Hola chicas!
Les debo pedir una disculpa.
Ayer debi actulizar, pero en verdad tuve una pequeña complicación que me lo impidió.
Espero sepan comprender.
Este capítulo es muy revelador.
Seguro tengo muchisimos errores pero acaba de salir, Prometo editarlo en la semana.
Espero les guste!
Gracias por leer y compartir.
Cuídense mucho, mucho!
Bendiciones, saludos y prosperidad para todas! o todos!
Moon
Capítulo 17
Narra Candy.
Me miré al espejo. La hinchazón de mis párpados era tan fuerte que me obligaba a entrecerrar los ojos.
Respiré con pesadez.
Esta vez el ardor no se quitaría con unas cuantas horas de sueño. Aun así, me obligué a ponerme fomentos de manzanilla para tratar de aplacar los síntomas. Gracias al cielo había comprado un poco en la tarde cuando estuve con Maggie y Miller.
Como pude cambié mis ropas. A mi desganado cuerpo poco le importó haber evolucionado a un ser más ordenado, pues las prendas cayeron pesadas por el suelo, como si su abandono fuera una mezcla de mis perturbadores sentimientos.
Después de tantas confesiones —sin importar el amor— tuve que rechazarlo. ¿Cómo debería referirme ahora a su persona?. ¿Le diría William…?, ¿Frederick acaso?. Por mucho tiempo en mi mente fue solo "Albert" o bien "Señor Andrew"…
Daba vueltas en mi cama pues el insomnio no me soltaba.
Las compresas se secaron.
Las horas habían pasado y ni si quiera lo noté. La inmersión respecto al tema disimuló muy bien el transcurrir del tiempo. Pero al mirar por la ventana, me percaté que la oscuridad de la noche, junto con la estridulación de los insectos del campo, abrazaba todo a su paso en la villa.
Ya era de madrugada.
Daba vueltas en mi cama pensando en todo lo que escuché. Lo que ví…
"Dios… las cicatrices estaban ahí. No eran tan vistosas como el típico, pero era la verdad irrefutable".
Mas lágrimas cayeron sin consentimiento alguno mojando mi almohada.
"Sufrió tanto o más que yo…".
Me hice un ovillo entre las sábanas, buscando —de manera inconsciente — protegerme en una posición fetal.
"Pero te abandonó Candy. Por la razón que fuera te dejó sola". "Pudieron estar juntos desde hace tanto y nada de aquello habría pasado…"
Ahora me queda muy claro que el miedo es el mejor aliado para los malos consejos y las pesadillas. Y esa noche… me arrulló entre sus brazos hasta que finalmente el sueño me venció.
Cuando abrí los ojos me pesaban. Sentía el cuerpo destrozado, como si lo hubiera ejercitado en exceso. Aun así, me levanté y fui al armario a tomar una muda de ropa —no era necesario pedirlo; sabía que George daría las ordenes necesarias para trasladar todas mis cosas. Y así fue.
Me duché.
Al terminar mi reflejo era espantoso. Pero debía continuar con mi trabajo. Sé lo prometí y es algo que pese a todo debo y quiero hacer. En mi cabeza y corazón hay mucho por procesar aun, pero eso es diferente…
Después de desayunar un poco de avena tomé rumbo al gimnasio acondicionado de la villa. Según el programa hoy tocan barras paralelas.
Cuando llegué él ya me esperaba.
Su rostro era sereno. No parecía haber trasnochado como yo.
Me miró y trazó una fina pero discreta sonrisa al saludarme. Evidentemente contuvo su expresión. No es necesario conocerme para saber que pasé ratos desagradables que alteraron mi sueño y mi vigilia, además de que la inflamación me delataba.
Agradezco su prudencia al no comentar nada al respecto.
La hora transcurrió prácticamente en absoluto silencio. La tensión en el ambiente era extraordinaria porque él nunca dejó de ser paciente y amable.
Dos polos por completo opuestos.
Entonces caí en cuenta que la disonancia en este canal de comunicación la estaba generando solo yo.
Todo me superaba.
De pronto no sabía cómo relacionarme con él, y aunque lo tuteé todo el tiempo era muy confuso. ¿Qué nombre utilizar?, "William" entre mis labios sonaba extraño —con un regusto amargo— y "Frederick" aun peor.
Le extendí una pequeña toalla para que secara el sudor que perlaba su piel junto con una botella para hidratarse.
