Ni Love Live! Ni Cincuenta Sombras me pertenece, es de sus respectivos autores.

La Gran Casa, Mayo 2020

Yazco en nuestro tartán de picnic y levanto la mirada al claro cielo azul de verano, mi vista enmarcada por flores de pradera y altos pastos verdes. El calor del sol de esa tarde verano calienta mi piel, mis huesos y mi barriga, y me relajo, mi cuerpo volviéndose gelatina. Esto es cómodo. Infiernos no… esto es maravilloso. Saboreo el momento, un momento de paz, un momento de puro y completo contento. Debería sentirme culpable por sentir esta alegría, esta plenitud, pero no es así. La vida justo ahora es buena, y he aprendido a apreciarla y vivir el momento, como mi esposo. Sonrío y me retuerzo mientras mi mente divaga hacia el delicioso recuerdo de la noche pasada en nuestro hogar en el Escala…

Las hebras del flogger pasan por encima de mi hinchada barriga en un doloroso y alargado paso.

—¿Has tenido suficiente, Nozomi? —susurra Eli en mi oreja.

—Oh, por favor —ruego, empujando de las restricciones sobre mi cabeza mientras estoy de pie con los ojos vendados, y encadenada a la rejilla del salón de juegos. El dulce ardor del flogger muerde mi trasero.

—¿Por favor qué? Jadeo.

—Por favor, Amo.

Eli pone una mano sobre mi ardida piel y la frota gentilmente.

—Ahí. Ahí. Ahí. —Sus palabras son suaves. Su mano se mueve al sur y alrededores, y sus dedos se deslizan dentro de mí.

Gruño.

—Nozomi-san—susurra, y sus dientes tiran de mi lóbulo—. Estás tan lista.

Sus dedos se deslizan adentro y afuera, golpeando ese lugar, ese dulce, dulce lugar de nuevo. El flogger golpea contra el suelo y su mano se mueve sobre mi barriga y hacia mis pechos.

Me tenso. Están sensibles.

—Tranquila —dice Eli, ahuecando uno, y gentilmente roza su pulgar sobre mi pezón.

—Ah.

Sus dedos son gentiles y tentadores, y el placer gira el espirales desde mis pechos y abajo, abajo… muy abajo. Echo la cabeza para atrás, empujando mi pezón en su palma, y gimo una vez más.

—Me gusta escucharte —susurra Eli. Su erección está en mi cadera, los botones de su bragueta presionando contra mi piel mientras sus dedos continúan su asalto implacable: adentro, afuera, adentro, afuera; manteniendo ese ritmo—.

¿Debería hacerte venir de esta forma? —pregunta.

—No.

Sus dedos dejan de moverse dentro de mí.

—¿En serio, Sra. Ayase? ¿Depende de ti? —Sus dedos se aprietan alrededor de mi pezón.

—No… no, Amo.

—Eso está mejor.

—Ah. Por favor —ruego.

—¿Qué quieres, Nozomi?

—A ti. Siempre.

Él inhala bruscamente.

—Todo tú —añado, sin aliento.

Desliza sus dedos fuera de mí, me da la vuelta para enfrentarlo, y remueve la venda. Parpadeo hacia los oscurecidos ojos azules que queman en los míos. Sus dedos índices trazan mi labio inferior, y él empuja sus dedos índice y medio en mi boca, dejándome saborear el salado sabor de mi excitación.

—Chupa —susurra. Revoloteo mi lengua alrededor y entre sus dedos.

Hmmm… incluso yo saboreo bien en sus dedos.

Sus manos se mueven por mis brazos hacia las esposas sobre mi cabeza, y las suelta, liberándome. Dándome la vuelta de modo que estoy mirando a la pared, agarra mi trenza, empujándome en sus brazos. Mueve mi cabeza a un lado y desliza sus labios por mi garganta hacia mi oreja mientras me sostiene contra él.

—Quiero tu boca. —Su voz es suave y seductora. Mi cuerpo, maduro y listo, se aprieta muy dentro. El placer es dulce y crudo.

