Queremos un hijo
(nota del autor: este fic se sitúa en la misma línea que el número 16: "El regreso")
—Ha sido genial volver a ver a Masaru.
—Se le echaba de menos. Poco ha cambiado —comentó Yoshino.
Los dos habían regresado a su casa después de haber quedado con su viejo amigo para comer. Se habían alegrado mucho de saber que estaba de vuelta. Y para ambos, la idea de volver a trabajar para DATS como agentes era tentadora si lo que el chico les había contado era cierto. Pero ya tendrían tiempo para saber si al final les necesitaban.
—Creo que ha ido a peor —bromeó Thomas—, pero me alegra tenerle de vuelta. Tenemos que quedar con más frecuencia.
Se echaron en el sofá, juntos, y encendieron la televisión. Después de haber comido, seguro que les sentaba bien echar la siesta. Pero en ese momento Yoshino se acordó.
—Mañana nos vamos de viaje, y no están las maletas hechas.
—¿Quieres que me ponga ahora con las maletas? —preguntó Thomas en tono dormido.
—Claro que no. En realidad estaba pensando más bien en otra cosa… —sugirió ella mientras se ponía mimosa—. Podríamos aprovechar que estamos aquí y…
—Tranquila, mi amor. Dijimos que lo haríamos bien el fin de semana, ¿verdad? —le recordó el rubio—. Ten paciencia. Lo he preparado todo para que sea óptimo.
—Lo sé —dijo ella, y logró disimular el tono de fastidio.
Su relación con Thomas había empezado de forma totalmente casual. La desaparición de su amigo común, milagrosamente, no había puesto la distancia entre los dos. Se veían de vez en cuando, los fines de semana, si no estaban muy liados. No en vano Thomas era un genio cuyas facultades provocaban grandes progresos en el campo de la medicina, y ella tampoco era ninguna idiota.
El primer beso se había sucedido muy tontamente. Una noche que los dos se habían tomado una copita de más. Apenas unos segundos. Él se había disculpado por su osadía, y no habían continuado. Al día siguiente, un Thomas no influido por el alcohol fue a hablar con Yoshino solicitando volver a besarse sin el juicio nublado. Aquel segundo beso les permitió comprobar que eran compatibles y que sus cuerpos reaccionaban bien al del otro.
La tarde de su primera vez Thomas había interrumpido la magia del momento de los besos y el quitarse la ropa para preguntarle formalmente si quería ser su novia. Ella había aceptado de inmediato, y durante el largo rato que sus cuerpos bailaron al compás, jadearon al tiempo, se acariciaron con gusto, supo que no se había equivocado con él.
Ahora habían pasado tres años desde aquello. Se querían. Y habían hablado de que podrían tener un bebé, alguien más con quien compartir el amor que tenían, alguien que fuera el fruto de aquel cariño que se tenían. "Y en qué momento", pensaba a veces Yoshino.
Thomas era demasiado… formal. Hubiera estado mal que le robase un beso la primera noche. Pero había sido un impulso de los dos, y ella no se hubiera retirado. ¿Acaso no entendía lo bien que lo estaba pasando la tarde que perdieron la virginidad que tuvo que pedirle una relación oficial? Pero incluso con esos gestos había sido paciente.
Y si paciencia empezaba a mermarse rápidamente. Thomas le había calculado el ciclo menstrual cuando decidieron tener un hijo. Le tomaba la dichosa temperatura todos los días. Tomaba notas y notas controlando sus grados. Los cálculos de Thomas habían resultado en que el domingo por la mañana sería el momento óptimo para la fecundación. Y por eso se iban el fin de semana fuera. Para tener una escapada romántica que finalizase con el embarazo. "Si los termómetros, los cuadernos de notas, y quedarme con las ganas de hacerlo con mi novio fueran especialmente románticos", pensaba Yoshino con amargura. Pero bueno, tenía asimilado que así era su novio. Sabía que la quería. Pero le gustaría que fuera más visceral y menos autómata para demostrárselo.
Llegó el sábado por la mañana y se pusieron en marcha. El camino era largo, así que habían acordado turnarse. A mitad de camino pararían para almorzar, y Yoshino relevaría a Thomas al volante. Él era más madrugador y llevaría mejor el coche las dos primeras horas. De modo que ella se limitó a acomodarse en el asiento del copiloto a mirar el horizonte. Parpadeó un par de veces y de pronto al volver a abrirlos se topó con que el coche se detenía.
