Ain't no other like my baby,
I can break the golden rule

'Cause I get down on my knees,
Oh, I pray that love won't die

And if I always try to please...
I don't know the reason why, yeah

"I'm gonna crawl" (Led Zeppelin)


Sherlock bajó del taxi un par de cuadras antes solo por precaución, si alguien lo había seguido, aprovecharía la caminata hasta la casa del rubio para atacarlo. Por suerte no había sido necesario, llegó sin problemas, excepto por el notable bulto en sus pantalones. Todo el camino en el taxi se había dejado llevar por lo recuerdos de su encuentro improvisado con John en el laboratorio, su memoria almacenaba tan bien sus vivencias que prácticamente tuvo que obligarse a parar con ello porque las ganas de tocarse lo estaban tentando. Ahora, con su condición actual, era claro que escalar la pared de la casa sería jodidamente incómodo, así que simplemente tomó varias piedrecillas del jardín y las empezó a lanzar a la ventana de John.

John abrió sus ojos lentamente mientras sentía su ropa terriblemente apretada por sus movimientos mientras dormía, por eso prefería siempre dormir desnudo. Dirigió su mirada a su reloj, pero antes de enfocar su vista, un sonido, al parecer el mismo que lo despertó, le hizo voltear hacia su ventana. Casi al instante vio algo muy pequeño chocar contra el vidrio. Sonrió divertido, sabía perfectamente quien estaba abajo esperando a que él aparezca.

Sherlock arregló disimuladamente su miembro por encima de su saco mientras esperaba a que el rubio asomara su cabeza por la ventana, si la técnica de las piedrecillas no funcionaba tendría que llamarlo y no quería hacerlo ya que pretendía sorprenderlo, además, lo más probable era que John tuviera apagado el teléfono. Y nuevamente, quería evitar tener que trepar la maldita casa estando en ese estado.

Tomó otra piedrecilla y cuando estuvo a punto de lanzarlo, John apareció para abrir su ventana. Le sonrió divertido cuando sacó la cabeza casi por completo.

— ¿Qué se supone que estás haciendo aquí? — susurró ligeramente alto el rubio

— ¿No es obvio? — Sherlock sonrió

—Pudiste avisarme para encontrarnos, idiota—

—Quiero hacer el amor contigo—

— ¿Qué…? … Baja la voz, te van a escuchar—

Sherlock no pudo evitar reír divertido, John se había ruborizado y podía notarlo desde ahí abajo.

—Abre la puerta, John, hace frío—

El rubio rogó en secreto que ningún vecino esté presenciando la escena "a lo princesa" que pasaba con Sherlock, especialmente con lo poco que le importaba al rizado el ser tan sincero… o descarado. Cerró la ventana y sacó las llaves de su mochila, la puerta de su habitación era jodidamente ruidosa, por lo que tuvo que tomarse su tiempo para abrirla.

Al salir, aprovechó el piso alfombrado para apresurarse a bajar las escaleras de dos en dos sin hacer ruido, su corazón latía rápidamente expectante por lo que sabía que ocurriría esa noche. Aunque esa sería la primera vez que estaría con un chico, John realmente no se sentía nervioso, por el contrario, no veía el momento de tener a Sherlock enredado con él entre las sábanas.

Sherlock tiró el resto de piedrecillas y sacudió sus manos, saltó la pequeña reja y caminó hasta la puerta, se sentía muy ansioso, estaba seguro que apenas esa puerta sea abierta se encargaría de devorar los labios de John enseguida. Así que, luego de casi un largo minuto, la puerta empezó a sonar, seguro tras seguro eran abiertas hasta que finalmente la figura de su amante apareció frente a él.

—Hey— saludó John —Pasa, no hagas ruido—

Sherlock no respondió, al menos no con palabras, ya que se acercó a John y lo besó como si no lo hubiese visto en años. Lo tomó de la cintura para acercarlo a su cuerpo y restregar sin descaro su miembro contra la pierna del mismo.

