Disclaimer: Los personajes no son míos, pero la historia sí.
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Guest 1: Muchas gracias por tu review, jaja así me sentí yo cuando lo estaba escribiendo, esa Elsa sabe sacar las uñas también, ojalá que esta actualización sea de tu agrado. ¿Podemos seguir leyéndonos?, Harry.
Ravenna18: Gracias por comentar, voy a tratar que sigan siendo así de largos o un poco más, depende de como esté inspirada, yo también espero ese tipo de acción jojojo, pero hay que ser pacientes. Saludos mis estimada, Harry.
A Frozen Fan: No sé si recuerdes, pero en el capitulo 9 Honeymaren habló del Bolshoi, fue una leve pista que dejé jajaja, decidí que sería interesante viéndolas convivir juntas y así. A mi me molesta un poco que la gente se cuele en fiestas ajenas.
Admito que me caló haber puesto que Hansy se presentó con la familia, pero pues el muchacho andaba─ y anda─ ardido con Elsie, ya ves que los hombres son muy impulsivos y se ponen a querer dar celos, ay no que gente. Descuida, no hay segundas oportunidades para el Tadelsa, Dashi tiene dignidad y Elsa vergüenza.
Muchas gracias por comentar, ya espero tu review. Saludos, Harry.
Hans.
—Tengan mucho cuidado, por favor— dice su abuela mientras los ve bajar las maletas de la camioneta.
—Pero ¿qué dices? —Lars se acerca a ella para abrazarla—, tienes nietos fuertes, Babushka.
—Yo no diría lo mismo de Ryder— el aludido mira a la mujer mayor con indignación fingida.
—Yo también la aprecio, señora Westergaard— la ironía impregna la voz del castaño.
Hans no dice nada y se limita a jalar su maleta y la de Honeymaren por el aeropuerto, la castaña no deja de hablar por teléfono con su propia abuela hasta que llegan a la sala de abordaje.
Inna besa en la mejilla primero a Ariel y después a Lars. Honeymaren y Ryder la aprietan en un abrazo pequeño antes que los ojos verdes de la mujer se posen en Hans.
—Tengo que hablarte un momento, querido— dice la mujer, el bermejo más joven asiente y se aparta del resto junto a ella.
—¿Necesitas algo? —la mujer niega con la cabeza.
—Quiero que te portes bien y que no hagas tonterías— le dice de forma dulce—. No sé por qué, pero algo me dice que no estás del todo contento con el hecho que los nietos de Yelena los acompañen.
—Es mi novia— un deje de resignación se cuela en su voz y su abuela arquea una ceja—, y él mi amigo
—Desde pequeños, tu abuelo y yo tratamos de enseñarles a buscar lo mejor para ti, tus hermanos y tus primas— declara—. También les inculcamos a pasarse por el culo lo que la gente diga— Hans tuerce la boca en una sonrisita al escucharla hablar de esa manera tan impropia de ella. Su abuela lo coge de la cara para besarlo en ambas mejillas antes de acercase al oído para susurrarle —. Y si esa niña no es a quien de verdad quieres, entonces termina con ella y que te dé igual lo que Yelena Nattura piense.
—Creí que eran amigas— contesta el bermejo de la misma manera.
—Lo somos, pero mis nietos son lo más importante para mí— repone—. Ahora, si decides quedarte con ella, trátala muy bien— instruye, soltándolo—, recuerda que tienes primas y no te parecería que ningún muchacho quisiera pasarse de listo con ellas.
Hans se abstiene de decir nada dándole una sonrisa como única respuesta para después volver con los demás.
—¿Todo bien? —pregunta Honeymaren cuando se sienta a su lado.
—Sí, solo quería decirme que me portara bien contigo— es una mentira a medias y ella sonríe con dulzura.
Esperan pacientemente durante media hora hasta que la mujer del megáfono anuncia que es momento de abordar.
Con cada hora que pasa, Hans no puede dejar de pensar en las mil y una posibilidades en las que puede salir su reencuentro con la blonda, la rabia vuelve con más fuerza al recordar lo injusto que lo trató la última vez que hablaron y la sed de venganza se vuelve una necesidad.
Se muere por ver la cara que va a poner cuando lo vea llegar acompañado, pero para eso necesita de la castaña que duerme recargada en su hombro.
Elsa.
Sonríe ligeramente cuando Genevieve les enseña el vestido de novia que diseñó ella misma para el gran día.
