Casi no hago la edición de este capítulo!
Menos mal que me acorde para poder hacerla o si no me toca hacerla el mismo martes de la actualización y quién sabe si habría logrado actualizar o no. Es curioso como estar en cuarentena significa que uno tiene menos tiempo que antes, bueno a ver, en mi caso a veces no es tan cierto pero en este momento estoy tantos proyectos para fanfiction a la vez que de pronto no encuentro tiempo para escribir, leer, ver series o hacer otras cosas como ordenar en la casa, ayudar en lo que haga falta y entre otras cosas y lo curioso de no tener tiempo es que siento que me paso la mitad del día mirando el techo como idiota. A ver no, mentira, si les dijera en qué estoy malgastanto mi tiempo de escritura o lectura seguramente no les sorprendería para nada porque no soy la única persona en este planeta con eso... y seguro que algunos de ustedes está en la misma situación que yo y hasta en la misma razón.
Uff, por poco y no subo el capítulo, si les dijera la hora que es actualmente... bueno, no sería nada sorprendente porque usualmente me duermo en la madrugada ¡pero! estoy en una campaña por arreglar mi horario y estar dormida en este momento que debido a ciertas circunstancias... no lo estoy. En fin, basta de mi ocio, ustedes quieren leer el episodio y yo lo traje.
Resumen: La naturaleza tiene un balance: cuatro elementos naturales guiados por un quinto elemento nacido de una bendición por amor. Cuando la boda de la Reina Anna se encuentra a las puertas de la esquina, algo extraño sucede. Los espíritus se rebelan contra la gente. La tierra reclama lo suyo mientras los humanos se ven sometidos a su merced. Un nuevo viaje empieza y aún sin saber qué le depara el futuro, Anna decide acompañar a Elsa a una peligrosa aventura por destapar la verdad detrás de los espíritus.
~ Disclaimer: Frozen es una película de Disney basada en los libros de La Reina de las Nieves de Hans Christian Andersen, producida por Chris Buck y Jennifer Lee.
~ Confía en tu viaje ~
18
Dentro del globo de nieves
Hasta ese momento, habían muchas ocasiones en las que Anna se sentía aturdida mentalmente, como por ejemplo cuando tenía tres años y su padre le enseño que podía separar su pulgar de su mano como un truco de magia que la pequeña niña amaba ver. Le avergonzaba decir que hasta no cumplir quince, no sabía que en realidad se trataba de un truco de ilusión y no de magia real, pero cuando era pequeña recordaba carcomerse la cabeza ante tal maravilla. Ella quería intentarlo, pero nunca lo lograba y por ende su padre era un ser mágico todo poderoso capaz de separar su pulgar de su mano.
También estaba aquella ocasión en que para sus diecisiete años tenía que realizar un trabajo en clases que le había tomado casi tres vidas realizarlo. En la teoría el trabajo era muy sencillo de hacer pero en la práctica era imposible. No ayudaba tampoco que Elsa prácticamente la ignorara y que sus padres hubieran muerto tiempo atrás, por lo que estaba sola y no sabía cómo realizar dicho trabajo. Recordaba pasar horas en la biblioteca investigando y leyendo solo para que al final de la semana su profesora decidiera darle el visto bueno solo por sus esfuerzos y no por su trabajo, el cual a día de hoy Anna aún creía que dejaba mucho que desear.
La semana pasada también era uno de esos momentos en que su mente se quedaba aturdida durante horas por algo que no podía comprender. Tenía una reunión con algunos dignatarios de otros reinos que estaban encantados de formar parte del Festival de la Cosecha, Anna los había invitado personalmente dado que aquellas personas también mantenían una buena relación amistosa con Elsa (lo que serviría para el plan "Sorpresa de Cumpleaños"), pero en un momento estaban hablando de manzanas y al siguiente de peras. La mente de Anna explotó y antes de darse cuenta de qué estaba sucediendo realmente la reunión había finalizado. Aún no sabía que había sucedido, pero Kai había prometido explicarle todo lo que ella no entendió, lástima que la situación actual no permite que Anna y Kai puedan conversar sobre ese tema.
