Capítulo XIX: Hilos
Harry permaneció en su lugar, todavía incrédulo y confuso por aquel ''gracias'' dado por la última persona que pensó que alguna vez le agradecería, lo peor es que en aquella ocasión no había luchado contra un profesor, un basilisco o un dragón, ni siquiera derrotando al mismísimo señor tenebroso Harry esperaba un gracias de parte de Draco, por eso, no era de extrañar que el acontecimiento lo haya dejado boquiabierto y sintiéndose extrañamente cohibido.
Tal parece que incluso Malfoy era capaz de sentirse agradecido.
Observó con atención la figura postrada entre las sábanas y no supo qué pensar o cómo sentirse al respecto, desde hace un buen tiempo que llevaba relacionándose con Malfoy, pero nunca esperó sentirlo tan...cercano.
Miró sus palmas y hilos de magia que las atravesaban, luego posó sus ojos en las manos de Malfoy y sin detenerse a pensar se acercó y tomó su mano derecha, esperaba ver algún cambio, como que los hilos de antes volvieran a aparecer, o sentir el mismo dolor que había sentido en un principio, no obstante, lo único allí era la piel pálida y fría del otro ¿Era normal que una persona estuviese tan fría?
Recorrió el cuerpo hasta detenerse en el pecho y observar que este subiera y bajara a un compás normal, luego continuó su recorrido y paró en el rostro tranquilo, era curioso ver a Malfoy de ese modo, le hacía creer que al despertar incluso podría invitarlo a conversar con su padrino y que los tres pudiesen hallar una solución sin discusiones de por medio, pero Draco no era alguien que se caracterizara por volver las cosas fáciles, al menos no para él.
Estuvo a punto de abandonar la habitación, cerrar la puerta y bajar las gradas, pero en lugar de eso se mantuvo firme sosteniendo la mano de Draco y observando curioso el cabello excesivamente rubio y la piel pálida y aparentemente pulcra, no había ni un solo lunar en aquel rostro, aunque le parecía ver unas pocas pecas sobre su nariz...
¡Crack!
Harry pegó un brinco y se apartó tres metros de la cama, trastabillando hasta finalmente ser vencido por la gravedad y terminar sentado. Aún sentía la respiración del otro sobre sus mejillas.
¿En qué momento se había acercado tanto?
Kreacher miró a Malfoy antes de mirarlo a él de forma acusadora—Llegaron los traidores a la sangre—anunció y acto seguido desapareció con un sonoro ¡crack!
Harry procesó las palabras mientras se ponía de pie y caminaba hacia la puerta, pero antes de cerrar dio una última mirada a la cama y al rostro dormido de Malfoy.
Se sentía muy confundido.
Bajó las escaleras con la mente todavía en aquella habitación, por eso al llegar al sótano se sorprendió de ver a los hermanos Weasley pese a que Kreacher se lo había advertido...más o menos.
Sin embargo, no fue el único sorprendido, ninguno de los hermanos parecía esperarse su presencia.
Reparó en los semblantes que traían todo los pelirrojos, Ron lo miró luciendo muy pálido y como si quisiera decirle algo, Fred, George y Ginny tenían un destello acusador en los ojos que no lograba comprender.
Al instante tuvo un mal presentimiento, pero antes de que pudiera preguntar de qué se trataba Ginny se le acercó mostrando un gesto dolido—Harry ¿Tu lo sabías? ¿Por qué no nos dijiste?—se giró hacia Ron y empezó a cuestionarlo—¿Él no te despertó? ¿No te dijo nada?
Harry no supo qué responder, intercalaba su mirada entre ella y Ron—No, yo...no sé qué es lo que...
—Él dijo que tenía que cumplir un castigo—respondió su amigo mirándolo con incertidumbre.
—Creo que tenía sus propias razones, Ginny—intervino George y Fred lo secundó diciendo:—mira sus manos.
