Con el pasar de los días Candy había notado cierto cambio en Terry, se mostraba más amable, más atento inclusive hasta bromista.

Un día cuando regresaba de visitar a los niños del hogar encontró unos dulces colgados en la puerta de su recamara por un momento no entendía hasta que Terry apareció detrás de ella con una rosa roja en su mano.

- Terry Ah me asustaste.

- ¿Te pongo nerviosa? Dijo acorralándola contra la puerta.

- Eh… ¡No! Claro que no, tú presencia no causa nada en mí.

- Oh, entonces dime si eso es verdad ¿por qué estas temblando? Acerco su rostro hasta que sus ojos estuvieran a la misma altura.

- Candy paso saliva con dificultad. T- Tengo que darme un baño.

- ¿Así? Por mi no te preocupes puedo esperarte, ¡Oh! Aun mejor si deseas puedo ayudarte con tu aseo.

- ¡Pero que estás diciendo! Dijo Candy escandalizada.

- Jajaja. Terry soltó una carcajada, que solo empeoro la situación.

- Candy se enojo.- ¿Qué te causa tanta gracia? ¡Estoy hablando enserio!

- Jajaja pero yo no, solo estaba bromeando.

- ¡Tú serás! Se detuvo a media palabra.

- Cálmate ya dije que solo bromeaba.

- Candy se cruzo de brazos y le quito la mirada.

- Ah no ser que tal vez si quieras.

- ¡Terry!

- Está bien, está bien no volveré a bromear.

- Por favor retírate tengo que asearme ya te dije. En ningún momento ella volvió a mirarlo, estaba muy molesta.

- De verdad lo siento, no quise molestarte.

- Por más que había intentado no mirarlo sus ojos regresaron a él.

- Créeme que no volverá a pasar. Dijo pasando su mano por la mejilla de Candy.

- Lo prometes.

- La verdad… no.

- ¡Terry!

- Está bien lo prometo.

- Y como muestra de mi sinceridad, te traje esto.

- Es… es hermosa. Dijo tomando la rosa entre sus dedos.- Gracias.

- Si, es hermosa pero hay una en especial que es más hermosa que cualquier otra flor que se pueda cultivar.

- Ella sonrió con las mejillas sonrojadas.

- Esta noche después de cenar quiero que te mantengas despierta.

- ¿Por qué?

- No preguntes solo hazlo, te prometo que te encantara.

- Pero dime al menos que es.

- Si te lo digo ya no sería sorpresa señorita pecas. Dijo tocándole la nariz.

- ¡Oye! No soy tan pecosa.

- Ja claro que si, eres muy pecosa y se notan más cuando cruzas la nariz.

- Pues tu, pues tu… eres u-un señor Ogro.

- Hace cuanto tiempo no escucho ese nombre. Dijo Terry imitando una posición de pensativo.

- Aunque haya dejado de decírtelo sigo pensando que eres un señor Ogro.

- Bueno este Señor Ogro le pide a la señorita pecas que se mantenga despierta después de la cena.

- Eh… pensándolo bien creo que no podre hacerlo.

- ¿Así? ¿Y se puede saber el motivo?

- Esta noche planeaba tener mucho sueño.

- Pues si te quedas dormida tendré que secuestrarte aunque estés en camisón. Dijo Terry con una sonrisa traviesa.

- ¿Cómo? Candy se cruzo de brazos con enojo fingido ¡Pues no iré! Y si entras a mi habitación gritare.

- Ya veremos señorita pecas.

- ¡No me llames así! Candy intento darle un golpe en el pecho pero él había sido más rápido y sujeto su brazo con una mano y con la otra la pego a su cuerpo.

- ¿Sabes? Jamás permito que alguien me golpee y aquel que se atreva hacerlo tendrá que ser castigado.

- ¿Acaso vas a castigarme? Dijo Candy sorprendida.

- Bueno es lo que mereces. Dijo acercando su rostro hasta tocar su nariz con la de ella.

- Ella cerró los ojos esperando recibir sus labios.

La respiración de ambos se empezaba a agitar, sus corazones se unieron en un solo latido. Sus labios casi se rosaban.

- ¡Oh lo siento!

- Tan pronto como escucharon una voz sus cuerpos se separaron.

- Yo-yo no quise, lo lamento.

- Anthony… Dijo Candy avergonzada, no sabía que hacer quería que la tierra la tragara o esconderse donde sea.

- Solo estábamos hablando. Dijo Terry rápidamente.

