Capítulo 24

"Pacto con el Demonio"

Inuyasha vio la tristeza en los ojos de su esposa, él más que nadie sabía que lo que significaba perder a un ser amado, así que sin decir nada, se acercó a ella y la abrazó. Kagome agradeció el gesto, pues lo abrazó con fuerza y lloró sobre su hombro.

No quería preocuparla sobre sus problemas con Sesshomaru, ya tenía mucho con la muerte de Kikyo, así que no comentó nada más.

―Debo ver a mi madre y decírselo

―No te preocupes por eso – comentó Inuyasha – El mismo Sesshomaru fue a infórmale a tu madre y a Miroku

―Pobre de mi madre, no quiero imaginarme como se pondrá

Inuyasha la abrazó aún más fuerte, quería decirle con un solo abrazo que estaba con ella.

―Lo sé – dijo alzando la barbilla de la joven para verla a los ojos – Y estaré contigo en cada momento

Kagome esbozó una sonrisa y recargó su cabeza en su pecho, escuchar y sentir los latidos de su corazón hacían que su dolor se calmara, lo amaba tanto que no podía imaginar una vida sin él, Inuyasha se había convertido algo importante en su vida.

Sesshomaru esperaba en la sala a que Katherine o Miroku hicieran su aparición, estaba tranquilo, la muerte de Kikyo no lo había afectado en nada, de hecho pensaba que era el castigo que ella se merecía por haberlo traicionado, ahora solo faltaba Inuyasha, lo obligaría por todos los medios aceptar el duelo, su honor no iba a quedar desecho por ellos dos. Y una vez que terminara con él, convencería a Kagome de casarse con él.

Su mente ya maquinaba algo, y usaría a la propia madre de Kagome para apartarla de las garras de ese demonio.

Katherine entró a la sala y lo saludó.

―Hijo – lo abrazó – Que gusto verte por aquí ¿cómo está Kikyo?

―De ella es precisamente de quien vengo hablarte

― ¿Y ahora que hizo esa niña testaruda?

Katherine no se imaginaba lo que Sesshomaru estaba a punto de informarle, solo cuando vio en su cara un gran vacío, supo que nada bueno andaba bien.

― ¿Qué…le pasó….a mi hija?

―Es mejor que se siente

El joven Taisho la tomó de los hombros y la dirigió hacía un sofá, dio un suspiro largo y comenzó a relatarle lo sucedido a Kikyo, cada palabra que pronunciaba era una puñalada de dolor para la señora Higurashi, pero para Sesshomaru no existía nada de dolor, todo el amor que una vez sintió por esa mujer, se había convertido en ira, dolor, odio, rencor, esos sentimientos negativos que una persona comienza a experimentar cuando nos destrozan por primera vez el corazón.

Sesshomaru abrazó a la señora Higurashi y susurró unas palabras – Hay algo más de lo que quiero hablar con usted

― ¿De qué se trata?

―Es sobre su hija Kagome y el dominio Blanco

Y aquí venía la primera parte de su venganza, convencer a Katherine de que Inuyasha no era buen esposo y que su hija podría resultar lastimada en las garras de ese demonio, sería completamente fácil.

Para él fue difícil explicarle que Kikyo fue seducida por ese canalla y más si trató de hacerla ver como una víctima, cosa que no era cierto.

―Dios, mi hija – Katherine se llevó la mano al corazón – No puedo creer que Kikyo haya sido seducida por ese….por ese hombre

―Por eso le digo, usted como madre, aconseje a Kagome de alejarse de él

―Hay algo que no entiendo, ¿Por qué Kagome fue capaz de mentir y aceptar ante nosotros que era amante de Inuyasha?

―Para salvarnos a Kikyo y a mí

―Ahora entiendo todo, Kikyo estaba preocupada por lo que pudiera pasar, si tú te hubieras enterado de que él la sedujo, ambos se iban a enfrentar a duelo, seguramente corrió en ayuda de Kagome y ella terminó por sacrificarse

―Así es – confirmó Sesshomaru – Y con su ayuda, aún estamos a tiempo de salvarla

Sesshomaru salió de la casa de los Higurashi, sólo para organizar el funeral de su ex esposa, seguramente Inuyasha estaría ahí acompañando a Kagome, abrazándola en cada momento y eso le helaba la sangre, él no se merecía una mujer tan dulce y cariñosa cómo ella, Kagome era mucho para un don nadie como Inuyasha.

