La paz y tranquilidad que sentía en ese momento no la había sentido en mucho tiempo. En sí, ni siquiera recordaba el último momento que había estado tan a gusto. Muchas veces había deseado volver a ser una niña cuando jugaba con sus hermanos sin ninguna responsabilidad; cuando la vida era color rosa y no tenía ninguna preocupación pesando sobre sus hombros. Este momento era lo más cercano a ese deseo. Si le dieran la oportunidad de quedarse en este instante por el resto de su vida, no lo pensaría ni un segundo.
La presencia de Maura apenas se hacía notar. Leía el libro que había estado ojeando en la mañana y que parecía haberla atrapado. Jane alternaba la mirada entre el atardecer sobre el océano y el cómo bañaba en su luz dorada a la mujer a unos pies de ella. Prefería mirarla a ella, aunque intentaba no hacerlo mucho.
No pudo dejar de hacerlo. Maura pasó la página que leía y se lamió los labios inconscientemente. Se había recogido el pelo de forma desorganizada con los dedos en una coleta y con su mano libre rozaba el material de la bufanda alrededor de su cuello. Jane le había bromeado diciéndole que "ese" era su estilo, el recogerse el pelo con los dedos. Ella se había mostrado genuinamente sorprendida ya que no se había dado cuenta. Cierto que la había visto recogerse el cabello de ese modo innumerables veces cuando hablaban por Skype, pero nunca pensó que Maura terminaría haciéndolo también.
—Puedo sentir tu mirada —dijo en voz baja sin ninguna pizca de molestia o incomodidad, cerrando el libro y dejándolo a su lado en el sofá para alzar la mirada hacia ella.
—Lo siento. No quería interrumpir tu lectura es que… —No podía decir lo que realmente pensaba. A veces ni ella misma entendía lo que estaba pasando por su cabeza. "¿Estás hermosa?" ¿Cómo podría decirle algo así sin que sonara raro? Aunque conociéndola tal vez solo le agradecería con una sonrisa. Ya había hecho el ridículo cuando empezó a decir ese tipo de cosas cuando estaba ebria, que, para su propia vergüenza, recordaba con perfección cada momento y cada palabra que había salido de sus labios. El solo pensar que Maura recordara con la misma exactitud la hacía desear enterrarse viva—. Estoy un poco aburrida —soltó sin pensar y se arrepintió al momento que se escuchó a sí misma, en el momento que vio el cambio de expresión en Maura. En ese instante se dio cuenta que sus palabras habían sido mal interpretadas.
—Oh… Lo siento. Se me pasó el tiempo con la lectura.
No tenía que disculparse por eso. No tenía que hacerlo y el hecho de que pensara que era necesario hacía que quisiera patearse.
—Por favor Maura, no te disculpes. —"Vaya forma de cagarlo" pensó. No soportaba la idea de que Maura se sintiera culpable por algo tan insignificante. Ella no estaba ahí para entretenerla sino para acompañarla, algo que ha estado haciendo a la perfección y sin ninguna obligación.
—He estado entretenida también. —Y era cierto, podría quedarse viendo el atardecer hasta que la noche llegara.
—¿Mirándome? —Preguntó y a Jane le tomó un segundo para recuperarse de lo directa que había sido. Algunas veces olvidaba lo tanto que podía llegar a serlo. Al principio había sido algo difícil de creer que una persona no pudiera mentir y mucho menos que fuera así de directa (y ni hablar de la reacción que tenía con solamente intentarlo). Lo bueno era que no era irrespetuosa, más bien terminaba siendo algo adorable, al menos para ella.
—Sí. —Decidió probar ser tan directa y honesta como su amiga.
Maura permaneció en silencio por unos instantes, mirándola. ¿Acaso Maura Isles se había quedado muda? Jane no pudo contener la leve sonrisa que comenzaba a dibujarse en sus labios. Se sentía como una pequeña victoria.
—¿Deseas hacer algo?
—¿Recuerdas el paseo marítimo que vimos cuando fuimos a la tienda?
—Claro.
—Eso.
—Jane, necesitaré que elabores un poco más tu respuesta para poder entender lo que deseas.
—Pensé que podríamos aprovechar el atardecer y disfrutar más de este lugar si vamos a caminar.
—Un paseo —repitió, preguntándose si su amiga se encontraba bien.
—Caminar.