La chica obedeció y parpadeó al distinguir los hilos luminosos que fluctuaban en las palmas de Harry, este, sintiéndose inquieto abrió la boca para preguntar por qué todos se veían tan preocupados, pero antes de emitir algún sonido, su padrino lo interrumpió saliendo de la chimenea.
—Dumbledore fue a decírselo a Molly—anunció con pesar y pasó su vista brevemente por el lugar, Harry supuso que estaría buscando a Malfoy.
—Tenemos que ir a San Mungo—dijo Ginny con urgencia, y miró a sus hermanos, que, naturalmente, todavía iban en pijama—Sirius ¿puedes darnos unas capas o algo?
Eso fue el límite para Harry—¡¿Alguien me podría decir qué es lo que está pasando?!
Sirius se acercó y colocó una mano sobre su hombro—Lamento decirte esto, Harry, pero Arthur está gravemente herido, en este momento está en el hospital.
Aquello fue como un balde de agua fría—¿Qué? pero ¿cómo...?
—Estaba trabajando para la orden. Everard y Dilys lo vieron, al menos eso es lo que nos ha dicho Dumbledore.
—¿Quiénes son ellos?—preguntó Ginny de forma brusca.
—Retratos de ex directores de Hogwarts—. En ese instante un fogonazo en el aire iluminó la estancia y arrancó un grito de desconcierto a todos. Un rollo de pergamino cayó en el suelo, acompañado de una pluma de cola de fénix.
—¡Fawkes!—exclamó Sirius de inmediato y agarró el pergamino—Esta no es la letra de Dumbledore...Debe de ser de su madre...Tomen.
Le puso la carta en la mano a George, que abrió con rapidez y leyó en voz alta: ''Papá todavía está vivo. Salgo ahora para San Mungo. Les enviaré noticias en cuanto pueda. Quédense donde están. Mamá.''
Ginny saltó de inmediato—¡Debemos ir!
Sirius la miró con pesadez—Dumbledore me pidió que los mantuviera aquí y Molly parece estar de acuerdo. Lo único que podemos hacer es esperar.
Ginny no parecía contenta con esa respuesta, no obstante, apretó los puños sin decir nada. Ron, aun asombrosamente pálido, miraba el dorso de la carta como si allí fueran a aparecer unas palabras de consuelo para él. Fred le arrancó la hoja de pergamino a George y volvió a leer la carta.
Harry miró a Sirius buscando respuestas y este le regresó la misma mirada, cuando se dio cuenta todos lo observaban en busca de su propia explicación acerca de la anomalía en sus manos que no pasaba desapercibida, tal vez creían que tenía algo que ver con la Orden o algún asunto secreto entre él y Dumbledore, cuando la realidad era que el director lo había estado evadiendo desde el principio del año.
—¿Y bien?—inició George.
—Que significan esas cosas en tus manos—continuó Fred dejando la carta sobre un mueble. Era extraño escuchar hablar a los gemelos sin ningún atisbo de burla o diversión, aunque era de esperarse dadas las circunstancias.
—Es...una larga historia.
—Tenemos suficiente tiempo antes de que recibamos noticias—aportó Sirius mientras señalaba la mesa para que todos tomaran asiento—Cuéntanos, Harry.
El susodicho miró inseguro a su padrino y agradeció que no mencionara a Draco, lo que menos querrían los Weasley en ese momento era saber que el hijo de Lucius Malfoy yacía durmiendo en una de las habitaciones del piso superior. No es que él fuera culpable de nada, pero estaba seguro que los pelirrojos estarían un poco susceptibles a todo lo relacionado con la palabra Mortífago en ese momento.
Como sea, tomó asiento cerca de la chimenea y suspiró antes de comenzar el relato mirando a Fred y George—¿Recuerdan aquella vez en Las Tres Escobas cuando...?
...
Sentados en silencio alrededor de la mesa, observaban cómo la mecha de la vela se hundía más y más en la cera líquida. Harry había terminado de hablar y todos se habían mantenido callados digiriendo toda la información brindada. El más impresionado fue Sirius, quien tenía gesto de no entender porqué su ahijado parecía ser un imán para toda clase de problemas.
