Capítulo 17

Silenciosamente, Naruto dejó su set de habitaciones. Su madre y Sai habían completado los preparativos para la cena. Había sido interesante explicar como todos los platos que se sirvieran a su compañera necesitarían estar libres de cualquier carne o productos cárnicos.

Debido a la naturaleza de su dragón, la carne era un pilar para sus cuerpos. No estaba seguro de cómo manejaría su aversión a la carne el dragón de Hinata, una vez que la transformación fuera completa.

La transformación... ese era otro de los temas que iba a tener que explicarle. Estaba muy preocupado por cómo ella iba a manejar la situación. Había pasado por demasiados cambios en tan sólo unas pocas semanas. Quería tenerla aceptando su mundo y amándolo tanto como él lo hacía.

Ahora era su Reina.

¿Cómo iba a lanzar algo más en ella?

Caminando a través de la habitación hasta la sala de baño, Naruto se detuvo en la puerta bebiendo la visión de Hinata extendida en la bañera. El agua cristalina se agitaba suavemente alrededor de su cuerpo desnudo.

—¿Es posible estar celoso del agua?— pensó Naruto mientras se sintió endurecer.

Estaba tratando de darle a Hinata algo de tiempo personal. Estuvo la mayor parte del día en reuniones con sus hermanos y asesores de seguridad más cercanos, repasando la información que descubrió Shikamaru sobre su secuestro. Si la información era correcta, entonces había algunas graves amenazas para su pueblo a las que necesitaba hacer frente inmediatamente.

— Naruto, volviste.— dijo Hinata.

Levantó su brazo hacia arriba fuera del agua en una invitación para que se uniera a ella. Los ojos de Naruto se oscurecieron de deseo mientras se quitaba rápidamente la ropa. Bajando los escalones dentro del agua caliente, tiró a Hinata entre sus brazos, aplastando sus labios con los suyos.

—Eres tan hermosa, Elila.

Hinata se quedó sin aliento cuando Naruto agarró uno de sus pezones en la boca y empezó a chuparlo.

—Tú tampoco estás tan mal.— susurró Hinata.

Rápidamente se dio la vuelta empujándole contra los escalones y se sentó a horcajadas sobre su regazo, empalándose lentamente a sí misma en su gruesa longitud.

Naruto dejó escapar un gemido cuando sintió la dulce calidez de Hinata encerrándole.

—Oh, Elila, tú eres mi vida.

Empujando hacia arriba hasta que su longitud entera estaba enterrada dentro, Naruto envolvió una mano alrededor del cuello de Hinata tirando de ella hacia abajo para capturar sus suaves gemidos en su boca mientras con la otra mano agarraba su cadera firmemente en un esfuerzo por mantener el poco control que le quedaba. Hinata no podía soportar la presión, su sangre ardía con la necesidad de montarlo.

— Naruto, yo... te necesito.

Hinata gimió, sintiendo las calientes olas de deseo construirse más fuerte que nunca.

—¡Ahora!— gritó cuando una ola reventó.

Los ojos de Naruto brillaban intensamente mientras observaba los ojos de Hinata cambiar a estrechas rendijas y sus brazos y pecho comenzaron a ondular con colores azules pálidos, dorados y blancos.

Un suave gruñido salió desde su garganta cuando ella echó la cabeza hacia atrás y comenzó a montarle cada vez más rápido.

Deslizó sus manos por su espalda sintiendo su piel comenzar a cambiar a medida que los inicios de sus largas alas comenzaron a formarse. Su dragón estaba haciendo suaves cantos de acoplamiento que le llamaban, mientras luchaba para salir por primera vez.

El propio dragón de Naruto luchaba por liberarse mientras trataba de responder a la llamada de su pareja. Él apretó los dientes tratando de tirar de ella. Ahora no era el momento, Hinata no estaba lista, incluso si su dragón pensaba que lo estaba. En primer lugar necesitaba darle más tiempo para adaptarse a vivir aquí.

Consciente de que si no hacía algo rápido para detener a su dragón de tomar el control, ella iría a través del cambio allí mismo en la bañera, tiró aún más duro de su dragón.

Naruto dejó escapar un oscuro gruñido de advertencia al dragón de Hinata justo antes de que hundiera sus dientes en la unión entre su hombro y su cuello en advertencia de que él era el compañero dominante y para que el dragón de Hinata se sometiera a él.

Hinata no sabía lo que le estaba ocurriendo. Se sentía como si estuviera en llamas, su sangre hirviendo. Era casi como si hubiera algo dentro de ella luchando por salir. Podía sentir su piel hormigueando completamente por encima mientras ola tras ola la golpeaba.