George había llegado por él. Eso significaba que tenía al menos una hora libre antes de la terapia de marcha sobre agua; así que con tranquilidad, sin reproches y permitiéndome un regocijo interno —que no pensaba mostrar—, le dije con total tranquilidad casi al retirarme:
—Fue una buena sesión… Ayer me di cuenta que puedes caminar sin los bastones. Me alegro sinceramente. Creo que en menos de lo proyectado recobrarás tu andar a la perfección. Te veo en la piscina.
No le di tiempo de reaccionar, pues abandoné el lugar rápidamente y fui a refugiarme entre las ramas del árbol más alto y aislado que vi dentro del terreno. Solo al sentir el frio viento recorrer mi cuerpo pude calmar un poco esta desazón.
Llegado el momento, dentro de la piscina todo ocurrió en copia fiel. Mientras él reflejaba paz, yo trataba de luchar con mil demonios internos. Pensamientos que nublaban mi juicio.
Para cuando me di cuenta el día había casi terminado —Respecto a las sesiones.
Es cierto que podía caminar sin apoyos pero eso no significaba que lo hiciera plenamente.
"Ahora la lucha interna de querer olvidar todo y comenzar de cero con él se incrementaba, pero mi parte lógica me decía que todo debe tener un tiempo"..
Quería volar como un pajarillo a la privacidad de mi cabaña, pero su voz me detuvo. El toque de su mano en mi antebrazo me erizó la piel sin consentimiento.
—Candice… ¿me regalarías un momento?. Es sobre lo de ayer… yo…
Sé que le he pedido que me llame de esa forma, pero anoche me nombró como antes lo hacía. No podía evitar querer volver a escucharlo de sus labios, más cerré mis ojos y me tranquilicé. Este hombre con su tacto, su voz y su mirar puede alterar mi sentido común en un par de segundos y es lo que menos necesito.
Me deshice del contacto cálido de su mano.
—Prometí que me quedaría como tu fisioterapeuta y eso haré. En la mañana te mencioné que me alegra saber que te desplazas mejor. Aunque es recomendable que no te excedas, lo he dicho de corazón. Sé que no ha sido fácil. Pero respecto a lo de anoche... necesito tiempo, tal vez para ti sea todo más sencillo, pero cada uno siente diferente. Tanto así que no sé ni cómo llamarte. Por favor no me presiones…
—Para ti siempre seré Albert…
En sus ojos no había más que sinceridad, pero en mi corazón existía una densa niebla que esperaba disipar lo antes posible.
—No… no lo eres más…
La inflexión en mi voz era suave, pero la connotación de mis palabras no. No obstante, él no menguó en su calma y me respondió:
—Voy a esperarte el tiempo que sea necesario… No voy a presionarte más. Gracias por comprender y alegrarte por mi progreso. Pensaba mostrártelos pronto.
—Vas muy bien…Te veo mañana. Descansa.
—Tú también… Candice…
Dos semanas transcurrieron con prontitud. Como el buen caballero que es cumplió su palabra y no insistió en el tema. Mientras tanto yo seguía dudando entre lo que "necesitaba o quería en mi vida".
Durante este lapso comencé a llamarlo "William" —Aunque no me agradara.
Nuestra relación profesional mejoró, pero en lo referente a lo personal —reconociendo mi total responsabilidad—, se levantó una barrera que no nos permitía avanzar. Y no es que mi amor por él se hubiera agotado, más bien me sentía cansada. Habían pasado demasiadas cosas, demasiado dolor en ambas partes, que sin darme cuenta comencé a reprimir todo. Finalmente resultaba mucho más cómodo no pensar —aunque no solucionara nada.
Respecto a la evolución de "William" todo iba viento en popa. Los reportes que previamente George había llevado personalmente a la clínica lo indicaban. Ahora caminaba un poco más rápido y comenzaba a nadar tramos cortos sin ayuda.
Una tarde —en la que tanto George como yo nos extrañamos—, pidió salir a caminar un rato por el pueblo. El moreno se negó al principio, pero después accedió. Llevaba una guardia personal por si necesitaba ser auxiliado, además de sus bastones para no excederse. Creo que es muy comprensible. El encierro nos puede afectar a todos y él estaba acostumbrado a salir diario a la clínica.
Yo aproveché para tomar un par de libros de la biblioteca.
Estaba tan concentrada leyendo los títulos que pegué un grito cuando escuché una voz a mi lado.
—¡George por Dios no me asuste de esa manera!. —Respondí agitada.
Creo que intentó sonreír bajo ese espeso bigote, pero se arrepintió, pues con esa seriedad tan típica me habló:
—Sé que estoy interrumpiendo su momento recreativo señorita Candy, pero ¿podría acompañarme a tomar una taza de té?.
Esa invitación me pareció tan extraordinaria como inusual, así que acepté sin dudarlo.
