Los personajes de Dragon Ball y Naruto no me pertenecen. Son obra y creación de Akira Toriyama y Masashi Kishimoto respectivamente.

Muy buenas, mis queridos lectores. Espero que estén bien, sobre todo con mucha salud que es lo más importante.

Se supone que esta actualización debió llegar hace un mes, me disculpo de antemano por ello (ya como que se va haciendo cosa de cada capítulo), pero el trabajo por estas fechas de coronavirus ha estado full, así que no tenía mucho tiempo ni energía para avanzar debidamente con la escritura.

En fin, ya está listo y acá les traigo el capítulo 28. Aprovecho para avisar que no he respondido todos los reviews, los que tengo acá son de cuando recién subí el capítulo pasado, todavía me faltan algunos y me pondré con ello a lo largo de la semana, no se preocupen ;)

Reviews

Sanderson: Qué bueno que la historia te haya entretenido tanto, y sí, no te preocupes que la continuaré hasta el final ;)

ZAIKO23: Gracias por los buenos deseos, hermano. Espero que el capítulo sea de tu agrado. También te deseo lo mejor y mucha salud.

Guest: Tardé más de lo que esperaba (dos meses casi), pero agradezco tu paciencia y el que te haya merecido la pena.

Camilla: Comparto tu opinión y tus correcciones, Camilla. Como expliqué, no veo a los personajes de Naruto con dificultades demasiado grandes para adaptarse a una gravedad aumentada de 10G, algunos personajes (como Sakura) tienen demostraciones de fuerza física que los acreditan, en todo caso el mayor problema sería, en mi opinión, que se acostumbren a otro tipo de efectos de la gravedad y las condiciones de la habitación del tiempo. Coincido también con lo del Ozaru, nunca se dijo en ningún medio que a partir de cierto poder de pelea se es capaz de controlar la transformación; en el mismo manga Vegeta menciona lo de la luna artificial creada por soldados de élite, y lo del entrenamiento también lo leí pero no recuerdo la fuente exacta, en todo caso tenemos el ejemplo canonico de Broly que bien has citado (ni de niño ni de adulto podía controlar ese estado); en el caso del fic, tal vez Goten habría logrado controlarse de no ser por Ro que metió mano en el asunto. Ciertamente aplicar power scaling de Boruto a Naruto, si no se hace con el debido cuidado, puede ser similar a hacerlo con Super a Z: un completo desastre. En fin, muchas gracias por leer y comentar, en serio me agradó saber tu opinión respecto a estos temas. Un saludo!

Amaleo: Gracias amigo, igualmente te deseo mucha fortuna. Ojalá te guste el capítulo.

Metalazul: Me encantó la reflexión de tu comentario. Pues sí, este último encuentro entre Trunks y Asuma sirvió en cierta manera para subsanar lo abrupto de su muerte. Con esto no quiere decir que Trunks verá con buenos ojos a Akatsuki, pero en definitiva le sirvió para perdonarse a sí mismo por la muerte de su sensei y por decirle que en realidad no fue el peor, sino el mejor maestro que ha tenido. Quizá esto es lo que realmente le hacía falta a Trunks y no la venganza como tal. Te agradezco por el apoyo y por el mensaje, espero y el siguiente capítulo te guste. Un abrazo.

NickTsundere: Hola, ¿cómo estás? Me tomaré la libertad de contestarte por acá en vista que no puedo hacerlo por PM. Antes que nada, agradezco mucho tu apoyo, y me alegra saber que disfrutas con cada capítulo, eso es lo más importante para mí. Voy al día con el manga de Super, y ciertamente por casualidad el fic ha anticipado algunas cosas antes de que ocurrieran en el canon, como la vuelta de Mirai Trunks, los 4 meses de entrenamiento de Freezer, o que el enemigo que tenía planeado para este arco desde hace años (como lo menciono en el capítulo 5) es una especie de "Broly" para el cual me he guardado la fusión de los chicos todo este tiempo, sin mencionar el paralelismo de Zamasu con estos Kaio-shin inconformes. Inmediatamente después de la pelea contra el SSJ legendario llegarán Goku y Vegeta. En fin, reitero mi enorme agradecimiento con tu participación, ojalá podamos leernos de nuevo. Saludos!

Guest: Qué bueno saberlo, y muchas gracias por la motivación. Saludos!

Adriel: Para ser sincero, a estas alturas no puedo asegurar la realización del torneo, o en todo caso, haría un arco con la participación de algunos de los personajes del torneo pero envueltos en una trama diferente. De hecho, tampoco planeo que la 4ta guerra tenga lugar como tal, no tiene sentido hacerla con seres del poder de Goten y Trunks de por medio. Lo que sí te puedo decir es que esa especie de "arco del torneo" tendría lugar después de Ro, eso seguro.

Breno Lucas: Muchas gracias, amigo. Qué bueno que los capítulos te mantienen entusiasmados, lo único que lamento es no poder actualizar más seguido, por eso valoro tu paciencia. Cuídate tú también, un abrazo.

Ikki de leo: Suerte con eso, y gracias por aceptar las condiciones.

Gaby07SSJ: Gracias Gaby, un gusto saber que la historia te guste tanto. Sobre tus preguntas: 1. Ahora mismo Sakura es mucho más fuerte que Sasuke y Naruto. 2. Si Goten se queda con Sakura, pues Sasuke con otra persona, o sino solo. 3. Más que poderoso, ahora Rō tiene muchas habilidades porque cuenta con ki y chakra a la vez, ahora puede hacer jutsus por la parte de Kabuto. Espero y este capítulo te guste. Un saludo.

Johan: Y a mí siempre me da mucho gusto leer tus mensajes, amigo. Debo confesar que no ha sido fácil, en especial relacionar a Sakura con Goten y hacerlo creíble es complicado sin alterar demasiado su personalidad, pues en el canon es una loca perdida por Sasuke (no tanto como Karin, como bien apuntas), pero de a poco, con mis aciertos y errores, creo que no se lee tan mal (todavía me falta lo más importante, que es el entrenamiento de ambos en la habitación del tiempo). En el caso de Karin, he querido darle un mejor pasar a su personaje, pues siento que en el canon no fue mucho más que un "alivio cómico" con su obsesión sin límites por Sasuke que rayaba en lo lascivo y perverso; acá Karin siente una deuda moral con Goten, y Goten no se perdona a sí mismo ser tan poderoso y pese a eso llevar la cruz de no poder salvar a una sola persona (Karin), asunto que por cierto tengo pendiente tocar durante lo de la habitación del tiempo. Como bien dices, Karin ahora se siente parte de un grupo, que no es utilizada por lo demás en incluso sabe que sí le importa a Sasuke como compañera de equipo (a su manera), lo que explica también por qué decidió llevar esa vida teniendo la oportunidad de ir a Konoha con Goten en cierto punto de la historia: ella sabe que no pertenece a ese medio, lo desea quizá, pero está más acorde dentro de esa familia de huérfanos y exiliados que son más como ella. Llegando a Sasuke, el hecho de que Itachi esté con vida ha provocado que su misión principal no sea la venganza, sino ver cómo lo salva, y está dispuesto incluso a sacrificarse si para ello puede ayudarlo; eso sí, no te miento, es posible que si Itachi muere, el deseo de venganza de Sasuke sea atroz, no solo por saber lo que su hermano sufrió, sino por ser testigo de ello también durante estos momentos de enfermedad terminal, no obstante, creo que por allí no irá la cosa. Ya veremos cómo se irán forjando esas parejas, ruego a Dios que me salga bien, pero antes que nada, debo decir que quizá yo sea el escritor, el "omnipotente" que mueve los hilos de la historia, pero la verdad no es del todo esa; llega un momento que los personajes terminan cobrando vida, reclamando su lugar, exigiendo hacer esto o aquello. Es difícil de explicar, a fin de cuentas son humanos y pueden tomar decisiones estúpidas porque nosotros mismos lo hacemos con frecuencia en nuestro día a día. Un millón de gracias por tu review, me contenta y alivia a la vez tener esta opinión tuya.

Pime21: Me alegra saber que la historia te haya entretenido tanto todo este tiempo. Pues sí, al principio la subían a youtube, luego ese canal fue cerrado o algo por el estilo, pero igual sirvió para que más personas conocieran el fic y llegaran acá. De hecho, recibí un montón de reviews en "Dos Saiyajins en Konoha" cuando ya estaba terminada, y en parte fue gracias a la difusión por youtube. Espero y sigas interesado en saber cómo continúa la historia. Por acá podrás enterarte primero ya que soy yo quien actualiza, pero igual te sugiero seguirme por Twitter para más información (mi link está en el perfil de Fanfiction). Gracias por el apoyo.

Aruam: El Ozaru quedó como el rey de los Bijus, ni el diez colas puede equipararle en poder xD Sobre el Hakai, sí que puede ser muy útil, pero mientras Trunks no consiga entrenamiento por parte de un Hakaishin o cuando menos ser capaz de dominar el ki divino, se verá condenado al mismo resultado. Sobre Rou, en efecto lo más importante de esa fusión no es el aumento de poder, sino que ahora puede usar tanto ki como chakra con los beneficios que eso conlleva. Sobre tus preguntas: 1. La fusión será sin límite de tiempo, pues involucra a un Kaioshin. 2. Sí, el SSJ Legendario será muy fuerte, Goten y Trunks necesitarán algunos trucos para ponerse a su nivel. 3. La habitación del tiempo quedará clausurada. 4. La Diosa de la Destrucción del U9 (se llama Caranoba), aparecerá poco después de Goku y Vegeta. 5. Te pido como favor que si puedes me digas en qué capítulo puse eso del ser con los photala que tuvo que sellar la diosa, porque la verdad esa parte debo cambiarla debido al retcon que hicieron en Super sobre que la fusión con los photala no es permanente si no involucra Kaioshins, ya no me sirve esa historia alterna que tenía planeada (la de un ser que se volvió loco con los photala), pero eso por desgracia quedará en el olvido. En fin, gracias por leer y comentar hermano, ¡un saludo!

Karzec 53: Ahora habrá que buscar nuevo sustituto para el puesto de Kamisama. Sobre el nombre de la fusión, pues vendría a ser mejor Roubuto, ¿no? Jaja en todo caso no tiene mucha relevancia el nombre, es tan dominante la parte de Rou que él se siente casi igual. Me da gusto saber que el capítulo te pareciera bueno, ojalá nos leamos nuevamente ;)

Guest: ¡Muchas gracias!

Ruliac: Me tardé un poco más de lo deseado en este último capítulo, me alegra sin embargo que la actualización resultara de tu agrado. Trataré de que la demora sea menor con la siguiente publicación. Gracias a ti por continuar leyendo. Un abrazo.

Ahora sí, les dejo con el cap. 28. Espero les guste.

