Muchas gracias por todo el apoyo que esta recibiendo este triste intento de historia. De verdad lo lamento por la tardanza en esta y las demás historias, espero que pueda escribir mas, pero no puedo prometer nada.

Como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.

Capítulo XXIII. Cachorros

Las armas de la policia apuntaban a la cabeza de la pelicobre, afuera de la casa se escuchaba el ruido de los refuerzos que habían estado llegando, pero ni los que amenazaban la vida de la alfa, ni los hombres que estaban detrás de ellos, estaban preparados para lo que veían, la sangre y los cuerpos de los hombres esparcidos por el piso, se figuraba a las mas horribles de las pesadillas.

· ¡Alto! – Rugió Kleinton con la voz temblando, la mujer que estaba frente suyo parecía no importarle que había terminado con la vida de una persona, su ira por tal insensibilidad era palpable en su voz y sus facciones se destrozaron por sus sentimientos. - ¡Alza las manos donde pueda verlas!

De pronto la mirada de Anna se alzo para confrontar a los hombres, solo hizo falta que sus ojos se posaran sobre de ellos, para que sus huesos temblaran del pánico que les hizo sentir, sus manos ensangrentadas se apretaron en puños que les hizo ver como sus nudillos sobresalían de una manera antinatural.

· ¿Qué hacen aquí? – su voz extrañamente tranquila solo les hizo dar una paso atrás inconscientemente tratando de mantenerse con vida.

· ¡NO LO REPETIRÉ! – Advirtió poniendo su dedo sobre el gatillo de su arma reafirmando su amenaza.

Y antes de que Anna saltara sobre de ellos, por la puerta que conducía al sótano de la casa salió Elsa que había escuchado los gritos que lograban llegar a ella, la peliplata sin saberlo logro salvar la vida de los hombres que estaban amenazando la vida de la alfa que la había marcado como suya.

Tropezando con sus propios pies, logró llegar a lado de Anna, sostenido casi con pánico su brazo, tratando de tranquilizarla.

· Por favor ¿me podrían decir por que se encuentran dentro de los terrenos de nuestra familia? – casi exigió Elsa ignorado tanto como podía los cuerpos de unos cuantos familiares y extraños a sus pies.

Los policías vieron escépticos a ambas mujeres, no pudiendo creer que se les hiciera aquella pregunta.

Al no recibir respuesta de los hombres, y ver que no les dejarían de apuntar, Elsa enlazo su mano junto con la de Anna, aquel gentil gesto, y el sentir la piel de la cobriza acariciar la suya. Fue suficiente para llenarla de valor.

· Este fue un asunto entre manadas. – dijo haciendo sonar su voz tan fuerte y clara para que todos lograran escucharla. – Según la ley de usos y costumbres de Arendelle se le permite a los jefes de familia tratar sus asuntos como según les parezca dentro de las costumbres que han regido a los alfas y omegas durante generaciones.

· La policía no puede interferir de ninguna manera, y si permanecen dentro del territorio de la propiedad, se tomaran las acciones correspondientes. – termino por decir, apenas cambiando el tono de su voz, haciéndoles ver la amenaza que no tenía intenciones de encubrir, pues era claro que se refería a los restos de los últimos invasores.

Apenas conteniéndose para no hacer algo estúpido, los policías bajaron sus armas, jurando regresar, sin saber que apenas lograrían permanecer con trabajo.

Apenas salieron, todo el peso de lo que había estando sucediendo los últimos días cayo sobre de Anna, sus piernas se rindieron y su cuerpo estuvo apunto de caer al suelo, pero Elsa logro atraparla haciendo uso de toda su fuerza para sostenerla.

· Gracias.

Aquella palabra nunca se había pronunciado con tal fervor nunca, Elsa sabia lo que había hecho Anna, vio como se despedazaba a si misma culpándose y cargando con la responsabilidad de sus acciones, y sabia que difícilmente podría juzgarla, mas porque ella misma las había provocado, y con ello solo le quedo jurar en silencio el siempre permanecer a su lado.

La mano de Elsa viajo hasta la mejilla de la cobriza, sintiendo como su quijada estaba apretada apenas podía creer que sus dientes no se rompieran por la presión, y usando su mano hizo que Anna la viera, tratándole de hacerle ver todo aquello que tenia miedo de decir en voz alta, acerco su rostro al contrario, acariciando la terza piel de su mejilla con la propia, sintiendo como el aire escapada en un tenue suspiro, y cuando se separo para verla a los ojos, se sorprendió cuando aquellos hermosos orbes la veían casi con adoración, y sin dejar que su mente le hiciera arrepentirse acerco de nueva cuenta su rostro, plantando sus labios sobre los de ella, sintiendo como el calor del beso la hacia sentir como una carga eléctrica recorría su cuerpo haciendo estragos en ella, moviendo sus labios suavemente queriendo que el momento durara lo mas posible no se separaron ni cuando sus pulmones exigieron aire para sobrevivir, sino que antes de intensificar mas su primer beso, el sonido de pisadas las hizo separarse sintiendo como la sangre corría hasta sus rostros, haciéndolas sonrojar.

Y de pronto Anna fue derribada haciéndola chocar contra el suelo, apenas podía entender que sucedía, cuando logró sentir un par de brazos rodear su cuello casi impidiéndole respirar, pero aún así no pudo actuar en consecuencia, pues no sentía hostilidad sino que aquel acto era extrañamente reconfortante, sonrío mientras se sentaba y dirigió su mirada a Elsa, sorprendiéndose por lo que veía, las mejillas de Elsa estaban infladas, su ceño estaba levemente fruncido y un adorable sonrojo marcaba sus mejillas, estaba por preguntar qué le sucedía cuando fue empujada con aún más fuerza y termino en el suelo una vez más, logró ver un par de melenas sobre salir del abrazo que recibía, y sin saberlo solo comenzó a tratar de tranquilizar a los cachorros que lloraban sobre de ella.

No supo cuánto tiempo estuvo en la tarea de reconfortar a los pequeños, pero no le importo en realidad pues sintió que aquello era una manera de recordar al alfa que en su momento hizo lo mismo por ella.