El tiempo pasa volando cuando Prime video sube American Horror Story y The X files (dos de mis series favoritas). Ya es día de actualización, y esto todavía no se termina (por eso tuve que partir el capítulo) la parte 4 la voy a poder subir hasta el 5 de Agosto, sigo trabajando en otros proyectos que realmente me quitan bastante tiempo, un par de fanfics mas para este fandom y aparte estoy trabajando en dos proyectos manga que espero poder empezar a publicar el próximo año, si les interesa, ya saben que subo cosas en Facebook.

Bueno, de momento es todo, disfruten el capitulo y nos volvemos a ver pronto.


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CAPITULO FINAL.

PARTE III

La primera vez que Umi recuperó la conciencia, su madre estaba a su lado. Aquello sucedió tan rápido que la mujer mayor no se dio cuenta y la escritora volvió a caer desvaneciéndose.

La segunda vez estaba sola, para ese momento ya le habían reducido la dosis de tranquilizantes por lo que sintió dolor y de sus labios se escapó un quejido que el tubo en su garganta amortiguó. Antes de poder reaccionar su mente volvió a fundirse en la oscuridad.

La tercera vez, las voces de su madre y Kotori la despertaron. En esta ocasión, lo único conectado a su cuerpo era la intravenosa, giró la cabeza para ver mejor a la castaña que le estaba contando a la mayor sobre la línea ropa que le encargaron diseñar.

–Umi estará orgullosa de ti cuando le digas que obtuviste el trabajo. –aseguró la señora Sonoda.

La sonrisa que esbozó Kotori le pareció dolorosamente triste y sintió la necesidad de consolarla, pero cuando quiso hablar comenzó a toser pues su garganta estaba seca, además la acción provocó un intenso dolor en el pulmón izquierdo.

–¡Umi-chan! –exclamó la diseñadora al ver su amiga despierta y prácticamente corrió a su lado.

–Llamaré al doctor. –informó la madre de la escritora saliendo rápidamente de la habitación.

–…tori… –balbuceó la escritora apenas audible, por más que se esforzaba no podía articular palabras completas.

–Estoy tan feliz de que estés despierta. –Kotori comenzó a llorar.

Umi quiso levantar su mano para acariciar la cabeza de su amiga, esperaba que el contacto ayudara a calmarla, pero su extremidad se sentía muy pesada y poco cooperativa. La castaña se dio cuenta y tomó la mano de Umi entre las suyas.

–No te esfuerces demasiado, poco a poco. –las lágrimas seguían cayendo de los ojos ambarinos de la chica– Después de todo moriste tres veces.

La escritora se asustó e intentó hablar, pero solo salieron ruidos guturales, Kotori decidió responder a su evidente duda– Cuando los paramédicos llegaron a la escena aún tenías pulso, creyeron que podrías llegar a este hospital, el detective quería que te trajeran aquí si era posible por nuestra amistad con Maki y ellos dijeron que no había problema, sin embargo tuvieron que resucitarte en el camino la primera vez, la segunda al llegar a urgencias y la tercera en el quirófano. Estabas muy mal.

Umi gimió y se removió un poco en su cama, se detuvo cuando sintió un horrible dolor en su pulmón y otro en su caja torácica. Se quejó un poco antes de comenzar a sentir que sus párpados pesaban. Estaba cansada a pesar de tener muy poco tiempo consiente.

Kotori se dio cuenta de esto y se inclinó para murmurarle– Antes de que te quedes dormida debo advertirte que tu padre no está feliz, la policía no quiere devolver la katana Sonoda.

Justo lo que se imaginaba, estaba en problemas. Por lo menos todo había salido relativamente bien, quería preguntar por Shigeru y Yukana pero no tenía más energía para continuar despierta. Por lo que decidió que la próxima vez sería lo primero que preguntaría –si es que le era posible–.


Al día siguiente cuando estaba más despierta, el doctor Nishikino le explicó a ella y a su madre –aunque esta última era la segunda vez que lo escuchaba– todo sobre su hemotorax, el choque hipovolémico que tuvo al llegar a urgencias, el sello pleural que le pusieron y el tiempo que estuvo inconsciente.

"¿Cinco días?" pensó Umi. Para ella se habían sentido como horas, pero eso explicaba por qué Kotori estaba tan angustiada y porque le costaba tanto hablar.