—Joder, Sherlock, ¿hace cuánto que estás duro? — susurró divertido contra sus labios

—Muero por estar contigo, John Watson— susurró

—Primero déjame cerrar la puerta— John lo alejó

Sherlock tomó aire y asintió con la cabeza, John se apresuró a cerrar la puerta para luego echar llave tratando de hacer el menor ruido posible. El rizado observó la casa rápidamente, sabía bien cómo era, así que no esperó a John y subió las escaleras en silencio directo a la habitación del rubio.

Decir que estaba desesperado no sería exagerar, ya que, apenas entró, dejó caer su mochila para luego quitarse su ropa rápidamente quedándose solo en ropa interior y colocó dos almohadas detrás de la cabecera de la cama para asegurarse de que nadie más en esa casa sepa de lo que estaba por pasar. Tomó su mochila y sacó de ella los condones y el lubricante para colocarlos encima de mesita de noche, al lado de la pequeña lámpara.

John se había concentrado tanto en la puerta por unos segundos, que se sorprendió al no encontrar a Sherlock cuando volteó, lo llamó susurrando, pero no recibió respuesta. Subió las escaleras y al entrar a su habitación, Sherlock estaba ya dentro de su cama. Las almohadas en la cabecera llamaron su atención provocándole una divertida sonrisa.

—Aconsejaría que también aseguraras esa puerta— dijo Sherlock

El rubio hizo caso y cerró la puerta muy despacio para evitar el ruido, y le echó llave. Ahora sí había llegado la hora.

—Mierda, Sherlock, no sabes las ganas que te tengo—

John se subió a su cama acechando al rizado con la mirada hasta quedar a centímetros del rostro de su amante.

—Demuéstramelo— retó Sherlock

Eso había sido suficiente para que John decida estar a la par con Sherlock, se quitó la camisa rápidamente y luego dejó que el rizado se ocupara del pantalón acercándose a él para que no se levantara. El susodicho aprovechaba a acariciar y besar encima de la ropa interior mientras bajaba la prenda más grande poco a poco.

—Ah… Sherlock, espera… Sherlock, no tengo…—

Sherlock señaló la mesita de noche sin dejar su tarea.

John vio los paquetes de condones y se sorprendió un poco al darse cuenta de que, en realidad, sabía muy bien qué hacer con el lubricante. Nunca lo había intentado, es decir, todos sus encuentros sexuales habían sido con chicas y nunca había sido necesario ese producto, pero sería mentir decir que la idea no lo excitaba

Acarició el cabello de Sherlock con delicadeza viendo el empeño que le daba Sherlock a esos masajes con los labios en su entrepierna, y eso que apenas empezaba ya que el chico aún se resistía a quitarle la ropa interior, tal vez eso era para torturarlo por un rato.

Sherlock finalmente se arrodilló al igual que John y lo miró con lujuria por unos segundos mientras acariciaba el pecho del rubio, sonrió de manera seductora cuando vio a John morderse el labio, de la misma manera en que lo hace cualquiera cuando ve comida mientras está malditamente hambriento.

— ¿Quieres probar ser bottom? — preguntó Sherlock

Bueno, esa interrogante curiosamente no había llegado a la mente de John hasta que el rizado lo preguntó. El rubio estuvo un poco inseguro de ser completamente sincero con él, ya que, definitivamente, prefería ser el activo, lo demás no sabía si se atrevería, al menos no esa noche.

—Sherlock, yo… —

—Quiero que te sientas cómodo en nuestra primera vez— interrumpió —Puedo ser pasivo toda la noche si así lo quieres—

John tampoco estaba seguro de que la idea le gustara del todo, ya que dejaba prever que, en algún momento, los papeles se intercambiarían; sin embargo, los besos de Sherlock en su cuello se encargaron de hacerle olvidar ese intimidante detalle.

— ¡Sher-… lock! joder… ¿Cómo puedes ser tan Bueno? — dijo John entre jadeos mientras Sherlock daba suaves lamidas

—Es justo lo que me provocas, John Watson—

— ¿Acaso quieres que te haga el amor tan duro, que se vuelva tu nueva adicción? —

John reía intentando encarar a Sherlock, sabía que era un tema delicado entre ellos todavía, pero pensaba que, si trataba de normalizarlo, quizá dejaría de ser un tema tan sensible. Así que, dándole un poco de espacio, desvió la mirada cerrando los ojos con suavidad.

