El Niño de la Profecía

Capítulo 18

Dos jounin escoltaron a Sasuke hasta la oficina de Kakashi. El ninja renegado notó que sus escoltas le tenían miedo y rencor en partes iguales, y no los culpaba por ello. Tras muchos años de pelear consigo mismo y con el mundo había decidido seguir los pasos de Itachi y tomar la culpa por sus acciones para proteger a la poca familia que le quedaba, aún si eso significaba ganarse también el rencor de Sakura y su hijo.

A pesar de su promesa de mantenerse al margen, en el instante que escuchó de un Akatsuki intentó infiltrarse en Konoha tuvo que dirigirse ahi de inmediato.

Cuando entró a la oficina de Kakashi se percató de como los músculos del Hokage se tensaban más de lo que ya estaban.

–Pueden retirarse.– indicó Kakashi a sus subordinados.

–Pero señor Hokage…– inquirió uno de ellos dándole una mirada sucia a Sasuke.

–Estaré bien. Retírense.–

Los jounin hicieron una reverencia y se fueron. Kakashi soltó un suspiro.

–Olvidaste informar que me habías llamado aquí.– comentó Sasuke a manera de señalar el poco característico error de su maestro.

–Las cosas han estado complicadas este día. No solo entró un Akatsuki a territorio de Konoha, Naruto y Deidara desaparecieron así que la aldea de la tierra ha estado amenazando con tomar medidas drásticas.–

–Si querías que buscara a Naruto, lo hubieras dicho en tu mensaje. He perdido mucho tiempo viniendo acá.–

–Sasuke… Kisame no vino aquí por Naruto. Vino por Itachi.–

La sensación que Sasuke sintió en ese momento fue como si un agujero se hubiera abierto bajo sus pies y su cuerpo hubiera caído sin aviso.

–¿Dónde esta?– fue lo único que se atrevió a preguntar, temiendo lo peor.

–Kisame no lo lastimó, pero hace unas horas se puso grave de una fiebre y Sakura lo tiene en el hospital.–

–Iré para allá.– decidió de inmediato caminando a la puerta.

–Sasuke.– llamó Kakashi haciendo que su alumno se volteara. –Vuelve acá en cuanto sepas como está Itachi. Sé exactamente hacia donde se dirige Naruto.–

Sasuke asintió y salió de la oficina.

Naruto y Deidara fueron hacia el templo por las montañas en vez de por el bosque o los caminos que usaron la última ocasión. Según Deidara usar una ruta sencilla los haría más visibles y susceptibles a un ataque. Naruto que no tenía experiencia huyendo escuchó sin replicar, pero la dificultad del terreno y la falta de comida lo comenzaban a impacientar.

–Mira, por allá se ve un pueblo. Podríamos dormir ahí.– señaló Naruto hacia las luces que se veían cuesta abajo.

–¿Con qué dinero, hm?– preguntó Deidara deprimiendo al menor. –Lo poco que tenemos debemos guardarlo para emergencias.–

–¿Es así como vivías estando con Akatsuki? ¿Pobre y ocultándote en cualquier agujero?–

–Nos escondíamos en cuevas, sí. Pero teníamos algo de presupuesto para otras cosas, h´n.–

–Genial, los criminales viven mejor que yo.– bufó Naruto.

–Eso piensas por que no te tocó el compañero que a mí, hm.– gruñó Deidara recordando las largas travesías con Tobi.

–¿El de la marioneta?–

–No, Tobi. El de la máscara.–

–Creo que a él no me he enfrentado.–

–Es un fastidio, h´n. Tienes suerte de no conocerlo.–

Naruto caminó pensativo unos momentos hasta que se le ocurrió una idea.

–¡Lo tengo! Mientras seguimos viajando puedes decirme todo lo que sepas de Akatsuki.–

–No sé nada del Akatsuki de esta época, h´n.–

–Pero si de los del pasado. Así podré enfrentarme a ellos más fácil.–

Deidara lo pensó un momento y asintió.

