Disclaimer: Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer y esta trama a content1. Yo solo traduzco con su autorización.
Capítulo dieciocho
BPOV
—Suelta los bolsos y corre. —La voz de Edward era áspera mientras tomaba la urna de mis manos.
Hice exactamente eso, sin saber por qué, hasta que escuché un gran estruendo y los escombros comenzaron a caer sobre nosotros. ¡Oh, diablos!
Edward hizo todo lo posible para encender la linterna delante de mí, pero aun así tropecé cuando cayó tierra por las grietas del techo y cayeron rocas a nuestro alrededor. Afortunadamente, el túnel aguantaba, porque de solo imaginar ser enterrada viva me hicieron querer caer de rodillas y sollozar.
Corrí hacia la cueva mientras el sonido de un fuerte estallido resonaba en el túnel detrás de nosotros. Edward me agarró del brazo, impulsándome hacia el otro lado de la cueva, lejos del camino por el que habíamos venido. Se paró frente a mí, tratando de protegerme cuando unos segundos después, una nube de tierra y polvo entró a la habitación, arrojando escombros por varios metros. Como si eso no fuera suficiente para recordarme del peligro en el que estábamos, sentí contra el rostro el frío metal de las armas que Edward llevaba en la espalda.
—Intentaron matarnos. —Mi voz era vacía cuando me ubiqué a su lado.
Edward permaneció en silencio, y levanté los ojos para encontrarlo fulminando con la mirada el túnel por el que habíamos pasado.
—¿Cómo sabían dónde estábamos para detonar una bomba? —pregunté.
—No creo que lo hicieran. Fue demasiado rápido.
—¿Entonces? —Mi voz era histérica.
—RPG. —Se movió ligeramente a mi lado—. Una granada propulsada por cohete —aclaró lo que significaban las iniciales—. O un misil. Vinieron a matarte, no a recuperarte.
—Oh, por Dios. Tu hermana, tus padres, mi papá... todos.
En la penumbra, el rostro de Edward parecía tallado en piedra.
—Tuvieron que cruzar los acantilados, lo que significa que estaban evitando nuestro puesto de observación. Jack dijo que solo había cuatro. Mi papá, el tuyo, Jasper y Seth los eliminarán. Alice es tan letal con un arma como Jasper.
—¿Y si hubiera más? —No pude evitar el temblor en mi voz—. Y si…
Me tomó en sus brazos y lo abracé, pero la sensación de algo cálido y húmedo en su espalda me hizo chillar.
—¡Estás herido de nuevo!
Él se encogió de hombros.
—Una piedra me golpeó en la espalda. Es sólo un rasguño.
—Necesito mirarlo.
—En un momento. Primero encendamos el fuego. No quiero desperdiciar las baterías.
—Está bien —dije, tratando de apartarme, pero mis piernas cedieron.
—Bella, siéntate y deja…
—¡No! Puedo con esto. —Al contrario de todo el llanto que había estado haciendo durante las últimas semanas, era fuerte. Y si había un momento para demostrarlo, era ahora, porque estábamos jodidos. No me soltó hasta que estuve firme sobre mis pies.
Había una pequeña pila de leña a lo largo de la pared, recogió varias piezas y las llevó al pozo. En un minuto, un pequeño fuego quemaba las astillas que había usado y juntó los trozos de madera sobre las llamas.
—Boy Scout —respondió al ver mi ceja levantada—. Y mucho camping en familia. —Sonrió suavemente—. Déjame agregar más madera para mantener el fuego, y luego iremos a ver los suministros de los que nos habló Jack.
Escuchar el nombre de Jack formó lágrimas en mis ojos, pero me negaba a parar. Necesitaba mirar la espalda de Edward, y esperaba encontrar un botiquín de primeros auxilios entre los suministros. Siguiendo a Edward por el túnel, jadeé cuando una fila de estantes apareció en la penumbra. El agua fue primero, botellas para beber, y las más grandes que podrían usarse para rellenar. Había varias filas de velas y recipientes de plástico con paquetes de frutas secas, nueces y alimentos liofilizados. Las latas de sopas estaban apiladas ordenadamente a un lado. Mi estómago gruñó al recordar el guiso que había dejado en la estufa. Siguiendo hacia adelante, había pilas de bolsas a las que parecía haberles quitado el aire. No hubiera sabido lo que había en ellos si no fuera por las etiquetas. Camisetas/Pantalones Mujer S, decía la de arriba. La estaban apiladas en ordenadas filas con la ropa de hombre debajo. Las bolsas Ziploc contenían jabón y botellas de champú probablemente.