—Tan elocuente como siempre. —Se levantó y Jane frunció el ceño—. ¿Te quejarás del frío otra vez?
—Siempre me quejo del frío. Uno pensaría que ya me hubiera acostumbrado después de vivir toda mi vida en Boston.
—Pensé que te gustaba el frío. Al menos eso dijiste ayer en la noche.
—¿En serio? —titubeó sintiendo sus mejillas enrojecerse. Ahora estaba claro que Maura sí recordaba. Era de esperar; no había estado tan ebria como ella.
—No podría mentir —respondió mientras se ponía la chaqueta de cuero negro.
Jane interpretó sus movimientos como respuesta así que se levantó de inmediato y buscó su abrigo.
No estaba demasiado frío, aunque se estremecía con cada ráfaga de viento. Maura caminaba a su lado y le hablaba de todas las tiendas que conocía en el área y las que le faltaban por visitar.
—Mucha gente ha de venir en el verano —comentó.
—Sí, aunque solo vengo en primavera y otoño. Hay muchos turistas en el verano y es un poco abrumador.
Las dos caminaban lento sin ningún apuro. A un lado tenían el mar y al otro había varios puestos de comida y tiendas que, para sorpresa de Jane, tenían varios clientes. Se había imaginado que no verían a más de diez personas en el paseo, pero más equivocada no podría estar. Ya se hacía una buena idea del volumen de personas durante la temporada de verano.
La morena la miró de reojo con un brillo en los ojos. Los colores del atardecer en el rostro de Maura eran realmente hermosos. No tenía maquillaje y aun así su tez era inmaculada.
—Me gustaría tener otro perro algún día. Tal vez uno más grande que le haga compañía a Jo cuando yo no esté en casa —comentó sin apartar la mirada del labrador que caminaba sin correa al lado de su dueño.
—Puedo visualizarte con un perro grande. Tener una mascota, especialmente un perro, ayudaba mucho con nuestro ánimo. No hay nada mejor que llegar a casa y saber que están ahí esperando a que llegues. Y son muy incondicional, realmente son criaturas fascinantes.
—Maura Isles ¿Acaso tienes una mascota y no me he enterado? Cómo es eso posible. Nunca he visto o escuchado algún perro mientras conversamos.
—Porque no es un perro… y no hace ruido con excepción de cuando choca con algo.
Jane arqueó una ceja, intentando deducir qué tipo de mascota no haría ruido.
—¿Qué es entonces?
—Es una tortuga. Se llama Bass.
—Una tortuga... Pensé que las tortugas te ignoran. ¿No es peor que tener un gato?
Maura rio divertida. Una cosa era escuchar lo que decía Jane y otra muy diferente era ver la confusión reflejada en su rostro.
—Lo tengo hace años, desde que era niña. Tenemos una buena relación.
—Ummm. —Ella no podría tener una tortuga de mascota, aunque tal vez fuera mejor que un perro o un gato. Entre más lo pensaba más ventajas encontraba para tener una tortuga, y entendía mejor el por qué iba tan bien con Maura.
—¿Nunca has deseado tener una mascota más… comunicativa?
Las dos se hicieron a un lado para permitir que unos jóvenes en bicicletas acercándose rápidamente pasaran.
—Sí, pero mi trabajo me impediría atenderlo como es debido. Viajo mucho dentro y fuera del estado; consultaciones, conferencias… No tengo a nadie para que cuide de mi mascota.
—¿Qué pasa con Bass cuando viajas?
—Se queda en un hotel. —Retomaron el andar, pero Jane no dejaba de mirarla boquiabierta.
—Perdona, ¿dijiste hotel?
—Sí. Es un servicio que aprecio mucho y el cuidado es excelente.
—No sé cómo haces para que todo lo que digas suene interesante. Aunque un hotel para mascotas… supongo que tiene sus ventajas. —Se metió las manos en los bolsillos, sonriendo a la vez que movía la cabeza de un lado a otro.
—Es la primera vez que alguien me dice eso. Tiendo a aburrir a las personas…
—Eso porque no saben apreciar todo ese conocimiento que compartes. Al menos yo lo aprecio.
—Tal vez ya te acostumbraste.
Jane sacudió los hombros y las dos continuaron caminando en silencio por un largo tramo hasta que una tienda de antigüedades en una esquina llamó la atención de la rubia. Jane se quejó, pero la siguió arrastrando los pies.
