Habemus 4 temporada y nuevo capitulo! Gracias por leer y por sus comentarios :D

La última caravana élfica partió no hacía mucho, dejando en las calles de Katolis un descanso después de tantos días de fiestas. Los elfos que aceptaron quedarse estaban esparcidos por todo el reino todavía, sin saber que harían después de que Solveg en nombre del rey Niilo y Ezran; el monarca real de aquellas tierras, hubieran llegado a un acuerdo mutuo de convivencia entre ambas razas. Muchos de ellos parecían estar animados de convivir por el resto de sus días con los humanos, algunos de los bípedos que no poseían astas u orejas puntiaguadas se preguntaban qué clase de costumbres podrían traerles a sus vidas ahora que al parecer van a estar ligadas durante muchos años o más bien generaciones, pues estos elfos de luna y sol podían llegar a ver tantos inviernos como les fuera posible mientras que los hombres tan solo una cantidad limitada. Esperaban que esa razón no fuera el detonante de problemas más adelante.

Una elfa de luna, Mildreth, decidió quedarse con los suyos pero no porque no deseara volver al bosque plateado, sino porque no era de utilidad con los de su propia raza. Ella era considerada entre sus congéneres como alguien defectuosa a pesar de haber nacido con los mismos rasgos y lucir exactamente parecida a ellos, pero sus acciones dentro de la comunidad la han llevado al casi exilio por parte de su pueblo. Años atrás, ella era una importante guerrera y líder de una escuadra de elfos asesinos de luna, de hecho, si no hubiera sido irresponsable con su última tarea tal vez habría sido la encargada de llevar a cabo la venganza por parte de su gente hacía el rey de Katolis y su hijo. Pero no fue así, su error costó la vida de sus compañeros y su dada de baja de entre las filas de aquellos guerreros de elite. Niilo fue más severo con ella que con cualquier otro que la haya fastidiado lo suficiente, le otorgo el castigo de convivir con los suyos pero sin mantener contacto con ellos, eso era peor a que te hicieran un fantasma o que te trataran como traidora. El mero hecho de esperanzarse de volver a hablar con su familia o amigos era peor que los castigos anteriormente mencionados, puestos que al ser una orden directa del rey cualquiera que se atreviera a tan siquiera dirigirle la palabra era castigado con la muerte.

Cuando llegó la paz entre ambas razas, se sintió alegre de poder saber que podría viajar a las tierras de los humanos para dialogar con aquellas personas que durante siglos han sido enemigos naturales de los elfos. Viajaba sola, pues ninguna caravana querría acogerla para andar con ella y disfrutaba de cada momento que pasaba allí no importa con quién se tropezara. Cuando escucho el rumor de que algunos de los suyos estaban tratando de convencer al rey Ezran de quedarse a vivir en esas tierras fue como si su corazón volviera a palpitar de alegría, podría volver a convivir entre la gente, volver a empezar desde cero y esta vez sin errores. Con algunos trabajillos que ha hecho a lo largo de los años ha podido ahorrar lo suficiente para hacerse con una pequeña casa en los suburbios de los hombres y permanecer ahí hasta el final de sus días.

No quedaron muchos elfos, algunos mientras Ezran preparaba lo necesario para darles cobijo decidieron continuar de parranda en las cantinas junto a personas que ya por lo general estaban cansadas de festejar, de verdad que esos orejudos eran buenos para celebrar, pero había que admitir que se excedían con la bebida y aunque no fueran violentos llegaban a ser molestos con los originarios de Katolis. Ella por su lado no era de fiestas, de hecho, durante las celebraciones se la pasaba más que todo en la plaza centrar comiendo los deliciosos platos humanos y escuchando música. Al recibir aquella noticia después de escuchar a lo lejos a los soldados hablarles a otros elfos sobre la posibilidad de quedarse fue que se dirigió directo hacía donde se hospedaba y saco las últimas piezas de oro que le quedaban que aunque su pequeña bolsita podría parecer insignificante lo que contenía era más que necesario para comprar lo que ella más anhelaba: una casa.

Caminaba por las calles con total tranquilidad, aunque a veces si se ganaba unas cuantas miradas extrañas por parte de la gente de Katolis pues no estaba con los otros elfos en tumulto esperando órdenes del rey Ezran sino que iba completamente sola. Daba pequeños brincos de alegría donde un casero que al parecer estaba vendiendo una propiedad exactamente donde ella quería, esperaba que fuera lo suficiente para aquel sujeto y quería además tener un pequeño trabajo entre los humanos. Aunque ya no fuera una guerrera, tenía otras habilidades que podía desempeñar como: coser, cocinar, arar el campo, cualquier cosa que fuera para darle sustento y permanecer lejos de los suyos por el resto de su existencia.

Una vez llegó hacía la posada del dueño, esta le hablo sobre la propiedad en concreto y le mostro la bolsa de monedas. El hombre, quién era un sujeto que llevaba un bigote de esos divertidos y delgados que terminaban en forma de espiral en la punta, un poco más barrigón que el resto de los humanos y de cabello castaño corto, contaba las monedas de a una esperando que el monto que pedía lo tuviera la elfa para poder terminar la transacción.

-Falta dinero… - Soltó un suspiro – Faltan veinte piezas de oro para que pueda venderte la casa, elfa. Sé que corre el rumor de que algunos de los elfos de luna y sol planean quedarse en Katolis – Comentaba – Quieres que te venda mi propiedad, pero te falta dinero, muchacha.

-Podría por favor prestármelos? – Le chillaba casi en forma de súplica – En serio que quiero comprar su casa, es todo lo que tengo! – Debió administrar mejor su dinero mientras pasaban los días en Katolis, tal vez así ya tendría el monto solicitado por el hombre.

-Chica, si le creyera a todo aquel que le presto dinero estaría en la quiebra – Comento el sujeto – Pedí ciento ochenta piezas de oro por la casa y te faltan veinte, no puedo regatear ni prestarte, ni siquiera te conozco.

-Pero me voy a quedar a vivir aquí – Explicaba la elfa de luna – Conseguiré un trabajo pronto y le pagare lo que falta de inmediato! Se lo juro! – El casero veía los iris azules de la chica, notaba que en su mirada decía la completa verdad, pero se extrañaba que anduviera sola por ahí, era raro puesto que los elfos por lo general no suelen andar solitarios.

-Por qué no estás con los tuyos? – Indago curioso.

-No me aceptarían… - Dijo – Ellos… me consideran una indeseable… - ¿Indeseable? ¿Ella? A los ojos del casero aquella chica no parecía ser lo que se describía así misma. De hecho, era una elfa atractiva, fue la primera vez que escuchaba algo así salir de la boca de alguien así – Por eso quiero vivir con los humanos, llevo muchos años siendo rechazada por los míos…

Aquel hombre comenzó a juguetear con su divertido bigote con los dedos mientras arqueaba una ceja tras escuchar aquello. Debía ser duro que fuera una rechazada y más sabiendo como son los elfos de cerrados con sus costumbres era obvio que dejarla a merced de ellos iba a terminar peor para esa criatura.