–Cierto, podrías llevarle esa información a la Hokage, h´n.–

–¡Así es! Nos ayudaría bastante.–

–Aunque si ya eliminaron a Kakuzu, Hidan e Itachi… solo quedarían Tobi, Kisame, Zetsu y el líder. Y de ellos no sé mucho, h´n.–

–Eres un inútil.–

–¡Hago lo que puedo, h´n! No es como si tu supieras todo de tus compañeros de la aldea.–

–Claro que sí, los conozco de toda la vida.–

–Yo apenas llevaba un par de años ahí y todos guardan sus secretos, h´n.–

–Bueno, lo que puedas decirme ayudará.–

Resignado, Deidara procedió a decirle a Naruto lo poco que sabía. No tenía una particular lealtad hacia sus compañeros de Akatsuki, pero se sentía algo sucio dando la información así sin beneficio aparente. Maldijo internamente, Naruto se había ganado su simpatía lentamente.

Sasuke había pasado todo el día en el hospital con Sakura. La mujer había encontrado algo de consuelo en la presencia de su esposo y se permitió a si misma desahogarse en sus brazos. Su estudiante había sido asesinado y no podía ir al funeral ya que su hijo estaba hospitalizado.

El niño respondió después de que su padre hablara con él y se había estabilizado, así que las otras doctoras le sugirieron a Sakura que descansara en casa un rato. Sakura se negó pero Sasuke consiguió convencerla, así que se dirigieron allá.

–Por cierto, tenemos una inquilina en casa.– comentó Sakura cuando se acercaban a la propiedad.

–¿Quién?–

–Es la novia de mi alumno. Su aldea fue destruida así que la invité a quedarse mientras se instala en Konoha. Me ha ayudado mucho a cuidar de Itachi.–

–Las luces están apagadas.– notó Sasuke viendo arriba hacia las ventanas.

–Debe estar dormida. No pudo haber sido fácil estar en el funeral de Kazuki.–

Sakura abrió la puerta y se dirigió al segundo piso.

–Espera, le avisaré que estás aquí para que no se asuste.–

Sasuke se quedó en la sala, viendo y analizando cada rincón de esta. Era ahí donde su esposa e hijo pasaban el tiempo y convivían. Se notaban indicios de ellos y su vida diaria en cada decoración, fotografía y hasta en los juguetes que el niño tenía. Tomó un oso que estaba en el sillón y se preguntó si ese era de los favoritos de Itachi o si acaso el niño conservaba sus favoritos en su habitación. Había demasiado que no sabía.

Sakura bajó desanimada.

–Kariko-chan no está en casa. Quizás esté donde Ichiru. El es su amigo más cercano.–

–Es muy tarde para que una chica esté fuera.–

–Lo sé y ella suele estar aquí temprano, pero está pasando por muchas cosas. No quisiera regañarla por esto.–

–Quédate a descansar un rato y le avisas cuando vuelva. Debo ir a ver a Kakashi y volveré en un par de horas.–

–De acuerdo. Nos veremos entonces.– se despidió Sakura dándole un beso en la mejilla y Sasuke se fue.

Finalizado su primer día de viaje, Ichiru y Kariko eligieron un lugar cómodo en el bosque para acampar. La repartición de tareas había sido mucho más fácil y tranquila de lo normal. Se sentía mucho la ausencia de Kazuki, incluso más que la de los rubios, pues habían viajado bastante solo ellos tres.

Cuando Ichiru terminó de encender la fogata, Kariko le pasó uno de los sandwiches que había hecho para el viaje y se sentó a su lado.

–Está bastante callado ¿no?– dijo ella rompiendo el silencio después de unos minutos.

–No pensé que extrañaría tanto molestar a Kazuki.– admitió Ichiru.

