Capítulo 17
Hinata
Me toma un momento, pero entonces reconozco los sonidos desagradables de ese lenguaje. Es el que hablaban los alienígenas naranja que me secuestraron. Se me pone la piel de gallina y quiero cambiar la frecuencia.
Pero no lo hago.
—Sabes que el lord está molesto y que quiere sus juguetes —dice uno.
—Lo sé. Trabajamos en ellos.
—El lord quiere saber si hay alguna virgen —sisea el primero. —Todavía está molesto de que la última se perdiera.
Se me acelera el corazón y me estremezco involuntariamente.
—Son varias. Tiene que haber alguna a la que no le hayan roto el coño todos las pollasalienígenas del sector —una risotada maligna. —¿O quieres que las revise personalmente?
—No me importa lo que hagan. Solo digo que el lord pagará el doble por una virgen. Una dócil. No le gusta cuando pelean.
—Él se lo pierde. Es lo más divertido del asunto —vuelven a reírse de esa forma horrible.
Siento que me ahogo. Como si no hubiera suficiente aire en la nave. En todo el universo. No han dicho el nombre. Necesito escuchar el nombre antes de perder los cabales. Sé que lo recordaré si lo vuelvo a escuchar. Además ¿cuántos lords que buscan comprar vírgenes dóciles hay en el espacio?
Pero quizás me equivoco. A lo mejor malinterpreto la conversación y lleno los vacíos con mi experiencia. Quizás ni siquiera hablen de humanas.
—¿Tiene alguna preferencia?
—¿Preferencia de qué?
—Vienen en diferentes colores. Marrón, rosa pálido, o un tono pálido horrendo, como si hubieran vivido en una cueva toda la vida. Y el cabello; ¿cabello amarillo? ¿Naranja? ¿Negro? ¿Sin cabello?
—Mmm, ¿qué tienes?
Una seca risotada me hace saltar en mi silla.
—Amigo, puedo llevarle lo que quiera. Si quiere una de cabello amarillo, tendrá una de cabello amarillo.
El otro se ríe.
—Mientras sean dóciles.
—Oh, lo serán para cuando lleguen allá. Confía en mí.
Siento que voy a vomitar. No ha mencionado el nombre, y estoy cada vez más ansiosa, porque necesito escucharlo. No sé qué haré si lo confirmo, pero tengo que saberlo, para quedarme tranquila.
El primero gruñe.
—Dame un par de días para arreglar las cosas. ¿Estarás donde acordamos, en el Sector 7?
—Claro. Trae la carga y yo traeré tu paga.
—Bien. Dale a Lord Unto'Abarri'Nil Vohs Bekhinto, Señor de Nueve Amaneceres y Amo de la Treceava Luna mis saludos.
—Te aprendiste todos sus nombres, ¿eh?
—Naturalmente.
—Lameculos —le responde el otro, divertido. —Le diré que le traes sus juguetes —entonces corta la comunicación.
Presiono el botón del panel que anotará el tiempo y la frecuencia de la transmisión, y entonces me arranco el auricular de la oreja. Jadeo como si hubiera corrido un kilómetro y estoy cubierta de sudor frío.
—¿Está todo bien? —me pregunta Sasuke, distraído. Seguro ni siquiera me está mirando.
—Es solo… un dolor de cabeza. Creo que tuve suficiente por hoy —solo necesito alejarme. Alejarme del saber que Lord Unto-no-se-que-cosa está comprando más vírgenes. Más chicas dóciles a las que puede usar y abusar. Más chicas a las que pueden arrancarle los ojos porque son desobedientes como era yo.
No sé qué hacer con esa información. Pienso en decírsela a Narut y a los otros, pero me aterra. ¿Y si van tras él y algo malo pasa? ¿Y si Lord Unto-blabla los mata?
¿Los aprisiona? ¿Los secuestra y me encuentra?
Me marcho del puente, trastabillando hacia el camarote que comparto con Narut. Me golpeo el hombro con una pared, pero no me importa. Solo necesito alejarme. Por primera vez, el silencio del camarote me resulta bienvenido. Será un lugar donde puedo ocultarme, no sentirme atrapada. Golpeo el panel varias veces, temblando violentamente de terror y ansiedad. Recuerdo a los alienígenas que me amarraron, que apuntaron sus cuchillos a mis ojos y se echaron a reír cuando grité de dolor.
—La idea no es nuestra —me dijo uno con una voz fría y burlona. —Son órdenes del Lord.
Para Lord Unto, los humanos no somos gente. Solo somos cosas que pueden ser compradas y amaestradas, como caballos. Quiere un montón de animales dóciles para su establo. Detesto la idea. Debería decirle a los demás, dejarlos que vayan a darle una lección a Lord Unto. Robar el cargamento de chicas.
Pero… ¿y si algo sale mal y termino en su poder? Paso por la puerta del camarote de Narut apenas se abre y me lanzo sobre la cama, cubriéndome con las mantas. Pero todavía no me siento segura. Me froto el muñón del meñique y la cinta que tapa mis ojos. ¿Le estará haciendo esto a alguien más? ¿Lastimándola como a mí porque no importa? ¿Por qué para ellos no soy una persona?
¿Cómo puedo permitir que esto continúe?
Pero… todo está tan bien aquí. Me siento segura por primera vez en años.
Incluso si todavía estoy aprendiendo a ser útil, los otros son amigables y amables. Me agradan Temari e Ino. Podría ser feliz aquí.
Podría ser feliz con Narut. Podría amarlo. Él ve mis partes rotas y no le importan.
Pero ahora que escuché esa transmisión, no voy a poder dejar de pensar en quién más está atrapada con ese monstruo… y en si puedo ser lo suficientemente valiente para pedirle a los otros que las rescaten. O si seré egoísta y no diré nada.
No sé qué hacer.
Continuará...