Así que, actualmente, Anna no debía sorprenderse por sentirse aturdida de forma mental mientras Elsa se encontraba cargando su peso sobre su rodilla mientras miraba el suelo donde los trozos de cristal habían caído tras romperse en millones de piezas pequeñas apenas visibles.
Su hermana parecía muy interesada en esto, mientras que Anna, sentada en una roca cercana, simplemente no sabía que pensar sobre la situación actual.
Tenía la mano en su corazón para poder sentir los latidos vibrantes a través de su cuerpo, queriendo confirmar que todo rastro de desesperación y alteración habían desaparecido por completo. Elsa movió la mano con elegancia creando un pequeño remolino que levanto los trocitos de cristal, pero estos parecían magnetizados al suelo porque volvieron a caer nuevamente.
– ¿Sabes? Sé que debería sentirme como si acabara de despertar de un sueño o como si de pronto me sintiera libre de todas las emociones negativas que alguna vez he tenido, pero no me siento nada diferente – Ella dijo con una mueca y con un tono suave – Me siento como yo misma siempre he sido
Elsa la miro un momento antes de hablar – ¿Pero?
– Uhm, los sentimientos oscuros… desaparecieron. Ya no están – Ella se encogió de hombros despreocupada. Su tono era muy calmado, incluso para ella misma tenía que admitir – Es como si nunca hubieran estado ahí y me hace pensar que realmente nunca he estado enojada contigo
– Entonces sí te sientes diferente.
– No, simplemente… no los siento. No sé cómo explicarlo.
Elsa suspiró mirando el hielo en el suelo y luego a Anna. La muchacha camino hasta ella creando un banquillo de hielo en donde se sentó al lado de su hermana. Ambas tenían la vista puesta en el horizonte.
– Aún no puedo creer que te acuse de traición – Su voz sonó bajita y tan pequeña que Anna dudo por un momento de que Elsa pudiera escucharla. La muchacha sonrió con calma mientras miraba – Estaba tan enojada contigo que no me di cuenta de lo que estaba haciendo. ¡Oh, dios! Elsa, eres una fugitiva ahora y es culpa mía. ¡Si nos atrapan te encerrarán!
Elsa rió suavemente mientras sacudía la cabeza – Ahora mismo tenemos otras cosas de qué preocuparnos como para pensar en lo que sucederá si me atrapan
– ¿Cómo puedes estar tan tranquila?
– Eso no fue tu culpa
– No, pero era algo que estaba dentro de mí – Anna la miro con horror – Esas emociones… Ni siquiera puedo creer que realmente fueran parte de mí. Estaban ocultas en un rincón tan profundo que pasaron desapercibidas.
– Bueno, algo de verdad tenían, ¿cierto? Está bien.
– No, no lo está. Hice algo mal y no cualquier cosa – La muchacha miró sus manos y enterró su rostro en ellas – Siempre has estado ahí para mí y yo te acuso de traición cuando sé que jamás harías algo como esto
La mayor guardo silencio un momento. Anna realmente se sentía culpable y eso era palpable en el aire, Elsa no lo podía negar, pero tampoco podía permitirlo. En sus manos la magia comenzó a emerger como una nube de vapor helada creo una pequeña figura en sus manos. Un mini Olaf le sonreía a Anna desde las manos de Elsa.
– No creo que tengas nada por lo que sentirte culpable – Ella habló con suavidad – Tenías razón en todo lo que dijiste. Me necesitaste y no estuve ahí para ti, no una vez sino varias. Desde que comencé a pasar más tiempo con los espíritus te he dejado de lado y lo siento. Esto es mi culpa, no la tuya
– Elsa… – Anna levantó la mirada encontrándose cara a cara con la pequeña figura inanimada de nieve con la apariencia amigable de Olaf. La mayor sonrió depositando la figurita en sus manos antes de ponerse en pie con una sonrisa en sus labios.
– He cometido errores y muchos los he lamentado hasta el día de hoy, también te he decepcionado en más de una ocasión y te he dejado sola. Tienes todo el derecho de enojarte conmigo si es lo que quieres o incluso si no lo puedes evitar.
– ¿Cómo puedes ser tan tonta a veces? – Anna murmuró con una mueca – Se supone que debo sentirme culpable, no que me hagas sentir mejor
La mayor parpadeó varias veces completamente confundida – Lo siento…
– No lo sientas. Yo debería sentirlo.
