-LADY OSCAR NEWS DREAMS-
Arco II: "Identidad"
Capítulo XXII: "La Calma Después de la Tormenta"
Había pasado un año desde la muerte de Louis XV, y la condición económica de Francia seguía sin mejorar, por esa misma razón, la coronación de los nuevos reyes fue retrasada hasta el 11 de junio de 1775, en la Catedral de Reims. Durante todo ese tiempo, numerosos vestidos y accesorios eran adquiridos por la nueva reina sin importar el costo, aunque Oscar y Fernanda sabían las consecuencias que esto traía a la economía del país lo pasaron por alto, en el fondo, entendían que Marie se sentía abandonada y sola desde que Axel von Fersen había abandonado Francia a principios del año, por sugerencia de ambas mujeres que deseaban mantener los rumores sobre la relación íntima del Conde sueco y la Reina de Francia en el olvido.
Oscar y André se encontraban entrenando en el jardín trasero de la Mansión Jarjayes, siendo observados por Fernanda, quien reposaba agotada sentada en el borde de la fuente, observándolos con detenimiento.
-Has conseguido mejorar, André. – Agregó Oscar, tomando un respiro. – Me da un poco de miedo usar espadas de verdad. –
-Aun así, no soy rival para ti. – Respondió André, acercándose a ella. – Nunca podría ser tan rápido y diestro como tú, no importa lo que haga. –
-¡Claro, presuman frente a mí que yo soy la única a la que no dejan que entrene con una espada de verdad! – Exclamó Fernanda en puchero, ganándose la mirada de ambos. - ¡Pero usemos un arco a ver quién deja en vergüenza a quien! –
Oscar y André se miraron mutuamente y soltaron una fuerte carcajada, molestando a Fernanda, quien se puso de pie y caminó hacia ellos.
-¡Dejen de reírse! – Reprochó, golpeando a ambos en los hombros.
-¡Oscar! ¡Oscar, ¿estás ahí?! – Exclamó una potente voz aproximándose.
-Oh…es mi padre, al parecer está apurado. – Murmuró Oscar, girándose al lugar de donde provenía aquella voz.
-¡Así que estabas aquí, Oscar! – Exclamó Reyiner, acercándose rápidamente a ellos. - ¡Ponte el uniforme y ve a ver inmediatamente a Antoinette-sama! –
-¿Sucedió algo, padre? – Preguntó Oscar confundida, mirando a su padre.
-¡Son muy buenas noticias! ¡Has sido promovida a la cabeza de la Guardia Imperial! ¡Fuiste ascendida a Coronel! – Exclamó emocionado el General, mirando orgulloso a su hija. – Aparentemente tu ascenso fue la primera petición que Antoinette-sama cuando se convirtió en Reina. –
-¡¿La cabeza de la Guardia Imperial?! – Exclamó Oscar, incapaz de creer lo que acababa de escuchar. – Antoinette-sama… -
-¡Ahora vete a Versalles! – Ordenó Reyiner, tomándola del hombro.
-Felicidades, Oscar. – Dijo Fernanda, sonriéndole con una sonrisa.
-¡Sí, muchas felicidades! – Apoyó André, poniéndole la mano en el hombro.
-Marie Fernanda, también has sido citada por Antoinette-sama, no sé el motivo, pero quiere verte. – Agregó Reyiner, mirando a la austriaca.
-Vamos, Fernanda. – Agregó Oscar, girándose a ver a la austriaca.
-¡Sí! – Asintió la austriaca, girándose a ver a André. – Nos vemos más tarde, André. –
-Buena suerte a ambas. – Respondió Grandier, despidiéndolas.