—Mm… ¿tal vez? — contestó Sherlock, ocultando su brazo tímidamente por los pequeños hematomas en donde la aguja había pasado tantas veces

Aun le avergonzaba parecer tan débil ante John, realmente lo odiaba; sin embargo, eso no lo detuvo ni un segundo, pues con más ímpetu se entregaba a la tarea de complacer a John Watson… su ya pronto John Watson.

Desviando la atención de esa broma, Sherlock recostó suavemente al rubio y se acomodó de lado con él. Pasó suavemente sus manos sobre el pecho de su amante, sentía que realmente quería todo de él y grabar en su memoria cada uno de esos rincones, así que, con lentitud, empezó a bajar por todo el cuerpo de John mientras dejaba un brillante rastro de saliva donde tiernamente depositaba besos. Ver a John se retorcerse suavemente hizo que Sherlock sintiera que, con cada beso, le podía demostrar cuánto lo amaba.

—Maldita sea… —

Decía John mientras tomaba un poco el rostro de Sherlock y lo subía para ver esos ojos… esos ojos penetrantes y seductores que para él eran como un universo o un mar muy profundo.

Cada vez caía más en cuenta lo fácil que era perderse en Sherlock Holmes.

Sherlock depositó un cálido beso en la mano de John y continuó bajando por su abdomen hasta que llegó al borde de su ropa interior, la cual todavía se negaba a deshacerse. Podía ver que John estaba impaciente, pues al menor suspiro cerca de su intimidad, el corazón del chico latía como demente. Decidido a no hacerlo esperar más, jaló con delicadeza la prenda y comenzó a dar suaves lamidas.

Sherlock se tomó su tiempo y comenzó con lentitud. Era la primera vez que daba un oral, por lo que su teoría (y algunos recuerdos) eran su aliado en esos momentos. Para su deleite, al ver las expresiones de John, podía dar fe de que sus caricias se dirigían hacia la dirección correcta.

Luego de jugar por un rato, Sherlock introdujo lentamente el miembro de John en su boca. Ante eso, el rubio no pudo evitar dar un fuerte e inesperado gemido.

—¡Shh! ¡John! ¿Acaso quieres despertar a alguien? — recriminó Sherlock

—Agh… ¿te refieres a los vecinos también? — respondió John mientras jadeaba

—O a cualquier persona a dos cuadras a la redonda ¿sabes? No sería agradable que me encuentren con esto en la boca— dijo señalando el miembro mientras se reía

Antes de que el rubio replicara, Sherlock continuó su trabajo dando pequeñas y suaves mordidas al miembro, después volvía a las tiernas lamidas. Lo hacía una y otra vez mientras John luchaba por no hacer ruido, lo cual era prácticamente imposible, así que optó por cubrir su boca.

—No, John, no hagas eso. Adoro escucharte, sólo que… un volumen más bajo sería pertinente—

Sherlock siguió con su labor, adoraba escuchar los gemidos de John, tanto que podría describirlo como la música perfecta para sus oídos. Se aseguraría de guardar muy bien esos sonidos en su palacio mental.

El rizado siguió hasta que sintió a John temblar, algo que no entendió del todo hasta que el rubio lo tomó el rostro obligándolo a encararlo.

—Así no, aun no, Sherlock… —

El rubio lo tomó de la cintura y lo colocó en la cama, se entrelazaron y luego comenzaron a besarse con desenfreno. Sherlock sentía la lengua de John invadir su boca, se sentía cálido y húmedo, pero jodidamente bien, además de que iba subiendo cada vez más de intensidad. Entonces, sin previo aviso, John lo tomó de la barbilla, giró su rostro y comenzó a morder suavemente su cuello.

Ante la sorpresa, John vio cómo Sherlock se sonrojaba bastante y comenzaba a gemir más fuerte. Acababa de descubrir uno de los puntos débiles de Sherlock.

—Creí que habías dicho que no querías alertar a la gente... deberías guardar silencio ¿no lo crees? —

John le dedicó una de esas miradas descaradas que Sherlock sintió adorar, así que, cuando cayó en cuenta que al menos esa noche no podría convencerlo de ser bottom, supo que había sido la mejor decisión de su vida.