Gimo. Volteándome para enfrentarlo, empujo su cabeza hacia la mía y lo beso duro, mi lengua invadiendo su boca, saboreándolo y degustándolo. Él gruñe, pone sus manos en mi trasero y me aprieta contra él, pero sólo mi barriga de embarazada lo toca. Muerdo su mandíbula y trazo besos por su garganta y deslizo mis dedos por sus jeans. Él echa la cabeza para atrás, exponiendo más de su garganta para mí, y yo deslizo mi lengua por su pecho y a través del vello en él.

—Ah.

Agarro la cinturilla de sus jeans, los botones saliendo disparados, y él agarra mis hombros mientras su me hundo en mis rodillas frente a él. Cuando levanto la mirada a través de mis pestañas, él me mira fijamente. Sus ojos son oscuros, sus labios están separados, y él inhala profundamente cuando lo libero y lo atrapo con mi boca. Amo hacerle esto a Eli. Observarlo desarmarse, escuchar su aliento

dificultoso, y los suaves gemidos que hace en lo profundo en su garganta. Cierro los ojos y chupo duro, presionando bajo él, deleitándome con su sabor y su jadeo sin aliento. Él agarra mi cabeza, inmovilizándome, y yo enfundo mis dientes con mis labios lo presiono más profundo en mi boca.

—Abre tus ojos y mírame —ordena, su voz es baja. Ojos destellantes encuentran los míos y él flexiona sus caderas, llenando mi boca hasta la parte trasera de mi garganta, luego retrocediendo rápidamente. Empuja dentro de mí de nuevo y me estiro para agarrarlo. Se detiene y me sostiene en mi lugar.

—No me toques o te esposaré de nuevo. Sólo quiero tu boca —gruñe.

Oh, mi… ¿así, verdad? Pongo mis mansos tras mi espalda y levanto la mirada a él inocentemente, su polla en mi boca.

—Buena chica —dice, sonriéndome, su voz roca. Retrocede y sosteniéndome gentil pero firmemente, empuja dentro de mí de nuevo.

—Tienes una boca tan follable, Sra. Ayase. —Cierra los ojos y sale de mi boca mientras yo lo aprieto entre mis labios, deslizando mi lengua sobre y alrededor de él. Lo tomo más profundo y retrocedo, una y otra vez, y de nuevo, el aire siseando entre sus dientes.

—¡Ah! Detente —dice, y sale de mí, dejándome con ganas de más. Agarra mis hombros y me pone sobre mis pies. Agarrando mi trenza, me besa con fuerza, su persistente lengua exigiendo y dando a la vez. De repente me libera, y antes de que me dé cuenta, me ha levantado en sus brazos y me ha movido a la cama de cuatro postes. Gentilmente, me acuesta, de modo que mi espalda apenas está al borde de la cama.

—Envuelve tus piernas alrededor de mi cintura —ordena. Hago como me dice y lo empujo hacia mí. Se inclina, sus manos a ambos lados de mi cabeza, y todavía de pie, muy lentamente se abre paso dentro de mí.

Oh, eso se siente tan bien. Cierro los ojos y me regodeo en su lenta posesión.

—¿Está bien así? —pregunta, su preocupación evidente en su tono.

—Oh, Dios, Eli. Sí. Sí. Por favor. —Aprieto mis piernas alrededor de él y empujo y contra él. Gruñe. Agarro sus brazos y él flexiona sus caderas lentamente al principio, adentro y afuera.

—Eli, por favor. Más duro, no me romperé.

Gruñe y empieza a moverse, realmente moverse, golpeando dentro de mí una y otra vez. Oh, es celestial.

—Sí —jadeo, apretando mi agarre en él mientras empiezo a llegar… él gruñe, penetrándome con renovada determinación…. Y estoy cerca. Oh, por favor. No te detengas.

—Vamos, Nozomi —gruñe a través de sus dientes apretados, y exploto a su alrededor, mi orgasmo yendo arriba y arriba. Grito su nombre y Eli se paraliza, gruñendo en voz alta, y llega al clímax dentro de mí.

—Nozomi —grita.

Eli yace a mi lado, su mano acariciando mi barriga, sus largos dedos separados a lo ancho.

—¿Cómo está mi hija?

—Está bailando. —Me río.

—¿Bailando? ¡Oh, sí! Guau. Puedo sentirla. —Sonríe cuando Blip Dos salta dentro de mí.

—Creo que ya le gusta el sexo. Eli frunce el ceño.