[…]
-Gracias por todo el trabajo que has hecho en el pasado. – Agradeció Marie, mirando a Oscar, quien estaba arrodillada frente a ella con Fernanda a su lado, ambas vestían sus uniformes de la Guardia Imperial. – Oscar, como la nueva jefa de la Guardia Imperial, por favor, quédate más cerca de mí que antes, también he arreglado que tu pensión y salario se dupliquen. –
-Le agradezco sus generosas palabras, aunque todavía no tengo los 20 años de edad y, como tal, apenas soy digna de tal honor. – Agradeció Oscar, mirándola fijamente. – Sin embargo, Francia no es económicamente rica en este momento, por lo tanto, le pido humildemente que mi sueldo siga siendo el mismo, no puedo aceptar la promoción si no se cumple esa condición. –
-Oscar… - Murmuró Marie, sorprendida de aquellas palabras. – Entiendo, Oscar. – Respondió, sonriendo dulcemente a la joven Jarjayes. - ¡Pero si hay algo que tu desees, por favor no dudes en pedirlo! Un rango social más alto, caballos, sirvientes, incluso un castillo, en mi nueva posición soy capaz de darte lo que desees. – Agregó Antoinette emocionada. - ¡Oh, mi querida Oscar! ¿Qué puedo hacer para traer tu felicidad? –
-Todo lo que yo deseo, su Majestad, es que usted sea una Reina leal. – Respondió Jarjayes, mirando fijamente a Marie.
-Lo entiendo, Oscar. – Apoyó Marie, asintiendo lentamente. – Gracias por preocuparte por mí, lo aprecio mucho. – Agradeció sinceramente, dirigiendo su mirada hacia Fernanda. – Has estado muy callada, ¿te sucede algo, hermana? –
-No, Marie. – Negó Fernanda, desviando la mirada hacia el suelo. - ¿Para qué me has llamado? –
-Porque también para ti hay un ascenso. – Respondió Marie con una sonrisa, emocionada por la noticia que guardaba. Ambas chicas arrodilladas se miraron confundidas y después regresaron su vista hacia la Reina. – Lo hablé con su Majestad y, aunque fue difícil convencerle, logré que me permitiera ascenderte al puesto de Comandante que Oscar deja disponible ahora, ¡felicidades, hermana! –
-¡¿Qué yo qué?! – Exclamó Fernanda, levantándose de golpe. – Marie, yo no puedo… -
-No te puedes negar, hermana mía, ya ha sido dada la orden. – Respondió Marie, interrumpiendo a Fernanda.
-Creía que Girodelle ocuparía ese puesto. – Agregó Oscar, incapaz de creer lo que estaba escuchando. – Era el más capacitado de mis hombres para ser Comandante. –
-Su Majestad pensaba lo mismo, pero llegamos al acuerdo de que Fernanda puede aprender a ser Comandante si tú la instruyes, después de todo, viven juntas. – Explicó Antoinette, mirándolas con una sonrisa. – Puedes conservar el uniforme que se le dio a Oscar, en estos momentos debe estar llegando a la Mansión Jarjayes el nuevo uniforme de Coronel que ordené confeccionar personalmente para ti. –
-Marie… - Murmuró Fernanda, nerviosa de pensar en la nueva responsabilidad que acababa de recibir.
-Nos retiramos entonces, con su permiso. – Se despidió Oscar haciendo una reverencia, incitando a Fernanda a imitarla.
-Con su permiso, mi Reina. – Agregó la austriaca menor, imitando a Oscar y despidiéndose.
-Espero verlas más seguido por aquí. – Las despidió Marie, sonriente. – Que tengan un buen viaje. –
[…]
La noticia de que Fernanda había sido promovida a Comandante corrió rápido por los rincones de Versalles y no tardaron en llegar a la Mansión Jarjayes. Oscar y Fernanda llegaron a su hogar sin poder creer todavía en el ascenso de la austriaca, pero antes de que pudieran decirle algo a André, quien salió a recibirlas a la entrada, una mucama les informó que el General Reyiner las esperaba en su despacho, por lo que se dirigieron directamente al lugar.
-¿Nos mandaste a llamar, padre? – Preguntó Oscar, parada al lado de Fernanda.