Elsa hizo una mueca – Ahora estoy confundida – Soltó un suspiro – Escucha Anna, podemos pasar todo el día (o más bien toda la noche) discutiendo de quien es la culpa o podemos olvidarlo y continuar con el presente.
– Pero…
– No ha sido tu culpa. Las emociones, el odio… – Elsa hizo una mueca con amargura sin poder creer que iba a pronunciar las mismas palabras que alguien le había dicho alguna vez – el odio es un sentimiento puro que no puede ser fingido. Tenemos que aceptarlo. Una parte de ti se sintió de aquella manera hacía mí y no puedo decir que es injustificado. Te he hecho tanto daño tanto cuando éramos niñas como ahora…
La menor no respondió, simplemente miró a su hermana mayor con una punzada en su pecho ante la perspectiva de escuchar a Elsa hablarle de tal manera. No es que fuera malo, ya que la chica tenía la intención de alejar todo rastro de culpa de ella y echarlo sobre sus hombros. Anna sabía, que mientras Elsa cargara con todo ella sola, la menor podría viajar con equipaje ligero, pero no es que a ella le gustara que Elsa lo hiciera.
Elsa no dijo nada, simplemente la abrazó con fuerza y estuvieron de pie durante unos minutos esperando a que Anna pudiera calmarse, pero la muchacha no sentía que pudiera hacerlo. Cada vez que lograba dejar de sollozar, nuevamente volvía a caer por un río de lágrimas. Asustada por esos sentimientos tan negros como la noche, pero tan viles como lo fue Hans al conocer su verdadero rostro hicieron que Anna casi sintiera asco de sí misma. Su estómago se revolvía.
– ¿Estás mejor? – Elsa murmuró suavemente.
– Eso creo – Ella sorbió su nariz mientras intentaba limpiarse el rostro. Elsa sonrió ampliamente mirando a su hermana, la sostuvo de los hombros y acercó su rostro.
– Realmente lo lamento, Anna.
La menor sacudió la cabeza con fuerza – ¿Qué haremos ahora con esto?
Elsa torció el gesto mientras pensaba cuidadosamente en las siguientes palabras. Anna sabía que cualquier cosa podría ser un detonante en esos momentos, pero también sabía que incluso si se daba la casualidad de que Elsa tuviera resentimiento hacia ella, lo aceptaría porque sentía que lo merecía. La mayor suspiró finalmente con una respuesta dulce y calmada que por muy mal que podía escucharse, produjo el efecto contrario en ella: paz.
– Ahora seguimos adelante. Encontraremos la manera de vivir con esto y descubrimos como superarlo. Hay mucho que perdonar y mucho que superar, pero no importa que tan oscuro sea el camino… sé que lograremos avanzar – Sonrió Elsa con calma – No te culpo por lo que has hecho así como tampoco espero que puedas perdonarme por todo lo que he hecho. Debí actuar como una mayor para ti a lo largo de toda nuestra vida, incluso si estaba tratando de ocultar mis poderes, pero no lo hice. Así que voy a hacerte una sola promesa: Voy a estar aquí siempre que me necesites, no importa en dónde, no importa cuando y no importa el momento.
Elsa sonrió mientras abrazaba a la menor con fuerza. Un toque helado de pronto se convirtió en cálido, Anna parpadeó sorprendida antes de devolver el abrazo con fuerza.
– Supongo que eso podemos agradecerle a Gaia – Anna dijo con una sonrisa nerviosa – Espera, ¡Oh dios! – Anna se golpeó la mejilla con ambas manos mientras alzaba las cejas con sorpresa ante la realización de una nueva idea – ¡Gaia hechizo a todos! ¿Qué haremos?
– Debemos entrar en el castillo y buscar entre las notas de mamá, estoy segura de que encontraremos un contra hechizo para liberar a todos.
Anna parpadeó y movió las manos para enfatizar más su siguiente idea – ¿Por qué no solo, ya sabes, usas tu magia contra ellos para liberarlos como hiciste conmigo?
Elsa alzó una ceja mirando a la menor. En su mente, el destello de un deja vu brillo con intensidad.