Sentía la piel de la espalda como si estuviera a punto de estallar, como si miles de pequeños dedos golpearan a través rasguñando para salir.

Pequeños sonidos extraños, venían de ella, pero no parecía ser capaz de hacer nada al respecto. Era como si estuviera pidiendo algo, pidiendo algo que viniera por ella, a ayudarla.

Oyó a Naruto gruñir como si viniera desde lejos y el sonido se hundió profundamente en ella cuando sintió el destello de dolor y una explosión de deseo tan fuerte que llegó a su clímax, un grito silencioso desgarro su garganta mientras se convulsionaba alrededor de Naruto.

Naruto cerró los ojos mientras saboreaba la dulzura del flujo sanguíneo de Hinata en su boca cuando la mantuvo en un ancestral acto de dominación. Él gimió cuando sintió el clímax de Hinata envolverlo como un puño alrededor de su polla, apretándolo con fuerza hasta que no tuvo más remedio que liberar su cuello y gritar cuando su propio clímax fue forzado de su cuerpo. Se estremeció al sentir los calientes chorros de su semilla liberándose profundamente en el vientre de Hinata.

Entonces envolvió sus brazos alrededor de la esbelta figura de Hinata tirando de ella hacia abajo hasta que quedó tendida en torno a su pecho. Se sentía débil como un bebé recién nacido mientras lo último de su semen pulsaba dentro de ella.

Naruto quedó relajado, con su cabeza descansando en el lado de la bañera, sus ojos cerrados mientras acariciaba suavemente el pelo y la espalda de Hinata.

Nunca tendría suficiente de ella.

Tampoco lo estaría su dragón, quien estaba exigiendo que dejara que la transformación se completara, ya que quería estar con su pareja.

—Pronto, mi guerrero feroz, pronto serás capaz de aparearte como yo lo he hecho.— le aseguró Naruto a su dragón.

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—No puedo creer que lleguemos tarde.— murmuró Hinata entre dientes mientras se aceleraba el paso por aquel largo pasillo. —Hubiéramos llegado a tiempo si hubieras mantenido las manos quietas.

Naruto llevaba una tonta y satisfecha sonrisa en su rostro cuando contestó:

—Pero… necesitabas ayuda con tu vestido.

—Sí.

Hinata fulminó con la mirada a Naruto.

—Pero para ponérmelo, no para quitármelo.

—Pero, Elila, te ves tan bella sin tu ropa...— comenzó Naruto, volviéndose su sonrisa aún más satisfecha al recordar cómo acabaron haciendo el amor nuevamente cuando estaban tratando de vestirse para la cena.

Se había portado bien manteniendo sus manos lejos de ella después de que finalmente salieron de la bañera hasta que se dio la vuelta para pedirle que le atara las tiras que sostenían su vestido. El material de color azul oscuro acentuaba su cabello y cuando giró su gran cremoso cuerpo de nuevo hacia él, no pudo resistir pasar sus manos por ella, sobre el suave material que cubría sus pechos.

Ahora, debido a esa pequeña distracción, ellos estaban llegando retrasados alrededor de media hora con respecto a cuándo se suponía que empezaría la cena. Él y su dragón, nunca habían estado tan satisfechos.

—Además…— pensó Naruto con una enorme sonrisa, — la bella Simbiosis de oro tampoco parece descontenta si los destellos brillantes de su cuello, muñecas y orejas son una indicación.

Al mirar hacia abajo en los oscuros rizos brillantes de Hinata, apilados en la cabeza, podía ver los pequeños destellos de oro bailando hacia atrás y adelante a través de su piel que tomaban diferentes formas mientras ella se movía en pequeños pasos rápidos hacia el abierto comedor.

—Tienes que portarte bien.— dijo Hinata severamente deteniéndose momentáneamente para poner sus manos en las caderas dando énfasis. —No voy a estar incómoda frente a tu madre, hermanos, y Dios sabe quién más. ¿Me escuchas?

Naruto dejó escapar una risa mientras se abalanzaba para cepillar un ligero beso en los labios de Hinata.

—Creo que todo el mundo te escuchó, Elila. Pero, si te hace sentir mejor, voy a tratar de controlarme.

Hinata levantó una mano y la colocó suavemente en la mejilla de Naruto mientras que su otra mano se movió suavemente sobre la parte delantera de sus pantalones.

Levantándose de puntillas, ella movió su lengua a lo largo de la costura de los labios de Naruto

—Sólo hasta después de la cena.— gruñó ella suavemente antes de girarse y entrar en la gran sala.