—¿Y dónde está Draco? No lo vimos en el despacho cuando Sirius nos llamó—dijo Ginny con la mirada perdida en la chimenea, ni siquiera parecía estar del todo consciente de su pregunta.
Por alguna razón a Harry le incomodó que llamara a Malfoy por su nombre de pila, aún así se concentró más en pensar una respuesta, pues había omitido completamente los hechos a partir del accidente en la chimenea—No lo sé, debió haber regresado a las mazmorras o ido a buscar a Snape.
—O tal vez ya se lo llevó la luna—escuchó decir a Ron.
Una rabia inmensa se apoderó de Harry y estuvo a punto de iniciar una confrontación de no ser porque vio que su amigo ni siquiera lo miraba, tenía la vista perdida en algún punto de la habitación sumergido en el mismo trance que su hermana. Se obligó a calmarse diciéndose que su amigo se encontraba en una situación difícil y que no debía seguirle la corriente, pero pese a eso tuvo que decir:—Eso no va a pasar—para poder tranquilizarse del todo.
Se sintió estúpido por no priorizar más el estado incierto del señor Weasley, pero es que había tanto por lo que preocuparse que no sabía por dónde empezar.
Nadie volvió a decir nada y Harry miró a Sirius quien le regresó la misma mirada, este ni siquiera se había atrevido a hacerle preguntas pese a que se notaba que no entendía bien la situación de Harry, lo más seguro es que no quisiera parecer insensible frente a la angustia del resto. Ambos se sentían intrusos en medio del dolor de una familia.
Solo quedaba esperar.
A las cinco y diez de la mañana la señora Weasley se presentó luciendo cansada y (para alivio de todos) trayendo consigo buenas noticias.
—¡A desayunar!—dijo Sirius en voz alta y con regocijo mientras se levantaba—¿Dónde está ese maldito elfo doméstico?¡KREACHER!—llamó, pero Kreacher no acudió—Bueno, da lo mismo—murmuró y se puso a contar a las personas que tenía delante—A ver, desayuno para... siete... Huevos con tocino, supongo, un poco de té, pan tostado...
Harry se mostró curioso al ver que Kreacher no apareció, no porque este fuera precisamente el elfo más obediente y educado, sino porque se preguntó si estaría en la habitación de Malfoy.
¿Ya habría despertado? ¿Se estaría preguntando dónde estaba? ¿Recordaría todo lo que pasó ayer?
¿Seguiría en su cama?
Una pequeña ansiedad por asegurarse de que estuviera bien empezó a revolotear incómodamente en su estómago y se aseguró de que todos estuviesen distraídos para poder dirigirse hacia el pasillo y escapar rumbo a las escaleras.
Cuando entró al cuarto por alguna razón esperó encontrar a Draco hablando con Kreacher u ordenándole que le sirviera el desayuno. No recordaba que eran apenas las cinco de la mañana y que el rubio estaba muy agotado por los sucesos de ayer, él mismo se sentía exhausto, sin embargo, la angustia por saber cómo se encontraba el señor Weasley había eliminado cualquier atisbo de sueño, y ahora que sabía que estaba fuera de peligro el cansancio empezaba a regresar de a poco y multiplicado por tres.
Caminó hacia la cama y observó curioso el rostro tranquilo de Malfoy y el compás de su pecho. Viéndolo así no parecía una amenaza, es decir, él personalmente no lo consideraba como tal, pero era bien sabido para todos en Hogwarts que para hablar con él debían de ser un poco cautos, al menos eso pensaban todos los miembros de las casas a excepción de los de slytherin, la verdad no sabía muy bien cómo era la dinámica entre las serpientes.
Apoyó su espalda en la pared junto a la cabecera e inclinó la cabeza hacia un costado con sus ojos anclados en las facciones del rubio. Luego de unos segundos de contemplación se dio cuenta de una cosa que debió haber notado desde el principio.
Draco era...blanco.