El rubio siguió con su labor besando el cuello de Sherlock, pero ahora su mano se escurría por encima de la ropa interior de este, para así comenzar a acariciar aquella creciente erección. Sherlock no pudo evitar gemir aún más, si seguía así, estaba seguro que los descubrirían. Morderse el labio para tratar de callarse fue lo único que atinó a hacer.

Con lentitud, John volvió a los labios de Sherlock para luego finalmente mirarlo a los ojos…

—Ven aquí, quiero verte desnudo—

Sherlock sintió cómo sus mejillas volvieron a tornarse rojas, aún tenía cierta incomodidad por las marcas de su adicción, es decir, la mayor parte del tiempo no le importaba que los demás se fijaran en su apariencia, pero John estaba ahondando en zonas en las que jamás había dejado entrar a alguien, ¿y cómo no? en realidad estaba irremediablemente enamorado de él.

—No pretenderás encender la luz—

John vio a Sherlock bajar el rostro con cierta vergüenza, pero conservando una mueca de desdén, lo podía notar en la poca luz que entraba de la ventana.

No sabía cómo era posible que el hombre más narcisista orgulloso y pedante que conocía, lograra sentir una pequeña pizca de pudor cuando por mucho tiempo creyó que no lo tenía, sobre todo cuando al inicio de la noche lo encontró semi desnudo en su cama luego de subir las escaleras.

Se sorprendió al darse cuenta que Sherlock siempre le podía mostrar facetas que jamás hubiera creído que tenía. Que se los mostrara solo a él y a nadie más, lo hacía sentirse especial.

—Podríamos dejar encendida la lámpara de noche. Vamos, quiero verte— dijo John mientras su mano se estiraba al interruptor de la lámpara, mostrando una tenue luz naranja inundar suavemente la habitación.

Sherlock se levantó con calma y al pie de la cama se deshizo de sus calzoncillos hasta quedarse totalmente desnudo. Sherlock parecía una escultura expuesta al escrutinio de las miradas de cientos de espectadores en un museo concurrido, pero aun así, sus ojos se revelaban con una mirada penetrante.

John sonrió ampliamente al observarlo de pies a cabeza.

—Eres perfecto, Sherlock—

Dijo John mientras alargaba su mano hacia el lubricante, aprovechando que Sherlock se había arrodillado para tomar sus calzoncillos y lanzárselos en forma de burla hacia su rostro.

—Cállate, Watson—

Sherlock sonrió y con rostro altivo soltó una pequeña risa. Luego, con lentitud y sin apartar la vista de John, se acercó a él lentamente hasta dejar que el chico se acomodara encima de su cuerpo. Pudo ver cómo John bajaba hacia su miembro para introducirlo en su boca.

Ante esa acción Sherlock no pudo evitar gemir tan fuerte que enseguida, como un acto reflejo, tapó su boca a modo de disculpa. John lo miró a los ojos y vio en ella la mueca más sensual y vulnerable que había visto en su vida.

—No sabes las ganas que tenía de hacerte esto. Es la primera vez que me quiero meter un pito a la boca—

John continuó su labor bajando con lentitud su lengua desde la punta hasta la base del miembro de Sherlock, rozaba las partes sensibles con los labios como si de un beso se tratara, pues parecía que hasta el sonido de aquella acción lo ponía aún más excitado. John probablemente estaba incluso más excitado que el mismo Sherlock, ya que realmente disfrutaba observarlo, esa piel pálida y ligeramente rosada se le hacía apetecible a la vista.

En el ínterin, John aprovechó lo poseído que Sherlock estaba con sus caricias para así, con sus manos, abrir el lubricante. Mojó sus dedos índice y corazón con una cantidad generosa y los acercó lentamente acariciando la entrada de su amante.

— ¿No te molesta? — preguntó John creyendo que hubiera sido prudente preguntar si podía hacer aquel último movimiento

—Llevo esperando a que lo hagas desde el momento en el que entré por esa puerta, idiota— dijo Sherlock

Entonces John comenzó a introducir lentamente uno de sus dedos, trataba de darle tiempo a Sherlock para acostumbrarse y así, mientras tenía aun su miembro en la boca, comenzó a mover su dedo de adentro hacia afuera. Es cierto que no tenía experiencia con chicos, pero sabía perfectamente qué debía cuidar del rizado. No quería ser rudo, al menos no por el momento.