–Las próximas dos semanas deberás estar en reposo absoluto y pasado ese tiempo determinaré si ya puedes comenzar la rehabilitación pulmonar.

Umi hizo un gesto de desagrado pensando en todo el tiempo perdido, y luego asintió con la cabeza. El doctor procedió a retirarse.

–Iré a almorzar, ¿necesitas algo? –le preguntó su madre.

–Estoy bien. –murmuró la escritora con una desagradable–desde su perspectiva–voz ronca, tan baja que era apenas audible y gimió debido a un terrible dolor en su garganta.

Su madre salió, no sin antes dedicarle una mirada preocupada, y casi al instante Maki ingresó en la habitación. La pelirroja no se veía nada feliz– Me alegro de encontrarte despierta.

Carraspeó un poco antes de hablar, esperando que eso ayudara a su voz–¿D-de verdad? –cuestionó de manera incrédula, y frunció el ceño ante su timbre actual de voz.

–Bueno tu complejo de héroe casi te cuesta la vida, más de una vez durante el mismo día, Kotori estaba inconsolable. –Maki bajó la mirada– E hizo sentir mal a Nico. –le reprochó eso último en un murmullo.

–¿Qué?

Se negó a repetir lo que dijo por lo que prefirió advertirle–Tú padre quiere asesinarte.

La escritora suspiró dolorosamente. Esperaba que su progenitor estuviese tan ocupado que no pudiese ir a visitarla pronto, no se sentía con la energía necesaria para lidiar con él.

–¿Cómo te sientes hoy? –preguntó la pelirroja.

–Adolorida –respondió Umi sinceramente, se tocó la garganta con la yemas de sus dedos y agregó– Siento molestia en la garganta.

–Se te pasará en un par de días. –Maki se sentó en la silla que momentos antes estuvo ocupando la madre de la escritora– Acabo de hacer que se fueran nuestros amigos detectives, quieren que des tu declaración. A pesar de que los niños ya dieron la suya.

–¿Aizawa-kun y Shitara-chan? –preguntó esperanzada.

La doctora le sonrió– Ambos están bien. Shitara-chan estuvo internada 3 días, pudo haber salido antes, pero sus padres pidieron que se quedará más tiempo. Aizawa-kun solo estuvo en observación 24 hrs debido a su lesión en la cabeza.

Umi suspiró ignorando el dolor que aquello le producía, y por fin sintió que se relajaba. Ella lo había hecho bien. Nadie más había muerto. En cuanto ese pensamiento cruzó por su cabeza recordó algo que inconscientemente estuvo bloqueando.

El momento en el que uso su reliquia familiar para cercenar la mano de su fan psicópata.

Maki se levantó al notar la expresión horrorizada de su amiga y su rostro pálido– ¡¿Umi?!

–¿Kasuga-san?

La pelirroja frunció el ceño– ¿Qué pasa con él?

–¿Dónde..?

Un doloroso ataque de tos interrumpió a la escritora y aunque Maki estaba molesta por la pregunta se vio forzada a responder ante la condición de su amiga una vez que la tos cedió. –Aunque no me agradó la idea, él también estuvo en el hospital. Pero fue dado de alta hace días, actualmente está en prisión esperando su juicio.

Umi bajó la mirada a las sábanas de hospital que cubrían sus piernas y apretó los puños–Hay cosas que todavía no sé.

–Eso suena como si quisieras hablar con él.

La escritora asintió con la cabeza.

–¡Umi-chan! –Kotori entró a la habitación, irradiando tanta felicidad que Maki casi se cubre los ojos para protegerse– ¿De que hablaban? –preguntó al notar la presencia de la pelirroja.

La doctora miró a su amiga por un momento y vio la súplica en su mirada, no quería preocupar más a la diseñadora y definitivamente lo haría si supiera que su querida Umi quería reunirse con su agresor, por lo que tuvo que improvisar– Le decía que va a necesitar apoyo para caminar durante las próximas semanas.

Umi se sorprendió por esa información. Nadie le dijo nada al respecto, entonces intentó mover las piernas–para probar su movilidad– y se dio cuenta que aunque podía sentirlas y moverlas un poco, no podía flexionarlas como ella quería.

–¿También se lesionó en la pelea? –cuestionó preocupada la castaña, no había escuchado sobre eso cuando el doctor Nishikino les habló de su estado luego de salir del quirófano.

