DESPUES DE LA HISTORIA

CAPITULO 18

Caminaba mezclada con la multitud, rumbo a casa luego de todo un día de trabajo.

Al igual que la mayoría de oficinistas, cargaba en mi rostro una expresión de fastidio producto del estrés mental de mi rutina.

Miraba mi celular mientras caminaba, revisando la tienda online de juegos, para saber que juego me devoraría en la noche.

Fue entonces que lo vi.

Un celular tirado en el suelo, que segundos atrás había sentido que me golpeaba los tobillos, posiblemente porque uno de los tantos transeúntes de la calle lo pateó sin querer.

Lo alcé al principio por curiosidad, para luego mirar a mi alrededor y preguntar en voz alta si alguien había tumbado un teléfono.

Mas nadie a mi alrededor respondió y uno que otro se limitó a ver con curiosidad mientras mantenía el paso.

― Mmm… que fastidio… ―solté mientras guardaba mi propio celular, para revisar el otro que había alzado del suelo―. Supongo que tendré que dejarte en la comisaria de la zona…

Quien sea que lo hubiese perdido, seguramente era de dinero, ya que este era de una alta gama… de esos que recién habían salido al mercado, en una fina cubierta negra.

Mi celular a su lado, si bien también era inteligente y tenía una gran capacidad, parecería un juguete barato.

Estaba a punto de guardarlo en mi bolso, cuando empezó a sonar.

Me sobresalté un poco, ya que no lo esperaba, pero pensé que sería conveniente. Tal vez era el dueño del teléfono, al ver que el número que llamaba era desconocido.

Apreté contestar y dejé que hablara primero.

― ¿Hola? ¿Alguien me escucha? ―escuché la voz de un hombre, un tanto nervioso.

― ¿Eres el dueño del teléfono? ―solté de forma directa, mientras empezaba a caminar de nuevo, rumbo a la comisaria, como había planeado en un principio.

― Uff al fin alguien me responde, sí, soy yo ―me respondió el desconocido con un alivio notorio en sus palabras―. Gracias por encontrar mi teléfono, sonaré exagerado, pero mi vida depende de él.

― No es algo que me importe, pero no es nada. Dejaré tu teléfono en la comisaria de la zona, no sé dónde lo perdiste, pero estoy en el centro, en…

― Lo siento, sé que no me conoces, pero no lo lleves a la comisaria, por favor ―me interrumpió, otra vez nervioso, lo que me hizo desconfiar―. Sé que sonará rara la petición, pero necesito entregar los documentos que contiene dentro, a una dirección, lo antes posible, y quería preguntarte si podrías ayudarme en entregarla…

― No, no es mi obligación. Acabo de salir del trabajo, lo único que quiero es llegar rápido a mi casa ―le respondí firme al escuchar lo que pedia―. Lo dejaré en la comisaria, es lo máximo que puedo hacer.

― No, por favor, si no entrego esos papeles hoy mismo, me despedirán ―se quejó―. Por favor, si lo encontraste por donde creo que lo perdí, la oficina donde debo entregarlo está cerca, a un par de cuadras.

― Puede ser, pero como te dije, no es mi problema… voy a cortar, ya sabes dónde encontrarlo ―respondí con sinceridad, un tanto fastidiada por su insistencia.

― ¡Te daré mi teléfono como pago si me ayudas! ―casi sentí que me gritó desde el otro lado de la bocina del móvil―. Supongo que ya habrás notado que es de muy buena gama…

― Si, tal vez… ―expresé con esta vez un genuino interés―. ¿Pero cómo puedes garantizarme que no tratarás de quitármelo luego? ―terminé diciendo con desconfianza―. No tengo los papeles de compra…

― Si vas a la dirección que te digo, podrás obtenerlos, es la oficina donde trabajo gran parte del tiempo, solo debes pedírselo a la persona que te atienda ahí, luego de darle los documentos que contiene almacenados, claro.

― Esta bien, pero te advierto que, si noto algo raro a la primera, me iré.

Fue entonces que me dirigí a la dirección que me dio.

Como el desconocido mismo había dicho, el punto se encontraba a un par de cuadras de mi camino habitual. Solo tardé un par de minutos en llegar.

El sitio exacto era el tercer piso de un edificio elegante, que bien podría pasar como sede de varias mini oficinas.