-Marie Fernanda, escuché que al parecer Antoinette-sama te designó como Comandante de la Guardia Imperial ahora que Oscar ha sido promovido a Coronel. – Explicó Reyiner, dirigiendo su mirada hacia la austriaca. – Aunque, si doy mi sincera opinión, no estás lista para semejante tarea. –
-Padre, por favor… - Suplicó Oscar, pero la potente mirada de su padre le hizo callar.
-Está bien, Oscar, quiero escuchar lo que el General me quiera decir. – Respondió Fernanda, mirando fijamente a Reyiner. – Continúe, por favor. –
-Mi hijo, mi Oscar entró en una academia militar a los 11 años de edad, durante toda su vida lo entrené para que siguiera mis pasos, lo formé como el mejor de los soldados, le enseñé a defenderse con cualquier tipo de arma, mi hijo es un líder nato desde el nacimiento con un talento impresionante. – Prosiguió Reyiner, con su mirada fija en la austriaca. – En cambio tú, Marie Fernanda, has sido una niña mimada toda tu vida bajo la comodidad de tu título como Princesa, no tienes la experiencia militar ni mucho menos la capacidad de liderar un escuadrón, un cargo como lo es ser Comandante de la Guardia Imperial no es algo para lo que estés lista, y si Antoinette-sama piensa dártelo es únicamente por su lazo sanguíneo. – Agregó, dirigiendo su mirada hacia André, quien había permanecido en silencio al lado de su prometida. – Y, si anexamos que planeas casarte con un lacayo, ya ni siquiera cuentas con la reputación necesaria para el cargo. –
-¡Padre! – Replicó Oscar molesta, pero fue interrumpida por el brazo de Fernanda que se posó frente a ella.
-Estoy consciente de lo que me dice, y concuerdo con la mayor parte de sus palabras, no tengo la experiencia militar que requiere el ser Comandante, es cierto y lo reconozco, también estoy de acuerdo con Oscar en que Victor era el más capacitado para ocupar la vacante. – Agregó Fernanda mirándolo fijamente, luego dio dos pasos hacia adelante para quedar frente a Reyiner, clavando su mirada en él. – Solo hay una cosa en la que no estoy de acuerdo, General Jarjayes. – Prosiguió, con su voz dura y fría, al igual que su mirada. – No voy a permitir que insulte a André, porque si yo me caso con él, ese lacayo que tanto menosprecia se ganará un título mayor que el suyo, General…André será sin duda alguien mejor que uste-… - Las palabras de la austriaca fueron interrumpidas en el momento que una fuerte bofetada golpeó su rostro, dejando una marca rojiza casi instantánea en su rostro.
-¡Fernanda! – Exclamó Oscar, tomándola de los hombros. - ¡Padre, ya es suficiente! –
-Salgan de mi vista. – Ordenó Reyiner, con su voz llena de venenoso rencor.
-Vamos, Fernanda. – Suplicó André, tomando de los hombros a su prometida. – Por favor. –
-Escucha a André, ven. – Pidió Oscar, apoyando a su amigo.
-Sí… - Asintió Fernanda, reteniendo las lágrimas en sus ojos, pero no por tristeza, sino por retener dentro de ella la ira que sentía.
Sin más qué decir, los tres jóvenes salieron del despacho del General, dirigiéndose hacia la sala principal de la Mansión en total silencio.
-Mi padre se excedió, lo siento mucho. – Dijo Oscar, rompiendo el silencio.
-No tienes qué disculparte, no es tu culpa. – Respondió Fernanda, limpiando las lágrimas de sus ojos antes de dar un respiro profundo. – Mejor ve a probarte tu nuevo uniforme, ¡tengo muchas ganas de ver cómo luces con él! –
-De acuerdo, pero con una condición. – Agregó Oscar con una sonrisa pícara.
-¿Qué? – Preguntó, curiosa de la petición que pudiera hacerle la mayor.
-Que tú vayas a tu habitación y te pruebes este uniforme que hoy te cedo. – Respondió Oscar tomándola de la mano. - ¿Está bien? –
-Oscar… - Murmuró sorprendida, sonriéndole ligeramente. – Sí, está bien. – Asintió.