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28. Mi último día

La sala era una cacofonía de agudas vocecillas que, entre exaltadas y dispersas, compartían con importancia capital la planificación de los días por venir: pesca en el estanque, tardes de helados y sandías en el parque, persecución de gatos por los tejados de la aldea, y jornadas enteras de jugar a las escondidas en el bosque. El inicio de verano se hacía sentir con su atmósfera sofocante que, en una sinergia desbocada, empeoraba con el barullo infantil.

Iruka debió gritar hasta en tres ocasiones, una de ellas en dirección única y exclusiva para Naruto, con tal de hacerse sentir y culminar con la última actividad de ese curso.

―Si el mundo fuese a terminar mañana, ¿con cuál persona les gustaría estar?

El desorden no se hizo esperar.

―Como si eso fuera a pasar. ―replicó Naruto con una sonrisa gigante y las manos entrelazadas tras la nuca

―Bueno, solo supongan que… no lo sé, la Luna se empieza a caer o algo por el estilo. En cualquier caso no es la finalidad del ejercicio. Concéntrense en la pregunta y escriban en un papel su respuesta. Cuanto antes obedezcan, podrán marcharse y hacer lo que quieran.

A Shikamaru se le veía más aburrido y abstraído de lo habitual: ni la cercanía de las vacaciones parecía calentarle la sangre. Chōji murmuraba fantasías sobre trozos de carne a la barbacoa lloviendo durante el apocalipsis imaginario de Iruka en lugar de frías y monótonas rocas lunares. Ino, enervada por los comentarios de Sakura que le llegaban desde atrás, escribió el nombre de Sasuke Uchiha, más a modo de reafirmación y competencia que de genuino convencimiento. Naruto hizo de su hoja un avión que arrojó por la ventana, ganándose con ello las carcajadas de sus compañeros y una reprimenda más por parte de su sensei.

Solo Hinata meditó y acogió la actividad con la seriedad que el pobre Iruka habría anhelado cuando menos del cinco por ciento de su clase.

"Naruto Uzumaki", escribió ella, doblando el papel y sosteniéndolo fuerte contra su pecho.

Para Hyūga, esa cálida y ruidosa tarde de chiquillos se antojaba lejana y ajena a la de ahora: fría, tensa, donde la única voz que resonaba con tormentoso eco era la de un joven proveniente de otro universo que contaba pesadillas sobre unos dioses que creaban y otros que destruían. A los primeros se les conocía como Kaiō-shin, y se encargaban de poblar el cosmos con planetas, estrellas y las formas de vida que habitarían en ellas. Los Hakai-shin, por el contrario, destruían la obra de los Kaiō, si bien una labor no entraba en conflicto con la otra, pues no se odiaban, no se entorpecían ni competían. Se trata de un equilibrio tan antiguo como la existencia misma.

Donde hay luz, necesariamente hay también oscuridad. Si hay arriba, es porque hay abajo. Vida y muerte, bien y mal. Pero la destrucción no es, en su defecto, maldad u oscuridad, sino la antítesis de la creación. No puede existir una sin la otra. Se complementan al extremo de formar un concepto único, y a su vez son tan dispares, que terminan por homologarse en una indefectible aunque contradictoria consonancia de causa y efecto, porque la creación del universo mismo no es más que un acto de caos y destrucción.

Así, pues, por terrible que pareciera, Hakaishin no era malvado por inherencia según explicaba Trunks. Podría ser egoísta, inclusive infantil, si bien esto era difícil de precisar dada su naturaleza divina, su condición de Dios que le ponía muy por encima de cualquier otra forma de vida. Era un tema que, en todo caso, ninguno estaba preparado para asimilar. La audiencia quedó en silencio, horrorizada de imaginar que hubiera seres con tales atribuciones y capacidades en la realidad.

―En caso de un supuesto enfrentamiento, ¿cuál sería la diferencia de poder entre ustedes y ese tal Dios de la Destrucción? ―preguntó el Raikage con la piel de canela erizada.

Trunks pensó bastante en algún ejemplo que admitiera comparación. El problema es que la brecha era tan absurda, que se quedaba corto con cualquier cosa que se le ocurriera.

―El poder de Goten y el mío vendría a ser como… ¡como esta piedra! ―exclamó, tomando del mesón un pequeño guijarro que hacía de pisapapeles―. El poder de un Dios de la Destrucción, en cambio, sería una de las montañas que rodean la aldea.

―Bah, no seas tan exagerado ―dijo Goten con un airado gesto―. Estás siendo muy considerado. ¿Recuerdas al señor Bills? Nosotros seríamos algo así como un grano de arena y él un desierto.

―Tienes razón, me dejé llevar por el entusiasmo. De hecho, creo que nosotros seríamos como una gota de agua y él un océa…

―Sí, sí, ya lo entendimos, no son rivales en absoluto. ―Interrumpió Kurotsuchi, pálida por la impresión. Su rostro, como el del resto, era expresión objetiva del síntoma: venía a constatar la pavorosa reflexión derivada de tan ridícula comparación.

―¿Quién es ese tal Bills? ―prosiguió Ōnoki. Se le veía empapado en sudor.

―Es el Dios de la Destrucción de universo siete ―declaró Trunks.

―¿Universo siete?

―Como lo oye, Tsuchikage-sama. No hace mucho, Goten y yo descubrimos que en realidad nunca estuvimos en otra dimensión. Hasta donde sabemos, existen doce universos. Nosotros venimos del séptimo, y ahora nos encontramos en el noveno. Cada universo tiene su corte de dioses como ya hemos explicado, así como sus propias estrellas, constelaciones, galaxias y demás cosas, lo que incluye un plano conocido como el Otro Mundo, es decir, a donde van los muertos, lugar en el que por cierto ha entrenado Goten con Kaiō-sama.

»Sucede que, cuando éramos chicos, fuimos visitados por Bills-sama, Dios de la Destrucción del séptimo universo. Al parecer tuvo un sueño premonitorio en que se enfrentaba a un saiyajin capaz de usar el ki de los dioses, y estaba en su búsqueda para divertirse con una pelea. Terminó enfrentándose a todos nosotros, y nos derrotó con la facilidad con que podrías aplastar a una hormiga con un dedo.

»Al final, el padre de Goten, el señor Goku, encontró la manera de acceder a ese ki especial. Su poder pasó a estar en otra dimensión, fue algo indescriptible. A pesar de eso, Bills-sama también lo derrotó usando una pequeña fracción de su poder, pero el ejercicio fue suficiente para contentarle y que perdonara a nuestro mundo de ser destruido.

Diferentes bocas fueron soltando sus preguntas de a poco. Ki divino, Kaiō-sama, el Otro Mundo y Son Goku, fueron apenas algunos de los temas que los saiyajins se encargaron de contestar en forma breve y concisa, pues a medida que lo hacían, continuaban saliendo más interrogantes que terminaron por alborotar la conferencia.

―¿Por qué no hay chakra en el universo siete? ―Todos se giraron a ver el monitor donde aparecía el impasible rostro de Gaara―. Existen demasiados elementos en común entre su universo y el nuestro, es casi como si uno fuese la versión alterna del otro en muchos aspectos. La organización del espacio e incluso las leyes de la física parecen las mismas, lo que me lleva a preguntar por qué no hay conocimiento del chakra de donde ustedes vienen.

―El universo es grande, tú sabes, quizá sí existe pero…

Trunks colocó una mano en el hombro de su amigo y negó con gesto sobrio. Ya no ocultarían más cosas. Contarían todo de una buena vez en esa reunión.

―Sé que no es fácil asimilar este tipo de información en tan poco tiempo. Imagino lo impresionante que debe ser para ustedes enterarse de estas cosas, pero hay algo más que deben saber, y es muy importante porque involucra a este planeta de forma directa.

Fue así como Trunks reveló la historia que les contó Kamisama sobre el origen del chakra y los árboles creados por Kaiō-shin. Fue así como el pecado de los shinobis salió a relucir.

―¿Los dioses nos han condenado? ―Los labios de Kurotsuchi, lívidos como el papel, temblaban de miedo.

―Así parece ―contestó Trunks―. Este planeta, según palabras de Kamisama, ya ha sido marcado. El árbol, cultivado a partir de la sangre derramada, representa la violencia y crueldad de este mundo, y la primera persona en probar su fruto y adquirir el chakra, simboliza la sentencia. Cuando Hakaishin despierte, recorrerá el universo buscando todos los planetas que compartan la situación de la Tierra, y uno a uno los destruirá…

―¡Pero tranquilos! ―Saltó Goten con las manos al frente al notar cómo se espantaba la gente―. Eso no ocurrirá sino hasta dentro de mucho tiempo, miles de años tal vez. No tiene sentido que nos rompamos la cabeza preocupándonos por eso ahora mismo.

―Goten tiene razón ―declaró Ōnoki, quien parecía haber envejecido una década más con la desagradable noticia―. Eso no quita que sea desesperanzador enterarnos de esto…

Un silencio mortuorio, prolongado y vacío, doblegó la atmósfera de la habitación. Los compungidos rostros de las personas hablaban de terror, confusión, desolación. Un ser de fantasía del que ayer no tenían noticia, y cuyo poder era un océano frente a las gotas de agua encarnadas por los saiyajins, vendría a exterminarlos porque fueron un proyecto de vida fracasado. ¡Un Dios de la muerte los aniquilaría sin reparos!

―Con permiso… ―La silla de Omoi se quejó cuando este se levantó de golpe.

―¿A dónde crees que vas? ―Le reprendió el Raikage con un tono descompasado.

―Lo siento mucho, gran jefe, pero no puedo seguir escuchando esto. Llámenme idiota o conformista, no me importa. Lo cierto es que me sentiría mejor ignorando el resto, si es que queda algo más que contar. Qui-quiero decir, no podré dejar de darle vueltas a toda esta mierda así nada más y pretender que las cosas sigan como siempre. ¡Maldita sea, un jodido Dios nos borrará del mapa y no hay nada que podamos hacer!

―Entiendo a lo que te refieres ―objetó Shikamaru―. Debo confesar que ya había escuchado algo del Dios de la Destrucción el día que llegó Trunks. Desde entonces sentí una extraña desdicha, y pensé que permanecer como un ignorante hubiera sido lo mejor. Sin embargo, lo que se ha hablado hoy en esta sala es… es demasiado…

―No somos nada. ―Karui tiritaba de impotencia. La frustración escapaba de su apretada mandíbula en seseantes quejidos, infectando al resto con la celeridad de una contagiosa e incorpórea enfermedad.

―Lo sentimos mucho. Goten y yo tampoco lo sabíamos hasta que Kamisama nos lo contó. Pensamos que no tenía sentido decírselos, pero comprendo si nos desprecian por ello. Ustedes más que nadie tenían derecho a saberlo.

―Mentiría si no admitiera que estoy molesto. ―afirmó A, tan perturbado como los discípulos de su hermano―. En cualquier caso, si el enemigo es así como lo describen, dará lo mismo si viene mañana o en mil años. No habrá nada que podamos hacer para evitar su sentencia.