Después de que John sintió que el cuerpo de Sherlock se relajó un poco más, intentó introducir un segundo dedo con la misma lentitud que introdujo el primero.

— ¡Ah!… espera, John… aún no… — dijo Sherlock mientras lo miraba a los ojos

Entendiendo a lo que se refería, John sacó el miembro de su boca para darle espacio a no tener tantas sensaciones al mismo tiempo. Así fue que se dedicó de lleno a introducir sus dedos cada vez más rápido, hasta que finalmente los hundió un poco más de la cuenta. Ante eso, Sherlock arqueó su espalda y trató de ahogar un gemido.

John había golpeado su próstata.

—Ngh… John… no podré resistir mucho— dijo Sherlock mientras un pequeño hilo de saliva le salía de la comisura de su boca

John entonces se levantó y abrió uno de los condones, sus manos temblaban al abrir el envoltorio, lo que significaba que tenía una mezcla de nerviosismo y excitación envolviendo su cuerpo. Tomó suavemente el preservativo y lo colocó sobre su miembro.

De forma rápida le dio un beso suave a Sherlock y le susurró al oído:

—Seré gentil contigo, lo prometo—

Sherlock simplemente asintió y sonrió mirándolo con la misma lujuria que de seguro él también mostraba en su mirada.

En seguida John se colocó frente a Sherlock quien instintivamente abrió sus piernas. John tomó su miembro y, con suavidad, se introdujo. Era estrecho y sentía cierta dificultad para seguir entrando; sin embargo, con un poco paciencia (toda la que pudo) logró estar totalmente dentro.

Aunque tenía unas tremendas ganas de embestir, se aseguraba de que Sherlock no la estuviera pasando mal.

—Solo hazlo lento por ahora— susurró Sherlock

John salió y entró lentamente un par de veces hasta que finalmente no pudo más, tomó las piernas de Sherlock y como si fuese impulsado por el placer, lo hundió lo más profundo que le permitía su cuerpo. El rizado tuvo que reprimir lo que hubiera sido un fuerte gemido, pues su próstata había sido golpeada con tanta fuerza que sintió cómo una corriente eléctrica recorría todo su miembro.

—Maldita sea, John… hazlo de nuevo, por favor— suplicó Sherlock entre gemidos, lo más bajo que podía

John no pudo hacer más que complacerlo, además la sensación era embriagante, la estrechez del rizado lo volvía loco, por lo que de nuevo tomó sus piernas y se hundió una vez más tocando el punto que lo enloquecía. Aunque quisiera, ya no podía parar, a pesar de haber tenido sexo con otras chicas muchas veces, no se podía comparar en nada.

John adoraba la sensación que Sherlock le provocaba, el placer entraba de fondo y salía completamente para sentir el temblor de la piel del rizado cada vez que se introducía. Pronto se sintió adicto a la sensación de ser rodeado por Sherlock de tal manera que apenas salía de él, sentía la necesidad de volver a entrar con fuerza.

Sherlock gemía y de vez en cuando decía el nombre del rubio entre suspiros, mientras que pasaba sus manos por el cuerpo de John, deteniéndose en sus pezones, algo que a John parecía complacerle.

El rizado había hecho un buen trabajo tratando de amortiguar sus propios gemidos, aunque la mayoría de ellos eran cuidadosamente callados por los besos de su amante, pues ambos sabían que debían guardar el mayor silencio posible. Sin embargo, cuando el rubio tomó su miembro y comenzó a tocarlo, se sintió totalmente abrumado, pronto no podría aguantar más y John, adivinando eso, le dio la vuelta quedándose boca abajo. De esa manera, John podía sujetarlo de la cintura y profundizar más el gesto. Así es como comenzó a dar estocadas más fuertes y profundas.

La cama bien podría estar golpeando la pared al ritmo de los movimientos de John, pero afortunadamente, las almohadas parecían hacer un excelente trabajo.