–¿Que harás después de esto?–

–Volveré a Suna. No quiero que me asignen otro compañero en Konoha. Sea quien sea que me asignen lo resentiría y esa persona no merece eso. ¿Y tu?–

–No lo sé.– ella sabía que no tenía un futuro después de abrir el portal temporal, pero no quería darle mas pena a su amigo.

–Si no quieres volver a Konoha, puedes venir a Suna conmigo. Hace mucho calor, pero quizás el cambio de ambiente te sirva.–

–Gracias. Lo pensaré.–

–O… podrías pedirle a Deidara que se quede contigo y huyan juntos a algún lugar lejos.–

El corazón de Kariko dio un salto y sus mejillas se pusieron rojas.

–¡No puedo pedirle eso!–

–¿Por qué no? Tu lo quieres, él te quiere. Siempre me sentiré mal por lo de Kazuki, pero creo que él no querría que lo dejes por nada.–

–Creo que odiaría más que lo deje por Deidara.–

–Sí, quizás. Pero el punto es que él no querría tenerte atada. Tampoco deberías atarte a su recuerdo ni a tu arrepentimiento.–

–Suenas demasiado sabio, me estas asustando.–

–Te he visto sufrir antes, te estoy viendo sufrir ahora. No quiero que sufras por el resto de tu vida.–

Kariko suspiró.

–Kazuki tampoco quería verme sufrir.–

–Lo sé. Me lo dijo.– sonrió Ichiru melancólicamente.

–¿Cuando?–

–Cuando volviste a sonreír después del ataque a tu aldea. Pasamos semanas preocupados, pensamos que la chica que habíamos sacado de los escombros jamás se recuperaría. Hicimos lo posible por animarte pero nada funcionó. La primera vez que sonreíste con naturalidad fue un día que Itachi e Inoue te llevaron flores.–

–No te sientas mal por ello. Es que los niños son adorables.–

–Sí. Le debemos mucho a esos niños. Me aseguraré de decírselos antes de volver a Suna.–

–Ita-chan piensa que lo de Kazuki fue su culpa.–

–Entonces le diré que Kazuki le estaba devolviendo el favor. Por que Itachi le devolvió la vida a la persona que Kazuki más quiso.–

Las lágrimas salieron de los ojos de Kariko a pesar de que una sonrisa estaba en sus labios. Estaba sumamente agradecida con Kazuki, Ichiru, Itachi y la gente de Konoha por haberle dado tanto. Más de lo que merecía.

–Haz lo que te haga más feliz, Kariko. Es lo que él hubiera querido.– añadió Ichiru y ella no pudo mas que asentir entre lágrimas.

Después de que Kakashi pusiera a Sasuke al tanto de la situación con el viaje temporal y el templo le dijo que sospechaba que Naruto y Deidara se dirigirían ahí.

–Entonces quieres que escolte a la chica allá.– asumió Sasuke y Kakashi suspiró.

–El Kazekage pidió que mande a Ichiru de regreso en cuanto el chico se sienta bien. No puedo involucrarlo más en este asunto.– dijo el Hokage con pesadez, permitiéndose bajar la guardia ante su alumno.

–O no quieres que vea a su amiga morir tan pronto después de lo del Hyuuga.– adivinó Sasuke para pesar de Kakashi. –Una técnica así debe tomar un alto costo.–

–Si quieres puedes esperar a que Itachi-kun mejore. Seguro que Kariko-chan también estará preocupada.–

–No. Debemos apresurarnos a sacar a Naruto antes que alguien más lo encuentre. Partiré en la mañana.–

–¿Estás seguro?–

–Sí. Sakura puede encargarse de Itachi. Yo no sirvo de nada en esa situación.–

–Escuché que conocerte le levantó bastante el ánimo al niño.–

Sasuke se dio vuelta para irse, indispuesto a entrar en detalles sobre sus complejos sentimientos sobre el pequeño y si merecía o no ser parte de su vida a estas alturas.

–Avisa a tus guardias que saldré mañana temprano.–

Justo cuando Sasuke se disponía a salir se topó con un alarmado chuunin justo en la puerta.