—¿En serio? —dice secamente. Se mueve de modo que sus labios están contra mi bulto—. No habrá nada de eso hasta que tengas treinta, señorita.

Me río tontamente.

—Oh, Eli, eres tan hipócrita.

—No, soy un padre ansioso. —Me mira, su ceño fruncido traicionando su ansiedad.

—Eres un padre maravilloso, como supe que lo serías. —Acaricio su adorable cara, y él me da una tímida sonrisa.

—Me gusta esto —murmura, frotando y luego besando mi barriga—. Hay más de ti.

Hago un mohín.

—No me gusta más de mí.

—Es genial cuando te vienes.

—¡Eli!

—Y estoy esperando con ansias saborear la leche materna de nuevo.

—¡Eli! Eres un pervertido…

Desciende sobre mí de repente, besándome con fuerza, lanzando su pierna sobre la mía y agarrando mis manos de modo que están sobre mi cabeza.

—Amas el sexo pervertido —susurra, y roza su nariz con la mía. Sonrío, atrapada en su infecciosa y maliciosa sonrisa.

—Sí, amo el sexo pervertido. Y te amo a ti. Mucho.

Me levanto de un salto, despierta por un alto chillido de deleite de mi hijo, y aunque no puedo verlo ni a él ni a Eli, sonrío como una idiota alegremente.

Satoru ha despertado de su siesta, y él y Eli están jugueteando en las cercanías. Yazco calladamente, todavía maravillándome por la capacidad de Eli para

jugar. Su paciencia con Satoru es extraordinaria, mucho más que conmigo. Bufo. Pero entonces, es así como debería ser. Y mi hermoso niño, la manzana con los ojos de su madre y padre, no conoce el miedo. Eli, por otro lado, todavía es demasiado sobre protector, o ambos. Mi dulce, volátil y controlador Cincuenta.

—Encontremos a mami. Está aquí en alguna parte del césped.

Satoru dice algo que no escucho y Eli se ríe con libertad, felizmente. Es un sonido mágico, lleno de su alegría paternal. No puedo resistirme. Lucho por apoyarme en mis codos para espiarlos desde mi escondite en el largo césped.

Eli está balanceando a Satoru por todos lados, haciéndolo chillar una vez más con deleite. Se detiene, lo lanza en el aire, dejo de respirar, luego lo atrapa. Satoru se estremece con abandono infantil y yo exhalo un suspiro de alivio. Oh, mi hombrecito, mi querido hombrecito, siempre al ruedo.

—¡Tavez, papi! —grita él. Eli lo hace y mi corazón llega a mi boca una vez cuando lanza a Satoru al aire y luego lo atrapa de nuevo, apretándolo cerca de sí. Eli besa el cabello rubio de Satoru y sopla un beso en su mejilla.

Satoru es inconsciente. Él se retuerce, empujando el pecho de Eli y queriendo salir de sus brazos. Sonriendo, Eli lo pone en el suelo.

—Encontremos a mami. Está escondiéndose en el césped.

Satoru sonríe ampliamente, disfrutando el juego, y mira alrededor del jardín. Agarrando la mano de Eli, señala a algún lugar en donde no estoy, y aquello me hace reír. Me recuesto de nuevo rápidamente, deleitándome con este juego.

— Satoru, escuché a mami. ¿La escuchaste?

—¡Mami!

Demasiado pronto escucho sus pisadas pisoteando a través del jardín y primero Satoru aparece y luego Eli a través del amplio césped.

—¡Mami! —grita Satoru como si hubiese encontrado un tesoro perdido de la Sierra Madre y trepa sobre mí.

—¡Hola, bebé! —Lo acuno contra mí y beso su regordeta mejilla. Sonríe tontamente y me besa en respuesta, luego lucha por salir de mis brazos.

—Hola, mami. —Eli me sonríe.

—Hola, papi. —Le sonrío yo a él. Se inclina, recoge a Satoru y se sienta a mi lado con nuestro hijo en su regazo.