— ¡Agh!… John, más, más rápido… John… — susurró

—Dios, Sherlock… eres maravilloso, magnífico… — dijo John mientras seguía tocando el miembro de Sherlock al compás de sus estocadas

—Mierda, ¡John!... No pares ... estoy tan cerca... John... ¡Agh! Voy a... ¡Ahhh! — Sherlock hundió su rostro en la almohada

Al mismo tiempo, John ahogó en la espalda de Sherlock, lo que habría sido un gemido grave y ronco mientras terminaba todavía dentro de él y este en su mano e irremediablemente en las sabanas, que de por sí, ya estaban empapadas de algo de sudor. John continuaba sintiendo los espasmos post orgásmicos del rizado, por lo que entró y salió un par de veces más mientras Sherlock se derramaba en su mano.

Al terminar, ambos jadeaban rápidamente tratando de incorporarse. John sacó un pañuelo de su mesa de noche para limpiarse los residuos había quedado en su mano derecha. Pensó que, para fortuna de ambos, el condón había minimizado el rastro de fluidos en la cama, pues no quería que su madre, al lavar las sabanas, se encontrara con una situación demasiado penosa.

John se quitó el preservativo, le hizo un nudo y lo arrojó al cesto de basura al igual que los demás pañuelos con los que limpió cariñosamente a Sherlock. De pronto, sin que se diera cuenta de cuándo, vio al rizado totalmente dormido. ¿Cómo era posible? Tan solo había sido unos pocos minutos los que había demorado en limpiar el desastre y Sherlock ya descansaba exhausto.

John se tumbó a su lado dándole un suave beso en la frente y luego de unos pocos minutos, finalmente, él también se quedó dormido.


John se despertó primero, abrió los ojos poco a poco recordando la increíble noche que había pasado haciendo que una sonrisa se dibujara en su rostro, especialmente por los recuerdos de cómo callaba los gemidos de Sherlock con apasionantes y profundos besos. Luego de un par de segundos, fue consciente de algo que rodeaba su cuerpo, alzó la sábana y vio a Sherlock abrazándolo, usando su estómago como apoyo para su cabeza y con una pierna enredada en las suyas.

—Sherlock— susurró mientras acariciaba esos suaves rizos —Sherlock, despierta—

Unos gruñidos salieron de la garganta del rizado mientras que este luchaba por abrir sus ojos, aunque el sueño le ganase.

— ¿John? —

—Oye—

Sherlock hizo su cabeza hacia arriba para encontrar el rostro de John, joder, no había visto algo más bello en toda su jodida vida, excepto claro, eso que el rubio traía entre sus piernas y habían hecho brillar sus ojos anoche, pero prefería quedarse con ese detalle con él por el momento.

—Hola— saludó Sherlock con una sonrisa

—Ven aquí—

El rizado hizo caso, obligó a su cuerpo a moverse para terminar en los brazos de John Watson, recibió un amoroso beso en la frente antes de rodear el cuerpo del chico con su brazo izquierdo y sentir el ligero olor a sudor de su piel.

—Lo de anoche fue… increíble—

John sonrió ante su propio comentario, Sherlock había sido jodidamente espectacular, como si ya conociera de antemano dónde tocarlo y cómo, le había hecho ver las estrellas y todo el jodido universo en una noche.

—Lo sé—

Sherlock acariciaba suavemente con su pulgar el pezón de John y se dio cuenta de que le hubiera gustado darles más atención a ellos la noche anterior.

—No sé qué hiciste, pero… mierda, en serio, no sé cómo pude evitar venirme tan rápido—

John traía los ojos cerrados, sentía la tierna caricia del pulgar de Sherlock mientras que él le devolvía el detalle enredando sus dedos en los suaves rizos de su… ¿novio? Fue ahí que John recordó que no había dicho nada sobre su promesa.

—Sherlock— abrió los ojos y buscó los de Sherlock, los encontró cerrados —Ayer lo hice—

—Por supuesto que lo hiciste, estamos desnudos encima de mis fluidos seminales—

El rubio parpadeó un par de veces siendo consciente de la información extra que el rizado había mencionado. Hubiera preferido darse cuenta después…

—No, yo me refiero a lo de Mary—

Sherlock abrió los ojos de inmediato y lo miró —Oh, entonces… entonces ¿ya podemos ser novios? —

John sonrió al escuchar aquella tierna pregunta. Novios. Sherlock Holmes, novio de John Watson.