—Por supuesto George.
—Excelente. La tarde no es tan fría y el jardín nos quedará perfecto.
Quince minutos más tarde estábamos instalados en la rustica pero perfecta mesa de jardín compartiendo una taza de té y pastelillos. La villa era sin lugar a dudas hermosa y sofisticada —aun con su estilo poco tradicional—. Las flores podían apreciarse desde ahí: tulipanes turcos de colores intensos y variados, la típica edelweiss blanca, rosas, petunias… Tuvo razón al elegirlo.
Hablamos de todo y de nada. Lo sentí tan relajado como nunca antes, hasta que su semblante se tornó serio. Al notarlo me preocupé y no reparé en preguntar:
—¿Se encuentra bien George…?. Si hay algo en que pueda ayudarle no dude en decirme.
El me miró como sopesando mi respuesta.
—Señorita Candy, sé que no es mi deber pero hay cosas que ya no puedo callar. ¿Está dispuesta a escucharme…?.
Respiré pesadamente.
Su tono era tranquilo, pero esa clara advertencia hizo erizar mi piel. ¿Aun había más?. Mi corazón comenzó a latir rápidamente. Pero decidí escucharlo.
—¿Por qué no me lo dice él?.
—Señorita Candy… usted mejor que nadie debe de saber, que para una persona con los antecedentes de William no es fácil exponerse, Aunque lo tenga superado. Si lo hizo es porque en verdad lo pensó indispensable. Creo que está siendo demasiado dura al juzgarlo.
—Se ha enterado que me contó…
—No sé con certeza de qué manera se lo haya contado, pero puedo asegurarle que fue mil veces peor. Por mi parte verlo casi morir en mis brazos, y luego saberlo en terapia intensiva tras un infarto producto de la intoxicación fue aterrador. Yo no tengo hijos, pero he cuidado de él desde que murieron sus padres. No era tan chico pero si lo suficiente para que dependiera de mi, de la asesoría, de los consejos, del cobijo. Cuando menos lo noté no miraba al "Futuro Gran Patriarca", miraba al hijo que la vida me entregó. He estado a su lado en cada momento difícil que tuvo que atravesar. Sé que fue egoísta con usted, pero dentro de esa realidad distorsionada por la autocompasión, creía que le hacía un bien alejándola. Pero yo fui testigo de su impotencia al no estar cerca de la mujer que ama, de las pesadillas que lo atormentaban noche tras noche, de la sombra bajo su corazón al pensar que la había perdido. Ha pasado por todo el espectro de las emociones durante estos años, pero, cuando pudo recuperarse, su único objetivo era la rehabilitación. Él anhelaba regresar a Chicago y redimirse, confesarle todo y rogar al cielo por una oportunidad.
El amor de mi muchacho es sincero, eso se lo puedo garantizar. Sus métodos no fueron los correctos. Lo sé. La dejó sola cuando debió quedarse a su lado para protegerla. Pero, ¿qué ser humano es prefecto e intachable?. Además… ¿cómo sabría él lo que pasaría en el futuro?.
Le pido que se cuestione muy en el fondo de su corazón, si estar a su lado vale la pena o no. Perdone todo este atrevimiento, pero he visto su proceder durante estas semanas. Voy a sonar muy duro pero debo decirlo: Si no lo ama sea valiente y enfréntelo, porque puedo asegurarle que en su corazón alberga una oportunidad.
—Yo lo amo…
Las palabras salieron de mi boca de forma lenta y apenas audible. Mi piel sentía el frío de la tarde por la humedad de mis lágrimas al escuchar su relato. Este hombre tan serio y hermético estaba violando su propio código de lealtad al contarme el sentir de un padre y un hijo.
—¿Está segura…?
—Lo he hecho desde niña George…
—La vida pasa muy rápido señorita Candy… no se pierda la oportunidad de ser amada.
—No lo haré… Gracias por decirme todo esto.
—Aun hay más…
Mis ojos se abrieron en su totalidad por la aseveración. Pero ya estábamos en esto.
—Continúe por favor…
—William si la vio en la colina.
—¿Cómo dice?. —Sentí que un calor subió de golpe a mis mejillas.
—Él nunca me dijo nada…
—Una vez trató pero usted zanjó el tema. Tiempo después el consejo y su tía lo presionaron demasiado y al establecer la visita de la señorita "Blackstock" como "indefinida", desistió en hacerlo. No era el momento. Pero estaba buscando la manera de solucionarlo todo.
