Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is iambeagle, I just translate.
Thank you iambeagle for trusting me with your story!
Capítulo 21
La cara de mi terapeuta, Emily, se mantiene extrañamente neutral a pesar de que acabo de decirle que Edward y yo casi tuvimos sexo en Navidad. Supongo que el casi no es necesariamente cierto. Pero yo no tenía la camisa puesta. Y tenía tantas ganas de estar con él, así que eso le digo.
No entiendo cómo es que no reacciona. Sin importar lo que digo, se mantiene estoica, escuchándome. No responde, al menos no negativamente. Desearía poder ser más como ella en ese aspecto.
Emily conoce todo mi pasado y cómo ha estado afectando mi futuro. Sabe casi todo sobre Renee, y sabe todo sobre Edward. Es fácil relatar mi historia con él. La de Renee es más difícil, y permitirme abrirme con ella me desgasta mucho emocionalmente.
Cuando pregunta si fui yo quién detuvo la intimidad con Edward, le digo que él lo hizo. Admito que yo lo hubiera dejado pasar, lo hubiera dejado follarme en el sofá. No lo digo tan vulgarmente, pero el sentimiento permanece.
Ella sugiere que hay cierta comodidad con Edward, y que es regresar a lo que conozco. Piensa que estoy buscando alguna semblanza de normalidad, que incluso la ansío por su inminente partida. Me recuerda que recurrir al sexo antes de lidiar lo suficiente con mis problemas no nos hará bien a ninguno de nosotros.
Casi al final de nuestra sesión, me dice que rendirme a viejos patrones no me sirve. Con el mismo aliento, me recuerda que eso va a pasar, una y otra vez. Fallaré, cometeré errores. No con Edward – porque nada con él ha sido un error – sino en otros aspectos de mi vida. Dice que necesito ser gentil conmigo misma. Romper viejos hábitos es difícil, que va a tomar tiempo frenar mi cerebro para dejar de asumir que lo peor sucederá y que todos tienen la intención de lastimarme.
—¿De cuánto estamos hablando? —pregunto, intentando traer algo de humor a esta intensa conversación.
—Más de cinco sesiones. —Su sonrisa es genuina—. Te veré la próxima semana.
XXX
El día de la fiesta de despedida de Edward también es el día de Víspera de Año Nuevo.
Rose y yo nos alistamos juntas para su fiesta. Ella es mejor que yo en estas cosas, y estoy agradecida de tenerla cerca. Se ofrece a rizarme el cabello para que quede en ondas y trae un vestido negro que pensó me quedaría bien. Tenía razón – se me ve bien, pero es un poco más revelador de lo que me gustaría, así que hago una nota mental de tener puesta mi chaqueta negra de cuero toda la noche.
Está arrodillada detrás mí mientras permanezco sentada frente a mi espejo de cuerpo completo, tiene mi cabello envuelto en la pinza.
—… y estoy lista, pero no sé, parece que es demasiado pronto.
—¿Qué? —pregunto, regresando al presente.
—Em va a conocer a mis padres.
—Oh.
—Has estado algo callada —dice, y encuentro sus ojos en el espejo—. ¿Estás bien?
—Sí, ¿por qué?
Una pequeña sonrisa de preocupación tira de sus labios.
—Tu chico se irá mañana. Por eso.
—Ja, ja. —Bajo la mirada y me concentro en una paleta de sombras.
—De verdad te estás manteniendo firme, ¿eh?
La miro de nuevo.
—¿A qué te refieres?
—Pensé que ya habrías regresado con él. Todos lo pensamos.
—Es complicado —murmuro, mirándola agarrar otra sección de cabello.
—Entonces te gusta torturarte. —La miro fijamente—. Como sea, él te mintió, pero ¿en serio fue tan malo? No es malicioso.
—Lo entiendo. Pero ¿sabes qué se siente que te mientan casi toda tu vida?
—No. Pero, si eso te ha pasado a ti, ¿no deberías estar acostumbrada?
Sé que tiene buenas intenciones, pero…
—Así no funciona, Rose.
—Lo supuse. Sin embargo, creí que valdría la pena intentarlo —replica, suspirando.
Dejamos el tema y pronto termina con mi cabello. Lo despeina, básicamente deshaciendo todo lo que acaba de hacer, y me rocía spray texturizado entre los mechones para mantenerlo en su lugar. Mi cabello nunca se ha visto mejor, y con el maquillaje que añadió para resaltar mis ojos, diría que me veo muy decente.