—Buenos días, bella durmiente —saludó Thomas—. Hemos llegado a la parada.
Le dio un suave beso y ella sonrió. Salieron del vehículo para disfrutar de un buen desayuno antes de proseguir el viaje. El café sentó de maravilla al cuerpo de Yoshino, y se sintió preparara para continuar ella el trayecto. Thomas parecía especialmente cariñoso aquel día, lo cual mejoraba su humor. Eso cambió totalmente los primeros minutos del trayecto. El chico volvió a ponerse analítico, enumerando los planes que tenía para pasar un fin de semana perfecto que terminase en fecundación. "Cariño, deberías saber que narrarlo como si fuera una receta de cocina o un planning de agencia de viajes le quita la perfección", pensó para sus adentros y al final consiguió desviar la conversación a temas más normales no sometidos a un análisis de optimización.
—¿Qué te parece? —preguntó Thomas cuando al final llegaron al destino.
Yoshino se bajó del coche, maravillada. Ciertamente, el sitio era perfecto. Una zona de cabañas de madera, bien alejadas unas de otras y valladas para respetar la intimidad. Y la mejor de todas, la que ellos tenían, justo al lado del riachuelo. Oyó a Thomas abriendo el maletero y descargando la mochila. Para un fin de semana tampoco necesitaban mucha más ropa.
Entraron dentro y la verdad, no podía haber sido elegida con mejor gusto. Era completamente diáfana. Al lado de la ventana, la mesa con sillas. Frente a la chimenea, un sofá que tenía aspecto de ser muy cómodo. En la otra pared, una cama les parecía estar esperando. También había un armario y una puerta que, como Yoshino dedujo, conducía al servicio.
—Es maravilloso —dijo ella. Se envolvió entre los brazos de Thomas y le dio un beso—. Tienes un gusto exquisito.
—Ya lo sé. Con la novia que tengo —respondió este, y se sonrieron tontamente—. ¿Te gusta entonces?
—Me encanta.
Tras la hora de comer, Yoshino y Thomas se echaron en el sofá. Hubieran tenido más espacio en la cama, pero "habiendo amor, cuanto más apretados mejor". El impulso de Yoshino la empujaba a darse la vuelta en ese momento, besar a Thomas hasta dejarle sin respiración, y que la tomase allí hasta que saliera el sol a la mañana siguiente. Pero sabía que eso no funcionaría. Tenía un plan mejor.
—¿Qué tal estár, mi amor? —preguntó Thomas mientras acariciaba suavemente el cuerpo de Yoshino.
—Muy bien. Podríamos quedarnos aquí a vivir —propuso ella.
—No estaría mal. Tenemos todo lo necesario. Es decir, te tengo a ti.
Ella sonrió. Era en esos momentos en los que Thomas le demostraba que no era un robot, sino una persona que la quería y sabía demostrarlo. Le tomó de la mano y se pasaron allí un rato hasta que, de pronto, el rubio pasó por encima de ella y se puso en pie.
—Yo voy a darme una ducha —le dijo—. Luego podremos ir a dar una vuelta por el lugar. Ya verás qué belleza.
—Estoy segura de ello —respondió Yoshino. Le sonrió mientras le moverse, y tras abrir la mochila, se metió con la ropa de recambio al cuarto de baño.
Suavemente, Yoshino se incorporó del sofá al escuchar la puerta cerrarse. Se desperezó y se puso en pie. La chimenea le daba calorcito, pero lo cierto era que la cabaña era una aislante estupenda y no tendría frío para poner su plan en marcha. Se quitó la camiseta y a continuación el sujetador. Lo dejó bien doblado y continuó con el ritual de desnudarse. Aún tenía tiempo.
Pantalón y bragas cayeron al suelo. Lo recogió y lo dejó todo apartado y bien doblado. "Si viera la ropa arrugada sería capaz de dejarme con el calentón para estirarla bien", pensó para sus adentros. Ahora ya estaba preparada. Entró en el baño sin ningún tipo de cautela. Por supuesto, ahí estaba Thomas, dándose una ducha. Y sonrió al darse cuenta de que, por alguna razón, estaba cachondo. Eso ponía las cosas más fáciles.
—Hola —saludó. Y sujetó a Thomas cuando estuvo a punto de caerse de espaldas.
—¡Yoshino! —gritó él—. ¿Qué haces?