―Debo estar de acuerdo con Raikage-dono ―habló la intermitente imagen de Mei Terumī desde su pantalla―. Es una locura, una muy dura de procesar, lo que no cambia que deberíamos preocuparnos por lo que sí sabemos que ocurrirá pronto: la llegada del monstruo que quiere enviarnos Kaiō-shin…

―Ese Dios está al tanto de las capacidades y límites de Goten y Trunks ―acotó Kakashi―. Si está dispuesto a proceder de esa manera, es porque confía en el poder de lo que sea que vaya a liberar. Confía en que tiene lo necesario para ganar.

"Se equivoca, sensei. Goten todavía no ha mostrado todo su potencial" estuvo por decir Sakura, pero sus pensamientos no llegaron a articularse en palabras, pues una andanada de gangosas carcajadas rompió la reflexiva dinámica de los shinobis.

―¿En verdad nos quieren decir que creen en todas estas extravagancias? ―La voz pertenecía al Daimyō del País del Viento, un hombre inmenso con obesidad mórbida cuyo grasiento y redondo rostro, dotado de un babero de cuatro papadas de carnes flácidas, apenas si cabía en la pantalla.

―Extravagancia se queda corto. Más bien diría fantasía. ―Aportó esta vez el señor feudal del País de la Tierra―. Akatsuki continúa siendo nuestra amenaza real y directa, ellos deben ser nuestro punto de enfoque. Cometeremos un error si desviamos recursos en supuestas invasiones guiándonos por leyendas y maldiciones de dioses o lo que sea.

―¡Pero qué demonios…! ―El Raikage estuvo a punto de levantarse con violencia de no ser por la soslayada mirada de Ōnoki que advertía algo curioso en los monitores.

Los Daimyō eran los hombres con mayor riqueza e influencia del mundo, pero más allá de eso, resultaban ser manipulables, no muy inteligentes y, desde luego, bastante impresionables, ello producto de la ostentosa burbuja en que vivían y el consecuente aislamiento que mantenían con la realidad. Mostrarse incrédulos ante tales historias no era una reacción esperable, el problema es que sus respectivos asesores, que se inclinaban con cierto disimulo para susurrarles aquellas ideas que no atentaran contra sus intereses, sí que eran muy astutos y no parecían muy entusiasmados en contribuir con los preparativos para la invasión alienígena.

―Entonces no creo que haya necesidad de proseguir con esta infructuosa charla ―opinó Mei, que aprovechó su resguardo tras la pantalla para hacer un guiño―. Akatsuki ha de ser nuestra prioridad. En Kirigakure nos mantendremos con las labores de espionaje en el continente para recabar información que nos conduzca al enemigo, eso, claro está, con la correspondiente autorización y colaboración de nuestros aliados.

―En Suna estamos de acuerdo. ―prosiguió Gaara―. Mantendremos además nuestras misiones en el mayor rendimiento posible mientras los clanes continúan con sus labores.

―En ese caso no perderé más tiempo charlando tonterías. ―Esta vez A se incorporó, y con un gesto invitó a sus subordinados a seguirle―. Tenemos mucho que hacer en Kumogakure como para distraernos con fabulas del espacio. Con el debido permiso…

―Awww, y yo que quería escuchar un poco más de esas historias, ¡son tan divertidas! ―Un puchero fue lo último que vieron de la alargada y estúpida cara del señor feudal del fuego cuando la transmisión de su televisor se cortó, seguida por los otros cuatro con la señal de sus pares.

―Esperen, ¿en verdad creen que Trunks y yo les estamos mintiendo? ―Saltó Goten, con una expresión más cercana a la decepción que a la molestia.

―Es obvio que no, chico. Todos aquí sabemos que ustedes no dicen más que la verdad… para desgracia nuestra, vaya… ― Ōnoki no estaba seguro de si reír o palmearse la frente con las caras de confusión que ponía el saiyajin.

―Es claro que el alto consejo de las naciones no está interesado en que nos volquemos a enfrentar esta situación ―dijo Mei Terumī―. Supondría una pérdida económica astronómica para los gobiernos del mundo si disminuimos el rendimiento de las misiones por prepararnos para esto. Los Daimyō no son lo suficientemente maliciosos como para llegar a tal conclusión. Si por ellos fuese, estarían preguntando ahora mismo qué tipo de ropa usan las personas en el Otro Mundo o cuáles son los pasatiempos favoritos de Kaiō-sama. Así de simples.

―Pero significa que esos asesores admiten que habrá una invasión, ¿no?

―Así es, Naruto. ―Shikamaru aclaró su garganta al ver cómo el desconcierto arrugaba la cara del rubio―. Esa gente no pierde una. Apostarán a que los saiyajins lo hagan. Después de lo ocurrido con Cooler, habrán de suponer que nuestro aporte no hará una diferencia, por lo que para ellos sería mejor continuar como si nada estuviera por pasar y que sean Goten y Trunks los que resuelvan llegado el momento.

―La guerra es la principal fuente de ingresos para nuestro sistema de feudos. ―explicó Ōnoki, ensimismado en la algodonosa cima de las distantes montañas visibles a través de los ventanales de la habitación―. Y también de gastos, por lo que mantener y formar shinobis, requiere de una paz frágil, una que se proteja con la palabra en tanto se mancilla con las acciones. Por desgracia para ellos, esta no es una batalla de balances positivos, aun si el resultado es la victoria de la humanidad. Creo que por primera vez en nuestra historia, no hay un solo gobierno frotándose las manos con el conflicto que está por llegar.

Trunks no llegaba a entender cómo podía haber gente que priorizara el dinero a un extremo tan patológico. Debió poner, eso sí, su disgusto de lado cuando recordó aquello que más inquietud le producía.

―Perdonen si con esto desvío el tema, ¿pero qué es todo este asunto de Kaiō-shin? Imagino que se enteraron de algo cuando estuve muerto.

―Cierto, tú no escuchaste nada. ―Fue así que Goten se tomó el trabajo de explicarle a su amigo lo poco que Kamisama les contó. Dicha información fue tan puntual, que el saiyajin quedó con las mismas preguntas sin contestar que el resto.

―Maldita sea, ¡Kakashi sensei tiene razón! ―Sus manos se apoyaron con tanta fuerza sobre el mesón, que la piedra crujió―. Ese sujeto nos ha visto, conoce nuestro nivel de pelea. Si no estuviera seguro de su victoria, no correría el riesgo.

―¿Significa que estamos perdidos? ―Un hilo de temor afloró en la voz de Chōji.

―No puedo asegurarlo…

Miedo, desesperanza y tristeza fueron apenas algunas de las lecturas que se podían rescatar del libro abierto que eran las caras de las personas. Miradas gachas, perdidas, otras escurridizas, algunas pocas curiosas en el semblante del resto con el fin de rescatar impresiones: fue así como un puñado de shinobis notaron que el rostro de Goten y Sakura era distinto.

―No se equivoquen, ese sujeto no lo sabe todo. ―La pelirrosa se puso de pie, algo turbada con tantos ojos importantes encima de ella―. Confiemos en Goten y Trunks. Ellos encontrarán la manera, ya lo hicieron antes y lo volverán a hacer, ¿o acaso olvidan que Cooler era más fuerte que ambos?

―¡Cierto, es muy pronto para darnos por vencidos! ―Quién más sino Naruto, tan hiperactivo que se paró en su silla―. Que nos manden al alien o monstruo que les dé la gana, ¡aquí le haremos morder el polvo! Y no piensen esos vejestorios que nos quedaremos de brazos cruzados, haremos lo que haga falta para ayudar y salir victoriosos, ¡son gajes de ser un ninja, dattebayo!

―Problemático… ―Negó Shikamaru con la misma sonrisa que el rubio consiguió arrancar también en los demás.

Los más viejos o perspicaces tenían sus reservas. Sí, confiaban en los chichos, pero había más que simple animosidad exacerbada detrás de las palabras de Sakura. Al menos Kakashi entendió que ella sabía algo que no estaba dispuesta a compartir, quizá por precaución a ser escuchada por Kaiō-shin. Inteligentemente ella incluyó a Trunks en la ecuación, aunque por allí no iba la cosa, su límite quedó más que plasmado en la batalla contra el Ōzaru. Significaba entonces que Goten era la clave.

El resto de la conferencia se centró en que cada Kage, a su regreso a la aldea, debía acordar con su respectivo consejo militar la pronta evacuación de la población civil a refugios, así como diversas maniobras de contingencia para los shinobis, quienes debían estar preparados para aportar en lo que fuera necesario, dentro de posibilidades realistas, ante lo que sea que iban a afrontar.

Terminada la junta, los ninjas regresaron al edificio dispuesto para su hospedaje. Mañana volverían a Konoha. Lo cierto es que los ánimos estaban tan enrarecidos como el ambiente mismo. Trataban de simular normalidad entre comentarios casuales y actitudes dispersas que no iban más allá de risillas torpes y chistes sin gracia, pero la verdad es que, en una inarticulada y caprichosa consonancia, el pensamiento que flotaba por sus cabezas era el recuerdo de esa tarde de verano donde Iruka les propuso una actividad que tomaron a juego.

"Si el mundo fuese a terminar mañana, ¿con cuál persona les gustaría estar?"

La mayoría apenas pudo cenar. Se retiraron temprano a sus piezas alegando que había sido un día pesado. Ya cobijados en sus camas y con la vista clavada al techo, meditaron en aquella alejada actividad encomendada por su sensei en la academia. Ahora era malditamente real.

Por eso ella tocó a su puerta cerca de la medianoche. Le costó lo indecible, pero la angustia de saberse inconfesa rebasó a esa recalcitrante vergüenza que siempre la caracterizó frente a Naruto.

―¿Hinata? ―La recibió con una humeante taza de ramen instantáneo entre manos―. Creí que estabas dormida. Quiero decir, yo lo estaba, o mejor dicho, lo intentaba y bueno… aquí estoy, con un poco de hambre. Dormir con el estómago vacío no es lo mío, de seguro con un poco de ramen caliente lo habré solucionado, dattebayo.

―¿Pu-puedo pasar? ―Sus índices chocaban mientras su mirada perlada parecía fascinada con el suelo.

Naruto frunció el ceño. Hinata le parecía un poco extraña, aunque le agradaba y eso importaba más.

―Claro, adelante, toma asiento. Te serviré un poco y verás cómo te sentirás mejor. ―Cogió la tetera eléctrica y usó el agua restante en un segundo envase de fideos deshidratados―. Sí, lo sé, los tres minutos de espera son lo peor, pero descuida, todavía no había comenzado, así que te puedo esperar. Comer acompañado es mejor.

Eso último la estremeció. Levantó la cabeza. Dos zafiros se cruzaron con sus perlas.