Cuando terminamos de arreglarnos, ella recoge sus cosas y yo limpio un poco mi habitación. Ha estado un poco caótico con mi horario de trabajo y Navidad y porque me enfermé, y por eso dejé que mi habitación se fuera a la mierda. Cuando muevo una pila de ropa del piso a mi cama para separarla, encuentro una de las camisetas de Edward. Me detengo y debato si debería regresársela o no. Al final la guardo en mi cajón, quedándomela para mí. No todas las partes de él se tienen que ir de Seattle.
Cuando son casi las siete y es hora de ir a la fiesta, encuentro solo a Edward esperándome abajo. Está usando jeans oscuros, sus botas nuevas con una camiseta blanca y una delgada chaqueta azul marino.
En otras palabras, se ve jodidamente bueno. Un poco cansado, pero bueno.
—¿Dónde están todos? —pregunto, echándome el cabello hacia atrás para poder ponerme mis aretes de aro dorados.
—Al parecer se reunirán con nosotros allá.
Se siente como muy a propósito de su parte, pero no lo cuestiono.
—Entendido.
—Te ves… —se detiene, sus ojos barren sobre mi cuerpo.
—¿Es mucho? —pregunto, repentinamente nerviosa al pensar que Rose exageró.
—No. Te ves hermosa.
Sostengo su mirada.
—Gracias.
Señala mis zapatos.
—Pero ¿no son un poco altos?
—El tacón es ancho, estaré bien.
—De acuerdo. —Agarra su gorro, viéndome a modo de advertencia—. No te voy a cargar como lo hice en Año Nuevo hace un año.
—No te lo voy a pedir. —Tengo un tono cortante cuando lo digo, pero sólo porque los recuerdos de los coqueteos y la diversión del año pasado llenan mi mente. No nos besamos a medianoche, pero parte de mí lo había esperado. Al parecer, muchas cosas pueden cambiar en tan sólo un año.
—¿Estás lista? —pregunta, metiéndose ese desastre de cabello debajo del gorro.
—Síp.
Hacemos el viaje al restaurante en silencio. Pero no es completamente incómodo. Él juguetea con la radio, pero la apaga cuando descubre que no hay nada bueno.
—¿A qué hora sale tu vuelo? —pregunto. Lo recuerdo, jodidamente que sí lo recuerdo. Sólo quiero algo de lo que poder hablar con él. Pero tal vez su partida no es el mejor tema para mi corazón.
—El vuelo es a las diez de la mañana.
—Qué horror.
Mantiene su mirada en la carretera.
—Lo sé.
Me aclaro la garganta, viendo su perfil.
—Gracias por llevarme. —Cuando me mira, no aparto mis ojos de él—. Espera, ¿qué harás con tu carro?
Se encoge de hombros, regresa la vista a la carretera.
—Mis padres se lo quedarán. Probablemente lo venderán. No sé.
—¿No lo necesitas?
—Pues probablemente termine comprando otro. —Mira sobre su hombro para cambiar de carril—. Esta desgastada cosa no necesita ser vista en LA.
—Tu deslumbrante vida nueva requiere un deslumbrante auto nuevo —musito. Sueno más amargada de lo que pretendía.
—¿Lo quieres? —pregunta luego de un latido.
—¿Qué, tu carro?
—Sí, no sé. Para ahorrarle a mis padres la molestia de tener que deshacerse de él.
—¿Me vas a dar tu carro así nomás? —pregunto sorprendida.
—No es necesariamente un lindo auto —se ríe—. Pero es confiable, y está pagado.
Sigo confundida.
—¿Vas a comprar un carro nuevo para tenerlo en LA sólo un año?
Se queda callado y dura lo suficiente para que me pregunte por qué, pero no tanto para hacer la pregunta en realidad.
—Sí. Pues sí. El carro es tuyo, si lo quieres. Le diré a mis padres, y ellos pueden averiguar cómo hacer el cambio de dueño y todo eso.
—Bien. Seguro —digo, estirando la palabra, sigo ligeramente confundida—. Gracias.
—No es nada. —Asiente, golpea gentilmente el volante dos veces con su puño—. Estarás en buenas manos.
—Lo sé.
—Estaba hablando con el carro.
Me mira con una pequeña sonrisa dulce, y no puedo evitar regresarle el gesto.