Parpadeó repetidas veces y restregó sus ojos para observar que, en efecto, el slytherin lucía más pálido que antes, incluso su cabello y cejas habían perdido todo rastro de color. Malfoy ya era bastante pálido naturalmente, pero ahora su tez era equivalente a una pieza de porcelana, aunque siguiera manteniendo las características de una piel común, y su cabello, por más increíble que sea, lucía más blanco que su piel, o quizá no más blanco, pero sin duda resaltaba, ambos se diferenciaban de una forma que no alcanzaba a comprender.
Intrigado, llevó su mano hacia el cabello blanco sin que pasara por su cabeza si aquello pudiera volver a causarles alguna reacción, no obstante, se sorprendió cuando, el lugar de eso, lo que sucedió fue que al contacto una parte de su cabello volvió a estar de su tono original. Harry observó fascinado cómo toda área que tocaba cambiaba de color, y sin ser consciente empezó a acariciar la cabeza de su compañero mientras este arrojaba un pequeño suspiro y permanecía en el mundo de los sueños.
En esa posición lo encontró Sirius al entrar y quedar estático en el lumbral de la puerta. Luego de un rato tuvo que verse obligado a carraspear.
Harry se sobresaltó y apartó su mano como si lo hubiesen pillado apuñalando al otro. Una reacción bastante exagerada que provocó que Sirius levantara una ceja.
—No es lo que parece—recitó automáticamente sin procesar del todo la razón por la cual se estaba justificando.
—¿No?—preguntó su padrino al tiempo que intercalaba miradas entre él y Malfoy, fue en ese movimiento que se dio cuenta del ligero cambió en el aspecto del otro—Oh—exclamó con un gesto que decía haber entendido la situación, al menos la parte que explicaba porqué Harry había estado acariciando el cabello del otro mientras dormía.
—Lo encontré así—dijo como si estuviera en la escena de un crimen.—Hasta ayer lucía normal.
—¿Y qué pasó ayer? ¿Por qué no se quedaron frente a la chimenea?—habló mientras se adentraba más a la habitación y se ubicaba a un costado de Harry.
—Cuando te fuiste Malfoy empezó a debilitarse. Kreacher dijo algo de estar perdiendo sus lazos mágicos.—explicó sin añadir que de haber estado allí cuando llegaron los hermanos Weasley, seguramente habría tenido que evitar una pelea.
Su padrino lo miró sorprendido y posó su vista en el cuerpo sobre la cama—¿Dumbledore sabe de esto?
—No, bueno, no lo sé. Íbamos a decírselo cuando nos encontraste en su despacho—aclaró sin apartar la vista de Draco, luego espabiló—Pero él ya sabía que algo pasaba con Malfoy cuando desapareció y lo encontramos en el bosque. No me extrañaría que ya supiera que todo el asunto de la luna está relacionado con él.
—¿Por qué no me hablaste de esto?—reprochó cruzándose de brazos.
—Iba a contártelo en cuanto salió en el profeta, pero pasaron muchas cosas. Hermione fue quien se encargó de escribirle una carta a Remus, aunque seguimos esperando su respuesta ¿Tu lo has visto? ¿Cómo está?—preguntó repentinamente tomando consciencia que no había tenido noticias del licántropo desde que le contaron sobre la orden.
Sirius torció el gesto—Desde un principio no lo veía muy seguido, siempre estaba ocupado en alguna misión de la orden. Cuando me enteré de lo que pasaba con la luna busqué a Dumbledore para que me dijera donde está, pero me aseguró que se encontraba bien y a salvo, que volvería cuando todo esto se acabe—suspiró.—Confío en que esté a salvo, pero no creo que la esté pasando bien, no cuando el profeta publica cada vez más ataques de hombres lobo. Sospecho que habrá encontrado la forma de culparse, y aunque he intentado contactarme con él, no ha respondido a ninguna de mis cartas.
Harry no ocultó la frustración que le provocó escuchar eso—¿Y Dumbledore no te dijo nada? ¿No te contó sobre la luna y lo que pasó en el bosque con Malfoy? ¿No llamó a la orden para juntos saber qué está pasando?