–No, es normal. Ha estado casi una semana sin caminar por lo que los músculos de sus piernas se atrofiaron, pero no es nada de lo que debamos preocuparnos. –vio a su amiga a los ojos con la esperanza de transmitirle tranquilidad– Volverás a estar como antes de recibir el primer correo electrónico de tu fan psicópata.

–Eso espero, aún tengo un libro por escribir –hizo una pausa muy necesaria porque la molestia en su garganta no le permitía hablar demasiado, volvió a carraspear y continuó– Para ello hay personas con las que tengo que hablar.

–Dijiste que iríamos de vacaciones. –la reprendió Kotori.

–Y lo haremos. –dijo la escritora enseguida– Pero primero necesito terminar con esto.

A pesar de que Kotori estaba en silencio, Maki pudo sentir como el ambiente se ponía tenso y decidió que lo mejor sería retirarse.

–Se terminó mi descanso, así que pasaré a verte más tarde. –sin esperar respuesta la doctora huyó de la habitación.

–¿Con quiénes piensas hablar? –cuestionó la diseñadora.

–Con los detectives… –respondió rápidamente la escritora.

–No hay prisa, ya tienen las declaraciones de Shitara-chan y Aizawa-kun. –Kotori se sentó en la silla junto a la cama de hospital– Además ese loco estaba grabando todo. –agregó con un tono de desprecio que Umi no creyó nunca escuchar salir de los labios de Kotori.

–¿A-a qué te refieres?

–No creo que te dieras cuenta por la situación en la que estabas, y la poca iluminación del lugar –a esas alturas la diseñadora ya había escuchado la versión de Shigeru Aizawa– el había puesto una cámara de visión nocturna grabando lo que le hacía a la niña mientras ustedes llegaban y también se grabó la mayoría de su enfrentamiento. Gracias a esa evidencia no hay manera de que ese sujeto se libre de por lo menos cadena perpetua. Aunque la policía le dijo a tus padres que están bastante seguros de que le darán pena de muerte.

Umi sabía que Akira Kasuga se lo merecía, la pena de muerte era la máxima sentencia que existe en las leyes japonesas. En este caso era la condena más justa que podían darle y lo que seguramente las familias de las victimas esperaban. La escritora esperaba poder hablar con él antes de que lo llevaran al corredor de la muerte. Aquello debió decirlo en voz alta ya que Kotori tomo su mano y dijo:

–¡De ninguna manera!

–¿Ah?

–Umi-chan, no creo que debas verlo. ¿Por qué sientes que debes hacerlo?

–¿Por qué no? –la escritora elevó su voz lo más que podía– Ya no puede hacerme nada. Hay un par de cosas que no me han quedado claras y quiero… –tosió un poco sintiendo dolor sobretodo en su pulmón herido, miró a Kotori a su lado preocupada y decidió ser clara– Necesito saber. O no podré tener un cierre para esto.

La castaña hizo un puchero– Está bien.

Umi se sentía agitada, hablar requería de bastante esfuerzo y energía en ese momento. Al darse cuenta la diseñadora, decidió dejar así la conversación, de todas maneras esta vez parecía que no lograría que Umi cambiara de opinión, aquello era algo que nunca creyó que pasaría.

–¿Está bien si duermo un rato? –preguntó Umi.

Kotori le sonrió y asintió con la cabeza– Trataré de estar aquí cuando despiertes. –aún estaba sosteniendo su mano y la escritora recordó que aún tenían una charla pendiente.

"Tendrá que ser mas tarde" pensó justo antes de cerrar sus ojos.


Las cosas no salieron como Umi esperaba, pues ese día más tarde Kotori se había retirado cuando despertó y en su lugar encontró a su padre. Aquello no fue para nada agradable, para cuando su progenitor se retiró, la escritora tenía dolor de cabeza y deseó con todas sus fuerzas volver en el tiempo y no llevar su reliquia familiar al encuentro con el mecánico psicópata. Ahora esperaba poder hablar con los policías para negociar la devolución de la espada o su padre la obligaría a hacerse el harakiri, o eso era lo que le había dicho.