XXX
Los Cullen no escatiman en gastos para la fiesta de despedida de su hijo. Rentan el bar trasero en Bastille, un restaurante francés elegante, pero relajado. El espacio está poco iluminado, intimo. Hay un candelabro brillando sobre nosotros, una barra de caoba intenso que está iluminada con un resplandor ámbar y mesas de diferentes alturas esparcidas por el lugar para que todos puedan mezclarse y pasear sin sentirse muy forzados o elegantes.
Hay fácilmente sesenta invitados aquí, que van desde la familia de Edward por ambos lados, a sus compañeros de preparatoria y universidad, y amigos de la familia con los que creció. No hay necesidad de decir que él es el hombre de la noche, y lo veo muy poco durante la velada.
Los cocteles son pequeños pero fuertes, y me encuentro sintiéndome un poco borracha desde temprano. Los entremeses que rodean la habitación saben deliciosos, pero no llenan mucho. Cada vez que un mesero pasa junto a mí con una bandeja de comida, yo agarro felizmente incluso si no puedo descifrar qué estoy comiendo. Emmett sigue mi ejemplo, pero casi escupe cuando come hígado de pollo sobre una galleta.
—Hola, niña.
Me giro para ver a Carlisle parado junto a mí. Está usando un suéter rojo y la sonrisa más cálida del mundo cuando me entrega un coctel.
—No te puedo tener con las manos vacías —bromea.
—Gracias —digo, y alzamos nuestros vasos en un brindis—. Esto está bueno.
—Es un French 75.
—¿Vodka?
—Ginebra y champagne.
—Soy terrible cuando mezclo mis licores. Ya tomé tequila y vodka esta noche. Uf.
—No le diré a nadie. —Carlisle me guiña—. Te extrañamos en Navidad. ¿Te sientes mejor?
—Claro. —Le doy un trago a la bebida, dejando que queme su camino hacia mi estómago—. De hecho, no diría que me siento mucho mejor.
Carlisle frunce el ceño.
—¿No?
Vacilando, dejo que el alcohol hable por mí.
—Últimamente no he sido la mejor amiga para tu hijo. Estamos… sí. No hemos pasado tiempo juntos. Las cosas están un poco extrañas.
—Ya veo.
Aparto la mirada.
—Me entristece que se vaya, pero he estado manteniendo mi distancia. Tal vez así dolerá menos cuando no esté, ¿sabes?
—Ojos que no ven, corazón que no siente —musita Carlisle.
—Sí.
—Nunca me encontré una situación dónde eso fuera cierto.
Con otro largo trago a mi coctel, mis ojos viajan a través del lugar hacia donde está parado Edward. Está inmerso en una conversación, riéndose junto con alguien. Veo su fuerte perfil, el cómo habla animadamente con sus manos. No me doy cuenta que llevo mucho viéndolo hasta que Carlisle se aclara la garganta.
—Entonces, ¿qué tan bien te ha funcionado todo eso de evitarlo? Porque debo decir que eso ha estado matando a mi hijo.
Volteo la cabeza de golpe en dirección a Carlisle, viéndolo con cuidado. Su expresión es gentil, como que sabe todo.
—¿Edward te contó sobre nosotros?
—Ha sido muy obvio por su tristeza y tu repentina desaparición. Conozco las señales de un corazón roto cuando las veo. Sólo que nunca lo había visto a él así.
Mi mirada cae hacia mi vaso.
—Estoy jodiendo completamente todo, ¿no?
—No soy quién para juzgar. No tienes que tener todo planeado. Pero él es muy firme cuando pone su vista en algo… o alguien. —Carlisle choca su hombro con él mío, dedicándome una mirada conocedora—. Sólo no seas demasiado dura con él, ¿de acuerdo? Tiene un corazón sensible y está malditamente encariñado contigo. Sé que irse ha sido una decisión difícil.
Mi sonrisa es sombría.
—A mí también me importa él.
—Entonces, seguramente no puede ser muy difícil de entender, ¿no?
—Uno pensaría eso. Hay algunas… situaciones extenuantes —murmuro vagamente—. Intento lidiar con algunas cosas.
—Bueno, no husmearé. Ustedes dos lo arreglarán. —Carlisle asiente empáticamente—. Parece que mi hijo ya me vio y podría sentir curiosidad sobre lo que estamos hablando, así que debería salir pitando.
