Llegó marzo, y en una semana especialmente fría decidí hacer algo para ayudar a mis dos mejores amigos a descubrir lo que sentían el uno por el otro.

Desde que le insinué a Tomoyo aquello sobre Eriol... ella estaba distinta, a veces se sonrojaba cuando él se acercaba a nosotras en los recreos y cuando mi amigo hablaba con ella notaba que se ponía nerviosa.

Y había pillado a Eriol observándola más de una vez.

Era el momento de actuar.

Mi plan fue muy sencillo de elaborar.

El lunes por la tarde ambos recibieron un mensaje mío pidiendo que vinieran a los jardines donde entrenaba todas las semanas con Shaoran, después de recibir el ataque de Kloe volvimos a practicar en cuanto me dejó de doler el cuerpo.

Al ver mis moretones mis padres quisieron que denunciara el ataque, pero Shaoran me había explicado que muchos jueces ven las artes marciales como si fueran un arma blanca y por lo tanto sería como si yo los hubiera atacado a ellos con un cuchillo... y acabaría siendo la culpable.

Por eso no pudimos denunciar nada, pero al menos me consolaba saber que ellos habían terminado mucho peor que yo.

Shaoran quería que llegara a controlar mi fuerza totalmente, para que si volvía a pasar algo así fuera capaz de rechazar el ataque de varias personas.

Justo después de terminar nuestra sesión de golpes, patadas (y algún beso) les envié el mismo mensaje a los dos.

Sakura: "necesito hablar contigo, nos vemos en los jardines del triunfo. voy de camino, me queda poca batería pero espérame que llegaré".

Apagué el teléfono y Shaoran susurró -eres malvada-.

Nos escondimos detrás de unos arbustos para esperar.

La primera en llegar fue Tomoyo porque vivía muy cerca de allí al igual que Shaoran. La observamos sentarse en un banco y sacar su teléfono para intentar llamarme sin éxito.

Me distraje porque, aprovechando que estábamos escondidos, Shaoran se dedicó a colar sus manos por dentro de mi ropa y toquetearme por todas partes sin cortarse, incluso me desabrochó el sujetador.

-oye, estate quieto que nos van a pillar- susurré entre risas intentando apartar sus brazos.

-aquí metidos nadie puede vernos- dijo con ojos peligrosos antes de abalanzarse sobre mí.

Me dejé llevar por sus besos y acabamos tirados en el césped con Shaoran apretándome más para que no pudiera alejarme ni un milímetro de él.

Estábamos a punto de hacer una locura cuando escuchamos el ruido de una moto.

Nos separamos con la respiración acelerada y nos incorporamos un poco para observar a través de las ramas.

Vimos a Eriol acercarse a Tomoyo y saludarla.

Bien, ahora iban a estar a solas un rato y esperaba que la magia hiciera efecto.

-si empiezan a estar juntos... ¿dejarás de sentir celos de Eriol?- pregunté en voz baja.

Shaoran entrecerró los ojos y respondió -lo dudo- haciéndome reír.

Nos quedamos en silencio observándolos, los dos estaban charlando sentados en el mismo banco.

-¿crees que estaríamos juntos si el verano pasado yo no me hubiera quedado una semana en aquella casa con Tomoyo?- susurré.

Él me miró a los ojos y dijo -no lo sé, habría sido difícil que pasara algo si ya no estaba en el instituto porque apenas nos hubiéramos visto-.

Escuchamos una risa nerviosa y nos giramos.

Eriol se había acercado mucho a Tomoyo y le estaba acariciando la mejilla mientras que ella no podía estar más ruborizada.

Cuando los vimos besarse me tapé la boca para no gritar de emoción.

Me levanté y le dije a Shaoran -espera aquí, ha llegado el momento de vengarme por todas las veces que me han hecho sentir incómoda esos dos-.

Me acerqué a ellos en silencio, encendí mi teléfono y empecé a grabar un vídeo.

Después de eso activé el flash de la cámara y les hice una foto esperando que se dieran cuenta.

Mis dos amigos se separaron de golpe con cara de susto.

-lamento interrumpir pero necesitaba pruebas de esto para chantajearos. ya me marcho, nos vemos mañana en clase, parejita- dije con una sonrisa y me alejé sin poder parar de reír.