– ¿Es en serio?
– No es como si le vas a disparar al corazón, ¿cierto?
– No puedo creer que esté teniendo está conversación de nuevo – Elsa murmuró para sí misma – ¿Por qué Olaf y tú siempre tienen las mismas ideas?
– Está bien, entiendo, es tema sensible.
La muchacha asintió mientras daba la vuelta para caminar mientras rodeaba la esfera de nieve en la cual se encontraba su pueblo dentro de ella.
– No sé qué ha sucedido, pero no he sido yo quien te ha liberado del hechizo.
– ¿Quieres decir… que me he liberado sola? ¿Cómo? – Anna corrió detrás de ella – Gaia no pudo haberme liberado, ella no lo haría pero yo no tengo magia así que definitivamente no fui quien creo esa tormenta.
– No, esa fue mi magia – Elsa dijo con calma.
– Eso quiere decir que tú me has liberado. Estoy confundida, ¿por qué dices que no fuiste tú?
– No he sido yo – Elsa torció los labios mientras pensaba – Gaia hechizo a todos utilizando mi magia. Cuando nos encontramos por segunda vez, la ataque y en un momento mis emociones se reflejaron en ella por lo que al destruir la magia con la que yo la ataque libero todas las emociones de miedo y odio que sentí en ese momento. Ella dijo que las emociones no son compactas y que los espíritus se ven afectados por las emociones de los humanos, ¿qué tal si también sucede al revés? Los espíritus pueden afectar a los humanos, pero no de forma directa…
– A través de la magia – Anna chasqueó los dedos mientras entendía la idea de su hermana. Caminaron un buen tramo mientras intentaban descubrir qué había sucedido realmente, teorizando e intentando encontrar una idea de cuál debería ser la solución a este problema.
– Exacto, eso es lo que pensé y es la única explicación a lo que ha pasado.
– Entonces es por eso que me sentí de esa forma – Anna llevó su mano a su pecho – Pero no tiene sentido que solo porque tú estabas enojada yo estuviera igual. ¿Recuerdas cuando me golpeaste con tu magia en el corazón? Tenías miedo, pero no me sentí de esa forma.
Elsa se detuvo a mirar a la joven – Pero yo te golpee en tu corazón, en cambio esta magia estaba en tus ojos…
– Claro, porque me entró basura en el ojo – Anna parpadeó antes de torcer los labios con su siguiente idea – Elsa, ¿qué tal si lo que sucedió fue que Gaia en realidad amplifico tus emociones para que al momento de golpear a alguien, en este caso a mí, simplemente funcionaran como un conducto para amplificar las suyas? Yo tenía todas estas emociones dentro de mí, pero no lo sabía porque estaban tan ocultas que podía vivir sin saber de su existencia, pero en el momento en que tu magia entro mí fue como si todo se intensificara en un segundo. Gaia debió intensificar las emociones reflejadas en tu magia para que a su vez intensificaran las de otras personas. Eso explicaría por qué cuando me golpeaste la primera vez no sucedió exactamente lo mismo
– Pero eso no explica cómo te has deshecho de ella.
– Algo tuve que haber hecho para que la magia termine, a no ser qué tenga un límite de tiempo. Oh dios, ¡Kristoff! – Anna se volteó rápidamente buscando con la mirada al chico pero solo halló la oscuridad de la noche – Él también está bajo ese hechizo
– Olaf no fue afectado por la magia de Gaia, pero es muy probable que Yelana sí. Eso explicaría por qué saco a relucir viejos sentimientos contra Arendelle.
Anna miró a Elsa con firmeza – Si la magia tiene un límite de tiempo, entonces todos están a salvo. La guerra no continuara.
– Tal vez sea cierto, pero no sabemos si eso fue lo que terminó el hechizo – Elsa volteó a mirar el cristal a su lado – Tenemos que entrar con cuidado
– Espera un momento, ¿qué pasa con los Gigantes? Recuerdo que dijiste que los Gigantes se acercaban a Arendelle.
– Me he hecho cargo de ellos – La muchacha dijo con calma mientras sus manos se deslizaban por el cristal desapareciendo su magia con cuidado de que nadie pudiera verla. Creo un agujero pequeño que no llamara la atención, pero lo suficientemente grande como para que pudieran cruzar por él.