Con un guiño, Carlisle me abraza rápidamente antes de unirse a Em y Rose. Volteo y veo a Edward al otro lado del lugar, caminando hacia mí. Nuestros ojos se mantienen unidos, pero antes de llegar conmigo, lo jalan hacia otra conversación. Me quedo ahí parada por un minuto, luego me termino mi bebida y salgo, necesitando respirar aire fresco.
Está frío afuera, pero no es insoportable. Aunque creo que eso tiene más que ver con mi consumo de alcohol.
Un par de gente salen a trompicones de la fiesta y, por el sonido que hacen, están lo suficiente ebrios. Un carro se acerca y los veo meterse al Prius antes de irse. Las puertas del restaurante se abren de nuevo, pero esta vez Edward es el que sale.
—El hombre de honor —digo patéticamente, pero le ofrezco una sonrisa amigable.
—¿Qué haces aquí afuera, Swan? Hace frío.
—Quería algo de aire.
Me mira, metiéndose las manos en los bolsillos de su chaqueta.
—Creo que algunos de nosotros iremos al final de la calle y tomaremos unos tragos más. ¿Vienes?
—Podría ser.
Exhala, su aliento aparece en una nube.
—¿Podría ser?
—Ya estoy algo borracha. Tus padres con su jodida barra libre, hombre. Siempre me atrapan.
—O sea, no es como que te obliguen a beber —se burla.
—Sí, sí,
Finalmente se sienta en la banca, más cerca de lo que podría ser considerado como amistoso. Pero no me importa, porque estar cerca de él se siente bien y cálido. Está tranquilo afuera, pero el murmullo de las conversaciones se derrama del espacio detrás de nosotros. Miro las decoraciones de temporada todavía colgadas a lo largo de la calle – los postes de las lámparas están adornados con coronas, edificios cercanos siguen iluminados con luces parpadeantes.
Giro mi cabeza para verlo.
—No sé si lograré llegar a medianoche.
Me dedica una mirada larga y poco convencida.
—Mierdas.
—En serio. Puede que me vaya a casa pronto.
—La noche es joven, Bella.
—Pasan de las diez.
—Claro, bien. Vete a casa, déjame en mi última noche.
Mi mirada se suaviza.
—Estás abusando de eso, ¿no?
Sonríe, encogiéndose de hombros.
—Un último trago, luego podemos ir a casa —me incita gentilmente—. Quédate conmigo.
Sus palabras son dulces, igual que la forma en que me mira. Y tal vez el alcohol lo hace sentirse cálido, o tal vez soy yo a quién suavizó. Tal vez el recuerdo de que mañana nos separaremos por un año nos está poniendo algo sentimentales a ambos. Él se inclina un poco, su hombro roza el mío. Y es por esto que estaba intentando irme temprano, porque me preocupa lo que podría pasar si bebo más y me quedo cerca de él. Siempre encontramos la forma de estar cerca el uno del otro, como justo ahora con él sentado tan cerca y mirando mi boca. Si quisiera besarme, podría hacerlo. Estamos lo suficiente cerca y probablemente yo lo dejaría. Pero sé que no debo.
Se mantiene ahí, pero no se mueve, eventualmente aparta su vista de mis labios.
—¿Y bien?
—De acuerdo, daré mi brazo a torcer. Un último trago. ¿Luego a casa? —pregunto.
Juro que sus ojos se vuelven una tonalidad más oscura.
—Ese es el plan.
Cuando se para, estira el brazo y tira de mi mano hasta que me pongo de pie también. Me guía de nuevo hacia dentro y nos despedimos de la gente necesaria, su mamá se pone un poco llorosa con su despedida a pesar de que ella y Carlisle lo llevarán al aeropuerto mañana en la mañana.
Eventualmente un pequeño grupo de nosotros está listo para irse, y salimos a la calle hacia nuestro siguiente destino. No frecuento muy seguido esta área, pero uno de los compañeros de Edward conoce un buen lugar que está cerca. Cuando entramos, vemos que está muy lleno, pero hay un área vacía cerca de los dardos y la mesa de billar. Nos acomodamos, unas cuantas personas ordenan cubetas de cerveza para compartir con todos.
Estoy terminándome mi cerveza cuando veo a Ben parado en la barra con un pequeño grupo de gente. No me acerco porque estoy borracha y sé que esto podría ser un poco raro. En definitiva, no necesito decir algo completamente vergonzoso para hacer que mostrarme a trabajar el lunes sea incómodo. Pero luego él me ve, me sonríe y se acerca.