-Qué sabes hacer? – Cuestiono.

-Bueno, puedo hacer cualquier cosa – Añadió – Aprendo rápido.

-Sabes coser?

-Sí, creo que sí… Por qué? – Quería saber la razón de esas preguntas.

-Tengo un negocio de telas y alfombras aquí – Contaba orgulloso – Distribuyo mi mercancía entre varios reinos y viendo que te vas a quedar a vivir con nosotros y necesitas un trabajo yo puedo ofrecértelo – Sus orejas puntiagudas no podían creer lo que oían ¿Le estaba ofreciendo trabajar para él? – Ayudarías a las otras mujeres en producir mercancía, el pago es semanal y cuando lo recibas te descuento las veinte monedas que me debes, está claro?

-Por supuesto! – Por poco empezaba a llorar de alegría y emoción. Casi salta a abrazarlo, pero era mejor no hacerlo, tampoco quería causar que tenía confianza de más solo porque le está dando un trabajo.

-Bien, traeré los papeles, los sellos y necesito tu nombre para que todo sea legal y no tengas problemas.

-Me llamo Mildreth!

Luego de unos cuantos minutos mientras ambos cerraban el trato como era debido, Mildreth saldría del local donde se encontraba ahora su nuevo jefe. Llevaba en su cintura los papeles de la propiedad que ahora le pertenecían junto con la llave de lo que sería ahora su nuevo hogar. Se sentía orgullosa, era la primera elfa de luna en comprar una casa a los humanos y eso la llenaba de tanta satisfacción que sin querer mientras caminaba daba pequeños brincos y algunas carrerillas para llegar más pronto posible a su morada. Una vez que diviso desde afuera por poco se le salían las lágrimas nuevamente.

Su nueva casa estaba ubicada a pocos metros de la plaza, así que cada vez que quisiera escuchar a los bardos que se hacían allí a veces a tocar música no tendría sino que abrir la ventana del segundo piso para deleitarse con aquellos sonidos hermosos que los instrumentos perpetuaban. Algunos vecinos se asomaron un tanto extrañados de ver a una elfa de luna entrar a esa casa como si nada, supusieron que se debía tratar de algo malo, pero notaron de inmediato que no hizo esfuerzo alguno por abrir la puerta de aquella propiedad pues uso la llave para esto. Al entrar se percató de que las paredes estaban hechas de fina piedra caliza de color gris y el suelo de madera de roble; era hermosa, desde los detalles de la chimenea hasta la cocina bien proporcionada para preparar sus alimentos, subió a la planta de arriba y noto dos puertas que al parecer daban con habitaciones perfectas para ella y las nuevas cosas que compraría con los días.

Aquel día era el más feliz de su vida, podría volver a reintegrarse a la sociedad, no le importaba que fuera con humanos, estaba contenta de regresar de nuevo a hacer amigos en la ciudad y porque no, tal vez un amorío con algún lindo chico que ha llegado a ver por el reino.

A pesar de su felicidad, a lo lejos de la esquina, un hombre que llevaba encima una túnica larga de color negra quién no paraba de quitarle los ojos de encima a Mildreth desde que arribo hasta aquella casa. Desde las sombras la examinaba, parecía estar contenta por ese lugar ¿Pero por qué no está con los otros elfos?

-Veo que encontramos a una candidata… - Habló una voz ronca al oído del sujeto – No creo que sea necesario recurrir a la violencia esta vez, Viren.

-Es mejor, las calles están muy custodiadas – En ese instante, al terminar su frase veía como una pequeña cuadrilla de soldados pasaban por la plaza. Viren tuvo que ocultarse más entre las sombras para evitar ser descubierto – Si uso mi magia llamaría la atención de todo el mundo.

-Usaremos algo mejor, amigo… persuasión.

-A qué te refieres?

-Oh! Viren… no siempre voy a estar para explicártelo todo… pídele amablemente que renuncie a su conexión con la fuente de la luna y ya está.

-Cómo crees que eso va a funcionar? – Le parecía mala idea, podría simplemente idear algo para dormirla y extraer su magia en un lugar alejado – Sabes que no puedo mover criaturas de fuentes primarias con ese hechizo. Si hay que quitarle su poder entonces hay que hacerlo en un lugar alejado…

-Viren… los elfos de luna y sol rara vez andan solos – Le contaba algo que hasta ese momento él desconocía – Que ella se encuentre por allí vagando en solitario solo puede significar una cosa…

-Que su gente la odia – Terminó de deducir aquello – Pero no podemos estar seguros de que va a renunciar así como así a su magia…

-Yo creo que sí… le daremos algo que la hará sentir igual a sus nuevos vecinos: una vida corta.

-o-

Soren esperaba pacientemente en el pasillo antes de entrar al gran salón real. Había pedido una audiencia con Ezran para tratar ciertos temas con su rey que desea tratar. A pesar de que ya se siente mejor para hacer su cargo, el moreno le había dado unos cuantos días más de reposo para que estuviera al cien para protegerlo por si algo amenazaba con su vida. Estaba muy ocupado, las quejas del reino podrían tardar horas en solucionarse, pero tenía que esperarlo, no iba a ser que si se iba y volvía ya él no quisiera atenderlo. Después de un largo rato en debate con algunos líderes de sectores de Katolis empezaron a salir, lo cual le dio la oportunidad perfecta para que el rubio entrara. Espero unos minutos a que hasta el último de los que estaban allí dejaran la sala para poder hablar abiertamente con él. Noto entonces como una enorme criatura se hacía a su lado y chocaba su cabeza contra el muslo del guerrero, cuando bajo la mirada para ver que se trataba se dio cuenta que se trataba de Zym, quién esperaba que el joven le revolviera el pelaje

-Soren! – Le saludó el moreno amablemente – Supe que querías hablar conmigo, en qué puedo ayudarte?

-Rey Ezran – Reverencio de forma educada – Quería preguntarle varias cosas, la primera… que tan cierto es que dejo que mi hermana pudiera volver a usar magia oscura? – Aquella pregunta se la esperaba, Soren siempre ha estado preocupado con los roces de la pelinegra con este arte.

-Tiene mi permiso, Soren – Contestaba – Sé que tienes algo de recelo con la magia oscura y lo entiendo. Pero es por una buena causa, me dio su palabra que no la usaría con fines que no fueran más allá de solo atrapar a Viren.

-Comprendo mi rey, es solo que después de todo lo que ha provocado la magia oscura en nuestras vidas no lo considero muy prudente – Dijo con sinceridad en su oración.

-No lo es, Soren – Respondió un poco preocupado – Si los reyes elfos o la reina Zubeia se dieran cuenta de lo que estamos haciendo la paz entre todos podría verse perjudicada…

-Y el príncipe de los dragones accedió a que usáramos magia oscura? – El joven dragón se apartó del guardián para empezar a corretear su propia cola.

