CAPITULO 18

Al llegar a su camarote la abrazó tan fuerte que parecía que quería fundirse con ella. Candy se aferró a él y en está ocasión fue ella quien buscó sus labios, el beso fue tan intenso que al retroceder Terry cayó sentado en la pequeña cama, Candy estaba cegada por la pasión que sentía se puso a horcajadas sobre el actor, lo besaba con más intensidad, el castaño estaba extasiado, ya no pensaba en nada que no sea tener a su pecosa en sus brazos y escucharla decir su nombre de manera entrecortada como sólo ella lo hacía. Lastimosamente Terry en un lapsus de cordura tuvo que alejarse de ella.

-Amor… amor, no podemos seguir, no aquí.

-Qué? – Candy estaba aturdida, cielos! Cómo pudo ser capaz de llegar tan lejos en un lugar público. – Terry… Lo siento! No sé qué me pasó. – se sentía avergonzada por su comportamiento.

-Lo mismo que me pasa a mí cuando te tengo entre mis brazos – declaró el castaño – Pecosa, no debes avergonzarte de ser tú misma – tomó su rostro entre sus manos obligándola a verlo a la cara – nunca te avergüences por demostrar lo apasionada que eres, y que yo provoque esto en ti… no sabes cuán halagador es eso! – le dio un pequeño beso.

-En serio, no crees que es muy… no sé… algo inapropiado?

-Inapropiado es que te contengas, sabes que conmigo no tienes que limitarte, quiero que seas tú misma como lo soy yo contigo, de acuerdo?

-Está bien. – dijo con una tímida sonrisa.

-Pecosa, te prometo que cambiaré. Dejaré de ser tan celoso.

-Terry, me gusta que me celes, pero quiero que tengas claro que te amo y nunca, escucha bien, nunca voy a dejarte, te amo tanto que eres esencial para mí.

-No desconfío de ti, es sólo que tengo miedo que nos separen. Sólo debes saber que sin ti no podría sobrevivir. – la volvió acercar a él y la besó con la misma intensidad de hace un momento.

Al llegar a Nueva York, un coche esperaba a la pareja

. El castaño se había comunicado con su padre para informarle que la gira se había suspendido y que regresarían a Nueva York, el duque le dijo que un chofer los esperaría en la estación.

-Archie, Karen quieren los llevemos? – preguntó el actor.

-No te preocupes Terry el chofer de los Andley nos espera, yo llevaré a Karen a su casa – contestó el castaño claro – Candy cuídate por favor, me comunicaré con Albert para saber cómo están.

-Yo haré lo mismo, también llamaré al hogar para saber de ellos. Archie cuídate por favor.

Sin más se despidieron y cada pareja tomó un rumbo diferente, Candy se veía cansada ya quería llegar a su departamento y dormir hasta el día siguiente.

-Señor, su madre pidió que los llevara con ella.

-Qué? Dirígete a mi departamento por favor, mi esposa está cansada.

-De acuerdo…

-Espere… Terry, tu madre debe estar preocupada, recuerda lo que nos dijo el señor Hathaway – interrumpió la rubia.

-Mi amor te ves cansada, es mejor que vayamos a casa.

-Yo estoy bien cariño, vamos un momento, de acuerdo? – lo miró con ojitos suplicantes.

-No puedo negarte nada Pecosa. – dijo acariciando una de sus mejillas – diríjase a casa de mi madre por favor. – se dirigió al chofer.

-Como ordene, señor.

-Terry… Candy! Cómo están, llegaron bien, no les pasó nada? – Eleonor se acercó a la pareja.

-Cariño déjalos respirar – apareció el duque.

La pareja de esposos se quedó muda al escuchar el apelativo que uso el duque con Eleonor; en el rostro de Candy apareció una sonrisa, sin embargo no se podría definir que reflejaba el rostro de Terry.

-Qué significa eso padre? – dijo con seriedad.