–D-disculpe.– se excusó el alterado joven y entró a la oficina –Hokage-sama, no conseguimos encontrar a Ichiru-san en ninguna parte de la aldea.–

–¿Qué?–

–Envié a dos grupos a buscarlo pero no hay rastro de él por ningún lado. Su departamento estaba impecablemente limpio, pero notamos que sus marionetas no estaban.–

Kakashi intercambió miradas con Sasuke, ambos dándose cuenta de lo que significaba.

–Sakura no ha visto a Kariko desde ayer.– notificó el Uchiha confirmando las sospechas.

–Tendrás que partir en cuanto antes.– indicó Kakashi y su alumno asintió con pesadez.

Los dos días de viaje pasaron sin mayores incidentes para los dos rubios. La estrategia de Deidara les había evitado encuentros con patrullas de búsqueda de varias naciones, y aunque tardaron más tiempo de lo esperado pudieron llegar al templo antes que sus amigos.

–No hay nadie.– dijo Naruto después de examinar la última habitación del lugar, reuniéndose afuera con Deidara. –¿Crees que puedan llegar bien?–

–Conocen el camino.–

–Eso no es a lo que me refiero. ¿Qué tal si no pudieron salir de Konoha? ¿Cómo sabemos cuando llegarán?–

Deidara maldijo internamente, Naruto estaba expresando precisamente lo que pensaba y temía pero no se atrevía a decir.

–Entonces esperaremos en el pueblo hasta que lleguen, h´n.– dijo alzándose de hombros tratando de hacerse el casual. Era la única cosa que se le ocurría de todos modos.

–Estaríamos poniendo a los habitantes en riesgo.–

–Usemos la técnica de transformación cuando estemos en público. Si conseguimos cuarto en alguna posada rápidamente podemos esperar ahí, h´n.–

Naruto se rascó la nuca, irritado de no encontrar otra alternativa.

–Ok, al menos dormir en una cama mientras esperamos será mejor que acampar.–

Naruto se transformó en una chica rubia con yukata y Deidara en un hombre mayor de barba larga.

–Vamos, hija. H´n.– invitó Deidara indicando el camino, Naruto le dio un codazo riendo.

Llegando al pueblo pasaron de los hoteles que se vieran demasiado bien y caminaron hasta encontrar la posada que se viera más barata.

–Este lugar se ve horrible.– se quejó Naruto.

–Los lugares horribles son los más discretos, h´n. Y es lo que mejor nos costea a largo plazo.–

Naruto torció los labios ante el "largo plazo". Lo mataba la incertidumbre de tener que poner su destino en cuando Kariko e Ichiru llegaran. Si es que llegaban.

Deidara hizo la negociación con el dueño y les dieron su habitación rápidamente. Una vez dentro, ambos soltaron el jutsu y Naruto se echó sobre la cama. No era la más suave en que había estado, pero era mejor que dormir en el suelo.

–¿Y ahora qué?– preguntó Naruto viendo como Deidara tomaba asiento en la otra cama.

–Esperamos, h´n.–

Justo lo que Naruto temía.

El trayecto no había sido tan fácil para Ichiru y Kariko.

La chica no podía moverse tan rápido como un ninja e Ichiru era un poco más lento que el promedio ya que cargaba con su marioneta. Para ellos la mejor opción era usar los caminos habituales y desviarse cuando estuvieran cerca de algún pueblo para evitar ser vistos. Durante dichos desvíos el ritmo disminuía aún más pues a Kariko se le dificultaba moverse por tales terrenos.

Al menos las barreras de Kariko eran prácticas para pescar su comida y para mantenerse a salvo cuando acampaban. Aunque esto significaba un mayor gasto de energía para ella, cosa que los ponía algo nerviosos.

Cuando por fin llegaron al templo ya estaba atardeciendo y nadie estaba presente.

–Quizás era mucho desear que nos esperaran aquí mismo.– suspiró Ichiru. –¿Crees que esten cerca?– preguntó a su amiga.