-Me dijo que solo se usara para atrapar a tu padre – Mientras hablaba fue directo hacia el rubio con una mirada seria en sí – Soren… - No apartaba su vista de los ojos del guerrero – Necesito por favor que esto no salga de entre nosotros tres – Ordeno, pero más parecía un favor que pedía el moreno – Ni mi hermano puede saber sobre esto.

-No planea contárselo? – Estaba confundido, creía que la relación entre ellos era más abierta y sincera – Sabe que todo lo relacionado con magia a Callum le interesa…

Ezran dio un giro de ciento ochenta grados en dirección a su trono para sentarse sin quitar el semblante de seriedad que mantenía encima. Aquello provoco un poco de tensión en Soren, si bien el joven monarca tenía sus razones para no decirle nada a su hermano, él de todas formas no podía objetar nada. Al parecer ese viajecito que hicieron los ha cambiado demasiado, tanto al rey como a su hermana, en un momento estaba pensando que ambos han estado adquiriendo el secretismo que tanto le costó aceptar de su padre.

-Muy bien, rey Ezran – Reverencio como era debido – Mi labios están sellados… por cierto – Ahora apenas recordaba el otro tema que debían tocar – Escuche que hay algunos elfos que se desean quedar en Katolis – Comunicaba – Creo que como son las cosas por aquí, el rumor ya se debió esparcir por todo el reino.

-Sobre eso… - Dio un hondo suspiro de cansancio – Qué opinas tú? – Propuso que su guardián personal diera una perspectiva sobre el asunto.

-Mi opinión? Con sinceridad? – El moreno asintió - Me parece muy mala idea…

-Al menos en eso estamos de acuerdo… - Confirmo – Tener a los elfos en momentos así es un gran riesgo, Soren – Dijo cambiando ahora su semblante a uno preocupado – Pero si Solveg y yo nos negábamos empezarían a hacer preguntas en el bosque plateado y habría otro problema del que preocuparnos.

-Mi rey, se me permite darle una sugerencia? – Ezran nuevamente le dio a entender con su expresión que accedía a escuchar la idea del joven – Permita que hagan su comunidad cerca al nexo de luna – Contaba – Se sentirán más o menos como en Xadia y establezca un destacamento de soldados que se queden cerca para que no hayan inconvenientes con los lugareños que ya han estado ahí tantos siglos.

-Es por qué estarán más cerca de que los cuides, no? – Soren giro su rostro un poco evitando la mirada del rey, si bien esto se podría ver como una falta de respeto, Ezran lo entendía – Soren… - Dio un enorme suspiro – No fue tu culpa… Viren… Fue más listo que nosotros.

-Ya lo sé – Volvió a darle cara – Y créame, le juro por Katolis y por usted que jamás volverá a suceder…

-o-

La gente de Turuk no podía creer ni por un instante lo que sus ojos estaban viendo; el día de ayer por sus calles paseaba tranquilamente una elfa de luna junto a un mago y hoy habían tres más de ellos. Algunos curiosos salían de sus casas tan solo para ver a aquellas criaturas que por primera vez en sus vidas merodeaban por allí. Aunque Rayla ya estaba acostumbrada a que la miraran de forma rara por donde fuera, sus padres y Runaan eran otra voz, si estuvieran en Katolis donde es más o menos convivir con ellos por unos días la cuestión es diferente, pero tan lejos y por donde jamás se adentraban sí que era muy extraño. Tanto Lain como Tiadrin parecían estar incomodos, era como si el enemigo les estuviera respirando cerca al cuello y ellos no pudieran hacer nada porque aunque su hija les comento que estaban en paz con los humanos se les hace un tanto difícil aceptar la idea tan de golpe. No es que se negaran a las órdenes de la reina de los dragones y de su propio rey… es solo que les parece… extraño.

Tenían suficiente dinero de la noche anterior como para darse el lujo de comprar algunos caballos de más para que el viaje fuera más fácil y rápido. Uno para cada uno, sí, porque Runaan tampoco iría a pie como lo tenía previsto Rayla desde un principio, supuso que los retrasaría y además ahora que contaba con el respaldo de Callum y sus padres sería muy estúpido de su parte tratar de intentar algo contra ella. Lain pareció comprender rápido la naturaleza de la criatura, puesto que a la hora de montarlo supo controlarlo de inmediato sin llegar a caerse. Otra voz era su mujer, pues solo ha estado acostumbrada a subirse en las bestias de cabalga de su nación. El esposo tuvo que explicarle que era como andar en unicornio, que más o menos eran de la misma especie a pesar de que estas monturas eran más retrasadas que las mencionadas anteriormente.

Se dedicarían a ir a paso lento mientras Tiadrin se acostumbraba del todo a su caballo, tenía que hacer una conexión con la bestia para que esta no tratara de tumbarla al suelo en cada oportunidad que tuviera. A pesar de ello, salieron del pueblo sin mucho contratiempo. Callum todavía pensaba en la conversación con aquel hechicero ¿Tan peligroso es lo que se avecina? ¿Viren estará tras esto? Son posibilidades muy altas, debía estar preparado de usar su magia para fines violentos si aquel hombre se atrevía tan siquiera a tratar de dañar a los que más amaba.

Callum y Rayla lideraban la marcha, charlando como siempre de forma coqueta y juguetona, cosa que ante los ojos de los elfos era un poco incómodo, se quedaban a varios metros atrás solo soltando alguna que otra palabra ahí como para acompañar la conversación. Veían a su hija tan feliz con ese hombre que les parecía una locura… y hasta increíble.

-Y bien – Tiadrin llamaba a su esposo quién no despegaba la mirada de la joven pareja – Lain! – Le susurro un poco más alto para que este le prestara atención – Qué opinas? – Su esposo giro para verla al escuchar la pregunta.

-Bueno… se ve feliz – Dijo resignado – Es decir… es raro… pero, si ella es feliz – Notaba como su hija se reía ante un mal chiste que el pelicastaño le comentaba – Tú crees que ellos dos ya hayan… bueno… - Se sonrojo y su mujer le acompaño en la vergüenza ante esas palabras.

-De verdad?! – Le grito ganando la atención de todos en el acto. Ella al notar la mirada de los jóvenes solo agacho la cabeza para evitar que la vieran tan sonrojada. Cuando no hubo peligro se dirigió a su esposo con una mirada de querer matarlo – Como puedes pensar en esas cosas?! – Le regañaba en forma de susurro sin quitar la expresión de su rostro.

-Ay! Vamos, Tiadrin! – Trataba de excusarse – Nosotros a esa edad también lo hacíamos!

Runaan quién solo se limitaba a escuchar no pudo evitar soltar una pequeña risa tras las declaraciones de su "mejor amigo", aunque… no sabe a esta altura si todavía lo consideraban un amigo. Tiadrin al darse cuenta del gesto del prisionero volteo a verle con un rostro poco agradable:

-Qué te divierte tanto, Runaan? – Preguntaba más en forma de amenaza.

-Menos mal me gustan los hombres de mi especie – Argumentaba – Así no tendré por qué lidiar con estas cosas – Volvía a reír de la embarazosa situación que los padres estaban enfrentando en este momento.