Shaoran corrió hacia mí y salimos de los jardines entre risas cómplices.


Unos días después, estaba otra vez en los jardines esperando a Shaoran para nuestra sesión de entrenamiento cuando lo vi llegar con sus primos Yukito y Yue.

Me extrañó mucho porque se suponía que, aparte de Tomoyo y Meiling, nadie más sabía que estábamos juntos.

Había jugado más de una vez partidos de baloncesto con Tomoyo y todos sus primos, Meiling y ella siempre me dedicaban miradas pícaras al verme cerca de Shaoran pero ni sus hermanas ni el resto de primos sabía nada.

A excepción de Touya claro, ese hombre siempre parecía saberlo todo pero nunca decía nada lo que me provocaba escalofríos.

Los dos chicos me saludaron muy sonrientes y Shaoran me dijo -no me mires así, ellos ya lo saben-.

-lo sabe toda la familia, la madre de Shaoran se ha encargado de difundirlo- replicó Yue.

-¿cómo?- respondí casi gritando.

-se dieron cuenta cuando fuiste herida a su casa, Feimei dice que la forma en que Shaoran te miraba lo delató- dijo Yukito con una sonrisa traviesa.

-lo mejor de todo es que tus padres no están nada contentos, ¿verdad, Shaoran?- susurró Yue pero pude oírlo.

Shaoran puso los ojos en blanco y resopló.

-es mi vida y me da igual que les parezca bien o no- respondió a su primo.

Suspiré esperando que todo eso no me trajera problemas.

-¿a qué habéis venido chicos, a burlaros de como peleo con Shaoran?- pregunté con una mueca.

Los dos hermanos me dedicaron una sonrisa misteriosa.

-nada de eso, han venido a retarte- respondió Shaoran.

Me quedé quieta intentando entender sus palabras.

-a... ¿retarme?- pregunté confundida.

-ya te he enseñado todo lo que sé, es hora de ponerte a prueba- añadió Shaoran.

De repente los tres se colocaron en posición de ataque.

-mis primos no saben tanto como yo pero conocen las artes marciales... intenta librarte de nosotros- me dijo con una sonrisa malvada en los labios.

El primero en lanzarse a por mí fue Yue, reaccioné a tiempo y conseguí parar su patada con el brazo derecho. Agarré su pierna y giré haciéndole caer pero Yukito me golpeó en el costado y tuve que alejarme unos pasos.

Yue me miraba desde el suelo con ojos furiosos mientras que Shaoran se reía mirando a su primo.

Di un salto para esquivar una patada de Yukito y conseguí golpearle en el pecho haciéndole retroceder.

Los dos hermanos miraron a Shaoran.

-bien...es mi turno- dijo él y sus ojos centellearon al mirarme.

Me coloqué en posición defensiva y esperé a que se acercara a mí.

Él conocía bien mi forma de moverme y por eso nunca había conseguido vencerlo.

Paré su primera patada con mis dos manos pero cuando intenté girar para tirarlo como a Yue me esquivó con un movimiento rápido y me golpeó la pierna haciéndome caer de rodillas.

Aproveché para girar en el suelo y le di en uno de sus pies consiguiendo que se tambaleara.

Incorporándome de un salto me lancé a por él intentando golpearlo pero paraba todos mis ataques sin problema.

En un descuido me golpeó en el brazo y tuve que retroceder.

Shaoran me dedicó una sonrisa de triunfo.

Aproveché esa distracción para poner mis manos en el suelo y asestarle una patada en el costado.

Eso no se lo esperaba y estuvo a punto de acabar en el suelo.

Shaoran recuperó la postura de un salto y yo me coloqué de nuevo en posición de ataque.

Se abalanzó sobre mí esquivando mis puñetazos y me agarró por la cintura.

-creo que podemos decir que tenemos un empate- dijo con el rostro muy cerca del mío.

El corazón se me aceleró cuando me apretujó entre sus brazos y me besó.

-basta, iros a un hotel- escuché decir a Yukito detrás de Shaoran.

Me soltó y se acercó a sus primos.

-no habéis podido con ella- les dijo sonriendo.

Yo también me acerqué y añadí -técnicamente tú tampoco has podido-.

Sus primos y yo nos reímos mientras que Shaoran nos miraba molesto.