—¡Buenas noches! —Saludó una chica saliendo de detrás del mostrador para acercarse a ellas. No podía tener más de veinticinco años—. Si necesitan ayuda con cualquier cosa –en lo absoluto- remarcó lanzándole una mirada a Maura—. No duden en preguntar.
—Es muy amable de su parte, gracias —respondió Maura caminando hacia el fondo, mirando a su alrededor.
Jane frunció los labios preguntándose si lo que había acabado de pasar había sido ideas suyas y cómo era posible que Maura no se había percatado… siendo tan inteligente a veces podía llegar a ser muy ingenua.
—Hay tantas maravillas aquí —susurró sin saber en qué enfocarse. Jane la seguía de cerca, mirando a la chica del mostrador por encima del hombro.
—Todo está viejo. —Maura se detuvo en seco y la miró incrédula. ¿Acaso no había visto el nombre de la tienda? ¿Qué esperaba ver? —No digas nada. —Alzó las manos—. Acabo de escucharme a mí misma. —Iba a decir más, pero una pelota de béisbol con una firma capturó su atención y tenía que chequear de quién era.
Maura mantuvo la mirada sobre la morena por varios segundos; la sensación desagradable e inexplicable que había sentido antes estaba regresando. No podía ponerle nombre a lo que sentía, solo era consciente que regresaba al mirarla y pensar que solo les quedaban unas horas. Era justo lo contrario de lo que sentía siempre que Jane se acercaba. "¿Ansiedad?" pensó y tragó en seco.
—¿Ha encontrado algo de su agrado?
Maura se volteó para encontrarse con la chica que la había recibido.
—Sí, muchas cosas… aunque… ¿Está a la venta? —Señaló un atrapasueños en lo alto de la pared. Parecía más una decoración y no algo que estuviera a la venta.
—Todo lo que ve en esta tienda está a la venta —replicó con viveza.
Mantuvo la mirada sobre la joven que no dejaba de sonreírle con amabilidad y le obsequió una sonrisa fugaz antes de volver la mirada hacia el objeto. No era muy grande ni muy pequeño, el tamaño era perfecto. Nunca había creído en las supersticiones, pero quería ese atrapasueños para Jane.
La morena, que estaba examinando la pelota de baseball, se enderezó al escuchar la voz de Maura. Estaba al otro extremo de la tienda, pero podía escucharla aunque no pudiera descifrar sus palabras. Sus instintos hicieron que lanzara una mirada hacia el mostrador; la joven no estaba. Tenía que ser la persona con la que Maura hablaba.
En ese instante perdió todo el interés en la pelota y se desplegó por el pasillo lentamente, deteniéndose al ver el cabello oscuro de la joven y luego escuchó su risa ¿De qué estaban hablando?
Una sensación desenfrenada corrió por sus venas al escuchar la risa de su amiga ¿Acaso estaba celosa? No podía estarlo. Pocas veces lo ha estado en su vida y eso era tomando en cuenta las instancias con sus hermanos. Su mente le pedía que se alejara, que fuera de regreso al otro extremo de la tienda donde no podría escucharlas. Su reacción había sido tan anormal que la enfermaba y le dejó un mal sabor en la boca.
"No es contigo ni por ti"—Escuchó una voz en su cabeza y su corazón comenzó a palpitar con fuerza. No era agradable. No era el mismo sentir que había experimentado cuando vio a Maura abrir los brazos en el balcón, dejándose abatir por el viento. Esta vez no era ella la razón de su risa y la sensación que ese conocimiento provocaba en su interior era lo más desagradable que había sentido en un largo tiempo.
Intentó mantener la mirada fija en el mar que se podía apreciar desde la entrada de la tienda. Necesitaba dejar la mente en blanco. Pensar en cualquier otra cosa.
—¿Ha encontrado algo de su agrado?
Jane se volteó sorprendida de ver a la joven a su lado.
—No. —dijo sin demasiada convicción. La pelota le había gustado bastante solo que ahora sus pensamientos habían sido reemplazados por algo más.
—¿Se encuentra bien? —Preguntó con una sonrisa afable.
La mirada en blanco de la morena la había preocupado.
—Claro —contestó rápidamente y frunció los labios al seguir la mirada de la joven hasta su mano izquierda. Su anillo, estaba mirando su anillo y eso, por alguna razón, molestó a Jane. Tal vez había sido por la sonrisa de lado que apareció de la nada. No necesitaba ser una buena detective para saber lo que estaba pensando.