Lain obvio no iba a quedarse callado ante eso, no estaba en posición de decir nada salvo que tiene sed o hambre.

-Sí, lo tuyo es más de matar reyes y a mi hija – Se le notaba molesto, tanto que de inmediato Runaan frunció el ceño acompañándolo en el gesto – Me imagino que tu próxima obra será la de tratar de matar a la reina Zubeia y a su hijo, no?

-Cállate, Lain – Le amenazo – Si estuvieras en mi posición harías lo mismo, no? Tampoco es que hablaras bien de los humanos hasta hace poco, no?

La joven pareja escuchaban todo desde adelante ¿No se han dado cuenta que los llevan oyendo desde que empezaron a alzar la voz? Rayla tenía la idea de amordazar a Runaan para que evitara soltar algún estúpido comentario sobre la situación, para ellos tampoco era sencillo tener que aceptar que viajaban ahora con carga extra y que sus expresiones de cariño tienen que guardárselas para que ellos no se sintieran incomodos. La elfa vio al mago un poco preocupada e hizo un gesto con los labios como señalando hacía atrás, el mago entendió bien lo que ella trataba de decirle y lentamente fue mermando el paso hasta dar a un lado de Lian quién no esperaba que este se acercara de esa forma.

-Y bien! – Hablo Callum para bajar los humos de los elfos – Como fue que terminaron en esas prisiones? – Indago curioso – Rayla me contó un poco, pero no es buena dando detalles…

-Escuche eso, Callum! – Le regaño desde su lugar sin quitar la vista del camino.

-Bueno… - Fue Tiadrin quien empezó a contarle – Cuando nos enteramos de la muerte de Avizandum sentimos mucho miedo realmente, qué clase de humano puede matar a un archidragón? No debía ser sencillo de encarar.

-Y si pudo matar al rey de los dragones nosotros seríamos presa fácil – Añadió Lain para continuar con el relato – Un elfo de cielo que nos acompañaba en la guardia decidió escapar. Le pedimos que se llevara el huevo del príncipe dragón lejos y dijo que no, que no iba a ser un blanco para ese humano – Explicaba su historia mejor – Tiadrin y yo accedimos a pelear de todas formas y fue mejor que la reina Zubeia no estuviera – Miro a los ojos a su mujer quién esta le esbozo una pequeña sonrisa – Así no sufriría el mismo destino.

Callum recordaba su visita al hogar de Zym en aquella montaña que por poco le quita el aliento, de no ser por ese amable dragón que rescataron de las manos de Claudia y Soren en ese entonces ni siquiera estarían allí, menos mal aprendió el hechizo rápido para recuperar el aire o sino sus cuerpos todavía se encontrarían ahí. También alcanzo a ver la lanza de su madre con la cual le dieron muerte a Avizamdun, noto que llevaba un cuerno de unicornio en la punta, quizás de un hechizo muy poderoso. Pero no creía que Viren en ese tiempo cargara con tanta suerte de tener otro de esos a su disposición.

-Creo que si la reina Zubeia hubiera estado otra sería la historia – Argumentaba – Digo, es difícil encontrar los ingredientes para hacer el hechizo que uso Viren para matar al rey de los dragones.

-Es una probabilidad – Dijo – Pero fue mejor que no se arriesgara…

-El humano llegó y tratamos de pelear contra él – Esta vez fue Tiadrin quién interrumpió para continuar con la historia – Hizo mucha magia oscura y al final nos ganó… iba a destruir el huevo del príncipe dragón pero lo convencí que se trataba de algo muy poderoso y que podría serle de utilidad… - Se detuvo por unos instantes, pues la siguiente parte no era muy bonita de contar – Luego… no sé qué paso, sentía que estaba viva pero a la vez no… como si hubiera desaparecido todavía consciente – Se refería a sus días aprisionada por Viren – No recuerdo nada salvo hasta que ustedes me rescataron.

-Sí… era como si estuviéramos y a la vez no – Aferro más esa teoría su esposo – El tiempo parece no afectar en ese lugar.

Runaan entendía esa sensación, él ya ha estado dos veces en la misma situación, pero decidió que era mejor callar antes que quisieran escucharlo, era lógico que iban a ignorarlo. Callum parecía entender, ese hechizo te puede mantener con vida pero a la vez es como si no la tuvieras, debía ser algo muy desagradable.

-Bueno… eso dicta mucho, no son traidores – Espetó alegre el mago lo que causo que ambos bajaran sus rostros un poco tristes – Qué paso?

-Rayla nos contó que ahora somos fantasmas – Lain le contesto – Y sin Niilo vivo creo que será imposible volver con los nuestros…

-Pero tú eres su hijo, no? – El elfo asintió – Por ley no eres rey?

-No – Negó de inmediato – Los elfos más viejos determinan eso y debido a mi situación no creo que pueda ser rey de algo.

-Pero… pero… Rayla también fue fantasma! – El chico parecía empeñado en ayudar a los padres de su elfa – Ella puede hablar con ellos y decirles lo que paso realmente, no?

Los esposos se miraron con una sonrisa melancolica para luego dirigirse al muchacho:

-Puede intentarlo – Contesto Tiadrin por ambos – Pero no creo que logre hacer cambiar de parecer a esos viejos testarudos – Los dos rieron de la forma en que trataban a la autoridad de su raza – Además, no creo que pueda ponerse peor – Continuaba riendo – Es decir, no es como si ese humano se hubiera llevado el espejo y tratara de liberar a Aaravos.

Callum en ese momento sintió un frío escalofrío recorrer su cuerpo, un enorme temor le surco encima y su mente empezó a desordenarse por completo. Volteo su mirada hacia atrás para ver a Runaan quién tenía un semblante serio y a la vez muy delator. Este con los ojos lo decía todo sin dirigirle la palabra: "Ya lo tiene…" Aunque la pareja continuaba entre risas por la poca probabilidad de que aquello llegara a suceder que no le prestaban atención al semblante preocupado del mago. Rayla había escuchado todo y empezó a encajar todo nuevamente; La muerte de Niilo, el interés de su maestro por apartar el juguete del pelicastaño, la dicha del hechicero al conseguirlo… quiere liberarlo.

El mago apresuro un poco su paso para estar a la par con la albina y mientras sus padres estaban distraídos en sus cuentos, los dos se miraron con total seriedad y entendieron perfectamente lo que ha estado pasando los últimos días.

-Tú crees qué… - Callum le susurro y ella de inmediato asintió.

-Parece que todo fue una distracción – Conto por lo bajo – Si estabas en el castillo, él no iba a conseguir tu cubo tan fácil – Explayaba con intranquilidad en sus palabras – Perseguir a Runaan hasta la cabaña era solo para que lo obtuviera, la mentira de que mis padres estaban allá era solo para confundirme y quitarte esa cosa! – Comenzó a maldecirse a sí misma ¿Cómo pudo ser tan estúpida? – Sabia que si yo lo tenía iba a ser más sencillo para él quitármelo!