—Cuidado con mami —amonesta a Satoru. Yo esbozo una sonrisita, la ironía no se me ha escapado. De su bolsillo, Eli saca su BlackBerry y se la da a Satoru. Esto probablemente nos ganará cinco minutos de paz, como máximo. Satoru lo estudia, con su pequeño ceño fruncido. Se ve tan serio, sus ojos azules concentrándose con fuerza, justo como cuando su papá lee sus e-mails. Eli olisquea el cabello de Satoru y mi corazón se hincha al verlos a ambos. Como dos gotas de agua: mi hijo sentado con calma, por unos cuantos momentos, al menos, en el regazo de mi esposo. Mis dos hombres favoritos en el mundo.

Por supuesto, Satoru es el niño más hermoso y talentoso del planeta, pero soy su madre así que yo pensaría eso. Y Eli es… bueno, Eli es sólo él mismo. Con camiseta blanca y jeans, luce tan sexy como de costumbre. ¿Qué hice para ganar semejante premio?

—Te ves bien, Sra. Ayase.

—Como tú, Sr. Ayase.

—¿No es mami bonita? —susurra Eli en la oreja de Satoru. Satoru lo Satoru, más interesado en la BlackBerry de papi.

Me río tontamente.

—No puedes meterte con él.

—Lo sé. —Eli sonría y besa el cabello de Satoru —. No puedo creer que cumpla dos años mañana. —Su tono es sabio. Estirándose, extiende su mano sobre mi barriga—. Tengamos muchos niños —dice.

—Uno más, al menos. —Sonrío, y él acaricia mi barriga.

—¿Cómo está mi hija?

—Está bien. Dormida, creo.

—Hola, Sr. Ayase. Hola, Nozomi.

Ambos nos damos vuelta para ver a Rin-chan, la hija de Nico, aparecer en el césped.

—Rin-chan —chilla Satoru con placentero reconocimiento. Lucha por levantarse del regazo de Eli, dejando de lado la BlackBerry.

—Tengo algunos helados de Okimura-san —dice Rin-chan—. ¿Le puedo dar una a Satoru?

—Seguro —digo. Oh, Dios, esto va a ser un problema.

—¡Tabeta! —Satoru extiende su manso y Rin-chan le pasa una. Ya está chorreando.

—Aquí… deja que mami la vea. —Me siento, tomo el helado de Satoru, y rápidamente la deslizo en mi boca, lamiendo el exceso de jugo. Hmm… arándano, frío y delicioso.

—¡Mía! —protesta Satoru, su voz resonando con indignación.

—Aquí tienes. —Le devuelvo una paleta ligeramente menos derretida y ella va directo a su boca. Me sonríe.

—¿Podemos ir a caminar Satoru y yo? —pregunta Rin-chan.

—Seguro.

—No vayan muy lejos —añade Eli.

—No, Sr. Ayase. —Los ojos avellana de Rin-chan están amplios y serios. Creo que está un poco asustada de Eli. Ella extiende su mano y Satoru la agarra con buen gusto.

Caminan juntos lentamente a través del amplio césped. Eli los observa.

—Estarán bien, Eli. ¿Qué podría pasarles aquí?

Frunce el ceño momentáneamente, y yo me arrastro hasta su regazo.

—Además, Satoru está completamente entusiasmado con Rin-chan.

Eli bufa y acaricia mi cabello. —Es una niña encantadora.

—Lo es. Muy bonita también. Un ángel pelimorada.

Eli se endereza y pone sus manos en mi barriga. —¿eh? — hay un destello de miedo en su voz. Pongo mi mano en su nuca—. No tienes que preocuparte por tu hija por al menos tres meses. Tengo todo cubierto aquí. ¿De acuerdo?

Me besa detrás de la oreja y mordisquea mi lóbulo.

—Como tú digas, Sra. Ayase. —Luego me muerde. Gimo.

—Disfruté lo de anoche —dice—. Deberíamos hacerlo más a menudo.

—Yo también.

—Y podríamos hacerlo, si dejaras de trabajar…

Pongo los ojos en blanco y él afianza su brazo alrededor de mí y ríe en mi cuello.

—¿Me estás poniendo los ojos en blanco, Sra. Ayase? —Hay una sensual amenaza implícita en su tono, que me hace estremecer, pero como estamos en el medio del prado con los chicos cerca, ignoro su invitación.

—Publicaciones Ayase tiene a un autor de los Bestsellers del New York Times, las ventas de Boyce Fox son fenomenales, el área de e-books del negocio ha explotado, y finalmente tengo al equipo que quiero a mi alrededor.