—Cualquier cosa que necesite me avisa. Estamos ofreciendo una oferta de un descuento de 30% en toda la tienda.
—Una oferta muy generosa.
La joven asintió complacida y regresó al mostrador de recibimiento.
Las dos mujeres entraron por la puerta con expresiones muy distintas en sus rostros. Maura entró primero con una sonrisa divertida y Jane la siguió con labios aún fruncidos.
—Te estaba comiendo con la mirada—repitió—. Hasta a mí me incomodó.
Maura soltó otra carcajada dejando la bolsa de compras sobre la isla de la cocina. Cuando Jane había propuesto aprovechar el atardecer para dar un paseo, no imaginó que las cosas terminaran de ese modo.
—A mí no me incomodó —repuso, sacando el atrapa sueños de la bolsa, examinándolo detenidamente. La joven de la tienda había sido muy amable con ella, en eso Jane tenía razón, aunque no pensó más allá del simple hecho de que estuviera haciendo su trabajo.
—Hasta te dio su tarjeta. —Hizo una mueca, tumbándose en el sofá.
Maura buscó la tarjeta en el fondo de la bolsa, echándole un vistazo; tenía el nombre de la tienda y el número de teléfono.
—Este es el número de la tienda —explicó aun riendo. Comenzaba a pensar que Jane estaba celosa.
—Aja. ¿Por qué no le das la vuelta? —Sugirió y Maura lo hizo.
—Oh…
Jane se sentó derecha en el sofá, mirándola sorprendida. Lo había dicho en broma y el hecho de que sí hubiera escrito su número en la tarjeta la dejó sin habla.
—¿Cuántas veces te ha pasado esto que no te sorprende tanto?
—Muchas veces. Muchas personas me consideran una mujer atractiva, Jane.
Jane se puso de pie y se sirvió una copa de vino, sintiendo la mirada de su amiga sobre ella. Sin preguntarle si deseaba un trago buscó otra copa y Maura sonrió agradecida.
—Sé que eres atractiva, cualquier tonto podría verlo. O sea, sé que he estado casada y los tiempos han cambiado, pero, Dios, ¿La gente es así de directa hoy en día? ¿Y una mujer? —Preguntó incrédula, tomando un largo sorbo de vino.
—También disfruto de encuentros sexuales con mujeres y también me encuentran atractiva —comentó con normalidad y Jane casi se ahoga con el vino.
—Joder, Maura. —Logró decir entre tos.
La rubia la miró con un brillo en los ojos que despertó la curiosidad en ella. Era la primera vez que veía ese brillo.
—¿Me estás diciendo que eso te pasa mucho con mujeres?
No sabía si se refería a que la encontraran atractiva o al sexo, pero igual asintió, degustando el vino por primera vez.
—Sabes que me he enfocado en mi vida profesional —dijo en un tono tan suave que hizo que Jane se estremeciera—. Leña es atractiva —reflexionó, girando la tarjeta entre sus dedos, articulando los números escritos.
—No estarás pensando en…
La rubia tomó otro sorbo de vino, mirándola pícaramente.
—Imaginarte con otra mujer… —susurró mirando hacia el balcón y entonces cayó en cuenta que lo había dicho en voz alta y que la mirada de Maura ahora estaba clavada en ella. Esperando.
—¿Te incomoda mi sexualidad? —Preguntó cuando no dio señal de querer terminar la oración.
Jane no esperaba menos. Después de todo la honestidad y espontaneidad de Maura eran unas de las muchas cosas que le gustaba tanto de ella.
—No me molesta ni me incomoda tu sexualidad. No es solo mujeres.
Ante esa respuesta Maura ladeó la cabeza más confundida que antes. Jane se dio cuenta que se había acabado de enterrar a sí misma, pero aún estaba procesando el significado de sus propias palabras. ¿Por qué reaccionaba de ese modo? ¿Por qué… por qué Maura la hacía cuestionarse tantas cosas?
Maura no dijo ni una sola palabra. Se limitó a observar el cambio de expresiones en ella. Era realmente cautivante. Aún no estaba segura si Jane actuaba de esa forma por sus morales o si estaba celosa de la atención que había recibido por la otra mujer.
—Jane —dijo en un tono suave, preparándose mentalmente para la respuesta que, aunque fuera improbable no era imposible. Cuando estuvo segura de tener toda su atención, inhaló profundamente y no lo pensó un segundo más —¿Estás celosa?