Sirius colocó una mano en su hombro para tranquilizarlo—Por ahora debemos dejar que el ministerio se haga cargo. Dumbledore seguramente ya habrá empezado a buscar soluciones por su cuenta. Ya nos informará después. Además—enfatizó—, trajiste aquí la razón principal de todo esto, yo diría que ya tenemos una ventaja.
Bufó—Sí, claro, como si Malfoy fuera a cooperar.
—No creo que te resulte tan difícil convencerlo, ustedes dos parecen ser bastante unidos.
Harry regresó a ver a su padrino con un gesto de espanto y vio que este apuntaba a sus manos. Bajó la cabeza y notó los hilos de magia sobresaliendo de sus palmas que se extendía hasta conectar con las manos de Draco, era lo mismo que había sucedido cuando salieron de la chimenea, pero esta vez ¿Por qué...?
—Harry...—alzó la vista y se encontró con un semblante distinto—sé que tú también quieres ir a ver cómo está Arthur, pero no creo que sea seguro, viste lo que pasó en la chimenea, y para entrar a San Mungo se requiere de magia, quien sabe lo que vaya a ocurrir esta vez que las cosas han...—miró a Malfoy de reojo.—Lo mejor será que te quedes aquí.
El impulso de reprochar surgió de inmediato, pero entendía que lo que sugirió Sirius era sentido común, si iba y atravesaba algún pasaje que requería magia, lo más seguro es que se repitiera lo mismo de ayer y Malfoy apareciera junto a él en pleno pasillo, llamando aún más la atención debido a su actual apariencia y causándole un infarto a Ron.
—De acuerdo, pero ¿Qué les digo? Van a creer que no me importa que el señor Weasley esté en el hospital.
Sirius sonrió mirando la preocupación en el rostro de su ahijado—Nadie creerá eso. Yo se los explicaré.
Harry asintió confiando en que su padrino encontraría una buena excusa.
...
—¡¿DÓNDE ESTÁ HARRY?!
El sonido de la puerta chocando contra la pared provocó que despertara abruptamente y que se reincorporara con movimientos torpes, lo primero que procesó su mente es que, por algún motivo, se había quedado dormido en el suelo, lo segundo fue vislumbrar la figura de Ginny parada en el marco de la puerta, mirando boquiabierta a Draco durmiendo en la cama, lo tercero fue darse cuenta que Draco, aun con todo ese ruido, no se había despertaddo.
Con rapidez se puso de pie y comprobó que el otro aun respiraba y que no había ninguna barrera invisible que le impidiera tocarlo, suspiró aliviado cuando descartó esas opciones, pero se preguntó por cuanto tiempo iba a estar durmiendo y si perder lazos mágicos con tu familia gastaba mucha energía.
Se dio la vuelta y se topó con la mirada incrédula de Ginny.
—Este...puedo explicarlo.
La peliroja levantó las cejas como diciendo ''¿enserio puedes?''.
Sirius apareció detrás de ella—Lo siento, Harry, no me creyó.
Ginny lo miró molesta—¿Por qué iba a creer que Harry fue atacado por doxys? Mi madre fue quien se encargó de ellos, no aparecerán en meses—dijo con cierto aire de orgullo.
—¡Ginny!—se escuchó la voz de Molly desde la planta baja.
—Alastor y Tonks ya deben de estar allí—señaló Sirius mirando a la pelirroja.
—Prometo explicártelo cuando vuelvas—dijo Harry viendo que Ginny seguía viendo sorprendida el cabello y rostro de Malfoy.
—Es...blanco—comentó la chica sin saber muy bien que decir y luego retrocedió hacía la puerta mientras decía:—Ya quiero ver la cara de Ron cuando volvamos—y desapareció por el pasillo.
En el silencio de la habitación, Harry miró a Sirius con reproche.
—Pudo ser peor, pudo haber sido Ron—se defendió el hombre con un tinte de diversión en su voz.
A Harry se le escapó una sonrisa y luego se centró en Malfoy—Sirius ¿Sabes si perder los lazos familiares tiene algo que ver con que Malfoy no despierte?