-Bueno, vamos a cambiarnos. – Respondió Oscar, yendo junto a Fernanda a sus habitaciones para hacer el cambio de uniformes.
-¡Aquí las espero! – Agregó André, sentándose en el sofá.
-¿Y mis niñas? – Preguntó Marrón, entrando a la sala.
-Subieron a probarse sus nuevos uniformes. – Respondió André mirando a su abuela.
-¡Qué emoción! Entonces las esperaré aquí. – Agregó la anciana, emocionada por ver a las jóvenes en sus nuevos uniformes.
Un rato pasó antes de que ambas chicas finalmente regresaran a la sala donde Marrón y André las esperaban. La primera en pasar fue Oscar, quien lucía una hermosa guerrera de color rojo vivo con los bordes inferiores dorados, las hombreras eran blancas, la banda en diagonal de su pecho era color rosada y la faja en su cintura color vino, su pantalón blanco y las botas negras hacían juego a la perfección.
-¡Es más elegante que el de antes! – Exclamó Marrón fascinada por la belleza de Oscar en aquél traje militar. - ¡Hasta una anciana como yo se enamoraría de usted! –
-Abuela, con esos comentarios vas a incomodar a Oscar. – Agregó André mirando a su abuela, soltando una carcajada.
-¡No te burles de tu abuela! – Reprochó Marrón, haciendo que André se escondiera detrás de Oscar sin dejar de reírse.
-Si eso piensas de mí, nana, espera a ver a Fernanda. – Agregó Oscar, girándose a ver la puerta. - ¡Vamos entra ya! – Exclamó, llamando a la menor.
Fernanda entró algo nerviosa al lugar, vistiendo aquél uniforme blanco que Oscar usaba hasta unos momentos atrás, las miradas asombradas de todos se fijaron en ella, fascinados por cómo la esbelta figura de la joven resaltaba. La parte del pecho claramente lucía ajustada, dejando ver que no usaba nada que redujera su busto, a diferencia de la joven Jarjayes, quien desde pequeña había ocultado el verdadero tamaño de sus pechos al cubrirlos con vendas.
-¿Me veo rara? – Preguntó, levemente sonrojada por la pena.
-¡Para nada, te ves preciosa! – Respondió André, fascinado por la vista.
-Gracias… - Murmuró Fernanda con una sonrisa, viéndolo fijamente.
-¿Por qué no das una vuelta para que veamos mejor cómo te queda ese nuevo uniforme? – Preguntó André con una sonrisa, a lo que Fernanda respondió dando una vuelta en su lugar. – Sí, me gusta. –
-Admite que solamente querías ver si había otra zona ajustada. – Agregó Oscar cruzando los brazos con una sonrisa pícara.
-¡Claro que no! – Replicó André avergonzado, sonrojándose.
Las tres mujeres se soltaron riendo por la reacción de André, pero fueron interrumpidos por un mayordomo que entró a la sala en ese momento.
-Madame, varios presentes han sido enviados por la Corte en honor a su ascenso. – Dijo el mayordomo, mirando a Oscar.
-Por favor devuélvalos, dígales que los aprecio, pero que no puedo aceptarlos. – Respondió Oscar, girándose a verlo con una sutil sonrisa.
-Como usted diga. – Agregó el mayordomo, retirándose del lugar.
-¡Oscar-sama, qué vergüenza! ¡Estás rechazando los regalos de Antoinette-sama! ¡No puedo creer que los estés devolviendo! – Exclamó Marrón, sorprendida de aquellas palabras.
-Hay un motivo para que los devuelva. – Respondió Oscar, desviando su mirada hacia la ventana, recordando el rostro de la bondadosa Marie. – Su Majestad es demasiado expresiva al mostrar sus sentimientos, no duda en ofrecer favor a las personas que le agradan, y en este momento, parece estar cautivada por su propia posición e influencia. – Explicó, apretando el puño. – Pero el dinero que la Reina utiliza viene de los impuestos del pueblo, la inocencia de su Majestad sobre sus sentimientos me sorprende, ¿cómo querrán las personas que pagan los impuestos venir a verla? –
-¡Eso es tonto! Te preocupas demasiado, todos están locos por la nueva Reina. – Agregó André, con un tono de voz despreocupado.
