salieron de la casa, comenzando escuchar desde lejos los gritos y las risas de los niños, quienes al distinguir quien había llegaron corrieron más rápido-¡Clint!-grito al mismo tiempo que el mapache se había lanzado a su brazos-¡Miena!-llamo al ver que corría hacia ellos, pero en vez de acercase a ella se lanzó hacia Anthony causando que pegara un grito de sorpresa mientras lo tiraba al piso y le hacía mimos haciendo que el rubio no parara de reír.
-Ja,ja,ja, ¡Basta!, ¡me haces cosquillas!-el rubio logro sentarse mientras no dejaba de acariciar a Miena.
-"¿Sabrá que él es Anthony, quien le salvo la vida?"-se cuestionó recordando aquella vez que gracias a la Dulce Candy, la creación de Anthony, Miena fue salvada de las manos del Sr Watson-"Cierto, él no recuerda la Dulce Candy"-pensó con pesar, sonriendo con tristeza.
-Así que tú eres Miena, eres preciosa-dijo mientras se abrazaban y no dejaba de jugar con ella hasta que llegaron los niños, curiosos por saber quién era el hombre que acompañaba a Candy-Hola niños, yo soy Anthony Brower-al levantarse se presentó ante ellos y de inmediato los niños murmuraron entre ellos que parecía un príncipe sacado de un cuento o si se trataba del novio de Candy, y si era así, se preguntaban que le había visto a la chica revoltosa, cosa que la rubia alcanzo a escuchar y comenzaba enfadarse-Candy, ¿Qué te parece si hablas con la Srta Pony y la Hermana María y yo juego con los niños?-el ojiazul la tomo de los hombros tratando de calmarla. La rubia accediendo entrando con sus madres, con las cuales hablo acerca de la situación de Anthony, mientras se podía ver desde el exterior jugando con los niños Luz Verde-Luz Roja 123, era divertido ver como se congelaban cada vez que uno de los niños que estaba en el padre árbol miraba hacia atrás para ver quien se había movido y sacarlo del juego.
-Es un alivio saber que el joven Anthony se encuentra bien-la Srta Pony quería restarle importancia el hecho de que todo fue planeado para alejarlos, estaba agradecida con Dios que el joven había regresado a la vida de Candy.
-Y se ve que se lleva muy bien con los niños-menciono la Hermana María al verlo reír junto a los niños.
-Por cierto Hermana María, ¿podrías traerle eso?-indico la mayor a lo cual la aludida entendió a que se refería.
-Si-se levantó de su lugar para acercarse a un estante donde tenían una pequeña colección de libros, sacando entre ellos uno de los más delgados extendiéndoselo a Candy-La Srta Pony lo hizo para ti para cuando vinieras a visitarnos-
-¿Qué será?-cuestiono entusiasmada, su sorpresa fue mayor al abrir ese pequeño álbum y encontrar recortes de periódicos con el rostro de Terry.
-Tan buen actor en tan poco tiempo-dijo la Srta Pony admirada por el talento del joven.
-Pony, es una de sus admiradoras-secundo la Hermana María, pero al ver que Candy no decía absolutamente nada, se quedaron preocupadas por no saber qué cosas pasaban por la mente de la pecosa.
-"Terry, con todo esto, había olvidado nuestro rompimiento, creo que me siento mal por no tenerte en mi mente siempre, cuando en mi corazón ya hay alguien más, lo siento"-nuevamente la culpa por no darle el valor que creía que merecía esa relación, que aunque estuviera rota, fue importante. Y como si su propio corazón se manifestara, el sonido de la puerta se hizo presente.
-Adelante-índico la Srta Pony dejando a un lado su preocupación. Permitiendo que el joven de ojos azules ingresara a la habitación agitado pero con una radiante sonrisa.
-Srta Pony, Hermana Maria, Candy por favor vengan, les tengo una sorpresa-dijo alegremente esperando la reacción de las tres. No paso más de un minuto cuando los cuatro estaban de nuevo afuera, viendo como varios coches se estacionaron afuera de la propiedad y un par de mucamas se acercaban al hogar.
-¿Y todo esto?-cuestiono sin comprender la Hermana María.
-Iremos de paseo-el rubio al decir aquello los niños gritaron eufóricos, entusiasmados por ir a un lugar diferente al Hogar de Pony-También quiero que ustedes vengan-se acercó a las madres de Candy.
-Pero nosotras no podemos dejar el Hogar a solas, hay que preparar la cena-explico la Srta Pony anteponiendo sus responsabilidades.
-Sí, vayan ustedes-secundo la Hermana María, sin embargo el rubio negó enérgicamente moviendo su cabeza.
-Por eso traje a unas personas para que nos ayudaran y son de mi total confianza-las mucamas que también servían en Lakewood hicieron una reverencia mostrándose complacidas por ayudar al joven amo.
-Está bien, vamos-acepto finalmente la Srta Pony no solo alegrando a Anthony sino también a los niños del hogar.