En todo ese trayecto, el desconocido se mantuvo conectado por si surgía algún percance en la entrada, aunque esta era de libre acceso.

Ya en el lugar, toqué el timbre esperando que me atiendan.

Mas nadie contestó, luego de tocar en dos ocasiones más.

― Creo que no hay nadie.

― Oh, es posible que ya se hayan ido a sus casas los últimos empleados ―me respondió el desconocido.

― Supongo que yo también me voy…

― Espera por favor, es necesario que hoy deje los documentos que hay en el teléfono, en este lugar…

― Pero no hay nadie que me atienda, no puedo derrumbar la puerta y dejar los archivos en una computadora, aunque quisiera ―solté con sarcasmo ante su insistencia.

― Pero puedes entrar si te doy la clave de acceso, te recuerdo que trabajo ahí.

― Debes estar bromeando, es ilegal entrar a un lugar de esa forma.

― No lo es si yo estoy dándote permiso. Hay cámaras en todos lados y aunque alguien de seguridad tratara de reprenderte luego, podrías confirmar que entraste de forma legal. Además, yo estoy al teléfono, puedo abogar a tu favor.

― No lo sé…

― Por favor.

Fue entonces que suspiré algo cansada, para luego aceptar.

Nunca imaginé que esa decisión cambiaría el rumbo de mi vida.

Para siempre.

― Bien, ya entré ¿que se supone que haga ahora?

― No es necesario nada más, adiós ―fueron las últimas palabras que escuché del tal desconocido, que cambió totalmente su voz, para luego cortar.

― ¡Espera, que demonios!

Traté de volver a llamar al número, pero el celular de alta gama se apagó para nunca más encender.

Fue entonces que escuché que mi propio celular dentro de mi bolso sonaba de forma descontrolada.

Lo saqué y noté que la pantalla estaba en modo configuración de fábrica.

Apagué y volví a encender para que dejara de hacer ese ruido horrible, y una vez se inició de nuevo, automáticamente una aplicación que nunca había instalado se abrió, mostrándome una sala de chat parecida a la de mi Talksapp.

Aun confundida, traté de concentrarme en ver lo que estaba pasando.

Alguien hablaba que le había ido pésimo en sus exámenes. No era cosa del otro mundo, pero me dio gracia ver como lo decía.

Otras personas le respondieron y siguieron hablando entre ellos, hasta que notaron que yo estaba conectada.

― Hola…

― Ahhhh, está hablando!

Supongo que el resto ya deducirán lo que sucedió.

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El ascensor se abrió dejándome en el lugar donde sería la reunión.

― Buenas tardes.

― Hum, buenas tardes, coordinadora ―me respondió Jumin Han levantándose del asiento donde al parecer me estaba esperando.

Nos miramos un par de segundos en silencio.

Un silencio incómodo y tenso.

Sus ojos oscuros eran serios y afilados, podía sentir como escudriñaba mi rostro en busca de algo que pudiera deducir.

Me hubiesen intimidado, en el caso de yo no estuviese portando la misma mirada desconfiada y acechante.

Podía sentir el miedo disimulado al no saber qué sucedería, salir en su trabajada respiración, seguramente para mantener la calma.

Lo hacía demasiado bien.

Pero, tal como un cazador conoce los puntos fuertes y débiles de su especie, así mismo los humanos con una personalidad parecida, podían sentir cuando flaqueaban.

― Supongo que, si me citó a llegar antes que todos los demás miembros, es porque tenemos que discutir algo importante ¿no? ―solté caminando hacia la sala, tomando asiento justo frente suyo, en el otro extenso sofá que se encontraba en el lugar.

― Veo que es una persona que le gusta ir directo al punto, eso es bueno, nos ahorrará tiempo ―volvió a sentarse en su lugar―. Tengo entendido que usted presenció una conversación privada que contuve con Luciel, del cual se enteró de datos muy confidenciales.

― Ciertamente, pero nada que, por derecho a las leyes de libertad humana, no tenga derecho a saber ―dije al notar que trataría de meterme la patraña que usan los abogados para mantener a alguien callado, que con su testimonio podría perjudicar a su cliente―. Y al estar actualizado en eso, supongo que también debe saber que Luciel escudriña mi información privada como señora en barata de supermercado.

Jumin Han carraspeó ante mi respuesta.