- Entiendo. Dijo Anthony bajando la cabeza con la mirada triste.

- ¿Te sucede algo, Anthony? Pregunto Candy preocupada al ver como su expresión había cambiado rápidamente.

- No es nada. Dijo totalmente serio

- ¿Estas seguro? Pareces triste. Levanto su mano para tocarle el hombro pero él la evito.

- No tienes de que preocuparte, estoy bien. Dijo marchándose a su habitación. Al entrar se recostó sobre la puerta pasándose las manos por el rostro. ¿Qué me pasa? Debería estar feliz por ellos pero… ¿Por qué me siento así? ¿Por qué estoy tan enojado?

Al llegar la noche la cena transcurrió casi con normalidad excepto por la ausencia de Anthony quien había mandado a decir que no tenia apetito.

La abuela se preocupo por su nieto pero Terry intervino.

- Déjalo abuela, ya sabes cómo es él seguro tuvo un mal día.

- Por eso mismo él no es así, Dorothy por favor llévale la cena a mi nieto.

- Si señora.

A los pocos segundos Dorothy regreso con la bandeja de comida.

- Señora, él joven no desea cenar.

- Oh por todos los cielos. Dame la bandeja yo iré a su habitación.

Estaba recostado sobre su cama con la mirada perdida cuando alguien volvió a llamar a la puerta.

- Dorothy, ya dije que no deseo nada.

- Soy yo querido. Dijo la abuela del otro lado de la recamara.

- Anthony no tuvo remedio que levantarse y abrir la puerta.- ¿Qué sucede abuela?

- Eso mismo te pregunto ¿Por qué no quieres cenar?

- No tengo hambre eso es todo.

- No a mi no me engañas, los conozco muy bien a ti y a tus hermanos y sé que algo te preocupa.

- No es nada abuela, si tanto te preocupa dame la bandeja entonces, comeré aquí.

- Agnes entrego la bandeja con comida a su nieto y entonces dijo.- Se trata de una chica ¿verdad?

- Él levanto el rostro con los ojos bien abiertos pero inmediatamente aparto la mirada ¿Qué estás diciendo abuela? Eso no es posible.

- Traes la misma mirada que tu padre llevaba cuando conoció a tu madre.

- Solo estoy algo cansado abuela, no te preocupes comeré todo. Buenas noches. Dijo cerrando la puerta.

- Que hermosa noche. Decía la jovencita de cabellos dorados mientras contemplaba la luna desde su alcoba entonces un sonido interrumpió sus pensamientos. Camino en dirección a su puerta y al abrirla del otro lado se encontraba el dueño de sus pensamientos.- Terry… ¿Qué haces aquí? ¿A esta hora?

- Te dije que vendría por ti.

- ¿Y que te hace pensar que iré contigo?

- Bueno estas con tu vestido, así que me imagino que me esperabas. Ven no hay tiempo que perder. Dijo tomándola de la mano.

- Espera alguien podría vernos.

- Ya todos están dormidos. Dijo él.

Salieron de casa sin que nadie los viera como dos jovencitos escapando a cumplir su fantasía de amor.

Caminaron durante un largo rato hasta llegar a un bosque el cual atravesaron con rapidez. Candy llevaba una sonrisa en los labios entonces soltó una carcajada.

- ¿Por qué estas riendo?

- Es una idea tonta, no le tomes importancia.

- No, vamos dilo yo también quiero reír. Dijo sin parar de caminar mientras la sostenía de la mano.

- Bueno… es que caminado así durante la noche y con este escenario parecemos dos enamorados escapando de nuestra familia pero no me hagas caso solo es un pensamiento tonto.

- De pronto él se detuvo y ella choco con su espalda.- Eh, ¿Terry?

- ¿No te has preguntado por que te traigo aquí? Dijo dando media vuelta.

- No entiendo ¿a que te refieres?

- Nunca he traído a nadie hasta aquí y solo lo hago porque eres importante para mí.

- ¿Cómo? Pregunto creyendo haber escuchado mal ¿Acaso ella era importante para Terry? Necesitaba escucharlo de nuevo.

- ¡Me importas! Y mucho. Ven aquí. Dijo de nuevo guiándola de la mano hasta llegar a un pequeño jardín.

- ¡Wow! ¡Esto es hermoso!

Candy se acerco a las hermosas flores que adornaban los alrededores una pequeña laguna y mientras más observaba un árbol llamo su atención era alto, seguro sería muy bueno para trepar entonces se fijo que una de las ramas traía una soga sujetada a un trozo de madera. Se acerco lo suficiente y noto que en el árbol había algo escrito junto a una pequeña línea.

