Capitulo 18

Una suave brisa de mar

En un oscuro calabozo, escondido entre unas montañas que lindaban con las murallas, se encontraba la princesa rodeada solo de piedras frías y húmedas mirando por la pequeña abertura que había a lo alto. Pero hacía un tiempo que no comía y que nadie se acercaba hacia ella.

-¿Qué habrá pasado? ¿Mi padre habrá ordenado que me dejaran de alimentar?… seguramente- expreso casi sin aliento.

La puerta no se había abierto en días y ya no tenía tantas fuerzas como antes cuando por fin siente en su rostro una fría brisa. Se acercaba una tormenta.

-Si llueve podre tomar un poco de agua- se dijo a si misma mientras trataba de levantarse del suelo para acomodarse lo más debajo de la pequeña abertura.

Y pronto comenzó el cielo a cubrirse de unas nubes negras, las cuales lo cubrían todo. Comenzó a llover y una brusca tormenta eléctrica resonó por el lugar iluminando por momentos aquel sitio oscuro.

Aquellas gotas cada tanto salpicaban sus manos, las cuales ella estiraba cada vez en lo alto en un intento de recoger algo más de aquel liquido con el cual calmaría su sed. Pero la falta de alimento y toda la situación le estaban quitando la poca cordura que le quedaba.

Cuando oyó sutilmente una voz que le resulto familiar y la hizo volver en sí.

-¡Serena, Serena!-

-¿Qué? ya escucho mi nombre, ¡no estoy sola! - enseguida se opaco- pero si estoy sola, no hay nadie aquí conmigo, me estoy volviendo loca, ya estoy alucinando-se dijo y comenzó a llorar desconsoladamente.

-Serena no seas tonta no soy ninguna ilusión, aquí estoy- era una de las cortesanas de la reina que le hablaba detrás de la puerta.

-¿Qué haces aquí, como me encontraste? ¿Tu eres quien me traía de comer? ¿Por qué ya no traes nada contigo? ¡Me muero de hambre!-

-Calma, calma todo a su tiempo-

Esa mujer tenía sus medios. Hace un tiempo que estaba evitado ser exiliada, siempre tenia algún truco para que el Rey ni note su presencia y cuando lo hacia, simplemente la ignoraba. Una vez en los jardines escuchó a escondidas a una joven pareja comentar sobre la princesa, con lo cual un día decidió seguir aquel soldado cuando este fue por el alimento para la misma.

-¿Cómo?- estaba desorientada.

-Eso no importa, prepárate, durante la noche volveré para sacarte-

-¿Por qué no ahora? ¡Sácame de aquí!-

-No Serena, necesito hacer algo antes, además aun es de día, nos pueden ver y es muy arriesgado, volveré al anochecer-

Serena se quedo quieta sin comprender porque se marchaba y en el mismo instante, como si aquella mujer lo supiera la tormenta se disipó poco a poco hasta quedar de nuevo el cielo tan despejado como vació, alejándose al igual que la misteriosa mujer.

La jovencita se quedo inmóvil como si se estuviera contemplando algo que se le acababa de escapar, pero aun asi esperando su regreso.

No había pasado tanto tiempo, apenas unos años allí encerrada, pero para ella había pasado toda una vida en aquel sitio.

…..

Entrando al anochecer en una de las salas del castillo una hermosa mujer utilizó sus encantos para enamorar al guardia más leal del rey y hacerle creer que se acostaría con él.

-¿Qué haces aquí?-

-Me encuentro muy sola y está oscureciendo-

-¿Qué pretendes mujer?-

-Nada, simplemente vine a saludar, ¿o acaso no está permitido?-

Se le acercó cautivadoramente hasta estar a pocos centímetros de este.

-Sabía que volverías por mas- dijo atrapándola entre sus brazos y besándola de una manera asquerosa.

-Claro que si, me he dado cuenta de que lo necesito- pronuncio soltándose levemente de el- ¿Qué te parece un poco de vino?-

-Me parece muy bien- este se sentó en un gran sillón que se encontraba ahí- Sabes, pensé que nunca más volverías a mí-

-¿Por qué pensabas eso?- le preguntó mientras disimuladamente le había colocado unas gotas provenientes de un pequeño frasco de vidrio.

-Nunca más me dejaste que te tocara, siempre huías de mí, como si la última vez no te hubiera gustado, o como si algo no permitiese que me acercara a ti- se quedo pensativo unos segundos.

Esas palabras le retorcían el estomago pero tenia que evitar que sospechara.

-Estuve muy ocupada todo este tiempo, mis labores...- trató de escudarse y sin perder tiempo se le acercó coqueteando aun mas.

-Eras una niña pero ahora ya no, eres una mujer muy hermosa- él era unos cuantos años mayor que ella.

Tragando saliva para no escupirle en el rostro le entregó la copa con el vino.

-Por la niña más hermosa que he tenido… y tengo- exclamó haciendo un además de brindis.

-Dime, ¿cómo fue tu día? agotador me imagino- cuestionó sentándose en su regazo.

-Lo de siempre mi niña, las tareas de alguien tan importante como yo dejan a uno destrozado y solo lo que desea al anochecer es a una hermosa joven que lo cobije-

-Para eso estoy su majestad- hizo énfasis en estas últimas palabras.

-Me gusta como suena, dilo nuevamente-

-Su majestad-

Repitió un par de veces más a solicitud de aquel soldado y continuó con el juego unos minutos más hasta que este se quedó completamente dormido.

La joven sabía que no solo emborrachándolo lograría quitarle las llaves. Este era el cuidador de todos los juegos de llaves del castillo, hasta del calabozo en el cual se encontraba la princesa, sin el mismo saberlo.

La cortesana no podía pedírsela al joven soldado, ya no, así que no tenía otra escapatoria, era esta oportunidad o nunca. Y así lo logró y se marchó lo más rápido que pudo del lugar.

Continuará…