― Luciel es el encargado de la seguridad informática de nuestra organización. Es comprensible que tenga información de todos nosotros.

― ¿Incluso el acceso a la lectura de los mensajes personales que tengamos con nuestras parejas? No recuerdo haber aceptado ese punto al firmar mi contrato, de hecho, no he firmado ningún contrato.

― Bueno, Luciel no me comentó como adquirió la información, y al parecer V no le imponía límites. Me encargaré de ponerlo a una raya aceptable a partir de ahora ―defendió su postura―. Sobre el tema confidencial en cuestión, me gustaría que me dijera hasta qué punto logró escucharnos.

― ¿Y si no lo hago? ―puse mi postura más firme, ya que, si tenía una oportunidad de informarme en todo lo que estaba sucediendo a mi alrededor, esta sería la ocasión―. ¿Acaso corro el riesgo de formar parte de esos oscuros secretos y desaparecer con ellos? Digo, he mantenido hasta el momento una postura neutral y favorable para el grupo apoyando algo ciegamente, solo porque el líder lo afirmaba, pero ahora que sé que solo he fomentado una enorme maraña de mentiras y secretos que me han afecto a mí de forma muy directa, poniendo en peligro no solo mi vida, sino también de otros… Espero no crean que ahora actué de forma mansa y obediente. No soy estúpida.

― Comprendo su preocupación, pero le recuerdo que usted fue quien se involucró de forma voluntaria, en nuestro circulo, desde el primer momento.

― ¿Voluntaria? Ser atraída a un lugar con engaños, ser amenazada y forzada a formar parte de un grupo del que no tengo ningún conocimiento previo ¿le pareció un acto voluntario? ―protesté―. Sí, es cierto que tal vez actué de forma ingenua en un principio al tratar de devolver un objeto perdido a un desconocido, pero tal hecho no me hace responsable de lo otro. ¿No se supone que Rika "murió" hace dos años? Si esas cosas que resguardaba el departamento eran tan "importantes" ¿Por qué las mantuvieron en un lugar tan expuesto en vez guardarlas en un banco? No creo que eso hubiese sido un impedimento monetario para alguien como V…

Me detuve en seguir con mi reclamo al notar algo que no esperaba.

El propio Jumin Han demostraba en su mirada, que en el pasado también se había hecho la misma pregunta, innumerables veces.

― No sé ni porque estoy discutiendo esto con usted, cuando deberían ser V y Luciel quienes deberían estar aquí, sentados frente a mí, explicándose ―suspiré frustrada ante la situación.

― Lamento no poder tener una respuesta que calme su molestia ―Jumin volvió a hablar, también con una expresión de frustración en su rostro―. Antes de que me extienda más en este asunto, quiero aclararle, que al igual que usted, solo sabía lo que V y Luciel mencionaban en el chat… eso y sobre que V estaba batallando con una ceguera progresiva.

― Me enteré de lo de V, porque Yoosung me lo comentó en el hospital, cuando iba a visitarlo. Debo admitir que escondía muy bien su ceguera, caminaba como una persona normal en la fiesta.

― V tiene la costumbre de pasar desapercibido, podría decir que es hasta un don, que ha perfeccionado siendo fotógrafo ―emitió Jumin con una ligera gracia en su voz, sin poder ocultar su lazo de amistad que los unía―. No voy a minimizar sus errores, es mi amigo, pero nunca llegué a comprender todas las decisiones que ha tomado en su vida. Pero, él es muy importante para mí y por eso me he decidido en ayudarlo. Y para eso necesito que usted me diga todo lo que sabe. Admito que mi primera intención era mantenerla silenciada, pero me acabo de dar cuenta que eso no será una opción aceptable para usted ¿verdad?

― Ciertamente. No soy alguien con poder, pero si voy a estar involucrada en algo que emane peligro, quiero saberlo todo para darme una idea de lo que debo protegerme. La información es una gran arma que muchos subestiman…

Me detuve al sentir una presencia nueva agregándose en escena.

Era Luciel, con una expresión seria, similar a la nuestra.

― A veces la información puede ser un peligro. Y la ignorancia una protección, coordinadora ―soltó el pelirrojo sentándose cerca de Jumin.

― ¿Por qué tardaste tanto en el sanitario?