Candy y Anthony arribaron de nuevo el automóvil, dejando que lo otros choferes llevaran a la Srta Pony y a la Hermana María, y a los demás niños cómodamente en los otros vehículos.
-Bien, ¿y a dónde vamos?-cuestiono la pecosa mostrándose altamente curiosa.
-Es una sorpresa-dijo al mismo tiempo que se volvía a poner los lentes de sol y después poner en marcha el automóvil.
Varios minutos después tanto él como los coches que venían detrás se detuvieron en una de las calles del pueblo más cercano. Al bajar la rubia se dio cuenta que ese lugar ya lo conocía y no podía creer que Anthony fuera la persona que precisamente la llevara a ella y a todos los del Hogar allí.
-"Aquí fue donde Anthony y yo pasamos un día juntos"-recordó el paseo que habían tenido después de haber vendido la ternera que él había ganado.
-¿Qué te parece?, me avisaron que hay una feria en este pueblo-dijo acercándose a la joven, mientras ella salió de su ensoñación para verlo sin que él se diera cuenta, guardando aun una pequeña esperanza de que él pudiera recordar todo.
Te quiero, te quiero
Cariño, no te vayas y rompas mi corazón
Nunca te rindas hasta que ambos lo intentemos
Te quiero
Los niños comenzaron a correr acercándose a varias atracciones, quedando de acuerdo que cada adulto acompañaría a un grupo de niños. Candy por su parte no paraba de ver al rubio que llevo a los niños que tenía bajo su cargo al lanzamiento de dardos, donde gano varios peluches para las niñas y enseñaba a los niños como mejorar su puntería.
Nunca se marchitará la primera vez
Aunque no lo digas, puedo verlo en tus ojos
En ese momento me di cuenta que está empezando todo
Así que dime una cosa cariño
Dime, ¿fuiste feliz?
Después le pidieron que midiera su fuerza en el juego del martillo en donde sin duda logro tocar la campana en el primer intento, adquiriendo un enorme conejo de peluche como premio y que le regalo a una de las niñas del grupo que estaba con la Srta Pony.
Si tú eres el sol, entonces yo
Seré una flor sobre la tierra
Me he hecho más fuerte
Porque te siento en mi corazón
Todos se acercaron en donde daban una función de títeres, viendo como Anthony le decía a una de las niñas más pequeñas los animales y personajes que iban apareciendo, juntando sus manitas para que aplaudiera al ritmo de la música.
Y oh yo no quiero ser nunca la que mire atrás
Cariño, no te vayas y rompas mi corazón
Nunca te rindas hasta que lo intentemos
Yo nunca quise que fueras mi pasado
Intento hacer algunos malabares pero no podía aguantar más de tres pelotas a la vez, logrando burlarse de él mismo pero animando a los niños hacer por lo menos un intento.
Cariño, no te vayas y rompas mi corazón
Nunca te rindas hasta que lo intentemos
Te quiero
Se acercaron a otro lugar en donde estaban mostrando trucos de magia, en donde el mismo rubio fingió mostrarse asombrado a pesar de que él ya sabía de antemano que eran un simples trucos.
Cariño, no te vayas y rompas mi corazón
Nunca te rindas hasta que ambos lo intentemos
Te quiero
El hambre comenzó hacer estragos y los acerco a un lugar en donde vendían salchichas, a lo cual Candy se mostró alarmada, estaba a punto de advertirle que se comía con las manos, cuando vio que Anthony estaba por probar un bocado.
-¿Quieres una?-ofreció al ver lo apresurada que se veía la ojiverde por aquel aperitivo-Esta deliciosa-dijo finalmente al dar una mordida. Como respuesta ella sonrió al ver que por lo menos había aprendido de nuevo a comer correctamente una salchicha.
Sigo buscando paz en mi mente
Es lo que deseo, nada más que eso, cielo
Estoy segura que la encontraré a tu lado
¡Tengo fe en los momentos que pasamos juntos, cariño!
Después de esa deliciosa salchicha les compro a todos un helado. Él se fue acercando a ella con dos conos en sus manos al verla sentada en una de las bancas, le extendió uno y ella felizmente acepto, era de su sabor favorito: chocolate.
-No deberías gastar tu dinero así-más que un reproche estaba preocupada por ser una carga para él.
-¿De qué sirve si no puedo gastarlo en lo que yo quiera?-cuestiono, haciendo que ella se transportara de nuevo a ese paseo cuando él se había quejado por ser rico pero aun así su tía abuela no le daba lo que él quería.
Si tú eres la luna yo seré tu estrella
A partir de aquí...
Podemos hacer que nuestro futuro brille
Consiguió unas pompas de jabón y les enseño a los demás como usarla, algunos se divertían en hacerlas y otras en atraparlas.
Y oh yo no quiero ser nunca la que mire atrás
Cariño, no te vayas y rompas mi corazón
Nunca te rindas hasta que lo intentemos
Yo nunca quise que fueras mi pasado
-Hay que subir a la calesita-se escucho de un niño y fue secundado por los demás.