—Esta tiene que ser la primera estación —dijo Edward crípticamente.
—¿Eh?
Se dio vuelta, notando mi confusión. Acercándose para tomar mi mano, le dio un suave apretón. El contacto ayudó bastante a calmar mis nervios.
—Jack dijo que había suficientes suministros para un año. También indicó que las armas estaban aquí abajo. Necesito obtener más armas y traer algo de madera. Apuesto que el resto de la comida y las cosas están más al fondo del túnel en capsulas.
—Como dijo, lejos del fuego —recordé.
Edward asintió.
—¿Quieres quedarte aquí?
—¡No! —Apreté mi agarre al punto que debía haber sido doloroso.
Avanzó sin responder a mi patética súplica. Pasamos más suministros con leña apilada entre ellos. Apenas nos dejaba espacio para pasar, y me puse más nerviosa a medida que nos alejábamos del cuarto principal. Las provisiones deberían haberme hecho sentir mejor, pero quería que volviéramos a la zona abierta.
Solté un suspiro de alivio cuando Edward susurró:
—Al fin.
No vi nada terriblemente importante en las cajas, hasta que vi pilas y pilas de cajas de plástico negro. Pistolas... noté cuando Edward abrió una y sacó un rifle.
—Bella, ¿alguna vez has disparado un arma? —preguntó, inclinando la cabeza sobre el estuche.
—Sí.
Levantando la cabeza para mirarme, sonrió ante mi expresión.
—¿En serio?
—Soy bastante buena con una pistola. Mi papá se aseguró de eso. —Tuve que tragar con fuerza para hacer que el nudo en mi garganta bajara.
Miró a nuestros dedos aún enlazados y dijo:
—¿9 mm?
¿Cómo lo supo? Mis ojos deben haber sido tan grandes como platillos.
—Tienes manos pequeñas. Estaba pensando que tu papá querría que estuvieras familiarizada con el arma de fuego más fuerte que pudieras manejar —respondió a mi pregunta, deslizando una en mi mano al mismo tiempo.
Bajando la mirada, vi que era una Beretta. Debería haberme puesto nerviosa, pero el peso familiar calmó mis nervios. Yo era buena con esta pistola... cuando estaba disparando a los blancos. ¿Podría dispararle a alguien? Mirando las manchas de sangre y suciedad en la espalda de Edward, me di cuenta de que podía y lo haría, si nos amenazaban. Metiendo la pistola en la parte trasera de mis jeans, extendí mi mano en busca de munición.
—Agarra la carretilla. La usaremos para abastecernos —dijo Edward, asintiendo hacia la derecha y encendiendo la linterna en la dirección para iluminar una cosa de aspecto extraño.
Nos tomó al menos una hora llevar a la sala principal todo lo que él creía necesario, y no podía esperar más para hacer la pregunta que me había estado molestando.
—¿Cómo nos van a encontrar? —No podía imaginar la cantidad de rocas y escombros en el túnel.
La sonrisa de Edward fue suave.
—Recuerda, Jack nos dijo que había otra salida. Echaría un vistazo, pero él dijo que estaba bajo el agua, así que esperaremos.
—Pero Jack... —Por mucho que lo intenté, las palabras salieron temblorosas.
Edward se tensó por un momento.
—Seth también lo sabe. —Respiró hondo antes de mirarme—. Hay equipo de buceo en una de las bañeras. No soy un experto en buceo, pero si tardan demasiado, comenzaremos a explorar los túneles hasta que encontremos una salida. Vamos a estar bien. Lo prometo.
Al ver la certeza absoluta en su rostro, me calmé.
—Déjame mirar tu hombro ahora.
—Primero una ducha —ofreció, y lo miré como si estuviera loco.
Sonriendo, se acercó a la gran olla de agua que había puesto junto al fuego en uno de nuestros primeros viajes.