—¡Hola!
Sonrío.
—Hola. ¿Cómo te va?
—Bien, bien. Nunca te había visto aquí antes.
—Eso es porque esta es la parte presuntuosa de la ciudad —bromeo.
Se ríe entre dientes conmigo.
—Se destrozó mi cubierta. Soy un bastardo presuntuoso.
—Como si hubieras pretendido ser otra cosa —me río—. Todos ya lo saben.
Inclina la cabeza mostrándose de acuerdo.
—Y dime, ¿qué sucede aquí? ¿Con quién vienes?
—Es la fiesta de despedida de mi compañero de casa. Se mudará mañana a LA.
—¿El chico del bingo? —pregunta, y asumo que se refiere a Em.
—El otro —digo—. Con el que estaba… saliendo.
Alza las cejas con entendimiento, pero no presiona.
—Le va a encantar LA. Es genial.
Mis labios se tensan en una sonrisa poco convincente.
—Apuesto que sí.
—¿Tienes algo contra LA? —Hago una mueca, pero no añado ni una palabra—. De hecho, recientemente he estado trabajando con algunas granjas en California.
Pretendo estar intrigada.
—¿Oh?
—Sí, hay algunas que crían cafetos debajo de las marquesinas de antiguos árboles de aguacate. Estamos intentando asegurar algunas para convertirnos en socios tostadores. Todavía falta mucho, pero sí, podríamos abrir una localidad en Cali.
—O sea, ¿en LA? —pregunto, genuinamente intrigada ahora.
—No necesariamente. Tal vez en San Diego. —Se acerca a mi oído, su voz baja más—. Debería cerrar la boca en caso de que no funcione. No quiero echarle malas vibras.
Asiento, bufando una carcajada.
—Entendido. Entonces, ¿con quién vienes esta noche?
Señala al otro lado del bar con su cerveza.
—Conoces a Paul de la oficina. Su novia también está aquí y otro de mis amigos.
—Qué divertido.
—Sí. Creo que te agradará Claire, tiene familia en Forks. ¿No es de ahí de donde es tu papá?
—Sí. Me sorprende que lo recuerdes. También me sorprende que ella tenga familia ahí. Es un pueblo muy pequeño.
—Eso he escuchado. —Sonríe, sus ojos se mueven más allá de mí—. Deberías venir con nosotros por un rato. Te compraré un trago.
—No tienes que hacerlo —me río, incómoda.
—Sé que no tengo que, pero quiero hacerlo.
—De hecho, puede que me vaya pronto. —Miro detrás de mí, no veo a Edward cerca, pero Rose y Em siguen en la esquina cerca de los dardos.
—Eres más joven que yo, ¿no se supone que debes poder salir de fiesta? —exhala una risa—. Un trago.
Me encojo de hombros.
—Bien.
Me acerco a su grupo, y me presenta a todos. Ben compra otra cerveza y ordena lo mismo para mí. Me uno a su conversación sobre The Mandalorian, pero en realidad no puedo comentar mucho ya que no la he visto. Eventualmente Paul y su novia se dirigen a la barra, y su amigo desaparece en el baño, dejándonos a Ben y a mí a solas.
—¿Cómo te la pasaste en Navidad? —pregunta amablemente.
—Bien. Estuve enferma. Me alegra regresar a trabajar el lunes. Para ocuparme, sabes cómo es esto.
—Más de lo que me gustaría —se ríe—. Siempre hay una emergencia que atender. Aunque ansío un poco el caos. Es bueno mantenerse ocupado.
Escuchamos un grupo de gente hacer mucho ruido con sus risas y volteo. Veo a Emmett, Rose y algunos otros de nuestros amigos, jugando una intensa partida de dardos. Pero sigo sin ver a Edward. Escaneo el área por unos segundos, pero no encuentro nada. Vuelvo a prestar atención y me doy cuenta que Ben está hablando, pero me perdí completamente lo que dijo.
—Perdón, ¿qué?
Sonríe.
—Estaba diciendo que me salvaste de verdad el culo.
—¿Cómo?
—Podemos revisar los datos verídicos cuando regresemos a trabajar, pero ya recibimos los resultados de Instagram. Creo que nunca había visto a nuestra página recibir tanto tráfico. De verdad me has impresionado en estos meses.