—Y estás ganando dinero con estos tiempos difíciles —añade Eli, orgulloso—. Pero… me gusta verte descalza y embarazada en mi cocina.

Me inclino para poder ver su rostro. Me mira, con los ojos brillantes.

—A mí también me gusta eso —murmuro, y me besa, con su mano aún en mi vientre.

Viendo que está de buen humor, decido traer un tema delicado. —¿Has vuelto a pensar en mi sugerencia?

Se tensa. —Nozomi, la respuesta es no.

—Pero Avellana es un nombre tan hermoso.

—No nombraré a mi hija así. No. Fin de la discusión.

—¿Estás seguro?

—Sí. —Tomando mi barbilla, me mira profundamente, exasperando—. Nozomi, ya ríndete. No quiero a mi hija marcada por mi pasado.

—De acuerdo. Lo lamento. —Mierda… no quiero hacerlo enfadar.

—Así me gusta. Deja de intentar arreglarlo —murmura—. Hiciste que admitiera que la amaba, me arrastraste a su tumba. Suficiente.

Oh no. Me remuevo en su regazo para enfrentarlo y tomar su cara con mis manos. —Lo lamento. Enserio. Por favor, no te enfades conmigo, por favor.

—Lo beso, y luego la esquina de sus labios. Después de un segundo, señala su otra esquina, y sonrío y la beso. Señala su nariz. También la beso. Sonríe y pone sus manos en mi cintura.

—Oh señora Ayase… ¿qué voy a hacer contigo?

—Seguramente ya pensarás en algo —murmuro.

Sonríe y, moviéndose repentinamente, me empuja hacia la manta.

—¿Y si lo hago ahora? —susurra con una sonrisa lasciva.

—¡Eli! —jadeo.

De repente hay un grito agudo de Satoru. Eli se pone de pie con gracia felina y corre hacia la fuente del sonido. Lo sigo a un paso más tranquilo. En secreto, no estoy tan preocupada como Eli, no es un grito que me haría bajar los escalones saltando para averiguar qué pasa.

Eli toma a Satoru en sus brazos. Nuestro niñito llora inconsolablemente y señala al suelo, donde yacen los restos de su helado destrozado, derritiéndose en el césped.

—Lo dejó caer —dice tristemente Rin-chan—. Le habría dado el mío, pero ya lo terminé.

—Oh, Rin-chan cariño no te preocupes. —Le acaricio el cabello.

—¡Mami! —grita Satoru, estirándome sus bracitos. Eli lo deja ir reticentemente mientras me estiro hacia él.

—Ya, ya.

—Helado. —Solloza.

—Lo sé cariño. Iremos a ver Nico y te conseguiremos otro. —

Le beso la cabeza… oh, huele tan bien. Huele a mi bebé.

—Helado. —Señala. Tomo su manita y le beso los dedos pegajosos.

—Puedo saborearla en tus dedos.

Satoru deja de llorar y se examina la mano.

—Pon tus dedos en tu boca. Lo hace. —¡Helado!

—Sí. Tu helado.

Sonríe. Mi hermoso niñito, justo como su padre. Bueno, al menos él tiene una excusa, sólo tiene dos años.

—¿Vamos a ver Nico? —Asiente, sonriendo con su hermosa sonrisa infantil—. ¿Dejarás que papi te lleve? —Sacude la cabeza y envuelve sus brazos en mi cuello, abrazándome con fuerza y presionando su cabecita en mi garganta.

—Creo que papi también quiere saborear el helado. —Le susurro en su orejita. Satoru me mira, luego a su mano y la sostiene hacia Eli. Él sonríe y se pone los dedos de Satoru en la boca—. Hmm… sabroso.

Satoru ríe y se estira, queriendo que Eli lo sostenga. Eli me sonríe y toma a Satoru en sus brazos, acomodándolo en su cadera.

—¿Dónde está Okimura-san, Rin-chan?

—Estaba en la casa grande.

Miro a Eli. Su sonrisa se vuelve agridulce, y me pregunto qué estará pensando.

—Eres tan buena con él —murmura.

—¿Este pequeñito? —Alboroto el cabello de Satoru—. Sólo porque tengo tu ejemplo Ayase. —Le sonrío a mi marido.