—¿De verdad lo hiciste tú? —pregunta Punzie, observando el vestido con ojos brillantes. Gen asiente.
—Bueno, ahora sabemos que Roland jamás tendrá que preocuparse por cocer nada— agrega Merida y todas ríen.
—Es muy bonito— halaga Elsa, paseando sus delgados dedos por la fina tela.
Se encuentran en una de las habitaciones de invitados en la residencia de los Solberg* que han usado para guardar los vestidos y todo lo relacionado para la vestimenta que usarán las muchachas en la boda. Punzie y Eugene han vuelto de Alemania y Merida de Edimburgo, pero no sola, sino acompañada de una guapa mujer que bien puede pasar como modelo curvy y que responde al nombre de Winona Pollard*.
—Ahora que has terminado con Tadashi— comienza Gen, tanteando terreno—, ¿con quién irás a la boda?
Anna, Merida, Winnie* y Punzie la miran de inmediato.
—Sola, supongo— responde y se encoje de hombros de forma indiferente.
—Ah no, eso sí que no— Punzie blande su dedo índice frente a la blonda con desaprobación—. Somos las damas de honor, todas iremos acompañadas.
—Porque todas tenemos pareja— repone Anna, lanzándole una mirada de advertencia a la morena.
—No pasa nada si va sola— Merida trata de razonar
—¿Qué me dices del vals? —Punzie vuelve a la carga—. En algún momento, los novios tendrán que bailar y poco después las damas de honor y el padrino se unen, ¿qué va a hacer? ¿bailar sola? ¡dime!
—Tranquilízate, Picasso— la bermeja mayor la zarandea un poco—. Tal vez pueda bailar con el padrino.
Todas la miran y, exceptuando a Winnie y a la misma Elsa, se sueltan a reír a carcajadas.
—¿Cómo se te ocurre que esos dos van a poder bailar juntos sin matarse? —pregunta Punzie entre risas.
—¿Acaso quieres que mi boda termine en un homicidio? —Gen se sostiene de una repisa.
—¿De quién hablamos? —pregunta una confundida Winnie.
—De Hans Westergaard, el mejor amigo de Roland y némesis eterno de Elsa— explica Anna ya más calmada—. Él será el padrino.
—¿Te crees que yo voy a bailar con ese estúpido? —increpa la blonda, fulminando con la mirada a las que se reían de ella y después a Merida—, para empezar, ¿por qué lo haría?
—Lo más seguro es que vendrá solo— explica la colorada mayor—. Además— le lanza una mirada elocuente a la rubia que solo ella es capaz de interpretar—, no puede ser tan malo tener a Westergaard encima.
Elsa finge que no la escucha y pone de excusa ir por algo de tomar para salir de ahí, ya en la cocina toma una de las cajas de jugo de naranja que suele darles a los niños que cuida y se dispone a volver con las demás.
—¿Estás bien, Elsie? —se sobresalta al escuchar la voz de su hermano, quien la mira con preocupación desde el sofá donde está sentado. Ni siquiera lo vio la primera vez que pasó por la sala de estar.
—Sí… solo que— titubea y Roland arquea una ceja—… solo que las chicas insisten que vaya acompañada a la boda.
—Cuando mis primas, mis hermanas y mi novia se unen— dice el rubio, palmeando el asiento a su lado para que ella lo acompañe—, siempre me asusta lo que puedan estar maquinando.
—Bueno, ahora están maquinando que baile con el idiota de Hans— aprieta los dientes, no ha sido su intención decir aquello—. Obviamente no quiero.
Roland suelta una carcajada.
—No sé por qué nunca se llevaron bien— dice cuando deja de reírse.
—Yo te diré por qué, es un mentiroso manipulador, un arribista, un trepador, un… un…—hace ademán de ahorcar a alguien con sus delicadas manos—… ¡un bestia, eso es lo que es!
Su hermano vuelve a reírse.
—Eso, ríete— la blonda le da un manotazo antes de levantarse, pero Roy hace que vuelva a sentarse y le rodea los hombros para atraerla en un abrazo fraternal—. Algún día no le vas a reír las gracias.
—De acuerdo, ya— dice—. A ver, es cierto que necesitas una pareja, Merida tiene a esa chica tan guapa, Punzie al holgazán de Fitzherbert y Annie al inútil de Kristoff— Elsa lo pellizca por referirse a su mejor amigo de esa manera—. ¡Carajo, Els!
