La historia es una adaptación del libro de Vi Keeland y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


18

POV Emmett

Incluso en temporada baja, me apegué a mi agenda del martes para visitar a Maggie. El personal del domingo en Broadhollow Manor nunca me había visto antes. Firmé y me presenté.

―Hablamos por teléfono un par de veces esta semana. Soy Zafrina. Estoy las noches entre semana y los domingos. Es un placer conocerlo, señor Mccarty.

―Emmett, por favor.

Asintió.

―Emmett.

―¿Cómo se encuentra hoy?

―Todavía igual. Parece haber olvidado lo que sea que la molestó tanto la semana pasada. Está más como su estado normal de nuevo.

―¿Te refieres a decirle a una enfermera que debería usar menos lápiz labial, así la gente se concentraría más en su figura y menos en su cara?

Zafrina cubrió su boca sonriente:

―Escuché eso. Es graciosa.

―Lo dice la señora que puede salir con los labios rojos brillantes y resplandecientes.

La enfermera se sonrojó.

―¿Está en su habitación?

―Creo que todavía está en el cuarto de actividades. Alguien de nuestro personal estaba jugando a las damas con ella cuando pasé por ahí antes.

No me esperaba que ese miembro del personal fuera Marcus. No estaba vestido en su uniforme usual tampoco. Llevaba una camisa a cuadros de manga larga con un chaleco de lana sobre él.

―Bueno, si no es nada más el señor Rogers. ¿Qué estás haciendo aquí? ―Me acerqué a Maggie y besé su mejilla―. No estás tratando de tirarle los tejos a mi mujer, ¿o sí?

Marcus me hizo un ademán de despedida y gruñó algo.

―Es domingo ―dijo Maggie―. Jugamos a las damas y vemos televisión. Pero hoy no hay fútbol.

―Estaba en el vecindario, así que pensé en pasar y ver cómo están las cosas. ―Marcus trató de hacer pasar su visita como casual.

―Enciende mi televisión cada semana antes de jugar. En realidad no me gusta el fútbol, pero jugamos a las damas, también, así que no digo nada.

―¿De veras? El viejo hijo de puta incluso viene en su día libre, ¿eh?

―Eso no es agradable. No es un hijo de puta. Solo es viejo y se mueve un poco lento. Y está un poco sordo, también.

Sonreí a Marcus. Lo único que esperaba de mi vejez era poder decir lo primero que pasara por mi mente y salirme con la mía.

Marcus me dio una mirada de odio.

―Sin partido para ver, este domingo está siendo tranquilo.

Debí suponer que recibiría su mierda por haber sido suspendido.

―Tampoco estoy feliz porque no haya partido hoy.

Deberías estar infeliz. Es un desperdicio de talento no estar jugando un partido hoy.

Una hora después, estaba sentado al otro lado de Maggie, y Marcus estaba viéndonos a los dos jugar a las damas. Cinco minutos en el juego, la mitad de sus piezas negras eran reyes, y había robado la mitad de mis rojos. Sacó un doble salto que no vi venir:

―¿Qué diablos? ¿Eres un tiburón de las damas?

Marcus se rió entre dientes.

―Estabas sentado allí pensando que estaba dejándola ganar, ¿no es así?

―De hecho, estaba pensando en que no eras capaz de vencerla. Es por eso que me uní. Para darle a Maggie un poco de competencia. ―De hecho había pensado que Marcus estaba dejándola ganar.

―La única que alguna vez representó un desafío fue mi Rosalie. ―Maggie deslizó una pieza en mi base― Coróname. ―Marcus y yo nos miramos el uno al otro. Los dos estábamos en silencio esperando a ver lo que vendría después. La última vez que había pensado en Rosalie no había ido bien.

―Pónmelo fácil, mujer. O vas a ver lo que sucede la próxima vez que quieras un pastrami de pan de centeno de Heidelman.

Menospreció mi comentario.

―Dile a Rosalie que traiga el juego de damas de madera del gabinete inferior del armario de porcelana en el comedor. ―Me dejó perplejo cómo podía recordar dónde guardó un tablero de juego, pero no podía recordar que su única nieta no había estado aquí para verla en tres años.

―Seguro.

―Dijo que ha estado ocupada pero va a venir a verme en mi cumpleaños.

―Oh, sí.

―Y dile que se detenga en Zen Garden. Tienen la mejor sopa wonton.

Marcus dijo con voz aguda:

―La sal en esa cosa no es buena para ti.

Sí. No había que preocuparse por eso. Estaba bastante seguro de que Rosalie no iba a venir.