Él ríe. —Sí, lo haces, señora Ayase.

Satoru se libera del agarre de Eli. Ahora quiere caminar, mi hombrecito testarudo. Tomo una de sus manos, y su papi toma la otra, y juntos vamos hamacando a Satoru entre los dos todo el camino a la casa, con Rin-chan saltando adelante.

Saludo a Nico quien, en un raro día libre, está afuera en la cochera, vestido con vaqueros y una camiseta blanca, mientras manipula una vieja motocicleta.

Me detengo afuera de la puerta del cuarto de Satoru y escucho a Eli leyéndole. —¡Soy el Lórax! Yo hablo por los árboles…

Cuando miro, Satoru está dormido mientras Eli sigue leyendo. Levanta la mirada cuando abro la puerta y cierra el libro. Se pone un dedo en los labios y enciende el parlantito para niños al lado de la cama de Satoru. Ajusta sus mantas, le acaricia la mejilla, y se endereza para acercarse hacia mí sin hacer un sonido. Es difícil no reír.

Afuera en el pasillo, Eli me abraza. —Dios, lo amo, pero es genial cuando está dormido. —murmura en mis labios.

—No podría estar más de acuerdo.

Me mira suavemente. —Apenas puedo creer que lleva dos años con nosotros.

—Lo sé. —Lo beso, y por un momento soy transportada de regreso al nacimiento de Satoru: la cesárea de emergencia, la ansiedad contagiosa de Eli, la calma sin sentido de la doctora Menma cuando mi Pequeño estaba en peligro. Tiemblo inconscientemente ante el recuerdo.

Flashback

—Sra. Ayase, ha estado trabajado en el parto durante más de quince horas. Sus contracciones han disminuido a pesar del Pitocin. Tenemos que hacer una cesárea, el bebé peligra. —La doctora Menma suena firme.

—¡Ya era hora maldita sea! —Le gruñe Eli. La doctora lo ignora.

—Eli, tranquilo. —Aprieto su mano. Mi voz suena baja y débil y todo da vueltas, las paredes, las máquinas, la gente vestida de verde… sólo quiero dormir. Pero tengo algo importante que hacer antes… oh cierto—. Quiero tenerlo por mí misma.

—Señora Ayase, por favor. Cesárea.

—Por favor Nozomi —ruega Eli.

—¿Entonces podré dormir?

—Claro nena, por supuesto. —Es casi un sollozo, y Eli besa mi frente.

—Quiero ver al pequeño.

—Lo harás.

—De acuerdo —susurro.

—Por fin —murmura la doctora—. Enfermera, avise al anestesista Miller, prepare para una cesárea. Sra. Ayase, vamos a moverla al área de cirugía.

—¿Mover? —Hablamos Eli y yo.

—Sí. Ahora mismo.

Y de repente nos estamos moviendo, rápidamente, con las luces del techo convirtiéndose en un solo borrón mientras soy llevada por el pasillo.

—Sr. Ayase, tendrá que ponerse la ropa adecuada.

—¿Qué?

—Ahora señor Ayase.

Aprieta mi mano y me suelta.

—Eli. —Lo llamo, entrando en pánico.

Cruzamos unas puertas, y en nada de tiempo una enfermera pone una tela en mi pecho. La puerta se abre y cierra, y hay tanta gente en el cuarto. Hay tanto ruido… quiero irme a casa.

—¿Eli? —Busco a mi esposo en el cuarto.

—Estará con usted en un momento, señora Ayase.

Un momento más tarde está a mi lado, con una bata azul, y tomo su mano.

—Tengo miedo —susurro.

—No nena, no. Estoy aquí. No tengas miedo. No tú, mi fuerte Nozomi. –—Besa mi frente, y sé por el tono de su voz que algo va mal.

—¿Qué es?

—¿Qué?

—¿Qué va mal?

—Nada va mal. Todo está bien. Nena, sólo estás agotada. —Sus ojos están llenos de miedo.

—Sra. Ayase, ha llegado el anestesista. Va a ajustar su epidural, y luego podremos proceder

—Está teniendo otra contracción.