—Modérate, grosero.
—Como decía— continúa, frotándose el lugar afectado—, busca a alguien, a puesto que hay un montón de imbéciles que querrán bailar contigo— rueda los ojos—, a menos pues que quieras bailar con papá.
"No es mala idea".
—Además— añade—, si no vas acompañada, serás la única que estará sola—Elsa arque una ceja perfecta—. Oh sí, olvidé decirlo, Hans vendrá con su novia, una chica muy guapa de Moscú.
La blonda agradece que su hermano la soltara con anterioridad para tomar la caja de jugo y una galleta del platito en la mesa de centro porque no puede evitar ponerse rígida.
¿Novia?
—¿De verdad tiene novia? —logra preguntar sin que se note la repentina molestia que le provoca la noticia. Roland asiente.
—Sí, me llamó hace un par de meses para decirme que ella y el hermano los acompañarían.
—Pobre tipa— masculla.
—¿Cómo?
—Que ya me iba— se pone de pie rápidamente—. Le diré a Olaf que me acompañe, se verá increíble con esmoquín.
—Como gustes.
"Así que no puedo gritarle un poco porque ese desgraciado hijo de puta corre a refugiarse a los brazos de alguien más" piensa mientras sube las escaleras de regreso a la habitación de invitados "seguro es una arribista trepadora como él".
La rabia le calienta la sangre de las venas y le nubla la vista.
Hans.
Se deja caer en su cama al lado de Honeymaren, después de un vuelo de cinco horas y otra media hora más del aeropuerto a la casa, el bermejo se siente extrañamente cansado.
—Esta casa es muy bonita— dice la castaña, acercándose a él.
—Mañana tengo que ir a un ensayo de la boda— informa para quitársela de encima cuando siente los labios femeninos en su cuello—, toda esta semana de echo.
—Te acompañaría, pero Ryder y yo quedamos de vernos con nuestra madre mañana— contesta, subiéndose encima de él y deshaciéndose de la parte de encima de su vestimenta—. Quizá nos quedemos con ella hasta el día antes de la boda.
Continúa degustando el cuello masculino.
—No sabes cómo me gustaría divertirme un rato, pero estoy muerto— la coge de las caderas para hacerla a un lado, pero la castaña no se lo permite.
—Yo me encargo— se inclina para besarlo mientras frota la pelvis contra la suya, el bermejo no pone mucha resistencia y deja que la castaña haga lo que quiera, Hans aprovecha que alguien toca a la puerta de su habitación y casi lanza a Honeymaren para que se aparte de él.
Se pone de pie rápidamente y casi corre a abrir la puerta, cubre con molestia el alivio que siente.
—Si ya terminaron de manosearse— dice Ryder, recargado en el marco—, Christen dice que la cena llegó.
Honeymaren los sigue hasta la cocina y cenan entre risas y anécdotas de cuando los Westergaard vivían en Oslo.
Ryder propone que vean una película en la sala de proyecciones y Hans cede casi de inmediato, no le apetece estar a solas con Honeymaren cuando tiene a la blonda a diez minutos de distancia en coche.
Para cuando la película termina, Lars, Ariel y Honeymaren se han quedado dormidos, Christen permite con reticencia que Eric lleve a la pelirroja a su habitación mientras se dedica a picar a Lars con uno de los palillos chinos de la cena hasta que se despierta, sobresaltado.
—¿Qué esperas para llevártela? —pregunta el bermejo menor a Ryder cuando éste hace amago de irse, apunta a la castaña—. Es tu hermana, hazte cargo.
—¿Y qué esperas? ¿qué la cargue hasta tu cuarto para que profanen tu cama? —hace una mueca de asco—. No gracias, va a dormir contigo así que tú llévatela.
Desaparece tan rápido como termina de hablar, Hans resopla y coge en brazos a la castaña, pesa tan poco que no puede evitar pensar en Elsa, no se saca de la cabeza lo parecidas que son con cada escalón que sube.
Deposita a la muchacha en la cama y la cubre con las mantas al tiempo que se recuesta junto a ella.
"Tu tipo son las nórdicas" le dice esa voz molesta que se empeña en hacerle la vida imposible, pero tal vez no está tan equivocada.
Elsa.
—¿El ensayo no puede ser más tarde? — bosteza Anna.
—Es medio día— la reprende su madre—, hay mucho que hacer así que párate derecha aquí. Elsa, tú también.