Naruto sintió a su dragón gruñir en respuesta a las provocaciones de su pareja. Ajustando la parte delantera de sus pantalones, que se habían vuelto decididamente más apretados, Naruto gimió suavemente:

Nuestra compañera no está contenta con nosotros privándola. Tengo la sensación que la cena de esta noche va a ser muy larga y dolorosa para ambos. Respondió el dragón de Naruto dando un gruñido de frustración, mientras ambos observaban el suave vaivén de la deliciosa parte inferior de Hinata desaparecer por la puerta.

—¡Hinata!— gritó Hanabi con alegría.

Hinata se volvió a ver como Hanabi se acercaba a ella.

Estaba vestida con un par de pantalones oscuros y una camiseta blanca que colgaba baja sobre un hombro descubierto. Su cabello castaño oscuro caía en ondas alrededor de su pequeña cara, los reflejos púrpura capturando las luces.

Lo que realmente llamó la atención de Hinata era la longitud de la cadena, no la de oro de la Simbiosis, sino una larga cadena de plata que se enrollaba alrededor de la muñeca izquierda de Hanabi y en la derecha de Konohamaru atándolos juntos.

Hinata le dio un rápido abrazo a Hanabi.

—¿Estás bien?— susurró mirando preocupada a los ojos de Hanabi.

Hanabi se rió, volteando hacia Konohamaru una mirada traviesa.

—Oh, no hay nada malo. El muchacho amante aquí tiene la impresión de que por fin me ha atrapado y cree que una vieja cadenita me retendrá con él.

Hanabi se inclinó hacia delante mirando a Konohamaru mientras le susurraba a Hinata.

—La diversión acaba de empezar.

Hanabi sonrió con dulzura ignorando el gruñido de advertencia de Konohamaru.

Dando a Hinata una rápida señal, se alejó tirando de un furioso guerrero detrás de ella mientras bailaba dentro y fuera de la multitud presentándose ella misma.

Hinata saltó ligeramente cuando sintió una mano deslizándose alrededor de su cintura.

—Creo que mi hermano finalmente ha encontrado a su igual.— dijo Naruto con diversión.

—Eso espero.— dijo una voz ronca. —Parece que todos mis hijos hubieran podido.

Hinata se volvió para ver a una mujer mayor de increíble belleza mirando con diversión mientras su hijo mayor se volvía de un ligero tono de rojo.

—Madre, me complace que viajaras hasta aquí.

Kushina Uzumaki vió cómo su hijo mayor atrajo a su lado a esta pequeña mujer de manera protectora. Había llegado temprano con la esperanza de observar a cada una de las mujeres que fueron traídas hasta su planeta.

Kushina tenía que admitir que estaba intrigada, después de escuchar los rumores de que su hijo mayor se había apareado de verdad con una especie diferente de cualquier otra conocida por su especie.

Se impresionó con las otras mujeres. Cada una tenía sus propias características particulares.

Kushina se enamoró de la pequeña Hanabi, disfrutó del ingenio e inteligencia de Sakura e Ino, pero estaba preocupada por la que se llamaba Temari. Podía sentir una profunda tristeza en aquella.

Pero era la llamada Hinata en quien estaba más interesada en entrevistar. Se necesitaría una mujer fuerte para hacer frente a su hijo mayor. Ahora, estudió los rasgos delicados de la chica que, obviamente, había capturado el corazón de Naruto.

Dejó que su mirada se desviara hacia la marca del dragón en el cuello de Hinata. Por lo tanto, era cierto. Una especie que no era de su mundo había sido aceptada no sólo por un guerrero Bijuu… sino también por su dragón y su Simbiosis.

—Buenas tardes, cariño. Soy Lady Kushina Uzumaki, alta Reina y madre de este variopinto grupo de inadaptados.— dijo Kushina con una dulce sonrisa mientras se inclinaba y le daba a Hinata un beso en cada mejilla.

—Madre, no deberías llamarme inadaptado. Soy el Alto Rey, Líder de Bijuu, y un guerrero feroz.

Naruto frunció el ceño hacia su madre, tratando de intimidarla con una mirada feroz. Kushina dejó escapar una pequeña risita.

—Sí, bueno... me acuerdo de lo que tú y tus hermanos parecían con los traseros desnudos cuando os perseguía. Ve a buscar algún refresco para tu compañera y para mí. Estoy simplemente reseca de mi viaje.

Naruto dejó escapar un suave gruñido a su madre antes de cepillar un suave beso en la frente de Hinata.