-Sí, subamos todos-dijo esto para indicarle tanto a la Srta Pony como a la Hermana María que ellas estaban incluidas para subirse al juego, a lo cual ya no podían negarse al ver a todos los niños tan entusiasmados-Queremos dos vueltas-pidió efusivamente al técnico que manejaba la calesita.
-"Dos vueltas, significa: Un país con flores de amor"-la ojiverde recordó sin poder imaginar que Anthony pudiera haber recordado eso tambien, tenía que deshacerse de esa loca idea.
Cariño, no te vayas y rompas mi corazón
Nunca te rindas hasta que lo intentemos
Te quiero
Todos los niños estaban emocionados al estar todos arriba de la atracción, mientras que Candy subía a uno de los caballos junto con un pequeño niño, Anthony estando de pie mientras ayudaba a una niña mucho más mayor a sostenerse fuerte del caballo. Lo mismo hicieron la Srta Pony y la Hermana María, ya los niños que tenían más edad para estar solos lo estaban disfrutando de sobremanera. Y recordó, que alguna vez había soñado con aquel momento y fue gracias Anthony que podía hacerlo posible.
Tu felicidad es mi felicidad
Ahora ya no quiero llorar más
Sé lo que significa el amor
Me he dado cuenta
Lo aceptaré todo y estaremos bien
Aún te quiero
Te quiero
Cuando terminaron las vueltas Anthony ayudo tanto a los niños como a la Srta Pony como la Hermana María bajar cuidadosamente de la calesita, Candy cargo a uno de los niños para ayudarlo a bajar, pero cuando ella estaba a punto de bajar un niño que no pertenecía al hogar corrió rápidamente para escoger el caballo del color que quería montar a pesar de los reclamos de su madre, descuidadamente alcanzo a empujar a Candy, quien solo pudo cerrar los ojos a esperar el golpe.
Y oh yo no quiero ser nunca la que mire atrás
Pero no llego a tocar al piso, se atrevió abrir sus ojos y notar que estaba siendo envuelta por unos brazos de los cuales no deseaba despegarse, aferrándose impetuosamente a él.
-Te tengo-escucho cerca de su oído, haciendo que ella levantara su cabeza, encontrándose con esos ojos que la tenían hipnotizada y esa sonrisa que veía siempre en sus sueños.
Y oh yo nunca he querido ser parte de tu pasado
Sus pies seguían sin tocar el piso cuando él la giro para poder bajarla, sin embargo ella aún se sentía que flotaba en el aire.
Cariño
Oh...no
¡No!¡No!
Todo parecía regresar a la normalidad cuando los niños comenzaron a pedir la atención del rubio para seguir recorriendo todas las atracciones.
Y oh yo no quiero ser nunca la que mire atrás
Cariño, no te vayas y rompas mi corazón
Nunca te rindas hasta que lo intentemos
Yo nunca quise que fueras mi pasado
Sin embargo el corazón de Candy seguía acelerado, no solo por estar en los brazos de Anthony, sentir que en ellos se sentía plenamente segura, si no por los momentos que estaba pasando con él desde que había pisado de nuevo Lakewood.
Cariño, no te vayas y rompas mi corazón
Nunca te rindas hasta que lo intentemos
Te quiero
Le agradecía a Dios y a él por existir, por estar allí, deseando fervientemente estar más tiempo a su lado y que esos sueños que siempre había tenido con él finalmente fueran una realidad.
Cariño, no te vayas y rompas mi corazón
Nunca te rindas hasta que ambos lo intentemos
Te quiero
CONTINUARA…
¡Hola!
¿Como han estado?, este capitulo estuvo largo, al inicio dude mucho en empezarlo porque creí que no tendría mucho contenido, pero se fue como hilo de media, pero esta pareja, en verdad ayuda mucho, cumpliendo las fantasías de esta autora y las que faltan.
Agradezco infinitamente los comentarios, espero que ustedes se encuentren bien, encerrados, manteniendo la sana distancia. Una disculpa también por la tardanza pero también, no se, si por el estrés sufrí de dolores de cabeza, pensando que era migraña, entonces pues trate de calmarme. ¿Han padecido de algo similar?.
La verdad si con este capitulo no se enamoraron mucho mas de Anthony, neta no se que estoy haciendo mal, uno se enamora mas de él al escribirlo, las autoras que me leen ¿me entienden verdad?
Si se preguntan por Tom, saldrá, después, igual que Annie con Adam, aunque me estoy adentrando mas en la pareja principal, ¿y en Terry?, pobre hombre, espero que comprendan porque no se puede ir tan fácilmente de Nueva York.
Y Albert, ¿les dije traía algo entre manos?, él sabia que Anthony+Candy+Lakewood= es la combinación ganadora.
Songfic: Still Lovin' You - Namie Amuro
No olviden que si quieren seguir mas esta historia pueden darle like a la pagina de Facebook ALL FOR YOU - FFCC y la pueden buscar también como allforyoucandyFF.
Cuídense mucho y hasta la próxima.
#Quedateencasa
Besitos.