―I-imagino que has comido muchas veces solo…

La garganta se le dobló a Naruto en un nudo. Volteó la cabeza para no dejar entrever algún rasgo de pena. Le ahorró el incómodo momento el término de los tres minutos que hicieron chillar a una pequeña alarma sobre la mesa.

―¡Listo, podemos comenzar! ¡Itadakimasu!

Ella ni siquiera separó sus palillos. Prefirió observar a Naruto sorbiendo los fideos sin recato alguno. Lejos de asco, le causó gracia. Siempre le cautivó la sencillez de Uzumaki, su carisma, su espontaneidad, y por sobre todo, su perseverancia.

―Na-Naruto… si el mundo fuese a terminar mañana, ¿con cuál persona te gustaría estar?

Un trozo de cerdo se atascó en su garganta, induciéndole a un sonoro acceso de tos que ameritó algunos golpes en el pecho. La miró con llorosos ojos explayados, rescatando sus delicadas facciones ruborizadas. Soltar esa pregunta así nada más habría confundido a cualquiera, sin embargo, lo que causó en Naruto fue una tremenda sorpresa: él también lo había recordado.

―Esa tonta tarea. Quién iba a imaginar que tanto tiempo después podría ser una posibilidad.

―Recuerdo que le dijiste a Iruka sensei que eso no iba a pasar.

Naruto ladeó la cabeza. No recordaba la última vez que Hinata consiguió hilar una oración completa en su presencia sin tartamudear. También pensó que ella sabía muchas cosas sobre él siendo que no compartían mucho. El rubio estalló en carcajadas, y se detuvo, no sin antes enjugarse las lágrimas, al ver cómo Hyūga se encogía con timidez.

―¿Sabes qué, Hinata? Hice muchas tonterías de niño. Quería llamar la atención, y aunque no lo admitía, lo hacía porque me sentía muy solo. Incluso en esa ocasión lo único que conseguí fue que Iruka sensei perdiera los nervios. Lo cierto es que… ―Hizo una pausa. Se concentró en el envase de ramen a medio terminar frente a él―. Esa vez yo quería escribir el nombre de mis padres…

Hyūga mordió el interior de su mejilla. Su corazón saltó tan fuerte que lo sintió latir en su garganta.

―Naruto, ese día yo… yo escribí tu nombre en mi hoja…

La cara de Hinata era un tomate. Soltó una bocanada larga y pesada, creyendo que se desvanecería si contenía por un segundo más el aire. Listo, lo dijo. No había vuelta atrás. Puso lo mejor de sí para sostenerle la mirada a Naruto, tan confundido que boqueaba como un pez.

―¿Por qué? No lo entiendo.

―Porque siempre te he admirado. No importa cuántas veces caigas, tú solo te levantas y lo intentas otra vez. Gracias a tu persistencia has logrado vencer los obstáculos que has enfrentado. Me has inspirado a seguir mi propio camino ninja, y a través de la perseverancia también me he vuelto más fuerte. Tienes la facilidad que cambiar a las personas, por eso creo firmemente que algún día serás nuestro Hokage.

La piel de Naruto se erizó. No perdió detalle de la temblorosa y congestionada cara de Hyūga que, pese a sus nervios, se mantuvo erguida, casi solemne, haciendo justicia a la distinguida estampa de su clan. Por increíble que pareciera, era el muchacho quien inclinaba la cabeza para velar una pequeña sonrisa conmovida.

―Vaya, jamás lo habría imaginado. Eso… eso fue hace mucho, ¿no? Tal vez de haberlo sabido tú y yo habríamos podidos ser más cercanos. Ahora que lo pienso, nunca conversamos lo suficiente y yo… quiero decir… en serio lo siento, Hinata, no tenía idea de esos sentimientos tuyos, soy el culpable por no haberlo notado antes.

―No, no tenías cómo. Nunca lo demostré. Tampoco me tenían permitido acercarme a ti, pero yo sabía que todos esos feos rumores no eran ciertos. Sé lo que veo, y lo que veo es al ninja al que quisiera seguir. ―Hyūga entrelazó sus dedos hasta hacerlos tronar. Mordió su labio inferior al punto de casi sangrar―. Na-Naruto, sé que esto es raro. Pe-perdóname, por favor…

―Qué va, no hay nada de malo con…

―Yo te amo, Naruto.

La silla cayó con estrépito. De una par de zancadas, Hinata alcanzó la manija de la puerta, y ya con un pie fuera de la pieza, se detuvo en seco por el brusco agarre en su muñeca. Fue muy rápido. Le dieron vuelta y su espalda encontró la pared. Naruto, frente a ella, le impedía escapar.

―Dé-déjame ir, por favor. ―Volteó la cabeza. La fuerte respiración del chico le calentaba el cuello. Tenía miedo por la proximidad del cuerpo masculino y por las repercusiones de su confesión. Unos dedos gentiles alzaron su mentón. Sus blancos ojos conectaron con los de Naruto.

―Tranquila, no pasa nada. ―Dio un paso atrás, dejando espacio para que el oxígeno decidiera escapar por fin de los temerosos pulmones de Hyūga―. Guárdatelo, no lo vuelvas a decir.

Ni el golpe de Neji que detuvo su corazón fue tan cruel. Lágrimas ardientes y silentes surcaron sus níveas mejillas.

―En-entendido… ―Asintió, sumisa y con una leve reverencia. Sus talones giraron. Caminaría de regreso a su habitación en modo automático.

―Porque cuando terminemos con todo este asunto, podrás decírmelo las veces que quieras. ―Quedó petrificada. Naruto, con las manos tras la nuca, le sonreía a ojos cerrados―. Si algo debo reprocharte, es que tardaras tanto en decírmelo. Me habría gustado escuchar algo así hace mucho tiempo, dattebayo.

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―Esto tiene muy mala pinta ―dijo Kaiō-sama con tono cortante―. Kaiō-shin ni siquiera se molesta en ocultarlo. Va a liberar al Super Saiyajin Legendario. Podríamos decir con seguridad que la Tierra está perdida.

―¿Tan fuerte es ese individuo? ―contestó Blizzard, soplando la taza y sorbiendo despacio para no quemarse los labios.

―Ni te imaginas. Su poder es infinito, crece y se descontrola con cada minuto que pasa. Se dice que Hakai-shin tuvo que despertar para poner freno al asunto o el universo se habría ido al mismísimo infierno.

―Se dice… ¿significa que usted no estuvo allí? ¿Cómo sabe entonces que es tan fuerte?

Una vena gorda palpitó en la sien del pequeño dios, que hizo un esfuerzo por parecer indiferente.

―Lo sé, soy relativamente nuevo en esto, lo que no significa que otros no me hayan puesto al tanto. ―Un destello de advertencia refulgió en su semblante―. No se conoce con exactitud el límite de ese monstruo ya que nunca llegó a demostrarlo, pero con seguridad podría alcanzar e incluso superar tu poder si las circunstancias lo permiten. ¿Ahora entiendes lo grave del asunto?

―Cielos, entonces Goten tendrá un verdadero problema. ―Blizzard paseó sus ojos dorados por la mesa, rebuscando en alguna golosina que hicieras migas con su infusión de menta―. ¿Alguna vez usted ha perdido a un amigo muy querido?

Kaiō-sama escupió su té, salpicando las galletas de naranja y demás coloridos pastelillos sobre la mesa.

―Maldición, Blizzard, ¿por qué esas preguntas tan raras de repente? No me vas a decir que ahora te preocupas por Goten. Tú mismo admitiste que sería divertido si lo tuviéramos acá, por lo que su muerte no debería quitarte el sueño. Además, tú nunca tuviste amigos, no sé a qué viene esto.

―Lo siento. Admito que he tenido extrañas ideas sobre ciertos asuntos, para mi mala suerte no tengo a nadie a quien preguntar.

―¿Qué tipo de extrañas ideas? ―Con tórpidos movimientos, Kaiō-sama pasó un pañuelo para limpiar el desastre.

―Verá, estuve meditando los últimos meses cuando descubrí que es posible separar la mente del cuerpo y el alma para viajar a otros planos.

―Sí, sí, recuerdo que me comentaste algo sobre eso, ¿y qué? ―replicó, más ocupado en apartar los dulces limpios de aquellos rociados en saliva.

―Visité a Goten en sueños, y por alguna razón tuve ganas de ver cómo lucían los pensamientos de esa chica llamada Ino, usted sabe, la que perdió la razón, la que usted dijo que tenía la mente destruida. En lo particular no pensé que algo así fuera posible, la curiosidad me pudo y bueno, digamos que pasé a echar un vistazo durante sus sueños y terminamos por compartir algunos recuerdos.

―Claro, compartir algunos recuerdos. ―Tardó en asimilarlo unos segundos, tras lo cual su cara azulada se desencajó en horror―. Espera, ¿¡que tú qué!? ¿¡Te has vuelto loco, grandísimo animal!? ¡Sabes que no podemos intervenir en el Mundo de los Vivos, mucho menos alguien cómo tú! Si Enma o alguno de mis superiores se entera, podrían quitarte el derecho a conservar tu cuerpo por esas insensateces.

―¡Lo sé, lo sé, pero no pude evitarlo! ―Blizzard inhaló profundo. No sería fácil de explicar―. Ella me mostró un recuerdo. Era niña, hacía arreglos florales con su compañera Sakura. Le regaló un lazo rojo, y así comenzaron su amistad.

Kaiō-sama detuvo su ofuscada faena en ademanes tardos. Le tanteó con recelo.

―¿Empezaste a sentir fascinación por la vida de los humanos? No tiene sentido, entrenaste tres años con Goten y nunca te mostraste demasiado atraído por sus costumbres. Te he invitado cientos de veces a que veamos juntos esa novela que es la vida de los shinobis y siempre pasaste. ¿Qué ha cambiado ahora?

―No se trata de eso. Al principio tuve una pequeña curiosidad de conocer aquello por lo que Goten tanto entrenaba, nada más. Sin embargo, cuando ella me mostró su primer recuerdo, ocurrió algo raro: sentí lo que ella sintió, como si fuera yo mismo el protagonista de esa remembranza, como si esa tal Sakura fuera mi amiga de toda la vida. Es muy extraño, ¿no lo cree? Lo mismo se repitió con otros recuerdos en los que ella trataba de recuperar la memoria, y así viví en mis carnes lo que era tener amigos, amar a un padre, perder a un sensei, disfrutar la vida que nunca tuve.