Un mes después, en abril, ya era oficial que Tomoyo y Eriol estaban juntos.

Yo no podía alegrarme más por ellos, se les veía felices y me alegraba muchísimo de que por fin Eriol estuviera con alguien que entendía mi relación con él.

Cuando me abrazaba o me daba un beso delante de Tomoyo a ella nunca le molestaba, incluso le parecía bien que me quedara a dormir con él en su casa para estudiar todas las veces que quisiera.

A Shaoran en cambio eso seguía sin hacerle gracia.

Hacía unos días que había cumplido dieciocho años y Shaoran me había invitado a cenar en su piso para celebrarlo.

Su familia se había ido de viaje y él había vuelto a quedarse con la excusa de los estudios.

Ese día por fin podríamos dormir juntos, Eriol me cubría las espaldas pues supuestamente me quedaba en su casa.

Cuando llegué a la puerta del piso de Shaoran no pude evitar ponerme nerviosa.

También pensé en lo raro que era que no estuviera esperándome con la puerta abierta.

Llamé y a los cinco segundos me abrió, ya era casi de noche y el piso se veía muy oscuro.

Entré y me abrazó llevándome hasta el comedor.

Allí me esperaba una mesa llena de platos con mis comidas favoritas y velas repartidas por los muebles iluminando toda la habitación.

Me quedé muda de la impresión.

-feliz cumpleaños- susurró cerca de mi oreja poniéndome los pelos de punta.

Sonriendo lo atraje hacia mí con los brazos y le di un beso bastante intenso.

Al separarnos pude ver fuego en los ojos de Shaoran.

-por ser una ocasión especial me voy a controlar y no te voy a arrancar la ropa ahora mismo... pero no te acostumbres- dijo abrazándome más fuerte.

Me llevó hasta la mesa y nos sentamos uno al lado del otro.

Empezamos a comer, todo estaba delicioso y me impresionaba que él supiera cocinar todas esas cosas sin ayuda de nadie.

De repente me fijé en una caja de madera que había en la mesa.

Shaoran vio lo que estaba mirando y dijo -cógelo, es tu regalo-.

Lo que vi al abrirla me dejó sin palabras.

Era una cadena de plata de la que colgaba una especie de llave con una estrella en medio y dos alitas pequeñas a los lados.

-yo... esto es muy bonito, Shaoran- dije con la voz entrecortada.

Shaoran me la quitó de las manos y me la puso en el cuello.

-la vi y no sé por qué pero me recordó a ti- dijo tocando la pequeña llave mientras me miraba.

-me encanta, no me la pienso quitar nunca-.

Me estremecí con varios escalofríos cuando su mano soltó la llave y se dedicó a recorrer mis hombros.

-¿tienes más hambre?- preguntó con su rostro cada vez más cerca.

Tragué saliva y negué con la cabeza.

Una sonrisa maliciosa curvó sus labios.

-entonces ha llegado la hora del postre- susurró antes de besarme.

Me levantó con sus brazos y sin parar de besarme me llevó hasta su cuarto.

Cuando me soltó en la cama vi que allí también había puesto varias velas repartidas por todas partes.

No pude evitar reírme y Shaoran me miró extrañado.

-¿qué pasa, quieres ahorrar electricidad?- pregunté reprimiendo una carcajada.

Shaoran frunció el ceño y se acercó a mí levantándome la falda con furia.

-cállate, intentaba ser romántico- refunfuñó en mi cuello.

-lo siento, no estoy acostumbrada- respondí tirando de su camisa hasta que cayó sobre mí.

Los dos nos reímos pero aquello dejó de resultar gracioso cuando Shaoran me tiró un poco del pelo para poder acceder mejor a mi cuello y llenármelo de mordiscos.

Las manos me empezaron a temblar pero conseguí abrir su camisa y quitársela.

Él reclamó mis labios mientras me bajaba las medias con tan poco cuidado que las escuché romperse... pero no me importó.

Mi ropa voló por los aires y la temperatura del cuarto fue subiendo sin control.

Entre gemidos escuché a Shaoran abrir un cajón, ya imaginaba lo que estaba buscando.

Me levantó hasta que acabamos sentados conmigo encima de él.

Sus labios siguieron devorando a los míos mientras nos fundíamos en un solo ser.

Aquella noche sería muy larga.