Su tercer día consciente recibió a primera hora la visita de Honoka, quien parloteo sin parar contándole todo lo que pasó desde la última vez que se vieron y finalizó con un discurso sobre cuidarse y evitar a homicidas seriales, el cual no tuvo mucho sentido pero igualmente le dio la razón a la pelinaranja. Por lo menos la ayudó a distraerse y no tuvo que hablar mucho. Cuando su amiga de la infancia finalmente se fue, la reemplazó una de las personas que más esperaba ver desde que despertó.

–Sonoda-san, lo siento mucho. –dijo el joven Shigeru Aizawa inclinándose– No fui de ninguna ayuda para usted.

Umi negó con la cabeza– Te equivocas, si tú no hubieses estado cuando bajé la guardia al final, Kasuga me hubiera rematado sin pensarlo dos veces, fue gracias a ti que tuve el tiempo suficiente para hacer un último movimiento. –su voz aún estaba rasposa, pero era más audible que el día anterior y la molestia en su garganta persistía, por lo que cortó su discurso.

Cuando se enderezó, el chico parecía que quería llorar– Usted es muy amable, pero sé que estorbe más de lo que ayude.

–Lo importante es que lo atrapamos.

Shigeru se frotó los ojos con el dorso de su mano y asintió con la cabeza– Salvamos a la niña y él no volverá a lastimar a nadie.

–Creía que aún estarías enojado conmigo. –confesó la escritora sintiéndose un poco aliviada.

–¿Por qué?

–Estabas molesto ese día porque no le dije a nadie sobre los asesinatos.

–Oh… –el chico pareció meditarlo un momento– Hablé con mis padres, ellos y el resto de las familias comprendieron que aunque es verdad que pudo decirnos, este sujeto la estuvo vigilando y realmente no tenía muchas opciones.

–¿El resto de las familias? –preguntó Umi desconcertada.

–Ese mismo día se recuperaron todos los cuerpos de las víctimas gracias al archivo que le dejó al detective. Por lo que se les notificó a todas las familias lo que ocurrió. Todos han estado viniendo a visitarla.

Ahora era la escritora quien sentía ganas de llorar– Lo siento por lo de las primeras víctimas. Los casos ya prescribieron.

–Eso no es así. –Shigeru la interrumpió– Shitara-san preguntó al respecto, ya sabe porque su hermana fue la primera víctima. El detective explicó que los casos eran secuestros hasta el momento en que los cuerpos fueron encontrados, entonces cambia el estado a homicidio y es ahí cuando el tiempo comienza a correr.

–Entonces él pagará por todos los homicidios. –dijo Umi como afirmación– Sé que sólo uno hubiese sido suficiente para que le dieran pena de muerte, pero es un alivio saber que será ejecutado en nombre de todas.

El chico asintió con la cabeza y revisó su celular– Tengo que irme, mis padres están siendo sumamente sobreprotectores después de lo que pasó.

Esa declaración no le extrañó para nada a la escritora– Esta bien.

–Vendré después. –afirmó el chico antes de retirarse.

Umi sonrió y alcanzó los controles de la cama para cambiar de posición. Estaba harta de estar acostada. Una vez encontró la posición adecuada buscó el control de la televisión, ya que era su único medio de entretenimiento esperaba encontrar algo interesante que ver. El control no estaba, o al menos no cerca de ella, se preguntó qué tan lejos podría llegar sin caerse. Vio el botón de emergencia y tentada a llamar a una enfermera lo meditó, pero no creyó que valiera la pena molestar. Justo estaba pensando cómo proceder cuando Eli y Nozomi entraron en la habitación.

–Por fin te encontramos despierta. –se quejó Nozomi– Ayer Kotori-chan nos echó porque dijo que necesitabas descansar.

–No nos echó. –se apresuró a decir Eli– Nosotras decidimos volver a casa e intentar hoy.

Umi asintió con la cabeza– ¿Ustedes ven el control por algún lugar cerca?

La pareja intercambio miradas y luego la rusa habló– Kotori se lo dio a la enfermera que estaba en tu habitación el primer día. Le dijo que no creía que fuese bueno que lo primero que vieras en la televisión fuese a los medios de comunicación informando de todo lo que te ocurrió.

–Comprendo la preocupación de Kotori, pero no era necesario. Ya ha pasado una semana, probablemente ya estén hablando de otra cosa.