― Estaba terminando un nivel muy difícil en mi mimtendo, pero no se preocupen, como los dos hablan fuerte cuando discuten, se los puede escuchar claro hasta en el baño, así que no me perdí de nada.

― La ignorancia siempre será un peligro ―retomé el tema, completamente en contra de su opinión―. No saber nada te vuelve vulnerable e inhabilita la opción de que puedas defenderte o defender a otros ¿No es la ignorancia y la confianza ciega lo que te trajo problemas, Luciel?

― Veo que tienes una convicción muy fuerte, en el chat no se pueden notar tanto esas cosas ―me respondió el rojizo quitándose los lentes para luego dibujar una sonrisa en su rostro, a modo de evadir mi pregunta.

― ¿En serio? Es curioso, yo solo necesité interactuar un par de veces en el chat contigo para saber que la mitad de tus palabras no son sinceras y recurres a la gracia para evadir tus problemas, justo como lo estás haciendo en estos momentos ―solté sin recato aprovechando que por fin podía hablar con él, sin que Yoosung estuviese cerca, ya que podría asegurar que me detendría al sonar hiriente―. Dime…

― Comprendo que quieras por fin expresarte sin limitaciones, pero estamos cortos de tiempo ―me interrumpió Jumin al notar el ambiente pesado que volvía a formarse entre los presentes, y conociendo a Luciel por más tiempo que yo, este no hablaría ni respondería nada de forma fácil―. Luciel, V y yo platicamos al respecto, sobre el hecho de que descubriste más de lo que deberías saber, y a pesar de que eres un miembro nuevo al que normalmente no cargaríamos con tanta responsabilidad, tu actuar en los días antes de la fiesta nos da la garantía de que podemos hacerte parte del plan que estamos creando para terminar de una vez por todas con las "sombras oscuras" que persiguen a nuestra organización.

Asentí, aunque no del todo conforme, mientras el rojizo encogía los hombros, supongo también a modo de aceptación.

Jumin prosiguió.

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En su descanso del almuerzo, se decidió en llamarle.

No había podido dejar de pensar en su pesadilla esa mitad del día.

― ¿Hola? ¿Zen? Qué raro se siente que me llames ―le respondió el rubio teñido con cierto asombro.

― ¿Lo es? Bueno, si… siempre eres tu quien me molesta llamando primero, en fin, creo que siempre hay una primera vez para todo ―le respondió el cenizo, un tanto dudoso en cómo abordar el tema―. Esto… solo llamaba para asegurarme de saber que la reunión del grupo seria hoy, no, la verdad es que sé que es hoy, pero tenía curiosidad por otra cosa ¿Cómo están tú y la coordinadora? En su relación me refiero…

― ¿Eh? Sí, estamos bien, estaba hablando con ella un par de minutos antes de que me llamaras, quería acordar un lugar para llegar juntos a la reunión, ya que ella no conoce el lugar, pero me dijo que tenía algo personal que hacer antes y llegaría justo a tiempo, entonces acordamos en vernos directamente allá… ―soltó ingenuo al principio, pero pudo sentir su actitud cambiar al sentir lo raro de la llamada―. ¿Por qué lo preguntas? ¡¿Acabas de presenciar un accidente y te pareció ver a mi cariñito entre medio de los heridos?! ¡Oh por dios! De repente sentí escalofríos, yo… ya tenía un horrible presentimiento…

― ¡¿Qué?! Espera, ¿de qué accidente me hablas? ―le interrumpió al notar que lo estaba agitando con su pregunta―. Yo no he dicho nada parecido. Solo te estaba preguntando por curiosidad, eres un novio inexperto y dije que te apoyaría ¿no? Relájate hermano…

― Ah… era solo eso ―soltó calmado Yoosung, mientras de fondo escuchaba el timbre que anunciaba el fin de su descanso―. Gracias por preocuparte, pero… no hay mucho que decir, y ya debo colgar, la materia que me toca en este momento tiene un profesor algo estricto y no le gusta que lleguen tarde…

― Si, comprendo, pero… espera ―recordó que este mencionó algo sobre un mal presentimiento―. Ya que la coordinadora no va ir contigo ¿Por qué no vamos juntos? Hoy estoy en prácticas para el proyecto de la novela que filmaremos y la empresa puso a mi disposición un taxi, podría recogerte de la U ya que queda de camino a la reunión.