»Al principio pensé que se trataba de algo mío, pero la situación se repitió todas las veces, sin excepción, hasta que ella me confesó que experimentó estas sensaciones con el único recuerdo mío que le enseñé, el primero de todos, aquel del día en que morí viendo la aurora boreal. Ella dijo que sintió en sus carnes mi dolor físico, la asfixia de mi enfermedad, la soledad y el miedo que cada día llevaba encima… y también mi alegría al ver la única luz que iluminaba mi horrendo planeta una vez al año

»Entendí entonces que se trataba de un efecto inesperado, llámelo adverso si gusta, de esta fusión de mentes entre planos. No se trata de una técnica donde entro en la psique de alguien sin más, recuerde que le dije que puedo llegar a dividir mi consciencia varias veces, y en cada ocasión asciendo a un plano más frágil y abstracto. Estas visitas entre sueños solo pude conseguirlas al desdoblar la mente por séptima vez, el detalle es que una vez lograba contactar con alguien, comprendí que esa persona, aunque inconscientemente, también se hallaba en mi misma frecuencia, dimensión o como quiera llamarlo.

»El mundo de los sonidos. Así llamé a ese extraño plano donde, al desdoblarme por tercera vez, podía escuchar desde este planeta cómo crecía el césped, corría el agua y crepitaba el sol en mundos que estaban a muchas galaxias. Las leyes de la física, la lógica y aun la realidad son un enredo en estas dimensiones, nada es igual incluso si parece que no nos hemos movido en lo absoluto de este lugar. Es una locura.

―La diferencia es que tú puedes hacerlo a voluntad. ―masculló Kaiō-sama, brazos cruzados y rascando su mentón―. Nunca había escuchado de esto. Me causa curiosidad que otras personas puedan conseguirlo aunque sin darse cuenta, diría incluso que lo olvidan, si es que llega a pasarles, una vez recobran la consciencia. A lo mejor es porque… espera, dijiste que había una tercera dimensión donde escuchabas sonidos lejanos y cosas por el estilo.

―Sí, ¿y qué hay con eso? ―dijo Blizzard con una ceja enarcada.

―El universo tiene consciencia, eso fue lo que le dije a Goten cuando trataba de encontrar las palabras adecuadas para explicarte cómo funcionaba la Genkidama. El universo está vivo, fluctúa y tiene un alma. Después de todo, estamos hechos de lo mismo: estrellas, nebulosas, humanos. La voz del universo es lo que escuchas en ese tercer plano, ¡ah, vaya, parece que hemos descubierto algo muy interesante! Me pregunto si los Kaiō-shin sabrán sobre esto.

―No sé si ellos, pero hay otros mortales que quizá.

El pequeño dios escupió té de nuevo, en esta ocasión durante un acceso de risa desenfrenada. Sus cortas piernas que no llegaban al suelo, se sacudieron al compás de sus desopilantes chillidos.

―¡Qué ocurrencias las tuyas! A ver, ¿qué otra cosa sabrán los humanos que nosotros no? ¿Meter queso en una lata? Porque mira que es fastidioso tener que rallarlo o cortarlo en trozos.

―Etooo, creo que se llama queso en spray, y sí existe, Goten lo dijo.

Una gota de sudor recorrió la nuca de Kaiō-sama.

―En fin, detalles que no interesan. En cualquier caso ese muchacho impertinente tendrá que traer una lata de esas cuando venga la próxima vez, tú sabes, para comprobar que no miente, no creas que me dieron ganas de probarlo.

Blizzard prefirió guardarse lo de Jiren, el mortal al que enfrentó en la doceava dimensión. Aquel sujeto también era capaz de desdoblar su mente múltiples veces, sin mencionar su fuerza suprema que rebasaba cualquier cosa que hubiera visto o sentido. Se preguntaba cómo y por qué había llegado tan lejos, y si acaso tendría alguna similitud con los motivos que empujaban a Goten a superarse cada día. Ahora que las emociones humanas le habían impregnado, podía comprender un poco mejor ese deseo de hacerse más fuerte para proteger a otros.

―Entonces, ¿alguna vez ha perdido a un amigo muy preciado?

Kaiō-sama se encogió de hombros al tiempo que untaba pasta de castañas en una rebanada de pan. Los Kaiō mantenían entre sí una relación estrictamente formal, no más. Nunca tuvo amigos, y tampoco los necesitaba porque en él no había lugar para esos sentimientos propios de los mortales.

―No lo creo. Conozco a un sujeto que podría considerar como un amigo, hace tiempo que vive acá, pregunta estupideces mientras se toma mi té y devora mis dulces, por lo demás, jamás he perdido a nadie importante.

Los labios de Blizzard delinearon una sonrisa.

―Descuide. Procuraré no morir de nuevo para que no se ponga triste.

―Hmp, ya quisieras, fanfarrón.

―¿Y qué me dice de Goten?

―Ese chico es un desastre. ―Lejos de mostrarse enfadado, su cara se tornó entretenida al recordar algunas de las ocurrencias del saiyajin―. Me agrada, es un buen muchacho. Lo único que no me convence es que sea tan alto. Se sienta en mis sillas y sus rodillas rebasan la mesa. Se para a mi lado y se yergue más de la cuenta para hacerme sentir enano, estoy seguro que lo hace a propósito. Hubo una vez que no conseguía el banquito de la cocina, ¿pues sabes que hizo el infeliz? Lo escondió en el cobertizo porque dijo que estorbaba y no era necesario. Claro, como no tiene problemas para alcanzar lo que sea de la alacena, ¡cómo me desespera!

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Como un obstáculo que necesitas superar, yo siempre estaré ahí para ti aunque acabes odiándome. Para eso estamos los hermanos mayores.

Las palabras de Itachi resonaban dentro de la cabeza de Sasuke al ton y son en que crujían bajo sus puños los fracturados huesos del informe rostro de Danzō.

Luego del último altercado sufrido por el equipo Taka, la condición de su hermano se tornó crítica. Itachi no había vuelto a recuperar el conocimiento, y según palabras de Karin, no lo haría de nuevo. Solo quedaba esperar por el fatal desenlace, y en tanto, para aplacar su deletérea furia, Sasuke descendía al pútrido calabozo del miserable viejo para golpearlo hasta que se le durmieran las manos.

Sus esfuerzos por capturar a Danzō, y recuperarlo después del episodio del Ōzaru, vinieron a significar la nada. La posibilidad de que ni siquiera Tsunade pudiera salvar a su hermano en el estado tan deplorable en que se hallaba, era bastante alta. El viejo ya no le servía como moneda de cambio. Lo torturaría hasta que en una de esas se le pasara la mano y terminara por matarlo.

Sus compañeros no decían nada. Las caras eran largas y angustiadas. Se preocupaban de ver cómo la oscuridad consumía en sus funestas entrañas la precaria humanidad que restaba de Sasuke. Karin en particular sentía cómo el aura de Uchiha se tornaba gélida, gris, violenta y espeluznante. No quería imaginar su reacción en el momento, cada vez más próximo, en que Itachi pereciera.

Así ella, haciendo uso de todo el aplomo con que contaba, se atrevió a dirigirse a él cuando venía de una de sus crueles golpizas.

―Él nos puede ayudar ―dijo, con la atención puesta en la sangre goteando de sus inflamados nudillos―. No es seguro ni mucho menos, pero no perdemos nada con intentarlo. Goten sabe muchas cosas que nosotros no.

Sasuke no contestó. Si se complicaba que Tsunade pudiera ayudarlos dado el avanzado estado de la enfermedad de su hermano, dudaba mucho que el saiyajin hiciera una diferencia. Karin tenía que saberlo de sobra, y sin embargo insistía.

―¿Cómo podría ayudarnos exactamente? ―preguntó con suspicacia y veneno reverberando en su voz.

La kunoichi se estremeció. A su mente vino a dar la imagen de su propio cuerpo descoyuntado en una pulpa sanguinolenta cuando Orochimaru casi la mata a golpes.

―Él conoce a Kamisama, quien puede salvar a una persona al borde de la muerte sin importar su condición. Lo sé porque… porque a mí me salvó.

Uchiha la miró quedamente. La atmósfera alrededor de la pelirroja transmitía franqueza; era intangible, inexplicable, solo perceptible por esos instintitos que en momentos muy puntuales se activaban. Hizo bien en recordar que lo concerniente a los saiyajins era extraordinario. Creyó en Karin.

―No tenemos nada que perder…

―Exacto.

―¿Confías en él?

La kunoichi se mostró asombrada. Nunca llegabas a conocer a las personas con plenitud, y si algo le enseñó la vida, fue a no meter las manos al fuego por nadie. Goten, no obstante, era una historia diferente. No los traicionaría.

―Sí, por completo.

Sasuke lo meditó durante el mismo intervalo de tiempo que le tomó parpadear dos veces. Estaba desesperado. Dio su consentimiento, y con ello, Karin salió de la guarida de Orochimaru, que era una de las últimas de las que tenían conocimiento.

Como muchos de los escondites del sannin, este estaba rodeado por una barrera que aislaba la energía de quienes estaban dentro, mecanismo de defensa desarrollado para protegerse de las habilidades perceptivas de los saiyajins. La pelirroja se adentró en el bosque hasta cerciorarse de haber salido del rango de la barrera. Se aseguró de que no hubiera ninguna presencia diez kilómetros a la redonda, y solo así, dejó su chakra al descubierto y lo elevó para enviar una señal a Goten.

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Lo hablado en la reunión de Iwagakure fue manejado con recelo como un asunto estrictamente militar. Los shinobis debieron ser informados sobre la invasión que se avecinaba, esto sin entrar en detalles de dioses, condenas, maldiciones o aquello que no aportara utilidad alguna en miras de defender sus respectivas aldeas. La noticia, como era lógico, sentó pésimo a todo el que la recibió, si bien el común denominador fue que los más afectados seguían siendo los que conocían el trasfondo de la historia.

Trunks quedó muy tocado una vez abandonó la sala de conferencias, y lejos de asimilar el asunto, parecía que empeoraba con el pasar de los días. Sentía sobre sus hombros la culpa y el peso de las vidas terrícolas en peligro. Él y Goten eran la última línea de defensa, no había un Gohan, un Goku o un Vegeta que les echara una mano si la cosa se salía de control. Por su cabeza no dejaban de desfilar pensamientos tales como que su presencia en ese universo desencadenó la actual situación, que no tenía el poder suficiente para garantizar la victoria, o que cualquier error por su parte significaría la muerte de millones de personas que no merecían semejante destino.

―Ya te lo dije, no tengo planeado entrar de nuevo a la habitación ―respondió Goten, que detuvo un par de minutos su práctica con Hanabi para atender a su amigo.

―Tú bien sabes que los resultados son mejores con un compañero para pelear, de lo contrario no te insistiría más.

―El problema es que salí de allí hace poco. Si vuelvo a entrar, solo provocaré un gran estrés en mi cuerpo sin apenas tiempo para recuperarme, y a decir verdad, dudo que a estas alturas progrese algo con ese método de entrenamiento.