La blonda resopla, pero obedece. Roland y Genevieve eligieron casarse en un amplio salón al aire libre junto a los fiordos, por lo que se encuentran practicando todo lo importante para la boda.
Ella, junto a Anna, Punzie y Merida, se paran del lado de la novia mientras que algunos otros amigos de su hermano se paran de su lado.
—Tu peor pesadilla a las seis en punto— le susurra Merida cuando las otras dos están distraídas, Elsa aprovecha que su hermano se aleja para saludarlo y se toma algunos segundos para mirarlo antes de apartar los ojos. Lleva el cabello pelirrojo bien cortado y peinado─ "marino tenía que ser" ─, bajo la chaqueta de cuero viste una camiseta de manga corta en color verde oscuro y unos shorts para jugar baloncesto—, te está mirando.
Elsa alza las cejas con indiferencia, haciendo acopio de toda su voluntad para no cruzar miradas, pero tal parece que Hans no tiene los mismos planes, parándose a un lado de Roland justo frente a ella, sus ojos chocan varias veces durante los ensayos, pero por tan pocos segundos que no les permiten fulminarse el uno al otro.
Repasan lo que deben hacer, por lo que le parece a Elsa, un centenar de veces hasta que su madre y la mujer que los ayuda a organizar la boda dicen que es suficiente.
—¡Hansy! —la blonda se ordena no voltear ante el grito de Eugene—, ¿dónde está tu novia?, no me digas que al final no vino porque no te lo compro.
—Tal vez era un invento suyo— ríe Punzie—, ya ves que es un muchacho un poco desequilibrado.
—¡Desequilibrada te voy a dejar yo cuando te interne en el centro psiquiátrico del que claramente te escapaste, vagabunda! —exclama el colorado
—Qué cosas dices jejejejejejejejejeje...— la aludida le hace una seña grosera.
—Y para que lo sepan, ella no vino al ensayo, pero estará en la boda.
—Claro, claro— se burla Merida, rodeando los hombros de Elsa con una mano para que la blonda voltee a verlo—, por el momento está en tu casa esperando que llegues ¿no?
Los ojos azules de Elsa se topan con los esmeraldas del bermejo, enrabiados y fríos.
—Ya déjenlo en paz— Roland hace acto de presencia—, la novia de Hans y su hermano no pudieron acompañarnos porque fueron a visitar a su madre cerca de aquí.
—Así que es noruega— sigue la escocesa—. Bueno, ya saben lo que dicen, una vez que pruebas a una nórdica, les agarras el gusto.
—¿No tienes que ir a una marcha para defender los derechos de la comunidad gay o algo así, cretina? —escupe en su dirección, Merida aprieta los dientes y trata de abalanzarse sobre él, siendo detenida por Elsa.
—Tranquilízate, no vale la pena que te pelees con ese bestia.
—¡¿Cómo me dijiste, mocosa?! —increpa el colorado, acercándose a ella totalmente enrabiado. Elsa sabe que ha estado esperando poder decirle algunas cosas desde aquella llamada y ha usado de excusa el pequeño enfrentamiento con su pelirroja prima para estallar contra ella—, ¡repítelo, pequeña lagartija del mal!
—¡Bestia! ¡te dije bestia! —brama, la rabia viaja por sus venas rápida y caliente, provocando que le propine un empujón. Las pocas personas a su alrededor─ Merida, Punzie, Eugene y Roy─ la miran con la boca abierta, su reacción no es la que han esperado, ella lo empuja, golpea y araña sin piedad—, ¡porque eso eres! ¡un bestia, una serpiente venenosa, un…!
—¡¿Un qué, bruja?! —contesta de la misma manera, tratando se apresar sus pequeñas manos con las propias, Elsa sabe que, de no estar su hermano presente, ya la habría acorralado—, ¡eres una mocosa malcriada! ¡a ver si ya vas empezando a respetarme!
—¡No te des tantos aires! ¡solo eres dos años mayor que yo! ¡eres tan inútil que entendería perfectamente si no puedes sumar dos más dos!
En menos de un segundo, Eugene─ quien se ha ofrecido a ayudar a documentar la boda─ saca una de sus cámaras de video y los graba totalmente emocionado.
—¡Eso es, así! —alienta el moreno—, ¡destrúyanse! ¡díganse su precio! —Roland le lanza una mirada amenazante—. Calma amigo, dijiste que grabara todo.