—Bueno, que borren de ti algo tan importante sin duda debe ser agotador, estoy seguro que de haber podido, mi madre hubiese hecho algo parecido conmigo, aunque claro, tal nivel de magia...
—¿Quieres decir que no es fácil borrar los lazos familiares?
El hombre lo miró como si hubiese dicho que la magia no existe—¡Por supuesto que no! Es como si se intentara eliminar el ADN de una persona, por más que detestes a un familiar cercano seguirás teniendo el mismo ADN, incluso si lo olvidas o incluso si esa persona muere, seguirán teniendo algo que comparten, lo mismo sucede con la magia, y créeme cuando te digo que cambiar eso requiere algo más allá de la magia que nosotros los magos, somos capaces de hacer.
La preocupación que creía haber estado superando al tener a Draco cerca suyo, se esfumó en ese instante con la respuesta de Sirius.
Draco cada vez estaba más lejos y él no podía hacer nada para retenerlo. Era cuestión de tiempo para que se fuera a un lugar donde Harry no podía llegar, y saber eso lo hacía sentir mal por haber rechazado su mano en primer año, por no haberse dado la oportunidad de conocerlo y darse cuenta que, al igual que él, no había tenido elección.
La voz de Sirius lo sacó de sus pensamientos.
—Deberías bajar a comer, estás pálido—lo miró a los ojos y en ellos descubrió cuán agobiado se estaba sintiendo su ahijado.—Estará bien, pronto encontraremos una solución—pasó su brazo por su hombro y lo encaminó hacia la cocina.
Antes de llegar a la escalera, Harry sintió que algo jalaba sus brazos, regresó a ver y se encontró con que los hilos de sus manos todavía no habían desaparecido.
—¿No puedes hacer que se vayan?—Harry lo miró sin ánimo—De acuerdo, traeré la comida a la habitación.
Harry observó a su padrino bajar por la escalera y con un suspiro volvió sus pasos.
*/*/*
Trina, desde aquel bosque místico y lunar, cantaba una canción mientras tejía. El hilo dorado y deslumbrante se conectaba con las manos de la gitana quien, sin expresión en el rostro, permanecía tranquila y sumisa, sentada junto a la diosa.
El otro extremo, de donde provenía el hilo, tenía dos fuentes, el primero salía delgado e invisible al ojo humano, de las manos de la mujer en la que había reencarnado la gitana. Por eso Lucius, aunque preocupado por su esposa, no notó nada raro sucediendo dentro de la caja que le impedía tocarla, y de la cual no podía deshacerse así empleara magia oscura.
La otra fuente descansaba en el Número 12 de Grimmauld Place, pero este hilo surgía del mundo de los sueños, por eso se suponía que no debería ser visible en el mundo material, porque ambos mundos no podían mezclarse.
Pero había pasado.
Trina no lo notó porque el hilo durante el día y en el mundo humano, perdía su fuerza y no llegaba hasta ella.
Y mientras alejaba la influencia de Narcissa de Draco, y la intercambiaba por la suya y de la gitana, no se dio cuenta que también añadía otra a la ecuación.
Ignoró que fuera del cuarteto que formó existía una quinta influencia en el hilo...
Y la diosa continuó tejiendo.
Como cuando piensas que tendrás tiempo libre durante la cuarentena, pero tus profesores se aseguran que no te alcance el tiempo ni para poder ir al baño...
Como sea.
Luego de... ¿2, 3 meses? Les traigo un nuevo capítulo. Y aunque tardé estoy contenta de haber recuperado el hilo de la historia.
Y como me di cuenta que no soy muy buena escribiendo capítulos tan extensos, sospecho que la historia tendrá unos cuántos más, aunque veré si los voy editando para que esto no termine teniendo 50 capítulos o algo por el estilo.
Y...creo que eso es todo lo que tengo que decir. Síganse cuidándo y usen bien la mascarilla ^^'
Nos vemos pronto.
¡Gracias por leer!