Kariko sacó de su bolso la ave de arcilla que Deidara le dejó y ésta revoloteó con mucho animo.

–Creo que sí. El resto del camino había estado dormido.–

–Que esa cosa casi tenga vida me da escalofríos. Odiaré ver que Deidara lo haga explotar.–

–Pídele que te lo obsequie.–

–No, gracias. El lo hizo para ti y no quiero que me haga uno de recuerdo que me estalle en la cara.–

Kariko rió y luego echó un vistazo a los alrededores.

–Hay un pueblo cerca, quizás hayan ido allá.–

–¿Recuerdas el camino?–

–Sí. Sígueme.–

Ichiru asintió y emprendieron camino hacia el pueblo. A diferencia de cuando estuvo ahí en su viaje al pasado, el lugar se veía más grande y más vivo a pesar de la guerra. Juzgando por la cantidad de puestos al aire libre y de gente caminando se notaba que la vida nocturna ahí era vibrante.

Kariko sintió el ave en su bolsa moverse de manera muy agitada así que lo cubrió con su mano para evitar miradas sospechosas.

–Están cerca.– le susurró a Ichiru, quien se acercó a ella para ayudar a cubrir la bolsa que se movía, pero el ave de todos modos se escabulló y salió volando.

Kariko e Ichiru corrieron detrás del ave, batallando para abrirse paso entre la multitud. El chico de Suna se vio el problemas cuando su marioneta se atoró entre dos transeúntes.

–¡Síguelo, yo te alcanzo!– le aseguró a su amiga mientras se desatoraba.

Kariko continuó corriendo, cada vez más nerviosa pues se estaba adentrando a una parte oscura y vacía de la ciudad, hasta que el ave se posó en una ventana y golpeó el vidrio con su pico.

La cortina se abrió un poco y de inmediato alguien abrió la ventana de golpe para asomarse abajo.

Fue con gran alivio que Kariko vio a Deidara y Naruto encontrarla con la mirada.

–¡Kariko-chan!– exclamó Naruto emocionado, Deidara en cambio salió de inmediato y al Uzumaki le tomó unos segundos darse cuenta de ello y cerrar la ventana para seguirlo.

La chica permaneció en su lugar, tratando de recobrar el aliento tras la persecución. El repentino alivio de ver a sus amigos a salvo hizo que se le bajara la adrenalina con la que había estado moviéndose. Sus piernas se sentían como gelatina.

–¡Kariko!– llamó Deidara en cuanto salió por la puerta y corrió hacia ella para abrazarla. Ella lo rodeó con sus brazos.

–Deidara. Me da tanto gusto que estén bien.– dijo ella hundiendo la cabeza en su pecho y dejándose consolar por el ninja de Iwa.

Ichiru llegó instantes después y sonrió aliviado al ver la escena. Cuando Naruto salió, Ichiru fue a saludarlo a él para darle tiempo a la pareja.

–Por fin los encontramos.– rió el titiritero y Naruto apreció el regreso a la dinámica usual.

–Se tardaron bastante.–

–¿Que esperabas? Somos los más lentos del grupo.–

–¿Tuvieron algún inconveniente, h´n?– preguntó Deidara dirigiendo su atención a Ichiru, pero sin soltar completamente a Kariko quien aún lo tenía abrazado.

–Salimos lo más rápido que pudimos mientras todos estaban distraídos con…– Ichiru bajó la mirada, consciente de lo dolorosas que serían sus próximas palabras –El funeral de Kazuki.–

Naruto sintió un hueco en el estómago, aunque Deidara se lo había dicho días atrás el tener la confirmación definitiva fue muy pesado.

Deidara dirigió la mirada a Kariko, quien apretó su camisa y ocultó su rostro. El rubio acarició la parte de atrás de la cabeza de la chica.