-Ruego porque eso sea lo correcto. – Murmuró Oscar, tratando de relajarse.
-¿Desde cuándo piensas tanto en la gente pobre del pueblo? – Preguntó Fernanda, repentinamente atraída por aquella conversación.
-Desde que conocimos a aquella joven en París. – Respondió André, dirigiendo su mirada a su prometida. - ¿Verdad, Oscar? –
-Sí. – Asintió Oscar, mirando por la ventana. – Aquella chica… -
-Flashback-
-¡Alto, deténgase señor! – Exclamó la voz de una jovencita que corría desesperada detrás del carruaje donde Oscar y André viajaban de regreso a la Mansión esa noche.
-Detente, por favor. – Pidió Oscar al cochero, atraída por aquella voz joven y desesperada.
Oscar dirigió su mirada hacia la ventana del carruaje, notando como una joven de cabello rubio y ojos azules se acercaba a ellos con sus manos juntas en súplica, su mirada se clavó en un instante con la de aquella jovencita, quien lucía ropajes viejos y desgastados.
-¡Por favor, cómpreme por una noche! – Suplicó la chica, agachando la mirada avergonzada.
Oscar y André se miraron mutuamente sorprendidos por aquella petición repentina, y casi al instante una carcajada fue emitida por los labios de Jarjayes, quien colocó su mano sobre su propia frente intentando calmarse.
-¡Esto es muy gracioso! – Exclamó la rubia mayor entre risas, confundiendo a la parisina que la miraba sin entender la situación. – Oye, oye, no me confundas, yo también soy una mujer. – Explicó Oscar más calmada, volviendo a ver a la joven. – Y aun si no lo fuera, jamás lo haría. –
Aquellas palabras sorprendieron a la menor, quien se dejó caer de rodillas al suelo y cubrió su rostro mientras comenzaba a llorar de desesperación, la Comandante bajó del carruaje y miró fijamente a la dulce joven con una sonrisa suave.
-Vaya, vaya, eres muy tierna para ser una prostituta. – Agregó Oscar, hincándose a la altura de la joven. - ¿Cuál es tu nombre, niña? –
-Rosalie… - Murmuró entre sollozos la menor, sin quitar sus manos de su rostro.
-Dime, Rosalie, ¿por qué hiciste semejante tontería? – Preguntó Oscar con sutileza.
-Mi madre está enferma, y no puedo encontrar trabajo… - Respondió Rosalie entre sollozos, con la voz quebrada. – Por eso… -
-Mira, Rosalie, no es mucho, pero acepta esto. – Agregó Jarjayes poniendo algo en una de las manos de Rosalie, antes de ponerse de pie nuevamente. – Y nunca vuelvas a hacer algo estúpido como esto de nuevo, ¿de acuerdo? – Agregó antes de regresar al interior del carruaje, prosiguiendo el camino de regreso a casa.
-Oscar. – Le llamó André, atrayendo la atención de su compañera. – Ni siquiera tú te mantienes con una libra de oro. –
-Bueno, al menos trato de no gastar el dinero si no lo necesito. – Respondió Oscar, dirigiendo su mirada a la vista del otro lado de la ventana. – "Una muchacha tan joven queriendo vender su cuerpo, no me lo esperaba… ¿Qué le pasa a nuestra sociedad y a la vida de las personas?" – Pensó la joven, cerrando sus ojos, recordando el dulce rostro de Rosalie.
-Fin del Flashback-
-¿Rosalie? La conozco. – Murmuró Fernanda, recordando aquél nombre de tiempo atrás.
-¿Enserio? – Preguntó Oscar sorprendida, girándose a ver a Fernanda.