Trunks no estaba bien. Se le veía ojeroso, un pequeño y casi imperceptible temblor sacudía sus manos, y un tic nervioso palpitaba en uno de los músculos de su mandíbula. Estaba aterrado por lo que podría resultar de esa pelea, y Goten podía comprenderlo a la perfección porque pasó por el mismo proceso. Ya no eran los niños que llegaron por accidente al mundo shinobi, estaban más conscientes de sus actos y de las consecuencias que de estos podrían derivar. El lado humano superó al saiyajin, de la misma manera en que evitarse problemas de tal índole superaba con creces el deseo de participar en una buena batalla: de a poco se iban pareciendo algo más a Gohan y menos a sus padres.

―Te estoy pidiendo un año, Goten, solo eso. La causa lo amerita.

Hanabi se aferró a la manga del dogi naranja para hacerse notar por su sensei.

―Anda, no te preocupes por mis prácticas. Este asunto es más importante que cualquier otra cosa.

―No me niego por tus prácticas, en verdad creo que podría ser contraproducente. Ahora necesitamos descansar para dar lo mejor durante la batalla.

―Estás demente. ―Farfulló Trunks entre incrédulo y rabioso―. Espero que hayas desarrollado una nueva técnica y por eso estás tan tranquilo.

―¿Nueva técnica? Ummm… nop, no realmente.

El aura blanca de Trunks se encendió con furia, y sin previo aviso, salió volando en dirección a la plataforma celestial de Kamisama. Su abrupto despegue produjo una onda de choque que tiró a Hanabi de espaldas y resquebrajó las estatuas del jardín de Hiashi.

―Pero qué desesperado. ―Goten, por su parte, seguía rascándose la mejilla con gesto reflexivo, como si no hubiera pasado absolutamente nada―. Y yo que quería decirle que se quedara a almorzar. Van a servir sukiyaki de tofu como entrada.

La pesadilla de Trunks continuó, porque al posar sus botas en el impoluto mármol del templo, y subir las escaleras de caracol que conducían a la habitación, no encontró más que un almacén con trastes polvorientos tras la puerta que se suponía debía resguardar la infinita dimensión.

―Ya veo, de seguro la magia de Kamisama mantenía funcionando el lugar ―explicó Goten en una breve pausa de aspirar fideos―. Una vez que murió, dejó de existir la habitación. Se parece a lo que ocurre con las Esferas del Dragón, ¿no lo crees? En fin, la buena noticia es que llegas a tiempo para el almuerzo.

El saiyajin livideció en respuesta. No fue capaz de articular palabra. Estaba desmoronado, y en contraposición, su amigo engullía bajo un trance de incomprensible indiferencia que ponía de manifiesto la disparidad con que afrontaba cada uno la situación.

La lectura de Hiashi, a partir de la experiencia, le decía que la reacción de Trunks era natural, si bien debía mantener la entereza al momento de empezar el combate. Por otro lado…

―Goten, ¿qué tan difícil crees que sea la batalla por venir? ―preguntó el líder del clan una vez se retiró Trunks.

Hinata y Hanabi contuvieron la respiración, inspeccionando con sus nacarados ojos muertos de Hyūga, el más mínimo indicio de cordura en el discurso o los gestos del saiyajin.

―Mucho, supongo.

―¿Más que la de Cooler?

―Seguro. ―Encogiéndose de hombros, estiró los palillos para alcanzar unas rodajas de sashimi.

―Aquella vez lo lograron por poco. ―Continuó el viejo, luchando por sacarle las palabras a cucharadas.

―Cierto.

―¿Y dices que está vez será peor?

―Creo que es obvio. Kaiō-shin ya ha visto mi límite y el de Trunks. Basado en esa información, actuará porque sabe que tiene lo necesario para ganar. A propósito, esos fideos de udon están exquisitos, quisiera felicitar en persona a la cocinera cuando termine. Quizá hasta le quedó un poco en la olla, le pediré que me guarde para más tarde.

Pese a la inexpresividad de sus facciones, los Hyūga intercambiaron su consternación en silencio. El chico se había vuelto loco por el exceso de miedo previo a la invasión.

―¿Estamos perdidos? ―Pensó Hanabi en voz alta. Era retórica su interrogante, no esperaba respuesta, ni siquiera alguna clase de consuelo, por eso se sobresaltó cuando Goten se arrimó a su lado y le revolvió los cabellos con una de sus grandes sonrisas.

―Yo no he dicho tal cosa. Será complicado, pero prometo que vamos a vencer.

Imposible no contagiarse de un atisbo de esperanza cuando era él quien lo decía de esa manera. Al menos las hermanas Hyūga tuvieron la certeza que su declaración no era vacía, que en verdad creía en la victoria.

En la otra antípoda estaba Trunks, distante y ensimismado en reventarse entrenando hasta lo último que le fuera posible. Ingresaba a su nave espacial veinte horas consecutivas cada día bajo una gravedad de 500G, y lo hacía así solo porque esa era la máxima capacidad a la que podía trabajar la máquina durante tanto tiempo seguido: si la aumentaba a 1000G, se activaba un software de seguridad, instalado por su madre, que apagaba los sistemas en cinco minutos para evitar que la nave explotara como ocurrió una vez con Vegeta.

Ino lo esperaba afuera lo que hiciera falta. Llevaba consigo una toalla, agua y varios bentō preparados por ella misma para que repusiera energías. Se sentaba en un tronco a varios metros del esférico artefacto, que estaba dispuesto en medio del campo de entrenamiento del equipo 10, y por lo general Trunks se comía todo lo que ella le traía allí mismo.

La kunoichi percibió a leguas su angustia. Intentaba molestarlo lo menos posible con preguntas relacionadas al tema. Le veía comer en silencio y no más que eso, aunque notaba que con el paso de los días su trato era más esquivo, al punto de hacerse huraño y hasta cortante. Rehuía de sus atenciones con mayor frecuencia, hasta que empezó a rechazar la comida, y por último, su presencia.

―Trunks, te estás excediendo y tu cuerpo lo resentirá. Debes descansar. ―Suplicó ella en una ocasión que lo interceptó al salir de la nave tras casi veintidós horas de entrenamiento.

―Yo mejor que nadie conozco mi cuerpo y sé hasta dónde puedo llegar. ―dijo, pasando de largo como si ella no estuviera ahí.

―No lo creo, y lo digo porque no te veo bien. Estás exhausto. Dormir también es parte del entrenamiento.

―Estoy durmiendo.

―¿Una hora al día con suerte?

El saiyajin se detuvo. Se llevó una mano a la sien, mareado y sin el menor ánimo de entablar una conversación, menos aún una discusión.

―Ino, en este momento solo debo tener cabeza para la pelea que se viene. Me sería de ayuda si me dejaras con mis cosas. Ya he pasado por esto antes, no tienes de qué preocuparte.

La imagen de ese horrendo monstruo llamado Majin Boo, asaltó los recuerdos de la rubia con esa aborrecible sonrisa demencial.

―Tienes razón, no es la primera vez, pero sí creo que es nuevo para ti lidiar con tanta presión. Esta ocasión es distinta, porque sientes que ni siquiera puedes contar con Goten.

Sus ojos se ampliaron de pasmo. Ella dio con la tecla. Debía, no obstante, desasirse de esas dudas y debilidades que empañaban su buen criterio para el combate. Solo o acompañado, era un guerrero, y como tal, debía mantenerse en la línea, centrarse únicamente en el entrenamiento. Debía seguir el consejo de Kamisama.

―Será mejor que me vaya con la nave a otra parte. Así no tendremos esta conversación de nuevo.

Sacó una cápsula grande del estuche que guardaba en el bolsillo de la chaqueta y la arrojó en dirección a la cámara, haciéndola desaparecer en su interior. Empezó a levitar despacio, preparado para volar a algún páramo lejano donde desconectarse por completo de distracciones, pero la delgada mano de Ino le retuvo por la muñeca.

―Si el mundo fuese a terminar mañana, ¿con cuál persona te gustaría estar?

El saiyajin procesó varias veces la pregunta, y en cada ocasión no dejaba de estar más sorprendido.

―No entiendo a qué quieres llegar.

―¿Es que acaso no lo ves? Estás permitiendo que el miedo te domine, y por eso te comportas como algo que no eres, Trunks. No necesitas distanciarte de esta manera, nos necesitas a nosotros, a tus amigos. Necesitas entrenar, y también comer y descansar.

―Lamento que no puedas entenderlo. Esto lo hago por ustedes.

Sacudió su mano, zafándose del agarre de la kunoichi. Se elevó despacio unos cuantos metros y quedó lejos de su alcance.

―Si fuera mi último día, desearía pasarlo contigo, Trunks, porque te amo, y te lo digo ahora porque no sé si podré hacerlo después…

Quedó paralizado con la confesión. Miró hacia abajo, y la vio con las manos contra el pecho, la mirada vidriosa y expectante, el rostro contraído en pena. Quiso contestarle que él también sentía lo mismo, y a punto estuvo de hacerlo, pero de su boca abierta no salió más que un seco jadeo. Apretó los puños con fuerza, giro la cabeza hacia el cielo, y antes de salir volando de prisa, contestó:

―No es momento, Ino. Toca pelear, y el amor debilita.

Incluso si no se veían de nuevo y el mundo llegaba a reventar como un globo, a ella le habría bastado con escucharle decir que la amaba. Ino se dejó caer en el césped, viendo por donde se fue el saiyajin mientras las lágrimas le corrían con amargura.

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Una vez más, los pasos condujeron a Enki al recinto del templo donde se resguardaba al Legendario Super Saiyajin. No iba solo, como marcaba la costumbre. Su intención tampoco iba destinada a aplacar remordimientos ni a torturarse con el desventurado reflejo propio que le devolvía la bola de cristal.

―¿Me haría los honores, Enki-sama? ―Rō, su acompañante, le hacía entrega de una vasija blanca que almacenaba la energía reunida durante las dos peleas de Goten y Trunks. Al desgraciado se le antojaba satisfactorio e irónico por partes iguales ver cómo el ser que menos querría liberar a ese monstruo, lo hacía sin vacilar.

Enki colocó el recipiente en el suelo. No tenía abertura alguna, era un contenedor sellado y tampoco podía romperse. Extendió sus manos, y haciendo uso de magia, transfirió la colosal cantidad de ki allí encerrado hacia la bola de cristal. El aura blanca, con retazos dorados a modo de fluctuantes destellos, era absorbida con implacable gula por aquella prisión esférica, cuya diáfana superficie se cuarteaba y vomitaba de entre sus maltrechas grietas, haces luminosos que predicaban ruina y caos universal.

De un limpio crujido, el cristal saltó en miles de pedazos. Las impolutas baldosas de la sala refulgieron de añil y oro. Nada más.

―¿Pero qué mierda pasó? ¿¡Dónde está!? ―Rō, histérico, chilló con las uñas enterradas en su descompuesto rostro. Vidrio molido yacía a sus pies en lugar de la imponente y barbárica figuraba que ansiaba encontrar―. Tanto trabajo… ¡para nada!