-Rayla, no es tu culpa – Trataba de calmarla, pues veía como apretaba los dientes y respiraba de forma agitada viendo el camino. Pensaba en lo peor, creía que iba a tomar represalias contra su maestro en ese momento y eso provocaría que sus padres también se lanzaran contra el elfo. Llevo su mano hasta la de la albina para tratar de tranquilizarla, esta al sentir el tacto del mago empezó a menguar su respiración pero de la nada parecía como si quisiera llorar, se le notaba tan triste.

-Como pude ser tan estúpida! – Empezaba a sollozar, sus ojos se ponían algo vidriosos y trataba de secarse las lágrimas que estaban por salir. Nuevamente Runaan, el hombre al que le confió todo durante tantos años la había vuelto a engañar y no solo eso, por su culpa alguien muy malo iba a ser liberado - Como pude caer en ese tonto truco!

Los esposos veían la escena, el mago trataba de consolarla por algo pero no tenían idea de que era. Pensaban que se debía tratar de alguna emoción fuerte, pero la realidad era otra. Runaan también observaba en silencio, al parecer la elfa se dio cuenta de todo cuando su madre dijo el nombre de aquel archimago. Rayla tenía ganas de matarlo, ya no tiene nada que perder en ese momento, es libre de decidir qué hacer con él, sin esa molesta unión ya no tiene sentido continuar con la idea de llevarlo vivo con los otros. ¿Pero qué importa al final? Al parecer ya no era relevante para Solveg, quizás por eso fue que los liberaron de aquellos lazos… porque también sabían que era lo que pasaba.

Antes de que cayera la noche entre todos decidieron un lugar para acampar y descansar, el día de hoy no habían recorrido mucho camino puesto que la madre de Rayla estaba atrasándoles mientras aprendía a tener el completo control de su caballo. Se podía decir que apenas estaban llegando a la frontera con Neolandia, habían visto a lo lejos un par de soldados de aquel reino patrullando en las cercanías así que Callum dedujo aquello. Los esposos se ofrecieron para recoger algo de leña y frutas que vieron de unos árboles, estos tampoco parece que fueran carnívoros como el mago o su maestro elfo de tierra; Linrei. Una vez que estos se perdieron de la vista de los que se quedaron fue que la albina no pudo contenerse más y en dirección hacía Runaan desenvaino una de sus hojas lista para acabarlo por lo que les hizo. El joven príncipe fue más rápido y al verla en ese estado la detuvo de inmediato sin que el otro se diera cuenta, pues se encontraba distraído mirando hacía la copa de los árboles, era como si su espíritu de pelear contra ella se hubiera desvanecido después de su viaje hacía la cabaña.

Rayla tomo algo de aire para calmarse y opto mejor por guardar su arma, aun así, tenía muchas cosas que preguntarle al elfo antes de que sus padres volvieran.

-Muy bien, Runaan! – Le encaro con un rostro amenazante. Este solo se giró para mirarla de manera desinteresada – Qué es lo que está planeando tu amigo hechicero?

-Amigo hechicero? – Hasta a él le ofendió que lo relacionara de tal forma con ese sujeto – Que le haya ayudado no significa que sea su amigo… de hecho, lo detesto igual que ustedes.

-Runaan, te lo voy a pedir amablemente – Esta vez fue el mago quién interrumpió – Necesitamos que nos digas que es lo que planea Viren - ¿Cómo se atrevía ese humano a dirigirle la palabra? ¡Era inaudito! El elfo no dijo palabra alguna, ahora entendía porque exasperaba tan fácil a la albina – Runaan… - Se pasó la mano por el rostro cansado de tener que hacer esto a las malas – Sabes que si Viren libera a Aaravos va a destruirlo todo, verdad? – Continuaba sin convencerlo para que soltara la lengua – No te importan tus amigos? – Se refería a los padres de Rayla – No te importa tu raza? Xadia? – No, no estaba funcionando. Miro a su elfa quién con una sonrisa malévola le enseñaba su hoja como si le tratara de decir que con una espada en el cuello podría hablar más fácil, pero el pelicastaño negó de inmediato – No te importa Ethari?

Eso sí que le importaba, no conoce lo suficiente a Viren pero parece ser un hombre que no deja cabos sueltos por ahí, lo más probable es que luego de liberar a ese archimago vaya directo a matar a su esposo tan solo para atormentarlo por haberlo atacado a traición la última vez:

-Parece que ya lo saben… - Finalmente dijo – Ese tipo quiere liberar al archimago Aaravos, para qué? Lo más probable es que sea para esclavizarnos a todos – Sentenció y Rayla solo se cruzó de brazos para continuar escuchándole – Yo… realmente lamento lo que hice – Llevo su mirada hasta la de Rayla quién solo giro su rostro cuando sintió a su maestro encima con los ojos – Mis ganas de volver con Ethari nublaron mi lógica. No debí haberte manipulado.

-Pero lo hiciste – Chisteo la elfa molesta – Lo peor es que fue con mis padres! Cómo pudiste? – Estaba ofendida y no era para menos.

-Rayla, al menos admite que si no hubiera atacado a ese tipo no le habría dado tiempo al humano para que te salvara - ¿Callum escucho bien? ¿Runaan peleo contra Viren? Bueno, se sabe que perdió pues cuando él llegó lo único que encontró fue a su elfa mal herida y aquellas monedas – O vas a negarlo?

Callum esperaba que Rayla dijera alguna palabra, pero al parecer su silencio era más que necesario para afirmar lo que decía el elfo. Entonces la había salvado, si no lo hubiera hecho quizás ella estaría encerrada junto a él y sus padres.

-Bueno… en eso te daré el mérito – Hablo la elfa – Pero no significa que te de las gracias. Gracias a tu influencia en mí parece que provocamos el fin del mundo.

-Sabes a donde pudo haber ido? – Cuestiono el mago.

-No… - Negó con su cabeza – Jamás menciono algo así.

-Sabes al menos como funciona el espejo que tiene? – Continuaba interrogándolo, pero al parecer Runaan ya no quería seguir hablando del tema. Pero este volvió a negar con su cabeza, es lógico pensar que Viren no le diría nada de sus planes a un simple peón como lo era él.

-Lo mejor será que me regresen con los otros – Suspiro de forma cansada el elfo – Así acabamos con todo esto.

La albina no pudo evitar soltar una enorme carcajada cuando escucho la petición de Runaan. Tanto su maestro como su pareja se voltearon a verla confundidos de esa reacción tan inesesperada.

-Ay, Runaan! – Seguía burlándose – Por qué no miras las manos de Callum un momento? – El elfo bajo la vista hasta dar con las muñecas del mago y lo noto enseguida, ya no tienen sus listones, las uniones que les daba prioridad sobre la misión – Así es, ya no les interesas.

El mayor frunció el ceño mostrando preocupación, si era así ya no tenía ningún sentido que lo siguieran manteniendo con vida.