-Sí, hace un tiempo fui a buscar a Gilbert, mi amigo de París, a su antigua casa y al local donde trabaja junto a sus hermanos, pero no los encontré por ningún lado. – Comenzó a explicar la austriaca, recordando aquellos tiempos. – Recuerdo que tuve un pequeño tropiezo con Fersen, a quien todavía no conocía, y justo después me encontré con esa joven, Rosalie, a quien confundí con la hermana menor de Gilbert, fue muy amable conmigo, incluso me dio la noticia de que se habían mudado a Arles con una tía. –
-Ya veo, entonces también la conociste en esos lugares. – Murmuró Oscar, dirigiendo su vista de nuevo a la ventana.
-Nunca se los dije, pero…esos lugares me daban mucha lástima, ver a tanta gente sufriendo por conseguir comida y no poder ayudarlos… - Murmuró Fernanda, apretando sus manos contra su pecho. – El día que conocí a Gilbert, estaba paseando por esas calles para conocerlas…me encontré con una escena demasiado triste. – Comenzó a relatar, ganando las miradas de Oscar y André. – Había un niño, no aparentaba tener más de 5 años…un señor estaba gritándole con fuerza porque había robado una manzana de su puesto, entregué una de mis joyas para comprarle algunas manzanas al pequeño, me contó que su madre estaba enferma y que había robado esa manzana para que se recuperara, me sentí tan triste que casi me hizo llorar… - Prosiguió, limpiando las pequeñas lágrimas que se habían formado en sus ojos. – Siempre viví entre los lujos que ser la hija de una Reina me brindada, que ver niños como Josafath robando comida, jovencitas como Marine trabajando duro desde pequeñas y chicos como Gilbert y su hermano Robin luchando en el día a día para alimentar a sus familias me abrieron los ojos de las carencias que mucha gente vive y que nosotros, la clase noble, los privilegiados, hemos ignorado por tanto tiempo. –
-Comprendo un poco tus palabras… - Apoyó Oscar, soltando un largo y pesado suspiro.
-Por cierto, André. – Interrumpió Fernanda, girándose a ver al mencionado. – Busca el mejor traje que tengas, serás mi acompañante en la fiesta que habrá dentro de una semana en Versalles. – Agregó, sonriéndole.
-¿Estás segura? – Preguntó André, sorprendido de aquella petición.
-Sí, estoy segura. – Respondió Fernanda con una sonrisa, tomándolo de la mano.
Oscar miró esto de reojo, pero se mantuvo en silencio, quería evitar otro disgusto entre ellos. Su mirada se dirigió hacia la ventana, la imagen de Rosalie cruzó por su mente, preguntándose qué habría sido de ella, después sus pensamientos cambiaron a la Reina Marie Antoinette, cuestionándose sobre lo que vendría a sus vidas a partir de ese momento.
Normalmente la gente dice que viene la calma después de la tormenta para mejorar las cosas. En nuestro caso…esa calma sería el presagio de un terrible futuro que nos aguardaba…
¡YAHALLO! xHimemikoYukix aquí~
¡Empezamos un nuevo arco en la historia! ¿A qué creen que se deba el nombre "Identidad" del arco II? Bueno, Marie finalmente es reina, me brinqué la parte donde Oscar le pide a Fersen que se vaya porque mucho texto xD y quiero llegar a una parte en específico pronto (? notifico que a partir de aquí vendrán géneros un poco más fuertes en la historia, para que se preparen y no me linchen si no son de su agrado :'v sobre el capítulo... ¿Qué les ha parecido? ¿Qué les parece el giro que está tomando la historia?
¡SALUDOS Y AGRADECIMIENTOS A TRINY10! Gracias por tus reviews, me encanta saber lo que opinas de la historia, me emociona que te estás dando cuenta de varios detalles que nadie más ha notado, como el nacimiento de Fernanda, el significado de aquél sueño al inicio del capítulo 1, el secreto de Fernanda, ¡y lo que falta por venir! ¡Espero seguirte leyendo por aquí!
¡Dudas, comentarios y demás son recibidos en los reviews y respondidos en la siguiente actualización!
¡NOS LEEMOS!