—Todo lo relacionado con la boda, no a mi hermana y a Hans diciéndose sus verdades. Espero que eso no esté en el corte final.
—No seas amargado, tu imagina que son los bloopers jejejejejejejeje…— vuelve a enfocarse en el bermejo y en la blonda.
—¡Eres un hipócrita bueno para nada! ¡un haragán! —sigue la rubia en tanto Hans logra apresar sus manos—, ¡suéltame trepador, que me sueltes te digo!
Le da un pisotón lo suficientemente fuerte para que el colorado suelte un alarido y deje libre una de sus manos, Elsa no pierde tiempo y lo toma de los cabellos, jalándolo con saña.
—¡Suéltame, loca! —grita el muchacho, tratando de quitar la mano de la rubia de su cabello—. ¡Desquiciada!
—¡Eso Els, no te dejes!
—¡Dale fuerte a ese perdido!
—¡Ya basta, Elsa! ¡suéltalo!
Como no lo obedece, Roland resopla y se acerca hasta ella, Elsa siente como uno de los brazos de su hermano se enreda en su cintura mientras la mano libre toma fuertemente la suya que jala el cabello del pelirrojo, la levanta del suelo y se la lleva de ahí.
—¡Suéltame, Roy! ¡déjame terminar con ese… con ese inútil!
—¡Loca!
Algunos de los adultos─ sus padres, los de Genevieve y sus tíos─ los miran raro cuando Roy pasa frente donde está hablando con ella a volandas. La suelta cuando finalmente llegan al jeep.
—Tranquilízate ya— ordena con esa voz de hermano mayor que usaba para reñirla a ella y a Anna cuando eran pequeñas—. No me creo que tú y Hans llegaran a las manos, de verdad que no.
—Ese imbécil empezó— sisea la rubia, tiene las mejillas arreboladas de la rabia—, pero ya sé que lo vas a defender ¡como siempre!
—No voy a defender a nadie, los dos están cortados con la misma tijera por eso no se soportan.
—No te atrevas a compararme con ese arribista, porque te voy a decir una cosa…
—No, yo te voy a decir esa cosa a ti— la apunta con el dedo—, no quiero que esto vuelva a pasar en otro ensayo, mucho menos en la boda.
—¡Díselo a él!
—Claro que lo voy a hacer, pero si tú y Hans arruinan mi boda con uno de estos numeritos, eres mi hermana y él mi mejor amigo, y por mucho que los quiera, no vuelvo a dirigirles la palabra. A ninguno de los dos— sentencia antes de dejarla sola en el jeep.
"Maldito Hans" le propina una patada a la enorme llanta del jeep y suelta un quejido de dolor, tal vez no ha calculado bien la fuerza.
Hans.
Ponerse firme con la rubia le resulta más duro de lo pensó, tenerla cerca y solo mirarla con rabia no le está resultando fácil, incluso ha tenido que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no ir tras ella en todas las ocasiones en las que la muy desgraciada se ausentaba, alegando ir a cualquier parte, siempre lanzándole una mirada desafiante, retándolo a seguirla.
"Y solo es el día dos, Hans" piensa con cansancio, mientras conduce de regreso a su casa una vez terminado el ensayo de ese día, también se recrimina el haberse dejado llevar por la colera contra la rubia y terminar peleándose con ella frente a Roland.
No es un secreto para su mejor amigo que Hans no se cuida la lengua con Elsa, pero tampoco significa que le agrade del todo que la insulte y después que el rubio le dejara muy claro que jamás volvería a hablarle si él y la blonda arruinaban la boda con otro arranque como el del día anterior o volvían a llegar a las manos en otro ensayo, Hans se ordena ni siquiera dirigirle la palabra, se convence de esperar al gran día y ver cómo Elsa se consume de ira al verlo llegar del brazo de Honeymaren.
Una vez que ha cruzado la verja de la casa y después de aparcar su convertible en el garaje, Hans se dispone a entrar a la casa, le apetece tomar una ducha y dormir hasta bien entrada la mañana.
"El ensayo es a medio día" se recuerda y resopla, lo que hace por Roland.
Revisa su teléfono para ver si tiene un snap de Honeymaren o Ryder, frunce el ceño al no ver ninguno de parte de ellos, tal vez se ha quedado con su madre como dijo.
"Ya te habría llamado para presionarte con el tema de ir a conocerla" de ser el caso, ya se inventará una excusa para no hacerlo y entra a la casa.