Una mañana tras morir sus padres, William corrió hasta perderse. Todos nos preocupamos en ese tiempo, pues tenía si acaso diez años. Cuando regresó estaba todo lleno de tierra y lodo, pero su semblante era más tranquilo. Supuse que andaría trepando árboles, pues era algo que le fascinaba en esos días.
No obstante algo cambió en él. Y la tarde siguiente lo descubrí a punto de abandonar la mansión con una pequeña mochila en su hombro.
Me asusté mucho por supuesto, pues por lógica pensé de inmediato en una fuga. Más cuando me la mostró, vi que solo llevaba una fruta, algo de queso y pan. No había dinero, ni ropa, nada. Así al preguntarle a donde iba me explicó que había encontrado un lugar precioso colina abajo de la mansión, donde existía una casita como de cuento con muchos niños adentro..
Yo sabía a qué lugar se refería: "El hogar de Pony".
Todo eso sucedió casi un año antes de que usted lo viera. Pero él ya la conocía.
Todas las veces al regresar a casa después de sus excursiones, siempre hablaba de usted.
Recuerdo cada frase.
"Hoy he visto a la niña más inquieta del mundo, George. Es muy pequeña, casi de bolsillo, pero trepa los árboles tan rápido como yo…"
"Esa pequeña tiene la energía de todos los niños de la casa. ¡Y sabe lazar!. Quiero hacerlo también como ella. Debes enseñarme George, por favor."
"Hoy la vi correr con los brazos abiertos mientras reía. Es el sonido más encantador que he escuchado. Algo tuvo que hacerla muy feliz pues se tiró a la grana para descansar"
"¿Sabes George?. Quisiera hablarle para que seamos amigos. Pero soy algo penoso"
Cuando su hermana murió, él tocó su gaita en el funeral. Era una melodía sin nombre, pero ques salió de su corazón para despedirse de ella.
En cuanto pudo desapareció. Pero yo sabía a donde se dirigía así que fue tras de él.
Siempre me comentó que nunca se dejó ver por pena, ocultándose así entre las ramas de los altísimos arboles cercanos a la colina. Pero ese día sin importar lo llamativo de su vestimenta — pues traía su kilt de gala— llegó a la colina y comenzó a tocar. Al acercarme me di cuenta que la melodía no era tan triste, pero sé que por dentro ese niño estaba destrozado. William no tardó en notar mi presencia y acudió a mi llamado. No pensaba dejarlo solo estando tan frágil, pero sí la vio.
Para ese entonces y a su corta edad ya era benefactor anónimo del hogar donde usted vivió antes de ser adoptada por los Britter. Solo Dios sabe todo lo que tuve que hacer para desviar fondos y que su tía no se enterara.
Cuando fue adoptada, su corazón experimentó por primera vez la tristeza y contradicción. Sabía que estaría mejor, y quería su felicidad, pero eso significaba que ya no la vería más.
El apoyo al hogar de pony lo sigue dando hasta la fecha.
Los Britter son conocidos en la sociedad, así que yo le llevaba noticias suyas con regularidad. La habían aceptado sin condiciones y eso lo tranquilizó.
Algunas veces —Y solo por verla— acudió a reuniones sociales, pero usted no aparecía con frecuencia, aun así, las ocasiones en la que sí, era el adolescente emocionado. Pero mantenía un perfil bajo. Sé que usted era una niña si acaso de seis o siete años, pero creo que ni el mismo William sabía ya cuánto la quería, por eso su necesidad de verle.
Al siguiente año fue mandado al Real Colegio San Pablo, donde estudió y se preparó en administración y finanzas. Ya tenía conocimiento de que su papel como "Patriarca" se aproximaba y aunque no le gustaba la idea, no había más. Era su destino. Así que partió dejándole su corazón a la traviesa niña de ojos verdes, y años después regresó buscándola cuando se hizo hombre.
—Pero yo no recuerdo que…
Le explicaré…
Cuando William cumplió dieciocho años, los miembros del clan l exigieron buscar una esposa, pues cumplía la mayoría de edad y era necesario asegurar al próximo heredero y futuro jefe. Pero él se negó.
Mantuvieron una discusión por semanas, pues ellos no querían ceder.
Finalmente cuando lo hicieron, pusieron la condicionante de que si al cumplir lo veintiuno no tenía una candidata, ellos buscaría a la ideal.
Fue entonces que la buscó por medio de su padre, el señor Britter, proponiéndole un acuerdo matrimonial que uniera a las dos familias.
—Mi padre jamás habría aceptado eso…
—Claro que no. Pero cuando William le contó su historia, junto con el amor y admiración que sentía por usted, Thomas Britter se dio cuenta que ya la había elegido muchos años atrás como su compañera de vida y aceptó el acuerdo.
