El silencio se apodera del lugar por un largo rato, un rato incomodo donde yo y Artemisa nos mirábamos fijamente. Quería respuestas, pero la diosa de la caza seguía sin articular ninguna palabra, pero mantenía su férrea mirada. Mis ojos rojos se cruzaban con sus ojos de brillo amarillo nocturno.

-¿Acaso un cíclope del sur te comió la lengua? ¿Dónde está ese coraje que tanto te caracteriza y del que hasta los propios mortales temían en la Antigüedad? – le suelto todavía en el suelo.

-Modera tus palabras, hijo de Atenea…-

-¿Qué modere? Solo exijo que te sinceres conmigo, aquí no hay nadie, nadie te va a juzgar, solo estamos los dos solos, creí que al menos me había ganado tu confianza…-

-No confundas las cosas, hijo de Atenea. No me trates como si fuera un mortal más de tu alrededor, yo soy la diosa de la caza- dice Artemisa mientras se levanta de la cama.

-Una diosa que se niega a afrontar la realidad. El hecho de que poseas la divinidad no excluye que tengas sentimientos, todos lo tenemos, y no afrontarlos podría causarnos la perdición. ¿Acaso quieres que te saque los datos? Te lo repito, por una vez más, no te voy a juzgar, ¿estás enamorada de mí? Entiendo lo de tu juramento, ¡por Hades! No te estoy pidiendo que rompas tu juramento, solo pido que te sinceres, por favor-

Artemisa se queda fija de nuevo, dioses, que dolor.

-¿Qué clase de hombre eres? ¿Por qué eres distinto al resto? ¿Por qué? ¿Por qué ese interés en ayudar aunque ello te lleve a sufrir?... ¿Acaso quieres que ignore eso? ¿Acaso no ves que eres especial? Tú me trataste con respeto… Cuando nos conocimos te quería cazar, enviarte al Tártaro, pero incluso derrotado, me suplicaste para que ayudara a esas personas del ataque de Mysterio. Diste todo por salvarlos aunque no contarás con protección en el traje. Siempre lo has dado todo, siempre le has plantado cara a todo, a Mysterio, a tu madre y sigues de pie todavía. Tú fuiste el que me trato como una amiga, no te importo mi sexo o condición divina, ¡tú me trataste con amor! ¡Por Caos, hasta me diste de comer!... ¡Si no ves eso, eres un estúpido!... ¡Por Caos, te amo Malcolm Pace!- dice Artemisa… llorando. Aquello no me lo esperaba, es en serio, la última vez que tuve una situación medio amorosa, fui emboscado en una trampa por parte de Drew Tanaka.

-Artemisa, yo…-

-Callate, solo cállate…- dice la diosa de la caza con los ojos vidriosos.

Intento reunir todas mis fuerzas para levantarme y estar a la misma altura que la diosa, pero solo logro caer en sus brazos, ya que ella detuvo mi caída. Mi cara estaba cerca de su oreja mientras mis brazos rodeaban su espalda.

-Yo… no lo sabía-

-Estúpido… Pero de nada sirve confesarte mi amor cuando juré en el pasado no tener trato con los hombres, estar siempre soltera, sin casarme…-

-Espera… Creo que es posible que… exista algo entre los dos. O sea, tu juramento es no casarse y ser virgen, si lo parafraseamos así… Pero eso no excluye tener una relación asexual-

-¿Relación asexual? ¿Qué tratas de decirme? -

-Solo una relación amorosa, pero sin sexo. Aunque te parezca extraño, existe… Soy hijo de Atenea y si por algo se caracteriza mi madre es en la virginidad, a mi me da igual lo que es el tema del coito, ahora si tuviera el poder de engendrar con la mente…- okay, estoy divagando, pero piénsalo, ¿qué harías tú en mi situación?

Artemisa me separa del abrazo, usando su fuerza sobrehumana y cargándome con sus brazos, créeme, no es tan extraño si lo piensas bien.

-¿Estarías dispuesto a hacer eso por mí? ¿A abandonar tu lívido por mí? ¿Pero y que de casarse? -

-Eso es solo un papel, si no fuera por eso, Hera no existiría. Además, podríamos molestarla con eso no casarnos, a Annabeth le podría gustar-

-¿Pero… tú eres mortal? ¿Cómo podría funcionar algo entre nosotros si tu vas a morir y yo voy a seguir existiendo? -

-Te recuerdo que la esposa de Mr. D fue mortal, además si hago méritos, tu padre Zeus quizá me haga solo inmortal, dioses, eso sí que es un braguetazo- Artemisa aprieta más su agarre cosa que me hace gritar de dolor- ¡Fue solo una broma!

-Por Caos, te amo Malcolm Pace-

-¿Podrías firmármelo en un papel para decírselo a mi madre?- digo en un intento de bromear- ¿Podrías bajarme ya? Es un poco vergonzoso, además que estoy gritando internamente por el dolor.

Artemisa sonríe cuando digo eso, ella me acerca hacia su semblante y me planta un beso a lo Casanova. Debo decir que fue la mejor experiencia de mi vida, fue como cuando aprendí a moverme por telarañas. Sentía como una suave descarga eléctrica recorriendo mi cuerpo, mientras sentía como estaba siendo transportado hacia un paramo floral y salvaje, de buen olor y fragancia. No pude evitar levantar la pierna.

-Supongo que es oficial, ¿no?- a lo que Artemisa afirma apretando de nuevo su agarre- ¡Dioses, que dolor! Por favor, no me hagas replantear mi decisión. ¡Auch!