-Vaya, parece que ya descubriste que no es necesario que sigas por ahí haciendo de las tuyas – Espetaba Rayla – Supongo que podremos decir que jamás te encontramos, digo… mis padres podrían corroborar esa historia – Callum miraba a la elfa algo molesto, no esperaba que fuera así – Pero… - Cambio rápidamente su burlesca sonrisa por una más seria – Me salvaste la vida, así que haremos lo siguiente – Se acercó a él para encararlo a los ojos – Te dejaremos con vida si juras no decirle nada a mis padres hasta que volvamos a Katolis y luego nos ayudaras a atrapar a ese sujeto te guste o no… - Estiro su mano abriéndola y esperando que este cerrara el trato con un apretón – Aceptas?

El elfo no tenía muchas opciones en ese momento, así que solo accedió a las demandas de su pupila y le dio la mano para cerrar el trato. Callum se sentía orgulloso de ella, al parecer estaba empezando a pensar más con su cabeza y menos con las emociones, eso era bueno… o eso creía él. El resto del rato no sucedió mucho, la pareja empezó a organizar algunas hojas que pudieran servir como colchón para los padres de la elfa, ellos obvio dormirían en el pasto, ya se estaban acostumbrando a tener algunas ramillas en el cuerpo durante las mañanas ¿Por qué no compraron algunos sacos en Turuk? Parece ser que las ganas de regresar a veces les hacía olvidar de cosas muy importantes.

Rayla y Runaan no se dirigían la palabra luego de su charla, de hecho… el ambiente estaba empezando a notarse algo pesado entre los tres. El mago no quería molestar a la elfa puesto que todavía se le veía algo molesta después de que él le hablara a su pareja sobre eso de que le salvo la vida y si bien era cierto, tampoco quería que lo viera de forma condescendiente, es un criminal y tiene que ser tratado así. Los esposos no tardaron demasiado en regresar con algunas ramas y frutas para comer. Lain quería ayudar a encender la leña pero tal fue su sorpresa cuando vio que Callum con un simple hechizo de sol prendió la hoguera rápidamente.

El padre de Rayla no podía creer lo que sus ojos estaban viendo ¿Era un mago? ¿Por qué su hija no les dijo? Tiadrin al ver aquello quedo perpleja ¿Cómo es que lo hizo? No era magia oscura, pues parece que solo uso un hechizo de fuente del sol para lograrlo ¿Estaba conectado con la fuente del sol? Al igual que su hija era muy curiosa también, no es que tuviera aptitudes para la magia aun cuando sabe que nació conectada a la luna, pero esto sí era algo de otro mundo.

La albina después de comer un poco les comento al grupillo que iría a patrullar por si aparecía algún bandido o alguna bestia peligrosa. Sus padres esperaban que ella quisiera pasar más tiempo con ellos, pero Callum conocía la razón; quería estar sola, quería alejarse de Runaan un rato y tratar de esclarecer bien su mente pues aunque le prometió no matarlo, todavía ardía en ella una rabia infinita con ese hombre. El mago se dio cuenta que lo mejor era no seguirla esta vez, tal vez la soledad y la calma puedan mejorarla mental y emocionalmente.

-Entonces… Callum – Le hablo Tiadrin captando su mirada – Como fue que te conectaste con la fuente del sol? – Necesitaba saciar esa curiosidad como fuera.

-Bueno, fue con un viejo que vive en las montañas de Neolandia – Conto mientras recordaba a su maestro Resmir – Es un buen sujeto, un poco raro… pero un gran maestro.

-Pero solo estas conectado con el arcanum del sol? – Esta vez fue Lain quién le interrogo.

-No, con casi todas – Dijo mientras movía las brasas con un palito – Con la luna tengo algo de problema, solo puedo hacer hechizos si Rayla está cerca – Explico.

-Hasta… con las estrellas? – El mago les vio a los ojos, parecían estar interesados en escucharle hablar sobre aquella fuente.

-De esa fuente no tuve ningún maestro realmente – Confeso – Es difícil encontrar gente o elfos que estén conectados con las estrellas… - Los esposos le escuchaban con total atención, al parecer ese humano era más interesante de lo que parecía, ahora empezaban a comprender porque a su hija le gustaba tanto – Solo encontré un viejo libro con mi maestro de la fuente del cielo en la guarida de Zubeia. Tenía varios hechizos de estrellas y de a poco fui conectándome. Tal vez le conozcan, se llama Ibis, es quién cuida de la reina de los dragones ahora.

-Vaya, es impresionante – Añadió Tiadrin sonriendo – Ahora veo porque mi hija esta tan interesada en ti – Aquello sonrojo de inmediato al mago – Por cierto, llevan cinco años juntos, no?

-Qué? – Callum alzo una ceja aturdido de esa oración.

-Sí, Rayla nos contó que se conocen hace cinco años pero que debido a sus deberes con el rey Niilo no se veían a menudo – Fue su padre quién hablo esta vez ¿Ella les dijo eso? ¿Por qué?

-Eh… sí… eso pasaba – Se rasco la nariz mostrando algo de nerviosismo, ella no lo preparo realmente para esa situación – Yo creo que iré a buscar a Rayla – Se levantó rápidamente, quería zafarse de aquello lo más pronto posible – Se ha tardado mucho…

Se fue de allí riendo nervioso todavía de la mentirilla que su elfa les había dicho. Tal vez lo hizo con una buena razón, una que él no conocía todavía pero que estaba por esclarecer. Lo raro era que no la encontraba por ningún lado ¿Acaso se fue más lejos? Podría ser peligroso, Rayla no conoce bien esas tierras y podría llegar a perderse cosa que haría más difícil la situación en la que se encuentran. Pasaron varios minutos y la albina no daba señales de vida, estaba empezando a preocuparse de no verla y a pensar que quizás algo malo le pudo haber sucedido.

Rayla estaba bien, de hecho, se encontraba en la rama de un árbol descansando cuando vio a su novio deambular por ahí como tonto. La estaba buscando, era lógico, se ha demorado demasiado en regresar al campamento. Se le ocurrió una pequeña bromilla para Callum, bajo silenciosamente por el tronco sin hacer ni un ruido y mostrando porque era una ágil elfa de luna. Fue con despacio hasta dar con la espalda del mago y en un rápido movimiento le agarró del cuello con el antebrazo y lo tiro al suelo. El pelicastaño no se lo esperaba para nada, fue muy silenciosa realmente, por un momento tenía algo de terror pero cuando vio el rostro de ella mientras se posaba encima de él y le miraba con una sonrisa picarona.

-Te agarre! – Se acercó a su rostro y no pudo evitar no darle un pequeño beso, tenían que aprovechar mientras sus padres no les vieran – Tengo que enseñarte algunas clases de pelea, Callum… puedes ser un genio con la magia pero cuerpo a cuerpo… - Reía divertida – Te veo mal.

-Procura no hacerlo seguido, sí? – Le suplicaba de forma tierna mientras esta se paraba de encima de él y le ayudaba a levantarse – Rayla, puedo preguntarte algo? – La elfa asintió sin quitarle la mirada y empezaba a caminar de espaldas lentamente – Por qué les dijiste a tus padres que tenemos algo desde hace cinco años?