—Eso quiere decir que … que estamos….
—No… no lo están. Poco tiempo después el mismo William deshizo el acuerdo influenciado por su tía, pues esta le dijo que el clan respetaría a la elegida.
En ese tiempo él confiaba ciegamente en ella, así que observó que al cancelar todo, tendría la oportunidad de cortejarla, y de que fuera usted quien lo escogiera a él y no al revés. Quería ser digno de su amor.
Su padre casi lo mata. Pero con el pasar de las semanas lo cito en un lugar privado y lograron entenderse.
Lamentablemente todo era una trampa de Elroy, pues desde que le dijera su nombre se dedicó a investigarla, enterándose de inmediato de sus intenciones de ser enfermera. Y eso sería una deshora para su familia.
Lamentablemente usted aún era una niña de doce años cuando mi muchacho tenía dieciocho. De haber sido mayor, con el consentimiento de su padre la habría podido hacer su esposa si se restauraba el contrato bajo estricta confidencialidad.
Los años que siguieron él se negó a conocer dama alguna, y solo le fue permitido por su padre verla a la distancia mientras arreglaba algo, lo que fuera que les diera la oportunidad de una vida juntos.
Poco tiempo después de la edad pactada apareció…
—Tara Blacstock…
—Así es… más no era su prometida. Aunque la señora Elroy dijera por todos lados que sí.
Cuando usted conoce al señor Stear y a Archie, William sufrió lo indecible por dentro, pues sabía que lo que sentían no era amor filial. Pero no podía decirles nada—no aun— más como caballeros quedaron que respetarían al que ganara su amor.
Cuando estudiaba enfermería se sintió el hombre más orgulloso del mundo ante sus logros. Y se volvió el benefactor más importante del hospital. Todo siempre por ayudar a los demás, pero también para procurarla, ya que si tenía la mejor tecnología, mejor sería su aprendizaje.
Podrá imaginar que ese año de convivencia que todos tuvieron durante la estadía de Tara fue desgarrador. Aunque la señorita se hubiera esforzado en aparentar empatía y amistad por William y al revés.
Después vino todo lo del accidente. Eso creo que no debo explicarlo.
Cuando ocurrió lo del intento de suicidio fue uno de los momentos más duros para él, pues se le informó a su tía Elroy de la gravedad y ella tan dura como es respondió que no podía realizar un viaje por asuntos importantes con el clan. Aun sabiendo que su único familiar directo estaba en peligro de muerte. Sin embargo, no dejó de solicitar que se le avisara si fallecía.
Todo esto William lo supo unas semanas después de que se restableciera —No recuerdo cuantas con exactitud—. Pero fue el detonante para fabricar un acta de defunción falsa, traspasar su herencia personal a otra cuenta y decirle a Elroy Andrew eso que —al parecer— tanto quería escuchar.
Así nació William Frederick Wentworth.
—Dios… es demasiado…
Mis lágrimas no cesaban, pero no podía retenerlas. Él había hecho tanto y me conocía incluso mejor que yo.
"Siempre estuvo ahí…. "
—Creo que tiene mucho que pensar señorita Candy —Tomé el pañuelo que me ofrecía, ya que el mío estaba empapado—. Por mi parte es todo lo que tenía que decirle.
—¿Por qué no me lo ha dicho él…? —Pregunté con voz temblorosa.
—¿En qué momento lo haría?. Usted pidió un tiempo que él como caballero ha respetado, pero levantó una barrera impermeable para cualquier dialogo personal.
El motor de la limusina se acercaba, así que me levanté de inmediato, pero la mano de George Johnson me detuvo.
—La verdad Candy… pero si ha de romper sus esperanzas no dude por favor. A la larga es mejor.
Cuando me soltó corrí con todas mis fuerzas, él estaba bajando de la limusina. Al mirarme frente a él se quedó quieto de la impresión. Sus ojos eran tan transparentes que podía casi palpar el nerviosismo controlado.
Fijé mis ojos en el perfecto azul de los suyos. Y sin más preámbulo lo abracé, lo aprisioné entre mis brazos con tanta fuerza sin imaginar si quiera que lo dañaba o no. A los pocos segundos sentí su calidez envolviéndome y el tacto de sus dedos acariciando mis rizos. Quería inundarme de su olor para siempre…
Pero él nos separó. Tomó mi rostro lloroso y tras acunarlo, me preguntó con esa grave pero dulce voz que ahora me tranquilizaba.
—¿Qué sucede Candice..?
—Lo sé todo Albert…
Continuará…