—Me aburría ahí fuera. Vengo a ducharme contigo —respondió la chica en tono sensual—. ¿Quieres que te frote la espalda? O tal vez… ¿en otro sitio? —preguntó, fijándose en la erección de su novio.
—N-No hace falta…
—¿Qué pasa? ¿Es que ya no te gusto? —preguntó Yoshino mientras se acariciaba los senos. Quería volverle loco. Y por la expresión de él, supo que lo estaba consiguiendo.
—Claro que me gustas… es que hay que esperar, ¿sabes? Porque mañana, cuando te levantes, tu temperatura…
—Hasta el coño estoy de tus cálculos —dijo ella. Ya no era divertido—. Te he pasado durante un mes que me trataras como un experimento de la clase de ciencias. He pasado que este fin de semana fuera el óptimo para que me preñes. Pero ¿que me dejes con las ganas por menos de veinticuatro horas? ¿En serio?
—Yo… solo quiero que salga bien —se excusó Thomas.
—Yo te quiero. Y tú a mi. Va a salir bien. Pero no puedes ser tan inflexible. Porque si lo intentamos una vez y no lo conseguimos, podemos seguir probando. También es bonito ese camino para buscarlo —le dijo ella—. ¿Quieres hacerlo? —preguntó, tendiéndole la mano.
Claro que Thomas quería. Había sido un necio. Él solo había querido prepararlo para que fuera todo perfecto. Pero Yoshino tenía razón. Y además, le sonreía. No todo estaba perdido. Se acercó a ella y se dieron un beso. Sus brazos se envolvieron mutuamente, dejando que el agua resbalase sobre sus cuerpos. Yoshino empujó a Thomas contra la pared de la ducha, tomando la iniciativa. Tenía muchas ganas acumuladas.
Empezó a probar el cuerpo de su novio mientras descendía. Su mano llegó primero a por el tesoro que buscaba en ese momento. Sonrió al comprobar que estaba perfectamente preparado para ella. Continuó bajando, sentándose de rodillas en el suelo de la ducha. El agua caliente le caía sobre la espalda.
—Sé que así no se hacen los niños… espero que no te moleste —comentó ella en tono divertido antes de empezar a lamer el pene de Thomas. Este no pensaba ponerle ninguna pega. Su novia sabía muy bien cómo estimular su cuerpo. La calidez de su boca, cómo su lengua jugaba con su glande, era increíble. Pensó que había sido muy tonto por negarse a aquellos placeres.
—Yoshino… Me gusta mucho —dijo, jadeando por el placer que le daba su novia—. Por favor, no pares…
—No lo haré, mi amor —aseguró mientras continuaba dándole placer. Se sentía muy excitada por los días pasados de abstinencia y pensaba asegurarse de no quedarse con ganas—. Acaba para mi, Thomas… Hazlo…
A punto estuvo él de resbalarse en el suelo húmedo. Pero aguantó y disfrutó del sexo oral que le daba su novia. Su cuerpo empezó a tensarse. Maldición, iba a terminar. Abrió la boca para avisar a Yoshino, pero solo consiguió emitir una serie de jadeos y gemidos que la chica entendió a la perfección. Sujetó bien el cuerpo de su novio y le hizo eyacular. Eso estaba mejor. Su mano se ocupó de hacerle acabar del todo. El agua caliente se ocupó de llevarse los restos del acto.
—¿Estás bien? —preguntó Yoshino—. No me digas que ya te has cansado.
—Claro que no —respondió él—. Tenías razón, no había que haber esperado…
—¿De verdad? Porque me está apeteciendo ir a caminar —respondió ella—. Te espero fuera y me voy cambiando.
Ahí le dejó, esperando que su táctica resultara. Y no se equivocó mucho. Oyó algo a su espalda y antes de poder girarse Thomas ya estaba a su espalda. Le dio un abrazo, y pudo sentir el pene de su novio contra sus nalgas. Sonrió. Eso era lo que ella quería. Separó los brazos para dejarle acceder a sus pechos. Se sentía muy bien.
—¿En serio quieres que vayamos a andar? —preguntó él.
—¿Tienes un plan mejor en mente?
—Mucho mejor.
La empujó contra el colchón, quedando bocabajo. Yoshino gateó sobre la cama, jugando a escapar pero pronto fue atrapada por Thomas. Este empezó a acariciarle las nalgas y poco a poco su mano resbaló al sitio que buscaba.