–Lo lamento mucho. Quisiera haber podido ayudarlo más, h´n.–

–Mantuviste a salvo a Naruto y a Itachi. Es lo que Kazuki hubiese querido.– afirmó el ninja de Iwa. –Ahora hay que ocuparnos en continuar la misión.–

–Ya que están aquí podemos ir al templo y terminar con esto.– decidió Naruto entusiasmado. Ichiru apretó los labios echando un vistazo a Kariko quien se estaba soltando de Deidara con un aire de resignación.

–Fue un gran esfuerzo para Kariko llegar aquí tan rápido y tuvo que usar su chakra para protegernos anoche. No creo que pueda abrir el portal hasta que descanse apropiadamente.–

Naruto miró más detenidamente a su amiga y notó lo pálida y delgada que se veía a diferencia de días atrás.

–Todavía hay vacantes en la posada, le conseguiré un cuarto.–

–Gracias, Naruto.– dijo ella y los dos más jóvenes del grupo entraron a la posada, dejándola con el preocupado Deidara.

–¿Estás segura de esto, h´n?–

–Ya que duerma bien podré abrir el portal.–

–No es eso a lo que me refiero, h´n.–

Kariko agachó la mirada.

–Kazuki dio su vida por esto. Es justo que yo haga lo mismo.–

–El no querría que tu murieras, h´n.–

–Y tampoco quería que estuvieras conmigo. Pero no siempre consiguió lo que quería.– sentenció ella severamente y se separó de Deidara para alcanzar a los otros adentro.

Kariko tuvo una habitación para sí misma mientras los hombres compartían la otra. Ichiru puso a Naruto y Deidara al tanto de todo lo que había ocurrido en Konoha y de como se escabulleron. Al cabo de una hora y media sintieron el hambre así que a falta de servicio al cuarto decidieron salir a buscar una última cena juntos. La joven mujer del grupo solo se les unió por el hambre y por la terquedad de no dejar que Deidara le arruinara pasar tiempo con sus amigos.

Como gesto de despedida, Ichiru le invitó ramen al grupo lo cual casi hizo llorar a Naruto de felicidad. La vivaz conversación y bromas daban una sensación de nostalgia y de vacío a la vez. Estando todos juntos se notaba más la ausencia de Kazuki, sobretodo de lado de Ichiru.

–Señora, deme cuatro ramunes.– ordenó Ichiru a la dueña del puesto quien extrañada le dio las bebidas que pidió. No era algo muy común que alguien tomara algo tan gaseoso después de lo pesado que era el ramen. –Propongo que tomemos a nombre de nuestro camarada caído. Por Kazuki.–

–¡Por Kazuki!– repitieron los demás y bebieron su ramune.

El gas del refresco provocó que a Deidara le diera hipo y que los demás rieran a su expensas, cosa que lo irritó bastante y esto causó aún más gracia a sus amigos.

Pasearon por el pueblo viendo los puestos y comiendo algunos dulces. Ichiru notó que Deidara hacía lo posible por hacer que Kariko probara de todo, cosa que le pareció rara y preocupante.

Aprovechando un momento en que ambos rubios estaban distraídos, Ichiru jaló a Kariko a su lado.

–¿Todo bien?– cuestionó él.

–Sí ¿por qué?–

–Veo muy raro a Deidara.–

–El siempre ha sido raro.–

–Creo que necesitas hablar con él.–

–Yo creo que no.–

–Vamos, es tu última oportunidad. Aprovéchala.–

Antes que Kariko pudiera replicar, Ichiru se adelantó a donde Naruto estaba.

–Naruto, debo decirte algunas cosas que quiero que arregles cuando vuelvas al pasado. Adelantémonos a la posada.–

–¿Huh? Pero…–

–Vamos. Es importante.– insistió el ninja de Suna y se llevó a Naruto corriendo antes que cualquiera pudiera impedirlo.