―No es así. Él ha despertado. ―Una figura holográfica apareció en la palma de Enki.

El corazón de Rō dio un vuelto, la imagen era aterradora: la silueta de un hombre desnudo, hipermusculado, de cabello rubio y salvaje, jadeaba con ojos blancos y ausentes dentro de una esfera de energía verde, y a su alrededor, había una marejada de coloridas nebulosas dispersas en anarquía pura, remanentes del cinturón de galaxias que había desaparecido con su despertar.

―Esa bola no era más que una ventana al universo de bolsillo creado por Caranoba-sama para contener al monstruo. Dicho espacio no se encontraba dentro del ella, sino en un plano alterno a nuestra realidad que terminó por desgarrarse al romper el cristal. El reino de los Kaiō-shin habría sido devastado en su mayor parte si el saiyajin hubiera aparecido aquí, y con nuestra muerte, la de Hakaishin. Básicamente acaba de explotar un universo a escala. Con la destrucción, viene la creación.

Mentiría Rō si no admitía que estaba enajenado en miedo. El ki de la bestia era gigantesco, abominable. Aunque no tan inmenso como podía llegar a ser, desprendía la esencia de un potencial sin límites, de un poder inconmensurable, mal contenido, lábil y peligroso en extremo. Tragó en seco. Entre sus trémulos dedos, sostenía el segundo ojo de Shisui, y así como el primero, lo implantó en su órbita derecha, preparándose psicológicamente para dar inicio al punto más crucial de su plan.

―Me encargaré del resto a partir de ahora. ¡Kai Kai!

Rō se teletransportó al encuentro del milenario guerrero. Lo encontró flotando dentro de una barrera de ki que le protegía de la ausencia de oxígeno en el exterior. Su aspecto era impresionante: medía tres metros y medio; sus brazos eran tan gruesos como el tronco de Kaiō-shin; cada centímetro de su inmenso cuerpo, cubierto en cicatrices y palpitantes venas tan gruesas como dedos, fue concebido para resistir y proporcionar castigo como nada que hubiera creado un dios. La piel era cobriza, y el cabello erizado, dorado con fulgores verdes.

Cuando el demonio se percató de la presencia de Rō, se dio vuelta y le apuntó con una mano. Su ki estalló, removiendo los cuerpos gaseosos que restaban como evidencia de las galaxias muertas, pintando de verde el vacío cósmico varios años luz a la redonda. Luego, todo el color se comprimió y concentró en una pequeña bola de energía en su palma. Lo iba a vaporizar.

―¡Detente, Saffron, te lo ordena tu amo! ―gritó, con el ojo derecho brillando en un sangriento Sharingan―. Me debes gratitud por devolverte la libertad. Yo, a cambio, no esperaré de ti más que aquello para lo que has nacido: yo solo quiero que pelees. ¡Pelea, Saffron, pelea y estaré satisfecho! Pelea, porque Dios lo quiere.

El saiyajin bajó su mano y la energía reunida desapareció. Su respiración, rápida y superficial, encontró sosiego, y su acelerado pecho mermó en tamaño como el resto de su cuerpo. Seguía siendo un hombre grande de poco menos de dos metros, pero ni rastro de la bestia que nació por segunda vez en medio de un cruento acto de destrucción. A este nuevo ser de cabellos negros se le veía asustado, confundido, examinando por primera vez su ya olvidado cuerpo.

―¿Dónde estoy? No… no lo recuerdo bien, es ruidoso y extraño y… ¿dónde está Lettus? Luffa y Zucchi, ¿están a salvo? Yo iba… iba a… ―El temor que timbraba su voz se transformó en pánico y rasgó sus facciones en pena. Apretó su cráneo entre sus rústicas manos, gimiendo por los borrosos y terebrantes recuerdos hiriéndole el cerebro.

―Exacto. Tú acabaste con todo. Tú perdiste el control, te entregaste a la locura al ver la sangre de tus amigos corriendo. ―Rō contuvo el aire al ver cómo el atormentado joven, doblando sobre sí mismo, gruñía y se revolvía al tiempo que su aura esmeralda se encendía otra vez―. Tranquilo, que soy piadoso. Tendrás la oportunidad de redimir tus pecados ayudando a cumplir la voluntad de Dios.

Kaiō-shin sentía cómo su ojo derecho ardía y palpitaba. El Sharingan carmín refulgía, y las convulsiones de Saffron encontraban sosiego a la par que su denso ki se aplacaba.

―Yo… no quiero sentirme así de nuevo. No quiero que pase otra vez ―imploró de rodillas, desbordando una fragilidad y desamparo que chocaba con su fuerte apariencia.

―Lo entiendo, pero es tu naturaleza y no debes avergonzarte de ella. Lo importante es lo que hagas con el don que se te ha concedido. Serás la mano que ejecuta mi pensamiento, mediarás la justicia que habla mi lengua. Solo así serás libre de tu arrepentimiento, y cuando mueras, te reunirás con ellos.

Saffron miró sus palmas convertirse en puños. La tristeza y el miedo en sus oscuros ojos desaparecieron. Se irguió cuan alto era, y asintió en acuerdo a las palabras de Rō.

Era fascinante y terrorífica la manera en que funcionaba el Kotoamatsukami. La víctima no notaba la manipulación, tampoco terceros, pues parecía que las acciones surgían de un simple acto de razonamiento y convencimiento por ambas partes. En este caso, el jutsu provenía de una inédita combinación de chakra y ki, lo cual ampliaba sus posibilidades.

―Necesito tu ayuda, pero primero deberías estirar, has estado mucho tiempo sin actividad…

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―¡Otro más, por favor!

Las miradas de los shinobis se vertían sobre Sakura mientras vaciaba la parrilla de barbacoa y ordenaba otra tanda. Solo Goten, acostumbrado al nuevo apetito voraz de la kunoichi, se mantenía indiferente en su propia batalla con el tazón de arroz y verduras.

―¿Desde cuándo comes así? ―Kiba, paralizado por la sorpresa, dejó caer de sus palillos sin darse cuenta una tira de carne que capturó Akamuru bajo la mesa.

―Ah, ¿eso? Creo que mi metabolismo se aceleró un poco, nada especial.

Incluso Chōji, producto del asombro, no tuvo tiempo de armar una rabieta cuando ella se quedó con el último trozo de la parrillera.

Neji sabía que había una relación directa entre la atlética figura de Sakura y su bestial manera de comer. Ese nuevo entrenamiento, sea cual sea, la obligaba a ingerir enormes cantidades de calorías para almacenar energía, si bien no lo hacía en forma de grasa como los Akimichi. ¿Lo convertía directamente en chakra? ¿Entonces donde lo guardaba? Sacudió la cabeza cuando Tenten chilló, pidiendo a la pelirosa consejos para comer así sin engordar en el proceso.

Se reunieron casi todos en el restaurante de barbacoa para cenar: el equipo 7, el 8 y el 10, así como también el equipo Gai. De no ser por la ausencia de Sasuke, Trunks e Ino, habrían estado completos, si bien se sumó Hanabi para gran alegría suya.

Naruto y Hinata parecían extrañamente cercanos, aunque no lo suficiente como para levantar sospechas. Shikamaru hablaba más de la cuenta, se le veía hasta entusiasmado, esto, quizá, por las copitas de mirin que ordenaron de entrada, excepto para Lee por su intolerancia al alcohol y para la pequeña Hyūga, que debió conformarse con una taza de té verde. Chōji rellenaba sus cachetes en un compulsivo trance para evitar que Sakura le ganara la partida, pero fue Lee quien lo tomó a modo de competencia y terminó atragantándose, hasta que Tenten le hizo escupir un pulmón a punta de manotazos por la espalda. Un animado Shino probaba con avidez de todo cuanto les llevaban a la mesa, y de cuando en cuando tuvo el detalle de soltarle cosas a Akamaru cuando Kiba se descuidaba, pues este era muy delicado con la alimentación del ninken. Hanabi, al principio tímida por la presencia de los mayores, se aclimató rápido al notar el ambiente tan agradable y laxo que se gastaban, sorprendida incluso por lo conversador que se mostraba su primo Neji.

Por lo que duró esa cena, no hubo resquicio que dejara asomar palabra o pensamiento sobre lo que iba a pasar. Hicieron higiene mental, compartieron, se rieron hasta que les dolieron las costillas y hasta amenazaron con correrlos del local por hacer tanto ruido de no ser porque el encargado, para su horror, descubrió a las hermanas Hyūga en la mesa, y entre decenas de disculpas y reverencias, les llevó el postre por cortesía de la casa.

―Es una lástima que no haya venido Ino ―comentó Sakura a Goten ya cuando se despedía a los lejos del resto―. Escuché que discutió con Trunks y no estaba de ánimo, pero en ocasiones como esa, quedarse en casa es peor, solo se pondrá a pensar en el asunto. ¡Jum, ustedes los saiyajin pueden ser unos idiotas, y mira que sé de lo que hablo!

―¿Pero yo qué hice esta vez? ―contestó con risas en lugar de miedo.

―Nada, tú no has hecho nada. ―La pelirosa le echó los brazos alrededor del cuello y se puso de puntillas para alcanzar sus labios con un beso.

―Tampoco puedo culpar a Trunks, entiendo cómo se siente. En el fondo yo también tengo miedo.

Sakura le concedió razón con un largo silencio. Le exasperaba que Goten no fuera más comunicativo y tuviera que interpretarlo todo de sus gestos, la mayoría de ellos a través de una hiperactiva cola que ya no tenía.

―Lo sé, y no quiero que te sientas presionado. Pasará lo que tenga que pasar, y cualquiera sea el resultado, estaré contigo.

El saiyajin giró la cabeza para que no se le notara el sonrojo. Aclaró su garganta, y para desviar el tema, dijo que quería llevarla al monumento Kage antes de dejarla en su casa. Kizashi no les puso hora de llegada, sino que por el contrario, preguntó que cuándo se iban a casar, lo que causó en su hija vergüenza y rabia por partes iguales.

La levantó en brazos con delicadeza y alzó vuelo despacio hacia las colosales cabezas de piedra. A sus pies se resumía la existencia de Konoha en forma de titilantes luces. Al fondo se extendía el bosque como un mar negro que se interrumpía por la muralla que cercaba la aldea, para después continuar del otro lado hasta el País de las Olas. A los pocos minutos se tumbaron de espaldas en la roca para contemplar el firmamento nocturno.

―La última vez que estuvimos solos de noche mirando las estrellas no fue muy bonito, ¿recuerdas?

La kunoichi se giró sobre su costado, viéndole con una mezcla de culpa y molestia.

―Tanto tiempo juntos y apenas es la segunda vez que lo hacemos. Y sí, fui una completa estúpida, no sabes cuánto me arrepiento de lo que dije el día que te conocí. Lo he superado, pero no me lo perdonaré jamás.