—La página sólo necesitaba algo de cuidado y cariño. Cualquiera se pudo haber encargado y probablemente tendrías lo mismos resultados —me río, quitándole importancia a su cumplido—. También ayuda ser consistentes con el contenido.
—Creo que ayuda que tú sabes lo que estás haciendo. Y también eres buena en ello. —Le da un trago a su cerveza—. Odio decírtelo, pero le gustas a la gente.
Su mirada se queda en mi rostro. De repente esto se siente más intimo de lo que debería. Él no necesariamente ha hecho o dicho algo para hacer que esto sea raro o para que yo piense que me está coqueteando. Pero la vibra cambió, o tal vez fue así desde un principio. Tal vez soy mala detectando cosas como esta.
Paul y Claire regresan, avisándonos que ya casi es medianoche.
—Debería regresar con mis amigos —les digo, luego miro a Ben—. Gracias por la cerveza. Y la conversación.
—Por supuesto. —Se ve un poco sorprendido por mi repentina partida, pero de todas formas asiente—. Te veré el lunes.
Asiento en respuesta y me abro camino hasta Emmett, tiro de su manga y arruinó por completo su puntería.
—Me jodiste —se queja, luego le dice a Eric que lo hará de nuevo.
—¿Dónde está Edward?
—No sé. Se fue hace como cinco minutos.
—¿Qué? —miro a mi alrededor, sin creerle a Em—. ¿Se fue a casa?
Em se encoge de hombros.
—Sí. El tipo está borracho. —Agarra otro dardo, luego se burla de mí, asintiendo en dirección a Ben—. Oye, ¿cómo estuvo tu cita?
—Cállate. Es mi jefe.
—Díselo a Edward. No está feliz al respecto.
—No debería importarle. No estamos juntos. —Incluso después de murmurarlo, sé lo jodido que suena eso.
—Prométeme que no le dirás eso a él —me regaña Emmett—. Es la cosa más estúpida que podrías pensar, mucho menos decir.
Fulmino con la mirada a Em, pero en el fondo sé que el enojo que siento está dirigido a la persona equivocada. Estoy enojada conmigo misma. Sé que en realidad no hice nada malo. Pero si la situación fuera al revés y Edward se hubiera ido a platicar con alguien que no conozco – alguien por quién expresé directamente sentirme celosa – me sentiría exactamente de la misma forma. Ni siquiera estoy segura de que sepa que ese era Ben. Pero si lo sabe, va a asumir que hablar con él fue a propósito, cuando en realidad no fue así. Nunca lo lastimaría tan descaradamente.
Saco mi teléfono y le llamo a Edward, pero no contesta. Intento una segunda vez, pero su teléfono me manda directo a buzón de voz. La aparente forma en que me evita hace que mi corazón se acelere y mis palmas empiecen a sudar. Me siento ansiosa y más que un poco enferma. Él se va a ir en menos de doce horas y así no es cómo imaginé que pasaría esta noche.
—¿Ya te vas? —pregunta Rose cuando agarro mi bolso.
—Voy a buscarlo —le digo, pidiendo un Uber antes de meter el teléfono en mi bolso.
—Bella. —Se detiene y me mira—. ¿Por qué?
—¿A qué te refieres con por qué?
—Es que… es algo confuso, ¿no? Perseguirlo… besarlo en Navidad…
Parpadeo.
—¿Él te lo contó?
—No. Se lo contó a Em.
Exhalo pesadamente.
—No intento confundirlo o darle señales cruzadas. —Él tampoco está ayudando a la situación. Dándome el regalo de Navidad hecho a mano más dulce del mundo, ofreciéndome su carro. Sentándose tan cerca esta noche, mirando mis labios, rogándome que me quede un rato más—. No soy sólo yo —le digo—. Además, sólo quiero asegurarme de que no está enojado. No puedo dejarlo que se vaya así.
—Bien. —Me abraza, luego me ofrece un muy poco convincente—: Ten cuidado.
Pero puedo escuchar lo que de verdad está diciendo. Me está diciendo que retroceda, que lo deje ir. Y que no joda esto más de lo que ya lo he hecho.
Debo admitir que este es uno de los capítulos que más me gustan de la historia. Edward está a pocas horas de irse, y Bella apenas está cayendo en cuenta de eso. Ese Ben como que aparece en momentos muy oportunos.
Si les gustó el capítulo, no olviden decirme qué les pareció 😊
¡Nos vemos el miércoles con la siguiente actualización!