–En realidad… –dijo la astrónoma sonriendo– Si prendes la televisión es muy probable que estén hablando del caso en el estudio, o aún mejor, podrías ver en pantalla a la reportera que nos topamos afuera hace un momento hablando sobre ti con el hospital de fondo.

Umi suspiró, la acción aún le provocaba dolor pero trato de no quejarse– Supongo que esto continuara hasta que no haga una declaración.

–Y hablando de declaraciones… –comenzó Nozomi.

La escritora se estremeció presintiendo que era de lo que quería hablar la astrónoma, fulminó con la mirada a Eli esperando que captara el mensaje. La rubia sonrió nerviosamente y desvió su mirada a la ventana.

–No veas a mi Elichi así, todas sabemos que estas enamorada de Kotori.

Umi sintió que su rostro se calentaba y no necesito verse para saber que se había sonrojado– ¿T-todas?

–Es bastante obvio. –confirmó Eli.

–Honoka nunca ha mencionado nada. –se defendió la escritora.

–Es Honoka. –dijo la rusa como si aquello explicara todo, y de hecho sí que lo hacía.

–Digo esto por el bien de ambas y porque si no lo hago jamás lo van a confesar. –el tono de Nozomi era extrañamente severo, por lo que Umi decidió poner atención– Kotori no te va a rechazar, así que dile cómo te sientes.

La escritora arqueó una ceja, estaba esperando un discurso largo con una larga lista de "pros" por los que debía confesar sus sentimientos, pero la astrónoma…

Umi detuvo su proceso mental–¿Cómo sabes que no me va a rechazar? ¿Ella te ha dicho algo? –quiso saber la escritora.

Nozomi sonrió con suficiencia– Deberíamos irnos por hoy Elichi, mi trabajo aquí esta hecho –se dio vuelta y salió de la habitación.

Eli entrecerró los ojos, viendo como su pareja huía e intentaba disimular que no había dicho nada equivocado, pero estaba segura que en cuanto la alcanzara empezaría a quejarse por haber hablado de más. Miró a su amiga sentada en la cama de hospital esperando que dijera algo, pero Eli solo se encogió de hombros.

–Supongo que vendremos después.

–Espera.

–Pediré que te traigan el control de la televisión. –y sin esperar respuesta Eli se apresuró a alcanzar a su pareja.

La escritora se preguntó si todos los días que le quedaban en el hospital serían así, y sinceramente espero que ese no fuera el caso.


Un par de días más tarde tenía a Nico y Nozomi apostando –en su cara–si ella sería la primera en confesarse, o si sería Kotori. "Por lo menos no lo están haciendo a escondidas" pensó la escritora, hasta que escuchó el argumento de Nico.

–Como lo estamos haciendo frente a ella sería grosero que nadie estuviera de su lado.

–¿Grosero? –inquirió Umi.

–Adelante, eres tú la que me está regalando dinero. –se jactó Nozomi– Umi-chan no tiene los pantalones para hacer la confesión.

–Hey…

–De hecho doblo mi apuesta si ella lo intenta y se desmaya en el proceso. –agregó la astrónoma.

–Hey.

–No, si eso ocurre yo gano la apuesta. –declaró la artista– Todas sabemos que eso es lo más lejos que llegará Umi.

Nozomi asintió con la cabeza dándole la razón.

–¡Hey! –exclamó la escritora, su voz se escuchaba mucho mejor a esas alturas, pero aún no había vuelto a la normalidad.

–¿Qué? –preguntó el dúo.

–Estoy aquí. –obvió Umi– Y estoy despierta.

–Lo sabemos. –respondió la pelinegra– Por eso estamos hablando de los términos y condiciones de la apuesta frente a ti, así podrás ver que la transacción sea concluida de manera justa.

–No comprendo su lógica.

–¿Por qué necesitarías hacerlo? –la cuestionó divertida Nozomi.

–Ahora no sé si quiero que pase, me niego a darle la victoria a cualquiera de las dos.

–Por lo menos yo estoy de tu lado. –se defendió Nico– Ella no tiene ni un poco de fe en ti.

Nozomi fingió estar ofendida– Claro que la tengo, por eso quería agregar lo del desmayo.

–¡Ya te dije que no, eso cuenta como mi victoria!

Umi se cubrió el rostro con ambas manos y pensó que tenía que encontrar la manera de confesarse sin darle la victoria a ninguna de sus dos amigas, no se lo merecían.