― ¿En serio? Te estas portando extrañamente amable, pero como hace tiempo que no me subo en un taxi y este es mejor que el metro, acepto ―dijo, notando como su voz cambiaba de tono al estar caminando apresurado―. Ahora debo colgar, te enviaré un mensaje cuando este en la entrada principal esperándote.

Zen asintió para luego cortar.

Tal vez no había logrado responder sus dudas, pero le produjo cierta calma saber que por lo menos se toparía con su amigo rubio antes que todos y podría… no, no sabía que podría hacer, pero prefería estar cerca, sucediese lo que sucediese.

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Salió de la tienda un tanto más tranquila, ya con el pedido en mano.

― No puedo creer que al señor Han le interese este tipo de cosas ―suspiró mientras miraba la portada algo maltratada de ese libro que decía ser de hechicería―. Pero lo más increíble es que yo haya tenido que llegar a este tipo de lugar…

Lo cierto es que se encontraba en un callejón lleno de pequeñas tiendas a las afueras de la ciudad, que era famoso por contener y vender todo tipo de material místico.

El piso de las veredas que colindaban con las tiendas estaban hechas de piedra y arena dura, que tendrían mucho tiempo debido al notorio desgaste que le dificultaba el caminar, estando con su falda de oficinista y tacos de más de diez centímetros.

De haber sabido que comprar en bazares extraños por exigencia de su raro jefe sería algo que tendría que vivir siendo una asistente ejecutiva, sin duda hubiera optado por un trabajo en el gobierno donde pasaría su vida muy cerca de su escritorio.

― Usted señorita, por ejemplo ―la voz de una mujer que hablaba fuerte en media acera, la sacó de sus pesares al notar que se estaba refiriendo a ella―. Es fácil adivinar que es una mujer de porte, toda una ejecutiva que posiblemente está viviendo el sueño de trabajar en una empresa de gran prestigio, pero ni usted siendo tan estudiada y preparada puede adivinar que le deparará su futuro ¿verdad?

Jaehee la miró por un segundo, sin detener el paso al notar que se trataba de una supuesta médium, de esas que disque leen el futuro a los crédulos.

― Lo siento, pero no estoy interesada ―le respondió seria, mientras fijaba su vista al final de la calle, donde se vio obligada a estacionar el auto de la empresa al ser un lugar muy estrecho, apto solo para transeúntes.

Pero la médium, que era una mujer mayor vestida con un hanbok negro en su totalidad y varios colgantes adornando su cuello, no se rindió a su indiferencia y siguió hablándole.

― El hombre de ojos fuego y pelo blanco que vive en tu corazón dudo que piense lo mismo… ¿en serio no quieres saber qué es lo que les depara el futuro a ambos?

El caminar seguro de Jaehee se detuvo de golpe y volteó sin dudar al escuchar las palabras de aquella extraña.

― ¿Qué dijo? ¿Cómo sabe que hay un hombre con esas características en mi vida? ―la bombardeo con preguntas apenas se paró frente a ella, con total seriedad―. Esto no es cámara escondida o algo así ¿no? Por qué no estoy dispuesta a dar mi consentimiento para ser diversión en tv…

― Las personas expresamos más de lo que creemos mostrar… yo no soy una estafadora, ni parte del entretenimiento moderno si es lo que te preocupa. Solo soy una sierva de los dioses que usa su poder para guiar a quienes buscan guía.

― Entonces dígame lo que ve en mi futuro ―dijo sin dudar Jaehee, movida por su recién descubierta curiosidad en lo que antes le parecía patrañas.

Fue entonces que la mujer le apuntó a su pequeña tienda donde un simple letrero especificaba su tarifa.

Ambas pasaron adentro.

Ya una vez sentadas en una pequeña mesa para dos, la adivina le pidió que le extendiese la mano, para poder darle una predicción más concreta mientras le ofrecía un té de hierbas silvestres para que bebiese.

― Ese hombre de pelo blanco y ojos fuego… ―musitó sin dejar de ver su mano como si buscase algo―. Veo que no tienes tus sentimientos claros hacia él… eres una persona que ya tiene la costumbre de no escuchar sus sentimientos, eso te ha funcionado para lograr tus objetivos, pero… podrías pagar un precio muy caro por ello en el futuro…

Jaehee la miró con cierta intriga, no estaba en acuerdo ni desacuerdo por esas palabras.