—¿Te peleaste con la chica? —pregunta Christen ni bien cierra la puerta principal. Hans arquea una ceja.
—Honeymaren—corrige—, buenas noches a ti también— el mayor le insiste con la mirada—. Y no, no me eh peleado con ella, ¿por qué?
—Estaba toda roja cuando llegó hace un rato junto a su hermano— informa—, ambos parecían a punto de echarse a llorar.
Hans frunce el ceño, lo cree de Ryder que, a pesar de moverse con facilidad en esa academia infestada de testosterona y muchachos que te veían como a una mosca a la que aplastar, es un joven sensible, pero no de Honeymaren, una persona tan dura como ella no es de las que lloran con facilidad. Se encoge de hombros y se apresura a llegar a la habitación, todo está a oscuras cuando entra salvo el baño, se quita los zapatos y se dirige hasta ahí. La castaña, parada bajo la ducha, no parece escucharlo cuando abre la puerta.
—¿Maren? —la llama y ella da un bote, cierra la regadera antes de exprimirse el cabello.
—¿Puedes pasarme la bata? —pide, Hans siente un escalofrío al recordarse aquella vez en la cabaña con Elsa después de acostarse toda la madrugada, se maldice al pensar aquello en ese momento. Le tiende la bata y la castaña se enfunda en ella sin siquiera mirarlo—. ¿Cómo estuvo todo?
—Bien, entre ayer y hoy ya sé que tengo que hacer— contesta, omitiendo la pelea con Elsa, la muchacha asiente y lo pasa de largo sin decir nada.
—¿Cómo les fue a Ryder y a ti? —pregunta.
—Bien.
—¿No tuvieron problema en perderse o algo?
—No.
—¿Estás enojada porque no fui contigo?
—No.
—¿Te gustó la comida?
—Sí.
—¿Puedo acostarme con alguien más?
—Sí.
"Definitivamente aquí pasa algo" se dice mientras la ve trepar a la cama y acurrucarse en bolita, es demasiado raro en su novia que no esté parloteando o armándole un escándalo ante la mención de una aventura con alguien más para picarla.
—Muy bien, ¿qué es? —se cruza de brazos.
—¿A qué te refieres? —pregunta con desgana.
—Honeymaren Nattura, mírame— la muchacha lo encara con desgana, Hans puede ver los ojos ambarinos inundados en lágrimas—. ¿Estás totalmente segura que te encuentras bien? —ella asiente—, si alguien te dijo algo que te hizo sentir mal, yo…
—Déjalo ya, me encuentro perfecta ¿de acuerdo? —lo corta con voz quebrada y Hans tiene la certeza que algo le pasa. Algo muy malo.
Suspira antes de meterse en la cama junto a ella, le rodea los delgados hombros con un brazo y la atrae hacia él, pasan solo unos segundos antes que ella comience a hablar.
—Tu hermano nos llevó a rentar un coche para ir a Hokkusund*, donde vive mamá— comienza—, es casi una hora de camino, Ryder condujo hasta la casa en la que vivíamos antes de volver a Moscú, llegamos temprano para poder almorzar con ella, pero no estaba ahí.
—¿Tu madre sabía que iban?
—Sí, la llamé un par de días antes del vuelo y volví a hacerlo cuando llegamos a la casa— sigue con voz quebrada—, dijo que nos vería para la comida y no llegó de nuevo, después que nos vería para la cena, pero siguió sin aparecer.
Hans asiente, instándola a continuar.
—Ya era tarde así que decidimos quedarnos en la casa, por si llegaba y ya podríamos desayunar con ella— unas cuantas lágrimas abandonan los orbes ambarinos—, no lo hizo claro está, Ryder volvió a llamar y mi madre prometió que ahora sí nos vería para la comida, que estaba ocupada y que por eso no llegó ayer, pero que hoy sí.
—¿Qué más?
—Al final no apareció, Ryder estaba tan encabronado que obligó al ama de llaves a llamarla para que le mintiera diciéndole que nos cansamos de esperarla por lo que nos habíamos ido y sabes qué dijo.
—¿Qué dijo?
Aprieta los ojos con fuerza al escucharla sollozar.
—Dijo: ¿de verdad se fueron?, no puedo creer que tardaran tanto, después la mujer le dijo: pero son sus hijos y sabes qué más dijo la muy… cabrona.
—¿Qué?