—No creas una palabra de lo que dice. Todos nosotros nos comportábamos perfectamente cuando éramos unos jóvenes muchachos.

Hinata se rió mientras observaba a Naruto apresurarse hasta unas largas mesas llenas de todo tipo de alimentos y bebidas. Escuchar a la madre de Naruto meterse con él y sus hermanos le hizo darse cuenta de que quizás este mundo no era tan diferente de la Tierra.

Kushina enrolló su brazo a través del de Hinata, tirándola tras ella mientras se movía hacia un conjunto de enormes puertas que daban a un patio.

— Naruto.— dijo Hinata mirando sobre su hombro hacia donde Naruto había desaparecido.

—No tendrá problemas para encontrarte, querida. Simplemente necesito respirar un poco de aire fresco. Ha pasado un largo tiempo desde que he estado en torno a tantos otros.— dijo Kushina moviéndose más lejos dentro de la zona del jardín tenuemente iluminado.

Hinata miró a su alrededor mientras bajaba los escalones siguiendo a la madre de Naruto.

El jardín era impresionante. Enormes árboles bordeaban un lado mientras que los escalones continuaban bajando hasta que terminaban en el borde con vista a un océano de agua verde y blanca.

Flores de todos los colores imaginables, algunas del tamaño de platos y aún más grandes, parecían brillar expuestas a la suave luz, asentadas ocultas alrededor del área.

Hinata se acercó a una de las flores y suavemente tocó uno de los brillantes pétalos. La flor se cerró sobre sí misma. Sobresaltada, Hinata dio un chillido de sorpresa.

Kushina se rió mientras observaba a Hinata mirando tentativamente otra flor.

—Planté todas éstas flores muchos años atrás. La mayoría de las plantas provienen de la zona alrededor de mi casa en la montaña.

Kushina se acercó a la flor que Hinata tocó y suavemente dijo unas palabras en una baja voz musical. La flor se abrió cuando Kushina habló con ella.

—Tienes una voz muy hermosa.— dijo Hinata en voz baja mirando a la mujer de avanzada edad con una mezcla de curiosidad y asombro. —¿Cantas?

—¿Cantar?— preguntó Kushina. —¿Explícame eso?

—Es cuando dices cosas pero poniéndolas junto con una armonía. Algo así como lo que acabas de hacer. — explicó Hinata.

—No conozco eso de cantar. Uso palabras mezcladas con sonidos bajos para hablar con las plantas. ¿Me puedes dar un ejemplo de eso de cantar? ¿Lo haces mucho en tu mundo?— preguntó Kushina.

Hinata se sonrojó. No estaba segura de sí a la gente aquí en este mundo le gustaría su canto. Sabía que tenía una voz agradable. La heredó de su abuela y su abuelo.

Lo que no le gustaba era que era tímida a la hora de cantar delante de la gente, aunque había cantado frente a grupos grandes en Shelby toda su vida. Pero, de repente, no se sentía tan segura.

—Canta para mí, Hinata.— dijo Naruto, bajando los escalones hacia su madre y entregándole una copa. —Canta para mí de la manera que lo hiciste en tu montaña.

Dejó la bebida que traía a Hinata en la cornisa del balcón y se acercó a ella.

—Canta para mí, Elila.

Hinata puso sus manos en Naruto mirándolo a los ojos mientras cantaba una corta canción gaélica de amor que aprendió hace mucho tiempo de su abuela. Cuando terminó, Naruto se llevó sus manos a la boca y le besó suavemente sus nudillos.

—Hermosa, Elila. Igual que tú.

Hinata se sonrojó. Se volvió para mirar a Kushina que estaba mirándola con lágrimas en los ojos.

—Me gusta esto de 'cantar'. Sería un honor que me enseñases.

Hinata le sonrió a Kushina, sintiendo otro hilo de su desesperación disolviéndose lentamente a medida que se dio cuenta que había sido aceptada por un aliado muy importante, su nueva suegra.

—Ven, vamos a comer y disfrutar de las festividades.

Naruto sonrió triunfalmente al darse cuenta de que Hinata había dado un paso más aceptando su mundo. Envolvió sus brazos alrededor de las dos mujeres más importantes de su vida y las condujo al interior.

Ninguno de ellos vió las oscuras figuras escondiéndose en lo alto entre los enormes árboles. Una de las figuras, en particular, siguió centrado en Hinata hasta que desapareció de la vista.

Sólo entonces la última figura oscura se movió cautelosamente bajando del árbol para desaparecer en la oscuridad.

Continuará...