― Tu trabajo estará bien, por si te lo preguntas ―siguió hablando la médium al ver que esta no le respondía―. Pero vas a enamorarte próximamente y eso te hará dudar completamente de quien eres, tus gustos y lo que has estado haciendo con tu vida… dependerá de ti como proceder…

― Esa persona de la que voy a… ya sabe… ¿será el hermoso hombre de pelo blanco?

―… ―la mujer apretó fuertemente la palma de su mano, en la raya que más se veía―. Mmm… ¿seguro quieres saberlo?

― Si.

― No, no será él, aunque sigue manteniendo un lugar importante en tu futuro.

Jaehee suspiró algo aliviada, ya que no pudo evitar pensar que de repente dejaría de ser fan de Zen.

― Pero te enamorarás de alguien inesperado, que ya tiene pareja y sentirás el verdadero arrepentimiento ―soltó con voz seria la médium, abriendo los ojos con asombro―. De hecho, en los próximos años tu corazón te hará desvariar, enamorándote de varias personas… pero todo dependerá de ti, si son amoríos insignificantes, o de esos que te cambiarán para siempre.

Kang palideció ante esa revelación. Mas siguió manteniéndose en silencio.

― Por último, te recomendaría que cuides tu salud física. Es todo lo que puedo ver en ti por ahora ―soltó su mano para recoger el billete que la clienta dejó a un lado de la mesa como pago.

― Eso de los amoríos ¿Cuándo sucederá? ¿Cómo puedo evitarlos? ―preguntó preocupada Jaehee quitándose los lentes por unos instantes.

― Lo siento, puedo ver los hechos, pero no el tiempo exacto en el que ocurrirán… ―siguió hablándole la mujer, con voz calmada a modo de tranquilizarla―. ¿Quieres evitarlos? No te lo recomiendo, pero si es lo que prefieres, ya eres buena evitando tus sentimientos así que no necesitas consejo en ello.

Jaehee asintió.

La duda de si esto solo había sido palabrería volvió a su mente, tal vez por lo frustrada al saber que supuestamente Zen no sería parte de sus amoríos.

― Comprendo, gracias por el servicio ―se limitó a decir, mientras se levantaba para retirarse.

― Espera, aun me falta ver tu futuro en la taza de té vacía, estas sí, ocurren pronto y suelen ser divertidas, aunque no tan significantes ―dijo la mujer tomando su taza con cierta alegría, mas esta se le borró al segundo, reemplazándola por una expresión preocupada.

― ¿Qué sucede? ¿No dijo que son graciosas?

― Señorita… ―la mujer soltó la taza y la miró preocupada―, hoy se verá envuelta en una gresca, por favor, no dude en sus acciones.

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― No me parece, creo que todos debemos estar al tanto de todo ―expresé directa al escuchar lo que proponía Jumin.

― Yo estoy de acuerdo con Jumin, al igual que lo está V ―dijo Luciel defendiéndolo―. Ya de por sí, es demasiada la información que les vamos a dar.

― Concuerdo. Y solo le queda acatar, somos tres contra uno en esta decisión ―agregó Jumin, mientras desdoblaba sus piernas y cambiaba de lado―. Además, ¿se ha puesto a pensar en cómo reaccionaría Yoosung si se entera que Rika sigue viva? ¿No cree que echaría a perder todo el progreso favorable que ha hecho en su vida? Saber esa verdad, por lo menos ahora, lo desestabilizaría y sería capaz de dejar todas sus obligaciones para buscarla sin rumbo…

― Yoosung merece saber la verdad más que nadie ―lo interrumpí indignada ante su pensar―. Sé que mi postura puede parecer resultado solo de mis emociones, pero aun analizándolo de forma racional y neutra, ocultarle la verdad solo provocaría algo peor…

― No me lo tomes a mal, pero tú no conoces tanto a Yoosung como nosotros ―el pelirrojo me interrumpió, esta vez mostrando su verdadera forma de hablar―. El no soportaría saberlo. Y puede llegar a comportarse de forma impredecible cuando se enoja en serio.