—¡Aaaah! —gimió Yoshino cuando su novio empezaba a estimularla—. Me gustaaa…
—Lo sé —respondió él al sentir sus jugos resbalando entre sus dedos. Se los llevó a la boca, probando el sabor de su chica y volvió a masturbarla suavemente—. Disfruta, mi amor… —susurró mientras le besaba un hombro—. Me encanta tu cuerpo…
Besuqueó a la chica por toda su columna sin dejar de emplear sus dedos con ternura dentro de ella, pero buscaba otra cosa. Se acomodó detrás de ella, y con cuidado le separó aún más las piernas, para tener acceso a su sexo con la lengua. Probó el sabor de sus salados jugos, y se hundió en su anatomía mientras disfrutaba de los gemidos de su novia.
Esta se agarró a las sábanas. Solía gustarle lo que le hacía Thomas, pero por alguna razón, en aquella ocasión lo sentía todo con mayor intensidad. Su lengua acariciaba los puntos exactos que la hacían gemir, disfrutando del momento. Gimoteó en el momento en que sintió un dedo repiqueteando en su clítoris cuando su lengua estaba ocupada por otras zonas.
—Thomas… eres el mejor —gimió.
No llegó a entender la respuesta se su novio, que tenía la boca invadida por su maravillosa cueva del placer. El rubio metió las manos por debajo de las piernas de Yoshino y envolviéndolas fuertemente le empezó a acariciar los glúteos. Continuó devorando su sexo, sin soltarse de ella mientras se retorcía por el placer, y de pronto estalló en su clímax. Pero Thomas no le dio respiro y se aseguró de estirarlo por un rato, empleando su lengua hasta que Yoshino estuvo derrotada.
—Malo —protestó ella haciendo un mohín—. Ya había acabado…
—¿Y no te gusta lo que he hecho? —inquirió él gateando encima de ella.
—Me vuelve loca —respondió la chica y se dio la vuelta—. Bueno, todo tú me vuelve loca. Vamos, amor. Quiero esto —pidió masturbándole suavemente.
Thomas asintió y le plantó un beso en los labios. Sus cuerpos juntos ansiaban unirse al del otro. Suavemente ella separó las piernas para permitirle el acceso. Thomas se preparó en posición. Su miembro erguido se alineó con el sexo de Yoshino y suavemente se deslizó en su interior. Ella dejó escapar un pequeño gemido. Siempre le ocurría la primera vez que se unían durante el acto. Se aferró a Thomas y dejó que la penetrase.
En ese momento Thomas se dio cuenta. Era la primera vez que lo hacían sin protección. Y se sentía diferente. Yoshino también parecía haberse dado cuenta. Se sonrieron mutuamente antes de empezar a moverse lentamente, siguiendo el ritmo inicial, lento, cariñoso. Sin embargo, los dos eran bastante enérgicos, y pronto el ritmo tornó en algo más desatado y pasional. Thomas la asió por las caderas y se dejó llevar por un rápido movimiento dentro y fuera de ella.
Yoshino gemía y se adaptaba fácilmente a aquel ritmo. Sus cuerpos se conocían muy bien y disfrutaban mutuamente de aquella experiencia. Sonreía mientras sentía a su novio llegar hasta lo más profundo de su ser. Qué maravilla. En su cabeza no tenía intención de salir de aquella cama en todo el fin de semana.
—Yoshino… estoy a punto… —anunció Thomas.
—Pues… ya… sabes… no te… contengas —pidió ella. En ese momento no se preocupaba por su idea de tener un hijo. Simplemente quería sentirle dentro de ella, conocer aquella sensación. Y cuando por fin ocurrió y sintió los fluidos de Thomas escurriéndose dentro de ella, abrió mucho los ojos, sorprendida por tan deliciosa sensación que dinamitó su propio orgasmo al mismo tiempo.
—Amor… ¿qué tal? —preguntó Thomas tras dejar a su novia recuperarse de tan intensa actividad.
—Ha sido… estupendo —admitió ella—. Muy diferente —añadió mientras se acariciaba el vientre.
—¿Crees que… ha podido ocurrir?
—Creo que deberíamos asegurarnos —propuso en tono travieso.
Thomas aceptó de inmediato, pero la cama se les había aburrida. Se movieron al sofá y frente al fuego, ella le hizo tumbarse. Le tocaba dominar. Pasó una pierna sobre Thomas, a horcajadas, y se dejó caer suavemente sobre su erección. Maravilloso, y muy fácilmente se había deslizado. Empezó a cabalgar encima de él. Sabía que a Thomas le volvían loco sus senos, y por supuesto verlos rebotar con su movimiento le era hipnótico.