—Ella dijo: cargué a cada uno por nueve meses dentro de mí y los cuidé por diez años, que su padre o su abuela se hagan cargo de ellos de una maldita vez, tengo cosas más importantes que hacer que ir a casa para decir hola, abrazarlos por dos segundos y no volver a verlos en años— la muchacha llora a moco tendido—, después dijo: cuando creí que finalmente me había librado de ellos aparecen de nuevo, llámame si vuelven, no tengo el tiempo ni las ganas de lidiar con el chico bueno para nada y la histérica de mi hija, en Moscú me estorban menos.
—Hija de…
—Todavía se rió— Hans la aprieta más contra sí, puede que no la ame, pero no va a permitir que Honeymaren se sienta insuficiente por culpa de una tipa como lo es su madre—, ¿tan malos somos para que nuestra propia madre no nos quiera cerca?
—Eh, eh, mírame— la coge de la cara para obligarla a mirarlo—. Ustedes están muy bien así, tú lo estás ¿de acuerdo?, no es culpa de ninguno de los dos que su madre sea una perra.
—Díselo a ella— repone, escondiendo el rostro en el hueco del cuello del muchacho—, no entiendo como no lo vimos antes.
—No vieron como era esa mujer porque la quieren— contesta, acariciándole la espalda de forma conciliadora—. Ella se lo pierde— dice después de un rato—, no sabe que Ryder es uno de los mejores de la Academia y que tu entraste al Bolshoi, ya verás que volverá arrastrándose cuando tu hermano sea almirante y tú bailes en los mejores shows de Rusia.
—La cosa es que ya no la queremos cerca.
—Y así están mejor.
Hans deja que Honeymaren llore en su cuello hasta que se queda dormida, trata de soltarla para darse una ducha, pero incluso en sueños, la joven se niega a dejarlo ir.
"No es como si fuera la primera vez que te duermes sin ducharte" piensa resignando, ahora que conoce un poco más sobre la chica en sus brazos, se dice que tal vez ha sido muy duro, después de todo solo es una chiquilla que busca en otra parte el amor de su madre, un amor que no notó que le negaban.
También se da cuenta que no conoce a la madre de los hermanos, pero ya la detesta.
Elsa.
El resto de la semana pasa tan rápido que la blonda se sorprende cuando se encuentra a sí misma alistándose para la noche de la despedida de soltera que han organizado para Genevieve en el hotel de lujo que está a diez minutos del lugar donde se casará con su hermano.
—¡No puedo creer que mañana es la boda! —chilla Anna frente al espejo.
—Yo no puedo creer que te dejen asistir a una despedida de soltera— replica Merida, a su lado—, quiero decir, habrá paletas de pene, gafas de pene. Todo será de pene.
—Eso no tiene importancia— se mete Punzie, apretando a Anna en un abrazo asfixiante—, no es como si Annie jamás hubiese visto un pene real antes.
Elsa mira a su hermana de inmediato.
—¿Acaso tú y Kristoff ya…? —se interrumpe a si misma—. ¿Sabes qué?, no me lo digas, no quiero saber si mi hermana y mi mejor amigo han estado poniéndose sucios en uno con el otro.
—¡Ay, Elsa! —la pelirroja más joven le lanza una mirada azorada a su hermana mayor.
—Calma, pequeñuela, no hay nada de qué avergonzarse— Punzie ejerce presión en su abrazo—. Yo me hice mujer a tu edad.
—No le digas esas cosas a Anna— Merida interfiere—, ella puede hacer lo que quiera siempre y cuando se cuide— le tiende un condón a su prima menor.
Anna analiza el sobre en su mano.
—Esta no es de la talla de Kristoff— su sonrisa socarrona hace que las otras tres rían.
—¡Esa es la actitud! —celebra la morena antes de encaminarse a la salida de la habitación—. Las veo en el bar, tengo que ir a ver a mamá.
—Voy contigo, también tengo que decirle algo a la mía— la colorada mayor se acerca a ella—. No es posible que acapare a mi novia.
Elsa finge que se aplica gloss en los labios hasta que sus primas se marchan, guarda en producto en su estuche de maquillaje y mira a su hermana.
—Ya sé lo que me vas a decir— comienza Anna—, solo estaba bromeando. Aun no llegamos a esa parte y no creo que lo hagamos pronto.
—¿Por qué no?
La bermeja suspira y se muerde el labio con nerviosismo.
—¿Por qué no, Anna? —presiona Elsa, acercándose a ella.