Fue un buen rato, un rato relajante hasta que todo se fue al garate. Mi cabeza comenzó a dolerme, era un sonido tan estridente y cargado de estática, tan horrible como los poemas de Will Solace. Mi visión comenzaba a fallar, un rato estaba con Artemisa y en otro estaba en un bosque oscuro. Veía a cadáveres andando libremente por el mundo mortal y, en el centro de todos… Una enorme criatura de densa musculatura, desprendía una aura tan espectral y maligna, parecía estar alimentado de odio. Esa oscura criatura se da la vuelta de forma brusca, revelando su salvaje dentadura, sumergiéndome al borde de un infarto.

No podía dar crédito a lo que veía. Aquella criatura se parecía a… Venom.

Para mi mala suerte, sospechaba quien era… Era Nico.

PERCY JACKSON

Odio despertarme en la madrugada

O sea, ¿no se supone que a esta hora debo estar durmiendo? Dioses, ¿por qué los monstruos no se toman un descanso y ataquen cuando ya sea de día? Por Hades, no es la primera vez que me pasa esto, todavía recuerdo cuando fui perseguido por las hermanas de Medusa, como no olvidar a Beano (espera, era Esteno, dioses, todavía me confundo con su nombre) y a Euríale persiguiéndome por San Francisco mientras Esteno llevaba su bandeja de muestras de salchicha (al menos ella si tenía decencia al atacar contra un semidios, no todos pueden presumir que un monstruo quiere darte de comer antes de matarte). Rayos, ni siquiera lo podía olvidar sino fuera por culpa de esa idea estúpida por parte de Hera.

Dioses, me estoy perdiendo, a lo que iba. Odio cuando me despiertan en mitad de la noche, ya sea cualquier monstruo o dios (debería de empezar a cobrar cada vez que el Olimpo me solicite para salvarles el culo). Joder, no se lo deseo a nadie (ni siquiera a Carter, y eso que me dejo el Ojo de Horus grabado en mi mano). Me desperté entre gritos y por un cubetazo de agua por parte de Connor Stoll.

-¡Percy! ¡Monstruos! ¡Afuera! ¡Ahora!-dijo Connor mientras salía corriendo de mi cabaña.

Salí disparado de mi cama con Contracorriente en mi mano, para cuando salí pude ver el porqué de tanto alboroto.

Era Venom… sí, el villano de Spider-Man, bueno, a estas alturas ya sabréis que Spidey existe (para la mala suerte de Annabeth).

Ah, por cierto, Venom iba acompañado de un ejercito de esqueletos. De alguna manera había logrado entrar al Campamento. La entrada del Campamento estaba totalmente agrietada, no paraban de salir esqueletos. Esqueletos de soldados caídos como de la Guerra de Secesión o los de Esparta.

La cabaña de Ares, al mando de Sherman Yang, estaba al frente, levantando sus espadas como si fueran espartanos. Parecían estar felices (aunque en el fondo, sabía que estaban algo exhaustos). Quirón hizo acto de presencia, galopando y hostigando con sus flechas al Team Venom. Era un arquero excelente (aún cuando tenía milenios de edad), apuntaba con gran precisión a la cabeza de los esqueletos. Muy bonito, lo malo: No paraban de salir más esqueletos.

Venom corría con gran furia y golpeaba con gran fuerza a toda la cabaña de Ares y la de Hermes. Varios campistas intentaron darle con sus espadas pero por alguna extraña razón, Venom no se iba al Inframundo. Vamos, una noche tranquila.

La cabaña de Hefesto vino con varias catapultas (tomando cierta distancia) y comenzaron a disparar contra Venom pero este lo esquivaba con brutalidad. En una de esas cogio una roca que salió disparada, extendió sus brazos como si fueran calamares y la lanzo al frente como si estuviera jugando a los bolos.

Oi voces que provenían de Nyssa que decía algo así como…

-¡Joder! ¡Dioses, necesitamos a Annabeth o a Malcolm!- decía mientras cogía unos planos.

Pues sí. Estás en lo cierto Nyssa. Necesitamos a Annabeth.

-Por Hades, ¿por qué no funciona la Atenea Partenos?- dije mientras empuñaba a Contracorriente.

Por alguna extraña razón, Venom se voltea y me mira con furia. Como si mi voz le hubiera despertado de su hora de juego. Venom corre con gran velocidad, chocando a todo lo que estuviera en su camino y esquivando las flechas de los campistas.

Ambos comenzamos a correr. Venom salta sobre mí mientras yo intento clavarle a Contracorriente en su abdomen. No funciono. Ambos caemos rodando por el suelo. Seguía vivo y mi espada estaba atascada. De su abdomen salían como tentáculos que abrazaban la espada.

Salto rodando hacia otro lado mientras Venom se levanta como si nada. Coge la espada, la examina y sonríe.

Los siguientes minutos fueron los más intensos. Estaba entre esquivando los ataques rápidos de mi espada y los tentáculos de Venom. Mi única opción era ir al lago y sacar mi poder como hijo de Poseidón. Comencé a correr lo más rápido que podía pero Venom disparo una maldita telaraña de su mano y me atrae hacia si mismo.

-Genial, ¿tienes telarañas? No es justo-

Venom comienza a darme la paliza de mi vida al usar su telaraña como si estuviera golpeando la tierra con un cinturón, solo que él que recibía los daños era yo.

El cuerpo me dolía un montón. Siento como Venom me acerca y comienza a lamerme con su lengua llena de babas. Siento como si me drenaran la energía, era como si estuviera viendo la luz hacia la otra vida.

Pero algo hace que se detenga, Venom comenzaba a moverse como loco mientras sujetaba sus manos en su cabeza, como si tuviera un duelo interno. Como si tuviera la orden de "golpéalo, pero no lo mates".

Lo último que recuerdo que me dio un golpe que me dejo tan inconsciente que ni siquiera Hipnos podría superar.