Sin poder resistirse, Thomas se incorporó para poder alcanzar aquellos pechos con la boca y probar su sabor, lamerlos, entretenerse en sus hermosos pezones mientras ella movía las caderas. Sus lenguas hicieron una danza mojada, llena de saliva, un intercambio pasional desatado por aquella intensidad que llevaban. Cuando notó el cuerpo de Thomas tensare, Yoshino sabía qué se avecinaba. Aumentó ligeramente el ritmo, dejándole culminar por segunda vez. Y por segunda vez, la sensación de sentir que su novio se vertía dentro de ella la maravilló.
Más osados, se movieron para un tercer asalto. Apartaron todo lo que había sobre la mesa y Yoshino se subió encima, dispuesta a volver a recibirle. Cierto era que había un riesgo en que les vieran desde el exterior, pero también era verdad que cualquier curioso que hubiera pegado la cabeza al cristal podría haberles visto en la cama o en el sofá teniendo sexo. No les importaba mucho en ese momento la discreción.
Desde ahí tendida en la mesa disfrutó de las acometidas de Thomas en su interior, sin controlar los gritos de placer. Cerró las piernas alrededor de la cintura de su novio, instándole a no detenerse. Sus labios volvieron al encuentro mientras se derretían en aquel baile de placer con destino el orgasmo, que se dinamitó unos pocos minutos después, para tremenda satisfacción de Yoshino. Aquella nueva sensación se había vuelto casi adictiva.
Unos minutos después, estaban descansando. O algo similar. Estaban al lado de la chimenea, sobre el suelo, practicando un lento pero satisfactorio sesenta y nueve.
—Como has dicho… así va a ser difícil que te embarace —bromeó Thomas en una pequeña pausa que dio a sus labios.
—Tenemos todo… el fin de semana… para intentarlo —rió Yoshino, disfrutando del sabor de Thomas—. Espero que no te moleste…
—En absolu-u-u-utooooooh —gimió este momentos antes de eyacular nuevamente—. Perdona…
—No te preocupes —susurró ella—. Ayúdame a acabar y… tendremos otro asalto. Por nuestro bebé —dijo. Pero en el fondo, no era el único motivo.
Siete meses después
—¿Estás bien, mi amor? —preguntó Thomas.
—De maravilla. Me cuidas muy bien.
Yoshino llevaba ya varios meses de embarazo. Si el fin de semana en la cabaña no había sido la causa, las desatadas tardes de los días posteriores habían sido las causantes de conseguir lo que tanto estaban buscando: un hijo en común. Se dieron un beso, y en ese momento, sonó un mensaje en el teléfono de Thomas.
—Es Masaru, quiere venir a visitarnos —dijo a Yoshino—. ¡Ah, y viene con Chika!
—¡Perfecto! Me apetece mucho volver a verlos.
Un nuevo mensaje sonó.
—"Tenemos algo que contaros".
¡Hola a todos! Sí, ha pasado un tiempo desde la última actualización, lo sé. Pero mis proyectos últimamente no siguen una línea cíclica sino salteada, según me inspiro, lo cual al final da mejores resultados.
Espero que os haya gustado, no suelo escribir sobre parejas que buscan tener un hijo (o no al menos, de una forma tan meticulosa como he puesto en Thomas), así que no tengo muy claro el resultado. Eso lo juzgareís vosotros :) Y si habéis leído el 16... os podéis imaginar qué contarían Masaru y Chika :P
iNATHivo0722: ¡Me alegro por ello! Claro que nos leemos ;)
MAZINGER-TAIORA: Me alegro que te gustara :) Sí, la continuación llevaba mucho tiempo en el cajón. El lemmon duró poco, pero entiéndeme... he escrito más de cien lemmons (tal vez doscientos, no he llevado la cuenta exacta) así que hay veces que sacrifico un poco el sexo por la historia para que no sean tan repetitivos. No se si se me ocurrirá alguna continuación pero todo es posible ;) Igual cuídate del virus :) Saludos!
honter11: Me alegro que te gustara. Y sí, hay planeado un Tai/Mimi/Hikari ;)
Poco más que añadir. Cuidaos mucho, respetad la distancia de seguridad si salís en la calle (y respetando el horario establecido) y nos leemos en los siguientes capítulos. Lemmon rules!