Maldito fuera ese hombre, había puesto sus ojos en dos de las mujeres más bellas, perdonaría que Kikyo lo hubiera traicionado, pero no permitiría que él apartara a Kagome de su vida, ella sería de él, como debió de ser en un principio. Si tan sólo no se hubiera dejado llevar por el capricho que sintió por Kikyo, seguramente él y Kagome estarían casados.

―Te salvaré de ese hombre Kagome – juró –Y serás mía como debió ser en un principio

Más tarde, todo estaba listo, y aunque no había un cuerpo que velar, aun así estaba un féretro en medio de la sala, con flores blancas a los lados. Katherine lloraba amargamente en el hombro de su hijos, perder a un hijo era un dolor inexplicable, se supone que los hijos son los que velan a los padres, no ellos, lo mismo experimentaba cuando su esposo había muerto, dejándola a ella y a sus tres hijos solos.

Sesshomaru estaba en un rincón de la habitación, bebiendo una de whisky, su madre se acercó a él y trató de quitársela, pero él no se lo permitió.

―Déjame – fue lo único que dijo

―Hijo, no deberías tomar – sugirió su madre ― ¿Qué dirán los presentes?

― ¿Te importa lo que digan? – Dijo con ironía – Lo único que pueden decir es que estoy dolido por perder a mi casta, pura e inocente esposa – esas últimas palabras fueron un sarcasmo ― Que de inocente no tuvo nada

A Irasue le asustó la forma de expresarse de su hijo, nunca lo había escuchado hablar así, no era el joven dulce que había visto a menudo, ahora sólo veía en sus ojos rencor y odio, se sentía culpable, ya que ella era parte de su dolor, todo iría mejor si el demonio blanco estuviera muerto, porque por él, su hijo estaba sufriendo y haría lo que fuera por verlo feliz.

― ¿Qué tengo que hacer para que esa sonrisa vuela a tus labios?

Sesshomaru la miró con indiferencia.

―No puedes hacer nada – respondió mientras agitaba el licor

Se llevó la copa a los labios, pero no pudo hacerlo ya que en ese momento vio a Kagome entrar con Inuyasha, la vio abrazar a su madre, aun vestida de negro se veía completamente hermosa.

Katherine tuvo que reunir todas sus fuerzas para darle una cachetada al hombre que estaba con su hija, todo hombre tenía un precio, e Inuyasha seguramente lo tenía, ofrecería todo lo que fuera para que él dejara a su hija.

Inuyasha se sentía incómodo, sentía que todas las miradas se calvaban en él, y dos en especial, las de Sesshomaru e Irasue Taisho, esbozó una media sonrisa e inclinó la cabeza en forma de saludo.

―Kagome, ¿Podrías traerme un vaso de agua? – le preguntó su madre

La joven asintió y fue a la cocina por un vaso de agua acompañada de Miroku.

― ¿Usted quiere decirme algo, no es así? – preguntó Inuyasha adivinando la expresión de Katherine

―Así es – asintió Katherine – Pero este no es el lugar adecuado – se levantó y lo miró – Sígame

Miroku miró a su hermana servir un vaso de agua y no pudo evitar hacerle una pregunta.

― ¿Cómo van las cosas con Inuyasha?

―Bien – Kagome asintió y esbozó una sonrisa feliz – Es un buen hombre, nunca pensé que dé tras de ese hombre duro, frio, existía un hombre tierno y dulce

―Me da gusto por ti, pero si se atreve hacerte daño se la se las verá conmigo

―No hace falta – la joven negó – No es ese tipo de hombres

Katherine guio a Inuyasha hacia el jardín, justamente en el mismo punto donde Kagome y él habían sido descubiertos aquella noche cuando estaba decidido a convencer a Kikyo de que huyeran juntos, esa noche había sido el final de su dolor y el principio de su felicidad.

―Muy bien – dijo cuándo Katherine se dio media vuelta para enfrentarlo ― ¿De qué quiere hablar conmigo?