Jane se quedó inmóvil, sosteniendo la copa de vino cerca de sus labios, apenas rozándola. Maura estaba segura que iba a responder con una broma; siempre lo hacía cuando se encontraba entre la espada y la pared. Nada ocurrió. Ni una sola palabra fue dicha, todo lo contrario. El silencio comenzaba a preocuparla. Jane pestañeó varias veces sin apartar la mirada. Maura estuvo a punto de mencionar su nombre, pero se mordió la lengua cuando Jane colocó la copa sobre la mesa.
Apenas habían transcurrido unos segundos desde que hizo su pregunta, pero se sintieron como una eternidad.
—Sí. —Su dedo índice rozaba la boca de la copa lentamente antes de volver alzar la mirada—. Sí estoy celosa —reafirmó.
Eran pocas las veces que el cerebro de Maura Isles dejaba de analizar las cosas… y en ese momento podría jurar que había olvidado hasta su propio nombre. No se esperaba esa respuesta, ni siquiera estaba en su lista de improbables.
Sus miradas permanecían conectadas y aunque quisiera apartarla por ser consciente de que su sorpresa estaba plasmada en su rostro sin ningún tipo de moderación, no podría.
—¿Por qué? —fue lo único que pudo decir y la voz le tembló.
Jane metió las manos en los bolsillos de su chaqueta y suspiró profundamente. No sabía por qué había sido honesta o por qué quería seguir siéndolo. No procesaba sus palabras. No pensaba antes de hablar ni en las consecuencias. Solo quería decir cómo se sentía en ese momento… tal vez de ese modo podría entenderlo ella misma.
—No estoy segura del por qué —contestó con sinceridad—. Pero la idea de... imaginarte con una mujer me enferma.
Maura la miró dolida y Jane se dio cuenta de cómo sus palabras habían sido malinterpretadas.
—¡No me malinterpretes! Quería decir…. No me importa con quién te acuestes, con quien estés… hombre o mujer. Es el acto de estar… —Se pasó las manos por el cabello, frustrada y nerviosa por no poder explicarse mejor. Tenía que callarse.
—De que no seas tú. —Las palabras las estremeció a las dos y Maura se arrepintió al instante que se escurrieron entre sus labios.
Los labios de Jane se movieron vacilantes, llamando su nombre sin que ningún sonido saliera de su garganta. Sus pies se movieron solos dándole la vuelta a la isla hasta quedar enfrente de ella.
—¿Es eso? —insistió sintiéndose atrevida.
—Maura… —susurró al encontrar su voz, sorprendiéndose al sentir sus ojos arder y cerró los puños con fuerza dentro de los bolsillos. Ya no sabía qué sentía o cómo interpretarlo. Era demasiado; el conflicto de emociones sin duda terminaría enloqueciéndola.
Maura tomó un paso hacia ella, apenas dejando unos centímetros entre las dos. Los ojos de Jane brillaban con algo que no podía descifrar y, por un instante, por un impulso insólito, se acercó aún más sin dejar de mirarla a los ojos. No pensaba, solo dejaba que su cuerpo tomara el control aunque fuera por un segundo. Un segundo de no cuestionarse a sí misma. Cerró los ojos para no ver la expresión de asco, para no ver cómo sería rechazada.
No fue así.
La única respuesta que obtuvo fue el sentir de la respiración agitada de Jane sobre sus labios. Un gemido ahogado fue reprimido en su garganta y unió sus frentes, cada una sintiendo el aliento de la otra en sus propios labios.
Tan cerca pero tan lejos.
Su cuerpo había perdido el control y su mente estaba de vuelta al mando. Haber sentido el aliento húmedo de Jane sobre sus labios arrancó la poca cordura que le quedaba e hizo que volviera a la superficie.
Su labio inferior temblaba y las manos que ahora sostenían los bíceps de Jane, aferrándose a ella, también.
—Tu mundo se detiene y yo no encuentro una explicación... —fue apenas un susurro que provocó que la respiración de Jane se detuviera.
Maura se separó lentamente, devolviendo el espacio personal para que respirara.
Las dos tuvieron un entendimiento mutuo con solo sus miradas. Maura asintió antes de alzar una de sus temblorosas manos para limpiar la lágrima que se deslizaba por la mejilla de Jane.
Este era territorio prohibido para ambas y sin querer lo habían traspasado momentáneamente.