– Espera, ¿cómo que te has hecho cargo de ellos y qué estás haciendo? Deberíamos volver a buscar a Kristoff. Si el hechizo nos ha liberado, no tiene sentido volver a casa
Elsa se detuvo mirando nuevamente a la chica nuevamente – No creo que el hechizo se haya detenido, puedo sentirlo aún en el aire, pero como fuera aún tenemos que volver porque incluso si el hechizo finalmente se disolvió, aún necesitamos dormir a Gaia.
– Pensé que estabas buscando la solución – Anna dijo sorprendida.
La muchacha sacudió la cabeza con calma – No he podido encontrar nada que nos ayude.
Anna hizo una mueca mientras pensaba en lo que su hermana le estaba contando. Por un lado, una parte de ella quería dar la vuelta y correr en busca de Kristoff para confirmar si la maldición desapareció del todo y si es que este se encontraba bien, pero por el otro quería ir detrás de Elsa y encontrar la forma de dormir a Gaia para poder volver todo a la normalidad.
Elsa debió comprender el nuevo debate interno de la joven porque se le acercó con una pequeña sonrisa y un apretó suave en el brazo. La muchacha vio a la mayor buscar las palabras correctas a pesar de que Anna ya sabía que iba a proponer Elsa, no es que fuera adivina, pero dada la situación actual lo raro sería que no lo hiciera.
– Sé que estás preocupada por él, pero tienes que creer que va a estar bien. Si el hechizo no se ha desvanecido, no creo que sea buena idea estar cerca, ambos podrían hacerse daño.
Claro que Elsa diría algo como eso, Anna lo sabía, pero aún así fue un golpe duro tener que escucharlo – Espera, ¿qué? ¿Crees que Kristof podría tener resentimiento… hacia mí? – Tuvo que luchar contra la punzada que estaba en su pecho. Elsa había usado un tono muy calmado que transmitía la misma sensación, pero Anna seguía pensando en querer dar vuelta atrás y buscar a su prometido. La mayor debía estar protegiéndola (otra vez), al menos es lo que se dijo Anna a sí misma, ¿pero realmente Kristoff podía sentirse de aquella manera hacia ella? Le era difícil pensar en eso.
Kristoff la amaba y ella lo amaba a él, ¿cómo podía ser que hubieran sentimientos negativos en esta relación? ¡Kristoff no era Hans! Él la amaba por lo que era: torpe, imprudente, divertida… –Tal vez Anna debería replantearse la lista de cosas hace la realeza en lugar de actuar salvaje, como Kristoff le dijo cuándo se conocieron– y ella amaba que fuese una persona desinteresada por sobre todas las cosas, amable y dulce. En su posición, Anna sabía que era muy ingenua al pensar que podría tener amigos que se le acercaran con un corazón noble y puro, sin intenciones ocultas. Esto lo había aprendido después de haber conocido a Hans, pero conocer a Kristoff y tenerlo en su vida había sido una bendición. El chico podía ser tan extraño como quisiera y ella podía hablar y hablar durante horas sobre deberes reales, pero a él nunca le interesarían. Siempre estaba a su lado para apoyarla, pero en no le interesaba en lo más mínimo la corona o el poder. Eso estaba bien.
Claro, Olaf y Sven también fueron una bendición para ella porque ninguno estaba interesado en su corona, pero ella no podía salir con ninguno de los dos porque uno era un muñeco de nieves y el otro un reno. Sería… raro… a niveles que harían volar la cabeza de alguien.
Tenía que recordarse a sí misma que los sentimientos oscuros que tuvo hacia Elsa no debían estar plantados en su corazón en primer lugar, pero lo estaban y ella no era consciente hasta que fue muy tarde. Kristoff podría estar en la misma situación que ella, ¿qué tal si él también tenía ciertos sentimientos rencorosos hacia ella?
El estómago de Anna se revolvió.
Elsa la estaba cuidando (como siempre) y ella lo entendía, pero no podía negar que el no tener que dar la vuelta para buscar a su novio era una muy poco tentador. No es que quisiera encontrarse con él en un estado en dónde pudiera odiarla, pero realmente deseaba confirmar que estaba a salvo.