Goten no contestó. Mantuvo su atención puesta en las luciérnagas del espacio. Sakura se arrimó junto a él y acomodó su cabeza en uno de sus hombros. Estuvo así por minutos, entregada a su calor y profunda respiración que la remecían hacia un sueño seguro. Ya estaba por dormirse cuando él habló de nuevo.

―Ya despertó…

Ella se sentó de golpe. Por algún motivo que no podía explicar, lo entendió a la primera. Cerró sus ojos y se concentró, pero no pudo percibir nada.

―¿Qué tan malo es?

El saiyajin rascó su mejilla. Se incorporó despacio, casi desperezándose. No dejaba entrever ansiedad, ni siquiera una suerte de alarma.

―Mucho. Su poder es absurdo. No es como nada que haya sentido.

Una punzada atravesó el pecho de la kunoichi. De inmediato empezó a palpitarle la cabeza.

―¿Se dirige hacia acá?

―No. De hecho, su presencia acaba de desaparecer. Creo que Kaiō-shin lo pondrá a prueba primero. De lo que sí estoy seguro es que tenemos poco tiempo, pues los dioses saben usar la teletransportación y podrían enviarlo acá en un instante.

Pésimas noticias. Sakura tragó con un nudo partiéndole la garganta.

―¿Te falta poco para completarlo?

―Casi lo tengo, un entrenamiento más con Blizzard y lo tendré listo.

Una descomunal masa de nubarrones grisáceos se desplazaba con parsimonia y velaba las estrellas, como el telón que da por finalizada la obra y, este caso, la cita. Goten la llevaría a casa y después partiría al templo de Kamisama para conectarse vía mental con Blizzard en un lugar seguro. Ese era el plan, hasta que un nuevo chakra en forma de señal, travesó su cabeza como un relámpago.

―¿Qué, lo sentiste de nuevo?

―Es… es Karin…

Sakura parpadeó unas cuantas veces mientras lo asimilaba. Lo vio pasarse los dedos por sus oscuros cabellos, meditando si debía asistir.

―Tienes que ir. Es algo que debes solucionar.

Goten la tomó de la mano.

―Lo mismo digo. Donde está ella, también Sasuke.

Ella amplió los ojos, a toda luz tomada por sorpresa. Quiso rechazar la invitación, decir que no tenía ningún asunto pendiente, pero ver a Goten enfrentar sus demonios con decisión, la hizo sentirse en deuda. Había llegado el momento, muy a su pesar, de dejar a Naruto a solas con su más grande misión. Se lo prometió a sí misma en la habitación.

―De acuerdo. Estoy lista.

Los dos se teletransportaron al encuentro del equipo Taka.

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Trunks quedó tendido en el suelo de la cámara de gravedad. Su torso ascendía violento al compás de la extenuada respiración, y el corazón golpeaba desbocado detrás de su esternón. La gravedad de la Tierra aumentada quinientas veces no era lo que le aplastaba contra el piso, sino la abominable presencia del despertar de su próximo adversario.

Era mucho peor de lo que esperaba, tanto, que sus ganas de entrenar se desvanecieron junto a los billones de planetas contenidos en esas extinguidas galaxias. Comprendió que estaba perdiendo el tiempo.

Cogió una toalla y la frotó en su cabello, rogando porque absorbiera sus preocupaciones junto al sudor. Apagó la máquina, salió de la nave y la guardó en su respectiva cápsula. El helado viento desértico de Iwagakure lastimó su cálida piel como un despiadado cuchillo, si bien ni se inmutó dada su inhumana resistencia.

Voló de regreso a Konoha, a la espera de un clima más gentil que le recibiera, pero no consiguió más que una gélida tormenta que le empapó de pies a cabeza. No era normal que una lluvia tan torrencial anegara a la aldea en esa época del año, y en su convulsionada mente lo concibió como una señal de mal presagio.

Pensó en mil cosas, todas ellas nefastas, sin reparar en su trayectoria ni intenciones, volando lento y absorbiendo el agua para inundar la inquietud que le acongojaba.

Posó sus botas en el balcón de su departamento, o eso creyó hasta que intentó correr la puerta de vidrio y notó que estaba cerrada. La tenue luz de una pequeña lámpara venía de adentro, y él no tenía una.

―¿Qué estoy haciendo? ―Se lamentó al descubrir que la ventana que tocaba pertenecía a la pieza de Ino. Juraría a los dioses que dar la vuelta y marcharse fue lo que intentó, pero las piernas se le hicieron de plomo y sus nudillos llamaron contra el vidrio.

La kunoichi corrió la cortina y jadeó al verlo mojado en su balcón. Deslizó el ventanal para dejarlo pasar sin dirigirle una palabra. Buscó una toalla de baño y se la alcanzó para que no se resfriara, sorprendiéndose luego por el absurdo de tal idea.

El saiyajin se quitó la chaqueta púrpura y las botas, y se tiró en el rincón más vacío de la habitación, con la vista fija en el rastro de agua que dejó sobre la madera en tanto cubría su derrotada cabeza con la toalla.

Ino se sentó en la cama. Llevaba puesto un pijama púrpura de algodón de dos piezas lo suficientemente grueso para esa fría noche. No conseguía dormir pensando en él, se juró mil veces insultarlo cuando lo volviera a ver, y ahora lo tenía en la intimidad de su recámara, incapaz de dirigirle el más simple desplante.

―Lo siento, ni siquiera sé cómo llegué aquí. ―Se quitó la toalla como una capucha, y sus intensas miradas azules al fin conectaron―. No, miento, claro que sí lo sé. ― La piel de la rubia se erizaba siempre en un febril aunque agradable éxtasis cuando él la afrontaba con su severo y masculino semblante―. Si el mundo fuese a terminar mañana, desearía estar contigo, Ino, porque también te amo.

―Idiota, eres un idiota, ¿lo sabías? ―gimió mientras le saltaban las lágrimas y se llevaba las manos a la boca. Habría gritado de felicidad de no ser porque sus padres estaban en casa―. Yo… yo ya cambié de opinión, porque ahora te odio, ¡sí, eso, te odio y no quiero verte más!

Los hombros de Trunks se sacudían al luchar por contener la risa. Ino, todavía con el camino de las lágrimas en sus mejillas, se echó la sábana encima para ocultar su vergüenza y propia sonrisa, pero el gesto se le desdibujó cuando sintió un peso junto a ella hundir el colchón. Los nervios la invadieron. Quería verlo y al mismo tiempo permanecer escondida. Él decidió por ella y retiró la cobija en un segundo que duró un siglo.

Estaba serio. La atravesaba con la mirada, aunque lo único que desprendía era un intenso deseo de alcanzarla con sus pensamientos. Tomó una de las delicadas manos de la kunoichi, con la vista clavada en sus labios. Moría por acariciarlos con los suyos, pero fue incapaz porque no quería intimidarla en su propia habitación, y en su lugar, le plantó un beso en la mejilla.

―Tienes razón, soy un idiota.

Ino quedó pasmada, viéndolo recoger la empapada chaqueta del suelo para después dirigirse hacia el balcón.

―Espera, no te vayas. ―Se sorprendió a sí misma invitándolo a quedarse―. Está lloviendo mucho, hace frío afuera y… podrías enfermar y… tú sabes, eso no sería bueno. Espérame aquí, iré a la cocina a prepararte un té caliente.

Entre movimientos torpes y revolucionados, la chicha buscaba sus pantuflas en tanto balbuceaba insignificancias sobre las propiedades benéficas de los distintos tés que había en casa. Su acelerado parlotear se vio interrumpido cuando Trunks la sujetó de la cintura y le dio vuelta. Ambos sabían que la pobre excusa de la lluvia y el resfriado no era más que eso.

La temperatura aumentó a la par que las paredes de la pieza se achicaban, y sus cuerpos parecían no contar con espacio suficiente para separarse a más de un metro de distancia. Lo cierto es que el magnetismo que siempre hubo entre ambos, les acercaba al irreversible punto en que sus alientos se entremezclaban y calentaban los labios contrarios.

―No debemos… aquí no… ―musitó Ino cuando ya le echaba los brazos al cuello y bajaba los párpados para recibir los labios de su amado.

El ritmo era suave, tímido, se tanteaban con miedo. No obstante, mayor era el temor de que aquello no se repitiera, y lo que comenzó como sutiles roces, desembocó en un desaforado beso desesperado, hambriento, donde las lenguas peleaban y pequeños mordiscos halaban los labios del otro.

En un inarticulado idioma de movimientos sincronizados por instinto, Trunks la alzó por la cintura al tiempo que ella le rodeaba la cadera con las piernas. Dando tumbos, caminó con la kunoichi en brazos hasta que la pasión los empujó contra la pared, apretujando entre sí sus cuerpos que de pronto ardían y ansiaban librarse de la ropa.

El saiyajin mordisqueo la piel de su delgado cuello, trazando un camino de besos desde la línea de su mandíbula hasta las clavículas, arrancándole suspiros a una kunoichi que afianzaba su agarre de piernas en tanto enterraba sus uñas lo más fuerte que podía sobre esa espalda tallada y poderosa.

Trunks dio medio giro y se dejó caer con ella sobre la cama. Se vieron a los ojos. Se deseaban, no había rastro de aprensión en sus miradas zafiro, sino de apetito mal contenido, de agradecimiento por experimentar lo que jamás creyeron posible, y de genuino júbilo por consumar su amor.

Con renovada timidez, la áspera y trémula mano de Trunks se deslizó bajo el pijama y tocó el pequeño pero definido abdomen de la kunoichi. Ella, más decidida, le retiró la camiseta negra sin mangas, y se dio un tiempo para contemplar el torso de lo que no podía ser otra cosa que un guerrero, recorriendo cada cicatriz con sus finos dedos y después con sus labios, intentando borrar tantos vestigios de dolor con sus caricias y besos.

Trunks hizo acopio de valor y le quitó la parte superior del pijama. La chica se llevó las manos a sus pechos por reflejo, y él no hizo ademán por evitarlo, permitió que ella misma los descubriera cuando se sintiera cómoda.

―Toca pelear, y el amor debilita ―susurró Ino con ojos vidriosos y la voz quebrada.

Trunks la observó detenidamente, recorriendo su hermoso rostro con el dorso de un dedo.

―Pero en tus brazos, me da esperanza.

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Fin del capítulo.

Ya se acerca la batalla contra el "Broly" de este fic, diría que para el capítulo que viene comienza. Los que me siguen de hace tiempo sabrán que la planificación de este enemigo la tenía planteada desde mucho antes de la película, y a Gotenks me lo he guardado todos estos años para ese momento, pero por mis tardanzas la película salió antes y bueno, lamento eso porque pareciera que quiero seguir con la película aunque no es el caso.

Como siempre les invito a dejar sus comentarios, saben que lo agradezco mucho.

Cuídense, éxitos y saludos.

Taro