—Esto debería estar bien. El piso del baño... —se rio entre dientes al decir la palabra— ...se inclina hacia las rocas. El agua correrá por las grietas y caerá. Primero moja tu cabello y lávalo, luego tu cuerpo. —Sonrió ante mi ceja levantada—. Bella, si puedes asearte en el baño de un avión, esto parecerá un spa.
Riéndome de su recordatorio, me doy cuenta de que sí. Tomé un paquete de ropa limpia y lo seguí.
El aseo y la devoción va de la mano, como decía el viejo refrán. Con el vientre lleno de frutos secos, galletas saladas, sopa enlatada y agua, la fatiga del día comenzaba a sentirse. Acerqué más mechones de mi cabello al fuego, esperando a que Edward terminara su ducha. A mi lado estaba el botiquín de primeros auxilios, estaba decidida a curarlo.
Sin embargo, su espalda fue lo último en mi mente cuando salió del área del baño, sin camiseta, secándose el cabello con las finas toallas de campamento que habíamos encontrado. Los ligeros pantalones de senderismo le habían caído sobre sus caderas, y la V cincelada de sus abdominales resaltaba en la luz parpadeante. Tuve que forzar el aire de regreso a mis pulmones. Mierda. Quería trazar cada cresta con mi lengua y saborear su polla de nuevo, pero esta vez, necesitaba que se corriera en mi boca. Edward se detuvo cuando captó mi admiración. Parecía un modelo de ropa interior con el brazo en alto, sus músculos flexionados mientras sostenía la toalla en su cabello. Incluso con la distancia, pude ver que sus ojos se oscurecían.
Luché para controlar mi habla. Aclarándome la garganta, señalé al espacio en la manta frente a mí.
—Ven aquí y déjame ver cómo está tu espalda.
—Está bien —murmuró con dureza.
No aceptaba un no por respuesta, dando unos golpecitos con los dedos al espacio frente a mí. Escuché su profundo suspiro cuando se sentó frente a mí.
Me temblaban las manos mientras admiraba la extensión de anatomía masculina pura a mi alcance. Por su cabello cobrizo, habría asumido que la piel de Edward sería muy pálida, pero en cambio era ligeramente dorada. Como había dicho, solo tenía un rasguño, pero usé la herida como excusa, su respiración y la mía idénticas en deseo cuando mis dedos lo tocaron. Los músculos debajo de mis dedos se tensaron, haciéndome notar lo fuerte que era. Deslizando mis dedos a lo largo de sus hombros y luego hacia abajo siguiendo su columna vertebral, fingí buscar más heridas. Lo que quería hacer era morderlo y mover mis manos para pasar mis dedos por el fino vello de su pecho. Su siseo irrumpió mis fantasías, y observé más de cerca la piel que se mostraba bajo la luz parpadeante.
—¿Duele?
Su risa fue oscura, el tono retumbando en mi piel y haciendo que se me pusiera la piel de gallina.
—Estoy muriendo.
No era lo suficientemente ingenuo como para malinterpretar sus palabras.
—Déjame limpiar el raspón. —Abriendo el botiquín de primeros auxilios que encontré guardado con la ropa, saqué una toallita con alcohol, crema antibiótica, gasa y cinta adhesiva—. Esto va a doler —le advertí antes de pasar la gasa con alcohol por el rasguño irritado. Algo lo había golpeado con fuerza y el área alrededor del golpe se estaba volviendo azul, pero no se inmutó mientras limpiaba el área.
—Era hermoso antes de aceptar esta misión. —Su voz falsamente agraviada fue alta en el silencio de la habitación, el chasquido de la madera y el crujido del fuego eran los únicos otros sonidos. Cómo no había escuchado los latidos de mi corazón, no lo sabía.
—Ja, ja —gruñí ante su gracia.
Era deliciosamente hermoso, y las cicatrices a lo largo de su hombro y costado solo lo hacían más. Esparciendo la crema antibiótica, dejé que mis dedos permanezcan el mayor tiempo posible. No era Florence Nightingale, pero la tira de gasa que había asegurado con la cinta parecía estar bien hecha. Mientras lo admiraba, la luz del fuego parpadeó sobre su piel, acariciándolo, como yo quería. Pero el calor entre nosotros no tenía nada que ver con las llamas. Era un animal vivo que respiraba arañando mi piel, urgiéndome hacia adelante, pulsando entre nosotros.