Kariko evitó la mirada de Deidara y se cruzó de brazos como si con eso pudiera protegerse de la oleada de emociones que estaba sintiendo. Cualquier deseo o alegría que ella tuviera de estar con Deidara estaba manchado con la culpa de la traición hacia Kazuki. Ambos lo sabían perfectamente.

Sin embargo Deidara ya había tenido dos días de pensar las cosas detenidamente y no estaba dispuesto a terminar esto sin darle una última lucha.

–Haz lo que quieras mañana, pero esta noche vas a venir conmigo, h´n.– decidió Deidara tomándola de la muñeca para que lo siguiera.

–¡O-oye!– exclamó ella sonrojada, preocupándose cada vez mas conforme se alejaban de la multitud.

Deidara la llevó a las afueras del pueblo y Kariko no supo que pensar, su mente hecha jirones. Cerca de un precipicio con una gran vista hacia el bosque colina abajo, Deidara la ubicó en un punto con bastante espacio.

–Muy bien, párate aquí y cubre tus oídos, h´n.–

El artista se acercó más al precipicio, tomó arcilla de su bolso y tras moldearla las bocas de sus manos soltaron una docena de mariposas que volaron por el gran espacio aéreo frente a ellos.

Cuando las mariposas explotaron no fue la usual expansión de fuego y humo, sino que crearon pequeños fuegos artificiales de brillantes colores.

Kariko vio maravillada las mariposas bailar y explotar en sincronía una tras otra, creando destellos rosas, morados, amarillos y muchos más que se mezclaban entre ellos.

Solo despegó los ojos del espectáculo por un momento para ver a Deidara, quien sonreía viéndola complacido con su labor.

La última cadena de estallidos creó un patrón tan hermoso que Kariko solo pudo aplaudir de la emoción.

Deidara hizo una exagerada reverencia para recibir el alabo.

–¡Fue increíble! ¡Es lo más lindo que he visto en mi vida!–

–Y fue solo para ti, h´n.–

Ella sonrió con sus mejillas enrojeciendo.

–¿Sabes? Con todo lo que ha pasado, creo que por fin entiendo por que te refieres al arte como una explosión. Es como la vida… es hermosa pero pasa muy rápido. Si te descuidas por un instante se puede acabar sin que te des cuenta.–

Los ojos de Deidara se abrieron como platos por la sorpresa. Después de tantos años que lo llamaran loco y se burlaran de su visión, por fin alguien lo había comprendido. Finalmente entendió qué es lo que veía en esa chica torpe y necia… ella de alguna manera podía identificarse con su visión de la vida. Incluso estaba dispuesta a testarudamente dejar su vida por algo en lo que creía, por principios que a él siempre le faltaron. Así mismo él tenía la fuerza y la capacidad de preocuparse por uno mismo que a ella le faltaba. Kariko tenía que aprender a ser un poco egoísta a veces y Deidara lamentaba no tener el tiempo suficiente como para hacerla aceptar la lección.

–El tiempo que te he conocido se ha sentido así de corto, h´n. Y mis sentimientos por ti son igual de potentes que una bomba.–

Kariko rió entre dientes.

–¿Estás diciendo que enamorarte de mi es como una explosión?–

Deidara se acercó lo suficiente para tomarle las manos.

–Que te enamores de mí sería mi mejor obra, h´n.–

–Eso suena algo egocéntrico ¿no?– tanteó ella permitiendo que Deidara besara sus dedos.

–Si quieres algo de crédito podemos decir que tú me sedujiste, h´n.– sonrió coqueto, atrapándola con sus brillantes ojos azules.

Esta vez fue Kariko quien lo besó a él en los labios, sucumbiendo al deseo que llevaba horas tratando de ahogar.

Deidara intensificó el contacto abrazándola con fuerza hasta que sus cuerpos no podían estar más cerca.

De una manera u otra, ambos sabían que esta sería la última oportunidad que tendrían de estar juntos, sabían que el salir del sol sería el fin de todo para ellos. Así que tras regresar a la posada decidieron aprovechar cada minuto antes del temible amanecer.