—Porque él es mayor que yo, se va a ir a Irlanda a mitad del verano y posiblemente conozca a una perra irlandesa de piernas largas. Va a dejarme aquí sola— confiesa.
—No seas infantil, ambas sabemos que Kristoff no es de esa manera— le frota un brazo conciliadoramente—. Puede ser un poco torpe, pero si de algo estoy muy segura es que te ama. De otra manera no habría apoyado su relación, aunque sea mi mejor amigo.
—¿De verdad? —los ojos azules de Anna brillan. Elsa asiente con seguridad.
—Solo deben confiar el uno en el otro y ya está.
La colorada ayuda a su hermana a guardar todo el maquillaje en sus estuches, se hacen una que otra selfie y la blonda se dispone a salir hasta que la voz de la muchacha más joven suena a su espalda.
—¿Puedo preguntarte algo? —Anna juega con un mecho de cabello nerviosamente.
—Seguro.
—¿Qué edad tenías cuando…? tu sabes.
La blonda se muerde el interior de la mejilla, no es fanática de hablar de su vida sexual, pero su hermana ha decidido acercarse a ella, no ha Rapunzel o Merida que son más comunicativas en cuanto a esos temas. Ha elegido a su hermana mayor.
—Quince.
Anna abre los ojos, sorprendida.
—¿Con quién…?
—Jack— la blonda se encoje de hombros para restarle importancia.
—En caso que quisiera estar con Kristoff de esa manera…— comienza a plantear la pecosa.
—Tienes que estar muy segura— Elsa decide hacerle más fácil el trabajo—, debes confiar en él, que sea bueno y paciente. Debe ser en un lugar cómodo, donde no tengan prisa por terminar…
—¿Te dolió? —la interrumpe.
—Quiero que entiendas que cada cuerpo es diferente, Anna— explica—, a la mayoría de las chicas les duele, pero yo solo sentí como si me hubiese picado una abeja.
—Hasta que punto llega tu insensibilidad— bromea la más joven y Elsa sonríe.
—Y, sobre todo, hermana— la toma de lo hombros para mirarla fijamente—, si quieres que sea especial e inolvidable, debes amarlo.
—Entiendo.
Toman el ascensor para llegar al bar del hotel, Elsa se dispone a salir cuando las puertas se abren, pero la mano de Anna se lo impide.
—Sé que vas a decir que me estoy entrometiendo mucho, ¡pero prometo que solo será una más!
—Bien, de acuerdo.
—¿Con cuantos muchachos has estado?
"Solo dilo".
—Tres.
—Jack, Tadashi— enumera la pelirroja— y… ¿quién es el último, picarona?
—Prometiste que sería sola una más— la blonda le lanza una sonrisa victoriosa y se encoje de hombros—, lo siento, hermana, así son las cosas.
—Listilla.
Elsa ríe y entran en el bar, no bebe demasiado, baila e incluso participa en un par de juegos, en dado momento mira a su hermana y recuerda la plática que tuvieron.
—¿Con cuántos muchachos has estado?
—Tres.
—Jack, Tadashi y… ¿quién es el último, picarona?
"Hans".
Se bebe de golpe el poco vodka en su vaso y el sabor le recuerda inevitablemente al bermejo, las ganas de tener su cuerpo cálido sobre el suyo se hacen presentes, asustándola por la intensidad de estas.
ACLARACIONES:
Solberg: Al principio puse que el apellido de Elsa sería Snow, pero es muy americano, así que lo cambié. Prometo corregir esos detalles en los capítulos anteriores tan pronto como pueda.
Winona Pollard o Winnie: Me encantan los dibujos de Fernanda Suarez, en especial los que hace de los personajes de Disney, miré el que hizo de Winnie Pooh y me dije que tendría que incluirlo en la historia, así que digamos que Winona es la versión humanizada de Pooh y también la novia de Merida. Me gustaría mucho que la buscaran para que tengan una idea de cómo es la nueva novia de la pelirroja.
Hokkusund: Ciudad noruega.
Agradecimientos especiales a la tía Frozen por darme permiso de usar algunos puntos de sus personajes de su obra maestra: Bajo el Mismo Techo. Si no la han leído ¿a qué esperan?
La verdad sí me sentí un poco mal al escribir lo de los hermanos Nattur, ustedes no los quieren y yo haciendo que la madre tampoco jejeje.
Quisiera una hermana como Elsa.
Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