La decisión estaba tomada, Anna siguió a Elsa de camino hacia el castillo dirigiéndose hacia uno de los pasadizos subterráneos que habían encontrado en una ocasión jugando a las escondidas. El castillo tenía tantos secretos que se habían descubierto a lo largo de los años y tantos que aún no estaban ni cerca de ser descubiertos. Ese pensamiento hacía que Anna se entusiasmara con la idea de dedicar un día completo a la búsqueda de esos pasadizos.
Estuvieron escondidas en todo momento para que las personas no la vieran; aunque Anna aún tenía esa esperanza de que el hechizo se hubiera desvanecido de todos como sucedió con ella. Caminaron un buen tramo hasta el castillo y para cuando finalmente habían llegado al túnel, la joven oyó voces cerca.
Elsa fue más rápida que ella y la jaló del brazo para esconderse. Mentalmente Anna se regañó a sí misma por no haberse dado cuenta antes que Elsa, era ella quien tenía los instintos más desarrollados que su hermana, no al revés. Su defensa era una sola: estaba demasiado preocupada por su novio, por su gente, por los Northuldras, por todos en general, que ni siquiera había oído la voz del Teniente Matias. Su orgullo magullado le impedía en ese momento reconocer que de tanto tiempo viviendo en el Bosque Encantado los reflejos de su hermana se habían agudizado. Por otro lado...
Ella… ¡La reina! ¡Escondida detrás de un arbusto!
Anna quería reírse aunque no sabía si sería una risa de gracia o de burla. Es decir, en cualquier otra situación ella pensaría que sería divertido esconderse detrás de un arbusto para poder divertirse con otros: jugando a las escondidas o queriendo sorprender a alguien, pero en ese momento estaba escondida por culpa de un posible hechizo.
La chica resopló con una mueca.
– ¡Teniente!
Matias se dio la vuelta para hacerle frente al soldado de Arendelle que acababa de llegar corriendo hacia él. Sostenía su escudo con una mano y con la otra la espada de doble filo con el mango característico de la guardia de su reino. Se veía cansado, pero a la vez exaltado y Anna se estaba preguntando qué había sucedido para que se viera así.
– El ejército Northuldra ha logrado derribar la primera línea de defensa, nos preparamos para evitar que se acerquen al castillo.
El alma de Anna se salió de su cuerpo, estaba segura de eso. Mientras ella estaba fuera del globo de nieve intentando enfrentar a Elsa por su cuenta, su gente estaba dentro peleando. La magia no se había disuelto como sucedió con ella y Anna comenzó a temblar solo de pensar en que estaban luchando.
– Tenemos que hacer algo.
– Encontrar la solución es lo único que podemos hacer.
– No – Anna miró a Elsa molesta – Van a lastimarse
– Lo sé – Elsa habló con suavidad – y tampoco deseo esto, pero no podemos hacer nada más que encontrar un contra hechizo
Apretó los dientes con fuerza. Elsa tenía razón, pero ella no podía simplemente aceptarlo. ¡No podía darle la espalda a su pueblo cuando más la necesitaban! El hechizo no se había roto, lo que tampoco explicaba por qué el de Anna sí y el de ellos no. ¿Por qué su gente estaba dispuesta a matarse entre sí solo por odio?
– Tal vez pueda detenerlos. Si me acerco y declaro que no habrá guerra entonces se acabaría todo.
– Y luego pensarían que yo te he lanzado algún hechizo – Elsa sacudió la cabeza – Anna, ¿no lo entiendes? Declaraste la guerra cuando estabas bajo ese hechizo y no ibas a dar ningún paso atrás, por tanto si vas allá para detenerla pensaran que algo está sucediéndote.
– Te culparán.
– No es lo que me preocupa – Elsa torció el gesto pensando – Podrían encerrarte o podrían impedir que nos acerquemos a la biblioteca. Es demasiado riesgoso que salgas ahora
– Pero…
– Envía a más soldados a la primera línea. Quiero que todos estén preparados para que pase lo peor. Los heridos y los que se encuentren graves que salgan enseguida del campo. Debemos defender el castillo hasta que la Reina Anna regrese. No pasarán más allá de esa zona. – Matias declaró con dureza. Anna lo miró con impotencia.