—Lo siento —murmuró, inhalando profundamente como si el oxígeno en sus pulmones no fuera suficiente.
—Shhh. —Colocó el dedo índice sobre sus labios—. No digas nada. Por favor.
—Pero…
—Fue una pregunta imprudente… —Se giró dándole la espalda, cerrando los ojos con tanta fuerza que vio blanco. No se podía permitir otro error como ese y a la vez no podía dejar a lado la pizca de esperanza que volvió a renacer en su interior.
Las dos lo habían sentido. No necesitaban describirlo con palabras, tampoco podrían. Maura aclaró la garganta deseando que ese momento no arruinara la relación que tenían. Que su confesión no cambiara nada. Por Dios, lo había dicho. Sus palabras se repitieron en su cabeza y una nueva ola de pánico la sacudió. Apenas estaba procesando lo ocurrido. No entendía la razón de las lágrimas de Jane ¿Acaso no pudo negarlo porque era cierto? ¿Acaso esa era la razón de sus celos? La actitud de Jane había sido tan inusual que la tenía muy confundida.
Jane por su parte quería explicarse, lo sabía, pero no podía permitírselo, no estaba segura de querer escuchar su explicación. No estaba lista para escuchar un rechazo. El mismo que sabía que siempre habría desde un principio. Nunca se había hecho ilusiones, al menos no conscientemente. Por eso no podía comprender cómo había sido tan débil para decir aquello "...y yo no encuentro una explicación" Sentía que iba a vomitar.
—Tu celular.
—¿Qué? —La miró, perdida en sus pensamientos.
—Es Ella —avisó, sosteniendo el celular en su mano, esperando a que lo agarrara—. Maura, tienes que contestar —dijo al ver que no reaccionaba.
—Claro —murmuró disculpándose y agarró el celular con un roce de sus dedos.
—Ella —suspiró—. Perdona la demora.
—Estaba a punto de enviarte la información del vuelo en un email.
—Eso sería conveniente. —Lanzó una mirada hacia la morena que entraba en el cuarto baño. Caminó hasta el vidrio que la separaba del balcón, mirando su reflejo y mordiéndose el labio inferior antes de cerrar los ojos.
—Bueno, todo está en orden y te acabo de enviar la información a tu email. Ahora cuéntame ¿Cómo te ha ido? Tu madre ha estado preocupada.
—¿Preocupada? ¿Por qué?
—Ya sabes cómo es. No es nada. No te preocupes tú, pero dime ¿Cómo están?
La línea permaneció en silencio por varios segundos.
—Ella —dijo en un susurro tembloroso, asegurándose de que Jane siguiera en el baño—. No sé qué está pasando, Ella —susurró y la mujer permaneció en silencio dándole chance a que siguiera.
—¿A qué te refieres?
Maura apoyó la frente sobre el vidrio, cerrando los ojos con más fuerza.
—Tenías razón —murmuró—. No puedo detenerlo. Lo he intentado, pero no puedo negarme más lo que me come por dentro… No sé qué hacer. No quiero perderla.
—Maura… ¿Acaso tú y Jane…?
—No, no. Es solo que... todo es tan confuso. No sé cómo lidiar con esto —sonaba desesperada y cerró la boca cuando escuchó el pestillo de la puerta del baño—. Tengo que colgar, hablamos mañana. —Terminó la llamada sin darle chance a decir alguna palabra.
—¿Ella está bien?
—Sí —contestó, buscando en su correo la información que le había enviado—. Mi vuelo será a las 7:35PM.
—No puedo creer que ya tengas que regresar.
—Yo tampoco, el tiempo ha pasado demasiado rápido.
—Y pasa muy lento cuando estás en Nueva York.
Maura asintió evitando su mirada.
—Jane…. —Dejó el celular sobre la mesita de café y caminó hacia ella—. Quería disculparme por mi atrevimiento antes. Estuvo fuera de lugar.
—No tienes que disculparte. No es necesario… yo también estuve fuera de lugar…
—¿Solo quiero saber si te sientes incómoda conmigo?
—¿Incómoda? Eres una de las personas que… —pausó y tragó en seco. Nunca pensó que diría esas palabras en voz alta y mucho menos a ella—. La comodidad que siento contigo es incomparable. No me importa lo que te guste o no. Me siento bien contigo, Maur. No lo cambiaría por nada... Así que no pienses esas cosas. Tu honestidad y espontaneidad tampoco es una molestia, sabes que es algo que me gusta y aprecio mucho.