Edward comenzó a ponerse la camisa, pero capturé su mano.
El gruñido que salió de su pecho hizo que mis pezones se endurecieran hasta convertirse en piedras. Fue rápido, muy rápido, envolviéndome en sus manos. Nunca sabría cómo terminé de espaldas, pero el delgado colchón que sacamos de uno de los huecos privados era lo único que me protegía de la roca de abajo. Presionado contra mí, Edward se sentía tan sólido como la piedra.
Sus labios capturaron los míos, sus dientes mordieron mi labio inferior antes de trazar mi boca. Abriendo, gemí cuando tomó provecho, rozando su lengua con la mía. El calor de su torso calándose por mi ropa me hizo retorcerme contra él. Arqueándome, gemí cuando mis pezones rozaron su firme pecho, enredé mis dedos en su cabello e insté a que me besara más fuerte. Embistió sus caderas contra mí cuando le rasqué el cuero cabelludo.
Pasando su mano por mi costado para apretar mi cintura, se apartó sobre mí. Capturando sus ojos a los míos, sostuvo mi mirada.
—Cariño, ¿estás segura? Han pasado tantas cosas...
Detuve sus palabras con mis labios, saboreándolo de nuevo. Me sonrió suavemente cuando nos separamos. Su pulgar acarició lentamente mi mandíbula. Un trozo de madera en el fuego se movió y soltó chispas al fondo mientras me sostenía, segura, atrapada... excitada. Pero no me moví por nada, deseando que la conexión durara para siempre. Lo que sea que vio en mis ojos respondió a su pregunta.
—Mierda, Bella. Te deseo tanto —murmuró, retrocediendo un poco para besar mi mandíbula y mi oreja. Mordiendo suavemente el lóbulo, sopló suavemente la piel atacada. Cuando apreté las piernas para aliviar un poco el dolor, los ojos de Edward se ensancharon—. ¿Ya estás mojada?
El rubor en mis mejillas ardientes me delató.
Se humedeció los labios y se precipitó a por otro beso. Este fue exigente y me quedé sin aliento.
—Tengo que probarte —dijo suavemente, moviéndose para quitarme los pantalones más rápido de lo que podía pensar.
—Edward…
—¡Shh! Podría vivir entre tus muslos. —Mi grito llenó el cuarto mientras movía su lengua contra mí.
—Demonios, sí, déjame escucharte. —Su voz no era más que un gruñido. Sosteniendo mis caderas, atormentó mi clítoris palpitante entre mis piernas—. ¿Quieres mis dedos, Bella? —Rio.
Un calor explotó desde donde me acariciaba, apretando los músculos de mi estómago y doblando los dedos de mis pies.
—Tienes que decirlo, bebé. ¿Quieres que meta mis dedos en ti, que llene tu bonito coño? —continuó desafiándome.
—Por favor —me quejé, envolviendo mis piernas alrededor de su cabeza.
Lamiendo, metió dos dedos.
—Estás tan mojada y apretada. Mierda, no puedo esperar a sentirte a mi alrededor.
Gemí ante la deliciosa presión cuando pasó sus dedos dentro de mí, dirigiéndose al mismo lugar que había encendido los fuegos artificiales la última vez. Suavemente, rozó la zona y mis caderas se sacudieron en el aire, llevándolo conmigo.
—¡Por favor! —rogué, la presión casi llevándome al límite.
—¿Por favor qué? —Se rio suavemente, mordiendo mi muslo y mordisqueando varios lugares.
—Tengo que venirme. Tócame como la última vez —demandé.
—Tan mandona —tarareó, las vibraciones me hicieron ver estrellas—. Cariño, suelta las piernas y ábrelas para mí —ordenó. Cuando lo hice, lamió toda la longitud de mi sexo, chupando mi humedad de sus dedos antes de devolvérmelos de nuevo. La oscuridad amenazaba detrás de mis párpados por lo bien que se sentía. Mi cuerpo temblaba con la necesidad de sentir mis paredes estrechándose a su alrededor—. Esa es una buena chica —murmuró, soplando contra mí mientras entraba y salía—. Ahora, sé una chica muy buena y suéltame el pelo.
Ni siquiera me había dado cuenta de que lo estaba aferrando con tanta fuerza.