—Sí, exacto— sonrió divertido el rubio —Ya podemos ser novios—

La amplia sonrisa de Sherlock fue como ver el amanecer de verano por primera vez y sentir como su alma era conmovida por uno de los espectáculos naturales más hermosos que existe.

— ¿Quieres ser mi novio, Sherlock Holmes? —

El rizado sonrió más si era posible y lo besó mientras acomodaba su cuerpo encima de su ahora novio.

—Te he dado el culo toda la noche, por supuesto que sí, idiota—

—Joder, justo cuando creía que no podrías ser más romántico— John rió divertido

Sherlock volvió su beso más apasionado mientras restregaba descaradamente su trasero contra la virilidad de su ahora pareja. Sonaba estúpido, pero saber que John ya le pertenecía "oficialmente", hacía que se excitara aún más. Sintió las manos de John tomarlo de la cintura para marcarle un ritmo, uno lento y suave, como provocándolo poco a poco. Sherlock prefería un ritmo más rápido, más errático, a Sherlock realmente le gustaba algo más fuerte, pero si John quisiera incluso solo besos durante horas, el rizado lo haría sin quejarse.

—Ah... Sherlock, mierda, me vuelves loco— susurró el rubio mientras hacía su cabeza hacia atrás sintiendo su miembro responder ante los constantes roces —mierda, Sherlock… —

Sherlock se esmeraba en dejar marcas con cada beso que daba y esta vez procuró darle la atención que merecían los pezones de su novio. Acariciaba, besaba, mordía, quería hacerlo todo desesperadamente mientras intentaba controlar sus ganas de embestir a John hasta romper la cama, porque sí, toda la noche había tenido que aguantarse las ganas de pedirle a John que considerara intercambiar papeles.

Se acomodó moviendo su cuerpo unos centímetros más abajo, para luego tomar ambos miembros para estimularlos personalmente, provocándole un gruñido de placer al rubio. Las manos de John apretaban ligeramente las piernas de Sherlock y jadeaba lo más bajo que podía, el ritmo que llevaba su novio era algo rápido y era difícil controlarse de esa manera.

—Sherlock… más despacio que me voy a venir rápido— dijo al levantar la cabeza para ver lo que hacía el rizado ahí abajo

—John… — susurró Sherlock al oído del rubio mientras continuaba estimulándolos —tengo ganas de… —

Unos golpes en la puerta alertaron a ambos haciendo que saltaran del susto. La voz de la madre de John se escuchó pidiendo entrar a la habitación luego de no poder ingresar, ya que la puerta se encontraba con el seguro.

—Mierda—

Dijo John mientras Sherlock se daba vuelta para bajarse de la cama, debía cambiarse rápido por si la madre de John lograba entrar de alguna manera.

— ¿Madre? — preguntó John imitando su voz de recién levantado

—John, sabes que no me gusta que cierren las puertas. Abre, por favor—

Sherlock susurró un rotundo no mientras acomodaba su erección en su ropa interior. John por un segundo consideró en ayudar con esa tarea.

—Madre, sabes que duermo desnudo. Ahora bajo ¿de acuerdo? —

— ¿No estás con ropa interior? — eso había sonado como a reproche

Sherlock rodó los ojos mientras ahora subía la bragueta de su pantalón, no conocía a la madre de John y ya la consideraba increíblemente fastidiosa.

— ¡Madre, por favor! —

John se levantó de la cama y empezó a buscar su desaparecida ropa interior.

—De acuerdo— cedió la señora Watson —Lava esas sábanas antes de que yo lo tenga que hacer—

Esta vez, su madre simplemente quería avergonzarlo y realmente lo había logrado, John miró las sábanas y claramente, todo eso, era demasiado para ser sólo de él.

—Se te hará tarde, te serviré el desayuno—

Dicho eso, ambos finalmente escucharon los pasos alejarse hasta finalmente bajar las escaleras.

—Mierda, John, tu madre es insufrible— Sherlock ya se colocaba su saco

—Bueno, ella suele despertarme cuando no lo hago yo solo—

John optó por sacar una ropa interior del cajón.