- Terry… Pronuncio sus labios. Ella giro y lo miro.- ¿Esto es?

- Si, este es el lugar donde solía venir con mi madre. Sabes ella amaba mucho la naturaleza y este era su lugar favorito. Este era mi tamaño en aquel entonces. Dijo señalando la línea al lado de su nombre.

- Eras…tan pequeño. Dijo Candy.

- Si, apenas era un niño. Anthony pasaba la mayor parte del tiempo con papá y Annie era una bebé así que un día mamá me trajo hasta aquí y dijo "Cuando yo no este, cuidaras de este lugar" Yo apenas era pequeño y no entendía esas palabras pensé que me abandonaría pero cuando murió entendí a lo que se refería. Este árbol lo planto ella cuando apenas era una niña, no pensé que durara tanto pero sigue tan fuerte y conserva todo su vigor. Tal vez por eso me gusta este lugar porque me hace recordar a ella.

- Candy escuchaba a Terry con ternura, sabía lo que se sentía. Este lugar le hacía recordar a su madre así como ella recordaba a la suya con aquel crucifijo que lamentablemente perdió. – Hiciste un muy buen trabajo cuidándolo.

- Él le sonrió y la volvió a tomar de la mano y la llevo detrás del árbol aparto unos arbustos y Candy quedo asombrada ¿Acaso esas eran?

- ¿Te gustan? Le dijo Terry.

- ¿Gustarme? ¡Me encantan! Grito emocionada. ¡Terry esto es hermoso! Recordó la rosa que el llevo a su habitación y dijo.- Es la misma rosa que me entregaste.

- Así es.

- Son tan hermosas. Se acerco para tocar una.

- Candy, ten cuidado con las esp...

- ¡Auch!

- Espinas. Termino de decir la frase pero ya se había lastimado.

- ¡Oh! Gimió de dolor.

- El se acerco rápidamente.- Debiste tener cuidado. La regaño.- Dame tu mano.

- No es necesario, no es importante.

- Dame tu mano. Dijo con seriedad. Ella no opuso más resistencia y estiro su mano. El observo como la sangre caía de uno de sus dedos.- ¡Estas sangrando!

- Solo fue un pequeño pinchazo.

- ¿Un pinchazo? ¡Te lastimaste! Y mira traes una espina en el otro dedo. Dijo con un tono de preocupación y molestia.

- ¿Enserio? Dijo tratando de recuperar su mano pero él la retuvo.

- ¿Qué vas hacer?

- Intentar quitármela por supuesto.

- Solo te lastimaras más. Yo lo hare.

- ¿Qué? Pero entonces Terry acerco el dedo de Candy a sus labios y delicadamente con los dientes jalo la espina.

- ¡Ah! Candy cerró los ojos por el dolor.

- Inmediatamente Terry saco de su bolsillo un pañuelo el cual rompió con sus dientes y lo ato suavemente en sus dedos.- Listo.

- Ella abrió los ojos y con una sonrisa dijo.- Gracias.

- Él en lugar de soltarla llevo las manos de la joven a sus labios y los beso.

Ambos se miraban bajo la luz de la luna siendo la única testigo de que dos corazones estaban cada vez más cerca.

Él paso una mano por el cabello de ella bajando por su mejilla hasta sus labios. Se fue acercando cada vez más hasta sentir su aliento cerca.

- Terry…

- Dime. Dijo concentrado acercándose al cuello de Candy.

- Creo que debemos regresar.

- El se alejo y miro las mejillas sonrojadas de la joven y entonces entendió que estaba nerviosa.- Tienes razón, ya es muy tarde.

- Ella asintió.

- Solo unos minutos más, prometo no hacer nada. Disfrutemos de este paisaje. Dijo

- Está bien.

Ambos tomaron asiento al pie del árbol mientras contemplaban la luz de la luna reflejada en la laguna.

Continuará…

¿Qué ocurre con Anthony? ¿Acaso se ha enamorado? ¿Sera este un sentimiento pasajero o será permanente?

Terry y Candy están cada vez más cerca ¿llevaran este sentimiento al siguiente paso? Ya lo sabremos pronto.

Hola chicas bellas estamos de vuelta con este nuevo capítulo espero lo disfruten mucho, agradezco sus saludos y comentarios. Les deseo una hermosa semana y bendiciones.