Todo se tensa como una barra de hierro en mi estómago. ¡Mierda! Trituro la mano de Eli para liberarme un poco. Esto es lo que me cansa, soportar el dolor. Estoy tan cansada. Siento el líquido desparramarse… y desparramarse. Me concentro en el rostro de Eli. En la arruga entre sus cejas. Está tenso. Está preocupado. ¿Por qué estápreocupado?

—¿Puede sentir esto, Sra. Ayase? —Llega la voz amortiguada de la doctora Menma detrás de la cortina.

—¿Sentir qué?

—No puede sentirlo.

—Bien, doctor Miller, vamos.

—Lo estás haciendo bien Nozomi.

Eli está pálido. Tiene sudor en la frente. Está asustado. No tengas miedo, Eli, no lo tengas.

—Te amo —susurro.

—Oh Nozomi —Solloza—. También te amo mucho.

Siento un tirón extraño en mi interior. Como nada que jamás he sentido. Eli mira sobre la cortina y palidece, pero mira fascinado.

—¿Qué está ocurriendo?

—¡Succión! Bien…

De repente, se oye un fuerte llanto agudo.

—Tiene un varón, Sra. Ayase. Revisen su Apgar.

—Su Apgar es nueve.

—¿Puedo verlo? —jadeo.

Eli desaparece de la vista un momento y reaparece enseguida, cargando a mi hijo, vestido de azul. Tiene el rostro rosado, cubierto de sangre y masa blanca. Mi bebé. Mi Blip. Ayase Satoru.

Cuando miro a Eli, tiene lágrimas en los ojos.

—Aquí está su hijo, Nozomi-san—susurra con la voz quebrada por la emoción.

—Nuestro hijo —susurro—. Es hermoso.

—Lo es —dice Eli y besa la frente de nuestro hermoso niñito bajo su cabello negro. Ayase Satoru es ajeno a ello. Con los ojos cerrados, y el llanto olvidado, se quedó dormido. Es la visión más hermosa que jamás he visto. Tan hermoso que comienzo a llorar.

—Gracias Nozomi —susurra Eli, y también tiene lágrimas en los ojos.

Fin del flashback

—¿Qué ocurre? —Eli me toma la barbilla.

—Sólo recordaba el nacimiento de Satoru.

Eli sonríe y toca mi barriga. —No pienso repetir eso. Cesárea programada esta vez.

—Eli, yo…

—No, Nozomi. Casi te me moriste la última vez. No.

—No estuve cerca de morir.

—No. —Es enfático para que no le discuta, pero cuando me mira, su mirada se suaviza.

—Me gusta el nombre Yu—susurra, y acaricia mi nariz con la suya.

—¿Ayase Yu? Yu… sí, también me gusta. —Le sonrío.

—Bien. Quiero armar el regalo de Satoru. —Toma mi mano, y vamos abajo. Su emoción es palpable; Eli ha esperado esto por todo el día.

—¿Crees que le gustará? —Su mirada preocupada se encuentra con la mía.

—Lo amará. Por dos minutos. Eli, sólo tiene dos años.

Eli ha terminado de armar el tren de madera que le compró a Satoru por su cumpleaños. Hizo que Barney de la oficina creara dos motores para que funcionaran con energía solar como el helicóptero que le regalé yo a él hace unos años. Eli parece ansioso por el amanecer. Sospecho que quiere jugar con el tren él mismo.

La alfombra cubre casi todo el suelo de piedra de nuestro cuarto exterior.

Mañana tendremos una fiesta familiar para Satoru. Jinta y Tomoki vendrán y todos los Ayase, incluyendo a la nueva prima de Satoru Natsuki, la hija de dos meses de Anju y Eren. Espero con ansias ponerme al día con Anju y ver cómo le va con la maternidad.

Levanto la vista mientras el sol se hunde en la Península Olímpica. Es todo lo que Eli prometió que sería, y siento la misma alegría al verlo ahora que la primera vez. Simplemente es deslumbrante: el atardecer en el Sound. Eli me tira en sus brazos.

—Es una vista increíble.

—Lo es —responde Eli, y cuando me doy vuelta, me está mirando. Me besa suavemente en los labios—. Es una vista hermosa —murmura.

—Mi favorita.

—Es casa.

Sonríe y vuelve a besarme. —Te amo, Sra. Ayase.

—También te amo Eli, siempre.

Fin.