-Y no es así? – Arqueo una ceja sin quitar su divertida y juguetona mirada del muchacho – Callum, ya viste como se pusieron cuando les conté que Runaan casi me mata – Explicaba para que se calmara - No les iba a decir que por poco me muero gracias a ti.

-Bueno… eso tiene lógica – Mascullo resignado – Volvemos? – Le estiro la mano para que ella la tomara y no dudo ni un segundo en hacerlo – Sabes, tus padres se notan que te aman demasiado, creo que también se han sentido mal después de no ver como crecías…

-Lo sé – Tocaba la punta de algunos mechones del cabello de Callum con su mano libre – Pero estaban encerrados, no? – Les disculpaba de igual forma, no era culpa de ellos – Ahora que los tengo de nuevo no quiero perderlos – Su animosa voz empezaba a bajar de tono mientras caminaban al campamento - Hay que detener a Viren, no solo por ellos sino por todos…

-Y lo haremos – Le prometió – Sotiris al parecer tiene una especie de circulo de hechiceros por todos los reinos humanos – Rayla se sorprendió ante eso ¿Más como Viren? ¡Eso es lo que faltaba! – No es un mal sujeto y supongo que sus amigos tampoco deben serlo. Apenas lleguemos a Katolis voy a enviarles un mensaje a todos mis maestros también – Explicaba.

-Conozco a Resmir y Linrei – Contaba con sus dedos – Quiénes son los otros?

-Ibis, por supuesto me enseño más sobre el arcanum del cielo – A ese también lo conocía, más cuando fueron a entregar a Zym con su madre – Y Sephit – También menciono pero ni idea de quién se tratara – Ella vive en las tierras donde jamás se derrite la nieve, fue quién me ayudo a conectar con el océano.

-Ojalá hubiera tenido maestros así y no ya sabes quién – Tonteo un poco mientras ya empezaban a divisar el campamento que habían montado. Sería una noche larga, sabiendo cómo son sus padres estarían gran parte haciéndole preguntas raras a su mago… habría que ser optimistas con la situación, no es que el mundo fuera a acabarse esa noche.

-o-

-Larga vida al rey Ezran! – Levantaba una copa de licor un elfo de sol en una taberna llena de los suyos y de los de la luna. Vitoreando contento el nombre del moreno a diestra y siniestra por haberles permitido quedarse en Katolis.

Todos los elfos levantaron sus vasos y repitieron la misma frase, parecían contentos de vivir entre humanos, debía serlo, era toda una nueva experiencia y más sabiendo lo poco estrictos que son podrían hacer ese tipo de eventos todo lo que quisieran.

Soren estaba allí, a lo lejos, solo como últimamente ha estado. Ezran le dio permiso de tener la noche libre para que pudiera relajarse luego de tanto estrés que ha tenido los últimos días, no lo creyo muy conveniente, pero un descanso es un descanso y el rubio sabe cómo aprovecharlo… pero esa noche no se sentía con ganas de ingerir licor como loco hasta perder el conocimiento, no, estaba más bien pensativo por su hermana, preocupado de que volviera a caer en el viejo hábito de hacer magia oscura.

No se dio cuenta de cuando y como pero una vez levanto la mirada que tenía puesta sobre su jarra de cerveza se encontró con el rastreador de Katolis; Corvus, quién en su mano derecha parecía tener una pinta llena de lo mismo que él ha estado ingiriendo. A Soren se le hizo un tanto raro, él no era de los que bebían, mucho menos cuando tienen el destino del mundo prácticamente a borde de la destrucción por culpa de su padre.

-Ahora lo he visto todo – Dijo el rubio – Tú tomando cerveza?

-De vez en cuando me gusta entretenerme – Contesto sin ninguna molestia – Además, tengo que compartir algo de tiempo con mi amigo, no?

-Somos amigos? – Corvus levantó una ceja algo ofendido de aquello – Obvio sí, no te preocupes.

-Viva el rey Ezran! – Volvían a gritar los elfos a la par de que los hombres les miraban un poco despreocupados por la escena, no es que fueran criaturas peligrosas aquellos cuernudos ebrios, más bien se portaban mejor que muchos humanos que conocían en ese estado.

-Mira eso – Decía Corvus mientras tomaba un trago de su bebida – No han jurado lealtad al reino todavía y ya aman a Ezran.

-Creo que les da igual a que rey alaben por aquí – Añadió Soren – Sabiendo que Ezran no va a alcanzar a vivir ni un cuarto de la vida de ellos les importa muy poco a quién canten o celebren.

Corvus notaba cierta negatividad por parte de Soren. Y, no es para menos, la ha estado pasando muy mal desde el escape de su padre y los intentos por liberar a Aaravos, pero sabe que lo que realmente le ha afectado fue no haber podido salvar a esos elfos. De verdad que fue difícil para él ver aquella matanza perpetuada por Viren. No tenía idea de cómo animarlo, desde entonces ha estado tan sumamente decaído que parece otra persona.

-Sabes… - Hablo Corvus – Hace unas horas un soldado me dio una notica interesante – El rubio no se inmuto ni movió, más bien esperaba que era lo que tenía que contarle – Una elfa de luna compro la propiedad que le pertenecía a Rolf, el tipo de las alfombras.

-Y? – Soren no parecía entender ¿Qué importa si una elfa puede comprar una casa en Katolis?

-Y? Que cuando has visto a esos – Señalo a los elfos – Sin compañía? – Tenía un buen punto, por lo general siempre están en grupo o parejas – La seguí por un rato antes de venir aquí y me resulta sospechosa.

-Crees que le quito a Rolf la propiedad a la fuerza? – Era una posibilidad, los elfos podrían ser impredecibles a veces.

-Quieres ir a ver que trae entre manos?

Soren accedió, pero solo porque estaba aburrido. No es que fuera alguien que gustara de irle preguntando a todos los aldeanos las razones de su estancia en el reino, pero de que una elfa de luna hubiera adquirido una propiedad sí llamo un poco su atención. Terminaron sus bebidas y cogieron camino hasta allí. Corvus era quién sabia donde vive esa mujer, quizás sus tácticas de rastreo seguían intocables después de tanto tiempo usándolas.

El guardián del rey no seguía del todo convencido de ir a molestar a una pobre elfa de luna por las meras sospechas del moreno. ¡Pero hey! No tenía nada más que hacer, ojalá hubiera tenido su armadura a la mano, así al menos tendría más autoridad ante los ojos de la gente, sin esta solamente era un simple civil y ya. Corvus era quién mejor conocía el camino, no era muy lejos, estaba a unas cuantas casas de aquella taberna. Como se notaba que las fiestas habían terminado, ya no había tanta gente en las calles a pesar de que aún no era tan de noche, solo algunos establecimientos donde se resguardaban los elfos eran los que más bullaranga hacían.