Elsa no dijo nada más, simplemente siguió adelante con el camino para poder cruzar el pasadizo y salir en el segundo piso del castillo a tres puertas de la biblioteca.
Tardo un momento, pero Anna decidió echar a correr detrás de Elsa para alcanzarla. Se sentía muy frustrada por no poder hacer nada, pero sabía que su hermana tenía razón. Sería incongruente que en un momento dijera que quería esta guerra y al siguiente segundo quisiera cancelarla. Ellos la verían y sabrían que algo habría cambiado, pero el caso es que incluso cuando algo cambio ellos no lo sabían. Nadie salvo Anna y Elsa sabían sobre el hechizo de Gaia, por tanto el Teniente Matias y todos los soldados simplemente creían que estaban haciendo lo correcto porque no eran capaces de descubrir de dónde venían esos sentimientos oscuros, algo que Anna podía comprender perfectamente porque estuvo en esa situación.
Llegar a la biblioteca fue más fácil de decirlo que hacerlo pues el pasillo por el cual salieron se encontraba lleno de gente. Anna jadeó al ver a tanta gente y tuvo que parpadear y tallarse los ojos con los puños para confirmar que la imagen no era engañosa.
Está bien, no podía ser tan difícil cruzar la multitud y llegar a la biblioteca, ¿cierto? Claro, si fueran personas normales quizá pasarían desapercibidas pero estamos hablando de la Reina de Arendelle y de la Reina de las Nieves, era imposible que cruzaran sin ser descondidas y no es que la apariencia inusual de Elsa, con su cabello rubio platino y su vestuario creado con su propia magia helada pudieran no resaltar en la multitud. Anna, en cambio podía fingir ya que desde su punto de vista tenía una apariencia muy simplona. Sus ojos eran azules como los de su hermana, pero su cabello era castaño y no destacaba para nada, quizá cuando tenía el mechón blanco pero actualmente no era el caso. Su ropa tampoco es que gritara: ¡Es la Reina! Ya que al momento de haber salido de Arendelle se había asegurado de quitarse la ropa real para ponerse algo cómodo que no le estorbara para atrapar a su hermana.
Con una túnica cada una que cubriera hasta la cabeza y mirando hacia el suelo, las dos chicas lograron mezclarse entre la multitud.
Debieron haber pasado unos pocos minutos, pero Anna juraba al cielo, a la luna o al dios del planeta que fueron horas. Su corazón latiendo nervioso en todo momento, su boca completamente seca y sus manos temblando.
Podía escuchar a las personas en la multitud discutir sobre diversos temas: el terremoto que se sintió unos momentos atrás, la guerra que se estaba llevando a cabo fuera del castillo, su presunta desaparición a manos de la Reina de las Nieves, la traición de su hermana para con su gente. Diversas cosas a las que Anna no daba nada de crédito el haber oído cada una de ellas.
Tenía muchas ganas de quedarse ahí de pie escuchando todo, queriendo saber qué pensaba realmente su gente de todo lo que estaba sucediendo en el reino, sin embargo no podía hacerlo ya que Elsa se encontraba varios metros lejos de ella –ambas habían decidido que lo mejor era guardar una gran distancia para que no pudieran destacar en la multitud– y no parecía tener planes de detenerse, lo que significaba que no era buena idea detenerse.
Con el corazón en la mano, logró llegar a la biblioteca y al descubrir que nadie más que su hermana se encontraba dentro, la chica dejó escapar un gran suspiro de alivio. Cerró la puerta detrás de sí y se acercó hacia la habitación oculta que estaba detrás del libro, la cual se encontraba abriéndose poco a poco para ambas.
Anna miro a Elsa con las cejas alzadas poco después de haber lanzado su túnica al suelo y espero a que su hermana dijera algo.
Pasaron minutos antes de que Elsa dijera alguna palabra. Las puertas se encontraban abiertas para ambas y un centenar de libros dispersos por todos lados tanto en pilares como regados por el suelo adornaban la imagen del caos. La vieja silla que nunca se había movido de aquella habitación también tenía un libro en su asiento, pero este estaba abierto en una página en concreto: la última página que Elsa leyó antes de decidir que necesitaba un descanso.
