Día 18: Más celos

"Apuesto a que no te atreves."

Uhh. Ese era el detonador para encender a Sirius. Anda a insinuarle algo que no pudiera hacer. Como solía decirlo de tanto en tanto, y especialmente cuando estaba borracho como era el caso , no había nada en el mundo que Sirius Black no pudiera hacer.

James también estaba muy ebrio en ese momento para darse cuenta de lo que había dicho como para tomarle el peso. Sólo se rió como un tonto.

"¿Ah, sí? Pues mira y aprende, Evans."

Antes que se diera cuenta, Sirius se había sentado a su lado en el sofá y le había metido la lengua hasta el fondo.

Se atragantó antes de sorprenderse. Pero le bastaron un par de segundos para recuperarse y agarrar a su amigo por el cuello, para evitar que se alejara.

Por razones del destino de naturaleza inexplicable, esta no era la primera vez ni seguramente la última que besaba a Sirius, pero siempre le parecía novedosa la experiencia. La boca más grande, la lengua más áspera y con un hálito a alcohol impresionante , el cuerpo más tosco, duro, con proporciones distintas a las que estaba acostumbrado.

Esa noche de sábado, Sirius había llegado con una caja de botellas de whisky de fuego. Lily y él estaban echados en el sofá, en un nuevo intento inútil por ver la televisión que jamás prendía por la interferencia con la magia del ambiente. La voz de la razón de la casa, Remus, había salido de viaje para visitar a su padre, así que no había nadie que los frenara de hacer alguna tontería.

Porque vaya qué tontería estaban a punto de hacer.

El beso duró más que de costumbre. Las grandes y finas manos de Black se enterraron entre su mata de cabello indomable y subió una pierna arriba de las suyas. James no supo por qué no lo apartó en ese instante, cuando cayó en la cuenta que estaba a punto de descontrolarse todo.

Lo que jamás imaginó fue que Lily se sentara al otro lado de Sirius y comenzara a rodearlo de la cintura, metiéndole la mano debajo de la camiseta. En verdad quizás sí lo imaginaba, o mejor dicho, fantaseaba con ese escenario, solo que no pensó que eventualmente se llevaría a cabo. Ay, ay, ay.

Esa adición de Lily distrajo a Sirius, quien se separó de sus labios vacilante. Pero Lily no estaba dispuesta a que alguno se quedara 'solo' o sin ser atendido, así que se unió al beso que estaban compartiendo los dos.

James se abandonó a la jugada. Cerró los ojos y ya no distinguió de quién era esa lengua, a quién pertenecía esa mano, ni la otra, ni la tercera que todavía aferraba su cabello, o la cuarta que lo acariciaba por los costados. Él tampoco sabía dónde estaban sus propias manos, ni qué o a quién estaba tocando.

Los besos eran una fase de la seducción que siempre lo encendía, especialmente cuando la lengua se unía a la acción. Pero tener dos lenguas danzando con la suya era una sensación delirante. Creía que se iba a derretir de placer, estaba durísimo, y también había una mano ahí, toqueteándolo por encima de los jeans.

De repente el beso de a tres se acabó, y Lily y Sirius continuaron por su lado, aunque no se despegaron ni se apartaron de su lado; Sirius seguía medio acostado arriba suyo, y Lily se ocupaba de su erección.

James sabía que esos dos se habían acostado antes, pero además de esa única vez porque sólo había sido una vez su relación era estricta y exclusivamente fraternal.

Debía admitir que ambos se veían sublimes. Perfectos. Suyos. Cada uno era atractivo, a su manera, y verlos juntos era bastante estimulante. El modo en que Sirius enredaba los dedos en el cabello corto de la nuca de la pelirroja, y estaba concentrado devorando la boca de labios delgados que tantas veces él mismo había saboreado…

Mmm. Esa puntada fría en el fondo del estómago fue tan cruda que hasta le despejó la borrachera.

Tal vez ese no era el momento idóneo para sentir celos.


Comentarios:

La siguiente viñeta es del Día 19: Engaño. Nos leemos! Nr.-