―Es sobre mi hija Kagome – explicó la señora Higurashi – Ya estoy al tanto de toda la verdad, sé porque Kagome mintió ser su amante

―Ah vaya – Inuyasha esbozó una media sonrisa – Así que se enteró que su hija Kikyo era una perdida

Katherine no se pudo contener y le dio una bofetada a Inuyasha – Cállese, no hable así de ella

― ¿Entonces? ¿Qué es lo que quiere? – preguntó llevándose una mano en la mejilla

―Quiero que se aparte de Kagome, ella es una joven frágil, dulce, no es una de esas mujeres que usted acostumbra tener, además sus mundos son completamente distintos

Inuyasha esbozó una media sonrisa llena de ironía, no sabía bien, pero algo le decía que Sesshomaru tenía algo que ver en todo esto.

― ¿Me está diciendo, qué por ser pobre, no le pudo ofrecer a Kagome la vida que ella se merece?

―Así es, y no voy a bajar los brazos hasta verla apartada de usted

―Pues lo siento, porque no pienso apartarme de ella

― ¿Cuánto quiere por alejarse de ella?

De pronto, el demonio blanco frunció el cejo, ¡¿Es que todo el mundo lo veía como un hombre interesado?! ¿Acaso no podían ver que amaba a Kagome? Que él si le daría todo el amor que ella se merecía.

―Lo siento señora, pero ni una cuantiosa cantidad de monedas de oro, me separan de ella. ¿Por qué no lo pensó antes? Cuando ella mintió ser mi amante, ¿Por qué no se opuso al matrimonio? ¿Por miedo al qué dirán y que el honor de su hija quedara destrozado?

―Porque en ese momento así lo pensé, todo estaba en contra de ella y por si fuera poco, admitió ser su amante ¿Qué quería que hiciera? ¿Quedarme de brazos cruzados?

―Pero así lo hizo, se quedó con los brazos cruzados mientras que Sesshomaru organizaba todo para casarnos

―Aun así, si usted decide permanecer a su lado, ¿Ha pensado en la vida que llevara sus hijos? Una vida llena de miserias, todo el mundo los señalara tanto a ellos como a Kagome, dirán "Ahí van la esposa del demonio blanco junto con sus bastardos"

Aunque le costara admitir, ella tenía razón, pues al no ofrecerles un apellido sus hijos serían bastardos, y no podía permitir que eso les pasara a ellos, la vida de un bastardo era cruel, dura y tanto ellos como Kagome sufrirían.

Inuyasha negó y lanzó un suspiro – Usted sabe pegar en donde más duele

―Solo digo lo que puede pasar en un futuro, si sigue encaprichado en retener a Kagome a su lado

―Muy bien – asintió – Usted gana, me apartare de Kagome en este momento y le prometo que nunca más volveré a verla

―Gracias, Inuyasha

―No me dé las gracias, a usted no le estoy haciendo un favor – pero antes de irse miró a la mujer que tenía en frente de él – Si su hija pregunta por mí, invéntele lo que sea

―Tenga por seguro que así será

Con el corazón destrozado salió de la hacienda de los Taisho, montó uno de los caballos que estaban ahí y salió a todo galope, la madre de Kagome tenía razón, una mujer tan dulce, amorosa, iba ser capaz de amar a un hombre frio, cruel y lleno de odio por la vida, que solo en un principio buscó vengarse de ella por todo lo que le había hecho Kikyo.

Cuando ya estaba más alejado de la hacienda, bajó del caballo y se dejó caer, había sido un completo estúpido por haber soñado tan alto y una vez más, la caída había sido tan dolorosa.

―Kagome…― dijo en un susurro – Perdóname

En una cabaña alejada del pueblo, una mujer curaba a otra joven, tuvo suerte el que ella pasará por esa cabaña y le salvaba la vida.

La joven abrió sus ojos negros y miró a la mujer que la curaba.

― ¿Quién es usted? – dijo alterada ya que aún sentía como si estuviera en medio del fuego

―Tranquila muchacha, estás a salvo – le dijo mientras le daba ofrecía un vaso de agua ― ¿Cuál es tu nombre?

―Kikyo Taisho – respondió con ese tono desafiante