― Yoosung es tan predecible como el orden del alfabeto ―lo corregí ante su premisa errónea―. Que ustedes crean que es impredecible es una clara muestra de que no lo conocen, o, mejor dicho, nunca se tomaron la molestia de conocerlo ―mi mirada molesta se tornó a la vez triste―. Que veas a una persona por años y tengas charlas superficiales con ella, no significa que la conozcas. La mayoría de ustedes solo es consciente de su existencia, pero no lo conocen en verdad. Y no los culpo por ello. Es comprensible que estuvieran preocupados en sus propias vidas, pero si de algo están mal, es que decidan por él… Pero supongo que algo como eso no es entendible para ti, Luciel, que llegaste a decidir por el hermano que dices tener.

― Tu no conoces mi vida, y aunque la conocieras, no tienes derecho en opinar sobre ella ―me respondió molesto Seven.

― Exacto, no la conozco, pero dime ¿acaso tu conoces completamente la vida de Yoosung? ¿Crees que Jumin o V pueden confirmar que lo conocen? ¿Quién demonios se creen entonces para opinar o peor aún, decidir por otra maldita vida que no sean la suya propia?

Creo que esa fue la primera vez que por fin pude ver a 707 enojado.

Fue entonces que Jumin habló, al parecer aprovechando el tiempo en que discutíamos para buscar una solución alterna.

― Entonces díselo.

Lo miré un tanto asombrada al principio, por el cambio de pensar.

― Eso no es lo que acordamos, Jumin ―le reclamó 707 con notoria exaltación―. Solo dificultará nuestro plan, el tener que lidiar con las acciones impredecibles de Yoosung y los demás…

― No lo hará. Puede que en un pasado si hubiese sido una mala idea, pero la tenemos a ella ―me apuntó con su mirada―. Sinceramente tampoco estaba de acuerdo con el plan de seguir ocultando la verdad sobre Rika. No me opuse en la charla que tuvimos con V, pero es porque no podía entender el por qué me parecía inadecuado. La coordinadora tiene razón. Si queremos que todo el grupo se mantenga unido para efectuar nuestro plan, no debe haber secreto alguno entre nosotros. Los secretos solo crean dudas y desconfianzas.

― ¿Entonces se los diremos así sin más? ―siguió protestando el rojizo―. ¿Saben qué? Rika en verdad está viva y se volvió la líder de una secta peligrosa, la misma que envió al hacker e introdujo a la coordinadora y resultó ser el gemelo de 707…

― Obviamente no ―se me adelantó a responder Han, sin haber notado su sarcasmo―. Primero solo le contaremos lo que tenemos planeado. La revelación de Rika, se hará por separado.

― ¿Por separado? ―pregunte al no comprender a donde quería llegar con esas palabras.

― Si, usted se lo revelará a Yoosung. Una vez lo haya hecho, Luciel y yo nos encargaremos de anunciarlo en el chat o de forma personal, a Zen y la asistente Kang.

― Sigo creyendo que no es una buena idea.

― Comprendo que yo sea quien se lo revele a Yoosung, por la cercanía que tenemos, pero ―inquirí ante un factor que parecía no estar tomando en cuenta―, estoy convencida que, con solo mi palabra, no me creería, o lo haría solo a medias. Necesito el testimonio de V, como mínimo, para avalarlo. Por eso me siento algo frustrada de que no esté presente aquí.

― De hecho, V está aquí, pero no participará de la reunión y será solo un escucha, en la habitación continua, mientras acompaña a otra persona ―rectificó Jumin ante mi petición―. La primera fase del plan tomará su tiempo, y este a su vez será el tiempo que tendrá para revelarle a Yoosung la verdad sobre Rika. No es necesario que lo haga hoy.

― Supongo que deberé buscar el momento adecuado ―expresé retomando mi actitud calmada―. Pero… ¿Quién es esa otra persona que acompaña a V? No me parece conveniente que sigamos involucrando a más personas en este problema.

Jumin iba responderme, pero el sonido de la lata de gaseosa de Luciel abriéndose lo interrumpió por unos segundos.

― No se preocupe por eso, esa persona que acompaña a V, ya está metida en este problema, incluso más que nosotros.

― ¿Qué? ¿Quién? ―dije un tanto desorientada por la revelación.

Luciel dejó su lata a medio beber en la mesa para responderme al ver que Jumin se mantuvo en silencio.

― Saeran, mi hermano gemelo.

FIN DEL CAPITULO.