—Juega con tus tetas, Bella. Pellizca tus pezones.
¿Qué? Pero mis manos siguieron su dirección incluso mientras mi mente trataba de ponerse al día.
—¡Ahora, Bella!
Mi mundo explotó cuando el dolor y placer de mis acciones se amplificó con la yema de su dedo presionando el lugar correcto y su boca succionando mi clítoris con dureza. Edward se puso de rodillas, sosteniéndome contra su boca, sus manos tomando mi trasero mientras mis piernas colgaban. Giró su lengua a mi alrededor, imitando los pulsos que aún enviaban olas de calor a través de mí mientras me retorcía incontrolablemente contra él.
—Eres tan dulce —dijo con brusquedad, finalmente liberándome con un chasquido que me envió de vuelta a un pico más suave.
Acomodándome de espaldas, me quitó la camiseta y me acarició los pechos y los pezones antes de que pudiera abrir los ojos.
—Qué hermosos pechos también.
—Desnúdate —le ordené con voz ronca, moviendo mis caderas hacia él.
Sonrió contra mi piel, pero su mirada era seria cuando se elevó sobre mí. Su erección se encontraba dura y larga contra mi muslo, y me moví para frotar el grosor. Sus ojos se cerraron por un instante.
—¿Última oportunidad? —El verde de sus ojos estaba oscuro a la luz del fuego.
Esto de aquí fue lo que me hizo saber que estaba bien. Su vacilación para tomar. Pasando mis manos por sus brazos, empujé mis dedos en su cabello, tirando de él hacia abajo.
EPOV
Pasando mi lengua por su piel, reuní su sabor, saboreándolo. Mis manos se cerraron suavemente y rápidamente las moví detrás de su hombro para acercarla más a mi boca, usando el acceso para morder suavemente los músculos que conducían hasta la línea de su hombro. Ella gimió al sentir mis dientes contra ella.
Demasiado brusco. Estaba siendo demasiado brusco. Me separé por un momento, jadeando, pero ella usó los dedos entrelazados en mi cabello para presionar mis labios firmemente contra ella de nuevo.
—Otra vez.
Así que rocé con mis dientes el largo de su clavícula, lo suficientemente fuerte como para brindar placer sin dañar su piel. Me tomé unos momentos para pasar mis dedos por su cabello, disfrutando la sedosidad. Agarrando un puñado, envolví el largo alrededor de mi puño varias veces y la atraje con impaciencia hacia mí. Ella gimió de impaciencia, y moví mis labios para murmurar:
—Permíteme mis momentos, Bella.
—Edward, quítate los pantalones, por favor.
Un gemido de satisfacción sonó entre nosotros al sentir piel contra piel. La suya era sedosa, su cuerpo suave donde yo era firme. Su boca se deslizó sobre la mía antes de tomar mi labio inferior y succionarlo. Mordisqueando suavemente la piel, hizo presión para que abriera más. Pasamos unos momentos lentamente probándonos el uno al otro, explorando las lenguas y luego, a medida que pasaba el tiempo, nos volvimos más agresivos.
Me sorprendió su belleza cuando nos giró, sentándose a horcajadas sobre mi cuerpo. Colocando mis manos en su cintura, suavemente comencé el camino hacia arriba. Mis pulgares se posaron bajo el peso de sus pechos, presionándolos en el aire mientras frotaba la suave piel debajo. Sus pezones se endurecieron fuertemente y no pude contenerme. Sentándome para tomar uno en mi boca, froté la punta con mi lengua. Bella gritó mi nombre, y mis caderas se hundieron en el calor sobre ellas. Mi brazo se envolvió alrededor de su espalda, atrayéndola hacia mí mientras acariciaba su otro pezón con el pulgar. Alterné entre mordisquear, lamer y chupar para adorarlos a ambos. Intentando todo lo posible por ignorar el sonido de su humedad contra mí, supe que estaba cerca de perder el control.
—Edward… —Tiró de mi cabello mientras se mecía sobre mí, arrastrándose a lo largo de mi excitación—. Voy a...