– Grand Pabbie podría estar bajo el hechizo de Gaia – Finalmente, Elsa respiró hondo y habló con calma. Si su hermana se había sentido tensa al cruzar por alrededor de la gente, preocupada de que la fueran a descubrir o no, Anna no podría decirlo al ver su expresión ya que como siempre, Elsa era una experta en ocultar sus sentimientos, sin embargo sí podía decir que aquel pensamiento era correcto, porque Anna conocía a su hermana mayor. Quizá no tanto como quisiera, quizá aún había cosas que desconocía de la chica como cuando Elsa ocultaba cosas, pero la joven había aprendido a ver detrás del miedo de Elsa. Lo único de lo que podía estar orgullosa: saber cuándo Elsa tenía miedo y cuando no – O tal vez no. No podemos arriesgarnos a ir así que tendremos que encontrar la respuesta aquí. Mamá era Northuldra y tenía investigaciones sobre la magia, algo tiene que haber sobre Gaia que nos pueda ayudar al hechizo que se ha lanzado y no es así… al menos algo debe de haber sobre mi magia que pueda ayudarnos.
– Bueno, la puerta está cerrada, la gente fuera y nosotras frente a un montón de libros – Anna resopló ante la calma en su voz – Son mucho más libros de los que esperaba – Ella dejó escapar un suspiro de sorpresa – ¿Dónde comenzamos?
Elsa sacudió la cabeza – Revisando todos y cada uno de ellos.
La joven asintió sabiendo que les tomaría horas encontrar algo que rompiera el hechizo, pero ellas no contaban con horas, al contrario, ni siquiera contaban con algunos minutos. La guerra se estaba llevando a cabo y aunque Anna ya no podía escuchar las voces y los gritos de guerra eso no significaba que fuera de las puertas de la biblioteca, fuera del castillo y dentro del globo de nieves en el que estaba encerrados… mucha gente se estuviera enfrentando entre ellos.
Así que… a leer se había dicho.
N/A: Tengo planeado el siguiente capítulo, pero aún no lo escribo ya que me vi envuelta en otra cosa y de pronto me quede sin tiempo. Quiero poder actualizarlo la próxima semana como debe ser así que haré lo mejor posible para poder terminar el capítulo (o más bien comenzarlo) y poder subirlo. Si no logro hacerlo, ya hablamos de esto y saben que de no ser el martes es el miercoles y de no ser el miercoles es porque no logre tenerlo a tiempo así que no hay actualización hasta la semana siguiente.
Debo decir que este capítulo no era lo que esperaba escribir cuando comence, de hecho tenía otro titulo pero cuando termine el capítulo decidí cambiarlo por uno más acorde al ambiente, pero independiente de eso creo, al menos siento yo, que hay escenas que aunque no fueron planeadas de antemano me han gustado mucho como la escena en que ambas recorren el pasillo hasta la biblioteca o al escena del Teniente Matias. En mi idea original, la escena dentro de la biblioteca (que aun no la han leído), la escena posterior a romper el hechizo, la escena de duda o la escena en donde Elsa crea al pequeño Olaf y otras pocas si estaban planeadas, pero como dije esos pequeños detalles que no lo estaban me han gustado. En cuanto a los dialogos, debo decir que aquí tengo la sorpresa mayor porque yo tenía los dailogos pensados, pero no se veían bien, ninguno de ellos, no me gustaban porque se sentía tosco o forzad. Lo curioso es que yo por lo general pienso en la conversación, me creo un dialogo en que todas las palabras se vean bien, en que las oraciones tengan un brillo, pero cuando llegó la hora de escribirlo palabra por palabra... se me olvido los dialogos y tuve un desastre, pero a la hora de escribir el capítulo las palabras fluyeron. No son las mismas porque todos los dialogos que tenía de antemano los borre, pero me han gustado las que he escrito.
En fin, eso ha sido todo por hoy y nos veremos la próxima semana con el siguiente capítulo que... yo sé de que va a tratar, lo pensé hace unos días y tenía ganas de incluirlo... pero aun no lo escribo así que ojalá mi yo del futuro ya comience a hacerlo.
Dejen reviews
Se despide Lira12.