—Eso me tranquiliza.
—Me alegro. Ahora quita esa cara que te van a salir arrugas.
Maura no pudo evitar reír y Jane sonrió feliz de volver a ver esa sonrisa. La normalidad del momento la reconfortó inmensamente a la vez que sentía un vacío crearse en su interior. ¿Normalidad? Ya ni siquiera podía explicarse a sí misma qué era eso cuando estaba cerca de Jane. Ya no podía explicarse tantas cosas.
—Ahora ¿Dónde pongo este atrapasueños?
—Aquí no. Lo puedes poner sobre la cabecera de tu cama. Los Ojibwe creían que los malos sueños eran capturados por la malla y se deshacían con el primer rayo de sol. Los buenos sueños pasan por el centro hacía la persona durmiendo.
—Mi madre enloquecerá cuando lo vea.
—¿Eso es bueno o malo? —preguntó divertida.
—Bueno para ella y malo para mí. Ya me imagino las mil preguntas que me hará.
El celular de Jane comenzó a sonar esta vez y frunció el ceño deseando que no fuera malas noticias porque era el tono que usaba para Frost y Korsak.
—¿Frost? —Preguntó Maura y asintió mientras leía su mensaje.
—Dice que todo está tranquilo y que no hay nuevas noticias con nuestro caso. Cavanaugh nos ha puesto en otros por ahora… es inquietante que se haya detenido así de la nada. No es normal ¿sabes? Estaba practicando, mejorando….
—¿Y si no ha dejado de hacerlo? Tal vez es más cuidadoso deshaciéndose de los cuerpos.
—Eso no sería bueno… Desde que dejó ese paquete no puedo evitar pensar que me está vigilando… esperando el momento adecuado para atacar.
—No puedes pensar de ese modo, Jane. Enloquecerás…
La morena rio entre dientes.
—Tal vez ya lo estoy. Loca. —dijo con una sonrisa a media.
—Puedo asegurarte que no lo estás.
—Pensé que para estar segura necesitas hacer pruebas.
—Cuando se trata de una autopsia.
Jane negó con la cabeza y una sonrisa en los labios. Se encaminó hacia la mesa y se sirvió otra copa de vino, tomándosela de una sin tomar el tiempo de apreciarlo.
—No deseo seguir hablando sobre el caso, para eso está el trabajo. —Esas mismas palabras eran las que intentaba repetirse constantemente, intentando mantener su vida profesional separada de la personal. Algo casi imposible para una detective—. Estamos de vacaciones. Espero que algún día tengamos más tiempo en nuestras manos. No me gusta estar contando cada minuto que te queda aquí, que tenemos.
—Entonces no lo hagas —le sonrió con tristeza, intentando seguir su propio consejo.
Esa noche Maura se acostó primero. Sus ojos estaban cerrados y su respiración lenta y constante; intentaba meditar, pero siempre terminaba con un suspiro frustrado. No podía cerrar los ojos sin que la conversación que tuvo con Jane volviera una y otra vez, repitiéndose en su cabeza como un disco rayado. Sus ojos se abrieron de repente cuando la puerta del cuarto baño se abrió lentamente. No se habían preguntado dónde dormirían, ni una sola palabra. Jane la siguió por las escaleras hasta la habitación y lo único que le dijo fue que se bañaría.
—¿Ya duermes? —susurró mientras subía en la cama.
Maura cerró los ojos, sintiendo la frescura de su piel tan cerca y la fragancia del jabón de lavanda.
—No. —Tragó en seco al sentirla acercarse más—. Esperaba —dijo y hasta ese momento no se había dado cuenta que lo hacía, que por eso no se podía quedar dormida.
Jane no cuestionó su respuesta y Maura sonrió al escuchar lo que dedujo ser algo muy parecido a un ronroneo.
—Buenas noches, Jane —susurró.
—Buenas noches, Maur.
"Normal... nada ha cambiado" fue lo último que cruzó por sus cabezas antes de rendirse al sueño.
Notas de Autor: ¡He vuelto! Perdón por la espera para este capítulo. Sin dudas ha sido un par de semanas bien raras, especialmente con la cuarentena, ya que sigo en eso (vivo en EEUU -_-). Espero que este cap les guste :) es uno de los que más he disfrutado escribir. Saludos!