— ¿Puedo quedármelo de recuerdo? —

El rubio volteó curioso, Sherlock sostenía la ropa interior que había estado buscando.

—Oye, dame eso—

Sherlock levantó su mano aprovechando su altura, John tapaba su erección con su mano y, si Sherlock quería ser sincero, realmente le parecía muy divertido ver a John con ese pudor cuando habían hecho de todo, horas atrás.

—Primero que todo, deja de taparte, ayer tuve todo eso en mi boca—

— ¿Estás bromeando conmigo? — John lo mira serio

— ¿Lo puedo tener en mi boca otra vez? —

— ¿Qué? — bueno, esa propuesta había sonado bastante interesante, debía admitirlo —Sherlock, no tengo mucho tiempo—

Sherlock hizo un puchero con los labios, bajó la mano y devolvió la ropa interior. Observó el miembro de John mientras este se colocaba la prenda y entonces Sherlock pudo entender del todo porqué había sido algo dificultoso dejar que John entrara en él la noche anterior.

—Tendré que bajar desde tu ventana— comentó

—Lo siento, Sherlock— John se colocaba su pantalón —Tal vez, la próxima vez no seas tan idiota y planeamos mejor esto—

John se acercó a su novio jalándolo del pantalón bruscamente para atraerlo a él y así darle un rápido beso.

—Te tomaré la palabra, John Watson— sonrió Sherlock

El rizado tomó su mochila y se la puso para descender sin problema, abrió la ventana y lo primero que notó fue el clima frío de la mañana que lo golpeó en la cara. En un par de movimientos, Sherlock ya tenía medio cuerpo descendiendo de la ventana.

— ¿Te veré hoy en la universidad o aún estás en la investigación? —

Sherlock debía admitir que era estúpido por parte de John preguntarle eso mientras estaba a varios metros del suelo, pero prefirió no decir nada.

—Ya terminé la investigación. Mi clase empieza a las dos de la tarde—

— ¿En serio? ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Quién es el asesino? — preguntó alarmado el rubio

El rizado suspiró, tal vez no debería quedarse con esa queja para sí solo —John, estoy colgando de tu ventana, ¿podríamos hablar de eso cuando nos volvamos a ver? —

—Oh, lo siento. De acuerdo— John le dio un fugaz beso en los labios —Te veo allá—

—Te amo—

John lo quedó mirando claramente sorprendido por lo que acababa de escuchar. Sherlock parecía haberlo dicho como quien dice un simple "te veo luego", como si lo hubiese dicho miles de veces antes, por lo que John no supo si el rizado realmente lo había dicho sin importarle realmente el peso que tenía su significado o porque simplemente lo sentía y se había sentido cómodo de decirlo en esos momentos.

Tal vez John era un chico a la antigua, pero para él, un "te amo" solo se reservaba para quien se lo merecía, para aquella persona que realmente tenía su corazón. Sherlock era dueño de su corazón, no importaba que tan rápido habían ocurrido las cosas, su corazón ya estaba con él y, si no fuera porque el rizado ya iba a medio camino, John le hubiese respondido con un "también te amo".

Sherlock se dejó caer cuando consideró que la altura sería aceptable para aterrizar de manera segura, asomó su cabeza con cautela para asegurarse que nadie en la sala esté mirando por la ventana y luego caminó rápidamente por el pequeño jardín y saltó la reja. John aún lo veía desde la ventana con una sonrisa, Sherlock le dedicó una mirada para finalmente irse.

Hacía frío esa mañana, y el cielo amenazaba con llover en cualquier momento, el invierno se volvía cada vez más agresivo debido a que los últimos meses del año se acercaban. A Sherlock jamás le había importado hacer planes para Navidad; sin embargo, camino a la avenida, no pudo evitar planear algo al lado de John para esa época, tal vez llevarlo a un pequeño viaje de fin de año a su lado. Esa idea lo hizo sonreír todo el camino a casa.

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La sexy y hermosa escena de amor entre Sherlock y John fue enteramente escrita por la hermosa D. Holmes Sociopath. Esta es una de dos colaboraciones suyas para este fic.

¡Gracias, linda!
Love you, girl :)