Podía sentirlo... ella estaba a punto de explotar de nuevo, así que mordí levemente su pecho y agarré su cadera con mi mano libre para asegurarla con fuerza a mí, así que cuando empujé contra ella, fue llevada al límite. Una nueva oleada de su excitación me llegó antes de que su cuerpo se pusiera rígido y soltara un jadeo. Pasando mis manos a lo largo de los fuertes músculos de su espalda, la sentí estremecerse y se desplomó contra mí. Poniéndola de espaldas, moví mis dedos hacia su humedad y me deslicé en la ardiente tensión de su cuerpo para estirarla delicadamente.
—Oh, Dios mío, Edward, no puedo. —Llevó sus manos a los lados de mi rostro. Observé sus ojos mientras seguía bombeando dentro de ella lentamente, estirándome suavemente. Su rostro todavía estaba sonrojado, sus labios hinchados por donde los había mordido.
—Sí puedes. —No permití que haya dudas.
Ella se retorció y se volvió, débilmente tratando de evitar lo que estaba exigiendo. Pero por mucho que trató de evadir la tortura, la emoción en sus ojos era más fuerte. Ella estaba perdiendo la prueba de voluntad, y podía sentir el próximo orgasmo ya formándose, sus paredes apretando con hambre a mis dedos. Mi polla lloraba para estar en ella.
Sonreí y disfruté de la escena mientras la pasión aparecía su rostro, y me moví para presionar sobre ella. Estaba tan duro como la mierda, habiendo querido estar dentro de ella desde el día en que se topó conmigo. Con ojos llenos de deseo, se pasó la lengua por los labios y se arqueó débilmente. Pasé mi pulgar por uno de sus pezones mientras curvaba hacia adentro los de mi otra mano y fui cautivado por el suave temblor que siguió mientras ella se abalanzaba hacia mí, agarrando mis bíceps con sus manos, su rostro tenso en medio de otro orgasmo.
No pude esperar un minuto más y embestí profundamente en ella, queriendo sentir cómo me apretaba.
Y la tierra se detuvo.
Demasiado apretado. Estaba demasiado tensa y el dolor inundó sus ojos mientras me miraba.
¡Oh, mierda! ¡Oh, mierda! Debería haberlo sabido, prepararla mejor.
Joder, debería haberla dejado sola.
Enganchando sus piernas alrededor de mi cintura, Bella encontró algo de fuerza y se movió, generando un calor por toda mi columna y que mi sangre corra desde mi cerebro racional a la parte de mí enterrada profundamente en ella. Toda esperanza de retirada se desvaneció cuando me moví en respuesta, jadeando por el placer y por la forma en que ella gimió mi nombre. Cuando usó sus piernas para acercar mis caderas hacia ella, todo en mí se precipitó hacia mi polla. Moviéndome suavemente, salí solo para hundirme en su calor nuevamente.
Lo único que podría haberme detenido eran sus palabras, pero sus gritos de pasión me impulsaban a moverme.
Con los ojos rodando hacia dentro de mi cabeza, me sumergí de nuevo, más fuerte. Mierda, necesitaba correrme en ella, llenarla de adentro hacia afuera y marcarla. Mi polla se hinchó con ese pensamiento y Bella gimió cuando volví a entrar, hundiéndome aún más profundo porque la había agarrado de la cadera e inclinado mejor. Llevando mis ojos hacia ella por su grito, vi su rostro retorcerse en un dolor agridulce.
—¡Edward! Es demasiado... demasiado. —Ella se retorció contra mí, su coño caliente negando sus palabras mientras se hinchaba a mi alrededor de nuevo.
—Mierda. Dámelo, Bella.
Su cuerpo se tensó a mi alrededor, sus ojos se agrandaron en asombro mientras sus músculos se ponían rígidos. Sentí un fuego en mi cuello y se disparó hacia mi entrepierna, explotando a través de mis bolas mientras una corriente tras otra de mi semen la llenaba, mis caderas se sacudían erráticamente en busca de más. Fue el orgasmo jodidamente más intenso que jamás había tenido, mis rodillas se debilitaron antes de detenerme.
Colapsando, apenas evité caer sobre ella, eligiendo aterrizar a su lado. Sonreí al ver la expresión de absoluta satisfacción y agotamiento en su rostro y la atraje hacia mí.
Diablos. Ni siquiera había sido suave o romántico la primera vez, sino que había sido totalmente controlado por mi polla.
La próxima vez, pensé, cerrando los ojos.
La próxima vez.