-Pues como se darán cuenta Ellie y yo estamos rehaciendo nuestras vidas… juntos.

-Podría explicarme padre, qué pasó con la distinguida duquesa cara de cerdo?

-Terry! – Candy y Eleonor retaron al actor al mismo tiempo.

-No debes preocuparte por eso, ya estoy divorciado de ella. – dijo su padre con una sonrisa, siempre le había causado gracia la manera en que llamaba Terry a su madrastra, por eso nunca lo había retado cuando lo escuchaba.

-Mamá…?

-Cariño, yo amo a tu padre y nunca deje de hacerlo. No creo que deba perder el tiempo cuando lo que más quiero es ser feliz con él. Eso aprendí de ustedes.

-Si temes que lastime a tu madre, no debes preocuparte. Todo esté tiempo lejos de ella me enseñó a valorar lo que un día tuve y lo perdí por no enfrentarme a mi padre, sólo lamento no haberla buscado antes. – dijo el duque acariciando la mano de Eleonor.

-Espero que no la lastimes, y tu Eleonor debiste hacer sufrir un poco más al Duque – comento con esa característica sonrisa de lado.

-Terry! – lo regaño Candy – felicidades espero que sean muy felices.

-Gracias, Candy. – agradeció la actriz – Terry, Candy quiero que se queden aquí con nosotros, la situación en Nueva York es preocupante.

-Mamá… te agradecemos la invitación, pero preferimos quedarnos en nuestro hogar.

-Pero hijo, sería mejor que se queden aquí.

-Eleonor debes dejar que ellos decidan, además podremos comunicarnos por teléfono todos los días – intervino el Duque- Terry se iniciara un plan de confinamiento, este virus está acabando con muchas personas, no sólo aquí también en Europa.

-No regresaras? Si Londres está siendo afectada te pedirán que regreses, deberás estar en la cámara de los lores.

-Pues como temen a que incremente los infectados, no hay barcos rumbo a Europa. No te preocupes, me comunique con su majestad y no precisan de mi presencia por ahora.

-De acuerdo, mamá no te preocupes. – se dirigió a su madre al verla preocupada - Estaremos bien y como dice mi padre nos comunicaremos todos los días.

-De acuerdo – acepto la actriz – pero prometan que se comunicaran diario.

-Está bien – dijo el castaño con una pequeña risita – Pecosa estás bien? – se dirigió a su esposa pues ésta había estado callada todo ese rato. – Candy?

- Ehh… lo siento, es que me preocupan mis madre.

-No te preocupes cariño, ellas deben estar bien. Llamaremos a Albert para preguntarle, de acuerdo? – vio que la rubia sólo asentía con la cabeza.

-Deben estar cansados, seguro quieren volver a su casa – el Duque vio el cansancio en Candy.

-Sí será mejor que nos vayamos, mamá te llamaremos mañana.

La pareja se despidió y se dirigió a su casa. En el camino Candy vencida por el cansancio se quedó dormida, Terry tuvo que cargarla hasta su departamento pidiendo al chofer que lo ayudará con sus maletas y la puerta.

-Gracias por tu ayuda, Thomas.

-No debe agradecer señor, me alegra serle de utilidad. Que descanse – el chofer de Eleonor se despidió del joven actor.

-Vamos pecosa será mejor que te lleve a la habitación. – dijo dirigiéndose a la alcoba y con sumo cuidado dejó a Candy en la cama – vaya que tienes el sueño pesado Pecosa! – se reía al ver como Candy se acomodaba.

Terry se acostó a su lado y cubriéndose con las frazadas, pues el frio se sentía, se quedó dormido abrazado al cuerpo de la rubia.

Al día siguiente Candy despertó ya recuperada del cansancio del viaje, durante la gira no había dormido cómodamente, pues los viajes en tren no eran tan cómodos.

-Ya despertaste dormilona! – Terry salía del baño cubriéndose sólo con una toalla.