Finalmente llegaron hasta la plaza, dieron una pequeña vuelta y encontraron la casa donde la susodicha se estaba quedando. Era un buen lugar, no muy barato, ni siquiera él se podía dar el lujo de vivir en un hogar así. Se arregló sus ropajes un poco, acomodo su espada fiel y dio tres fuertes golpes a la puerta. No había señal a pesar de que desde las ventanas se alcanzaba a ver algo de luz que refutaba el hecho de que alguien estaba allí. Corvus fue el siguiente en insistir, con otros tres golpes pero todavía más fuertes. Desde adentro alcanzo a escuchar como algo se caía, como si fuera un pedazo de metal. Los dos hombres se miraron pero no tomaron ninguna represalia a la fuerza, escuchaban como de a poco se iba acercando alguien hasta la entrada con pasos algo torpes que se tropezaban por doquier.

La puerta medio se abrió y Soren alcanzo a ver unos ojos azules acompañados con algunos mechones de melena blanca algo desordenados.

-Pu… puedo… ayudarlos? – La suave y tímida voz de una mujer al ver a tales hombres no se hizo esperar, ella no esperaba visita de nadie, de hecho… ni siquiera esperaba algo. Pero ver a ese par de altos sujetos la anerviaron demasiado, lo suficiente como para no querer abrir la puerta por completo.

-Se encuentra Rolf? – Fue Corvus quien preguntó, sin poca elegancia, iba directo al grano.

La elfa abrió el único ojo visible para ambos con mucha sorpresa y de inmediato les respondió:

-No! No! Rolf no vive aquí – Explicaba con algo de tembleque en su voz.

Corvus miro a su compañero de reojo mientras esbozaba una sonrisa algo traviesa.

-Esta casa es del viejo que tiene un pequeño negocio de alfombras – Le comento – Nos parece raro que este habitada sabiendo que desde hace tiempo nadie vive aquí… - Corvus hablaba con gran serenidad, parecía haber preparado todo este monologo solo para la elfa.

¿De qué servía esto? ¿Corvus solo quería molestarla o hay algo más? Soren pensaba de forma callada esperando la respuesta de la susodicha inquilina. Esta dio un pequeño brinco de miedo cuando escucho al rastreador mencionarle eso.

-Qu… qué?! No! – Se espantó lo suficiente como para abrir la puerta por completo y dejándola ver de una vez por todas.

A Corvus no le interesaban las elfas, para él todas eran iguales. Pero Soren quedo embobado con ella cuando sus ojos dieron instantáneamente con el cuerpo de ella; era más pequeña, sí, casi del tamaño de Rayla, sus iris azules iban demasiado bien con su melena blanca que parecía estar rapada por el lado derecho y que dejaba caer el resto de su cabello por el izquierdo, además de esas características marcas élficas que le adornaban el rostro de color purpura en forma horizontal que variaban desde los ojos en tres: más grandes desde debajo de sus orbes hasta más cortos casi al llegar más debajo de sus mejillas.

-No! No! Yo… yo… - Comenzaba a respirar agitadamente mientras buscaba desesperadamente algo de sus bolsillos. Finalmente logro dar con unos papeles que tenía y se los estiraba – Miren! Compré la casa legalmente! En serio! – Estaba al borde de un colapso nervioso. Soren no era un bravucón, bueno, no en estos tiempos y ver a alguien así tan débil y en desventaja no era muy propio… sin contar que con los días le ha estado cogiendo algo de aprecio a los elfos.

El rubio agarro el papel que esta les estiraba y en efecto, todo parecía ser una compra legal ¿Pero por qué solo ella? ¿Acaso los otros no la quieren? Debió gastar una pequeña fortuna en esa casa.

-Sí, todo está bien… - Le entrego nuevamente el papel mientras el rubio seguía embobado en los iris de la elfa – Es que nos pareció algo raro verte lejos de tu gente – Fue sincero, cosa que Corvus hizo como si no supiera de lo que estuviera hablando, tanto que desvió la mirada a otro lado antes que ser comprometido – Por lo general andan en grupos, no? – Le preguntó sin chistar.

La elfa agarro el papel nuevamente y lo guardo sin quitarle la mirada al guardián del rey, aunque ella ni siquiera sabía de qué tan importante era este sujeto.

-Sí, es que… - Se llevó una mano hasta atrás de su cuello para masajear y resoplar un poco para responder correctamente – No me llevo muy bien con los otros elfos, saben? No es que me desagraden, es que… soy distinta, algo así – Trataba de explayarse como mejor podía. A Corvus ya no le interesaba mucho el tema, al parecer todo era legal hasta cierto punto. Pero Soren era otra voz, él quería escuchar su historia – Ya saben, me agrada vivir entre humanos…

-Já! – Rio seco el moreno – Como Rayla…

-Conocen a Rayla? – La elfa indago interesada.

-Sí, claro, es muy popular entre la realeza – Corvus le respondió – En todo caso, elfa, compraste una propiedad sin hacer juramento - ¿Soren escuchó bien? Eso sí que le molesto – Fuera de eso no conoces muy bien lo de los tributos y se supone que tu gente se tiene que movilizar hasta otro lugar sí desea quedarse en Katolis.

¿De qué estaba hablando? ¡Es una elfa! Ezran no va alcanzar a vivir ni la mitad de la vida de ella y este la trata como si fuera cualquier civil. Tuvo que intervenir de inmediato:

-O podemos hacer caso omiso a todas las cuestiones reales y solo concentrarte en que estés bien – Le dio una sonrisa calida a la mujer y esta de alguna forma le correspondió de forma más tímida – Me llamo Soren, soy el guardia real y personal del rey Ezran – Se presentó – Y este maleducado – Señalo al moreno quién solo se cruzó de brazos – Es Corvus, es hombre de confianza del rey y también es un buen amigo.

-Ya veo… - La elfa reverencio de forma elegante ante los hombres – Soy Mildreth, es un placer conocerlos.

-El placer es todo nuestro – El rubio reverencio de la misma forma – Si necesitas algo, si tienes alguna queja puedes dirigirte a alguno de los soldados y te ayudaran, no siendo más… - Tomo del brazo a Corvus y dieron media vuelta – Nos vamos! Disfruta la noche, Mildreth.

Soren a escasos pasos de la elfa no paraba de regañar al moreno por su falta de educación hasta que:

-Oigan! – Fue Mildreth quién les llamo y ambos voltearon la cabeza – Verán, tengo un problema ahora mismo – Dieron media vuelta para verla mejor y escuchar que le aquejaba – Hace unas horas compre una cama… pero es difícil de armar – Se reía apenada.

-Quieres que te ayudemos? – Se ofreció Soren a lo que la elfa de inmediato asintió. Ambos hombres se miraron y sin nada más que hacer durante la noche optaron por entrar para colaborarle con el mueble a la joven.

No muy lejos de allí, más concretamente en un callejón, resguardado por las sombras los veía un hombre quién no estaba muy contento por lo que estaba pasando. Si Soren se involucraba con esa pobre diablo la situación iba a complicarse todavía más para un hechicero y un archimago encerrados quienes esperaban la oportunidad perfecta para acercarse a Mildreth y proponerle algo que jamás iba a rechazar en toda su vida.