-Estaba muy cansada, sabes que después de cada viaje me pasa eso y este fue un poco más largo que los otros.

-Tienes razón.- se acercó para darle un beso en los labios - roncaste mucho anoche, los vecinos vinieron a tocar nuestra puerta, pensaron que habíamos traído un oso como mascota – soltó una risa profunda al ver el profundo sonrojo de su pecosa.

-Terry, no mientas! si ese hubiera sido el caso me habría despertado, tengo el sueño ligero. – con eso Terry no pudo controlar una carcajada.

-Cariño, ni siquiera despertaste cuando te deje caer al no poder abrir la puerta.

-Qué! Ahora que lo pienso, cómo llegue a la habitación?

-Pues tuve que cargarte revisa tu brazo tienes un rasguño por la caída. – inmediatamente Candy reviso sus brazos buscando los rasguños. Y supo que Terry la embromaba al verlo reír con una carcajada intensa.

-Eres malo Terry!- Candy le arrojó una almohada a la cara – cómo puedes burlarte así de mí?

-No te enojes pecosa, es una bromita. Sabes bien que no te dejaría caer nunca.

-Lo sé mi amor, pero sabes que me pagarás esta bromita, verdad?

-No señora Granchester, usted no es una mujer vengativa. No sería capaz de hacerme sufrir por una broma inofensivag.

-En eso se equivoca señor Granchester, no sólo fue una bromita, fueron varias. – sonrió con malicia al ver el rostro preocupado de su esposo, pues una vez lo dejó todo un día sin besos, castigo por bromarla.

-De verdad Albert? Muchas gracias, entonces me comunicaré con mis madres. – Candy se había comunicado con Albert para saber cómo estaban, se alegró bastante al saber que el rubio había hecho conectar un teléfono en el hogar.

Después de comunicarse con sus madres y éstas le informaran que estaban bien, se sintió más tranquila, todos a los que quería estaban bien.

Así pasó más de una semana comunicándose con Eleonor y su familia en Chicago como se los había prometido, Archie también se comunicaba con ellos para informarles que estaba bien.

Lastimosamente la influenza estaba acabando con la vida de muchas personas, la nación no estaba preparada para una pandemia como ésta, las personas tuvieron que confinarse en sus hogares, los hospitales ya no daban abasto con la cantidad de personas que ingresaban, el personal médico no era suficiente para atender a los enfermos, Candy se sentía culpable de no poder ayudar, entonces se propuso hablar con Terry y exponerle su inquietud pero ésta provocó una discusión con su esposo.

-Terry necesitan ayuda en los hospitales, yo quisiera ir y ayudar…

-No Candy! No vas a exponerte.

-Pero cariño son muchos enfermos… yo puedo ayudar como enfermera.

-Pecosa, por favor entiende es muy peligroso. No quiero que te expongas.

-Terry…

-DIJE QUE NO! – Terry alzó la voz molestó por la terquedad de Candy.

-Cómo puedes prohibirme que preste mi ayuda a los que más lo necesitan! – contestó la rubia con las lágrimas corriendo por sus mejillas.

-No te das cuenta que tengo miedo que algo te pase? – trató de tranquilizarse.

-No va pasarme nada, voy a tener cuidado.

-Ya basta Pecosa! No vas arriesgarte a un contagio. Esta discusión absurda ya terminó, así que no trates de convencerme.

-Eres un idiota! Y no me importa lo que digas, yo voy a ayudar a esas persona! – salió alterada de la habitación, estaba molesta.

Terry estaba molesto con si mismo por haberle gritado a su Pecosa, pero es que tenía que ser tan terca? Acaso no entendía la gravedad de esta enfermedad? Si algo le pasaba no se lo perdonaría nunca. Varias personas habían perdido la vida; niños perdieron a sus padres; muchos se quedaron viudos; los doctores y enfermeras se contagiaban por estar más expuestos y tener mayor contacto con los enfermos. No, no permitiría que su pecosa se enferme, si debía encerrarla bajo llave lo haría.

Albert estaba preocupado por el futuro de su familia no sólo por su salud sino también por lo económico. Diariamente se comunicaba con Candy y Archie para saber si estaban bien, pero también para saber cómo marchaban las empresas de Nueva York, por suerte éstas iban bien.

-Sucede algo tía? La veo algo preocupada.

-William es Eliza, Sara llamó preocupada.

-Le pasó algo a Eliza?

-Esta muchacha dice estar enamorada de un vaquero, un joven que tiene un rancho en Lakewood. Que dirá la gente!

-Tía si está enamorada no veo cual es el problema.

-No te das cuenta, ella es una señorita de buena familia no…

-Tía, debería estar feliz que Eliza haya encontrado alguien que la ame. No debería dejarse llevar por la clase social de las personas. –la tía abuela ya no dijo nada, pues se dio cuenta que su sobrina se estaba comportando.

Albert ya sabía de la relación de Eliza y Tom, después del incidente con Candy la había estado vigilando, le dio gusto saber que el muchacho era del hogar de Pony y le agradó más al ver que su sobrina había estado cambiando su comportamiento de manera positiva.

Ya estaba más calmado quería arreglar las cosas con su esposa. Hace más de veinte minutos que se había quedadog solo en la habitación, pero cuando salió no la vio y en ese momento se preocupó.

-Candy… dónde estás cariño? – no había escuchado abrir la puerta, entonces se dirigió a la pequeña cocina y lo que vio lo dejó helado, su pecosa estaba ahí, pero tirada en el piso. – Candy! – corrió hacia ella – Candy, mi amor reacciona! – daba golpecitos en la mejilla de la rubia, estaba desesperado su esposa no respondía.

Veinte minutos atrás

Candy había dejado la habitación molesta. Terry era injusto, cómo podía prohibirle que ayude a los demás. Ella había estudiado enfermería con la convicción de ayudar a las personas, pero su esposo se lo estaba impidiendo. Aunque también entendía a Terry, sabía que tenía miedo de que se enfermara, incluso ella tenía miedo, pero ese lado humanitario le gritaba que debía colaborar con los otros.

Se dirigió a la cocina por un poco de agua para calmar su enojo que le estaba provocando un dolor de cabeza; de repente sintió que todo a su alrededor se movía, trato de apoyarse en el mesón para no caer; pero no le dio tiempo, ni siquiera pudo llamar a su esposo cuando todo se nubló y cayó al piso golpeándose la cabeza con fuerza.

Terry estaba a lado de su esposa; Candy seguía inconsciente, después de haberla llevado a la habitación llamó a sus padres para informarle sobre el estado Candy. No podía llevarla a un hospital pues éstos eran un caos por la influenza. Los pacientes con este virus habían llenado los hospitales, su madre llamó a su médico de cabecera y éste inmediatamente se dirigió al departamento del castaño, al llegar encontró a un Terry desesperado y con pánico en la mirada al ver que su esposa no reaccionaba. Por suerte el médico descartó un contagio de influenza, pero le preocupaba el golpe de la cabeza, cuando Eleonor y Richard llegaron se conmovieron al ver a su hijo de rodillas junto a la cama tomando la mano de su esposa, se le veía preocupado y afligido por su estado.

-Cariño, ella se pondrá bien – Eleonor trató de darle ánimo.

-Es mi culpa… le grité y… cómo no pude darme cuenta? – el castaño se recriminaba por no haber estado junto a ella.

-No, cariño no creo que fuera tu culpa.

-Sí lo fue, ella… - no terminó pues Candy estaba reaccionando. – Pecosa… mi amor cómo estás? Cómo te sientes? – hablaba atropelladamente.

-Qu… qué me pasó? – estaba confundida, se tocaba la cabeza para poder recordar.- no recuerdo que me pasó.

-No se preocupe es normal – dijo el Médico – salgan por favor, voy a revisarla.

-No voy a moverme de su lado – el actor fue tajante.

-Está bien, pero los demás deben salir – Eleonor y Richard dejaron la habitación, la rubia se veía preocupada y rogaba que nada malo le pase a Candy, la querían mucho pero también temían por la reacción que tendría su hijo si algo le pasaba a su esposa.

-Tengo miedo que Candy tenga algo malo, no es normal que tardara tanto en reaccionar.

-No te preocupes, no creo que sea algo malo.

Minutos después salió el médico y se dirigió a la pareja.

-Cómo está Candy? Ella está bien? – se apresuró a cuestionar Eleonor.

-Cariño deja hablar al doctor.

-No se preocupe, la señora Granchester tiene un caso leve de anemia, esto es común en ciertos embarazos.

-Oh Candy está embarazada!? – dijo Eleonor sorprendida.

-Un nieto! – dijo feliz Richard.

-Muchas felicidades. Su esposo se quedó con ella, la señora Granchester debe cuidarse. Los primeros meses son los más delicados, debe estar tranquila, no la preocupen o alteren, cualquier cosa pueden llamarme.

-Cómo te sientes amor? – aunque Terry estaba feliz por la noticia, su rostro demostraba preocupación.

-Estoy feliz, tendremos un bebé. – dijo Candy con una gran sonrisa. – pero tú no te ves muy contento.

-Tuve miedo al ver que no reaccionabas – dijo bajito acariciando la bandita que cubría la herida ocasionada por la caída.

-No debes preocuparte cariño, el médico ya nos dijo que no era nada grave, que sólo es una leve anemia.

-Pero lo que pasó antes de… - Candy puso su dedo sobre los labios de Terry, para que deje de culparse.

-Olvidemos eso mi amor, debemos estar felices porque un nuevo integrante se unirá pronto a nuestra familia. –Terry le dio un besito en los labios antes que entren sus padres pues éstos habían tocado la puerta.

-Candy, hijo muchas felicidades! – se acercó Eleonor para darles un abrazo.

-Felicidades Candy, Terry! – los felicitó el Duque.

-Gracias. –dijo Terry aun no podía creer que pronto sería papá.

-Muchas gracias, Eleonor, Richard. Perdón por haberlos preocupado.

-Nos diste un susto, pero ahora nos das la alegría más grande de todas – le dijo el duque.

-Claro que sí, oh tendremos un nieto! – dijo Eleonor.

-Bueno será mejor que nos vayamos, dejemos descansar a Candy. – sin más la pareja se despidió de la rubia.

-Terry, el médico nos dijo que Candy no debe estar bajo estrés, debe estar en un ambiente tranquilo. Por eso hemos pensado que deberían irse a la casa que tengo a las afueras de la ciudad, es más tranquilo.

-Tienes razón, hablaré con Candy sobre eso. Perdón por asustarlos y haberlos hecho venir a estas horas.

-No te preocupes por eso hijo, ahora Candy es parte de la familia, nos hubiéramos molestado si no nos avisabas sobre lo sucedido. – dijo el duque.

Candy y Terry estaban felices por la llegada de su bebé, pero el castaño también estaba preocupado por la salud de su esposa, el que Candy tenga anemia, aunque sea algo común en algunos embarazos, no lo dejaba tranquilo. Estaría más al pendiente de su esposa, los protegería de todo y de todos, es por eso que había decidido llevar a su familia al campo, el único lugar donde tendría paz y tranquilidad.

Notas:

Hola! Que les pareció?

Al fin la familia Granchester – Andley crecerá, esperemos que el embarazo de la pecosa no tenga contratiempos.

Qué creen que debería ser el futuro miembro de la familia? Ya tengo una idea, pero todo puede pasar, a quien creen que debería parecerse? Wow son muchas incógnitas que resolver, así que a trabajar. =)

Gracias por sus reviews son muy alentadores. Ya estamos cada vez más cerca del final.

10 – Junio – 2020.